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Cuando en enero de 1952 la Revista Shell irrumpe en el aún limitado escenario editorial venezolano de las publicaciones periódicas dedicadas a la cultura, la empresa petrolera que la patrocinaba (la Royal Dutch Shell) ya hacía 40 años que se había establecido en nuestro país. También hacía 12 que venía apareciendo otra revista de corte similar impulsada en esta caso por la Standard Oil of New Jersey de Venezuela y la Lago Petroleum Corporation: El Farol, de la que la Shell toma buena parte de su orientación y con la que compite, si se quiere, sanamente.
Con base en el libro Londres en Caracas y la Haya en Maracaibo: retos empresariales de Royal Dutch Shell en la industria petrolera venezolana entre 1943-1958, de Alejandro E. Cáceres (2019), podemos afirmar que la Royal Dutch Shell, consorcio anglo-holandés fundado en 1907 tras la fusión de una compañía con sede en La Haya -dedicada a la exploración, producción y refinación de hidrocarburos- con una firma británica dedicada al transporte y la comercialización (con oficina central en Londres), se establece a partir de 1912 en Venezuela con la compra de la compañía Caribbean Petroleum Company, “que poseía el control de concesiones en un territorio inmenso, pero no capacidad para construir una torre”. Partícipe con limitaciones de los primeros 10 años de desarrollo de la industria cuando aún se producían 1.400 barriles diarios, que se incrementarán en 1914 con la perforación en Mene Grande del pozo Zumaque Nº 1 abriéndose con ello la posibilidad de exportación en 1917, todo cambiará en diciembre de 1922 con el reventón en Cabimas (Costa Oriental del Lago de Maracaibo) del pozo Los Barrosos 2, que llegará a producir 100.000 barriles de crudo diarios durante 5 días justamente en predios donde operaba la Shell. Esto permitirá que “Venezuela aparezca en el negocio petrolero mundial convirtiéndose para 1928 en el primer exportador y segundo productor del orbe”. Sin embargo, la poderosa Shell de entonces, que ejercía prácticamente el monopolio de la producción nacional, es contrarrestada por el gobierno de Gómez, “quien ofreció nuevas concesiones a la Standard Oil de Estados Unidos”.
Así, desde su establecimiento en Venezuela, la Shell adquiere nuevas compañías que sumarán once al final y se fusionarán entre 1953 y 1958. Para 1945 estas compañías representan más del 31 por ciento de la producción petrolera nacional (solo superada por Creole con 43 por ciento). Por otro lado, la Shell logra cubrir con lo que extrae en nuestro país el cuarenta por ciento de su producción mundial, la mayor proporción de sus concesiones en general; por ello, la empresa envía a Venezuela sus mejores talentos que después pasarán a ser directores gerentes en sus dos sedes de Caracas y Maracaibo.
Todo este introito, que nos ha servido para contextualizar brevemente el rol de la que fuera al inicio la más poderosa empresa petrolera radicada en el país, también nos permite detectar un momento en que la compañía hace más eficiente su funcionamiento a nivel nacional y, dentro de ello, decide también dar importancia a su promoción a través de la creación de un órgano que la facilitara, decantándose por otorgar peso a la difusión de la cultura venezolana de esos tiempos en los que Venezuela vivía una clara dictadura. De allí la aparición de una revista enfocada a temas diversos muy alejados de la política. No obstante, si bien la Revista Shell evadió siempre las manifestaciones de tipo ideológico en su contenido, logró dar cabida en medio de un ambiente represivo a destacadas firmas y a ampliar su alcance mucho más allá del tema petrolero siendo el arte, la literatura, el teatro y en un tono menor la arquitectura motivos de especial interés, compitiendo con la economía, la geografía, la historia, el folklore y la biología.

Fue notoria la aparición de secciones tales como la dedicada a “Pintores Venezolanos” y en especial, a partir del número 4, al “Arte Fotográfico” (creándose desde el nº 15 la denominada “Foto del mes” que luego cambiaría por “Nuestra foto” en el nº 28), y que tiene en el artículo de Alfredo Boulton aparecido en el nº 3 titulado “¿Es un arte la fotografía?” su punto de partida. De tal modo, se puede afirmar que el archivo que logró acumularse constituye una de las colecciones fotográficas de mayor valor en Venezuela, reflejo de la vida urbana y social de la década de los 50 y de los paisajes que constituyen el país. Conformado por aproximadamente 16.608 fotografías de valor artístico, el archivo fue donado en 1968 a la Universidad Católica Andrés Bello, específicamente al Centro de Investigación de la Comunicación (CIC). Carlos Herrera, Leo Matiz, Pedro Maxim, Ricardo Espina, Zoltan Karpati, Gediminas Orentas, Walter Wachter, Paul Rupp, Juan A. Martinez Pozueta, Luis Noguera, Graziano Gasparini, Juan Francisco Hernández, Iván Petrovski, Mariano de Aldaca y Carlos E. Puche son algunos de los fotógrafos que publicaron sus imágenes allí.

La Revista Shell, que circulará entre 1952 y 1962, fue una publicación, al igual que El Farol, subsidiada para su distribución gratuita que además podía ser adquirida por el público en general a través de una suscripción. En su primer año apareció en cinco ocasiones, pero a partir del segundo regularizó su periodicidad trimestralmente (4 números con salida en marzo, junio, septiembre y diciembre), llegando a alcanzar un tiraje que osciló entre los 17.000 y los 26.000 ejemplares pudiéndose asumir los 20.000 como promedio. Sus medidas se mantuvieron en el tiempo siguiendo un formato aproximado de 31 x 23 cms y el número de páginas estuvo entre las 50 y las 60. Durante sus 11 años de existencia alcanzó en total 45 números.
El director fundador de la Revista Shell fue el escritor, poeta, político y diplomático venezolano Vicente Gerbasi, quien ejerció el cargo solamente durante los primeros dos números de enero y febrero de 1952. Luego le seguirían: Eligio Alcega (interino que se encargó del nº 3 -junio 1952-); el escritor, periodista y abogado Julián Padrón (números 4 -octubre 1952- al 12 -septiembre 1954-); el abogado, escritor, poeta y político José Ramón Medina (números 13 -diciembre 1954- al 30 -marzo 1959-); cerrando el ciclo el escritor, periodista e historiador Guillermo Morón (números 31 -junio 1959- al 45 -diciembre 1962-), lo cual habla a las claras del alto nivel que alcanzó una publicación dirigida por tan destacados humanistas que además fueron asiduos colaboradores. Como complemento a ello cabe señalar que en la revista, además, publicaron intelectuales y artistas de la talla de Juan Liscano, Arturo Uslar Pietri, Miguel Acosta Saignes, Juan Nuño, Ramón Díaz Sánchez, Marco Aurelio Vila, Aquiles Nazoa, Ida Gramcko, Adriano González León, Pedro Grases, Carlos Raúl Villanueva, Mariano Picón Salas, Gloria Stolk, Juan Calzadilla, Carlos Manuel Möller, Alejandro Otero, Jacobo Borges o Alfredo Boulton, entre otros.
En particular, el número 1 de la Revista Shell tuvo como director artístico a Santiago Riola, un tiraje de 17.000 ejemplares y 53 páginas. La portada, dada su aparición en enero de 1952, estuvo ilustrada por una reproducción del cuadro “Reyes Magos” del pintor Marcos Castillo impresa por Miangolarra Hnos. mientras que la tripa estuvo a cargo de Cromotip. El número 2 de febrero, siguiendo con el tono alegórico a las fechas, tuvo en su portada el cuadro “Carnaval” de Armando Barrios y como referencia de la permanente preocupación por el diseño de parte de sus editores, para la carátula del nº 35 se reprodujo una serigrafía de Jesús Soto.
El Sumario de aquel primer número lo conformaron los siguientes textos, artículos o reseñas: “De Andrés Bello a la crítica actual”, Mariano Picón Salas, pp. 4-9; “Biografía del antiquísimo toro”, Juan Liscano, pp. 10-16; “¿Se encuentra el porvenir del cine en manos de los pintores?”, Gastón Diehl, pp. 17-25; “Tamborón, teatrillo de títeres”, Sin firma, pp. 26-32; “La casa del hombre en la ciudad”, André de Raunies, pp. 33-41; “Carga la burra”, Miguel Acosta Saignes; pp. 42-44; “Juan Liscano. Folklore y cultura”. (Reseña bibliográfica), M.A.S., p. 45; “Ramón Díaz Sánchez. Guzmán, elipse de una ambición de poder”. (Reseña bibliográfica), pp. 45-46; “Benjamín Carrión. El nuevo relato ecuatoriano”. (Reseña bibliográfica), César Dávila Andrade, pp. 47; “George S. Murdock. Outline of South American Cultures”. (Reseña bibliográfica), p. 48; “Julio De Armas, J. A. Mata de Gregorio y Miguel Acosta Saignes. Tres trabajos presentados en la I Convención de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia”. (Reseña bibliográfica), L. D., pp. 48-49; “Rodolfo Moleiro. Reiteraciones del bosque y otros poemas”. (Comentario bibliográfico. Sección “El libro de actualidad”), Juan Sánchez Peláez, p. 52.

La arquitectura, como ya adelantamos, también estuvo presente en la Revista Shell siendo tal vez el más importante texto aparecido allí, referencia dentro de la historia de la disciplina, el escrito por Carlos Raúl Villanueva titulado “El sentido de nuestra arquitectura colonial” para el número 3 (junio 1952, pp. 16-22). También fueron publicados allí, entre otros: el Trabajo Especial preparado por Mateo Manaure y Carlos Celis Cepero para el IX Congreso Panamericano de Arquitectos titulado “Puntos para un esquema general de la arquitectura en Venezuela” (nº 16, 1955); “Machu Pichu” de Graziano Gasparini (nº 39, 1962); “La arquitectura y el mobiliario en Venezuela (en la época de la Independencia)” de Carlos Manuel Möller (nº 34, 1960); y “Arquitectura del paisaje” de Eduardo Robles Piquer (nº 40, 1961). En cuanto a imágenes aparecieron excelentes fotografías de la Ciudad Universitaria de Caracas, la arquitectura de Richard Neutra, el Parque del Este, jardines diseñados por Roberto Burle Marx y los del hotel Maracay de Luis Malaussena, así como numerosas ilustraciones sobre nuestra arquitectura colonial.

La Revista Shell, siempre editada por la Compañía Shell de Venezuela, fue objeto a lo largo de sus 11 años de vida de la elaboración de dos Índices Analíticos: uno en 1955, cuando cumplió cinco años y alcanzaba 20 números, a cargo de Oscar Sambrano Urdaneta en momentos en que el poeta José Ramón Medina era el director; otro en 1961 al llegar a los 10 años y arribar al número 41 de manos de Domingo Miliani con el historiador Guillermo Morón como director. Del segundo de ellos que se encuentra en https://docplayer.es/146606537-Revista-shell-de-diez-anos.html es de donde hemos obtenido la casi totalidad de la información que aquí recogimos el día de hoy. De su Introducción titulada «El presente índice» rescatamos, para terminar, lo siguiente: “La Revista Shell constituye para Venezuela -y para América- un modelo de publicación miscelánea en el terreno cultural. La variedad temática de sus artículos hacen de ella un factor primario de consulta en los ramos más disímiles de la actividad humana”.
ACA
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Postal, 2 y 3. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
4. https://docplayer.es/146606537-Revista-shell-de-diez-anos.html

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Desde que hizo su aparición en 1987 hasta que luego de 34 números dejó de salir en 1998, la revista ESTILO se convirtió, sin lugar a dudas, en toda una referencia como publicación dedicada al mundo cultural en Venezuela.
Fundada por Carlos Eduardo Plaza director-editor entre el nº 1 y el 6, pasando a ser sólo editor a partir del nº 7 cuando la revista es adquirida y dirigida por Caresse Lansberg, ESTILO mostró desde su salida una marcada vocación por abarcar la mayor cantidad de ámbitos, un claro interés por innovar y una tangible inclinación por abrir sus puertas a un significativo número de colaboradores.
Si nos detenemos por un momento a observar el primer número de la revista (que junto a toda la colección se puede consultar y descargar en https://fundacionculturalestilo.com), cuya portada que engalana nuestra postal del día de hoy fue diseñada por Gerd Leufert, se puede notar por parte de Antonio Quintero (su director de arte) un énfasis muy claro por colocarse a tono con un momento en que el diseño gráfico venezolano estaba sintonizado en cuanto a modernidad y contemporaneidad con otras partes del mundo. Inspirada en la revista Interview de Andy Warhol, la revisión de la primera entrega de ESTILO es toda una invitación a penetrar en un universo apabullante, confuso a veces, en el que conviven de igual a igual los contenidos y la propaganda en medio de una vorágine que no ofrece descanso.

La página que funge de índice muestra a las claras lo que señalamos: allí se intenta diferenciar, en dos columnas, los anuncios de lo que es el trabajo aportado por los colaboradores buscando darle al lector cierta orientación que no estamos seguros que encuentre. Serán en definitiva las páginas 18 y 19 donde el joven Quintero declare sin tapujos lo que significó conceptualmente el reto de dirigir artísticamente la revista cosa que no tranquiliza del todo.
No obstante, el interés puesto desde el primer al último número de ESTILO por darle cabida al arte contemporáneo, la arquitectura, el diseño utilitario, la moda, el diseño industrial y la fotografía sin dejar de lado el diseño gráfico que fue su motivo más esencial, permite a través de ella, como ya hemos señalado, reconocer el valor de lo acontecido desde finales de los años 1980 a finales de los 90.
Para corroborar lo dicho, el propio nº 1, que se vendía a Bs. 95 pudiéndose optar por una suscripción de tres números a Bs. 255 y de seis a Bs. 510, ofrece, junto a los 25 anunciantes, la posibilidad de encontrarnos con notas o artículos tan diversos como: “El arte de invertir en arte”, “Antonio Quintero. Gráfico”, “Portafolio Jorge Cruz D.”, “Eddy Pérez. Músico”, “La América de Rískez”, «Mariangélica Ayala. Actriz”, “And&And. ¿Totalmente irresponsable?”, “Diseño y cultura industrial”, “¡Monumento! ¿Monumental?” (texto sobre arquitectura escrito por Francisco Bielsa), “Adriana y Luz Urdaneta. Bailarinas”, “Desfile Ángel Sánchez”, “Comic”, “Portada/Gerd Leufert”, “Estilográfica”, “Estilarte” y “Algo por el estilo. Boris Izaguirre”. Este repaso permite confirmar cómo son la fotografía, el texto y el diseño los que se conjugan como recursos expresivo-visuales volcados sobre la página en blanco, aprovechando respectivamente sus valores artísticos, tipográficos e ilustrativos.
A través del tiempo ESTILO logró, pese a transitar diversas etapas y variar su línea editorial, diseño y formato, alcanzar una identidad gráfica propia y contar, como se indica en la web ya citada, con “un equipo de producción y redacción integrado por profesionales del periodismo y la edición. El grupo de colaboradores se componía de reconocidas personalidades del mundo de las artes visuales y la cultura. Así como tuvo corresponsales en distintas ciudades del mundo, como Nueva York, Bogotá, París. Muchos curadores, fotógrafos, periodistas y artistas fueron publicados por vez primera en ESTILO. (…) La circulación de ESTILO fue nacional e internacional. En su momento fue presentada, en distintas ferias de arte, como ATFI 92, en Bogotá, Art Miami 93, ganando nuevos lectores en otros países. Siempre estuvo presente en la FIA venezolana”. Llama por otra parte la atención cómo a partir del nº 9 el nombre de la revista estuvo acompañado de la palabra “nuevo” hasta el 19 cuando la portada sufre un ligero retoque.
Compuesta por secciones fijas sobre las distintas áreas que abarcaba, en cada número de ESTILO se exploraba un tema central, que ocupaba una cuarta parte del contenido. “Este tema central tenía un editor invitado que determinaba junto al consejo editorial la orientación del mismo. Así, por ejemplo, se dedicaron números a la fotografía, el arte conceptual, la ecología, arquitectura, el erotismo, y la gastronomía, entre otros temas. Su publicación fue generalmente trimestral, con excepción del año 1995 en el que fue bimestral”.


Son memorables, por ejemplo, los números 12 y 18 donde la arquitectura fue el tema central. El 12, publicado en 1992, cuya concepción gráfica y diseño estuvo a cargo de Carlos Eduardo Plaza, que contó con la asesoría editorial de William Niño Araque y el apoyo de la Fundación Museo de Arquitectura facilitando gran parte del material gráfico, le permitió a Niño publicar “La Escuela de Caracas. Reflexiones para una primera aproximación a la Arquitectura Contemporánea en Venezuela”, a Alejandro Pozo, acompañado de retratos realizados por Alexander Apóstol, entrevistar 10 arquitectos u oficinas de arquitectura pertenecientes a la “generación intermedia” señalada por Niño en su texto (Carlos Gómez de Llarena y Moisés Benacerraf; Max Pedemonte; Manuel Delgado; Jorge Rigamonti; Felipe Delmont; Federico Vegas; Helene de Garay; Gorka Dorronsoro; Díquez, González y Rivas; y Oscar Bracho y Eva Arredondo); presentar a Nelson Garrido “Arquitectura tradicional, una visión fotográfica”; y a los editores ofrecer “Tips de Arquitectura-Reseña internacional”.


El nº 18 con portada ilustrada por una fotografía de Paolo Gasparini, tomó como excusa la realización en abril de 1993 del VI Seminario de Arquitectura Latinoamericana (SAL) en Caracas, dedicándole al evento y sus protagonistas buena parte de la edición. La coordinación estuvo a cargo, de nuevo, por William Niño Araque con la colaboración de María Teresa Novoa, Martín Padrón, Alberto Sato, Henrique Vera y José Balbino León, el apoyo de la FAU UCV, la Fundación Museo de Arquitectura y las fotografías de Alexander Apóstol. Aparecieron en aquel número los textos “Las ciudades invisibles” de Alberto Sato, “Diálogo posible en un banquete barroco” de Martín Padrón y “El espacio dentro del espacio” de María Teresa Novoa; las notas “Lucio Costa: un premio a América” y “Epístola filatélica”; la sección “Encuentros” donde una serie de arquitectos latinoamericanos confrontan, examinan y comparan sus posiciones en torno a la Arquitectura Latinoamericana, diseccionada en torno a los temas: Identidad del Caribe, Ciudad, Tecnología, Identidad Latinoamericana, Educación (estudiantes y docentes) y Difusión; y, para finalizar, “Ciudades de América Latina. Selección múltiple”: “cinco ciudades fotografiadas por Paolo Gasparini, cinco textos de escritores que las habitan, un panorama arbitrario para armar una imagen casual de las urbes latinoamericanas”.
“ESTILO no sólo fue reflejo de una época sino también fue un elemento que contribuyó a definirla dentro de sus límites como publicación independiente. Hasta la edición número 20, la aparición de cada una era celebrada con fiestas y presentaciones. Ya después se fue ajustando a los tiempos que corrían y a la evolución de su propuesta editorial en la que se consolida como registro de la actividad del arte en Venezuela, fue territorio para museos, galeristas, críticos, curadores, fotógrafos, artistas plásticos y escritores manteniendo su espíritu de vanguardia”, según se recoge en la web de la Fundación Cultural que lleva su nombre empeñada desde 1998 en “preservar el trabajo que realizaron la Fundación CALARA y la Revista ESTILO durante las últimas décadas del siglo pasado y ponerlos a la disposición de estudiantes, investigadores, artistas, y público en general. Igualmente, registra la actividad del programa radial de entrevistas, Arte con ESTILO, en el cual distintas personalidades de la cultura conversan en profundidad sobre su trayectoria y visión creadora”.
La revista obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Cultural el año 2000 luego de haber dejado de circular hacía dos años, reconociéndose así, con justicia, una importante labor acumulada.
ACA
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Luego de diez años de sostenido trabajo traducido en la salida con regularidad de la revista entre rayas, el arquitecto Jesús Yépez a la cabeza del Grupo Editorial Entre Rayas, C.A. (GEer) decidió darle vida a un proyecto concebido en mayo de 2002, cuando apareció el nº 41 dedicado al tema de Arquitectura Interior, que consistía en lanzar una segunda publicación periódica en este caso especializada en divulgar los temas de diseño, decoración, revestimiento, equipamiento y mobiliario. “Catorce meses después -y gracias al sólido apoyo recibido tanto de las empresas patrocinantes como de los articulistas- esa idea se materializa con el nombre de entreSPACIO”, comentará Yépez en el “Editorial” del nº 1 cuya portada ilustra nuestra postal del día de hoy.
Pese a estar atravesando “los tiempos más difíciles de la historia contemporánea de Venezuela”, la aspiración del GEer a través de la revista no era otra que crecer y recorrer un largo camino en pro de divulgar lo mejor que se realiza en las áreas que interesaban tanto de nuestro país como de otras partes del mundo.
Diseñada por Rozana Bentos, montaje electrónico de Estrógeno/GEer, dirección de fotografía de Andrew Álvarez y asistencia editorial de Alexandra Dávila, las 58 páginas entreSPACIO reproducidas a todo color por Impresos Minipres, C.A. se organizaron con base en tres secciones: Proyectos, Productos y Personajes, a las que “progresivamente se incorporarán más”, entre las cuales se intercala a modo de separación la publicidad.

El apartado de “Proyectos” de este primer número estuvo integrado por las obras Discoteca Loft del arquitecto Juan Ignacio Morasso y las Oficinas Uniglobe Candes del arquitecto Omar Seijas. “Productos”, la sección más nutrida, cuyas reseñas se dejaron a cargo de las empresas que los comercializan, incluyó: la Silla Mirra (creada por Herman Miller en unión con la firma alemana Studio 7.5, comercializada en Venezuela por Decodibo, S.A. y Modusistema, C.A.); Kitchinettes Teka (Teka Andina, S.A.); My home Bticino (Ticino de Venezuela, C.A.); El diseño industrial = simplicidad, funcionalidad y forma (artículo a cargo del T.S.U. Miguel José Maestre); Tecnología con belleza y diseño (Industrias Venezolanas Philips, S.A.); Galería de productos (hasta un total de 35 que incluyen: 19 tipos de lámparas, apliques y luminarias, 2 sofás, y diversas piezas de diseño que van desde relojes, ceniceros-papeleras y alfombras hasta joyas); No-Contact Jacket (abrigo femenino diseñado por Adam Whiton y Yolita Nugent, www.no-contact.com); y Sprit (silla de oficina diseñada por Busa & Lauretti).

El capítulo “Personajes” lo ocupa el breve texto “Bajo la sombra de Gaudí” elaborado por el arquitecto Carlos Teodoro Itriago con motivo de la exposición del mismo nombre abierta hasta el 12 de marzo de 2003 en la Galería Reference en El Raval, Barcelona, y que agrupó a cinco fotógrafos (Paul Boswell, Txema Durán, Santiago Adeye, Natalia Berneda Costa y Carlos Teodoro Itriago) “que se propusieron el proyecto común de fotografiar la obra de Gaudí con luz nocturna natural, para resaltar aún más la plástica de su obra”.
La revista fue presentada el 17 de julio de 2003 en el marco de la celebración del Día del Arquitecto con la asistencia de más de 250 personas de acuerdo a la reseña publicada en https://www.analitica.com/entretenimiento/presentado-el-primero-numero-de-la-revista-entrespacio/ donde se señala, además, que “este evento, organizado por la revista entre rayas, contó con el patrocinio de las siguientes empresas, quienes, a pesar de la difícil situación que vive el país apuestan por la pronta recuperación del mercado de la construcción: Bticino, Laminova, Lafarge Cementos, Deco Abrusci Toldos y Persianas, Philips, Unifedo Interamericana, Teka Andina, Total Office, Hunter Douglas de Venezuela, Modusistema, Autodesk, Falinca, Decorando en la Web, Sugaca, Graphic Signs, ilab Estudio Gráfico, Arq-Links.com y Cybercentrum”.

El proyecto que giró en torno a la revista entreSPACIO contempló la creación de una cuenta en twitter (@entreSpacio) y otra en Facebook (Revista entreSpacio) así como una dirección de correo electrónico (entrespacio@gamail.com). También se planteó como pauta dentro del programa de radio que se emite “todos los martes de 9 a 10 a.m. (hora de Venezuela) por la emisora virtual www.enlaredradio.com”.
Como parte del empuje inicial apareció el nº 2 de entreSPACIO en noviembre de 2003 en cuyo editorial Jesús Yépez anunciaba, junto a la buena acogida que la publicación había tenido entre arquitectos, diseñadores, decoradores y empresas, y “bajo la filosofía de las publicaciones de GEer: sin prisa pero sin pausa”, que se había trazado para el 2004 un camino de crecimiento “en todos los aspectos posibles: más páginas, más secciones, más ejemplares, una periodicidad trimestral y sobre todo, la valiosa participación de profesionales con sus proyectos destacados y las empresas patrocinantes, tanto a nivel nacional como internacional”.

Sin embargo, a diferencia de entre rayas la continuidad de entreSPACIO no ha podido consolidarse. De esa discontinuidad da cuenta la propia página www.entrerayas.com donde al abrir hoy la pestaña EntreSpacio nos encontramos con un resumen de sus características (similares a las que ya hemos reseñado) en la que se señala una periodicidad semestral y que “hasta la fecha se han editado cuatro números de la revista. Se prepara la edición No. 5 dedicada a Arquitectura de Oficinas”. Si tenemos en cuenta que el número 4 salió en julio de 2009 (con criterios de diseño gráfico algo diferentes a los empleados en los dos primeros ejemplares) es fácil notar la acumulación de una considerable demora que no dudamos puede atribuirse a la severa crisis que atraviesa el país y a un asunto de establecer prioridades por parte del GEer.
También al revisar al día de hoy las cuentas de entreSPACIO nos ncontramos que la de twitter registra como último movimiento el fechado el 14 de junio de 2011, la de facebook el 8 de junio de 2018 (con interesante contenido y espaciosos intervalos entre una publicación y otra) y el último enlace con www.enlaredradio.com también el 14 de junio de 2011. Presumimos que los contenidos que había ofrecido publicar entreSPACIO los ha asumido en parte la revista entre rayas (la cual, contra viento y marea ha logrado mantenerse) a la espera de tiempos mejores que todos aspiramos lleguen más temprano que tarde para lograr su reactivación, así como como la de tantas otras cosas que ivernan a todo lo largo y ancho del país.
ACA