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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 158

Nuestra postal del día de hoy recoge el plano correspondiente al Área Urbana de Caracas según el «Plan General Urbano 1970-1990», elaborado por la Oficina Metropolitana de Planeamiento Urbano (OMPU), cuya proposición general, fue presentada al ilustre Concejo Municipal del Distrito Federal de Caracas, en diciembre de 1970.

“De hoy a mañana, el crecimiento de la ciudades obliga a adelantar las metas y los objetivos deseados para ordenar el desarrollo urbano. En este sentido, la planificación significa reconocer los problemas vigentes y anticipar los futuros, con el fin de organizar los cursos de acción para afrontarlos”, texto que a modo de declaración acompaña la impresión de este plano (realizada en 1972), ya asoma y expone las razones para generar un plan para el control urbano de una ciudad que para finales de los sesenta crecía aceleradamente.

Se requería, por tanto, poner en práctica nuevas herramientas de control urbano en busca de procurar un nuevo orden, una nueva regulación en términos de crecimiento, densidades, usos y vialidad. Bajo esa lógica, con criterios particulares de actuación para definir un escenario a futuro, se asume un nuevo modelo moderno de regulación que se intenta aplicar en Caracas.

Así, estos planes urbanos se distancian de los formulados en 1936 y 1951, y “se concentran en detener, organizar y encauzar el rápido crecimiento físico y demográfico aplicando para ello los enunciados de la planeación moderna”, según expresa Rafael E. Martínez Bellorín  en “La planificación urbana en la ciudad de Caracas, Venezuela (1936-2013): en búsqueda de la modernidad perdida” (2014), ensayo aparecido en Modernidades ignoradas de G.P. Roberto & P.E. Urbana (Ed.).

Con este objetivo la OMPU, asume las funciones de planificación y control del desarrollo urbano del Área Metropolitana de Caracas y se crea la Comisión Metropolitana de Urbanismo. El objetivo de dicha Oficina sería “realizar estudios técnicos como soporte para las estrategias urbanísticas de la ciudad” (según Silverio González Téllez en El oficio del urbanista según Víctor Fossi. Relatos de práctica urbanística, 1996), así como crear un consenso para elaborar un plan conjunto para la ciudad entre el Concejo Municipal del Distrito Sucre y el Concejo Municipal del Distrito Federal. Para ese momento, tal y como lo señala Víctor Fossi (citado por González Téllez), más de la mitad del territorio de la ciudad estaba ubicado en el distrito Sucre, que cada vez adquiría un mayor peso en su desarrollo desde el punto de vista económico y poblacional.

Ello permitió la formación de la Mancomunidad Urbanística del Área Metropolitana de Caracas, y la firma de un acuerdo simultáneo entre el Concejo Municipal del Distrito Sucre y el Concejo Municipal del Distrito Federal, únicos organismos autorizados para aprobar las ordenanzas urbanísticas, para producir una normativa conjunta aplicable a ambas entidades, o, en otras palabras, una “ordenanza espejo” (según palabras de González Téllez), que rigiera su ordenamiento urbano.

Esta representación de la ciudad creada por la OMPU recogida en la postal es plano y plan a la vez. Es en realidad la proposición de una estrategia de desarrollo basada en lograr las metas, objetivos y políticas contenidas en el «Plan General Urbano de Caracas 1970-1990». El área urbana representada de Caracas estaba integrada, según el texto de dicho Plan General, por cuatro componentes: “el Departamento Libertador del Distrito Federal, el Distrito Sucre y parte del Distrito Guaicaipuro y Plaza del Estado Miranda”. El plano, como se puede notar, identifica los sectores de El Junquito, Antímano, Los Teques, Carrizal, San Antonio de Los Altos, Baruta, El Hatillo y Mariches, como zonas periurbanas de la capital, y los de Catia, Centro, Sabana Grande, Chacao y Petare como zonas planas del área central.

El plan-plano dibujado sobre uno topográfico escala 1:50.000, logra simplificar y esquematizar la ciudad a unos pocos elementos relacionados con su desarrollo urbano, construyendo una representación abstracta de manchas de colores que propone un marco general de actuación bajo el concepto de “zoning” (instrumento de control del suelo que según algunos autores está subordinado a los intereses económicos de las fuerzas que solicitaban su adopción), delimitando áreas bajo dos grandes categorías, los “usos de la tierra” y la “vialidad”.

El dibujo muestra la estructura urbana actual del valle mayor con corredores arteriales y expresos, guiando las mayores densidades y urbanizaciones residenciales. A su vez establece claramente el límite de la ciudad y, según el valor de la tierra, una mayor o menor densidad de población. La representación ofrece cierto grado de flexibilidad y deja grandes áreas sin clasificar, zonas cuya vocación de uso aún no esta definida, agrupadas bajo la categoría de “zonas en estudio”. Ello lo convierte en una instrumento susceptible de ser modificado según las situaciones y problemas a futuro, capaz de solventar o disminuir las deficiencias y los desequilibrios, que intentaba otorgar gobernabilidad a la ciudad .

El texto contenido en el reverso del mapa declara que su principal deseo sobre la subregión metropolitana es “lograr la especialización funcional de las diversidades geográficas que lo integran así como una distribución mas balanceada de la población”, desconcentrando la ciudad y promoviendo el desarrollo del Tuy Medio y el eje Guarenas-Guatire, estimulando el crecimiento de las áreas de expansión.

El plan favorecía la concentración de usos y densidades de mayor intensidad en las áreas planas de la ciudad, mediante la promoción de acciones de renovación urbana, incentivos legales y administrativos. También establecía que debían desplazarse fuera de la urbe “aquellos usos que consuman grandes espacios, con carácter extensivo”.

Con el objetivo de mantener áreas no urbanizables y proteger las condiciones ambientales de la ciudad, los técnicos establecen “zonas de protección” discriminada en tres áreas: el anillo exterior o “zona no urbanizable”, perimetral a la ciudad que la rodea y la contiene; la “zona de protección dentro del área urbanizable”, y las “zonas urbanizables de reserva”. Estas limitaciones también permitirían desalentar la construcción en áreas de gran pendiente topográfica.

La vialidad se agrupa bajo las categorías de “expresa”, “arterial” o “dispositivo”, catalogada según su carácter.

La OMPU colapsó en la medida en que no hubo voluntad política para sostenerla y poner en marcha sus propuestas. Los estudios técnicos producidos fueron ignorados por la Comisión Metropolitana de Urbanismo, quien de acuerdo a González Téllez, “desvió sus funciones originales concentrando esfuerzos en discutir intereses representados en la Comisión”. La desaparición de la OMPU en 1990 condujo a una ausencia de lineamientos de carácter general para crear e integrar planes metropolitanos desde el ámbito municipal, dejando a la ciudad a la deriva. La aplicación de este plan-plano se impuso sobre la ciudad preexistente y promovió un reglamento de zonificación que detonó un proceso de transformación que cambiaria profundamente su fisonomía, dejando de lado la forma de crecimiento intrínseco de la capital que se venía gestando a través de modelos reconocibles de patrones urbanos, que terminan por ser abandonados. El plano muestra que la ciudad ya carece de forma urbana reconocible, tejida por redes y nodos viales, que conectan usos, espacios, áreas y zonas que aspiran a ser reguladas en su crecimiento.

IGV

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 142

Este plano de Caracas a escala 1:5000, cuya elaboración se atribuye a la Ingeniería Municipal del Distrito Federal, permite apreciar con mayor detalle lo que Irma De Sola Ricardo de Lovera (1916-1991) en el libro Contribución al estudio de los planos de  Caracas (1967) denomina como “la formidable obra urbanística oficial” que se desarrollaba en dicha entidad, donde la ciudad emerge como objeto de modernización de la mano de los lineamientos fijados por el Plano Regulador de 1951.

Nuevas urbanizaciones, autopistas, edificios y grandes infraestructuras modernas apuntan a un cambio de escala de la ciudad, producto tanto de un trabajo multidisciplinar como del auge económico en la capital. De aquí que plantear que nos encontramos ante el nacimiento de una ciudad policéntrica o ante la germinal presencia de ciudades dentro de la ciudad no sería exagerado.

El plano elimina la topografía, y muestra el Distrito Federal estructurado con base en las múltiples y diversas redes viales que, de forma heterogénea, conforman una ciudad compuesta por retazos, donde se perciben fragmentos diversos, desvinculados, sin una idea organizadora. Cada red representa cómo la urbe se va conformando por el libre y descontrolado juego de fuerzas sociales y económicas, cuyo resultado son procesos de urbanización aislados, desarrollados bajo reglas propias e independientes.

Por otro lado, en el plano también es posible identificar ciertas piezas de arquitectura, de distinto carácter e índole urbana, dispuestas bajo una lógica que atomiza la ciudad de forma funcional y las conecta mediante sistemas rápidos de circulación vehicular. El Helicoide de la Roca Tarpeya, el teleférico al Ávila ubicado en Maripérez, la urbanización 2 de Diciembre (posteriormente 23 de enero), el Centro Simón Bolívar, la Ciudad Universitaria y el Sistema Urbano de la Nacionalidad (que incluye el Paseo Los Símbolos y el Paseo Los Ilustres), se representan en este plano como nuevas y grandes infraestructuras que cambiarán la escala y percepción de la ciudad, conectadas por nuevas e importantes vías expresas. Modelos de vivienda social como la urbanización Carlos Delgado Chalbaud en El Valle, Pedro Camejo al norte de la ciudad, en el límite oeste entre el Recreo y La Candelaria, o los primeros bloques de la urbanización Simón Rodríguez, también emergen como parte de la obra pública. William Niño Araque expresará en “Ciudad definitiva. Un paisaje plenamente moderno” –Santiago de León de Caracas. 1567/2030- (2004): “… la verdadera modernidad visual y urbana se plantea simbólicamente a partir  de 1º de enero de 1950, con la inauguración de la avenida Bolívar y se prolonga en un esfuerzo monumental hasta el 23 de enero de 1958, (…) cuando la metrópoli abarca la extensión total de su territorio”.

Para la realización del plano, que contempla únicamente el Departamento Libertador del Distrito Federal (de allí que la trama se vea cortada hacia el este en el límite con el Distrito Sucre por la quebrada de Chacaíto y que tampoco aparezca el Departamento Vargas que abarca todo el Litoral Central y sus parroquias consideradas foráneas: Caraballeda, Carayaca, Caruao, La Guaira, Macarao, Macuto, Maiquetía y Naiguatá), se tomó como base el “Plano de Caracas por Parroquias” de 1936. Dicho plano, elaborado también por la Ingeniería Municipal, recoge lo establecido por la Ordenanza emitida aquel año por el Concejo Municipal del Distrito Federal, y es reseñado por De Sola Ricardo en la página 158 de su libro, siendo “la primera vez en la historia de las parroquias en que se hace una demarcación civil y no se nombran las parroquias eclesiásticas como se acostumbró hasta 1889”. Ello implicaría un gran cambio en el sentido de pertenencia de los ciudadanos cuyas viejas referencias se verían desdibujadas. Así mismo, las demarcaciones parroquiales mostrarían desigualdades en su extensión, encontrándose parroquias muy extensas, así como otras con áreas muy pequeñas. Cabe destacar que los límites de las parroquias fueron trazados tomando como referencia la mitad de la vía, considerando las recomendaciones de modificación de los limites parroquiales realizadas por Ricardo Razetti en 1910.

Valga decir, además, que los límites parroquiales representados por líneas punteadas, establecidos en la Ordenanza de 1936, sufrirían modificaciones posteriormente en 1939 y 1941. En 1939 se modifican los límites de las parroquias Sucre, Catedral y San Juan y luego en 1941 los límites de las parroquias San José y Candelaria.

En definitiva, el plano de 1956 que hoy nos ocupa, muestra las áreas de las parroquias urbanas del Distrito Federal a saber: Catedral, Altagracia, Candelaria, Santa Teresa, San José, Sucre, San Juan, La Vega, Antímano, Santa Rosalía, El Valle, San Agustín y El Recreo, obviando las consideradas foráneas.  También muestra que esta división de la capital, pareciera no seguir ningún criterio geográfico, religioso, geométrico, territorial, urbano o funcional.

La “modernidad instantánea” que se ofrece en esta representación, se constituyó en un fenómeno urbano donde en muy corto tiempo se desarrollaron importantes estructuras que cambiarían la fisonomía de la capital definiendo nuevos limites entre la arquitectura y la ciudad. Esta forma de trocear Caracas con limites parroquiales que no siguen claros criterios de orden, fijando fronteras que no guardan relación con los trazados urbanos, originará áreas huérfanas y dividirá urbanizaciones. Como consecuencia, San Bernardino quedará seccionada a la mitad entre las parroquias Candelaria y San José. A su vez el borde este entre la parroquia El Valle, y el limite territorial con el Distrito Federal, quedará como un área huérfana sin pertenencia a parroquia alguna.
En este período los hechos urbanos sucederán tan aceleradamente que terminarán imponiéndose a la legislación, un fenómeno catalogado por De Sola Ricardo como “la rebelión de los hechos contra el derecho”, que persistirá por décadas en la capital.

IGV

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 134

En el “Plano de Caracas y sus alrededores” de 1954, el tradicional encuadre cartográfico que se venía utilizando, que sitúa la mancha urbana de la capital al centro del plano, se desplaza ampliando la visión de la ciudad hacia los valles del sureste, suprimiendo la presencia del Ávila como referencia.  El encuadre abarca desde Petare hasta Antímano, y al sur hasta Sartenejas y el pueblo de El Hatillo, centrando la mirada sobre esta zona como futura área de desarrollo y expansión de la ciudad.

Según se explicita en la leyenda, el plano, realizado a color por la Dirección de Cartas Geográficas de la Dirección de Cartografía Nacional a escala 1:20.000 y conformado por 2 hojas de 86 x 62 cm. cada una, está confeccionado tomando como referencia diversas fuentes: la Carta de Caracas a escala 1:25.000 (Cartografía Nacional); la Carta de Caracas a escala 1:10.000 (Cartografía Nacional); la fotografía aérea de febrero de 1954; e información suministrada por la Comisión Nacional de Urbanismo y por la Dirección de Ingeniería Municipal. Ello da cuenta del grado de complejidad que la capital va adquiriendo, al sobrepasar el millón de habitantes.

El plano pone de relieve el contexto geográfico al que deberá enfrentarse el crecimiento de la urbe, y sus limites geográficos naturales y la divide en dos entidades: de un lado la ciudad construida en el valle principal, y del otro sus alrededores, sin establecer limites de crecimiento.

Si lo comparamos con el plano de 1936, elaborado por Eduardo Röhl, notamos que la diferencia entre el valle y el sistema de montañas y colinas ya no es tan notoria, tan visible gráficamente. En este nuevo plano la ciudad se vislumbra tras la ocupación de todo el sistema de colinas al sureste del gran valle: si en el plano de 1936 la ciudad ha dejado de urbanizarse siguiendo la receta histórica del damero, para comenzar a adaptarse a la geografía con formas más o menos uniformes y simétricas, en este plano de 1954 la geografía deja de ser guía y referencia y se convierte en simple contexto de un urbanismo avasallante que avanza ejerciendo importantes modificaciones topográficas y sin pretender crear formas urbanas legibles. Se trata de una red vial que se extiende obteniendo de la topografía el máximo beneficio y la mayor rentabilidad. “El símbolo de esta nueva posibilidad será el Hotel Humboldt, torre solitaria ubicada en la cima del Ávila, revelando la presencia de la ciudad hasta en los lugares más inaccesibles”, acotarán Federico Vegas e Iván González Viso en “Historia de Caracas a través de sus planos” (ensayo introductorio de Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015).

Nótese como casi todos los urbanismos del sureste que aparecen en este plano, se encuentran en etapa de desarrollo, con las calles apenas planteadas; otros están simplemente esbozados. Se trata, sin embargo, de un territorio equivalente al que ocupaba la ciudad en los años 20. Esta expansión que arranca en Las Mercedes y termina en Baruta, y más tarde en El Hatillo, comprende el futuro Chuao, Prados del Este, El Cafetal, Charallavito, Club Hípico, La Trinidad. En ellos, gradualmente, se ha ido abandonado tanto la trama como criterios de uniformidad.

El plano, en resumen, muestra una gran masa construida en el valle central, que luce ocupado en su totalidad, con la única posibilidad de expandirse al sur, conquistando la geografía. La ciudad se extiende a partir de la vialidad como forma característica de crecimiento, como es posible apreciar en la ruta que conecta a Las Mayas, o a Antímano permitiendo nuevos desarrollos de vivienda social en el eje hacia El Valle, donde se aprecia la Urbanización Carlos Delgado Chalbaud, que emerge de forma aislada con una lógica propia. Los cascos urbanos de los tradicionales pueblos de Baruta y El Hatillo, aún parecen lejanos y accesibles solo por caminos rurales, a la espera de un modelo de desarrollo centrado en las posibilidades y restricciones de la topografía. En el plano comienzan a aparecer una redes viales que simplemente se expanden sin ningún criterio formal, modificando la lógica de crecimiento original de Caracas. Ello producirá una transformación profunda en la conceptualización de la forma de ocupación, representación y desarrollo de la ciudad: de la pura trama, representada por el damero, se pasará a la pura red, representada por la vialidad.

IGV