Archivo de la etiqueta: Postales

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 111

El anuncio del Banco Obrero (BO) que recogemos en la postal del día de hoy, aparecido en la revista Integral nº 9 (1957) donde expone con números los avances de su plan de construcción de viviendas para ese año, además del talante propagandístico que lo acompaña, es revelador de un síntoma que ya se había evidenciado a partir del fallido cumplimiento del Plan Nacional (1951-1955) propuesto por el Taller de Arquitectura de esa institución (TABO): la concentración de los mayores esfuerzos e inversiones en la erradicación de los ranchos en la capital yendo ello en detrimento de la atención demandada por el interior del país, tal y como se puede leer en “Gestión estatal de la vivienda en Venezuela: Plan Nacional de la Vivienda (1951-1955)”, artículo de Beatriz Meza Suinaga (conocedora como pocos del tema) aparecido en Cuadernos del CENDES, nº 87 (2014).

El texto señalado, luego de hacer un recorrido en el que se presenta el Nuevo Ideal Nacional y la relación existente entre obras públicas y economía en la Venezuela de la dictadura perezjimenista, analiza el primer Plan de Vivienda preparado por el BO en 1946 que antecedió al programa habitacional del TABO de 1951, el cual, como eje central del ensayo, es ampliamente examinado junto a sus propuestas urbanas y arquitectónicas. De dicho examen resaltan “las diferencias existentes entre la demanda residencial en Venezuela para 1951 y las metas del Plan Nacional de la Vivienda (1951-1955) así como sus resultados. En tanto es notable la distancia entre necesidades habitacionales de la población y la propuesta del Banco Obrero, la puesta en marcha de ese Plan, con fallas evidentes desde sus inicios, demuestra la imposibilidad de enjugar el déficit a pesar de la disponibilidad financiera, el aparato técnico que se organiza con este fin, la decisión y los anuncios gubernamentales”. Como dato valga señalar que con el plan el BO “pretendía frenar la migración y fijar a la población en sitios  con mayor concentración mediante la edificación de 12.185 viviendas en 15 ciudades del país”, lo que significaba un promedio de casi 4.000 viviendas al año “de las cuales para 1953 sólo se habían inaugurado 3.904 unidades en urbanizaciones nuevas, ampliaciones o densificaciones de conjuntos preexistentes ubicados en 13 ciudades”, según registrará Meza.

De allí que, “vista la incompleta ejecución del Plan de Vivienda y sus resultados, la siguiente decisión del régimen militar a fines de 1953 es emprender una cruzada para eliminar los ranchos en Caracas. Julio Bacalao Lara, hasta entones Director-Gerente del BO, es nombrado Ministro de Obras Públicas, sustituyéndolo en el BO el ingeniero Marco Antonio Casanova, bajo cuya conducción cambia de rumbo la política del ente, enfocándose en la capital nacional”.

De esta manera, teniendo a la mano las cifras que según el BO y la Gobernación del Distrito Federal registraban el aumento en el número de ranchos de 7.776 en 1941 a 53.618 en 1953, en junio de este último año se decide comenzar a atacar el problema reurbanizando la cuenca adyacente a la avenida El Atlántico al oeste de Caracas para luego, según palabras del propio Marcos Pérez Jiménez del 31 de diciembre, proceder a despejar el “sector  de las vertientes meridionales del cerro comprendido entre el sitio denominado El Atlántico y el Observatorio Cajigal”, donde se aplicará lo que se conoció como el Plan Extraordinario de Viviendas Cerro Piloto efectuado por el BO y la Gobernación del Distrito Federal.

El Plan será desarrollado a partir de febrero de 1954 con base en una propuesta arquitectónico-urbanística denominada “Estudio Multicelulares Cerro Piloto” que da origen a su vez a la edificación denominada Multicelular (MC), proyectada por el arquitecto Guido Bermúdez, miembro de la Sección de Proyectos del BO, antiguo TABO ambos dirigidos por Carlos Raúl Villanueva. El sistema consistía en un bloque de 15 pisos con circulación vertical mecánica, un corredor cada 3 niveles y apartamentos con acceso directo desde los corredores, o mediante escaleras auxiliares subiendo o bajando un piso, excepto para los apartamentos de solteros ubicados en la azotea donde habría que subir dos niveles. (ver “Cerro Piloto: el Plan Extraordinario de Vivienda para Caracas, 1954”, también de Beatriz Meza Suinaga, aparecido en Tecnología y Construcción, Vol. 25-II, 2009).

Cerro Piloto, cuyos elevados costos asociados al proceso de liquidación de ranchos existentes en las zonas en que se desarrolló no compensaron la cantidad de unidades requeridas, ni incidió en un mejoramiento significativo en la calidad de vida de un numero mayor de habitantes de la capital, estará conformado por siete urbanizaciones: Altos de Cútira, La Vega, El Atlántico, Urdaneta, El Estanque, El Amparo y Pro-Patria, y sumará en total 40 superbloques Multicelulares (en pocos casos mezclados con bloque bajos de 4 pisos) para un total de 6.321 apartamentos.

Posteriormente, la División Técnica del BO plantea en marzo de 1954 el Programa Constructivo 1954-1958 donde “ya no se considerará el Plan Nacional de Vivienda de 1951 sino un Plan de Acción Inmediata con dos fases: la primera, continuación de las actividades ordinarias en Caracas y en el interior de la República; la segunda, atención al problema de la vivienda en los cerros que circundan Caracas para lograr su solución definitiva”. Es en este marco que debe entenderse la información aparecida en la propaganda que hoy nos ocupa y la aparición en ella de los datos relacionados a la Comunidad 2 de Diciembre, Simón Rodríguez y Urbanización 24 de noviembre (Pariata). A dichos desarrollos Beatriz Meza dedica otro interesante artículo aparecido en Tecnología y Construcción, Vol. 24-II, 2008 titulado “Superbloques y masificación: vivienda Banco Obrero en Venezuela (1955-1957)» que junto al número 7 de la revista Integral (1957) recomendamos también revisar.

De la Comunidad 2 de Diciembre (hoy conocida como 23 de enero), ubicada en lo que se denominó como “Cerro Central”, donde existían 19 barrios de ranchos y se incorporó al Programa Presidencial para Erradicar la Vivienda Insalubre en Venezuela, constituida por tres Unidades Vecinales (UV) construidas en otras tantas etapas durante 1955, 1956 y 1957, vale la pena recordar que en el diseño de la primera (Sector Este, 12 superbloques de 15 pisos -uno doble-, 26 bloques de 4 pisos, 2.366 apartamentos en total más servicios comunales), participan Carlos Raúl Villanueva, José Manuel Mijares, José Hoffman y Carlos Brando; en la segunda (Sector Central, 13 superbloques de 15 pisos -tres dobles-, cuatro bloques de 4 pisos, 2.944 apartamentos en total más servicios comunales) trabaja el mismo equipo a excepción de Brando; y en la tercera (Sector Oeste, 13 superbloques de 15 pisos -4 triples y 5 dobles-, 6 bloques de 4 plantas, 4.122 apartamentos en total más servicios comunales), permanecen solamente Villanueva y Mijares. Beatriz Meza nos apuntará que los superbloques utilizados corresponderán al “modelo DL proyectado por C. Brando en 1953, más económico en lo constructivo y estructuralmente más estable que el Multicelular de 1954”, el cual dará origen al DL Modificado-1955 que será en definitiva el que se usará en la primera etapa: “un edificio de planta rectangular con 15 niveles y 150 apartamentos, (que) dispone de torre externa con dos ascensores con parada cada 4 pisos, conectados con corredores donde se abren cinco escaleras longitudinales internas, sin ventilación ni iluminación natural. Por ellas debía subirse o bajarse uno o dos niveles para acceder a dos apartamentos; en cada planta hay 10 viviendas de 2, 3 ó 4 habitaciones; la terraza no es visitable”. Para la segunda y tercera etapas se usará el bloque DL Modificado-1956: “que dispone de escaleras internas transversales, igualmente carentes de ventilación e iluminación natural, conservándose los otros rasgos del modelo DL Modificado-1955”.

Por su parte, la Unidad Vecinal (UV) Simón Rodríguez (1956) ubicada en el barrio de Tiro al Blanco, al final de la avenida Principal de Maripérez en Sarría, al Norte de Caracas es diseñada por José Manuel Mijares bajo la guía de Villanueva. Dirigida a la clase media y obrera, se sitúa en una macromanzana con cuatro superbloques modelo DL Modificado-1956, de 15 pisos cada uno con 600 apartamentos y servicios comunales a los que se sumarán otros 4 superbloques con 780 apartamentos concluidos en 1957 donde se incorpora un bloque DL Modificado-1957.

Según datos extraídos por Meza del Archivo Histórico de Miraflores, en terrenos anteriormente ocupados por ranchos de Barrio a Juro, el BO construyó entre 1955-1957 la UV 24 de Noviembre (Pariata) en un solar que limitaba con la avenida Soublette y la Carretera Vieja Caracas-La Guaira. Allí se levantó durante 1955 al oeste (Primera Etapa), un superbloque modelo DL Modificado-1955, de 15 pisos con 145 apartamentos para clase media; en 1956 en el sector este (Segunda Etapa) un superbloque modelo DL Modificado-1956 de 150 apartamentos y un edificio de 4 pisos con 24 apartamentos; y en 1957 (Tercera Etapa) tres superbloques de 150 apartamentos y uno doble con 300, todos modelo DL Modificado-1956, siendo en total 1.074 viviendas en la UV. El pasar del tiempo y la realización de múltiples intentos por resolver cuantitativamente el problema de la vivienda tiene en la experiencia llevada a cabo por el régimen de Pérez Jiménez una lección muy clara: contra los 50.000 ranchos que había en Caracas en 1953 sólo pudieron construirse tras un esfuerzo descomunal alrededor de 17.000 apartamentos con sus respectivas infraestructuras de apoyo. Es decir, la batalla se perdió y se seguirá perdiendo si no se emprende de manera coordinada y racional una política integral que involucre a los habitantes de los barrios quienes han demostrado, de paso, ser mejores constructores de sus viviendas que el propio Estado, el cual (como ya ha sido señalado en innumerables ocasiones por los expertos en la materia) debe convertirse en acompañante en la dotación de servicios y planificación urbana y en garante de que se cuente con las condiciones socio-económicas y culturales que acompañen un complejo proceso y no la simple solución de un problema. De no ser así jamás la brecha se podrá cerrar y el sueño de creer que tener vivienda nueva es la panacea nunca se disipará.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 110

Nuestra postal del día de hoy recoge la lámina a color (cuya dimensión original es de 93 x 42 cms.) correspondiente a los “Usos propuestos de la tierra” del “Estudio preliminar, julio 1951” que formó parte del Plano Regulador de Caracas, elaborado por la Comisión Nacional de Urbanismo (CNU) presidida por Leopoldo Martínez Olavarría e integrada además por Carlos Guinand Sandoz, Carlos Raúl Villanueva, Edgar Pardo Stolk, Cipriano Domínguez, Armando Vegas, Luis Eduardo Chataing, Luis Malaussena, Luis Wannoni, Alejandro Oropeza Castillo, Gustavo Ferrero Tamayo y Pedro Pablo Azpúrua, con la participación como asesores de José Luís Sert, Jacques Lambert, Francis Violich y Maurice Rotival, y presentado públicamente ante el Gabinete Ejecutivo en pleno, los gobernadores del Distrito Federal y del estado Miranda, el Cuerpo Diplomático y los miembros de los dos Concejos Municipales sobre los cuales se extendía la capital, el 5 de junio de 1952 por Gerardo Sansón, Ministro de Obras Públicas (MOP) del momento.

La interesante historia que se esconde tras la elaboración de este instrumento normativo, crucial dentro de la evolución urbana de la ciudad, se encuentra recogida en Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna (2004) de Juan José Martín Frechilla y, en particular, dentro del capítulo titulado “Diálogo municipal con Pedro Pablo Azpúrua” (1917-2014), personaje que juega un papel fundamental en el período de gestación e implementación del Plano hasta la promulgación de la Ordenanza de Zonificación del Distrito Federal en virtud de haber ocupado un lugar destacado como funcionario al frente de la Dirección de Obras Municipales -DOM- (1951-1956) y la Ingeniería Municipal (1953-1956) de esa dependencia federal.

Por tanto, aunque luce tentador seguirle la pista a todo un proceso que si se quiere tiene al Plan Rotival como claro precedente y a la Ordenanza del 58 como “producto final”, trataremos de referirnos en lo posible al eslabón ocupado por el Plano Regulador del 51 como rótula y detonante de posteriores acciones y documentos.

1. Sesión de trabajo de la Comisión Nacional de Urbanismo (CNU)

Así, la trascendencia que tuvo la salida a la luz del Plano Regulador de Caracas no sólo se refleja en las características del acto de presentación que mencionamos al inicio y en la aparición de la publicación que lo recoge editada por el MOP y Cartografía Nacional en 1952, encabezada por la «Exposición del doctor Gerardo Sansón Ministro de Obras Públicas a las municipalidades del Distrito Federal y del distrito Sucre el estado Miranda», sino en el hecho de haberse activado al unísono, una vez concluidos los estudios que le daban sustento y se preparaba su edición, desde la Municipalidad del Distrito Federal -Concejo y Gobernación- la creación de una comisión, integrada por Gustavo Ferrero Tamayo (CNU), Manuel Fernando Mejías (INOS), Ibrahim y Rafael Emilio Velutini (Cámara de la Construcción), Mariano Salas Berti (CIV), José Antonio Jove y Alfonzo Rízquez (MOP), Carlos Raúl Villanueva Concejo Municipal del D.F.), Pedro Pablo Azpúrua y Octavio Marcano Vallenilla (DOM), «para estudiar y formular las bases de la nueva Ordenanza sobre Arquitectura, Urbanismo y Construcción en general. La iniciativa provenía de la Dirección de Obras Municipales y la Ingeniería Municipal, que daba inicio por esta vía al proceso de modernización del dispositivo legal para la construcción de Caracas, sin esperar la aprobación del Plano Regulador y la elaboración de una Ordenanza y Plano de Zonificación como instrumentos necesarios para su ejecución”, tarea que posteriormente se emprenderá dentro de la DOM, con Pedro Pablo Azpúrua a la cabeza y la asesoría de Violich, por Gustavo Matamoros Mendoza y Oscar Urreiztieta. También corresponderá posteriormente a las ingenierías municipales implementar los interminables vericuetos e interpretaciones a que la normativa se prestaba y que han dado como resultado buena parte del paisaje urbano de la Caracas de hoy.

En todo caso, vale la pena subrayar, derivado de la «Exposición…» de Sansón que el Plano Regulador no sólo apunta a “construir una Caracas moderna” sino que busca convertirse en una herramienta que supere, gracias a la aplicación de criterios “estrictamente científicos” soportados conceptualmente en la “Carta de Atenas”, el carácter morfológico del Plan Rotival. Es por ello que se le atribuye a la presencia de Francis Violich dentro del grupo de asesores un lugar determinante en la incorporación tanto de una metodología como de herramientas derivadas de la planificación urbana de esa época en los Estados Unidos que tienen en el zoning la base para la aplicación de regulaciones por sectores con densidades diferenciadas las cuales serían consagradas en la Ordenanza de 1958 y normas sucesivas. El discurso de Sansón (cuya elaboración no duda Martín Frechilla en atribuir a Leopoldo Martínez Olavarría), remarca la nueva “doctrina urbanística firme, concreta y moderna” que con base en la Carta de Atenas y la instrumentación aportada por Violich asume el Plano Regulador cuando manifiesta que “la expresión máxima del organismo viviente que es la ciudad, debe seguir continuamente su evolución, encauzar su desarrollo y aún acatar sus tendencias claramente definido así: separar, clasificar y organizar los diversos elementos que integran la ciudad conforme al concepto de sus funciones básicas: habitación, trabajo, circulación, educación”.

Como bien dicen Federico Vegas e Iván González Viso en “Historia de Caracas a través de sus planos” (Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015), “La palabra ‘regulador’ es importante, pues no se trata de reflejar, diseñar o imaginar, lo que se intenta es fijar las reglas que determinen un destino. Era la primera vez que se afrontaba el problema urbano con esta visión, más pendiente de cantidades y zonificaciones que de criterios formales y estéticos”, alejadas de lo que dictaba la tradición urbana caraqueña: “la ciudad de la trama, de la cuadra, del patio y de las actividades integradas será sustituida, mediante una legislación urbana basada en edificaciones zonificadas y aisladas por retiros laterales. Caracas hasta entonces se había aproximado y regido por los patrones de la ciudad latina clásica, ahora intentará semejarse a los modelos sajones modernos”.
Tomando como fuente el Plano Regulador de Caracas. Ordenanza y Plano de Zonificación, 1953 (elaborado en la DOM por Matamoros Mendoza y Urreiztieta quienes “aclimatan” los planteamientos de Violich según testimonio de Azpúrua), producto de convertir el “pasivo” Plano Regulador del 51 en herramienta activa, nos encontramos con que allí se argumentaba que era necesario el establecimiento de diversas zonas, con una reglamentación especial “ya que una reglamentación uniforme no seria apropiada a toda la ciudad indistintamente”. Su objeto era controlar primordialmente el uso y desarrollo de la propiedad privada, dejando las áreas públicas, municipales o nacionales, así como la previsión de servicios públicos en manos de otros instrumentos “no incluidos ordinariamente en una Ordenanza de Zonificación, pero necesariamente acordes con esta”.
La ordenanza que lo acompañaba constaba de dos partes: un conjunto de planos de zonificación donde se demarcaban las zonas y sus limites, y un texto con la reglamentación que regiría cada sector. Los planos contenían información básica como distribución de la población hasta 1936, distribución de la población hasta 1950, Limites de parroquias y urbanizaciones hasta 1951, uso actual de la tierra para 1950 y crecimiento histórico de la ciudad, información toda proveniente del Plano del 51.

El reglamento del Plan Regulador General, plasmado en la ordenanza como instrumento legal, en las áreas comprendidas dentro de la jurisdicción del Departamento Libertador del Distrito Federal, aspiraba a controlar los usos en la zona, la densidad de población, el área mínima de parcela, el área máxima de ubicación, área libre mínima, densidad total de construcción, retiros, altura, estacionamiento y probables variaciones colectivas, entre otros.

La ordenanza de zonificación se implanta sobre una ciudad dividida en 12 comunidades: 1-2. Catia, 3. La Pastora, 4. San Bernardino y La Florida, 5. Chacao, 6. Boleíta y El Marqués, 7. Bello Monte, 8. Cementerio y Ciudad Universitaria, 9. El Valle, 10. El Paraíso y San Martin, 11. Antímano, 12. Casco Central. El plano prevé una nueva vialidad estructurante, la Autopista del Este (hoy Francisco Fajardo), que atraviesa la ciudad de este a oeste y sus distribuidores, paralela al río Guaire. Vialidad, limite de comunidad, áreas verdes (quebradas y parques), reservas forestales, áreas nacionales, industria, comercio industrial, comercio central y comunal, áreas de control especial y vivienda (densidad alta y baja) constituyen las categorías de uso de la tierra a regular.

Revisando con detalle el plano es posible afirmar que la delimitación de áreas está directamente referenciada a la vialidad, que se utiliza para marcar los límites entre usos y plantea una visión esquemática, impuesta, abstracta y desligada del reconocimiento de la forma urbana en los términos que se venían planteando en la ciudad a partir del Plan Rotival de 1939. No ofrece especificidad alguna, sino al contrario, aplica criterios de generalización que eliminan todo criterio de forma y estética urbana.

Algunos de los efectos que produjo la aplicación de esta normativa esquemática que privilegiaba la máxima rentabilidad económica, generaron la diversificación de la utilización del suelo por la acumulación indiscriminada de actividades e incompatibilidades de usos; facilitó un crecimiento desmesurado del desarrollo de la superficie del centro de la ciudad; ocasionó problemas de accesibilidad por una alta congestión del sistema vehicular en el área del damero; produjo el déficit de servicios comunales no contemplados en la ordenanza y finalmente la agregación desordenada de edificaciones, no incluyendo una verdadera normativa sobre las características de diseño de las edificaciones.

El plan rompió con el esquema compacto de ciudad tradicional y promovió un esquema de ciudad moderna extendido a todo el valle, haciendo intangibles e impredecibles los procesos de transformación del espacio publico y privado. Esta forma de planificación urbana permitirá la convivencia de dos visiones: la que representaba una continuidad del proceso iniciado en décadas anteriores, y la visión contenida en la Ordenanza de 1958 que deformará la continuidad morfológica consagrada en reglamentos anteriores determinando la forma urbana de la Caracas moderna desde su implementación y, en gran parte, hasta el día de hoy.

IGV

Procedencia de las imágenes

Postal. Martín Frechilla J.J.; Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna, 2004

  1. Colección Crono Arquitectura Venezuela

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 109

Cuando el año 1939 el Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV) organiza un concurso para seleccionar el anteproyecto que permitiría la construcción de su sede en Los Caobos, habían transcurrido 78 años de su fundación, datada el 28 de octubre 1861 en medio de la Guerra Federal, adscrito inicialmente al Ministerio de Guerra y Marina. Durante ese lapso, en el que logra reforzar su talante de asociación cívica de apoyo al Estado y la Nación (potenciada desde su cambio de adscripción en 1881 al Ministerio de Educación), pasó de ocupar el Colegio de Santa María, situado entre la esquinas de Veroes y Jesuitas, a luego hacer lo propio en los salones de la Cámara de Comercio donde se reinstaló en 1922, para ubicarse finalmente en la vieja casa de la Universidad Central de Venezuela.

Siendo quizás la institución gremial más poderosa del país, el llamado que hace el Ministerio de Obras Públicas (MOP) y en particular el ministro Enrique Jorge Aguerrevere (descendiente del primer director del CIV, el Comandante de Ingenieros Juan José Aguerrevere, discípulo de Juan Manuel Cajigal), principal promotor del certamen, obligaba a dar un efecto de demostración que se tradujese en claridad organizativa, cumplimiento de los lapsos establecidos, pulcritud en la selección y garantías para que el desenlace desembocara en la efectiva construcción del edificio galardonado. En tal sentido, no sería exagerado decir que este concurso, en virtud de las entidades que involucró, es el primero que se organiza en el país siguiendo todos los parámetros que citas de este tipo imponen: desde la elaboración de las bases, el llamado abierto y la selección del jurado hasta la posibilidad de que la opinión pública conociese los resultados gracias a la importante difusión que se le dio.

Sin duda, el documento que mejor permite apreciar la envergadura y alcance de la contienda es el número que la Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela le dedicó casi en exclusiva: el 135, año XVIII, Caracas, abril-mayo-junio 1940. Allí nos encontramos desplegada una valiosa información que facilita hacerse una cabal idea de las expectativas generadas desde la convocatoria hasta su desenlace final, que tuvo en Luis Eduardo Chataing (1906-1971) a su ganador.

Así, de las bases del concurso elaboradas con suma sencillez y claridad, se desprende la intención de contar con un edificio austero, de medianas proporciones, con base en un programa de áreas que, a modo de referencia, establecía las dimensiones de sus espacios totalizando todos ellos 570 m2 de donde destacan la sala de sesiones para 120 personas y una biblioteca para 6.000 volúmenes como los más relevantes, acompañados por las áreas administrativas y los servicios de apoyo. Como datos no menores se indican: “El volumen del edificio no debe pasar de 2.500 m2 y el costo de la construcción se estima en 50 Bs/m2”. Y también: “la topografía del terreno y la vista sobre el Parque Los Caobos son factores que deberán tenerse en cuenta en la composición arquitectónica del edificio”.

En las bases se establecen los requisitos de entrega, la fecha tope en que serán recibidos los proyectos (31 de marzo de 1940), el premio (que ascendía a la suma de un mil bolívares -Bs. 1.000-), y el hecho de que “el proyecto premiado servirá de base para la elaboración de los planos de construcción, de acuerdo con el autor, quien además, si lo desea, ejercerá ad honorem la supervisión de las obras durante la construcción”. El jurado, estuvo integrado “por los doctores Oscar Augusto Machado, Gustavo Wallis y arquitecto Alfredo Jahn Jr.”.

1. Sala del Museo de Bellas Artes donde se expusieron las propuestas presentadas a concurso

Cumplidos los lapsos se recibieron un total de 14 propuestas de manos de lo más granado de la arquitectura venezolana del momento, que fueron presentadas el 17 de abril en los espacios del Museo de Bellas Artes, resultando ganadora la acompañada del Lema “Círculo-Triángulo-Cuadrado” del ya mencionado Luis Eduardo Chataing. Así mismo, se otorgaron 5 menciones a: Roberto M. Henríquez (Lema “Tridente”), Carlos A. Guinand (Lema “Colón”), Erasmo Calvani (Lema “Trébol”), Carlos Raúl Villanueva (Lema “S.O.S”) y Rafael Bergamín (Lema “RA”), las cuales pueden ser apreciadas en el número de la Revista del CIV a la que ya hemos hecho mención.

2. Algunas de las propuestas que obtuvieron mención honorífica en el Concurso. Arriba izquierda: Carlos Guinand Sandoz. Arriba derecha: Erasmo Calvani. Abajo izquierda: Roberto Henríquez. Abajo derecha: Rafael Bergamín

Chataing, es bueno apuntarlo, era hijo del más importante arquitecto de comienzos del siglo XX venezolano, Alejandro Chataing, con quien trabajó hasta su muerte en 1928 y de quien recibió la responsabilidad de concluir algunas obras y proyectos ya iniciados por la oficina de su padre para luego pasar a trabajar en el MOP a partir de 1930. Graduado en la UCV como Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas (1928), fue el primer director de la Escuela de Arquitectura de la UCV (1941), Miembro Fundador y Vicepresidente de la Sociedad Venezolana de Arquitectos (1945), uno de los Miembros Fundadores de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV (1953), Primer Vicepresidente del CIV y posteriormente Presidente del mismo, y Ministro de Obras Públicas del régimen de Marcos Pérez Jiménez (1952-1953).

3. Propuesta ganadora del Concurso presentada por Luis Eduardo Chataing

La solución presentada por Chataing al concurso para la sede del CIV (la cual hemos decidido mostrar acompañando la foto de la fachada sur hacia el parque Los Caobos del edificio construido que engalana nuestra postal del día de hoy), según palabras de su autor, siguió “tres normas principales (…) el buen funcionamiento del instituto, los niveles naturales del terreno y su magnífica ubicación. De igual manera hemos atendido en la composición general a las tres principales funciones del Colegio de Ingenieros, a saber: actividades profesionales, científicas y sociales ó de relación entre sus miembros, tratando de agrupar los distintos elementos de tal manera que, manteniendo la necesaria relación entre ellos, permitan el desarrollo de las diferentes actividades anotadas sin que interfieran entre sí”.

4. Planta de la propuesta ganadora del Concurso presentada por Luis Eduardo Chataing

Se trata de un planteamiento claramente conservador, que obedece a la intención de combinar reglas compositivas propias del academicismo con ciertas concesiones a la arquitectura del momento respaldadas por los criterios asumidos tanto en la composición de la planta como de las fachadas en función de su valor representativo. Chataing lo expresará de la siguiente manera: “Los elementos principales, por sus dimensiones y por su carácter o destino, están sobre la fachada que da al parque. Además es ésta, según nuestro criterio, la fachada que dará carácter arquitectónico al edificio y fue por esto y dada la índole del Colegio de Ingenieros, que dicha fachada y los elementos con ella relacionados los hemos tratado en un estilo que hoy quizá podríamos llamar ya neo-clásico, que sin dejar de ser moderno está muy lejos de la arquitectura hoy tan en boga y que por estar en completa evolución consideramos poco conveniente para un edificio que es de esperarse durante mucho tiempo será la sede del instituto”. Luego continúa: “En cambio la fachada Este la hemos proyectado en un estilo francamente moderno pero en correcta ligazón con el resto del edificio, tratando de acusar así la diferencia entre la parte representativa y social y la parte puramente funcional de la construcción”, toda una declaración del enfoque que se creía debía ser utilizado en el diseño de edificios institucionales.

El empeño puesto en que la sede del CIV fuese una realidad concreta de parte de los agremiados se ve reflejado también dentro del nº 135 de la Revista del CIV a través de dos páginas que recogen la “Cuenta de las contribuciones para el edificio del Colegio de Ingenieros de Venezuela cobradas hasta junio de 1940”, la cual totaliza Bs. 24.080 en montos que oscilan entre los 100 y los 1.000 bolívares, aportados por 147 personas (15% de los agremiados para la fecha), constituyendo ello casi la quinta parte del costo estimado de la obra, lo cual no es poca cosa. Semejante esfuerzo, sumado al apoyo del MOP, permitió que el edificio se concluyese e inaugurase en 1941 a poco más de un año de la realización del certamen dando como resultado una obra muy bien ejecutada, a tono con la imagen solemne y a la vez actual que se le buscó imprimir, respaldada por la selección de nobles materiales y cuidados detalles, que tuvo en el aporte artístico brindado por Francisco Narváez un excelente aliado en lo relacionado a realzar los diferentes espacios que la conforman pero muy particularmente el que fuese durante mucho tiempo su acceso principal desde el Parque Los Caobos. Consolidado como sede gremial, centro social, y en sitio donde funcionan 4 Fundaciones con personalidad jurídica propia, conexas a la ingeniería o a la salvaguarda de los intereses del gremio, y 5 asociaciones gremiales ingenieriles especializadas, el edificio con el tiempo se hizo insuficiente y tuvo que ser ampliado para lo cual se recurrió, de nuevo, a convocar un Concurso Nacional en 1964 ganado por los arquitectos Jimmy Alcock y Carlos Gómez de Llarena, que bien podría ser en otro momento objeto de nuestra atención.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Colección Crono Arquitectura venezuela

1, 2, 3 y 4: Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela, nº 135, 1940

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 108

La imagen que ilustra nuestra postal del día de hoy muestra una toma parcial de la fachada este que da hacia la calle El Colegio (entre la Calle Real de Sabana Grande y la avenida Casanova, Caracas) del Centro Comercial del Este, terminado de construir en 1953, obra del arquitecto Diego Carbonell (Rio de Janeiro, 1923- Caracas, 1998). Esta edificación tiene el privilegio de disputarle al Gran Avenida (Guinand, Benacerraf y Vestuti, de finales de los 40 e inicios de los 50) el ser considerado como primer shopping de la ciudad en virtud de que ambos empezaban a mostrar, aunque fuese a pequeña escala, las características propias de esta tipología proveniente de Norteamérica, cuyo desarrollo es explicado de forma didáctica, entretenida y rigurosa por Lorenzo González Casas en el ensayo “Compraventas en CCS: De la bodega esquinera al mall” que puede consultarse en http://www.ccscity450.com.ve/ensayo/compraventas-en-ccs-de-la-bodega-esquinera-al-mall/.

Así, el lugar que ocupa el Centro Comercial del Este en la evolución de dicho uso en Caracas, se colocaría entre el Gran Avenida (hoy demolido, situado próximo a la Plaza Venezuela, al inicio de la Calle Real de Sabana Grande en lo que hoy es la parte norte de la estación del Metro Plaza Venezuela) y el Centro Comercial Las Mercedes (Don Hatch, 1954), cuando la actividad comercial empieza a emigrar al este de la urbe luego de la aprobación del Plan Monumental en 1939 y de que la inversión proveniente del negocio petrolero fijara en esa zona de la ciudad su principal punto de interés. González Casas lo refiere cuando afirma: “En paralelo con la aparición de los supermercados y centros comerciales, se produjeron varios ensayos que buscaban dar respuesta al problema de estacionamiento ya que, si bien el mismo es importante para llegar al destino, una vez allí representa un problema, salvo en un drive-in. Como alguna vez expresara Victor Gruen, arquitecto de centros comerciales en los Estados Unidos, ‘nunca un auto ha comprado nada’. Los proyectos oscilaron entre esconder el vehículo o monumentalizarlo; la primera solución se ensayó en el Centro Comercial del Este, en Sabana Grande, de Diego Carbonell, con un anillo de tiendas en torno a un estacionamiento central separado de la calle, lo cual produjo que algunas tiendas tuviesen doble acceso. La segunda fue El Helicoide de la Roca Tarpeya, de Jorge Romero, Dirk Bornhorst y Pedro Neuberger, un artefacto que tuvo al movimiento vehicular como leitmotiv.”

Como ya traduce la cita, el Centro Comercial del Este, a diferencia del Gran Avenida que se desarrolla linealmente creando una calle de servicios paralela a la vía principal, busca ocultar pero a la vez privilegiar la presencia del vehículo dentro de su concepción al permitirle al usuario llegar en carro prácticamente a la puerta de los locales. Su esquema, una banda que bordea un lote correspondiente a la mitad sur de una irregular manzana localizada en el sector San Antonio de Sabana Grande, genera un gran patio-estacionamiento al que se accede por el lindero norte y que contiene en su centro una área verde sombreada hoy en día por un imponente árbol. La búsqueda de respuesta hacia las tres calles que lo rodean (El Colegio al este, San Antonio al oeste y la avenida Casanova al sur), junto a la necesidad de salvar la pendiente del terreno, permitió a Carbonell desarrollar la casi totalidad de los locales a medios niveles de manera de permitir su ingreso tanto desde el exterior peatonal como desde el interior vehicular.

La fotografía de la postal, tomada con toda seguridad cercana a 1956, momento en que se traslada la librería Cruz del Sur (cuyo anuncio se aprecia en el penúltimo local de la derecha) de la sede que ocupó desde 1944 de Piñango a Llaguno (avenida Baralt, edificio Bolívar) al Centro Comercial del Este, ofrece en sí misma varios aspectos a resaltar. Uno de ellos es el carácter absolutamente moderno de la edificación que busca, pese a su modesta escala, otorgarle monumentalidad a su relación con la calle El Colegio, creando un generoso espacio urbano apergolado a doble altura que enfatiza, gracias al desplazamiento de los volúmenes, el acceso y descenso peatonal al corazón del conjunto. También, contrastando con la sencillez de líneas del edificio y el uso de materiales como el vidrio y aluminio de cerramiento, el concreto en la cubierta (plana en los volúmenes que dan al este y el oeste pero que mirando con atención se puede apreciar cómo está trabajada con pequeñas bóvedas en el cuerpo de la izquierda correspondiente al frente sur hacia la avenida Casanova) y el acero en los apoyos, destaca el elemento característico del alumbrado público de la época cuya silueta tradicional poblaba Caracas en aquel entonces y de los que quedan aún vestigios hoy en día. Otro detalle no menor es la presencia al borde de la acera de parquímetros, artefactos que ocuparon las calles de la ciudad como claro mensaje de un interés por convertir la avasallante aparición del vehículo que las convertía (y convierte) en estacionamiento, en racional oportunidad para recaudar impuestos, rasgo de civilidad que hoy se ha perdido quedando el usufructo de la anárquica ocupación de vías en manos de desempleados e indigentes.

1. Centro Comercial del Este. Diego Carbonell, 1953. Vista desde la intersección de la calle El Colegio con la Avenida Casanova

El edificio, salvo lo señalado en su frente este no ofrece mayores consideraciones de protección a quien transita por las aceras no ocurriendo lo mismo para quien llega en carro para lo cual cuenta con un corredor de transición entre el estacionamiento y los negocios creado por el voladizo de la parte superior de los locales.

Durante años el Centro Comercial del Este se convirtió en referencia por albergar tiendas y actividades que tuvieron repercusión en toda la ciudad: la firma que representaba la popular moto Vespa, el local donde se ubicaba “Animalia Canilandia” dedicado a la comercialización de fauna de todo tipo, la empresa Paragón C.A. dirigida al ramo de equipos y materiales de oficina muy afín a la actividad de los arquitectos, la sombrerería de Margot Meier, Aisla C.A. dedicada a la venta e instalación de materiales aislantes y acústicos y sobre todo la ya mencionada librería Cruz del Sur todo un centro cultural, punto de reunión de la intelectualidad caraqueña y de resistencia a la dictadura donde se realizaban mesas redondas, foros, recitales, presentación de autores y publicaciones, exposiciones de artesanía, fotografía, pintura y escultura.

Para darnos una idea de cómo Cruz del Sur se apropió del espacio que el Centro Comercial del Este ofreció a sus inquilinos (y que con algo de atención en la foto se puede apreciar), valga el testimonio de Violeta Roffé su fundadora y alma (junto a su hermano Alfredo):

“Miguel Arroyo hizo el diseño de la librería. Todo estaba hecho en madera de caoba con fondos blancos de fórmica; las vitrinas tenían seis o nueve paneles con libros en cada panel. Una preciosidad de lugar… (…)

El local del Centro Comercial del Este contaba con cuatro niveles. En el tercer nivel organizamos una sala de exposiciones que Miguel Arroyo había diseñado con repisas de cristal y paneles de metal fijos en las paredes. Allí teníamos objetos de cerámica y realizábamos exposiciones permanentes. Los cristales se desmontaban y en su lugar se montaban paneles con los cuales se modificaba la estructura del pequeño espacio destinado a las exposiciones. (…) Nosotros estuvimos allí hasta el año 1973. Después vinieron las etapas de Cristina Guzmán, de la librería de la ULA y la etapa final, esplendorosa, de Julio Cacique y Rafael Castarlena.(…)

Los foros se realizaban en la parte de abajo que casi siempre se llenaba, circunstancia que obligaba a los asistentes a salir por las puertas laterales…”. (“Violeta Roffé: Hubo una vez una librería” en Cruz del Sur. Una librería, una revista una causa.  Héctor Seijas con colaboración de Violeta Roffé. Monte Ávila Editores/Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central. 2000). Cruz del Sur cierra definitivamente en 1989 y nos atreveríamos a decir que desde entonces el Centro Comercial del Este perdió buena parte de su encanto para posteriormente entrar en un proceso de creciente descuido y deterioro hasta el punto de encontrarse al día de hoy vandalizado, subdividido al máximo, rota la relación entre calle y estacionamiento a través de los 4 medios niveles de sus espacios comerciales, impedido con rejas su acceso peatonal y convertido en una sucesión de locales cerrados que permiten encontrar sólo en su respuesta hacia la calle un cierto nivel de dignidad y en su interior un sórdido espacio que funciona aún de estacionamiento pero también como taller mecánico al aire libre.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal y 1. Colección Crono Arquitectura Venezuela