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La aparición a comienzos de 1984 de la revista ARKETIPOS permitió abrir desde el sector privado venezolano una nueva ventana para asomarse al mundo de la arquitectura, la ingeniería, el urbanismo, la construcción, la industria y el arte. Como toda nueva empresa de esta naturaleza el nacimiento de la publicación estuvo impregnado de entusiasmo, ambición, compromiso, planes, importantes alianzas y la aspiración de consolidarse a lo largo del tiempo. También ofreció otra manera de auscultar el cómo puede y debe manejarse un proyecto editorial en este caso propulsado por la pareja de arquitectos Carlos Celis Cepero y Ana Teresa Caraballo-Gramcko de Celis.
ARKETIPOS que apela para su denominación a la palabra “arquetipo” (según el DRAE “Del lat. archety̆pum, y este del gr. ἀρχέτυπον archétypon… modelo original y primario en un arte u otra cosa” o “Representación que se considera modelo de cualquier manifestación de la realidad” y que de la mano de Carl Jung es entendido como “patrón e imagen arcaica universal que deriva de lo inconsciente colectivo y es la contraparte psíquica del instinto”), a la cual se le da el curioso giro de “Principios y tipos. Modelos originales, nociones abstractas de sistemas de partes similares considerados como tipos inmutables, a los cuales pueden referirse las formas de cada sistema, en todas las especies y en todas las edades de cada sistema”, tenía, como ya asomamos, alcances tan elevados como el significado mismo de su nombre muestra. Su índice (o ARKESUMARIO) revela la intención clara de cubrir tópicos que denotaban otras tantas áreas de interés a través de secciones fijas nombradas bajo una serie de neologismos como: ARKEDITORIAL, ARKEO: noticias, ARKEINDUSTRIAS, ARKEGUÍA, ARKEINSUMOS, ARQUITECTURA, ARKEOLOGÍA, ARTE Y ARKEHACER.
Con un precio de venta al público de Bs. 60, equivalentes entonces a 8$ (que ascendían a 10 si el envío era por correo), ARKETIPOS se identifica como “una revista bimestral, publicada bajo los auspicios de la Sociedad Bolivariana de Arquitectos, el Centro Venezolano para la Investigación y Construcción del Hábitat-Bouwcentrum de Venezuela, el Celbank que es un Banco de Documentación, Información y Exhibición de la Industria de la Construcción, la Fundación Celis Cepero para la integración cultural de los países bolivarianos y el Grupo C.A. TEKTO de Arquitectos, Ingenieros y Urbanistas”, lo cual da cuenta no sólo de su periodicidad sino sobre todo de la alta impronta que tuvo el grupo familiar de los fundadores y las empresas e instituciones a ellos asociados, bajo su tutela o su dirección.

Sin desmerecer la importancia de la iniciativa y para ampliar un poco lo señalado en cuanto a la manera cómo se pone en marcha el proyecto, quizás valga la pena resaltar que para la fecha en que aparece ARKETIPOS, Carlos Celis Cepero era Presidente de la Sociedad Bolivariana de Arquitectos (de cuya creación en 1963 fue fundamental promotor), el Bouwcentrum de Venezuela funcionaba en el Centro Profesional del Este, ofic. 104, sede a su vez del Grupo C.A. TEKTO de Arquitectos, Ingenieros y Urbanistas (oficina desde la que desde 1953 Celis y Ana Teresa Caraballo-Gramcko ejercen la profesión), Celbank C.A. tenía como asiento la Quinta Las Hormigas, Av. Mérida, Urb. Las Palmas (vivienda de habitación de los Celis) desde donde además se le daba impulso a la Fundación que lleva sus apellidos y se llevaban a cabo la mayor parte de los eventos sociales e institucionales que desde ella se generaban. Así, tampoco extraña el nombre de ARKEDITORES C.A. (también con sede en el Centro Profesional del Este, ofs. 104-105) para el ente que edita la revista y el que aparezcan como Directores el ing. Carlos Celis Caraballo-Gramcko y la arq. Laura María Celis Caraballo-Gramcko y en la Gerencia el ing. Pedro B. Celis Caraballo-Gramcko (todos hijos de los fundadores). El Director de Redacción era el periodista Oscar Armao Mendoza, la diagramación corrió a cargo de HERCEL C.A. y el tiraje del primer número fue de 3.000 ejemplares.
Nace ARKETIPOS a un año de haberse producido en Venezuela la mayor devaluación de la moneda en lo que iba de democracia conocida como “el viernes negro” (18 de febrero de 1983).
También se encontraban muy recientes las elecciones que en diciembre de aquel año dieron como ganador a Jaime Lusinchi, quien asume la Presidencia de la República en febrero de 1984, lo cual produjo, al menos entre los impulsores de la publicación (plenamente identificados con el nuevo gobierno), una importante toma de conciencia sobre el difícil momento que el país atravesaba, esperanzados en que el “pacto social” ofrecido por Lusinchi sirviera para hacer los correctivos necesarios.
“Confianza + Desarrollo = Futuro. Cuando se reconstruye la confianza y se estructura el desarrollo”, titulo del editorial del nº 1, se convierte en toda una declaración de principios donde se fija posición ante la coyuntura nacional y el rol que en ella puede ejercer tanto el grupo editor como la propia revista. En el elocuente texto se expresa (entre muchos otros puntos) “que están dadas las condiciones para el Desarrollo integral de nuestro País y que sus habitantes están ansiosos de que se fijen metas y propósitos para contribuir a ello”; se considera “que la Confianza es una actitud colectiva producto de la SEGURIDAD ECONÓMICA Y SOCIAL, JURÍDICA Y POLÍTICA de la colectividad y que ella demás, está en función directa de la ACCIÓN DE GOBIERNO”; se confía “en que el Estado Venezolano orientará sus acciones por la senda del progreso, dándole el impulso necesario especialmente a las industrias de la Construcción y el Turismo”, y que “las iniciativas privadas y del gobierno que contribuyan a la reactivación económica del país, tendrán en ARKETIPOS un vehículo de difusión dispuesto a apoyarlas para el logro de un clima real de confianza”; y se espera “convocar próximamente a un grupo de Arquitectos, Constructores, Pensadores y Filósofos a nuestra sección ARKEFUTURO, A FIN DE TRATAR TEMAS SOBRE EL SIGLO XXI y su relación con las innovaciones necesarias en las áreas del Espacio-Tiempo-Hábitat y su mundo tecnológico, científico y artístico.”
Dado el carácter de la publicación, quien quiera enterarse de las iniciativas emprendidas por su grupo promotor, de las relaciones institucionales que se van cultivando y sobre la actividad proyectual de Carlos Celis Cepero a través del Grupo C.A. TEKTO, tiene en ARKETIPOS y los cuatro números que alcanzaron a imprimirse una muy buena fuente documental.
Así, el nº 1 (objeto hoy de nuestra atención y cuya portada ilustra la postal), da cuenta en la sección ARKEINDUSTRIAS del papel jugado por Vencerámica dentro de la industria de la construcción nacional. En ARKEINSUMOS se dedica un artículo a “La madera” y se informa del desarrollo del 7º Salón Internacional de Materiales de Construcción, Sistemas de Construcción y Restauración de Edificios llevado a cabo en Munich del 18 al 24 de enero de 1984, acompañado como ARKEGUÍA de una interesante reseña sobre la ciudad alemana.


Si hay algo que la revista pone de manifiesto son las relaciones que desde la primera vez que visitara Venezuela en 1978, invitado por el Colegio de Arquitectos y la Sociedad Bolivariana de Arquitectos, se empiezan a dar entre Kenzo Tange y Celis Cepero, las cuales se refuerzan y dan pie a la segunda estadía del arquitecto japonés en nuestro país en 1980 “invitado por el Grupo C.A. TEKTO a unas sesiones extraordinarias de trabajo (que) comprendieron, entre otras actividades, la visita a las obras de Parque Central realizadas por el Centro Simón Bolívar y la exposición sobre el estudio Caracas 2.000 realizado por la (OMPU) Oficina Municipal de Planeamiento Urbano, en compañía de los directivos de estos institutos y del grupo TEKTO”. De allí que se despliegue ampliamente, a modo de reconocimiento y efecto demostrativo, el proyecto del Centro de Comunicaciones de Yamanashi, obra construida por Tange en la ciudad de Kofu entre 1961 y 1968. También como dato curioso aparece un aviso publicitario en las páginas finales de “Kenzo Tange & URTEC. Urbanists & Architects/ CELIS CELIS & CELIS. Arquitectos-Ingenieros Asociados C.A.” con direcciones en Tokio, París, Bogotá y Caracas, el cual viene ilustrado con una perspectiva exterior del Edificio Institucional INOS del Arq. Carlos Celis Cepero con la colaboración de Ana Teresa Caraballo-Gramcko de Celis.
Otra relación, surgida en este caso a la sombra de la Sociedad Bolivariana de Arquitectos, permite la aparición de un artículo en el segmento ARQUITECTURA dedicado a Rafael Leoz (1921-1976) y reseñar en ARKEHACER la creación en 1983 del Instituto Iberoamericano de Investigación Arquitectónica y Urbanística en la Universidad Nacional Experimental del Táchira (UNET), cátedra auspiciada por la Fundación Rafael Leoz, la Asociación de Investigación y Especialización sobre Temas Iberoamericanos y la Fundación Celis Cepero. También en ARKEHACER se da cuenta de las últimas elecciones llevadas a cabo en la Sociedad Bolivariana de Arquitectos donde resultaría electo presidente Celis Cepero.

Pero el principal volumen en cuanto a extensión (16 páginas de la sección ARQUITECTURA) y por ende demostración definitiva del rasgo personalista que marca a la revista se le da a la Iglesia Parroquial de Puerto Píritu, proyectada y construida entre 1964 y 1977, obviamente, por Carlos Celis Cepero con la asesoría de Ana Teresa Caraballo-Gramcko de Celis fungiendo de arquitectos colaboradores Laura María y Claudia Elena Celis Caraballo-Gramcko. De hecho la fotografía de la portada de la revista proviene de esta obra de 738 m2, ubicada en la plaza principal de la población, en un terreno de 12.000 m2, construida en concreto armado vaciado en sitio y cuyas directrices generales (según sus autores) “obedecen a la disciplina de un trazado simétrico, donde los ejes de la función y de la forma organizan el espacio arquitectónico, armonizándolo de tal forma, que su liberación se produce a cada instante, dando origen al dinamismo del conjunto y a la vivencia aún mayor, de los elementos arquitectónicos, con la expresión sincera de su propia función y la plasticidad de su material específico”.
Otra proyecto reseñado en ARQUITECTURA, que puede llamar la atención a quienes le quieran seguir la pista a los múltiples planteamientos de que ha sido objeto, es la propuesta elaborada por C.A. TEKTO para el «Nuevo Helicoide Caracas». A él se suma la nota elaborada para la “Casa Los Chorros“ del arquitecto Alberto Chaves Santos. Ocupan la sección ARKEOLOGÍA la Capilla de San Clemente en Coro y la de ARTE se le dedica al pintor venezolano Omar Carreño.
Finalmente, el recorrido complementario que se puede realizar tanto de las noticias que se recogen en ARKEO como a través de las páginas publicitarias, permiten afirmar que ARKETIPOS ofrece sin dudas una visión del acontecer del momento y, ante todo, del sesgo que sus editores le imprimen a partir de las diversas actividades (políticas, empresariales, sociales, institucionales y profesionales) que los ocupan, donde el material fotográfico con sus leyendas y los textos elaborados para muchas de sus secciones ponen en evidencia el afán de figuración de Carlos Celis Cepero.
Testimonio de un momento, de un sector de la vida del país y de un grupo muy activo que no desaprovecha la más mínima ocasión para mostrarse y promocionarse, ARKETIPOS bien merece ser analizada y reconocida como un loable intento por difundir una particular visión de lo que deben ser las relaciones entre cultura y arquitectura dentro de un país en el que ya empezaba a hacerse crónico el concepto de “crisis”. Lamentablemente, al igual que otras iniciativas de este tipo en Venezuela, tuvo de una corta vida.
Nota
La información que aquí incluimos acerca de la relación entre Kenzo Tange y Carlos Celis Cepero amplía y complementa la aparecida en el texto “Visitas memorables” del Contacto FAC nº 136 (28-07-2019) dedicado a reseñar el paso por Venezuela del célebre arquitecto japonés.
ACA
Procedencia de las imágenes
Todo el material gráfico que acompaña esta nota proviene de la revista reseñada.

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La aparición en julio de 1993 del nº 1 de De Arquitectura, Revista de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Los Andes (ULA), Mérida, significó, tal y como lo señala en el “Editorial” el decano de dicha facultad para aquel momento, Carlos García Loyacono, la culminación de un importante esfuerzo, en medio de “la grave crisis económica que viene afectando nuestro país, en los últimos años”, por subsanar el cierta medida dicho efecto y a la vez tratar de llenar el vacío que, como se sabe, ha aquejado a las publicaciones periódicas nacionales de manera crónica. También se constituyó en una alternativa para paliar la dificultad creciente “de acceder a las publicaciones foráneas que sobre la arquitectura y áreas afines, (que) se podían adquirir antes a precios razonables desde el exterior”.
Se ofrecía De Arquitectura, entonces, como plataforma para permitir que los diferentes centros de enseñanza de arquitectura del país y sus integrantes tuviesen la oportunidad de dar salida a su producción intelectual, sin especificar que se tratara de una revista arbitrada más allá de que su financiamiento viniera del Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico de la ULA.
Más de treinta años de creada tenía para entonces la Escuela de Arquitectura de la ULA (1961, adscrita inicialmente a la Facultad de Ingeniería) y veintitrés la Facultad (inicios de 1970) sin haber podido aún contar con un medio de difusión de estas características. Relata el decano García Layacono que el reto de contar con una revista había sido enfrentado sin éxito por sus predecesores y que el mismo siempre encontró en el camino “infinidad de obstáculos. Algunos producto del conformismo, la indiferencia y la apatía o el temor natural de incursionar en la difícil tarea de escribir y publicar las ideas y opiniones que se puedan tener sobre la ciencia y el arte de la arquitectura. Otros, por no encontrar las condiciones y el apoyo necesario para lograr plasmar esas ideas y opiniones en una publicación propia”.
La aparición de la revista tuvo mucho que ver con el empeño puesto por el profesor Luis Christian Páez Rivadeneira “quien heredó de su padre el gusto por estas tareas de escribir, y de los profesores de nuestra Facultad que lo acompañaron en este magno empeño…” apuntará el decano García Layacono, volviendo a asomar tácitamente cómo en la formación de arquitectos “el escribir” se encontraba (y encontró) durante mucho tiempo en un segundo plano.
Páez Rivadeneira, profesor del Departamento de Historia de la Facultad de Arquitectura de la ULA, quien figuró primer director de De Arquitectura, había publicado en 1992, dentro de la Colección El libro menor (nº 183) de la Academia Nacional de la Historia, La Plaza Mayor de Mérida. Historia de un tema urbano, fruto de su labor investigativa. Estuvo acompañado dentro del Consejo de Redacción de la revista por los profesores Meudy Parma (Departamento de Expresión), Luis Jugo (Departamento de Composición) y Carlos Rubio (Departamento de Tecnología), lográndose así un deseable equilibrio entre todas las instancias que formaban parte de la entonces Facultad de Arquitectura (FA), hoy Facultad de Arquitectura y Diseño (FAD).
Sin grandes pretensiones en cuanto a su diseño gráfico y en el formato clásico tamaño carta, las 80 páginas que contiene el nº 1 de De Arquitectura, dieron cabida a 10 artículos y una sección dedicada a “Noticias, Reseñas, Obras y Libros”. Allí se pueden consultar temas tan diversos como: “El rol de la historia en el ordenamiento y diseño de las ciudades venezolanas” de Mirian Salas (profesora del Departamento de Historia de la FA ULA); “Arte y Arquitectura en Mérida entre los siglos XIX y XX” (parte de un trabajo más amplio dedicado al estudio de la cultura artística de Mérida) de Christian Páez Rivadeneira; “Análisis del comportamiento estructural de las técnicas constructivas artesanales” de Carlos Rubio; “Tecnología apropiada en el ámbito de la arquitectura de un lugar” (Trabajo presentado en la XIV Conferencia Latinoamericana de Escuelas y Facultades de Arquitectura -CLEFA- , La Paz, 1991) de Beatriz Hidalgo (Profesora del Centro de Investigaciones de la Vivienda de la FA ULA); “Ciudad, Arquitectura y Ambiente” (relacionado con la participación en dos eventos internacionales realizados en España e Italia en 1992) de Gerardo Luengo Federico (profesor del Departamento de Composición de la FA ULA); “Integralidad en el nuevo enfoque de la cuestión patrimonial” (ponencia enviada al I Encuentro de Investigación sobre el Patrimonio, Arquitectura y Ciudad, Mérida, julio 1992) de Bernardo Moncada Cárdenas (profesor del Departamento de Historia de la FA ULA); “Juan de Milla, el ingeniero olvidado” (extracto de las palabras pronunciadas en el Centro de Ingenieros de Mérida el 28-10-1992 con motivo de la celebración del Día del Ingeniero) de Rosendo Camargo Mora (profesor del Departamento de Estructuras de la Facultad de Ingeniería ULA); y “Ciudad Educativa, Sociedad y Facultades de Arquitectura” (artículo derivado de la ponencia presentada en la XIV CLEFA, La Paz, 1991) de Luis Jugo Burguera. Se sumaron a ellos los textos elaborados por dos profesores de la Escuela de Arquitectura de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV: “Para una autocrítica de la arquitectura” de Manuel López (ponencia enviada al I Encuentro de Investigación sobre el Patrimonio, Arquitectura y Ciudad, Mérida, julio 1992) y “Permanencias y transformaciones en la Arquitectura venezolana contemporánea” de Martín Padrón (ponencia enviada al I Encuentro de Investigación sobre el Patrimonio, Arquitectura y Ciudad, Mérida, julio 1992), señal inequívoca del espíritu de apertura e inclusión con el que De Arquitectura se estrenaba.
Cabe destacar de “Reseñas, Noticas, Obras y Libros” las notas dedicadas a “El video instruccional en arquitectura”, a los libros Breve historia de los jardines en Venezuela (1990) de Leszek Zawisza, La opción estratégica de la planificación urbana en Venezuela (1991) de Juan de Dios Salas, Arquitectura y contemporaneidad (1992) de Miriam Salas y el ya señalado de Páez Rivadeneira.
Sin embargo, son las reseñas “Un aporte significativo al paisajismo en la Facultad. Proyecto de Arq. Paisajista del Mercado Mayorista Agropecuario Sur del Lago” firmado por Luis Jugo Burguera y, muy particularmente, la titulada “Nueva sede para arquitectura” realizada por Guido Moreno, dedicada al proyecto de la que luego de convertiría en la nueva sede de la Facultad de Arquitectura ubicada en el núcleo La Hechicera, las que ofrecen la oportunidad de mostrar parte de la actividad que se desarrollaba en los Talleres de Composición de entonces.
Así, con relación al nueva sede de la FA ULA se nos informa que “el proyecto que se ejecuta es el producto del esfuerzo de un grupo de profesores de los Talleres de Composición Arquitectónica que hicieron posible la realización de un concurso entre los estudiantes del último año de la carrera” el año 1988, bajo la gestión del decano Carlos García, donde se entregaron 23 trabajos seleccionándose y premiándose los 3 mejores. El que obtuvo el primer lugar, realizado por el bachiller Rafael De Armas, recibió “el honor de convertirse en la obra que hoy se ejecuta”, caso diríamos que inédito en los anales de la arquitectura nacional, en primer lugar por provenir de un concurso, en segundo lugar porque éste fuera dirigido a estudiantes y en tercer lugar porque se construyó. También es aleccionador el hecho de que el ganador una vez graduado fuera contratado por un año para completar la totalidad del proyecto (entregado en septiembre de 1989 bajo la asesoría de profesores de la FA) y porque se ejecutase una vez entregada por el decano Carlos García toda la documentación proyectual completa al Dr. Luis Penzini Fleury, por entonces ministro del Ministerio de Desarrollo Urbano (MINDUR). La obra, prevista a ser realizada por etapas, se inició en febrero de 1992 con apoyo de la Unidad de Consultoría Externa y Proyectos (UCEP) de la FA ULA y ya para marzo de 1993 de habían ejecutado 6.000 m2 correspondientes al bloque de docencia el cual se puso en funcionamiento para el segundo semestre ese mismo año. Para finales de 1994 la segunda etapa ya estaba concluida y para 1996 estaba terminado gran parte del conjunto producto de un verdadero trabajo en equipo, lo cual permitió que la la FA ese mismo año se mudase a un solo sitio acorde a sus necesidades, superándose años de dispersión en diversas sedes que anteriormente debió ocupar. Con relación al tema central que hoy nos ocupa, pese al importante esfuerzo que significó dar salida por primera vez a De Arquitectura, tal circunstancia no superó como noticia el ámbito local y lo más importante: la revista no pasó del primer número. Al menos ese ha sido el resultado de nuestra infructuosa búsqueda por encontrar rastros de ejemplares posteriores (más allá de otra portada cuya procedencia y fecha no hemos podido ubicar con precisión), por lo que mucho agradeceríamos nos aclarara alguno de nuestros lectores si estamos en lo correcto. Se sumaría así esta iniciativa a otras tantas donde la sempiterna crisis económica y de recursos que acompaña la permanencia de publicaciones periódicas sobre arquitectura en nuestro país, las termina sepultando.
ACA

Aceras y Brocales. Una página para debatir el hábitat, cuya primera aparición en la sección “La Vida” dentro del diario Últimas Noticias data del 22 de septiembre de 2005 (y que hemos elegido para ilustrar nuestra postal del día de hoy), se convierte por muchas razones en clara muestra de los avatares que han acompañado estos 20 años de gobierno “revolucionario”.
Para empezar sería bueno señalar cómo en su estreno, a través del texto “¿Qué es Aceras y Brocales?” se declara, transcurridos seis años de que Chávez asumiese el poder, la imposibilidad de que “… la gran tarea, convocada por este proceso revolucionario, de ordenar el territorio, dar calidad de vida a las ciudades, rescatar el valor primordial de la vivienda” pueda emprenderse, “sin que los arquitectos, ingenieros, estudiantes y el pueblo participen en ella con ideas, crítica e imaginación creativa”. Quedaba asentada así por un lado la “militancia” ideológica de los cuatro arquitectos responsables de la página (Juan Pedro Posani, Henrique Hernández, Alfredo Roffé y Alejandro López, los dos primeros distinguidos con el Premio Nacional), su condición de arquitectos “comprometidos”, esperanzados en que el futuro (que ya estaba transcurriendo) depararía mejores resultados a los vividos hasta el momento y algo que a la larga se perderá definitivamente: la convocatoria y amplia participación a un proceso necesitado de ideas e imaginación pero sobre todo de crítica.
En segundo lugar, la nota antes señalada también anunciaba el interés de contraponerse y provocar a lo que podría considerarse con el statu quo y a la vez demarcar un territorio que ya el titulo de “Aceras y Brocales” atisbaba. Es decir, la propia selección del nombre “… es, en más de un sentido, sarcástico, porque, de manera excesiva, va en contra de una concepción elitesca, sifrina, hermética, de la actividad del arquitecto. Y para exagerar le pusimos, (…) lo más balurdo, ordinario e inconveniente (…) con toda intención e ironía, para quitarnos esa imagen arrogante y esnobista del arquitecto, que manejando un lenguaje esotérico e inaccesible se dedica a algo que los comunes mortales no pueden comprender en profundidad.”
En tercer lugar, los editores de Aceras y Brocales exponían que les interesaba “hablar sencillamente de cosas serias relacionadas con el acto eterno y hermoso de construir”, colocando siempre a la ciudad, el ambiente y sobre todo la vivienda como ejes temáticos fundamentales.
Con toda esta carga implícita transcurrió la primera y más fructífera etapa de la página, que podríamos decir abarcó hasta el 31 de enero de 2008 (nº 121), momento en el que sale misteriosa y repentinamente de la redacción Posani por razones que luego se develarían y que nos pondrían frente a los derroteros autoritarios e intolerantes a la crítica que siempre han acompañado a los que nos gobiernan desde 1999.
Posani, quien seguramente corría con la mayor carga a la hora de elaborar los textos que aparecían en la página, ya para entonces fundador y primer director del recién creado Museo de Arquitectura (MUSARQ), proyecto por el cual siempre luchó, nunca dejó de poner en práctica el espíritu crítico que todo genuino militante de izquierda debe profesar, pensando ingenuamente que ello no traería consecuencias. Así, en un texto seguramente escrito por él titulado “Algunas explicaciones necesarias” (aparecido en el nº 122), se señala: “Hemos recibido algunas observaciones oficiosas al contenido de esta página que precisan unas explicaciones. Nos interesa sobremanera el éxito de este ensayo revolucionario que ya ha transformado a Venezuela y que debería transformarla aun más hasta llegar a convertirla en el país que todos los ciudadanos progresistas y moralmente sanos deseamos. Para ser coherentes con ello, estamos convencidos de que un instrumento absolutamente pertinente y necesario es el ejercicio de la crítica y la autocrítica. Creemos que la modestísima labor realizada por el colectivo de esta página, durante los cortos años de su existencia, es justamente eso: el ejercicio de la crítica constructiva, dirigida a señalar errores y a plantear soluciones, conjuntamente con destacar los éxitos y aciertos.
Pero se nos dice que nuestro estilo es demasiado agresivo y descalificador, se nos reprochan algunos adjetivos y un supuesto desequilibrio en las afirmaciones que hemos venido haciendo sobre el sector de la vivienda y el hábitat, que ha sido para nosotros un tema privilegiado. Si se nos señalaran razonadamente, estamos muy dispuestos a reconocer nuestros posibles excesos. Tal vez sirva como explicación la angustia ante las metas no logradas, las afirmaciones equivocadas y los errores evidentes cometidos durante el período revolucionario que comenzó en 1999. Quedan firmes los hechos a los cuales nos hemos referido: el sector vivienda es uno de los sectores públicos con el cual se han cosechados menos éxitos y donde se concentran muchas críticas. ¿Deberíamos callarnos frente a las evidencias porque con ello se le hace el juego a los adversarios? (‘¿por qué no te callas’ les recuerda algo?)”. Y cierra con esto: “Todo lo anterior viene a cuento porque a partir de esta semana se retira uno de los compañeros que han escrito en estas páginas. La razón es parte de una realidad pesada y compleja con múltiples interpretaciones. Una de ellas es que nos falta mucho para aplicar correctamente la muy actual consigna del Presidente, la de las tres R. Y esto va directo a quien le toca: a las autoridades revolucionarias que deben aprender a tolerar las críticas, a convertirlas en aprendizaje y a no dejarse llevar por tentaciones retrógradas. En ello nos jugamos el destino del nuevo socialismo del siglo XXI, que queremos verdaderamente democrático y no una mala repetición de las prácticas cuartorrepublicanas”. Todo un testimonio absolutamente premonitorio a la luz de lo que hoy vivimos.
Como complemento, en el nº 124 del 21 de febrero de 2011 aparece en “Explicando las explicaciones” lo siguiente acerca de la salida de Posani: “… hay autoridades que todavía son incapaces de admitir críticas, de discutir y razonar para aceptarlas o rechazarlas, en aras del proceso revolucionario. Este es un momento en que el manejo de la crítica –quien la hace y quien la recibe– es especialmente delicado y exige una seria revisión para evitar la intolerancia disfrazada de disciplina revolucionaria. Puesto en la disyuntiva de tener que salir del Museo de Arquitectura o retractarse de su posición crítica, ha escogido una vía intermedia. Ni un extremo ni el otro. Por eso simplemente se ha retirado, esperamos que temporalmente, del grupo redactor de Aceras y Brocales. Por lo demás, sigue siendo nuestro gran amigo y un revolucionario contumaz.”
Pese a este incidente, lo que pudo haberse traducido en una actitud solidaria de renuncia por parte del resto del equipo de redacción trocó, quizás con la intención de no perder un espacio que se creía importante, en una paulatina autocensura que fue invadiendo poco a poco la página.
Muy probablemente Posani siguió “tras bastidores” escribiendo durante un tiempo buena parte de los textos de Aceras y Brocales pero la actitud crítica languideció. Más adelante, la página sufre otra dura pérdida: muere Henrique Hernández el 8 de marzo de 2009 apareciendo como parte del equipo editor hasta el nº 176 del 12-3-2009. A ello seguirá el deceso en diciembre de 2011 de Alfredo Roffé siendo el último número en que está su firma el 303 del 22 de aquel mes.
Este proceso paulatino de pérdida de fuerza hacen que la página, aún hoy bajo la sola responsabilidad de Alejandro López (quien en 2018 sustituirá a Posani en la dirección general del MUSARQ), vaya apagándose hasta convertirse, a pesar de haber transcurrido en total casi 14 años, en un remedo de lo que fue, de donde se debe rescatar el esfuerzo por crear un blog que contiene todos los números del 1 al 453 del 8 de enero de 2015, cuya consulta permite un estudio más minucioso que el comprendido en esta nota. En resumen, Aceras y Brocales ha perdido poco a poco su periodicidad (hay que recordar que la página se publicaba, al menos hasta el nº 453, todos los jueves) y reaparece sin solución de continuidad dando cabida a otras voces, acompañando así la creciente conversión del diario que siempre la ha alojado en órgano de propaganda y divulgación complaciente del régimen.
ACA