Arquitectura, ciudad y patrimonio. Historia, teoría e intervención contemporáneas constituye una síntesis de los trabajos llevados a cabo, y también en proceso, del grupo de investigación casi homónimo (CACP) de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Sevilla, fundado en 1995. El volumen se estructura en cuatro partes, a saber: Historia de la arquitectura y la ciudad, Teorías de la ciudad contemporánea, Metodologías y conceptos sobre el patrimonio arquitectónico y su gestión e intervención. Cada una comienza con la aportación de los investigadores pioneros.
La primera parte, “Historia de la arquitectura y la ciudad”, la abre Víctor Pérez Escolano, fundador del grupo, responsable de la introducción en la titulación de Arquitectura los nuevos enfoques emergidos en los años sesenta en Italia –con A. Rossi y M. Tafuri–, como demuestra el insertar la arquitectura en su contexto ‘natural’: la ciudad. Su amplitud de miras propició incursiones críticas con la historia, ensanchándola con hechos patrimoniales considerados menores y perfilando retos que ven lo actual del pasado desde el presente. La proyección de este profesor tendió conexiones con Iberoamérica, superando lo mediático y lo conmemorativo. Los textos que completan esta parte revisitan la edad Moderna, exploran la labor del INC o de las antiguas colonias en el norte de África, o el legado infravalorado de los grandes almacenes y de las ciudades para los muertos.
La segunda parte, “Teorías de la ciudad contemporánea”, la encabeza Carlos García Vázquez que, con una mirada desprejuiciada, disecciona las metrópolis allende nuestras fronteras que encuentran su parangón en las ciudades-territorio; empuje en deuda tanto con Pérez Escolano como con Solà-Morales. Prueba de esta perspectiva desacomplejada son los relatos que siguen, como el centrado en Nueva York sobre la proximidad entre espacio público y política, o las especulaciones sobre la ciudad vertical y las prácticas de difusión de nuevas acciones urbanas. Más aún, se profundiza usando el zoom que permite cambiar de escala y descender a los “barrios sociales” para el reciclaje de este patrimonio urbano y arquitectónico obsoleto en España y Londres. Una cota lírica cierra esta parte al descender hasta las arquitecturas del Magreb vinculadas con Le Corbusier.
La tercera parte, “Patrimonio: conceptos y metodologías”, comienza con un reflexivo texto de Mar Loren Méndez, discípula de los anteriores, acerca de la fragilidad de los patrimonios emergentes asumiendo la necesidad de entender la arquitectura, culta o popular, en el seno de su realidad social. Este legado exige nuevos enfoques desde su inter territorialidad. Le siguen excelentes aportaciones sobre asuntos que no tienen discusión en Europa, pero que cambian cuando la cultura es otra, como el caso de la restauración del patrimonio en China, o traer a primer plano las casas cuartel –incluyendo un glosario de herramientas digitales o digitalizados–. Rematan esta parte otros capítulos que revelan la fragilidad de ciertos patrimonios, sea desde la vecindad sensible para la regeneración de barriadas periféricas, sea la consideración de las ruinas como entidades propias del paisaje cultural o sea su valoración como un recurso de primer orden.
En su nuevo libro Absolute Beginners, el aclamado arquitecto español Iñaki Ábalos explora formas de innovación en arquitectura. A partir de diversos materiales elaborados durante los veinte años transcurridos desde la publicación de su libro más conocido, La buena vida, Ábalos examina cuestiones centradas en cómo y por qué la creación arquitectónica –al menos la que despierta mayor interés cultural– está fuertemente ligada a la filosofía y al pensamiento, especialmente al ensayo y al aforismo. Nos guía a comprender por qué la innovación –como ocurre en la filosofía– está indisolublemente ligada a una reflexión sobre el pasado y al surgimiento de nuevas formas de apropiarse de viejos problemas.
Absolute Beginners es un ensayo único escrito con esfuerzo y pasión, realizado por el puro placer de componer una obra nueva y compleja y comprender los materiales originales como fragmentos necesarios, sin dejar de estar abierto a ajustes, cambios y puentes entre ellos. Ábalos organiza sus materiales como una pieza musical en una composición cohesiva, para el deleite y la perspicacia de sus lectores.
La historia de Boris Iofan, diseñador del icónico pero no construido Palacio de los Soviets, cuyos edificios llegaron a definir el lenguaje de la arquitectura soviética.
¿Qué haría un arquitecto por tener la oportunidad de construir el edificio más alto del mundo? ¿Qué sacrificaría para seguir con vida en medio de las purgas asesinas de Stalin?
Esta es la primera publicación importante sobre la notable vida y carrera de Boris Iofan (1891-1976), arquitecto estatal de Joseph Stalin. La historia de Iofan es una visión de la problemática relación de todos los arquitectos exitosos con el poder. Iofan, un diseñador talentoso y un comunista comprometido, se convirtió en el arquitecto más célebre de la Unión Soviética después de que Alexei Rykov, el sucesor de Lenin, lo convenciera de regresar a Moscú desde Roma con su aristocrática esposa, Olga Sasso-Ruffo. Iofan estuvo en el corazón de la vida política de la Unión Soviética y su trabajo es clave para comprender su cultura oficial.
Cuando los secuaces de Stalin aplastaron la vanguardia arquitectónica, fue Iofan quien creó el nuevo estilo nacional, desde los grandes proyectos que realizó (incluida la Casa en el Embankment, una megaestructura de 505 viviendas para la élite soviética) hasta proyectos aún más ambiciosos no construidos, en particular el Palacio de los Soviets, un sueño barroco estalinista cuya imagen se reprodujo en toda la Unión Soviética. Su carrera lo llevó a Nueva York y París, y a la destruida ciudad de Stalingrado. Era amigo de Frank Lloyd Wright; rival de Le Corbusier, Walter Gropius y Erich Mendelsohn; y enemigo del arquitecto de Hitler, Albert Speer, cuyo pabellón nazi estaba frente al soviético de Iofan en la Expo de París de 1937. Guardó silencio cuando Stalin ejecutó a sus amigos, incluido Rykov; también sacrificó su propio talento al seguir al pie de la letra las instrucciones del dictador al crear los hitos del régimen.
Generosamente ilustrado, con una amplia gama de material inédito, este libro es una exploración de la arquitectura como instrumento del arte de gobernar. Es una visión de los momentos clave de la política y la cultura del siglo XX desde una perspectiva única, y la historia personal de un individuo notable que fue testigo de muchos de los puntos de inflexión más dramáticos de la historia moderna.
Acerca de la arquitectura recoge, en forma escrita, el relato verbal de cuatro conferencias de Alejandro Lapunzina que fueron parte de un ciclo homónimo organizado por el Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires a través de la Casa Curutchet. Orientadas a un público heterogéneo, fundamentalmente compuesto por estudiantes y docentes de arquitectura, las cuatro conferencias abordaron temas como “La Idea de Arquitectura,” “El Lenguaje de la Arquitectura”, “Narrativa y simbolismo”, y “Poética de la Arquitectura”.
El libro concluye con un breve ensayo en el que Lapunzina presenta algunos de los elementos y fuentes que fueron parte del andamiaje teórico en el que sus conferencias están basadas.
Descripción ¿Cómo deberían ser nuestros edificios? ¿O es más importante su usabilidad que su apariencia?
Paul Guyer sostiene que los objetivos fundamentales de la arquitectura identificados por primera vez por el arquitecto romano Marco Pollio Vitruvio (buena construcción, funcionalidad y atractivo estético) han seguido siendo válidos a pesar de los constantes cambios en las actividades humanas, los materiales y tecnologías de construcción, así como en los estilos artísticos y culturas.
Guyer analiza filósofos y arquitectos a lo largo de la historia, incluidos Alberti, Kant, Ruskin, Wright y Loos, y examina las formas en que sus ideas cobran vida en edificios de todo el mundo. También considera las obras y palabras de arquitectos contemporáneos como Annabelle Selldorf, Herzog y de Meuron y Steven Holl, y muestra que, a pesar de los tiempos y las modas cambiantes, la buena arquitectura sigue siendo algo por lo que vale la pena esforzarse.
Esta nueva serie ofrece perspectivas breves y personales de pensadores expertos sobre temas que todos encontramos en nuestra vida cotidiana.
El libro, un fácsimil de la edición original de 1923, recoge las reflexiones sobre la enseñanza de la Arquitectura (planes de estudio, métodos de enseñanza, etc) de Teodoro Anasagasti (1880-1938). A pesar del tiempo transcurrido conserva actualidad y frescura. Anasagasti pasa revista de forma sistemática a todos los aspectos que inciden en la formación del arquitecto. La obra no sólo tiene un interés histórico -conocer la situación en los años veinte-, sino que en muchos casos, los acertados comentarios y observaciones de Anasagasti tienen todavía hoy plena vigencia.
De acuerdo a lo que publicara Carlos Flores en el nº240 de la revista Arquitectura del COAM, Madrid, enero-febrero de 1983, en conmemoración de los 60 años de la publicación del libro que nos ocupa, Anasagasti, Premio de Roma en 1910, Medalla de Oro en la Exposición Nacional de Madrid del mismo año, Medalla de Oro (junto con Otto Wagner) en la Exposición Internacional de Roma (1911), Catedrático de Proyectos, Académico de Bellas Artes, Presidente de la Sociedad Central de Arquitectos, hábil dibujante, combativo polemista, incansable viajero, arquetipo del profesional inquieto, abierto a todas las corrientes renovadoras, luchador esforzado en causas perdidas de antemano como ésta de la reforma de las enseñanzas de Arquitectura, tras la obtención del Premio de Roma y la realización de los viajes y permanencias en diversos países, inherentes al mismo (Italia, Francia, Bélgica, Holanda, Austria y Alemania), se verá profundamente influido dada su personalidad de talante fundamentalmente abierto y libre.
Así, Anasagasti “se interesará por conocer las obras más destacadas de las vanguardias arquitectónicas, pero asímismo, por bucear en los planes de estudios de unos centros de enseñanza que, a su juicio, eran capaces de proporcionar al alumnado una formación acorde con los nuevos tiempos. (…) Enseñanza de la Arquitectura. Cultura Moderna Técnico-Artística, será la obra que resuma las experiencias y conocimientos obtenidos durante aquellos años de estudio en Europa, reflejando al propio tiempo sus propias ideas y las teorías elaboradas posteriormente sobre el particular. Anasagasti pretenderá una transformación drástica de los programas de enseñanza, eliminando materias y procedimientos anacrónicos mantenidos sólo como consecuencia de apatías y rutinas; también, un nuevo enfoque en las relaciones alumno-profesor, suprimiendo ‘las doctrinas dogmáticas y el apriorismo’ y rechazando la ‘absurda disciplina que obliga a la quietud y al silencio’. Acusadamente posibilista juzgará como lujo inútil la ciencia no necesaria, considerando el plan de estudios de 1914, entonces vigente, como ‘atiborrado de alta ciencia teórica que no encuentra empleo en las funciones ulteriores de la profesión’ (‘Cuando nos encontramos ante la vida se nos pregunta que sabemos hacer’). Los pilares sobre los que basa su ideario reformista serán: Obtención de conocimientos ligados directamente a la realidad (‘Al alumno le atraen las realidades; éstas deberán ser tocadas por él antes de dedicarse a la teoría’). La teoría como una continuación de la práctica o emparedada con ella (‘Para Kant el mejor modo de comprender es el hacer’). Materias, pocas y fundamentales, eliminando todo aquello que no sea absolutamente indispensable (‘Hay que redimir al alumno para que en sus horas libres sea capaz de desarrollar sus propias observaciones. Hay que redimir, también, al profesor’). Educación de la sensibilidad, capacitando al alumno para que descubra por sí mismo la realidad (‘La realidad ha de presentarse siempre ante nosotros como una revelación»). Supresión de toda retórica y engolamiento en los sistemas de enseñanza (‘El saber se ha hecho verbalista y ha llegado a ser opresor»).
Anasagasti sostenía que el arquitecto debería ser un dibujante ‘hábil y exquisito’, puesto que ‘nuestro lenguaje es el dibujo’, y acusaba de ociosos los estudios vigentes en tales materias. (Tiene al lavado por inútil nadería y piensa que ‘proyectando se aprende a dibujar’). Insistirá repetidamente en la necesaria ‘educación del sentimiento’ que, a su juicio, se encuentra por encima de la razón, (‘sin sentimiento no es posible crear obras de arte’) enfoque romántico que no le impedirá, sin embargo, valorar las obras de ingeniería más destacadas a las que otorga una indiscutible potencialidad plástica considerándolas ‘tan bellas como los productos más refinados de la imaginación artística’. Juzga condición esencial que los proyectos dejen de ser escenográficos, ‘como fantasmas arquitectónicos’, deficiencia que será superada una vez que el control de cada proyecto, a lo largo de su desarrollo, sea compartido por profesores de disciplinas técnicas -construcción, resistencia de materiales, salubridad, etc.- en lugar de abandonarse en exclusiva al profesor de composición. El alumno deberá conocer cuanto antes lo que, en términos reales, representa el ejercicio cotidiano y normal de la profesión (‘No al final de los estudios sino desde el primer día de la primera asignatura deben abrirse las puertas de las clases, llevando a los alumnos a los laboratorios, a los talleres y a las obras’).
Tampoco dejará de insistir Anasagasti en la necesidad de una íntima e ineludible colaboración entre arquitectos, pintores y escultores -lo que resulta lógico en un seguidor entusiasta de la Secesión vienesa- colaboración que debería ser iniciada desde los años escolares abogando por una localización de tales enseñanzas dentro del mismo edificio. Los viajes, como medio idóneo de ampliar el horizonte vital y artístico del alumno, constituyen otro de los temas favoritos en los que el autor insistirá una y otra vez a lo largo de su ensayo.
El capítulo final incluye una serie de recomendaciones, agrupadas por temas, entre las que no faltan las referentes a las personas que deberían ser elegidas para las comisiones que estudien y redacten los nuevos planes, comisiones que según Anasagasti estarían integradas por el director, tres profesores y dos estudiantes de cada una de las escuelas de Madrid y Barcelona, dos profesores de academias de preparación de arquitectura y un arquitecto del máximo prestigio. En 42 puntos, divididos en secciones como principios generales, prácticas, laboratorios y talleres, viajes, pensiones y ampliación de estudios, preparación, matemáticas, construcción, dibujo, proyectos, etc., se va exponiendo un cuerpo de doctrina de validez general muchos de cuyos apartados encontrarían plena vigencia aún en nuestros días. Este libro, de propaganda y combate, como su autor lo califica, insólito en el panorama español de su época -y de muchas épocas- no hallaría la respuesta que su importancia e interés exigían; considerado hoy, se nos ofrece como un conjunto de sugerencias e ideas, libres de cualquier dogmatismo, aprovechables en buena parte y siempre estimulantes y vivas. El libro constituye también el mejor documento a nuestro alcance para descubrir la mentalidad del arquitecto, no siempre reconocible a través de una obra sobre la que gravitan influencias y contingencias de cada momento y en la que se superponen o suceden alternativas tan distintas como las procedentes de las influencias secessionistas y el Art Deco francés, de las tendencias casticistas e historicistas, de la ‘sinceridad estructuralista’ próxima ala estética del ingeniero, o de los planteamientos de L’Ecole de Beaux Arts, cuando no aparece teñida por el romanticismo más melancólico como ocurre en aquellos proyectos de Ciudad del Silencio o de Cementerio Ideal que le otorgarían amplia fama en plena juventud”.
ACA
Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.