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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 113

Caracas a pie, página que con periodicidad semanal apareció a lo largo de casi 7 años en el cuerpo “Ciudadanos” de El Nacional (de cuyo nº 1 ofrecemos hoy la imagen a través de nuestra postal), se convirtió en oportunidad única y muy bien aprovechada para generar lo que se podría denominar como “periodismo urbano militante” o, en otras palabras, de activismo a favor de una ciudad que ha descuidado al protagonista fundamental de su existencia: el peatón, el viandante, la persona que día a día la patea para ir a su trabajo, visitarla o simplemente desplazarse de un lugar a otro.
Los artífices de esta excepcional muestra de perseverante trabajo a favor de una fundamental causa, José (Cheo) Carvajal (comunicador social) y Juancho Pinto (sociólogo), lograron, a través de los 256 números que hemos logrado contabilizar, aparecidos entre el 19-08-2007 y el 26-01-2014, generar un particular interés entre los lectores del diario (incluidos profesionales, autoridades y gestores vinculados a lo urbano) por el enfoque que le dieron a su cruzada a favor del caminar (que nunca dudaron en calificar de “acto político”) permitiéndoles ir llenando la página de reflexiones en torno a la ciudad que tenemos, denuncias sobre lo que ha significado el descuido de sus aceras, muestras documentadas acerca de la desconsideración y desprecio de los conductores de vehículos por sobre quienes se desplazan andando por sus calles, pero sobre todo un importantísimo grupo de recorridos por los más diversos lugares de Caracas que ya de por sí se convierten en un documento invaluable para demostrar cómo la capital está llena de oportunidades para ser apreciada desde otra perspectiva, de rincones que nos ofrecen experiencias inusitadas, de trayectos que tienen sentido por su carácter temático, de sorprendentes descubrimientos de ciertas tradiciones que sobreviven dentro de la vorágine que nos envuelve. Las experiencias, impregnadas del situacionismo antisistema emergente durante los años 60-70 del siglo XX y por los textos de Manuel Delgado Ruiz, forman buena parte, además de una aguda intuición, del arsenal con que Carvajal y Pinto desencadenan su particular ensayo vivencial.
«El viandante -señalará Manuel Delgado Ruiz citado por Carvajal y Pinto- hace algunas cosas más que caminar, atravesar cuando el semáforo se le pone en verde, mirar las vitrinas o abrir y cerrar paraguas (…) Marchar, andar, sirve para cambiar de lugar, pero es también una forma de escritura en que cada trayecto que se traza es un relato, una historia íntima, una siembra de memoria (…) Sabemos que ha salido de algún lugar, pero no sabemos de cuál. Es, entonces, alguien sin origen. Tampoco sabemos adónde va ni lo que pretende. Es, por tanto, alguien sin destino ni función. En cualquier caso, es siempre un enigma, un misterio que camina.»
Diagramada bajo un criterio que se intentó respetar al máximo a través del tiempo, la página de Caracas a pie presentaba siempre un encabezado donde, además de su logo, denominación, numeración y créditos, aparecía una viñeta que recogía un breve mensaje asociado a la visión que sus responsables intentaban reflejar, cuya colección ya de por sí constituye un suculento manifiesto para ciudadanos comprometidos con el valor que tiene el cuidar los espacios urbanos destinados al peatón. El artículo, texto o tema central, redactado en un lenguaje amable para el público en general, giraba en su gran mayoría en torno a un trayecto dentro de la ciudad que valía la pena valorar y del cual se resaltaban las dificultades que presentaba transitarlo con fluidez, rescatándose variados datos de interés, edificaciones, espacios públicos, anécdotas, situaciones contradictorias y curiosidades todo lo cual se intentaba resumir en el título que se le daba al número. Carvajal ha declarado acerca de ese trajinar por los recovecos de la ciudad que ello les permitió descubrir algunos enigmas y sobre todo que «La ciudad depara muchas sorpresas, si estás atento durante el viaje. La idea que subyace en los trabajos no es buscar cosas extraordinarias, sino reivindicar lo cotidiano. Estar e interactuar. Así verificamos nuestra condición de ciudadanos». Además del diagrama y su leyenda que servía para ubicar y repetir el recorrido a quienes estuvieran interesados, siempre aparecen como complemento fotografías (cuyos comentarios siguen acentuando la militancia ciudadana), e incluso alguna nota curiosa que seguramente se le ha escapado a quienes le han dedicado su vida al estudio de lo urbano. El tono participativo y abierto que se perseguía incentivar mediante el uso de las redes sociales, se evidencia en una breve nota que bajo el título de “Lo que no vimos” solicitaba los siguiente: “Apúntenos en 350 caracteres lo que se nos pasó del trayecto. encaracas@gmail.com”.

La tozuda insistencia de Carvajal y Pinto en su cruzada tuvo como parcial recompensa la aparición en 2012 de una publicación que les permitió recoger en un solo volumen los primeros 100 números de la página editada por Los Libros de El Nacional, colección “Huellas”, serie “Caracas”. Los autores, como bien apuntan en la Introducción titulada “Caracas a pie. Una apología del roce…un documento de la Caracas del siglo XXI”, marcan a través de la estructura del libro una importante diferencia con sus “tradicionales recopilaciones periodísticas”, proponiendo una lectura no cronológica sino más bien a través de otra forma de organizar el material mediante un “mapa de la ciudad que rompe el paradigma Este-Oeste, división maquinal y maniquea de la ciudad, que ha servido como instrumentalización de discursos excluyentes y negadores de toda posibilidad de transformar nuestra realidad física y social”, haciendo justicia “a las zonas Norte y Sur de la ciudad, y por ende a su necesidad de mayor conexión”. Allí, además, se incluyeron aquellas ediciones “que no implicaron ningún recorrido sino que fueron pura reflexión o manifiesto sobre las posibilidades y contratiempos de la peatonalidad caraqueña”, un glosario con definiciones propias hechas desde la realidad de Caracas y no desde una proposición técnica, y un epílogo escrito por Marco Negrón. A modo de advertencia Carvajal y Pinto quieren dejar claro que “no nos anima ninguna vocación de producir ‘ciudadanía’, al menos no bajo el significado con el que lamentablemente muchos la han entendido y asumido, como sinónimo de ‘buenos ciudadanos’, que para nada corresponde a lo que planteamos: beligerancia, atención al conflicto allí donde está presente o latente”.

También, a partir de agosto de 2007 se creó el blog http://encaracasapie.blogspot.com/ donde se buscaba complementar los contenidos de la página semanal. Encabezado por la frase “Una cosa es hablar de la ciudad, otra desde la ciudad” , se declaraba: “Somos un colectivo, heredero del semanario ‘enCaracas, cartografías del ocio y vida urbana’. Nuestro lema fundamental: ‘Todo lo que invite a la calle es asunto nuestro, todo lo que la niegue también’. Juancho Pinto y José Carvajal somos las piernas de este proyecto”.
El blog, que no contó con la perseverancia en su mantenimiento que la página del diario si mostró (su ultima entrada tiene fecha junio 2012) y que bien podría revitalizarse en parte montando en él los 256 números aparecidos en El Nacional, permite a través de su primera entrada resumir los fundamentos del proyecto (vigente por demás) que se encontraba tras esta iniciativa y con el que vale cerrar esta nota: “Caminar es un fin en sí mismo. Caminamos por el simple placer de andar, por la necesidad de tropezarnos con esa vastedad que implica la ciudad. Ver sus contrastes, participar, aunque sea fugazmente, de sus conflictos. ¿Es peligroso caminar por las calles de Caracas? No mucho más que quedarse encerrado en casa o moverse en carro de centro comercial en centro comercial. El verdadero peligro va más allá del acto de transitar de un sitio a otro: es que neguemos la ciudad y sin embargo habitemos en ella. Por eso siempre decimos que caminar es un acto político. Biopolítica pura. Caracas no parece pensada para los caminantes, pero a pesar de todos sus obstáculos (los carros, en primer lugar) cerca del 20% de sus moradores se desplazan caminando todos los días. ¿Resistencia? ¿Ecologismo? ¿Pobreza? ¿Atletismo? ¿Vouyerismo? ¿Atormentados del volante? Cuales sean las razones, poco importa. Es un hecho: en Caracas al menos una quinta parte de su población se mueve ‘apiemente’. Y si sumamos los que se mueven en transporte público, que también caminan, tendremos las tres cuartas partes de los caraqueños. ¿Cómo hacemos más amable la ciudad para esa gran mayoría que circula día a día por nuestras calles? Más allá de lo obvio (mejorando, ampliando e interconectando sus calles, plazas, parques, y su transporte público; ofreciendo luz y seguridad) nosotros decimos que militando en esta causa de los de a pie. Allí nos vemos”.
ACA
Postal Nº 112
ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 112

Venezuela, a pocos meses del derrocamiento de la dictadura perezjimenista, participa en Bruselas (Bélgica) como parte de los 43 países extranjeros que, junto al anfitrión, 2 colonias y 8 organizaciones internacionales, se mostraron en la primera Exposición Universal organizada después de la Segunda Guerra Mundial lo cual marcó la reanudación de eventos de esta categoría, suspendidos desde Nueva York 1939.

Expo Bruselas 58 al situarse en plena posguerra sirvió para que los gobiernos de los aliados de Europa Occidental aprovechasen para demostrar sus éxitos y prosperidad posbélicos, mientras que los países del Eje -Alemania, Japón e Italia- vieron en ella una oportunidad de lavar su imagen internacional. Sin embargo, lo más destacado entre la general exuberancia de la feria fue la tensión evidente entre Estados Unidos y la Unión Soviética quienes, como protagonistas de lo que se conoció como la Guerra Fría ya desatada para entonces, utilizaron sus respectivos pabellones para promover su antagonismo político, mostrar sus avances científicos y tecnológicos y hacer pulso en cuanto a su poderío armamentista e influencia internacional. Muchos recuerdan esta situación como similar a la que se presentó en la Exposición Internacional de París (1937) entre la Unión Soviética y la Alemania nazi de la cual sus respectivos pabellones representativos fueron también un claro reflejo de la crispación política e ideológica existente en el momento.

Propuesta originalmente para 1947 y aplazada inicialmente para 1955, la exposición se convirtió en un lugar para exaltar las posibilidades de la convivencia humana a la sombra de la amenazante destrucción nuclear. Identificada con el lema “Por un mundo más humano”, símbolo en sí mismo del mensaje pacifista que se quería colocar en el corazón del evento, la feria belga, abierta entre el 17 de abril y el 19 de octubre, se ubicó en un recinto de 200 hectáreas en la meseta de Heysel, a 7 kilómetros del centro de Bruselas. Muchos de los edificios utilizados fueron construidos originalmente para la exposición internacional de 1935 pero su extensión se amplió en un 50% debido a la incorporación del Parque Real de Leaken que dio cabida a un número importante de nuevas edificaciones. Su costo total, según las autoridades de la Expo, fue de 43.4 millones de dólares y recibió la visita de cerca de 42 millones de personas a lo largo de los 185 días que duró su apertura.


En términos generales, la Expo 58 ofreció un verdadero rango de las múltiples tendencias del paisaje arquitectónico de los años cincuenta. Sin embargo, el debate se ha centrado en precisar si lo allí mostrado no fue sino una vuelta de tuerca más para comprobar el ya decadente uso indiscriminado y tergiversado de los códigos propios del “estilo internacional” como sustituto del “modernismo” (caracterizados ahora por la transparencia, la dinámica de las superficies curvas y las construcciones suspendidas), sumados a la permanente búsqueda de efectos asociados a muchas “acrobacias neo-expresionistas” y a la superficialidad propia que toda feria impone. Por otro lado, ofrece una clara oportunidad para valorar posibilidades técnicas ilimitadas y, por lo tanto, los esfuerzos para dar la impresión de entrar en una nueva era donde el “progreso” vuelve a ser el protagonista. En este marco, quizás valga la pena recordar dos piezas como claras excepciones que confirman la regla: el pabellón de España (obra de José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún), que ocupa un lugar muy destacado dentro de la arquitectura del siglo XX de ese país y el Pabellón Philips, donde Le Corbusier manifiesta su particular interpretación de la integración de las artes bajo el ropaje de una inusual utilización de la tecnología constructiva. Caso emblemático pasó a ser con el tiempo el Atomium, símbolo de la Expo, diseñado por André Waterkeyn cuya presencia aún hoy llama la atención en la ciudad.
Paradójicamente, en Bruselas también se colocó de nuevo sobre el tapete la cuestión de si una exposición universal podría seguir siendo un medio de comunicación adaptado a nuestros tiempos. Algunas partes de la muestra, así como otras contribuciones, trajeron a la mente enfoques del siglo XIX. La presentación de las colonias belgas en un período de descolonización (el Congo se independizó dos años más tarde), así como los modelos de eventos arquitectónicos de una pequeña ciudad belga o la «Pequeña Holanda» del Pabellón holandés con reconstrucciones diques, faros y la simulación del oleaje, revivieron una puesta en escena que se creía superada.
En lo concerniente a la representación venezolana, lo primero que salta a la vista es la cercanía de las fechas entre la caída de Pérez Jiménez y el inicio de la Expo, lo cual nos hace presumir que la decisión de participar ya venía siendo manejada por el régimen defenestrado y que pudo lograrse gracias a una curiosa demostración de continuidad y tino político de parte de una administración que, apostando a la democracia como forma de gobierno, buscaba dar una imagen fresca y novedosa alejada de la tiranía que la precedió.
El pabellón nacional será diseñado por Dante Savino, formado en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela quien, a causa del cierre de la Universidad en 1952, concluye el último año de estudios en Firenze, Italia, donde obtiene el título en 1954. Nos encontramos pues, en presencia de un criterio de selección que, precedido por las actuaciones de Villanueva y Malaussena en París (1937), y de Alejandro Pietri (Santo Domingo -1955-) y Guido Bermúdez (Berlín -1957-), prevalecerá hasta hoy en día dejando atrás la costumbre instaurada desde la época de Guzmán Blanco de encargar a arquitectos foráneos el diseño de nuestros pabellones representativos.

La propuesta de Savino, ubicada en un lugar privilegiado dentro del conjunto de la feria, alejado a la vez de su zona más densa, bulliciosa y llamativa, nos permite apreciar una edificación horizontal, extendida, sin estridencias, de proporciones si se quiere modestas, conformada por una serie de piezas articuladas que se adaptan a la topografía y borde curvo del solar, logrando su mayor desarrollo por debajo del nivel de la calle permitiendo así la definición del acceso principal a través de un puente (que puede observarse en la fotografía que acompaña la postal del día de hoy) para dar así inicio a un recorrido en medio de patios sembrados con orquídeas que conducirán luego a un gran espacio de usos múltiples, integrado mediante una pérgola con una terraza que le sirve de expansión.


La muy bien lograda espacialidad se suma a un atinado criterio en cuanto al aprovechamiento de la luz, lo que permite valorar una ambientación vinculada a la tropicalidad del país que se representa, donde la utilización de las cubiertas destinadas a los dos espacios más importantes y las pieles tramadas que los envuelven juegan un papel fundamental, aspectos todos que hemos podido apreciar gracias a la información que nos suministrara Víctor Sánchez Taffur, a quien se le encomendó la realización de una maqueta que mostró el pabellón venezolano de Bruselas en la Exposición “Horta & after” montada en la FAU UCV el año 2005 (ver Contacto FAC, nº 39, 06-08-2017).


Los organizadores de la Expo, se refieren en el catálogo del evento (Guía oficial Exposition Universelle de Bruselas 1958 – Desclée & Co) al contenido del pabellón como una muestra de lo que el país puede ofrecer: “su arquitectura, la belleza de sus ciudades, el esplendor de su vegetación tropical y sus vastas riquezas industriales, minerales y agrícolas”. También remiten al “alto grado de industrialización que este país ha alcanzado (que) sin duda sorprenderá al visitante” y a la posibilidad de saber “que la refinación del petróleo (…) principal actividad industrial de Venezuela (…) sirvió como un trampolín para el desarrollo de otras industrias… (…) la mecanización agrícola y el aumento y racionalización de la cría, ayudados por la construcción de presas y sistemas de riego, han transformado este sector en uno de los principales activos del país”. Con respecto a la incorporación del arte y en busca de su no siempre lograda integración con la arquitectura, es bueno destacar que el pabellón incorporó en su recorrido, para así mostrarse a plenitud, obras de Soto, Narváez, Carreño, Leufert, Gego, Otero, Cruz-Diez, Pardo y Barrios. Ello permitió a la organización de evento declarar, no sin un cierto grado de ingenuidad y algo de verdad que: “El arte ha encontrado una nueva forma de expresión en este país donde, con la ayuda del clima, todo florece. Algo de la calidez y afecto de Caracas, la capital que se conoce como la ‘Ciudad de la Eterna Primavera’, ha sido infundida en este pabellón”.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal y 8. Colección Crono Arquitectura Venezuela
2. https://www.urbipedia.org/hoja/Exposici%C3%B3n_Internacional_de_Bruselas_de_1958
3 y 4. https://www.worldfairs.info/expolistepavillons.php?expo_id=14
5. Alayón J.J. «Naturalezas bajo cubierta. Los pabellones de Brasil, México y Venezuela en Bruselas 1958», Zarch, 2019
6, 7 y 9. Archivo de Víctor Sánchez Taffur
Postal Nº 111
ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 111

El anuncio del Banco Obrero (BO) que recogemos en la postal del día de hoy, aparecido en la revista Integral nº 9 (1957) donde expone con números los avances de su plan de construcción de viviendas para ese año, además del talante propagandístico que lo acompaña, es revelador de un síntoma que ya se había evidenciado a partir del fallido cumplimiento del Plan Nacional (1951-1955) propuesto por el Taller de Arquitectura de esa institución (TABO): la concentración de los mayores esfuerzos e inversiones en la erradicación de los ranchos en la capital yendo ello en detrimento de la atención demandada por el interior del país, tal y como se puede leer en “Gestión estatal de la vivienda en Venezuela: Plan Nacional de la Vivienda (1951-1955)”, artículo de Beatriz Meza Suinaga (conocedora como pocos del tema) aparecido en Cuadernos del CENDES, nº 87 (2014).
El texto señalado, luego de hacer un recorrido en el que se presenta el Nuevo Ideal Nacional y la relación existente entre obras públicas y economía en la Venezuela de la dictadura perezjimenista, analiza el primer Plan de Vivienda preparado por el BO en 1946 que antecedió al programa habitacional del TABO de 1951, el cual, como eje central del ensayo, es ampliamente examinado junto a sus propuestas urbanas y arquitectónicas. De dicho examen resaltan “las diferencias existentes entre la demanda residencial en Venezuela para 1951 y las metas del Plan Nacional de la Vivienda (1951-1955) así como sus resultados. En tanto es notable la distancia entre necesidades habitacionales de la población y la propuesta del Banco Obrero, la puesta en marcha de ese Plan, con fallas evidentes desde sus inicios, demuestra la imposibilidad de enjugar el déficit a pesar de la disponibilidad financiera, el aparato técnico que se organiza con este fin, la decisión y los anuncios gubernamentales”. Como dato valga señalar que con el plan el BO “pretendía frenar la migración y fijar a la población en sitios con mayor concentración mediante la edificación de 12.185 viviendas en 15 ciudades del país”, lo que significaba un promedio de casi 4.000 viviendas al año “de las cuales para 1953 sólo se habían inaugurado 3.904 unidades en urbanizaciones nuevas, ampliaciones o densificaciones de conjuntos preexistentes ubicados en 13 ciudades”, según registrará Meza.
De allí que, “vista la incompleta ejecución del Plan de Vivienda y sus resultados, la siguiente decisión del régimen militar a fines de 1953 es emprender una cruzada para eliminar los ranchos en Caracas. Julio Bacalao Lara, hasta entones Director-Gerente del BO, es nombrado Ministro de Obras Públicas, sustituyéndolo en el BO el ingeniero Marco Antonio Casanova, bajo cuya conducción cambia de rumbo la política del ente, enfocándose en la capital nacional”.
De esta manera, teniendo a la mano las cifras que según el BO y la Gobernación del Distrito Federal registraban el aumento en el número de ranchos de 7.776 en 1941 a 53.618 en 1953, en junio de este último año se decide comenzar a atacar el problema reurbanizando la cuenca adyacente a la avenida El Atlántico al oeste de Caracas para luego, según palabras del propio Marcos Pérez Jiménez del 31 de diciembre, proceder a despejar el “sector de las vertientes meridionales del cerro comprendido entre el sitio denominado El Atlántico y el Observatorio Cajigal”, donde se aplicará lo que se conoció como el Plan Extraordinario de Viviendas Cerro Piloto efectuado por el BO y la Gobernación del Distrito Federal.
El Plan será desarrollado a partir de febrero de 1954 con base en una propuesta arquitectónico-urbanística denominada “Estudio Multicelulares Cerro Piloto” que da origen a su vez a la edificación denominada Multicelular (MC), proyectada por el arquitecto Guido Bermúdez, miembro de la Sección de Proyectos del BO, antiguo TABO ambos dirigidos por Carlos Raúl Villanueva. El sistema consistía en un bloque de 15 pisos con circulación vertical mecánica, un corredor cada 3 niveles y apartamentos con acceso directo desde los corredores, o mediante escaleras auxiliares subiendo o bajando un piso, excepto para los apartamentos de solteros ubicados en la azotea donde habría que subir dos niveles. (ver “Cerro Piloto: el Plan Extraordinario de Vivienda para Caracas, 1954”, también de Beatriz Meza Suinaga, aparecido en Tecnología y Construcción, Vol. 25-II, 2009).
Cerro Piloto, cuyos elevados costos asociados al proceso de liquidación de ranchos existentes en las zonas en que se desarrolló no compensaron la cantidad de unidades requeridas, ni incidió en un mejoramiento significativo en la calidad de vida de un numero mayor de habitantes de la capital, estará conformado por siete urbanizaciones: Altos de Cútira, La Vega, El Atlántico, Urdaneta, El Estanque, El Amparo y Pro-Patria, y sumará en total 40 superbloques Multicelulares (en pocos casos mezclados con bloque bajos de 4 pisos) para un total de 6.321 apartamentos.
Posteriormente, la División Técnica del BO plantea en marzo de 1954 el Programa Constructivo 1954-1958 donde “ya no se considerará el Plan Nacional de Vivienda de 1951 sino un Plan de Acción Inmediata con dos fases: la primera, continuación de las actividades ordinarias en Caracas y en el interior de la República; la segunda, atención al problema de la vivienda en los cerros que circundan Caracas para lograr su solución definitiva”. Es en este marco que debe entenderse la información aparecida en la propaganda que hoy nos ocupa y la aparición en ella de los datos relacionados a la Comunidad 2 de Diciembre, Simón Rodríguez y Urbanización 24 de noviembre (Pariata). A dichos desarrollos Beatriz Meza dedica otro interesante artículo aparecido en Tecnología y Construcción, Vol. 24-II, 2008 titulado “Superbloques y masificación: vivienda Banco Obrero en Venezuela (1955-1957)» que junto al número 7 de la revista Integral (1957) recomendamos también revisar.
De la Comunidad 2 de Diciembre (hoy conocida como 23 de enero), ubicada en lo que se denominó como “Cerro Central”, donde existían 19 barrios de ranchos y se incorporó al Programa Presidencial para Erradicar la Vivienda Insalubre en Venezuela, constituida por tres Unidades Vecinales (UV) construidas en otras tantas etapas durante 1955, 1956 y 1957, vale la pena recordar que en el diseño de la primera (Sector Este, 12 superbloques de 15 pisos -uno doble-, 26 bloques de 4 pisos, 2.366 apartamentos en total más servicios comunales), participan Carlos Raúl Villanueva, José Manuel Mijares, José Hoffman y Carlos Brando; en la segunda (Sector Central, 13 superbloques de 15 pisos -tres dobles-, cuatro bloques de 4 pisos, 2.944 apartamentos en total más servicios comunales) trabaja el mismo equipo a excepción de Brando; y en la tercera (Sector Oeste, 13 superbloques de 15 pisos -4 triples y 5 dobles-, 6 bloques de 4 plantas, 4.122 apartamentos en total más servicios comunales), permanecen solamente Villanueva y Mijares. Beatriz Meza nos apuntará que los superbloques utilizados corresponderán al “modelo DL proyectado por C. Brando en 1953, más económico en lo constructivo y estructuralmente más estable que el Multicelular de 1954”, el cual dará origen al DL Modificado-1955 que será en definitiva el que se usará en la primera etapa: “un edificio de planta rectangular con 15 niveles y 150 apartamentos, (que) dispone de torre externa con dos ascensores con parada cada 4 pisos, conectados con corredores donde se abren cinco escaleras longitudinales internas, sin ventilación ni iluminación natural. Por ellas debía subirse o bajarse uno o dos niveles para acceder a dos apartamentos; en cada planta hay 10 viviendas de 2, 3 ó 4 habitaciones; la terraza no es visitable”. Para la segunda y tercera etapas se usará el bloque DL Modificado-1956: “que dispone de escaleras internas transversales, igualmente carentes de ventilación e iluminación natural, conservándose los otros rasgos del modelo DL Modificado-1955”.
Por su parte, la Unidad Vecinal (UV) Simón Rodríguez (1956) ubicada en el barrio de Tiro al Blanco, al final de la avenida Principal de Maripérez en Sarría, al Norte de Caracas es diseñada por José Manuel Mijares bajo la guía de Villanueva. Dirigida a la clase media y obrera, se sitúa en una macromanzana con cuatro superbloques modelo DL Modificado-1956, de 15 pisos cada uno con 600 apartamentos y servicios comunales a los que se sumarán otros 4 superbloques con 780 apartamentos concluidos en 1957 donde se incorpora un bloque DL Modificado-1957.
Según datos extraídos por Meza del Archivo Histórico de Miraflores, en terrenos anteriormente ocupados por ranchos de Barrio a Juro, el BO construyó entre 1955-1957 la UV 24 de Noviembre (Pariata) en un solar que limitaba con la avenida Soublette y la Carretera Vieja Caracas-La Guaira. Allí se levantó durante 1955 al oeste (Primera Etapa), un superbloque modelo DL Modificado-1955, de 15 pisos con 145 apartamentos para clase media; en 1956 en el sector este (Segunda Etapa) un superbloque modelo DL Modificado-1956 de 150 apartamentos y un edificio de 4 pisos con 24 apartamentos; y en 1957 (Tercera Etapa) tres superbloques de 150 apartamentos y uno doble con 300, todos modelo DL Modificado-1956, siendo en total 1.074 viviendas en la UV. El pasar del tiempo y la realización de múltiples intentos por resolver cuantitativamente el problema de la vivienda tiene en la experiencia llevada a cabo por el régimen de Pérez Jiménez una lección muy clara: contra los 50.000 ranchos que había en Caracas en 1953 sólo pudieron construirse tras un esfuerzo descomunal alrededor de 17.000 apartamentos con sus respectivas infraestructuras de apoyo. Es decir, la batalla se perdió y se seguirá perdiendo si no se emprende de manera coordinada y racional una política integral que involucre a los habitantes de los barrios quienes han demostrado, de paso, ser mejores constructores de sus viviendas que el propio Estado, el cual (como ya ha sido señalado en innumerables ocasiones por los expertos en la materia) debe convertirse en acompañante en la dotación de servicios y planificación urbana y en garante de que se cuente con las condiciones socio-económicas y culturales que acompañen un complejo proceso y no la simple solución de un problema. De no ser así jamás la brecha se podrá cerrar y el sueño de creer que tener vivienda nueva es la panacea nunca se disipará.
ACA

