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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 62

En 1874, durante el primer septenio de gobierno del general Antonio Guzmán Blanco (1870-1877), se realiza un censo que determina que la ciudad contaba con poco mas de 60.000 habitantes. Así, el plano que hoy ilustra nuestra postal, levantado por el Ingeniero francés Esteban Ricard, fue realizado con un doble propósito: servir al censo y estadística del Distrito Federal bajo la dirección del General Andrés A. Level; y evidenciar las principales transformaciones urbanísticas de la ciudad emprendidas por el mandatario para cambiar su fisonomía.
Ricard, ingeniero graduado en Paris, arriba a Venezuela a principios de 1870 para trabajar en tres grandes obras civiles del Gobierno de “El Ilustre Americano” vinculadas a la capital de la república: la construcción del ferrocarril Caracas-La Guaira (estudios del trazado), el plano del acueducto Guzmán Blanco y el proyecto del teatro Guzmán Blanco, hoy Teatro Municipal.
Según señala Federico Vegas en “Una ciudad en sus redes y en sus tramas”, en este plano “Caracas es presentada como la manifestación de una obra de gobierno, como el evento principalísimo de una política. Ya no se trata tan sólo de un episodio más de la historia urbana, estamos ante la consecuencia de una estrategia específica aplicada a una realidad concreta. Nótese que ya no se dibuja una trama ideal de cuadras uniformes, ahora se expresa una topografía fidedigna, una trama real de cuadras con formas y tamaños verdaderos. Caracas ya no es parte de aquella inmensa gramática colonial de dameros ideales, ahora la ciudad comenzará a buscar un estilo propio”.
Guzmán Blanco manifiesta su interés en la transformación de la modesta urbe, introduciendo cambios en lo urbano y en lo arquitectónico de clara influencia francesa a través de la construcción obras públicas impregnadas de un espíritu modernizador. La plaza Bolívar se convierte en un parque arbolado alrededor de la estatua de El Libertador y deja de ser mercado público, mientras que El Calvario pasa a llamarse “Paseo Guzmán Blanco”, incorporándose a la textura urbana luego de ser domesticada su condición natural.
El plano de 1874 refleja la importancia de la arquitectura y en particular de las fachadas, ornamentos y cornisas, los cuales adquieren una mayor autonomía. La cuadra colonial pasa a servir de soporte a nuevos estilos formales plasmados en vistas frontales con principio y final.
Una leyenda hace referencia a las obras públicas construidas después del 27 de abril de 1870 señaladas en el plano, destacando a manera de medallones, las fachadas del Museo Venezolano, la Universidad Central, el Palacio Legislativo y el Templo Masónico, muestras ejemplares de las novedades que se estaban edificando, evidenciándose así por primera vez la importancia del rol que juega la arquitectura en la ciudad, mostrando una formalidad nueva y una relación entre edificio y espacio público que no había sido atendida anteriormente.
El diseño del Paseo Guzmán Blanco, la Plaza Bolívar y diversos espacios públicos, muestra claros criterios de orden y composición clásica. De igual forma se muestra la nueva parroquia Santa Teresa, entre Santa Rosalía y San Pablo. Al este la ciudad se limita por las Haciendas San Bernardino y La Guía, mientras que al sureste, un amplio sembradío cruzado por el río Guaire, se identifica como “Vegas de la Universidad”. Destaca que el perímetro de las cuadras se encuentra dividido en segmentos, que varían según la manzana, notándose un énfasis en colocar grandes volúmenes en las esquinas de las mismas pudiéndose asumir que representan un catastro utilizando los frentes de las fachadas de las edificaciones que bordean cada manzana.
Para garantizar el sostenimiento y permanencia de la nueva fisonomía de la capital, el proyecto urbano que llevaba a cabo Guzmán Blanco, basado en modelos provenientes de los países industrializados, fue complementado proporcionando a la administración municipal las herramientas jurídicas para llevar adelante los cambios que requería la modernización de la ciudad. Desde el punto de vista geográfico destaca la representación de dos cerros: el Calvario y los accidentes geográfico adyacentes al Rio Caruata (que pasaría a llamarse La Planicie) y la pequeña colina justo en la unión de los ríos Catuche y la Quebrada de Punceles.
Como dato de interés, Irma De Sola en Contribución al Estudio de los Planos de Caracas, La Ciudad y la Provincia 1576-1967, apunta que “fue un ejemplar de este plano el que se depositó bajo la estatua del Libertador en la Plaza Bolívar, junto con otros documentos significativos de la época, al colocar la primera piedra del monumento”.
IGV
Procedencia de las imágenes
Postal. González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015
Postal Nº 61
ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 61

Cuando Inocente Palacios decide a comienzos de los años 50 urbanizar una zona ubicada al sur del río Guaire en los terrenos de lo que fue la hacienda Bello Monte (propiedad de la Sucesión Casanova), fuera de la parte plana del valle de Caracas, debe sortear una serie de importantes obstáculos: el primero tiene que ver con colocar a la recién estrenada Ordenanza Municipal del Distrito Federal y a quienes la concibieron en una posición que llevaba indefectiblemente a modificarla o ajustarla a la inusual situación planteada; el segundo, estrechamente vinculado a lo anterior, sería el asumir una actitud de respeto por la vegetación y las condiciones naturales que privaban en la zona, lo cual obligaba a realizar un trazado vial y una lotificación que implicara un mínimo de afectación; el tercero lo constituía la localización de Colinas de Bello Monte, justo entre el Departamento Libertador del Distrito Federal y el Distrito Sucre del estado Miranda, lo cual dificultaba la aplicación de la propia normativa; y el cuarto, y no por ello menos importante, era resolver y garantizar el servicio de agua en un lugar cuyas cotas estaban muy por encima de la que el sistema existente permitía surtir.
El interesante diálogo sostenido en octubre de 1990 por Juan José Martín Frechilla con Leopoldo Martínez Olavarría (presidente para la fecha en que Palacios propone sus ideas de la Comisión Nacional de Urbanismo, puesto que ostentó desde que la misma se fundó en 1946 hasta que se liquidó en 1957), recogido en Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna (2004) -particularmente en el segmento “Hablemos de Colinas de Bello Monte-, ilustra de manera diáfana la manera como a cada problema se le fue buscando solución denotando la visión amplia, racional y a la vez flexible que privaba entre quienes tenían en sus manos enfrentar el acelerado crecimiento de la ciudad. De dicha conversación, a cual se inserta parte de otra realizada con el propio Inocente Palacios en abril de 1991, podemos extraer una serie de datos que van desde las licencias que se le dieron al urbanizador hasta el éxito rotundo que significó la venta de parcelas en las colinas. Se trata este texto, sin lugar a dudas, de una referencia imprescindible para entender plenamente en asunto que nos ocupa.
Así, nos encontramos con que la Ordenanza es modificada para permitir la reducción del ancho de vías las cuales por tener un “tráfico mínimo” se diseñan “con una acera pegada al cerro, una calle de 5,50, un brocal y una defensa de tierra, suficiente para hacer eso porque no hay estacionamientos; los carros suben los garajes respectivos, y toda pendiente mayor de tanto por ciento no era construible -no recuerdo cuánto- y era como una zona de reserva o zona verde pero no construible, como todavía se mantiene”, dirá Martínez Olavarría.
Por otra parte las parcelas (que fueron vendidas según Palacios en tiempo record) oscilaban entre los 1500 y los 2500 m2 localizadas en lugares donde la pendiente mínima fuese del 70%, circunstancia que sumada a lo anterior implicaría un mínimo movimiento de tierra.
Dentro de este contexto, el llamado a un concurso internacional para el diseño de una quinta modelo pensada para una familia promedio de 5 a 6 personas, más tres de servicio, encabezada por un profesional de “posición económica holgada” con amplios espacios para las “relaciones sociales del matrimonio” y lugares para “satisfacer las inclinaciones intelectuales” de algún miembro de la familia, organizado por Inocente Palacios, se asociaba a la idea de proveer a los futuros compradores de una opción moderna y factible que les permitiese imaginar cómo se puede construir y vivir en un lugar atípico que se promocionaba como “una terraza sobre el Ávila” (ver Contacto FAC, nº 12, 29-01-2017).
El jurado del concurso, integrado por Leopoldo Martínez Olavarría, Carlos Raúl Villanueva y Diego Carbonell, luego de considerar 75 anteproyectos elaborados por arquitectos y estudiantes venezolanos y extranjeros (Estados Unidos, Francia, Italia, Holanda, Suiza y Bélgica), decidió otorgar el primer premio al arquitecto José Miguel Galia, en segundo a Gino Ugo Posani y al estudiante Raúl Garmendia el tercero. Vale añadir que la importancia del evento (el primero de alcance global y uno de los primeros realizados de forma abierta en el país), dio pie a que se le diera amplia cobertura. Para ello se pueden consultar la Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela, nº 190, enero 1952 y Cruz del Sur, Nº 10, enero 1953.
La vivienda proyectada por Galia (quien hacía escasos tres años que había arribado al país procedente de su Uruguay natal, ya se había asociado profesionalmente con Martín Vegas y había empezado a dar clases en la Escuela de Arquitectura de la UCV), amén de cumplir con todos los requisitos exigidos, nos coloca ante una proporcionada pieza de unos 500 m2 de construcción que se asocia a los planteamientos de claridad funcional, carácter, riqueza y flexibilidad espacial propios de la arquitectura internacional del momento y que aprovecha al máximo la topografía y las visuales para permitir su disfrute por la casi totalidad de las partes que la componen, cumpliendo con la premisa de ser un pequeño prototipo “montado como un nido de águila en un cerro”, que se muestra discreto hacia la calle y como un balcón hacia la ciudad.
Paradójicamente, la premiación del concurso se llevó a a cabo en la Casa Modelo, ubicada en un terreno «ondulado», proyectada por el arquitecto italiano Antonio Lombardini, quien ubicado desde otra manera de entender la modernidad, se convirtió a la postre en proyectista de una numerosa cantidad de quintas en la urbanización, privilegio con el que no contó el ganador del certamen.
“Colinas”, por su parte, hoy en día se encuentra colapsada en su vialidad y servicios, con escasas aceras y muchos derrumbes, sufriendo las consecuencias de la complaciente permisividad que le permitió nacer sin contemplar su transformación.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal. Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela, nº 190
Postal Nº 60
ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 60

La postal del día de hoy nos muestra un fotomontaje que mira hacia el este de la ciudad de Caracas del proyecto para el Centro Urbano El Recreo, una de las tres incursiones que Marcel Breuer llevó cabo en nuestro país, junto al anteproyecto de un edificio de apartamentos recreacionales diseñado para Tanaguarena en 1958 en compañía de Julio Volante (ver Contacto FAC, nº 1, 30-10-2016), y a su asistencia como invitado internacional al IX Congreso Panamericano de Arquitectos en 1955.
El proyecto para el Centro Urbano El Recreo se origina en un concurso de ideas de carácter privado organizado por el Banco Unión, propietario del terreno de 40.000 m2 donde se desarrollaría, del cual resultó ganador el equipo integrado por Ernesto Fuenmayor y Manuel Sayago de entre cinco grupos participantes.

Tal y como se señala en el acucioso trabajo llevado a cabo por Viviana Mujica, presentado en la Trienal de Investigación FAU 2014 bajo el título “El Centro Urbano El Recreo, un modelo de construcción de la ciudad”, la ambiciosa propuesta presentada por Fuenmayor y Sayago, llevó a los promotores a buscar apoyo financiero en los Estados Unidos (en particular el Colonial Trust Bank) y a proponer la incorporación de un arquitecto reconocido internacionalmente. El consorcio norteamericano recomendó dejar de lado a Alvar Aalto (con quien inicialmente los proyectistas venezolanos habrían preferido trabajar), para finalmente optar por el arquitecto húngaro, radicado en Nueva York, Marcel Breuer. Así, la empresa El Recreo, S.A. constituida para el desarrollo de la propuesta, contrató en igualdad de condiciones para efectos de reconocimiento de los créditos correspondientes al equipo conformado por los arquitectos Marcel Breuer, Ernesto Fuenmayor y Manuel Sayago, apareciendo Herbert Beckhard como asociado.

Breuer acepta el programa propuesto por Fuenmayor y Sayago que les permitió ganar el concurso (que incluía a actividades comerciales, recreativas, culturales y de oficinas así como amplios espacios públicos), pero incorpora para su desarrollo otro esquema de organización basado en la idea de big unit (gran unidad) que ya venía desarrollando. Tal y como recoge Viviana Mujica: “La gran unidad sugiere una manera de planificar la ciudad, que se construye a partir de conjuntos integrados por volúmenes que albergan y combinan distintas funciones, a su vez que conforman espacios en el exterior para las actividades públicas, evitando zonificar la ciudad con la separación de usos y la congestión causada por la movilización de la población hacia determinadas zonas en horas específicas del día, manteniendo el equilibrio en la ciudad. La propuesta (…) está pensada como un sistema flexible que permite adaptarse a cualquier condición de la geografía a intervenir, con principios que facilitan el desarrollo de las ideas arquitectónicas de quien la ejecute”.

El conjunto, que debía salvar 10 metros de desnivel entre la avenida Casanova y la Venezuela (en sentido norte-sur), estaba limitado hacia el este por la calle El Recreo y tenía como vecino al oeste el Centro Profesional del Este, quedó conformado (tal y como lo muestra la imagen de la postal) por dos cuerpos comerciales, dos salas de cine, cuatro torres de oficinas, una tienda por departamentos y una plaza, así como de un estacionamiento que debía albergar 3.600 vehículos, modulados a través de una retícula estructural de 10 mts. x 10 mts. que permitía relacionar los diferentes elementos que lo conforman. Como bien señala Mujica: “Se utilizó un basamento que abarca toda el área del lote, generando un plano horizontal continuo e ininterrumpido, que regulariza las diferencias topográficas del terreno al nivel de la avenida Casanova, sobre el que se disponen los distintos cuerpos y contiene los niveles de estacionamiento”. La plaza, que se desarrolla en la mitad norte, es el verdadero corazón de la propuesta. Su espacio fluye hasta los bordes del terreno bajo los volúmenes que la delimitan y se posan sobre ella dejando sus plantas bajas libres. Por otra parte, el uso del concreto armado permite a Breuer no sólo resolver la estructura del conjunto sino poner de relieve una vez más la manera escultórica como lo trabajaba en las cubiertas o cuando los soportes llegan al suelo. El tratamiento de las fachadas permite notar una clara adaptación a las condiciones climáticas de un país como el nuestro.
Cuando en 1960 se concluye el proyecto ya se vivía la crisis en que se encontraba sumido el sector de la construcción luego de la caída de Pérez Jiménez, por lo que la realización del Centro Urbano El Recreo quedó paralizada. Agotados los intentos para el inicio de las obras de construcción, la compañía El Recreo, S.A. decidió plantear un conjunto de torres de viviendas y volúmenes para equipamientos a ser financiadas por una entidad de ahorro y préstamo que se le encarga a los arquitectos Fuenmayor y Sayago, del cual solo se construyeron (en la esquina sureste) los edificios Farallón y Centinela en 1963, valioso testimonio de su fructífero contacto con Breuer.

Lo que pudo haber sido una señal más de coherencia en cuanto al desarrollo urbano de un sector importante de la ciudad quedó truncada desde el mismo momento en que los propietarios deciden dividir el lote. La imagen caótica que hoy arroja la sumatoria de Farallón y Centinela con la Torre América (1979), el Hotel Meliá Caracas (1987) y el Centro Comercial El Recreo (1992), ajenos a cualquier visión de conjunto, es una clara consecuencia de ello, independientemente de los valores arquitectónicos que cada pieza pueda tener por separado.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal y 3. Trasnocho Arte Contacto (TAC). Our Architects en Caracas. Arquitectura norteamericana en Caracas, 2017
1, 2 y 4. Mujica V. “El Centro Urbano El Recreo, un modelo de construcción de la ciudad” en Trienal de Investigación FAU, 2014 y en http://www.materialcultural.com/el-centro-urbano-el-recreo-de-marcel-breuer/