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El dibujo a bolígrafo sobre fotocopia realizado por Jesús Tenreiro-Degwitz (1936-2007) que ilustra nuestra postal del día de hoy, forma parte de la propuesta planteada por el arquitecto y su equipo a raíz de que en el año 1971 su hermano menor, Oscar, fuera llamado por el entonces Presidente de la República Rafael Caldera a través del Centro Simón Bolívar para que realizara el estudio de posibles usos para El Helicoide de la Roca Tarpeya, a escasos 10 años de que se paralizara definitivamente su construcción.

La idea que prevaleció fue la de convertir lo que se había considerado dentro del paisaje urbano caraqueño como un enorme e incómodo “elefante blanco”, en la sede de la Biblioteca Nacional y, como parte del mismo conjunto, incluir al Museo de Ciencia y Tecnología y al Museo Nacional de la Historia (gestado este último en 1964 por Mariano Picón Salas cuando era presidente del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes -INCIBA-), “lo cual podría ser visto como algo sui generis, pero funcionaba”, según palabras del propio Oscar.


De tal manera, según palabras del propio Jesús, “se armaron dos equipos dentro de la oficina… las discusiones eran tremendas… al final Oscar presentó su propuesta…” en 1972, quedando por fuera lo elaborado por el mayor de los Tenreiro pero formando parte de la historia del proceso del proyecto. Este valioso testimonio junto a una significativa cantidad de planteamientos que realizara a lo largo de su carrera, fueron recogidos de manera amplia y muy bien documentada en el trabajo titulado “Jesús Tenreiro-Degwitz. Obra completa de arquitectura (Tres tiempos) Edificios y Proyectos (1954-2007)”, presentado por Rafael Urbina, su sempiterno discípulo, para ascender a la categoría de profesor agregado dentro del escalafón universitario en marzo de 2021, la mejor (y tal vez la única) antología que se haya hecho sobre quien fuera uno de los más brillantes arquitectos venezolanos del siglo XX.
Urbina quien “sin pretender comprobar hipótesis alguna” abordó su indagación “desde una perspectiva cualitativa, como un registro sistemático de un material inédito”, ofrece en la segunda parte de la misma un “catálogo o registro de obras -razón de ser y tuétano de esta investigación- la cual clasifica y agrupa setenta y siete (77) trabajos de arquitectura, entre esbozos, anteproyectos, proyectos y obras construidas por tema”. Basado en los archivos profesionales de quien fuera distinguido como Premio Nacional de Arquitectura el año 1991, Urbina dentro de su pesquisa ubica el proyecto de rescate de El Helicoide presentado por Jesús Tenreiro en la etapa denominada “Tiempo de reflexión (1969-1990” (segunda de las tres que conforman el primer capítulo), la cual está precedida por “Las Fundaciones (1954-1968)” y seguida por “Una casa como epílogo (1991-2007)”.

Si, como expone Urbina, “cada elemento estudiado, se despliega en un espacio entre dos a cuatro páginas, dependiendo de la importancia que se le da a cada proyecto en el contexto de la investigación y del material encontrado en el archivo”, deberíamos concluir que la propuesta preliminar llevada a cabo por Tenreiro para El Helicoide cumple con ambos requisitos, ya que es de los que ocupan cuatro páginas (76-79) dentro del trabajo.
De tal manera, la documentación presentada por Urbina (un total de hasta 9 dibujos y bocetos como parte de los “estudios preliminares” y tres fotos de la maqueta o modelo elaborado) habla, por un lado, de la intensidad con la que fue abordado el compromiso y, por el otro, de lo valioso de un material que podría dar pie a un análisis más detallado del momento que ocupa este ejercicio proyectual dentro de la trayectoria del arquitecto que los realiza.


Es interesante, además, resaltar el calificativo de “imaginales” que Urbina otorga a los dibujos elaborados por Tenreiro. En tal sentido, no está de más, recordar que el término “imaginal”, utilizado en ámbitos tan dispares como la filosofía, la psicología o la biología, proviene de la traducción del inglés “imago”, considerado en biología como “la última etapa que un insecto alcanza durante su metamorfosis, su proceso de crecimiento y desarrollo; También se le llama etapa imaginal, la etapa en la que el insecto alcanza su madurez”. Sin embargo, Martín Rodríguez Caeiro en “Exponer lo imaginal: reproducir y representar” (artículo publicado en el Vol. 22, Nº1, 2010, de la revista Arte, Individuo y Sociedad de la Universidad Complutense de Madrid), puntualiza que el tránsito por los diferentes usos del término imaginal, “nos invita a afrontar la idea desde el arte, de que el ser existe gracias a la articulación de dos vías: la de los genes y el programa genético por un lado; la de los memes y el programa imagético por otro. Idea que nos situará con lo imaginal en el nivel de la membrana/espejo, y que reproducir y representar son coincidentes; que ecología y gnoseología forman parte de la existencia del (o de la) imago”.


Pero el verdadero sentido que imaginal tiene en el contexto de un trabajo basado en la obra de Jesús Tenreiro, no es otro que el manejado por Carl Gustav Jung, de quien, como se sabe, el arquitecto era seguidor y estudioso.
Al respecto, Rodríguez Caeiro señalará: «… el concepto ‘imago’ lo introduce Jung desde la psicología inspirándose en la novela del poeta y novelista Spitteler Imago (1906): ‘Prefiero deliberadamente la expresión imago a ‘complejo’, a fin de que la realidad psicológica que así designo conserve (…) la independencia viva que tiene en la jerarquía psíquica. (…) Mis críticos han creído ver en esta concepción un retorno a la psicología medieval. (…) El término imago se relaciona en primer lugar con la novela Imago de Spitteler. (…) En mis obras posteriores empleo en vez de este término, el de ‘arquetipo’ «. (la cita de Jung procede de la edición en español del año 2002 de El hombre y sus símbolos).


De aquí que los dibujos de Tenreiro puedan entenderse como representaciones arquetipales que ya formaban parte de su imaginario, superpuestas y hasta cierto punto fusionadas con la mole de El Helicoide (otra figura con las mismas connotaciones), al cual intenta convertir en soporte del nuevo uso que se estaba proponiendo.

Con respecto a El Helicoide, terminado de proyectar en 1956 por el equipo integrado por los arquitectos Jorge Romero Gutiérrez, Dirk Bornhorst y Pedro Neuberger, cuyo impresionante movimiento de tierra empezó a realizarse un año antes, que aparece hermosamente presentado y descrito en el nº5 de la revista Integral de diciembre de 1956 y fue destacado en la exposición “Roads” montada por el Museo de Arte Moderno (MoMA), N.Y., en agosto-septiembre de 1961, como se sabe, no sólo quedó inconcluso luego de que en 1962 se paralizara su ya ralentizada construcción (cuyo avance registraba un 90%) luego de la caída de Pérez Jiménez, sino que desde entonces ha sido objeto de numerosas propuestas para su aprovechamiento, recuperación, reutilización, remodelación o adaptación a los más diversos usos, de entre los cuales el que hoy nos ha ocupado es el primer intento de todos con vocación claramente arquitectónica, sólo antecedido por la proposición hecha en 1969 por el Ministerio de Obras Públicas (MOP) de sustituir el uso comercial original por oficinas públicas, centro de estudios y adiestramiento del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) y del Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE), además de una serie de áreas de exposiciones.
Le seguirían a la propuesta que parcialmente hoy hemos reseñado, presentada junto a un informe elaborado por Oscar Tenreiro en 1974: la autorización mediante decreto en 1975 al recién creado Instituto Nacional de la Vivienda (INAVI) de la adquisición de los bienes afectados, encargándose el proyecto “Nuevo Helicoide Caracas” al Grupo Tekto (Carlos Celis Cepero y Ana Teresa Caraballo-Gramko de Celis Cepero), quienes solicitan la asesoría de los autores del proyecto original y proponen mantener el uso inicial de centro comercial, ampliando los porcentajes de construcción a cien mil metros cuadrados incorporando un gran hotel en forma de torre cilíndrica y otros cuerpos rentables; y, luego de la adjudicación en 1986 de El Helicoide a la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención DISIP (SEBIN desde 2010), un último intento por convertirlo entre 1991 y 1993 en el Centro Ambiental de Venezuela y sede del Ministerio del Ambiente y de los Recursos Renovables según plan maestro presentado por los arquitectos Julio Coll y Jorge Castillo, del Taller de Arquitectura JC-JC.
Habría que recordar, también, que en 1966 El Helicoide sirvió de refugio a damnificados causados por las lluvias (situación que se repitió en 1979 convirtiéndolo en lugar de asentamiento de construcciones informales) siendo en 1982, tras 16 años de ocupación (cuando ya habitaban allí 1.860 familias y unas 9.300 personas), cuando es desalojado completamente en seis meses gracias a la presión ejercida por el “Comité de rescate del Helicoide”, luego “Proyecto Helicoide”, coordinado por Sonia Miquilena de Cárdenas, quien propone convertirlo en una “ciudadela cultural”. Entregado en comodato a la Gobernación del Distrito Federal, en 1983 se anuncia la construcción de la primera etapa de dicha “ciudadela” (proyectada por el arquitecto Ralph Erminy), lográndose sólo rescatar y ubicar en su lugar el domo geodésico de Fuller para albergar actividades culturales.


Como ya apuntáramos con anterioridad en estas mismas páginas (ver “Algo más sobre la postal” nº119 en Contacto FAC 84), el triste destino actual de El Helicoide como sede de la policía política y cárcel, donde bajo difíciles condiciones se encuentra recluido un considerable grupo de personas que han manifestado su oposición al gobierno, dio origen a la creación del “Proyecto Helicoide” concebido y dirigido desde 2013 por Celeste Olalquiaga, asociación civil sin fines de lucro, dedicada a rescatar el valor arquitectónico, cultural y social de dicha edificación y que ya cuenta entre sus haberes la realización de exposiciones, la elaboración de numerosos textos y la reciente publicación del libro Downward Spiral: El Helicoide’s Descent from Mall to Prison. Este último, sumado al editado por Oscar Trodman bajo la autoría de Dirk Bornhorst (aparecido en 2007) titulado El Helicoide conforman dos caras muy distantes entre sí pero absolutamente complementarias de lo que ha sido este testigo mudo y símbolo a la vez del colapso que ha sufrido Venezuela.

Nota
En un día como hoy cuando este boletín ha llegado a su número 300, el haber podido conocer, apoyarnos y compartir parte del estupendo trabajo realizado por Rafael Urbina sobre la obra de Jesús Tenreiro, se ha convertido en un valioso regalo dado su valor testimonial y documental dedicado a alguien que merecía con creces ser reconocido mediante un esfuerzo de esa naturaleza.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 1, 2, 3, 4 y 5. Rafael Urbina. «Jesús Tenreiro-Degwitz. Obra completa de arquitectura (Tres tiempos). Edificios y Proyectos (1954-2007)”, Trabajo de ascenso para optar a la categoría de profesor agregado dentro del escalafón universitario, marzo de 2021
6. Archivo Fotografía Urbana
7 y 8. Colección Crono Arquitectura Venezuela

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Como propietario de uno de los terrenos más extensos de cuantos pertenecen a la trama urbana de Caracas (38.668,06 m2 o en otras palabras, casi 4 hectáreas) y sin duda el que mayores deudas posee con el paisaje urbano de la Avenida Victoria (o Presidente Medina), objeto de numerosas propuestas tanto desde el seno de la propia entidad como desde la Academia, el Instituto de Previsión y Asistencia del Ministerio de Educación (IPASME) decidió el año 2004 promover un Concurso Nacional de Arquitectura a objeto de obtener planteamientos concretos sobre los cuales poder emprender un desarrollo que permitiese dar respuesta a las aspiraciones y necesidades de vivienda de sus afiliados.
Conscientes de que se estaba a las puertas de promover una de las operaciones urbanas más importantes de cuantas quedaban pendientes en la ciudad, la convocatoria se hizo con base en las siguientes premisas programáticas que hemos extraído de la publicación “Concurso Nacional de Arquitectura 2004 para el desarrollo de un conjunto residencial, recreativo y cultural del IPASME. Av. Presidente Medina/Caracas/Venezuela (accesible en https://issuu.com/kaparunakis/docs/concurso_20ipasme.compressed):

En definitiva, se apostaba a alcanzar a través de las propuestas que se presentasen, alto nivel cualitativo que superase lo realizado en décadas anteriores por conjuntos en los que prevalecía el uso de vivienda, colocándose ahora como principal prioridad la calidad ambiental. Los organizadores, para dar referencias a los concursantes, señalaban cómo “en otras latitudes el tema de la vivienda pública es territorio de experimentación para arquitectos inquietos. En Europa la realización periódica del concurso EUROPAN, dirigido a jóvenes profesionales, se centra en la resolución de casos reales, garantizando la calidad arquitectónica para los nuevos conjuntos de viviendas de protección social”.

Bajo la convicción de que se trataba de una de las escasas oportunidades en las que un importante proyecto de viviendas de promoción pública se sometía a concurso, se reafirmaba una y otra vez la necesidad de poner sobre el tapete el debate sobre cuál debe ser la arquitectura adecuada para estos conjuntos, “bajo el acuerdo necesario de que es necesario detener el retroceso de su calidad”, para lo cual el primer referente importante debe ser la Reurbanización de El Silencio (1941-1945) en cuanto a su concepción urbana y ambiental, y como ejemplo de rescate de una zona degradada del centro de la ciudad, logrado con la adaptación a las condiciones del lugar, sin renunciar estar a tono con los postulados mostrados por las corrientes de la arquitectura internacional.
En tal sentido cualquier exploración que un concursante emprenda debía, según los organizadores, “concentrarse en tres temas: la ciudad, la calidad de la vivienda y el trópico”.
El proyecto del nuevo conjunto del IPASME, tendría que incorporar estos temas, como parte inseparable de la búsqueda, a través de la formulación de tres objetivos:


Finalmente, se colocan como otras tantas referencias a las cuales remitirse sobre los temas ciudad, calidad de la vivienda y trópico, las soluciones alcanzadas respectivamente por: el Centro Comercial San Ignacio de Carlos Gómez de Llarena, el polémico conjunto de viviendas para trabajadores petroleros en Lechería, Anzoátegui, de Fruto Vivas y el pabellón cubierto para Gimnasia en San Carlos, Cojedes, de Jorge Rigamonti. Como síntesis conclusiva se cita un párrafo del texto “La Arquitectura en Venezuela. Una proposición Metodológica” publicado por Juan Pedro Posani en Otro mundo posible. El proyecto de los Espacios Culturales comunitarios, Catálogo de la VII Muestra Internacional de Arquitectura Bienal de Venecia (2002).

Pues bien, estando tan bien servida la mesa, se logró una importante convocatoria que rompió una vez más con los tabúes relacionados a que este tipo de retos no interesa a los arquitectos formados en nuestras universidades, la cual arrojó como resultado el otorgamiento de tres premios y diez menciones a otras tantas proposiciones. Los ganadores fueron los arquitectos Joao De Freitas y Roberto Castillo quedando como primer finalista el trabajo de los arquitectos Edwing Otero, Alfredo Sanabria, José Antonio Carrasquel, María Carolina Espinal y Enrique Pérez y la colaboración de las bachilleres María Vanessa Otero y Carla Mora; y como segunda finalista la propuesta presentada por los arquitectos Ernesto Meléndez, Yaireth Revilla, Gilberto Rodríguez y Luis Vargas con los bachilleres Francisco Montilla y Carolina Orellana como colaboradores.


La propuesta de De Freitas y Castillo, de lo que se deriva de la memoria publicada como acompañamiento a los planos en el link ya señalado, ofreció “como respuesta al planteamiento general de viviendas y usos públicos (una) posición menos comprometida: usos públicos en una estructura de espacios en Planta Baja unidos a los estacionamientos y a partir de cierta cota, niveles de viviendas agrupadas en plantas tipo eficientes”. De tal manera, “la construcción de planta baja se constituye en un basamento con distintos tipos de espacios desde el nivel 0:00 hasta el +15:00 que se establece como una rasante para todo el conjunto. En este nivel se desarrollarán los espacios de carácter comunitario. La secuencia espacial se hace reconociendo el ascenso de la pendiente natural de la parcela. A partir del nivel +19:20 se desarrollarán los niveles de vivienda”.
Con relación a los edificios de apartamentos, se asumió “la tipología de bloque continuo con dos opciones: perimetral con patio y lineal quebrado, intentando representar dos tendencias en la concepción urbana: la del vacío como figura contrastando la del lleno como figura, una más propia de la ciudad histórica, la otra más propia de la utopía moderna del objeto aislado. La forma estática del bloque perimetral define un centro de manzana, que en el conjunto se traduce en un gran patio central dividido entre el vacío de la plaza comercial pública y la masa que producen los estacionamientos. (…) Tanto el club, como el auditorio y la escuela, se proponen como edificaciones unidas al basamento, pero independientes en uso. El club, en forma de cuña, vincula morfológicamente las dos partes más importantes del conjunto. La escuela y el auditorio conforman el frente hacia la Avenida Presidente Medina, asociándose con sus dimensiones al resto de edificaciones en dicha Avenida. La tensión entre ellos genera el paso hacia el gran patio central público desde la avenida”.

En cuanto a la resolución de los bloques de vivienda propiamente dichos, “la idea de los edificios es rescatar el descubrimiento tipológico del concepto de quinta aérea, construido en Caracas cerca de la redoma de la India, Urbanización La Paz de El Paraíso. En este caso se plantea una superestructura de losas ubicadas a doble altura, donde la estructura amalgamada en una franja atravesada de servicio establece por repetición un espacio vacío” que varía su modulación de acuerdo a los tipos de apartamentos, dependiendo si son de dos o tres habitaciones.
En cuanto a la resolución de los bloques de vivienda propiamente dichos, “la idea de los edificios es rescatar el descubrimiento tipológico del concepto de quinta aérea, construido en Caracas cerca de la redoma de la India, Urbanización La Paz de El Paraíso. En este caso se plantea una superestructura de losas ubicadas a doble altura, donde la estructura amalgamada en una franja atravesada de servicio establece por repetición un espacio vacío”, que varía su modulación de acuerdo a los tipos de apartamentos, dependiendo si son de dos o tres habitaciones.

Finalizan los ganadores exponiendo que: “Esta propuesta de menos altura edificatoria e intensidad de construcción permite una mejor integración del conjunto con su entorno construido, predominantemente correspondiente a edificaciones multifamiliares de pequeño a mediano tamaño, y ofrece una implantación en el terreno que facilita el que, aún siendo un conjunto singular dentro del corredor de la Avenida Presidente Medina por la superficie de la parcela en cuestión, no introduzca distorsiones relevantes en la morfología urbana del sector, la cual ha sido valorada positivamente por diversos especialistas y ha sido objeto de estudio por parte del Instituto de Patrimonio Cultural (IPC), entre otras instituciones, como un área de valor coral representativa de las iniciativas de la arquitectura y el urbanismo moderno en Venezuela.
El proyecto ganador, que llegó a ser desarrollado al detalle con toda la ingeniería, quedó como tantas otras veces sin construirse y tanto la ciudad como los afiliados al IPASME sin obtener los beneficios derivados de ello.
ACA
Pocedencia de las imágenes
Postal, 1, 5 y 6. https://issuu.com/kaparunakis/docs/concurso_20ipasme.compressed
2. Carlos Raúl Villanueva. Caracas en tres tiempos, 1966.
3. https://www.pinterest.es/pin/640848221951045921/, https://www.conlallave.com/propiedades/apto.-arbol-para-vivir-55809752.html y https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/86/Gymnastics_Arena_of_San_Carlos_from_Arch_Jorge_Rigamonti_-interior-_2003.jpg
4. Juan Pedro Posani en Otro mundo posible. El proyecto de los Espacios Culturales comunitarios, Catálogo de la VII Muestra Internacional de Arquitectura Bienal de Venecia (2002).

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