Un llamado a una forma revisada de política espacial.
Esta antología presenta trabajos sobre culturas de asamblea. Destaca la relevancia de los formatos espaciales descentralizados y de pequeña escala de producción de conocimiento local para la construcción de comunidades y la toma de decisiones políticas integradas en el contexto de la transición socioecológica. Refuerza el papel de la acción individual y colectiva al tiempo que propone la asamblea distribuida y la proximidad como atributos centrales en la producción de la ciudad contemporánea y futura. Hace un llamado a una forma revisada de política espacial.
La trayectoria de investigación en curso de Miessen, Cultures of Assembly, comenzó inicialmente durante una beca GSD de Harvard en colaboración con Joseph Grima, en la que los dos arquitectos investigaron la dimensión sociopolítica del diseño espacial (urbano). Al observar el paisaje cultural y social kuwaití con un interés específico en el fenómeno político-espacial de Diwaniya, esta forma urbana distribuida de asamblea parainstitucional estableció un punto de partida para un cuerpo de investigación a largo plazo.
Diwaniya puede entenderse e interpretarse de múltiples maneras. Más allá de una idea tecnofuturista del progreso, presenta una muestra de una alternativa que intenta imaginar un modelo de ciudad (más) solidaria. A escala de una ciudad, y de hecho de un país pequeño, interroga cómo nosotros, como sociedad, podemos aprender de formatos alternativos de intercambio físico y producirlos, trabajando hacia escenarios realistas de toma de decisiones descentralizada y justicia espacial.
Agonistic Assemblies pregunta: ¿cómo se pueden concebir los espacios, tanto físicos como virtuales, para crear públicos? ¿Cómo se genera la colectividad y la sociedad espacialmente y en términos de política? ¿Cómo “practicamos” la sociedad como una forma corporal y espacial, y cómo esta práctica contribuye a la justicia espacial? ¿Existen entornos espaciales específicos que puedan intensificar estas prácticas? ¿Qué tipo de diseño espacial podemos imaginar como plataformas para el cambio?
El eje central de este proyecto es la reflexión y la representación de las fuerzas impulsoras subyacentes de la construcción de instituciones informales en la interfaz de la política espacial agonística (urbana), en un clima político global que enfrenta lo que Mark Fisher enmarcó célebremente como “realismo capitalista” en conjunción con la transición socioecológica, y al mismo tiempo, podría decirse, una crisis de imaginación.
Este proyecto articula un impulso curatorial hacia la formulación de políticas urbanas en conjunción con la proximidad espacial como herramienta para mediar entre el individuo, el colectivo, el barrio, la ciudad, la política estatal y la sociedad en general. Si entendemos la asamblea como una forma de reunión espacial y la hoguera como el espacio prehistórico de reunión, ¿qué constituye su equivalente contemporáneo?
Colaboradores
Zahra Ali Baba, Ole Bouman, Francelle Cane, Giancarlo De Carlo, Claudia Chwalisz, Kenny Cupers, Anne Davidian, Diane E. Davis, Erhard Eppler, Jesko Fezer, Joseph Grima, Amelie Klein, Charlotte Malterre-Barthes, Florian Malzacher, Markus Miessen, Chantal Mouffe, Gustav Kjær Vad Nielsen, César Reyes Nájera, Dennis Pohl, Patricia Reed, Vera Sac chetti, Nikolaj Schultz, Rahel Süss, Pelin Tan, Roemer Van Toorn, David Mulder Van Der Vegt, Sarah M. Whiting, Mirjam Zadoff
Maneras de dimensionar un bosque reúne por primera vez de forma conjunta una colección de textos seleccionados del arquitecto Andrés Perea. Desde distintas perspectivas y provenientes de tiempos diferentes este conjunto de escritos —muchos de ellos inéditos— nos muestra su modo de entender la creatividad, la pedagogía y el quehacer arquitectónico.
Juntos conforman una urdimbre que, plegándose sobre el mismo terreno una y otra vez, configura nudos, singularidades y conocimiento. Frente a una concepción predecible y lineal de la arquitectura, Andrés propone aquí una concepción boscosa de la misma. No se percibe de una sola vez; por contra debemos internarnos y sumergirnos en los fragmentos del todo perdiéndonos en ellos para empezar a vislumbrar algo y para, lo que es más importante, encontrar los claros, que son los lugares donde aparece un mayor horizonte.
Las múltiples ramas de este conjunto arbóreo están vivas, son relacionales y es necesaria una buena y personal brújula, muchas veces basada en la intuición, otras en la técnica, en la construcción, en la crítica o en la ecología —en ocasiones todas se deben poner en marcha a la vez— para poder navegar la incertidumbre intrínseca de este constructo. Os invitamos, a través de su lectura, a pasear y a dimensionar, junto a Andrés Perea, el territorio vivo de la arquitectura.
Andrés Perea Ortega
Nace en Bogotá en 1940 hijo de padres españoles en el exilio a causa de la Guerra Civil española. Ya en España recibe el título de arquitecto en 1965 y desde entonces no cesó de practicar pedagogía, investigación proyectual y construcción, todas ellas de forma brillante. Su labor docente se extiende en un horizonte temporal de más de cuarenta años y más de una veintena de instituciones internacionales. Su obra ha tenido profundas influencias en la arquitectura española y ha sido reconocida nacional e internacionalmente contando con una extensa lista de proyectos y obras premiados así como publicaciones y exposiciones en marcos como la Bienal de Arquitectura de Venecia. Comprometido con la sostenibilidad fue miembro fundador de la Asociación Sostenibilidad y Arquitectura (ASA).
2013• En el mes de agosto, Editorial Arte, edita bajo la coordinación de la Fundación Celis Cepero y de Moldeados Andinos C.A. el libro Palacio de Miraflores. Visión Histórica de Leo Matiz. Este libro que honra al magnifico fotógrafo Leo Matiz, nacido en Aracataca en 1917 y muerto en Bogotá en 1998, es producto de la gestión de arquitecto Carlos Celis Cepero (1925-2023), amigo muy allegado a Matiz, quien recibió de él en donación un conjunto de fotografías del Palacio de Miraflores, con la expresa solicitud que se publicaran como agradecimiento a Venezuela y su pueblo, por haberlo acogido durante casi 30 años como un ciudadano más. Matiz llega a Caracas en 1950 para trabajar para las revistas Mes Financiero y Económico de Venezuela, Momento, Shell y Farol, así como en la prensa capitalina y en el exterior para el Paris Match, LIFE y Selecciones de Readers Digest. Con su lente capta las edificaciones de la Ciudad Universitaria de Caracas recién terminadas, la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez y la visita de Fidel Castro al país, convirtiéndose en 1961 en el fotógrafo oficial del presidente Rómulo Betancourt y asiduo visitante del Palacio de Miraflores. Su registro fotográfico dejo constancia de años de profundas transformaciones en nuestras ciudades, población, forma de vivir y de la forma como nos relacionamos socialmente.
Imagen de Leo Matiz del Salón Sol del Perú tomada del libro.
El libro Palacio de Miraflores. Visión Histórica de Leo Matiz de 184 páginas, profusamente ilustrado, con textos de Álvaro Pérez Capiello, describe y valora el Palacio, casa de gobierno presidencial venezolana, desde que la ocupara el General Joaquín Crespo.
Vista del Despacho presidencial en el Palacio de Miraflores en una fotografía de Leo Matiz, tomada del libro.
Si existe algo en este mundo que una a Batman, la casa de tus abuelos y el dibujo a mano alzada, eso es sin duda la Arquitectura. Disciplina, técnica y arte por excelencia que consigue trascender a lo largo del tiempo y el espacio, tan necesaria como inevitable y tan bella como compleja. Presente en todo lo que nos rodea y a la vez, ausente en la conciencia de casi todos nosotros.
Por medio de esta serie de artículos nos hemos propuesto explorar algunos conceptos arquitectónicos y su relación con las diferentes facetas de nuestra vida cotidiana, como la ciudad, el cine o incluso nuestro propio hábitat. Intentando romper las barreras invisibles que parecen separar la arquitectura de la sociedad y acercando algunos temas complejos mediante reflexiones breves y cercanas que te harán pensar y observar a tu alrededor a través de una mirada suspicaz y curiosa.
José Moreno Ferre (Almería, 1991)
Arquitecto por la Escuela Politécnica Superior Alfonso X el Sabio de Madrid desde 2015. Su primer encargo (Casas Costacabana. Finalista Premio Arco 2019-2020 junto con Javier Peña), le llevó a la fundación de la oficina de arquitectura med.arquitectos en 2018. Desde entonces, trabaja diseñando, redactando y dirigiendo obras de diferentes escalas y tipologías. Además, sus inquietudes literarias y su pasión por la teoría arquitectónica, le ha llevado a escribir diversos textos críticos en publicaciones como [patio] y Travesias.
Javier Peña Alcalde (Almería, España, 1976).
Arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Granada (ETSAG) desde 2002. Diploma de Estudios Avanzados para suficiencia investigadora. Actualmente desarrolla su actividad profesional como arquitecto en su estudio de Almería, el cual permanece en activo tras tres generaciones de arquitectos. Entre sus múltiples intereses destaca la arquitectura legal, siendo a día de hoy Secretario de la Unión de Arquitectos Peritos y Forenses de España (UAPFE).
2002• Durante la gestión de Alfredo Peña al frente de la Alcaldía del Distrito Metropolitano de Caracas, la Secretaría de Planificación y Ordenación Urbanística de esa institución publica en el mes de diciembre «CARACAS SIEMPRE: un movimiento continuo -territorio fraccionado en busca de integración».
La hermosa y completa publicación busca dejar registro del contenido de la exposición homónima montada el 25 de julio de este mismo año en los espacios de la Estación de Bellas Artes del Metro de Caracas, la cual tuvo «como tema central el proceso y desarrollo de la ciudad en ocasión de celebrarse los 455 años de la fecha de fundación de Caracas».
La cuidada edición estuvo bajo la dirección de Leopoldo Provenzali, con la asistencia de Pablo Souto, textos de Ciro Caraballo, Omar Hernández, Pedro Rivas y Mónica Silva. El guión museográfico fue realizado por Armando Gagliardi y el diseño gráfico por Ana Isabel Reyna.
Cuando el 13 de diciembre de 1962 el Consejo Universitario de la Universidad Central de Venezuela (UCV) aprobó el reglamento de creación el Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE), que ya había sido presentado por el decano Julián Ferris el 31 de julio, y el 31 de enero de 1963 el Consejo de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) sanciona sus normas de funcionamiento y a la vez nombra el Director (Graziano Gasparini) y la Comisión de Trabajo (Oscar Carpio, Julio Ripamonti, Alberto Weibezahn y Carlos Raúl Villanueva), tomaba cuerpo definitivo uno de los primeros espacios de ese tipo instituidos en la UCV y el primero dentro de la FAU.
De esa manera se le daba impulso a una actividad incipiente dentro de esta entidad académica, que el CIHE asumía desde el mismo primer artículo de su normativa en el que se definía como “un organismo destinado fundamentalmente a la investigación y al perfeccionamiento de los métodos de enseñanza”. Ello, como bien señala Hernán Lameda en su Trabajo de Grado dentro de la Maestría en Historia de la Arquitectura titulado “El Boletín del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas. Aportes venezolanos a la historiografía de la arquitectura en Latinoamérica”, “prefigura … que el ente promovido por Villanueva, Gasparini y Posani no debe confinarse a los privilegios de la averiguación histórica. Por el contrario, los integrantes del mismo tienen la obligación de entrar a las aulas para dictar charlas, cátedras y verificar a su vez que estas herramientas sean útiles para los cursantes de pregrado y postgrado”.
1. Imagen con la que el Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas decide identificarse desde su creación: un grabado que representa una imprenta del siglo XVI.
Igualmente, en el artículo 8 de los 9 que conforman su reglamento, el CIHE fijaba el compromiso de publicar “una vez al año un libro titulado ANALES DEL CENTRO DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS Y ESTÉTICAS DE LA FACULTAD DE ARQUITECTURA Y URBANISMO, con el fin de divulgar, en el país y en el extranjero, los resultados de las investigaciones más interesantes realizadas en Venezuela y otros países americanos. La publicación aceptará la colaboración de historiadores, arquitectos, antropólogos, críticos de arte y otros especialistas de la materia histórico-estética”.
Esta declaración que lo emparentaba a la manera como titulaban sus órganos de difusión el Instituto de Investigaciones Estéticas de México y el Instituto de Investigaciones Históricas y Estéticas de Buenos Aires, con los cuales Lameda, además, establece una “incuestionable similitud” con organismos que ya desde las décadas de los 30 y 40 fueron “ideados para investigar y reflexionar sobre la arquitectura colonial latinoamericana”, es la que derivará a la aparición del prestigioso BOLETÍN del CIHE, revista que circuló entre 1964 y 1997 y a la cual dedicamos una nota aparecida en el Contacto FAC nº 192 del 13 de septiembre de 2020 (https://fundaayc.com/2020/09/13/sabia-usted-49/).
2. Portada del nº1 del BOLETÍN del CIHE y de las cuatro publicaciones que con su mismo formato aparecieron a modo de una colección de «investigaciones interesantes realizadas en Venezuela y otros países americanos».
Es dentro del espíritu de divulgar los resultados de “investigaciones interesantes realizadas en Venezuela y otros países americanos” que debe inscribirse la apertura por parte del CIHE de otra línea editorial que permitió la salida, bajo el mismo formato del BOLETÍN, de trabajos como Platón y la evolución de los establecimientos humanos en el mundo helénico de Pedro Lluberes (1966), Colonia Tovar, Tierra venezolana de Leszek Zawisza (1980) y Tipología de la escultura decorativa hispánica en la arquitectura mexicana del siglo XVIII de Ilmar Lucks, (1980), de los cuales Amuay 64. Su gente. Su vivienda de Jeannette Abouhamad y Graziano Gasparini (1966) fue pionero.
El libro de 160 páginas con un tiraje de1200 ejemplares impreso en los Talleres Gráficas Ediciones de Arte de Ernesto Armitano, ilustrado con fotografías tomadas por Graziano Gasparini, ya ofrece desde su título varias pistas sobre el contenido que alberga. Por un lado, identifica el objeto de estudio al cual se dedica: Amuay, pueblo apacible de pescadores ubicado en el municipio Los Taques, en la península de Paraguaná, en el estado Falcón poseedor de una hermosa bahía natural, cerca del cual a partir de 1947 la Creole Petroleum Corporation inicia los movimientos de tierra e instalación de equipos que conducen finalmente, el 3 de enero de 1950, a la inauguración de una enorme Refinería; y, por el otro, el año en el cual se lleva a cabo la aproximación: 1964.
3. Jeannette Abouhamad y Graziano Gasparini .4. Índice de AMUAY 64. Su gente. Su vivienda
También habla del carácter interdisciplinario al que apunta cuando, tras referirse a “su gente” y “su vivienda”, nos presenta los intereses de cada uno de sus autores: Jeannette Abouhamad (1934-1983), antropóloga y socióloga que formó parte de la primera promoción de esa carrera de la Universidad Central de Venezuela e hizo su doctorado en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París; y Graziano Gasparini (1924-2019), arquitecto formado en el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia, quien aunque viajó por primera vez a Venezuela en 1948 y se instala aquí definitivamente a partir de1949 para comenzar a recorrer a fondo el país, fotografiar sus viviendas e iglesias y dedicarse de lleno a la restauración a partir de 1953.
Abouhamad, encargada de realizar la primera y más voluminosa parte del libro, la cual titula “Amuay, un pueblo olvidado”, lleva a cabo un detallado y meticuloso estudio, respaldado en claros procedimientos metodológicos y cifras provenientes de encuestas y entrevistas realizadas en el lugar, que le permiten realizar una radiografía que a su vez derivará en las correspondientes conclusiones y sugerencias.
5. Dos páginas de “Amuay, un pueblo olvidado”, primera parte del libro.
“Este trabajo no corresponde a la categoría de investigaciones orientadas hacia problemas específicos derivados de marcos teóricos y metodológicos rígidos. Hemos perseguido, por el contrario, poner a funcionar conjuntamente varias teorías y conceptos socioantropológicos, con la finalidad de acercarnos al hombre y a su quehacer tan abiertos de mente como es posible, sin, por ello, desperdigarse en la flexibilidad. Algunos aspectos, por su misma esencia intrínseca, han sido manejados en forma fundamentalmente descriptiva y mediante análisis cualitativos. Otros, en cambio, se han prestado a enfoques analíticos y asociativos de variables operacionales cuantificables”, afirmará la autora.
6. Dos páginas de “Amuay, un pueblo olvidado”, primera parte del libro.
Acerca del por qué se elige a Amuay (que en lenguaje caquetío significa «Región de los vientos y de las aguas encontradas») como centro de atención, Abouhamad explica cómo dentro de la condición de Venezuela como “sociedad transicional plena de asincronías” propias del tránsito de una condición tradicional a una industrial, que se “manifiestan en todas las dimensiones del mundo sociocultural”, cuyos “cambios o modificaciones estructurales no se producen a igual dirección y velocidad entre sus sectores o partes componentes”, Paraguaná, y en particular el caserío de Amuay, ofrecen un marco idóneo para llevar a cabo una indagación que permita corroborar tales apreciaciones. Comunidad “sedienta de pan, de agua, de vida” que basa su actividad económica en la pesca no tecnificada “la cual sólo circunstancialmente le proporciona a los habitantes sus medios de subsistencia”, el poblado se ubica a diez kilómetros de la refinería petrolera “expresión más lograda del maquinismo industrial, engranaje automático que ha transformado al hombre de productor de energía en conductor de fuerzas, con procedimientos tecnológicos complicados que reemplazan el trabajo humano”.
7. Dos páginas de “Amuay, un pueblo olvidado”, primera parte del libro.
En resumen, para Abouhamad, “Amuay representa dentro del continuum tipológico de las asincrónicas comunidades de nuestra sociedad global, un ejemplo fáctico de tradicionalidad. Refleja, además, la coexistencia de formas de vida contrastantes de grupos vecinalmente accesibles y, en sí misma, presenta asincronías institucionales motivadoras, en parte, de problemas económicos y sociales”.
El trabajo de Abouhamad permite repasar a través de las partes que lo constituyen “La situación”, “Aspectos económicos”, “Los sectores económicos y sociales”, “La familia de Amuay”, “La vivienda”, “La educación”, “Lo político de Amuay” y “Lo religioso” antes de llegar a las ya señaladas “Conclusiones y sugerencias”.
8. Cuatro páginas de la segunda parte del libro dedicadas a “La vivienda en Paraguaná”.
Gasparini, de su lado, estructura la segunda parte del libro, que tituló “La vivienda en Paraguaná”, con un enfoque más historiográfico que mira hacia las razones del porqué se construye y cómo se construye, centrándose fundamentalmente en el contexto de la península ubicada en la zona más al norte de Venezuela. De tal manera, la población de Amuay, pasa a ser considerada como un subproducto de lo que ha sido el devenir de todo el territorio peninsular. Es así como repasa temas como “Historia y ambiente”, “Las casas en la época colonial”, “Tejas y horcones”, “El techo de torta”, “La vivienda blanca” para, finalmente, llegar a “Amuay” y revisar, dentro de la precariedad y modestia de su arquitectura, cómo se manifiestan algunos de los temas anteriormente tratados.
9. Cuatro páginas de la segunda parte del libro dedicadas a Amuay dentro de “La vivienda en Paraguaná”.
Es así como “el levantamiento del pueblo … dio un total de 209 casas, más otras construcciones para los servicios públicos que no se tomaron en cuenta por no tener carácter de viviendas. El número de casas que debía constituir el núcleo habitado de la Amuay colonial no debió ser superior a las 25 o 20 unidades y todas ellas reunidas alrededor de la iglesia”, comentará Gasparini. De las 209 casas levantadas, “la casi totalidad … no tienen vidrios en las ventanas … sólo el 8,61 por ciento… tienen el techo cubierto con tejas criollas, … el 30,62 por ciento tienen techo de asbesto, mientras que sólo el 8,61 por ciento se cubren con planchas acanaladas de metal” a lo cual Gasparini añade que “la superficie de las láminas de asbesto o aluminio se aprovecha al máximo. De allí la falta de aleros”. Sin embargo, “el porcentaje más alto, entre los sistemas de techumbre lo tienen los techos realizados con materiales de recolección. El 52,16 por ciento de las casas de Amuay tienen ‘techo de torta’” sistema tradicional indígena usado por ser el más económico y no necesariamente el más deseable.
10. Dos libros de carácter interdisciplinario publicados en 1986 donde Graziano Gasparini profundiza en la línea de trabajo iniciada en AMUAY 64. Su gente. Su vivienda.
Gasparini, sin duda, tendrá en este libro, donde la interdisciplinariedad es sólo un enunciado, la primera oportunidad para perfeccionarla y para abrir una línea de trabajo que luego profundizará en las publicaciones Paraguaná. Cambios en el hábitat de una región venezolana con la coautoría de Carlos González Batista y Luise Margolies y Arquitectura popular de Venezuela junto a Luise Margolies ambos de 1986 y editados por Ernesto Armitano Editor.
11. Los tres tomos de Suma del pensar venezolano.
Por otra parte, Roberto Briceño León consideró el texto “Amuay: un pueblo olvidado” de Jeannette Abouhamad como uno de los escritos que debían formar parte del Tomo 1 “Sociedad y cultura” de la Suma del pensar venezolano (Asdrúbal Baptista, José Balza y Ramón Piñango, editores; Fundación Empresas Polar, 2011) y que Briceño englobó tras el título “Casta, raza, clase y estrato: modos de ser distintos los iguales”.
12. Izquierda: La península de Paraguaná al noroeste de Venezuela. Derecha: localización del pueblo de Amuay (izquierda) y la refinería de Amuay (derecha) en el lado occidental de la península.13. Página del libro en la que la hermosa fotografía de Graziano Gasparini lleva por leyenda: «Las dos Amuay: la refinería de Amuay y el pueblo de pescadores de Amuay».
A sesenta años de aquella indagación realizada por Abouhamad y Gasparini y teniéndola como referencia, tal vez valdría la pena preguntarse qué ha sido de una población ubicada en la zona occidental de la península de Paraguaná con una ensenada “que poseía un extraordinario reservorio natural, adornado por numerosos y frondosos manglares y plantas xérofitas”, a la que una refinería petrolera que tomó su nombre fue sustituyéndola paulatinamente en el recuerdo.
ACA
Procedencia de las imágenes
Encabezado, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 13. Jeannette Abouhamad y Graziano Gasparini. AMUAY 64. Su gente. Su vivienda, 1966.
1. Colección Crono Arquitectura Venezuela.
2, 3 y 10. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.