1955• Se concluye y pone en servicio la nueva Cárcel de Maracaibo, ubicada en las afueras de la capital zuliana en un terreno de 25.171 m2.
La instalación penitenciaria construida a un costo de Bs.15.000.000 fue programada inicialmente para 856 reclusos (pudiendo ampliarse a 1.000 plazas).
El conjunto está compuesto de diferentes bloques unidos entre si por circulaciones techadas.
El departamentos de hombres tiene: alcaldía, comedor, taller, administración y dormitorios, los cuales son de tipo colectivo con capacidad para 40 camas, divididos en dos cuerpos de 20 personas; se complementan con salón de recreo y sanitarios.
El de las mujeres, completamente separado, tiene administración, enfermería, comedor, lavandería, taller y dormitorios, con las misma disposición que el de los reclusos..
La Dirección y Administración consta de oficinas para el Director y Sub-Director, secretarias, archivo, oficina para el ecónomo y sanitarios.
En otro cuerpo aislado se encuentra el hospital dotado de 20 camas, cuartos para infecciosos y enajenados mentales. Además, cuenta con facilidades de rayos X, odontología, oftalmología y cirugía menor.
El amplio terreno donde se construyó la cárcel tiene un sistema de modernas garitas, de prevención y de guardia de entradas.
El jueves 14 de junio se ha clausurado en el Baluarte de Pamplona el congreso internacional ‘Menos arquitectura, más ciudad’. Es el quinto encuentro bienal que organiza la Fundación Arquitectura y Sociedad, tras ’Más por menos’ (2010), ‘Lo común’ (2012), ‘Arquitectura necesaria’ (2014) y ‘Cambio de clima’ (2016). Complementando a los anteriores —que propusieron enfrentarse a la crisis a través de la austeridad y la solidaridad—, el que acaba de terminar ha abierto un nuevo ciclo de congresos, que estarán centrados en la ciudad, lugar de libertad para el individuo pero también escenario de encuentro para la toda ciudadanía y territorio de los grandes retos a los que debe enfrentarse la civilización globalizada.
El evento contó con el apoyo organizativo de Arquitectura Viva, y, como en las ediciones de 2010 y 2016, fue inaugurado por el rey de España Felipe VI, en una ceremonia en la que también intervinieron Uxue Barcos, presidenta del Gobierno de Navarra, Carlos Solchaga, presidente de la Fundación Arquitectura y Sociedad, y Francisco Mangado, patrono fundador de la Fundación, amén de director del congreso junto a Luis Fernández-Galiano.
Abrieron los turnos de ponencias los escritores Eduardo Mendoza y Leonardo Padura. El consagrado autor de La ciudad de los prodigios y Premio Cervantes 2016 explicó que la literatura moderna ha convertido a lo urbano en su principal cantera de materiales, y confesó que su interés por las ciudades —principalmente en su ciudad natal, Barcelona, protagonista de sus novelas— está en su lado canalla y turbio, y en su capacidad de transformarse continuamente. Por su parte, el escritor cubano, a quien se debe la celebrada serie de novela negra protagonizada por Mario Conde y que es autor de otros complejos y exitosos relatos como El hombre que amaba a los perros, describió minuciosamente los escenarios de sus narraciones, que son fundamentalmente los de su entorno diario en un barrio a las afueras de La Habana, y explicó en qué medida su abordaje a temas locales y a escenarios urbanos contiene una insoslayable denuncia política.
La segunda sesión, titulada ‘El gobierno de las ciudades’, comenzó con una apasionada intervención de la alcaldesa de Madrid, que explicó, desde un punto de vista muy personal, sus políticas en la capital de España, se mostró convencida de que el futuro de las ciudades pasa por la participación, y sintetizó las características deseables para una urbe moderna en tres conceptos: solidaridad, sostenibilidad y creatividad. Complemento y, a la vez, pendant de Carmena fue la intervención de Joan Clos, exalcalde de Barcelona y ministro de Industria del Gobierno de España, que ha pasado los ocho últimos años en Nairobi como director ejecutivo de ONU-Habitat, el programa de Naciones Unidas destinado a la promoción de ciudades sostenibles, resilientes y prósperas. Tras exponer los retos que el crecimiento demográfico y urbano de Asia y África van a suponer para Occidente, Clos conminó a la construcción de una “política africana” para Europa, y propuso seguir avanzando para nuestro continente no pierda su carácter modélico, de manera que “Europa sea para el mundo lo que Escandinavia ha sido para Europa”.
Bajo el tema ‘Visiones urbanas’, la tercera sesión del congreso comenzó con la ponencia de Iwan Baan, el fotógrafo de arquitectura más reconocido del mundo, que, utilizando ochocientas imágenes, paseó al público por un tan personal como interesante viaje por los rincones del mundo, presentando de un modo impresionista distintos modos de entender la ciudad, desde los asentamientos informales de Lampala hasta las sorprendentes y milenarias arquitecturas excavadas de Etiopía. La arquitectura excavada fue precisamente el tema tratado en su ponencia por Dominique Perrault. El miembro de la Academia de Bellas Artes de Francia y celebrado autor de la Biblioteca Nacional de París propuso que el crecimiento de las ciudades deje de hacerse hacia arriba —el modelo del rascacielos— o en horizontal —el modelo del sprawl—, para pasar a extenderse hacia abajo, aprovechando el terreno disponible con el objetivo de liberar el plano del suelo para la ciudadanía. Ilustró sus tesis con una serie reciente de sus proyectos y obras que tienen un carácter subterráneo.
La cuarta sesión, celebrada ya en la segunda jornada del congreso, trató el tema de ‘La ciudad como proyecto’, y contó con las ponencias de dos reconocidas arquitectas, ambas profesoras de la Graduate School of Design de la Unversidad de Harvard: Farshid Moussavi y Belinda Tato. Autora de la ya mítica Terminal de Yokohama, Moussavi presentó una serie de proyectos recientes de su estudio que tienen una mayor impronta cívica y pública, con usos que van de lo comercial y cultural a lo residencial, y en ciudades diferentes, desde Londres a París. Moussavi explicó los modos en los que la “arquitectura en sí misma” se puede convertir en un actor social y defendió la flexibilidad espacial como un modo de hacer posible la inclusión de los diferentes modos de vida que exige la sociedad contemporánea. Por su parte, Belinda Tato, a través de una nómina de obras y proyectos en Madrid, Daca, Asunción y Miami, entre otras ciudades del mundo, explicó las estrategias que sigue su estudio, Ecosistema Urbano, a la hora de implicar a la comunidad en las decisiones que van a transformar de manera radical su entorno inmediato, y defendió el papel que los arquitectos pueden desempeñar en este proceso.
Con una conferencia sobre la identidad de las ciudades, Deyan Sudjic, reconocido historiador y crítico británico que actualmente es director del Museo del Diseño de Londres, dio comienzo a la quinta sesión del congreso, ‘La arquitectura de la ciudad’. Sudjic hizo un idiosincrásico y interesante repaso por la historia de la ciudad, incidiendo en el papel fundamental que, a su juicio, desempeñan las casualidades y azares en su desarrollo; una perspectiva antropológica que contrastó con el abordaje al problema de la forma de la ciudad propuesto por el segundo de los ponentes, Salvador Rueda, biólogo, sociólogo y director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona. Tras presentar con datos escalofriantes el panorama del crecimiento demográfico y el consumo de recursos en los próximos veinte años —un consumo que achacó a las grandes ciudades—, explicó su enfoque para atajar gradualmente el problema: el ‘urbanismo ecosistémico’ basado en la reducción del consumo energético y en el desarrollo de la economía del conocimiento, y cuya herramienta fundamental es la llamada ‘supermanzana’, modelo que Rueda y su equipo vienen desarrollando desde hace años. Para terminar, Rueda instó a la adhesión al documento en el que se plantean y desarrollan estas ideas, la llamada ‘Carta de Barcelona’.
Jan Gehl y Jaime Lerner fueron los encargados de la última sesión del congreso, ‘Futuros urbanos, futuros humanos’. Mientras que Gehl, arquitecto y profesor danés que es autor de clásicos del urbanismo como Life Between Buildings y Cities for the People, explicó su principal idea-fuerza —reorientar el planeamiento urbanístico en favor del peatón y los ciclistas— y la ejemplificó a través de una serie de proyectos llevados a cabo en Europa, América y Australia, Jaime Lerner, el arquitecto brasileño que transformó como alcalde la ciudad de Curitiba y fue Gobernador del Estado de Paraná, se centró en la descripción, a través de casos concretos, de las herramientas de planeamiento de su singular ‘acupuntura urbana’: la capacidad de transformar radicalmente las ciudades a través de intervenciones específicas, acotadas espacialmente y controlables desde el punto social y económico. Una modelo, el de la acupuntura urbana, que hizo que la revista Time le incluyera en 2010 entre los 25 pensadores más influyentes del mundo. Las conferencias se complementaron con una serie de conversaciones entre los ponentes y los moderadores —José Luis García Delgado, Javier Conde, Luis Fernández-Galiano, Ángela García de Paredes, Sandra Ollo y José María Ezquiaga—, que también llevaron a cabo entrevistas en profundidad con cada uno de los arquitectos invitados. Todas ellas se recogerán en el libro resumen del evento que Arquitectura Viva publicará este otoño, que se añadirá así a los que documentaron los congresos de 2010, 2012, 2014 y 2016.
L’Espace Meyer Zafra presenta una exposición individual dedicada a la artista brasileña Patricia Golombek, del 6 de junio al 7 de julio de 2018. «Le Corbusier y su influencia en la arquitectura brasileña» exhibe pinturas y una instalación inspirada en monumentos creados por artistas y arquitectos brasileños (Portinari, Bulcão, Lucio Costa, Carlos Leão, Eduardo Reidi, Oscar Niemeyer), quienes a su vez fueron influenciados por la obra de Le Corbusier.
Desde 2015, la arquitectura ha sido el núcleo del trabajo de Patricia Golombek. Su primera inspiración vino de su percepción del diálogo entre Morris Lapidus y los proyectos de Paulo Werneck. Su trabajo se convirtió poco a poco en un estudio analítico de la arquitectura en el que tradujo el lenguaje utilizado por los arquitectos de todo el mundo, como en «Discovering Carlo Scarpa» o «Oscar Niemeyer». Estas creaciones trajeron una reflexión sobre Le Corbusier y su vínculo con los arquitectos brasileños.
Le Corbusier se puso en contacto con Lucio Costa y otros arquitectos brasileños en su primer viaje a Brasil en 1936. En ese momento, el país estaba experimentando una contextualización moderna y una maduración de su búsqueda de una identidad nacional. De allí se derivó una relación compleja que repercutió sobre el trabajo del maestro suizo, así como a sus discípulos brasileños, y resultó ser mucho más profunda que solo una influencia de Le Corbusier en la arquitectura moderna brasileña como lo muestra Carlos Eduardo Comas: «La arquitectura de Le Corbusier no se presenta como un sistema cerrado; es probable que sea un juego de dominó (…) Lo que los arquitectos brasileños Lucio Costa y Oscar Niemeyer intentaban hacer era comprender las reglas del juego, para capturar su mecanismo, la ‘estructura profunda’ del trabajo Le Corbusier (…) lo cual no significa una inflexión sino una cultura de la identidad (…). Los arquitectos brasileños han comprendido bien a Le Corbusier y fueron capaces de influir en su trabajo y lo contrario también sería cierto «. Para Lucio Costa fue una cuestión de asociar sus iniciativas a las del arquitecto suizo con el objetivo de lograr el modernismo en la arquitectura brasileña. El diálogo establecido entre Costa y Le Corbusier sobre los problemas de la Síntesis de las Artes, y el lugar que ambos otorgaron en este debate a las llamadas Artes Menores, es solo uno de los capítulos de esta compleja y sofisticada relación.
Patricia Golombek es una artista brasileña nacida en 1964. Tiene un diploma del Instituto Caetano Campos y la Escuela de Arquitectura de la Faculdade de Belas Artes de São Paulo. Vive y trabaja en Miami desde 2015. Su obra fue expuesta en el Museo de Arte Moderno y en el Museo de Arte Contemporáneo en São Paulo.
El trabajo de Patricia Golombek es un estudio analítico de la arquitectura; de las estructuras y soluciones que arquitectos han implementado por el mundo. Gracias a su propia formación arquitectónica la artista puede transformar el lenguaje usado por los arquitectos en representaciones visuales de sus procesos creativos.
Nota
Abierto desde el año 2000, L’Espace Meyer Zafra tiene como objetivo presentar a artistas latinoamericanos y europeos vinculados al arte cinético y la abstracción geométrica. Guiada por la obra del maestro venezolano Jesús Rafael Soto, Liliane Zafrani fue impulsada a promover esta tendencia del arte en su espacio situado en el corazón del distrito histórico de Le Marais, en París donde se exhiben obras desde los años sesenta hasta la actualidad representada por un grupo de artistas muy activo. L’Espace Meyer Zafra presenta el trabajo de sus artistas en las ferias francesas e internacionales. Las exposiciones personales y colectivas también se organizan regularmente en el espacio de Le Marais y sus artistas han integrado muchas colecciones privadas y públicas en todo el mundo.
El pasado sábado 26 de mayo abrió sus puertas la 16ª Bienal de Arquitectura de Venecia 2018
La Bienal de Arquitectura de Venecia es una sección de la Bienal de Venecia creada en 1980 con la misión de exhibir y desarrollar propuestas arquitectónicas propias del momento, así como ofrecer una herramienta para la práctica innovadora en el contexto urbano nacional e internacional. Se trata de una exposición que no se desarrolla con base en el diseño edificios reales, sino más bien a partir de instalaciones o performances tanto de arquitectos consagrados como de “jóvenes promesas”. Su primera versión se organizó bajo la dirección de Paolo Portoghesi y tuvo sus antecedentes en la muestra organizada en 1975 por Vittorio Gregotti dentro de la Bienal de Arte. A esta muestra continuaron otras dedicadas a la arquitectura entre 1975 y 1978. Como importante referencia de aquel momento, entre 1979 y 1980 Aldo Rossi realizó el Teatro del Mundo.
Para este año la exposición central internacional de La Biennale, convocada bajo el lema FREESPACE, se desarrollará entre el 26 de mayo y el 25 de noviembre desde el Pabellón Central y los Giardini hasta el Arsenale, e incluye obras de 71 participantes.
Yvonne Farrell y Shelley McNamara (arquitectas irlandesas de The Grafton Architects), curadoras de la muestra, han utilizado su Manifesto, publicado en junio de 2017, como punto de referencia para configurar la exposición. Como primer núcleo conceptual explican:
“FREESPACE describe una generosidad de espíritu y sentido de humanidad como fundamento de la arquitectura, centrándose en la calidad del espacio mismo. FREESPACE destaca la habilidad de la arquitectura de proveer espacio libre y brindar ‘regalos espaciales’ adicionales a aquellos que lo utilizan y de abordar problemáticas que reflejan deseos no expresados”.
FREESPACE incluye, además, dos Secciones Especiales: Encuentro Cercano, conformada por 16 participantes con obras que se originan en una reflexión sobre edificios del pasado muy conocidos; y Práctica Docente, donde se han incluido 13 delegaciones con proyectos desarrollados a partir de experiencias vinculadas a la enseñanza de la arquitectura.
Como parte de la apertura de La Biennale se realizó la ceremonia de premiación en Ca’ Giustinian. Las curadoras del evento hicieron el anuncio luego de que el jurado internacional, compuesto por Sofía von Ellrichshausen (Presidente del Jurado, Argentina), Frank Barkow (Estados Unidos), Kate Goodwin (Australia), Patricia Patkau (Canadá), Pier Paolo Tamburelli (Italia), tomó la decisión de otorgar los siguientes galardones:
León de Oro por trayectoria
Anunciado en abril. Kenneth Frampton recibió el León de Oro por su trayectoria. Su trabajo fue premiado por su «visión e inteligencia extraordinarias, combinadas con un sentido único de integridad».
Mejor Participación nacional
León de Oro: Suiza
El León de Oro para la mejor participación nacional fue entregado a Suiza (comisarios: Marianne Burki, Sandi Paucic, Rachele Giudici Legittimo), premiado por presentar una «instalación arquitectónica convincente que a la vez puede ser disfrutada por los visitantes, al mismo tiempo de abordar los problemas críticos de escala en el espacio doméstico».
León de Plata: Gran Bretaña
El León de Plata recayó en el proyecto «Island» de Gran Bretaña (comisarios: Sarah Mann – Architecture Design Fashion British Council), siendo destacado por el jurado como «una propuesta valiente que utiliza el vacío como una plataforma para eventos y apropiaciones informales”.
Mejor Participación de la Muestra Internacional FREESPACE
León de Oro: Eduardo Souto de Moura
El León de Oro fue otorgado a Eduardo Souto de Moura (Souto Moura Arquitectos – Porto, Portugal), «por la precisión del emparejamiento de dos fotografías aéreas, que revelan la relación esencial entre arquitectura, tiempo y lugar».
León de Plata: Jan der Vylde, Inge Vinck y Jo Taillieu
El León de Plata para la joven promesa fue otorgado a Jan de Vylder, Inge Vinck y Jo Taillieu (architecten de vylder vinck taillieu – Ghent, Belgium), por «un proyecto en el cual la lentitud y la espera permiten que la arquitectura esté abierta a una activación futura».
Rahul Mehrotra (RMA – Mumbai, India; Boston, USA) recibió una mención especial, siendo alabado «por tres proyectos que abordan cuestiones de intimidad y empatía, difuminando suavemente las fronteras sociales y las jerarquías».
Mención Especial: Andra Matin
Otra mención especial fue para Andra Matin (andramatin – Jakarta, Indonesia), reconocido «por una instalación sensible que proporciona un marco para reflexionar sobre el material y la forma de las estructuras vernáculas tradicionales».
Nota
La propuesta venezolana que ocupará el pabellón diseñado por Carlo Scarpa en 1954, cuyo curador y comisario es Nelson Rodríguez, acompañado por Servando García, museografía; Ángel Cepeda, webmaster/ingeniería de sistemas; Liliane Blasser, Giuliano Salvatore, Mariah Sosa, Holrich Jacques, video y fotografía, presenta tres planes urbanísticos de grandes dimensiones dentro de la capital venezolana bajo el título CCS: Espacio rebelde. Ellos son: el eje avenida Bolívar-Sabana Grande y los parques Hugo Chávez en La Rinconada y Simón Bolívar en La Carlota. Como siempre suele ocurrir en estos casos, más allá del tono propagandístico del contenido expuesto, muy probablemente la muestra venezolana será visitada en gran medida para conocer el emblemático edificio en el que está contenida.
Por otra parte, los arquitectos venezolanos Marcos Coronel y Gabriel Visconti, nominados al evento colateral Young Architect In Latin America, impulsado por CA’ASI, del ASI Architecture-Studio, que tiene su base en Italia, China y Francia, resultaron ganadores del primer premio dentro de la lista de 18 países de la región que se presentaron. Según el jurado, el trabajo de los creadores titulado Aparatos contingentes (un laboratorio de investigación que busca producir modelos urbanos transformadores) ha sido valorado como ”un ejemplo de empoderamiento y construcción colectiva, proyectos sinceros y militantes que responden a necesidades reales, donde los jóvenes arquitectos asumen el liderazgo de manejar la contingencia de espacios desbordados de la ciudad, a través de la producción de nuevos territorios usando la arquitectura como un instrumento de cualificación social…”.
Este año 2018 (para ser mas exactos el 20 de octubre) la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV cumplirá 65 años de fundada. El que puedan celebrarse como se merece seguramente se verá influido por la severa crisis económica que atraviesa la educación superior venezolana. Sin embargo, no está de más recordar lo que en 2013 con motivo del 60 aniversario, cuando la crisis ya se había desatado, logró hacerse, de lo cual busca dar cuenta parcialmente nuestra postal del día de hoy al recoger un componente de la programación desarrollada en aquel entonces con escasos recursos y mucho entusiasmo.
Lo primero que vale la pena resaltar de lo organizado hace cinco años es la forma misma como se estructuró el programa y se le dio vida a las actividades que lo componían, compartidas entre los consabidos actos protocolares y el interés por promover la participación de la comunidad de estudiantes, profesores, egresados, empleados y trabajadores.
Alrededor del día 20 de octubre y por toda una semana se buscó (como se recoge en http://www.fau.ucv.ve/LX/) “celebrar la experiencia de la Facultad en el tiempo y reivindicar su papel en la producción de un país de ciudades y pueblos más amables, de ambientes públicos y domésticos que estimulen el ejercicio de una ciudadanía en democracia, creativa y cada vez más productiva”, lo cual, sin lugar a dudas, tiene plena vigencia. En otras palabras, se intentó darle sentido a la celebración abriendo un abanico de posibilidades “para encontrarnos, dialogar y dar a conocer al público visitante aspectos claves de nuestra vida académica, nuestras ideas y proyectos”.
Junto a los deseos por lograr, dentro de las limitaciones, una programación lo más digna y estimulante posible, hay que destacar el empeño puesto por la Coordinación de Extensión (con Maya Suárez a la cabeza) en desarrollar una “identidad visual” traducida en una imagen alegre y de gran impacto que consistió en fijar en la retina el número 60 en romanos asociado al motivo de la celebración y a la vez jugar con los elementos que identifican el logo de la FAU a favor del diseño de una serie de elementos variados y postales (físicas y virtuales) cuyo colorido empezaba a ser vinculado con el evento que deberían identificar: el Acto Aniversario (con presencia de las Autoridades universitarias y el Orfeón, donde el ex-decano Víctor Fossi fue el orador de orden y Graziano Gasparini dictó la conferencia magistral dedicada a La Memoria, teniendo como excusa la publicación de su libro Selección de ensayos, reflexiones, críticas y opiniones sobre temas DE ARQUITECTURA); la realización de una Asamblea de Facultad (en la que se aprobó la postulación para que le fuese otorgado el Doctorado Honoris Causa de la UCV a Carlos Cruz-Diez); las Conferencias Magistrales (reproducidas en la postal de hoy); el bautizo de libros y las tertulias organizadas en torno a la producción editorial de la Facultad; la presentación en formato PechaKucha de proyectos académicos e institucionales en proceso; lo que se denominó “la Fiesta del Conocimiento” (eventos orientados a la muestra de repositorios bibliográficos de la Colección FAU, exposición-venta de coleccionables, demostraciones técnicas, entre otros); la realización de una carrera-caminata 3K dentro del recinto de la Ciudad Universitaria y los eventos organizados directamente por los estudiantes.
Como otra de las actividades desarrolladas durante al semana cabe destacar la denominada como “la Escultura Azul” (color que, como se sabe, identifica a la Facultad) que consistió en reunir grupos de estudiantes coordinados por docentes que a partir de los desechos existentes en el edificio, permitieron crear una escultura alusiva en los espacios asignados en el pasillo a las anfiteátricas, todo ello en el marco del paradigma de la “Economía Azul” ideado por Gunter Pauli signado por “la creación de riqueza, crecimiento económico y empleo, trascendiendo lo verde, o ecológico, o sustentable, o reciclable, basándonos en los ejemplos que nos da la naturaleza y utilizando lo que hay, sobre todo lo desechado”.
En cuanto al evento que recoge la postal, se puede afirmar que fueron abordados cuatro importantes temas que reunieron a un granado grupo de expositores quienes, con sus sesgos particulares, lograron el objetivo de generar un debate académico de altura. Juan Pedro Posani, presentado por Silvia Hernández de Lasala, tras la solicitud de tocar el tema de La Casa, dictó la conferencia “La Casa Comunal, una larga historia ¿un reto actual?” (cuya síntesis puede encontrarse en https://musarq.blogspot.com/2013/10/la-vivienda-comunal-y-su-equipamiento.html#more); Graziano Gasparini, como ya mencionamos, ejercitó La Memoria, haciendo un repaso del contenido de su libro más reciente; Alfredo Cilento abordó La Tecnología desde la sostenibilidad en el marco de la apertura del Curso de Ampliación de Conocimientos “Vivienda y Sostenibilidad: Enfoques, políticas y experiencias para la construcción sostenible”; y Ginés Garrido (invitado internacional venido de España) se ocupó de El Espacio Público desde la perspectiva de su experiencia profesional en el estudio de Arquitectura Burgos & Garrido Arquitectos Asociados y, particularmente, a través del proyecto “Madrid Río” que tuvo oportunidad de exponer también en el Foro “Caracas y un rio de oportunidades” organizado por la Alcaldía Metropolitana en el IESA. Lo acontecido hace cinco años, tiempo que a la distancia parece mucho mayor, se trata de todo un ejemplo de aprovechamiento de los escasos recursos con que se puede contar para lograr el mayor efecto posible y debería servir para no perder la oportunidad de intentarlo de nuevo para así animar hoy a una institución que, sabemos, no pasa por sus mejores momentos pero que aún tiene mucho que decir y mostrar a la opinión pública. Con apuntar, con motivo del cumplimiento de los 65 años de la FAU, al menos una pequeña parte de lo alcanzado entonces no sólo no se dejaría que tan importante fecha pasara por debajo de la mesa sino que se elevaría un sentido de pertenencia que también vive horas bajas.
Smiljan Radic, arquitecto chileno: “No se puede hablar del buen momento de la arquitectura chilena si no existen buenas herencias”
El 23 de mayo recibirá en Nueva York el premio Arnold W. Brunner que acaba de otorgarle la Academia de Artes y Letras de EEUU, por su «contribución significativa a la arquitectura como arte».
Lo extravagante suele desplazar lo primitivo, pero no para Smiljan Radic. Más bien es al revés: tanto en las obras que expuso en la Bienal de Venecia de 2010 o la Serpentine Gallery de Londres en 2014 y, más próximos aún, en sus diseños del restaurante Mestizo, la remodelación del Museo Chileno de Arte Precolombino, el centro cultural Nave o el luminoso y recién inaugurado Teatro del Biobío, en Concepción, la fusión de materiales rústicos como la piedra, madera y cobre, con la fragilidad de una geometría atípica y que rompe con el espacio, lo han convertido, a sus 52 años, en uno de los arquitectos chilenos de mayor renombre en el mundo.
Por eso, cuando el miércoles pasado la Academia de Artes y Letras de EEUU anunció a los ganadores de los premios que entrega anualmente desde 1955 -y que recaen en escritores, compositores, artistas y arquitectos- el nombre de ascendencia croata de Radic, formado en la UC y el Instituto de Arquitectura de Venecia, apareció con energía propia. “El crea fuertes espacios atmosféricos que resuenan profundamente y trascienden lo visual”, escribió en el acta oficial la arquitecta alemana y presidenta del jurado Annabelle Selldorf, quien junto a otros 32 miembros de la institución decidieron otorgarle el Premio Arnold W. Brunner 2018 por su “contribución significativa a la arquitectura como arte”.
Pero desde el piso 20 de la Torre Santa María, donde el arquitecto levantó su oficina en los 90 y donde hoy trabaja junto a un selecto equipo de cinco personas, incluido él, Radic se oye cauto: “Me enteré hace unos dos meses del premio. Siempre es así: primero te llaman para saber si lo aceptas y una vez que lo haces se anuncia”, cuenta. “Son 200 y tantos miembros los de la Academia, y ellos presentan y postulan a los candidatos, no son concursos abiertos. En mi caso no sé quién lo habrá hecho, pero le mando a decir que me siento muy honrado de que se reconozca mi trabajo”, agrega.
Dotado de 20 mil dólares ($ 12 millones), el premio lleva el nombre del estadounidense que diseñó la imponente Congregación Shearith Israel frente al Central Park, y recayó antes en su coterráneo Richard Meier (1972) y el japonés Toyoo Itō, entre otros. Radic, en tanto, único extranjero galardonado en esta pasada, se convirtió en el primer chileno en obtenerlo además, y el próximo miércoles 23 de mayo, dice, viajará a Nueva York para la premiación.
Ud. suele decir que lo suyo es la arquitectura y no el arte, pero el premio resalta su contribución como arquitecto a esta última…
Es por llamarlo de alguna manera, pero yo diría que no es esa la traducción literal o, al menos, la que más me gusta. Yo soy arquitecto, no artista, pero hoy los límites entre una y otra parecen cada vez más difusos. Me parece que el premio distingue más bien la arquitectura vista desde el punto de vista de la creación y no en su lado más duro. Siguiendo esa línea, que lo reconozcan a uno quiere decir que mi trabajo no está enclaustrado en sí mismo y que juega a desplazar aún más esos límites.
¿En qué proyectos trabaja hoy?
En Chile, en ni uno por ahora. Estamos renovando un edificio en Londres, inauguraremos una capilla en Venecia y estamos también con un pequeño hotel en España y una casa en Lima. Pero son cosas para ocupar a las cinco personas que somos en la oficina, nada más que eso.
Su obra más reciente en Chile es el Teatro del Biobío, ¿es la más pública que ha hecho en nuestro país?
Más pública en términos de uso e imaginario, sí. Ahora, si uno ve la extensión del Museo Precolombino, también es una obra pública importante, aunque de menor tamaño. Nave también, pero siempre son obras públicas asociadas a privados. Este teatro, sin embargo (una estructura de seis pisos y 9.786 metros cuadrados, con capacidad para 1.200 espectadores) , posee el gran valor y desafío de ser una obra pública con gestión y administración que van a ser públicas también. Y el proyecto, que tardó cinco años, tenía otro componente aún más especial, porque a ese lugar se le había tratado de conquistar en varias oportunidades, a través de esculturas y memoriales. Y que aparezca este teatro en el borde del río, que debe ser de los más grandes y fastuosos que hay en Chile, es un intento por recuperar esa zona de la ciudad. Así y todo, es difícil que un solo edificio pueda lograrlo; puede llamar la atención y poner el acento sobre todo por las actividades que pueden desarrollarse ahí, pero es muy difícil que por sí mismo logre detonar algo más importante.
Cuando Alejandro Aravena (ex compañero suyo en la UC) ganó el Pritzker en 2016, se habló del “buen momento” de la arquitectura chilena. ¿Cómo lo ve Ud.?
Yo creo que no se puede hablar del buen momento de la arquitectura chilena si no existen las buenas herencias ni un futuro. Y eso es lo que las instituciones deberían atender hoy; de que si hay 10, 20 o 30 personas haciendo cosas buenas, se debe repensar cómo ese legado puede profundizarse. Los premios siempre serán excepciones, pero las excepciones por lo general no ayudan mucho. Y yo soy más de la idea de que es mejor tener un buen promedio que solo buenas excepciones.
ACA
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