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HOTELES NACIONALES

1. Postal del Gran Hotel Jardín, Maracay (circa 1930)

Hotel Jardín

Maracay, actual capital del estado Aragua, contó con la fortuna de haber sido objeto de un particular aprecio por parte de tres venezolanos que detentaron el poder, dos de ellos durante el siglo XIX y el otro durante el siglo XX. José Antonio Páez y Joaquín Crespo primero y Juan Vicente Gómez después, encontraron en el para entonces pequeño poblado y la región que lo circunda, dada su estratégica ubicación en el centro del país y punto intersección de las ciudades ubicadas en esa región, bondades desde el punto de vista productivo (fértiles tierras y agua permanente), oportunidad donde asentarse o poseer importantes propiedades (continuando con la tradición de los mantuanos caraqueños durante la colonia) y, sobre todo, un lugar que ofrecía indudables ventajas desde el punto de vista geopolítico en la medida en que el control de los Valles de Aragua implicaba en buena medida el control de la Capital de la República. Páez fijará su residencia en la hermosa hacienda “La Trinidad” (que había pertenecido al Marqués de Casa León), adquirirá una casona en La Victoria y extendería su dominio en la región a través de propiedades destinadas a la explotación agropecuaria. Crespo, quien siguiendo los pasos de Páez posteriormente se haría también propietario de “La Trinidad” y sus tierras, inicia la paulatina modernización de Maracay y será quien la incorpore a la “época de la máquina” al conectarla en 1894 con Caracas y Valencia a través del ferrocarril.

2. Izquierda: Vista reciente de la Casa de la hacienda «La Trinidad» ubicada del lado este de la avenida Universidad, vía que conecta Maracay con la población de El Limón. Comenzó a construirse en 1740 con el Capitán Nicolás Brito, dueño de las tierras. Posteriormente pasó a ser propiedad, entre otros, del Marqués de Casa León, José Antonio Páez, Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. Derecha: Plano General del Gran Ferrocarril de Venezuela (1894-1966)

Tal y como señala Ciro Caraballo en Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista (1993), “… sería Juan Vicente Gómez el más consecuente de los ilustres pobladores con los que contó Maracay y quien le imprimiría un impulso definitivo al poblado agropecuario. El Benemérito crearía las condiciones para que este poblado alcanzara niveles materiales de vida propias de los más importantes centros urbanos del país, asumiendo en la práctica, desde 1914 hasta 1935, la función de capital político-militar de Venezuela.”

Así, desde la primera vez que visita Gómez la localidad aragüeña (1899) como integrante del ejército restaurador de Cipriano Castro “en su marcha triunfante hacia Caracas”, vio en ella un lugar que, además de prendarlo por sus bondades ambientales, le abrió la oportunidad de “conjugar sus inclinaciones agrarias, con el interés estratégico y el desempeño de sus funciones gubernamentales”, cosa que empezó a poner en práctica desde que asume la Vicepresidencia de la República a través de la adquisición de propiedades rurales y urbanas, y fortaleció una vez que asumió la Presidencia en 1908 o su versión de Comandante General del Ejército desde 1914.

Como dato vinculado al interés generado de parte de Gómez por el estado Aragua y en particular por Maracay, Caraballo apunta cómo “el gasto total del Ministerio de Obras Públicas (MOP) en el estado Aragua durante el período de Castro había sido significativo, en especial en la ciudad de La Victoria, capital del estado hasta 1917. Aún así, en el período castrista esta inversión sólo representó en promedio el 3% de lo invertido por el Estado a nivel nacional. A partir de 1910 el MOP incide con fuerza en el estado Aragua, con partidas orientadas cada vez más al desarrollo urbano de Maracay. Para 1917, momento en que se planifica la mudanza de la capital estatal a dicha ciudad, ya la inversión en Aragua superaba a la efectuada en el Distrito Federal…”. Para el período 1930-31 la inversión del MOP en el estado Aragua alcanza los Bs. 29.013.717,21 llevándose el 43,48% del porcentaje total nacional versus el 12,47% destinado al Distrito Federal. Maracay pasará de 7.017 habitantes en 1919 a 13.359 en 1928. Además, en 1917 Gómez, como paso previo a su conversión en capital del estado Aragua, había logrado poner bajo dicha jurisdicción “una amplia zona costera que hasta entonces había pertenecido al estado Carabobo, la cual incluía las poblaciones de Ocumare de la Costa, Cata y Turiamo”, previa inauguración en 1916 de la Carretera a Ocumare, logrando incorporar el mar a un estado que no tenía contacto con él y con ello reforzar un aspecto estratégico de vital importancia.

3. Lactuario de Maracay (1908). Foto tomada en 1913
4. Izquierda: Planta de Alumbrado Eléctrico, Maracay (1912). Derecha: Fábrica de Papeles Maracay (1913)
5. Telares e Hilanderías Maracay (1927)

La ingente inversión de recursos de que se ve beneficiada Maracay se tradujo en importantes obras públicas en las que Gómez siempre participó donando o vendiendo terrenos a la Nación o como co-propietario de cuanta empresa se fue localizando allí. En 1912 se inauguró el alumbrado de la ciudad y para 1914 se emprende la reforma y ampliación del acueducto cuyas obras dirige Alejandro Chataing. También en 1912 se instala en Maracay el Lactuario, en 1915 la planta de procesamiento de papel y en 1926 se establecen los Telares, tres muestras del acompañamiento que el capital privado brindaba al desarrollo agroindustrial de la región. Para celebrar el Centenario de la Batalla de Carabobo (1921) “se inaugura un edificio para mercado, oficinas para el servicio de correos y telégrafos. Paralelamente a las obras civiles, la ciudad se consolidaba como sede principal de las tropas y equipos militares del país. Las nuevas edificaciones del Cuartel Nacional, con capacidad para 3.000 hombres y la Escuela de Aviación, iniciaban la gestación del nuevo polo urbano al este del viejo centro”.

Dentro de este marco, en el que la obra pública cobra papel protagónico, cuya calidad se ve refrendada por la adscripción al MOP de profesionales de la talla de Ricardo Razetti, Carlos Raúl Villanueva, Carlos Guinand Sandoz o Luis Malaussena, la inversión en Maracay alcanza, como ya vimos, su punto culminante entre 1929 y 1931 lo cual redundará en la construcción de importantes obras y significativas mejoras urbanas, espoleadas por el aprovechamiento de la circunstancia de celebrarse en 1930 el centenario de la muerte del Libertador.

6. Vista aérea del centro de la ciudad de Maracay que abarca desde la Plaza Bolívar (derecha) hasta el sector Los Samanes (izquierda), prouesta de renovación urbana a la que se le dio el nombre de «Ciudad Jardín»
7. Vista aérea de la Plaza Bolívar de Maracay en dirección este-oeste. A la izquierda (costado sur de la plaza) se divisan el antiguo Hotel Jardín y el Teatro de la Ópera; a la derecha (costado norte de la plaza), los cuarteles Bolívar y Sucre; al fondo (costado oeste de la plaza), la Clínica Maracay (hoy conocida como Ambulatorio Urbano Dr. Efraín Abad Armas)

Los planteamientos europeos provenientes de lo que en urbanismo se conoce como “Ciudad Jardín” (apelativo que desde entonces asume Maracay), influyen en la toma de decisiones al momento de dotar a la capital del estado de un imponente espacio público (que se convertiría en la Plaza Bolívar más grande del país) y las edificaciones que lo acompañarían, operación en la que estaría involucrado el Benemérito con el interés de revitalizar un sector al este de la ciudad (conocido como “Los Samanes”, “los Dos Caminos” o “La Barraca”) donde poseía numerosas propiedades. La prolongación del eje de la calle Bolívar (antigua “calle Real”), sobre la que ya se ubicaban los mejores edificios y espacios urbanos de la ciudad, permitió incorporar el sector señalado como objeto de la remodelación general la cual fue denominada como “Ciudad Jardín”. La calle Bolívar se convertiría en el límite norte y la calle Miranda en el límite sur de un rectángulo de 320 metros de longitud por 106 de ancho que en noviembre de 1929, mediante Decreto del Ejecutivo Nacional se convertiría en el corazón del nuevo proyecto. Dividida la plaza en tres lotes cuadrados separados mediante dos vías paseos (hoy en día cerradas al tránsito vehicular), en el del centro se colocó una estatua ecuestre del Libertador vaciada a partir de la existente en Caracas, acompañada del correspondiente kiosko para música. Se sumarían al espacio árboles, flores y fuentes ornamentales junto a un mobiliario urbano que constituyeron “un marco ideal para Bolívar en su centenario y para las nuevas edificaciones que Gómez realizaría en su entorno.”

8. Vista aérea de la Plaza Bolívar de Maracay y su entorno
9. Clínica Maracay (hoy conocido como Ambulatorio Urbano Dr. Efraín Abad Armas). Carlos Guinand Sandoz con la colaboración de Willy Ossott (1930)
10. Hotel Jardín, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930)
11. Club de Deportes, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930)

Bajo la coordinación del ingeniero francés André Potel, quien formaba entonces parte del equipo del MOP, los proyectos de las diferentes edificaciones alrededor de la plaza fueron asignados a profesionales que integraban como personal fijo o colaboraban con dicho Despacho. Al ingeniero Ricardo Razetti le fue asignado el nuevo edificio del cuartel de infantería (que llevaría por nombre “Cuartel Bolívar”), quien apeló para su diseño a duplicar el Cuartel Sucre ubicado en la fachada norte de la plaza (también por él proyectado en 1917 de planta cuadrada de unos 90 metros de lado), utilizando los mismos códigos formales y volumétricos. La entrada al Cuartel Bolívar, que alcanzaría los 176 metros de largo, se alinearía con la estatua ecuestre del Libertador ubicada en el centro de la plaza.

“El lote de la fachada este estaba previsto para la construcción de la catedral, mientras que al oeste … se proyectaba la nueva “Clínica Maracay” (…) y para ello se escogió al arquitecto Carlos Guinand Sandoz. (…) El lote de la fachada sur de la Plaza Bolívar sería destinado a un nuevo edificio para alojamiento de viajeros: el Hotel Jardín, local que durante los últimos años del régimen gomecista actuaría no sólo como hospedaje sino como el más importante espacio político y social de Venezuela”, apuntará Caraballo. Le corresponderá a Carlos Raúl Villanueva realizar el proyecto del Hotel Jardín que ocupará un inmenso lote de 28.600 m2 con 220 metros de frente y también proyectará el Club de Deportes, que se construyó simultáneamente al lado este del hotel en otro lote cuadrado de aproximadamente una hectárea con el que se completaría el frente hacia la plaza.

12. Antiguo Hotel Maracay. Fachada lateral y posterior

Maracay que a partir de 1917, transformada en capital del estado Aragua, ya se había empezado a convertir en importante foco de atracción turística, emprendió en esa fecha la construcción por parte del MOP de una instalación que transformó en hotel la casa “La Magnolia” en el centro de la ciudad. Dos años después se inaugura un segundo edificio hotelero de dos plantas que respondía a los cánones neoclásicos del siglo XIX, el Hotel Maracay, proyectado especialmente para tal fin y ampliado en 1928, llegando a alcanzar los mejores estándares nacionales.

Dada la fecha en que se decide ampliar el Hotel Maracay, todo indicaba que no estaba entre los planes del gomecismo acometer la construcción de una nueva instalación de ese tipo, lo cual logra revertirse a favor del proyecto del Hotel Jardín gracias a la influencia ejercida desde 1928 por el entonces Ministro de Obras Públicas, José Ignacio Cárdenas, quien convence al Benemérito sobre la importancia de contar con una instalación acorde a la imagen moderna de la ciudad, cosa que el Hotel Maracay no ofrecía.

13. Hotel Jardín, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930). Planta baja
14. Hotel Jardín, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930) . Fachada principal (norte) hacia la Plaza Bolívar
15. Hotel Jardín, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930). Izquierda: Vista del acceso desde la Plaza Bolívar. Derecha: Jardines del espacio interior.
16. Hotel Jardín, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930). Vistas del interior
17. Hotel Jardín, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930). Vestíbulo

El proyecto del Hotel Jardín se concluye en 1930 siguiendo para su diseño “los clásicos patrones de composición de la academia de Beaux-Arts parisina, donde Villanueva había obtenido su instrumental teórico profesional. Esa densa formación académica se vio reflejada tanto en las composiciones generales de las plantas y las fachadas como también en los elaborados dibujos y detalles de cada uno de los espacios principales, que realizó siguiendo las pautas de bellas artes, los cuales incluían molduras, ornamentos, carpintería y herrería”, nos dirá Caraballo.

La amplia y detallada descripción que hace el propio Caraballo, complementada por otra de corte más técnico publicada por Luis Polito en el nº 69 (2001) de la revista PUNTO, permiten hacerse una idea muy completa de las variables funcionales, formales y ambientales que lo acompañaron de entre las que no conviene descuidar las correspondientes al contexto donde se ubicó y que colaboró a completar.

Así, sabemos que el Hotel Jardín como conjunto está conformado por un volumen continuo de tres pisos que ofrece un frente urbano homogéneo hacia todo el frente de la Plaza Bolívar, que en planta baja se presentaba como una galería sombreada hacia el exterior y hacia el interior como un corredor de distribución que conducía a las habitaciones operando a la vez como filtro climático; en el segundo piso el edificio reconocía en su fachada los balcones de los dormitorios allí ubicados a los que se accedía por otro fresco corredor interno que funcionaba como expansión y desde donde se podía observar el conjunto de jardines internos y las dependencias públicas del hotel. El tercer piso, solucionado como una cubierta en mansarda, albergaba habitaciones más pequeñas con baños compartidos, a diferencia de los dos primeros niveles donde cada una posee baño privado.

El acceso, alineado con una fuente ubicada entre la primera y segunda zonas en que se divide la Plaza Bolívar, se ofrece como punto central y a la vez eje de simetría en la distribución del volumen que además ocupa el frente de las dos calles laterales, tomando la planta una forma de “E”. En el extremo suroeste se ubicó la zona de servicios (cocina, lavandería, depósitos) y en el sureste el garaje. Sobre el eje que define la entrada se ubican además, de manera secuencial, corredores y escaleras, un pequeño primer patio, uno segundo más amplio que conducía al bar y al salón de baile, siguiendo con el comedor y los amplios jardines arbolados posteriores que se organizarán a modo de patio central, cerrado al fondo por una pared que lo separa de los lotes vecinos. Para Caraballo, “el eje central es la parte más compleja e interesante del diseño de Villanueva, al crearse una sucesión de espacios techados sin cerramientos laterales, conectados entre sí por una secuencia elaborada de corredores y patios, generando una respuesta tropical y una sucesión de ricos espacios, sin precedentes en el país.”

Contaba el hotel con un total de 100 dormitorios distribuidos por igual en las alas que se desarrollan a ambos lados del acceso: 66 de ellos ubicados entre la planta baja y el primer piso y el resto en el tercero. 

El hotel abrió sus puertas el 19 de diciembre de 1930. Para organizar la gran apertura es llamado el conocido empresario nacido en Alsacia, León Becker quien para entonces administraba también el Hotel Miramar de Macuto. Allí Becker “desarrolló sus mejores capacidades como ‘Cheff’ (sic) y ‘Maestro de Ceremonias’, siendo Maracay, como era, el centro del poder nacional y el Hotel Jardín el principal escenario para los actos oficiales”, apuntará Caraballo. En 1933 Becker “quedaría a cargo de la totalidad de la planta hotelera estatal, pasando a convertirse en ‘Director Administrador de los Hoteles Nacionales’, teniendo como único superior inmediato al jefe del Despacho de Turismo”.

18. Hotel Jardín, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930). Patio interior con el hotel en pleno funcionamiento (circa 1940)
19. Hotel Jardín, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930). Foto del año 2015 tomada desde la plaza Bolívar con el edificio pintado en su color original donde se ven las modificaciones incorporadas al convertirlo en sede de la Gobernación del estado Aragua (cerramiento de las columnas de la fachada).

Menos de treinta años funcionó como hotel en manos del Estado la estructura diseñada por Carlos Raúl Villanueva. Tras la muerte de Gómez y la ralentización económica que sufrió Maracay el hotel fue intervenido para modernizarlo en 1939 dotando de sanitarios los dormitorios del tercer piso y construyéndose una siempre esperada piscina. En 1957, una vez que la CONAHOTU abre el nuevo hotel Maracay proyectado por Luis Malaussena con la colaboración de Federico Beckhoff, Klaus Heufer y K.P. Jebens, el Hotel Jardín pasó a ser sede de la gobernación de Aragua y comenzó un proceso creciente de transformación de todos sus espacios, algunos de ellos propiciados por el proyecto de adecuación que le fuese encargado al propio Malaussena. El ejecutivo regional se mantuvo allí hasta el año 2010, cuando se muda al edificio de Corpoindustria.

Como se señala en la página web de IAM Venezuela https://iamvenezuela.com/2018/12/pintan-el-hotel-jardin-de-maracay-sin-el-aval-del-ipc/: “En la gestión de Tareck El Aissami la gobernación anunció que con asesoría de PDVSA La Estancia y del Instituto del Patrimonio Cultural se realizaría una rehabilitación integral de la plaza Bolívar y de la fachada del Hotel Jardín que incluyó friso y pintura, además de la creación del paseo Carlos Escarrá en la calle Miranda. (…) El 29 de diciembre de 2014 el gobernador también anunció la intención de recuperar la edificación para su uso original como hotel, por lo que algunas dependencias gubernamentales que aún funcionaban allí fueron mudadas. (…) Actualmente en el antiguo Hotel Jardín funcionan las sedes del canal del estado Telearagua, la emisora Radio Aragüeña, las oficinas administrativas de Ciudad Maracay, además de una sala situacional que funge de puesto de comando y control del estado. (…) Del regreso de estas instalaciones como hotel ya no se habla”. Sin tener hoy un doliente importante que vele por su salvaguarda, el caer de nuevo en un proceso creciente de deterioro está cantado.

En algún momento de su trabajo Ciro Caraballo afirma lo siguiente: “Para inicios de 1930, el Gobierno Nacional contaba con una naciente red hotelera, iniciada una década antes con el ‘Gran Hotel Termal de los Baños’ de San Juan de los Morros, ampliada en 1928 con la incorporación del ‘Hotel Miramar’ en Macuto y culminada con la inauguración del ‘Hotel Jardín’ en Maracay. A este sistema de hoteles se incorporaría el nuevo ‘Pabellón del Hipódromo’ del Paraíso, en Caracas, el cual si bien no era propiamente un hotel, brindaba una amplia gama de servicios recreativos que estaban en concordancia con la oferta de la red hotelera estatal”. También dentro de esta política se había dado inicio a la construcción del Hotel Rancho Grande en la carretera Maracay-Ocumare de la Costa que atraviesa en parque Henri Pittier. Con esta larga nota dedicada al Hotel Jardín, aunque cerramos nuestra revisión a los que se llamaron los “Hoteles Nacionales” construidos y puestos en funcionamiento durante el gomecismo, dejaremos la puerta abierta para comentar en futuras entregas tanto el “Pabellón del Hipódromo” del Paraíso como la frustrada culminación del Hotel Rancho Grande, responsabilidad ambos del entonces denominado Despacho de Turismo del Ministerio de Fomento.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://www.pinterest.com/pin/384917099383070418/

2. Izquierda: https://urbenaragua.blogspot.com/2011/02/la-casona-de-la-trinidad-un-monumento.html y https://www.wikiwand.com/es/El_Lim%C3%B3n_(Venezuela). Derecha: https://es.wikipedia.org/wiki/Gran_Ferrocarril_de_Venezuela

3. https://es.wikipedia.org/wiki/Lactuario_de_Maracay

4, 5, 9 y 10. Colección Crono Arquitectura Venezuela

6, 7, 8, 15 y 16. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

11, 12, 13 y 14. Ciro Caraballo en Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista (1993)

17. https://www.pinterest.com/pin/789607747145275736/

18. https://twitter.com/arquitecturavzl/status/724451054474108929

19. https://iamvenezuela.com/2018/12/pintan-el-hotel-jardin-de-maracay-sin-el-aval-del-ipc/

¿SABÍA USTED…

… que en 1920, en San Juan de los Morros, abre sus puertas el “Gran Hotel Termal”, primogénito de los hoteles nacionales?

1. Gran Hotel Termal, San Juan de los Morros (circa 1920)

Ciro Caraballo Perichi cuyo libro Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista (1993) hemos comentado y utilizado en diversas ocasiones en este boletín, se ocupa de otorgarle un importante espacio a la relación entre las “termas de salud” y la aparición en torno a ellas de lugares destinados al alojamiento que, traducidos en muchos casos en grandes hoteles, han permitido otorgarle al hidrotermalismo un lugar preponderante dentro del desarrollo del turismo a partir del siglo XIX.

En un primer momento, dentro de la “Introducción”, en el apartado titulado “De la terma de salud a la terma de placer”, Caraballo afirma: “El edificio de alojamiento en los balnearios termales, fue una de las estructuras hoteleras de mayor desarrollo durante el siglo XIX. La facilidad de transporte ferrocarrilero puso al alcance de grandes masas de la población numerosas fuentes hidrotermales y termales, cuyo uso había sido altamente ponderado por sus cualidades sanitarias y curativas desde el siglo XVIII. En términos generales, las edificaciones hoteleras en los grandes centros balnearios respondían a uno de los dos conceptos funcionales vigentes: aquellas que surgían como respuesta a la revitalización de los modelos clásicos del baño termal, casi todas de corte neoclásico; y aquellas que respondían a conceptos naturalistas, cuyas edificaciones seguían la corriente arquitectónica del romanticismo, utilizando para su construcción madera y piedra”.

Dado el importante desarrollo de los centros termales como instalaciones hoteleras durante el siglo XIX y principios del XX, Caraballo amplía sus comentarios llevando a cabo un breve pero sustancioso repaso histórico del tema a partir de la consideración de tres momentos. En el primero de ellos, titulado “Del baño como acto purificante a la terma de placer”, se introduce el valor y papel simbólico que ha tenido el agua a través el tiempo, su utilización como agente purificador asociado muchas veces a ritos religiosos, y la detección de la presencia del baño termal en los más tempranos establecimientos poblados de Egipto, Asia Menor, Japón o Mesoamérica, sin dejar de mencionar que si bien es conocido el uso ritual de termas en la Grecia clásica  “cabe a los romanos el haber llevado el edificio termal a su más alto nivel conocido, sólo comparable con algunas instalaciones otomanas del siglo XVI”.

El segundo momento, que lleva por título “La Ilustración: Racionalidad, salud e hidrotermalismo”, da cuenta del impulso tanto en Inglaterra como en Francia a partir del auge de los postulados del racionalismo y la Ilustración a mediados del siglo XVII de “un movimiento de carácter científico que buscaba el mejoramiento de la salud de los pobladores de las grandes ciudades a través del desarrollo de la higiene”, dándole así cabida al surgimiento de nuevas clases de edificios entre los que encontraban grandes hospitales, cementerios extraurbanos y casas de baños públicos. De estos últimos, aquellos que se ubicaran en el campo y de ser posible próximos a una fuente de agua mineral o termal, mejor. De esta tendencia queda el registro de la aparición de criterios formales y funcionales cuyo punto culminante lo establecería la incorporación de las edificaciones balnearias como tema en los concursos de la Academia de Beaux Arts de París.

Finalmente, llega Caraballo a “La Estación balnearia termal del XIX” como tercer momento en el desarrollo del tema en lo atinente a la aparición establecimientos termales con instalaciones permanentes a partir de la finalización en Europa de las guerras napoleónicas. Durante el siglo XIX tanto en el Viejo Continente como en Norteamérica se pone de moda y a la vez se masifican las visitas periódicas a estos lugares, los cuales cambian su carácter sanitario por el de ambientes de esparcimiento y placer. Caraballo no dudará en afirmar que “los sitios termales abrían … uno de los caminos del turismo contemporáneo”.

En nuestro país, de forma más modesta, se puede apreciar cómo el tema también guarda una particular relevancia hasta el punto de ocupar el segundo capítulo del libro que nos sirve de guía, titulado “Salud y alojamiento: Venezuela siglo XIX”. Sin entrar a profundizar en los diferentes apartados que lo constituyen donde se da cuenta de los “Sitios de temperar: el ferrocarril como medio”, de los “Balnearios de mar y río” y de los “Baños hidroterapéuticos y sitios termales”, si nos detendremos en este último a modo de vínculo con el edificio centenario que ha dado origen a esta nota.

Es interesante apreciar como “desde los inicios mismos del siglo XIX, se suceden estudios sobre los recursos termales en nuestro país”, y cómo más allá de las propiedades curativas que se levantan a modo de inventario en casi todo el territorio “en la Capital de la República aparecieron hacia finales del siglo XIX, los baños públicos de carácter hidroterapéutico, de clara inspiración europea” siendo ejemplos destacados los “Baños del Valle” y las instalaciones de Caño Amarillo. Sin embargo “los centros de esta categoría que captaron la mayor atención desde finales del siglo XIX, y que en el transcurso del siglo XX lograron desarrollarse, al punto que con sus altas y bajas, aún permanecen funcionando en nuestros días son: ‘Las Trincheras’ y ‘San Juan de los Morros’ ”, los cuales contarían con el apoyo para el desarrollo de su infraestructura primero de Guzmán Blanco y luego de Juan Vicente Gómez.

Al comienzo del subcapítulo “Los vapores sulfurosos de Guarume y San Juan”, Caraballo señala: “El territorio actual del Estado Guárico, en las inmediaciones de San Juan de los Morros y del poblado de Parapara, existen dos centros de aguas termales que cobrarán mucha importancia al tener como usuario al General Guzmán Blanco; las aguas termales de Guarume y la fuente de Aguas Hediondas en San Juan de los Morros iniciaban, en 1875, su proceso de equipamiento”. Aunque son las poco conocidas aguas termales de Guarume las que Guzmán llegó a visitar, actuando prácticamente como “conejillo de indias” en cuanto a tratar sus dolencias y, por ende, beneficiarse de los efectos curativos que ellas proporcionaban, su paralelismo en cuanto a apertura al publico y construcción de las primeras instalaciones con las Aguas Hediondas de San Juan es total. Se supone que Guzmán seguramente tuvo oportunidad de llegar hasta el pequeño manantial del que surgen las aguas sulfurosas de la hoy capital de Guárico en su viaje a Parapara y Guarume.

2. Baños Termales. San Juan de los Morros, 1918. Fachada oeste (arriba) y planta (abajo)

Las obras que se realizarían en San Juan, registradas en plano anexo a la Memoria del Ministerio de Obras Públicas (MOP) de 1875, consistirían en “la construcción de un estanque para el almacenamiento de las aguas y tres piletas individuales. Gruesas columnas toscanas sostenían una cubierta en pabellón, siendo esto toda la infraestructura construida entonces. El autor del proyecto fue el ingeniero Antonio María Casano López, mientras  que las obras estuvieron a  cargo del ingeniero Serrano”.

Para 1893 las instalaciones de San Juan estaban abandonadas, situación que se prolongó hasta inicios del siglo XX cuando serían rescatadas “contando con el aval científico de las más altas autoridades termales de Europa” reforzado en 1926 con la visita del Dr. Louis Blanc, médico de las instalaciones balnearias francesas de Aix-les Bains. Sin embargo, ya poco antes de 1920 “la mano paternal del Benemérito llevaría de nuevo el progreso a las aguas sulfurosas de San Juan, con la construcción del ‘Gran Hotel Termal’ ”.

3. Gran Hotel Termal. San Juan de los Morros, 1920. Planta (arriba) y fachada (abajo)

En cuanto al hotel propiamente dicho, se le considera el «primogénito» de una red de “hoteles nacionales” que durante el gobierno de Gómez se desarrollaron en virtud de la importante presencia gubernamental tanto en su construcción como en su funcionamiento. Al “Gran Hotel Termal de los Baños” de San Juan de los Morros se le sumará en 1928 el “Hotel Miramar” en Macuto y culminará con la inauguración en 1930 del “Hotel Jardín” en Maracay. Su desarrollo obedece al nexo que desarrollaría Juan Vicente Gómez con el lugar en el que se encontraban las aguas sulfurosas, donde pasaría largas temporadas en su residencia de “Las Adjuntas” (alrededor de la cual “surgirían suntuosas viviendas vacacionales de los familiares y allegados del Benemérito”), lo que lo llevó, en primer lugar, a ordenar “la refacción completa, a la moderna, del edificio del balneario, captando suficiente agua para cien baños diarios, a fin de que los vecinos y los temporadistas puedan, con todas las comodidades apetecibles, gozar de las saludables aguas…”. Las obras le fueron comisionadas al ingeniero Leonardo Jiménez.

Por su parte, la construcción del “Hotel Termal” complementaría la infraestructura del balneario y estaría asociada a la realización de una carretera pavimentada entre San Juan y Maracay, lugar de residencia permanente de Gómez. Las obras se iniciaron en 1919 y fue concebido como “una gran casa de huéspedes” dentro de la familiar urbanización ocupada por Gómez y su séquito. Su proyecto, como señala Caraballo, muy probablemente fue desarrollado en la Dirección de Edificaciones del MOP, quedando la supervisión a cargo de los ingenieros Rafael Díaz y Guillermo A. Salas, siendo este último quien lo finalizaría.

El hotel fue diseñado inicialmente como una edificación de una planta organizada “alrededor de un patio central rodeado de corredores que permitían el acceso directo a las habitaciones, todas con baño privado, las que distribuidas en dos alas alcanzaban un número cercano a la docena. En el cuerpo central del lado norte se encontraban los salones, los cuales abrían a los corredores externos que servían tanto de terraza-estar como de salón de baile y cinematógrafo en las horas nocturnas. Se enfatizaba la fachada principal mediante una doble escalinata, la cual actuaba como pieza ornamental del conjunto, que permitía a los huéspedes disfrutar de la gran terraza…”. En su lado sur como complemento se ubicaron dos pabellones a doble altura que contendrían el comedor y un salón especial con sus áreas de apoyo: cocina, locales y patio de servicio.

4. Gran Hotel Termal. San Juan de los Morros. 2ª etapa. Planta (arriba) y fachada (abajo)
5. Postal del Gran Hotel Termal. San Juan de los Morros (circa 1920)
6. Fotografía de la 2ª etapa del Gran Hotel Termal (circa 1925)
7. Huéspedes disfrutando de las instalaciones del hotel

Rápidamente las doce habitaciones del hotel inaugurado en 1920 resultaron insuficientes debido a la atracción que ejercían las constantes presencias de Gómez, y ya que las dimensiones de los servicios así lo permitían muy pronto (antes de 1927) se procedió a ampliarlo. “La estructura base se conservó, duplicando las habitaciones en planta baja, las cuales fueron construidas en los antiguos corredores laterales. Otro grupo de habitaciones se realizó en la terraza. El esquema general se mantuvo al construirse de nuevo las galerías laterales, a tiempo que se demolía la escalera, duplicando de esta manera el ancho del corredor delantero, el cual pasó a convertirse en el gran hall del hotel. Las galería se repitieron en el segundo piso, a fin de dar acceso a las habitaciones allí ubicadas; el número total de aposentos fue entonces elevado a un total de treinta”.

Técnicas mixtas caracterizaron la construcción, usándose al comienzo una combinación de techos de madera, caña, brava y tejas (propios del hotel original) que se sustituyeron parcialmente con la ampliación por placas de cemento con malla sobre perfiles metálicos.

En parte, gracias al empuje que trajo para la región la construcción del hotel, San Juan de los Morros es decretada en 1933 capital de estado Guárico (desplazando a la señorial población de Calabozo), decretándose desde el Gobierno la construcción de una serie de obras públicas acordes a tal condición, viviendo la instalación una época dorada en la que se promocionaban muy bien sus bondades como lugar terapéutico y de recreación que si por algo se vieron afectadas fue por la notable diferencia de su ocupación entre las temporadas cuando Gómez lo convertía en su “casa de huéspedes” y el resto el año, y por su lejanía de las redes ferrocarrileras a pesar de los esfuerzos que se realizaban por ofrecer transporte terrestre hasta la estación Cagua del Gran Ferrocarril Alemán. En 1929, en las inmediaciones del hotel se niveló un terreno para que sirviera de pista de aterrizaje acercándolo aún más a distancias antes impensables.

8. Diversas imágenes del estado actual en que se encuentran las instalaciones del hotel

Tras la muerte del Benemérito el 1935 todas las villas y edificaciones que se habían construido a sus alrededores fueron expropiadas y el Hotel Termal comenzó a languidecer pasando por etapas de deterioro y abandono como la que lo caracteriza actualmente. Siendo propiedad el Gobierno Regional se ha convertido, tras sucesivas promesas de rescate sobre su muy golpeada infraestructura, en todo un símbolo de la desidia y la incapacidad como si no se tratase de una obra de interés publico y valor patrimonial.

ACA

Procedencia de las imágenes

1, 2, 3 y 4. Ciro Caraballo Perichi, Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista, 1993

5, 6 y 7. Colección Crono Arquitectura Venezuela

8. https://www.eltubazodigital.com/noticias-de-guarico/guarico-huerfano-de-hotel-termal-a-guarida-de-indigentes-y-malandros/2018/11/27/

LA RED HOTELERA NACIONAL

1. Anuncio publicitario de la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo C.A. (CONAHOTU), creada durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, promocionando las 12 instalaciones que conformaban la Red Hotelera Nacional distribuidas a todo lo largo y ancho del país. Circa 1955.

Hotel Humboldt (y III)

Como ya anunciáramos en nuestra entrega nº 130 del 16-06-2019, con la aproximación al hotel Humboldt en tres tiempos, hemos querido cerrar la elaboración de un total de 17 notas que han buscado constituirse en un repaso de lo que fue una importante y trascendental saga dentro de la historia de la arquitectura nacional, tanto por la calidad de lo realizado como por su constitución en escenario para permitir leer de qué manera se manejaron a través de la temática hotelera asuntos muy vinculados a la representatividad y el carácter nacional, enmarcados dentro de la relación entre tradición y modernidad.
Tal y como apunta Juan Manuel de Ascencao en “Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958″ (trabajo de grado con el que obtuvo el título de Magíster Scientiarum en Historia de la Arquitectura el año 2005), quizás valga la pena recordar que, en rigor, “La Red Hotelera Nacional estará conformada por un conjunto de edificaciones: las estatales heredadas del período de Juan Vicente Gómez, denominadas como ‘Hoteles Nacionales’; las financiadas a través de participaciones accionarias por el Ministerio de Fomento y las realizadas directamente por la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo (CONAHOTU) a mediados de la década de 1950, conjuntamente con las provenientes de las numerosas compañías hoteleras en ‘dificultades’, las cuales serán adjudicadas en función de su importancia, de inversión y ubicación a la cadena estatal”.

De esta manera, cabe aclarar que desde aquí nos hemos dedicado fundamentalmente (salvo una nota preparada en su momento para el hotel Miramar en Macuto, otra para el Tamanaco en Caracas y una tercera para el Cumboto en Puerto Cabello), a describir, comentar y analizar las doce instalaciones con las que la CONAHOTU comenzó a operar en 1955 de las cuales, según se desprende de la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento de 1956, tres ya se encontraban inauguradas (los hoteles Trujillo, Bella Vista y Miranda) y otra prácticamente terminada pero no registrada (el Aguas Calientes), correspondiéndole participar directamente desde la escogencia de los terrenos, asignación y revisión de los proyectos y fiscalización de las obras en las restantes 8, divididas a su vez en dos etapas integradas por los hoteles Maracay, Llano Alto, Prado Río y El Tamá y posteriormente por el Humboldt, Guaicamacuto, Cumanagoto y Moruco.

Hecha la acotación, que por un lado nos abre la oportunidad de dedicarnos más adelante a algunos de los “Hoteles Nacionales” u otros pertenecientes a la “red” cuya participación tuvo carácter mixto (por los cuales la Corporación también tuvo que responder en mayor o menor grado), esta tercera y última entrega dedicada al hotel Humboldt nos facilitará la tarea de cerrar un periplo que, habiendo arrancado con su concepción y realización, nos permitió pasar por sus “infortunios existenciales” para llegar hoy a repasar aunque sea someramente su indudable “fortuna crítica”.

2. Aviso publicitario anunciando la próxima apertura del hotel Humboldt en marzo de 1957.
3. Portada de la revista Integral 10-11. 1958

Así, consolidado como icono de la ciudad e incorporado a la identidad caraqueña, a pesar de sus crónicas dificultades para operar regularmente, el Humboldt, desde que aparece publicado como proyecto por primera vez en la revista Integral nº 10-11 (1958), atrapó la atención de todos los interesados en conocer la lógica que condujo a su implantación, su racional manera de concebirse, su impecable proceso constructivo y sus indudables cualidades arquitectónicas, de forma tal que para cuando más tarde empiezan a darse ocasiones en las que la obra de Tomás Sanabria pasa a ser objeto de aproximaciones críticas, ya este edificio, pese a ser una obra temprana, marca un lugar determinante, lo que añade consideraciones referidas al talento que afloraba su entonces joven arquitecto y los orígenes de su formación.

4. Carátulas de los catálogos de dos de las exposiciones montadas por la Galería de Arte Nacional vinculadas a la figura de Tomás José Sanabria. Izquierda: “Los signos habitables. Tendencias de la Arquitectura Venezolana Contemporánea” (1984-85). Derecha: “Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra” (1995)

A la espera aún de la aparición dentro de la Colección Sanabria, que construye con encomiable empeño su hija Loly, de la clasificación y catalogación de 115 publicaciones de libros y revistas que presentan entrevistas, eventos participativos o proyectos de la vida profesional del arquitecto desde 1952 hasta 2015, que a su vez permitirán una revisión más exhaustiva, nos adelantaríamos a señalar, dentro de una posible cronología orientada a recoger la manera como el Humboldt es visto tanto como pieza única como dentro de la trayectoria y pensamiento de Sanabria, la muestra “Los signos habitables. Tendencias de la Arquitectura Venezolana Contemporánea” (1984-85), realizada en la Galería de Arte Nacional (GAN), como la primera vez donde se contextualizan ambos hechos. El que haya sido en fechas tan lejanas a la construcción del hotel que se dé esta circunstancia tiene que ver, sin duda, con el desarrollo a partir de los años 80 y muy particularmente de los 90 de un verdadero interés por documentar y exponer los valores fundamentales de nuestros más relevantes arquitectos pertenecientes a una generación posterior a la de Carlos Raúl Villanueva, de entre los cuales Sanabria ocupa un lugar prominente, William Niño Araque su divulgador más importante y el Humboldt la más clara manifestación de lo insuficientes que son los efectos de la naturaleza, la técnica y la sociedad, para determinar o explicar la obra arquitectónica si no entran en juego otras variables que pueden llevarla a ser considerada una obra de arte que trasciende el uso, la construcción o la adecuación al clima.

Diez años más tarde, con motivo del montaje también en la GAN y bajo el liderazgo de Niño Araque (acompañado de Mónica Silva, Carmen Araujo y Gipsy Venegas en la curaduría) de la muestra antológica “Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra” (septiembre-noviembre 1995), se develará en toda su amplitud esa relación entre “romanticismo y funcionalidad” que el hotel Humboldt pone en evidencia a los ojos del crítico. Basado en un artículo previo publicado en El Nacional (09-01-1995) titulado “Con cierta ligereza (A propósito del Humboldt y de Marianella)”, luego de haber dedicado buena parte del año 1994 a la revisión de los escrupulosamente ordenados y bien conservados archivos de Sanabria, Niño Araque aboga por la restauración del hotel, y en el catálogo de la exposición repetirá: “En esta empresa, Sanabria supo aprovechar instintivamente las nuevas posibilidades técnicas de la época, en una suerte de visión poética del mundo que le permitió adelantarse a sus coetáneos. (…) A la distancia del tiempo, desde la óptica de la grandeza de su concepción como obra epistemológica, trágica y heroica a la vez, el Hotel Humboldt puede considerarse como una de las obras maestras del siglo XX en Venezuela. En esta arquitectura se expresa la crónica contada de un modo ecléctico y un compromiso con la naturaleza. Su significado puede interpretarse como un dato iconográfico de la ciudad de Caracas, una declaración crítica y caribeña de la modernidad”.

5. Tres artículos aparecidos en la El Nacional en 1995 dedicados a comentar la obra de Tomás José Sanabria y en particular el hotel Humboldt.

Luego de que Niño Araque agotara prácticamente los calificativos posibles donde no dejan de aparecer los de “empresa heroica”, “faro de luz” o “lucernario urbano”, la mencionada exposición también detonó una serie de textos que darían cuenta de otras tantas miradas y preocupaciones con respecto al edificio y arquitecto que tanto nos han ocupado. De tal manera, Federico Vegas en “La Geografía de Sanabria” (El Nacional, 30-10-95) recogerá la importancia que para el proyectista tuvo esa combinación entre arquitecto y piloto que personificaba y su influencia a la hora de observar la ciudad y prefigurar soluciones urbanas, amén de la perspectiva que dicha condición le abriera para visualizar y revisitar su tan amado hotel. Bajo la sombra de una frase por él atesorada dicha por su padre (el arquitecto Martín Vegas Pacheco) “Caracas es una ciudad atacada por sus habitantes y defendida por su topografía”, Vegas, precisará: “He aquí las características del buen piloto y del buen arquitecto: Debe ser clarividente e inconsolable, lúcido y a la vez expuesto a la inconsciencia de la fe. Capaz de reflexiones apasionadas, capaz de mantener estos goces desmesurados en el alma, capaz de enfrentar el drama de la omnipresencia del lugar, el continuo resplandor de lo evidente”, todo ello en clara referencia a Sanabria.

6. Artículo «La corona de la ciudad» de María Fernanda Jaua aparecido en el nº 128 de Arquitectura HOY el sábado 21 de octubre de 1995, en momentos en que se encontraba abierta la exposición “Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra” (septiembre-noviembre 1995)

También, en las fechas en que se encontraba montada la exposición, María Fernanda Jaua publica en Arquitectura HOY “La corona de la ciudad”, texto escrito dos años antes y que se ofrece como respuesta a la pregunta formulada por los editores del semanario: Tomando en cuenta la trayectoria e importancia de la obra de Sanabria ¿qué representa ésta para usted hoy?.

En el escrito, Jaua se enfoca fundamentalmente en la condición icónica del hotel aproximándose gracias al apoyo de autores como Joseph Addison, Burke o Kant a la noción “longiniana” de lo sublime, como fuente de emociones que no serían puramente estéticas sino más bien vinculadas a los sentidos. Se intentaba así darle peso a la idea “revolucionaria” de que “la belleza no estaba en lo tangible sino en lo que se percibía subjetivamente”, temas que fueron ampliamente trabajados por los artistas y arquitectos románticos: los unos pintando “las pasiones y las emociones que les inspiraba la naturaleza” y los otros imaginando “los edificios como los protagonistas de esa naturaleza, las formas puras creadas por el hombre contrastando con la exuberancia y la arbitrariedad de lo natural”, privilegiando (siguiendo a Addison) “la vista hacia la obra y no desde ella”. Herederos de Ledoux, Schinkel o Leo von Klenze, Bruno Taut, Mies van der Rohe o Le Cobusier no hacen otra cosa, al proponer obras como “La corona de la ciudad”, la casa Farnsworth o la Villa Saboya, que subrayar la preeminencia del objeto sobre el lugar, tradición que refleja con toda claridad el hotel Humboldt queriéndonos decir Jaua que Sanabria está muy lejos de ser considerado “un arquitecto interesado, sobre todo, en la eficiencia”.

Si a Federico Vegas, tal y como manifestaba en su artículo, no le hacen gracia los aviones a Hannia Gómez no le atrae para nada el tener que llegar al Humboldt en teleférico sensación entre incómoda y fascinante que describe con lujo de detalles en “Donde las águilas se atreven” (El Nacional, 13-11-95). Buscando maneras que permitan encauzar la recuperación del edificio tratando de explotar su condición de “monumento escénico”, ya duramente golpeado para la época, Gómez exclamará en tono tremendista y claramente premonitorio que nos retrotrae a su congelada situación actual que sigue topándose con dificultades para ponerlo a funcionar: “No discutíamos, pues, sobre los problemas complicadísimos de su restauración, ni de ‘la condición efímera de la materialidad de la obra moderna’ (…) ¡Discutíamos cómo hacer que venga el Aga Khan con la CIGA y haga las inspecciones de esta torre de marfil! ¡Cómo retar a Trump para que saque las cuentas de este resort aparentemente inalcanzable para el bolsillo! ¡Cómo lograr que apuesten a reponerla tan lujuriosamente afocante como fue imaginada y concebida!.”

7. Carátula del libro Hotel Humboldt. Un milagro en el Ávila de Joaquín Marta Sosa, Gregory Vertullo y Federico Prieto (2014)

Para finalizar, no se puede dejar pasar por debajo de la mesa la publicación que apareció paralelamente al último gran esfuerzo de restauración (2012-2018) que se le ha realizado al edificio y el aporte que ofrece para redondear una visión que, trastocada en mito, ha prevalecido en el tiempo. Hotel Humboldt. Un milagro en el Ávila de Joaquín Marta Sosa, Gregory Vertullo y Federico Prieto (Fundavag, 2014), ofrece según la completa reseña que realiza Juan José Pérez Rancel para entrerayas, la oportunidad de encontrarnos con tres visiones muy diferentes del objeto al que se dirige el texto. Por un lado valora su carácter documental lleno de material recopilado y puesto en escena por quien ideó el proyecto editorial, Federico Prieto; en segundo lugar el aporte más descriptivo y “técnico” pero no menos riguroso cargado de imágenes, láminas, fotografías , bocetos y planos que ofrece Gregory Vertullo (con el apoyo del archivo de la Colección Sanabria), a quien correspondió llevar a cabo la más reciente restauración del hotel; y por último el valor poético y “real-maraviloso” del texto preparado por Joaquín Marta Sosa titulado “EL TOTEM DE LA MONTAÑA (Mitos y Leyendas en el Humboldt… con algunas verdades)”, cargado de un “insaciable afán de conjurar símiles y metáforas” en el que Marta Sosa “juega con los documentos, con las entrevistas, con los testimonios y las crónicas, con los mitos y leyendas de los protagonistas que hicieron y vieron hacer el teleférico y el Hotel, cuyo nombre no termina de saberse por qué fue endilgado a aquel tótem”.

Según palabras del propio Pérez Rancel, la aparición del hotel “en la vida física y espiritual de Caracas, es narrada con este libro absolutamente transgenérico: ensayo, crónica, cuento, leyenda, ficción, prosa poética, crítica arquitectónica, historia arquitectónica y urbana, memoria descriptiva, documentación gráfica, fotográfica y cinematográfica, guión de cine, entrevista, testimonio, son algunos de los géneros amalgamados en este exhaustivo volumen, a fin de cuentas un gran poema multimedia. Tenía que ser así un libro que abarca holísticamente las múltiples visiones y disciplinas interconectadas e involucradas en aquella magia hecha realidad pues en El Ávila, la ingeniería se volvió expresión arquitectónica, como testimonia aquí el ingeniero Urreiztieta y el entorno natural se fundió con la arquitectura y el paisajismo artificial, como decidieron Sanabria, Larrazábal y Burle-Marx; el paisaje irrumpió en la arquitectura y ella en él y la ingeniería se volvió espectáculo en medio de riscos, vertientes, cultivos y aldeas. El libro y los dos DVD que lo acompañan, recogen tanta abundancia creativa”. El valor que Pérez Rancel le otorga a Hotel Humboldt. Un milagro en el Ávila como fuente de múltiples lecturas, dada la imagen “poliédrica” que ofrece asociada al “carácter holístico, multidisciplinar, integrador, transgenérico y polisémico” permite contar, tras casi 20 años de haberse abierto la exposición monográfica sobre Sanabria en la GAN, con un documento absolutamente complementario al catálogo entonces realizado y a las repercusiones que tuvo en la prensa, para darnos cuenta de la magnitud de la obra, su trascendencia y el valor que como pieza inigualable posee, conservada gracias a un halo de protección que ha hecho ver periódicamente que vale la pena hacerlo dada su relevancia.

ACA

LA RED HOTELERA NACIONAL

1. Vista general de las instalaciones del hotel Guaicamacuto, Litoral Central

Hotel Guaicamacuto

El Guaicamacuto se distingue entre las instalaciones hoteleras impulsadas por la CONAHOTU, por ser el hotel de mayor capacidad encargado por la Corporación de entre todos los ejecutados, por constituirse en un giro dentro de la producción arquitectónica de su proyectista, Luis Malaussena (1900-1963) y por haber sido el único que no fue inaugurado a tiempo a pesar de haber sido anunciada su terminación para 1957, cosa muy extraña dentro de las obras programadas por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Ubicado en un enclave de excepcional condición paisajística y ambiental, una pequeña península frente al mar Caribe en el sector de Caraballeda, Litoral Central, actual estado Vargas (anteriormente Departamento Vargas del Distrito Federal), su gestación y primeros estudios, según consta en la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento (MF) del año 1953, comienzan a raíz de la inauguración aquel año de la Autopista Caracas-La Guaira, buscándose con urgencia “la construcción de un nuevo hotel que sustituya las funciones que hasta el presente cumplía el ‘Hotel Miramar’, de Macuto, hoy insuficiente, debido al incremento de la población flotante que se desborda hacia el litoral”.

Para 1954, como reza en la correspondiente Memoria y Cuenta del MF, se concluye el anteproyecto de parte del arquitecto Luis Malaussena y “se iniciaron conversaciones con la Oficina Técnica Bernardo Nouel, para el estudio y proyecto de una dársena para embarcaciones deportivas”. También se estima su próxima construcción en la «Urbanización Caribe», y se precisa que “constará, según lo hasta ahora proyectado, de ciento cuarenta (140) habitaciones, previéndose una ampliación de ochenta (80) más; una suite especial, diez (10) apartamientos residenciales; hall de recepción, salas de espera y de estar; locales para agencias de viaje, tiendas, librería, barbería y salón de belleza; bar, fuente de soda, salones especiales, salón de juegos, terrazas cubiertas, piscina y bar anexo y vestuarios; dormitorios para la servidumbre de huéspedes y demás dependencias indispensables a los servicios del hotel, como recepción, gerencia, contabilidad y salones y dormitorios de empleados”. Ese mismo año, destinados para el entonces denominado “Hotel Naiguatá”, se le contratan definitivamente a la Oficina Técnica Bernardo Nouel Ingenieros C.A. “el estudio y proyecto de  las obras de acondicionamiento de una dársena que sirva de abrigo  a embarcaciones deportivas y acondicionamiento de la playa  frente a los terrenos del establecimiento, a un costo de Bs. 73.560,00; se firmaron los contratos de proyecto y supervisión del referido hotel con el doctor Luis Malaussena y la firma ‘Simca’  respectivamente, y la construcción, de las fundaciones del edificio principal y sus anexos lo realiza la Empresa Venezolana de Ingenieros y Construcción S. A. a un costo de Bs. 3.351.050,00”.

2.Versión el plano de conjunto del hotel Guaicamacuto
3. Versión de la planta principal del hotel Guaicamacuto, tomada de los planos originales del proyecto
4. Dibujo isométrico del hotel Guaicamacuto, tomado de los planos originales del proyecto y de fotografías de la obra
5. Versión de la fachada sur-oeste del hotel Guaicamacuto, tomada de los planos originales

El proyecto que adelanta Malaussena permite detectar, sumado al del hotel Maracay y al del Círculo de las Fuerzas Armadas, según resalta Silvia Hernández de Lasala en Malaussena. Arquitectura académica en la Venezuela moderna (1990), “la actitud más alejada de la arquitectura académica de toda su obra, y su lenguaje está más bien ligado a lo que se conoce como estilo internacional”. Dicha actitud, que pudiera asociarse a la ya manifiesta voluntad de asumir el estilo más adecuado al uso de la edificación que se enfrenta, sus características funcionales o los rasgos propios del contexto en que se ubica, debe atribuirse finalmente a “la presencia en el equipo de Luis Malaussena de los tres jóvenes arquitectos alemanes contratados por él para la época en que fueron desarrollados esos proyectos”. Se trata de: Federico Beckoff, Klaus Heufer y Karl Peter Jebens de los cuales los dos primeros posteriormente desarrollarán en Venezuela una prolífica obra.

Otro punto a considerar dentro del carácter y desarrollo final del proyecto del hotel, adelantado dentro de la oficina de Malaussena entre 1953 y 1955, es “la espectacular expansión desarrollada en la época por las grandes cadenas hoteleras internacionales … particularmente… la Hilton, cuyo hotel en Estambul, proyectado por Skidmore, Owings & Merril y Sedad H. Elden, muestra un asombroso parecido en su aspecto al hotel Guaicamacuto”, siendo sus fechas de construcción casi simultáneas.

De lo que se recoge en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (Iván González Viso, María Isabel Peña y Federico Vegas, 2015), “el edificio de siete pisos (…) es resultado de la articulación de tres categorías de volúmenes. La primera, un paralelepípedo rectangular destinado a apartamentos y habitaciones con dos núcleos de circulación ubicados al sur, el cual parece flotar sobre el terreno; la segunda, volúmenes de menor tamaño y altura destinados a servicios, usos sociales o recreacionales, con formas singulares que les otorgan un carácter propio; y la tercera, los corredores cubiertos con losas de concreto y columnas metálicas, que conectan elementos del conjunto y enmarcan visuales del paisaje tropical y del paisajismo interior. Las fachadas, concebidas como una retícula, permiten balcones profundos, protegen la fachada y proporcionan la imagen de un hotel de playa…”

6. Diversas vistas del hotel Macuto Sheraton (antes Guaicamacuto)

Como ya dijésemos, aunque la obra ofrece ser entregada de acuerdo a la Memoria y Cuenta del MF de 1956 “para la próxima etapa”, por problemas surgidos durante el año 1957 que derivaron en la caída de la dictadura en 1958, el hotel todavía en 1960, aunque “sus construcciones e instalaciones principales se encuentran prácticamente terminadas” tiene pendiente la conclusión de sus obras finales las cuales están a cargo del Ministerio de Obras Públicas. Su programa inicial ha sido significativamente incrementado. De la Memoria y Cuenta de 1960 rescatamos que finalmente se construyó sobre un terreno de 85.000 metros cuadrados y cuenta con un área de construcción de 40.000 metros cuadrados siendo considerado como “uno de los más lujosos de la cuenca del Caribe. Sus instalaciones son de primera clase. Tiene 279 habitaciones y 79 apartamientos, una playa artificial de 60.000 metros cuadrados y un puerto propio para ya­tes de gran calado, con capacidad para 50 embarcaciones”. Oficialmente, al ser abierto, la instalación registra un total de 306 habitaciones.

En vista de la cuantiosa inversión que el hotel ya había demandado y tras la búsqueda de su puesta en funcionamiento lo antes posible, en 1960 el Ejecutivo Nacional autorizó a la CONAHOTU “para negociar, con diversas empresas especializadas en hotelería de turismo internacionales, la celebración de un contrato para la administración y operación de dicho establecimiento.  Esta Corporación consideró las proposiciones de 17 firmas internacionales”. Tras el nombramiento de una Comisión evaluadora “integrada por representantes de los Ministerios de Fomento, Hacienda y Obras Públicas y de la Oficina de Coordinación y Planificación de la Presidencia de la República, para que, conjuntamente con el Presidente de la CONAHOTU, estudiara las proposiciones recibidas, a fin de recomendar la firma a la cual habría de adjudicarse el contrato de administración… (se) recomendó celebrar el contrato, para la operación del Hotel Guaicamacuto, con la Sheraton Corporation of America”, quedando establecido entre sus cláusulas que “el hotel tendrá el rango ‘De Luxe’ y la Sheraton deberá mantenerlo y operarlo en ese nivel” y, además, que “con el fin de obtener una mayor eficiencia publicitaria en el exterior, se ha considerado conveniente cambiar el nombre del hotel por uno que tenga más expresión como incentivo turístico en el ambiente internacional. El nuevo nombre incluirá el de la empresa operadora”.

El Guaicamacuto es inaugurado en 1963 y fue conocido entre esa fecha y finales de 1999 (cuando el estado Vargas sufre una inmensa catástrofe natural) como hotel «Macuto Sheraton», viviendo desde su apertura hasta finales de los años 80 su período de mayor esplendor, convirtiéndose en referencia internacional y lugar de disfrute de la ciudadanía, a la que se le permitía el acceso de sus generosas áreas públicas.

7. The Harman Group. Proyecto de rehabilitación, renovación y ampliación del hotel. 2015

Sumido desde 1999, junto al hotel Meliá Caribe (ubicado en el mismo sector), en el más absoluto abandono, empieza a ser objeto de atención por parte del gobierno en 2015, momento en que se le ofrece la oportunidad a The Harman Group (consorcio norteamericano con sede en Filadelfia y Nueva York dedicado a la ingeniería estructural y la planificación de estacionamientos) de realizar un proyecto que contemple la rehabilitación, renovación y ampliación de ambos hoteles. Dicho proyecto propone la incorporación de un centro de convenciones  a tres niveles (que incluye un salón de baile de 1300 m2, un salón de baile junior de 750 m2, cocinas y escaleras), un gran lobby cúbico de vidrio (3800 m2) y una nueva estructura para un estacionamiento. Así, ambas instalaciones sumarían una oferta de 400 habitaciones y recuperarían de nuevo el importante rol que jugaban como promotores de un turismo de alto nivel.

8. Estado de avance de las obras de rehabilitación, renovación y ampliación del hotel a cargo de ABU Project, SL. 2016

Las obras, cuya gerencia de construcción se contrata a la empresa ABU Project, SL (radicada en Palma de Mayorca, España), se inician en noviembre de 2015 y ofrecen un importante empuje hasta diciembre de 2016, cuando, por razones ligadas a falta de continuidad en los pagos y oscuridad en el manejo de los recursos asignados (registradas con lujo de detalles por la prensa local), se paralizan los trabajos ofrecidos a ser terminados para el presente año de 2019 cosa que no ocurrirá. La comunidad de Vargas que tiene cifradas esperanzas en que se reactiven las obras y se genere un importante número de empleos como apoyo al sector turismo, sigue a la espera a que este importante hotel, sembrado en la memoria colectiva sea definitivamente recuperado como símbolo y referencia de la arquitectura del litoral caraqueño.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. Colección Crono Arquitectura Venezuela

2, 3, 4 y 5. Silvia Hernánez de Lasala, MALAUSSENA. Arquitectura académica en la Venezuela moderna, 1990

6. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

7. https://harmangroup.com/projects/hotel-guaicamacuto/

8. https://talcualdigital.com/hoteles-en-el-olvido-dos-decadas-de-promesas-y-dineros-perdidos/ y https://www.eluniversal.com/caracas/20315/para-el-2020-prometen-culminar-restauracion-de-los-hoteles-melia-y-sheraton

LA RED HOTELERA NACIONAL

Hotel Trujillo

Al que hoy se le conoce como “Hotel Country Trujillo”, es la instalación de menos renombre de cuantas formaron parte del grupo emprendido por el Ministerio de Fomento y administrado por la CONAHOTU durante la década de los 50 del siglo XX, entre otras cosas por su localización en la capital del estado menos próspero de los andes venezolanos, por lo limitado de sus servicios y por no haber sido diseñado por un arquitecto de los que para la época ya empezaban a destacar dentro del ejercicio de la profesión, cuya selección mayoritariamente pasó por las manos de Daniel Camejo Octavio.

Conocido como “Hotel Carmona” cuando se daban los primeros pasos dentro de su incorporación al plan hotelero nacional (nombre que se le asignó asociándolo a la calle y sector donde se ubica), se planificó asumiendo los estándares de diseño internacionales de acuerdo a su escala y magnitud y, por su localización estratégica, para formar parte, junto a los hoteles Llano Alto (Barinas), Moruco y Prado del Río (Mérida) y El Tamá y Aguas Calientes (Táchira), del circuito sub-regional andino que ya contaba para aquel entonces con una red de carreteras bastante completa.

Según consta en la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento del año 1953, como resultado de la política emprendida por dicho despacho, “se dio comienzo a la construcción del ‘Hotel Carmona’, de Trujillo, para lo cual el Gobierno Nacional suscribió acciones por un valor de setecientos mil bolívares (Bs. 700.000,00), que junto con lo aportado por el Gobierno del Estado, permitirá que en esta ciudad se construya un hotel digno de ella”.

Su proyecto original estuvo a cargo del arquitecto Oscar Lupi quien lo hace a instancias de la Dirección de Edificios, Departamento de Arquitectura, del Ministerio de Obras Públicas (MOP). Por los problemas resultantes de “las deficiencias arquitectónicas en el sentido hotelero” de la propuesta original y a raíz de la celebración de una reunión con el arquitecto Lupi “para subsanar esas deficiencias, no llegándose a ningún acuerdo pues el mencionado arquitecto pide le sean remunerados sus servicios, y se opondrá dentro del M.O.P. a que sean realizadas allí” (según se recoge en la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento del año 1954), será directamente Fomento, a través de la Asesoría Técnica de Ingeniería, quien encargará al arquitecto del departamento Alberto Chávez, conjuntamente con el ingeniero inspector de la obra, la responsabilidad de hacer las modificaciones necesarias y completar las especificaciones de arquitectura y materiales de construcción en los acabados. Chávez, colombiano graduado en los Estados Unidos, radicado en el país desde inicios de la década de 1950, se dedicará a la docencia del diseño en la Escuela de Arquitectura de la UCV y al ejercicio profesional privado, proyectando un buen grupo de viviendas unifamiliares.

La misma Memoria y Cuenta citada apuntará: “Se da el contrato de la piscina a Inveco. Por atraso de la obra se hacen recomendaciones al Contratista y se elabora un programa de trabajo para que la misma fuese concluida para fines de noviembre de 1954, habiéndose inaugurado en diciembre del mismo año y puesto en servicio en la 2a. quincena de enero del año en curso. Se convoca a una Asamblea para aumentar el capital social de la Compañía en Bs. 700.000,00 y las acciones correspondientes a este aumento son tomadas por el Ministerio de Fomento. (…) En esta misma Asamblea se acordó cambiarle el nombre de Hotel Carmona por el de Trujillo.”

Finalmente el hotel Trujillo es inaugurado el 22 de enero de 1955 formando parte de la primera etapa del plan de establecimiento de la Red Hotelera Nacional impulsada desde la Dirección de Turismo del Ministerio de Fomento. Al momento de su apertura contaba con un área de construcción de 2.950 M2 distribuidos entre un volumen de dos pisos (que contiene las habitaciones) y una planta baja (donde se localizan las áreas sociales y los servicios comunes). Estaba compuesto por 32 habitaciones, 28 dobles (de 44,88 M2 cada una) y 4 suites (de 64,86 M2 ubicadas en los extremos de cada una de las dos plantas); salón de usos múltiples, restaurante, piscina (de aproximadamente treinta metros de largo por quince de ancho), parque infantil, cancha de bolas criollas y jardines, entre otros servicios, y se incluiría en la categoría de “hotel de turismo”. Se encuentra ubicado (como ya se asomó) en la avenida Carmona frente al parque Los Ilustres sobre un terreno de 10.000 M2, de los cuales una parte es en pendiente pudiendo permitir una posible ampliación.

Desde su inauguración sus sencillas áreas lo convertirán en punto de “descanso familiar y de disfrute ambiental…” de la sociedad trujillana. Ello permite detectar, a su escala, un aspecto común a todos los hoteles de la CONAHOTU: la integración a la comunidad donde se encuentra y el ofrecer sus servicios para su amplio disfrute.

Podría decirse que el Trujillo pertenece al grupo de hoteles que se caracterizan por ser edificaciones “en altura”: cuerpo conformado por un paralelepípedo rectangular destinado a las habitaciones, con volúmenes de menores dimensiones de baja altura y variantes de pasillos techados como elementos conectores de dichos volúmenes. Su sencillo esquema organizativo presenta para la resolución de las habitaciones lo que se denomina como “crujía simple” (pasillo de circulación que sirve a las habitaciones dispuestas en un solo lado), el cual permite aprovechar para todas ellas las vistas hacia la ciudad. Su concepción estructural está basada en pórticos y placas de concreto armado con tabiquería de bloques. Contaba con materiales y acabados resistentes y duraderos (pisos de granito en las habitaciones, oficinas y áreas de servicio, baños con cerámica, fuente de soda y su área circundante en cerámica tipo terracota y, en el área de la piscina, cerámica antiresbalante), adaptados a la categoría que le corresponde (tres estrellas) y un nivel de lujo relativamente modesto.

Su ubicación en una zona de clima intermedio (temperado) permite reconocer cómo dicha variable es considerada dentro del diseño. Su orientación franca al norte, hacia donde se ubican los balcones de las habitaciones a modo de retícula horadada en su fachada, responde al acceso y a las visuales largas. La ventilación cruzada se incorpora gracias a su organización en crujía simple y los pasillos de acceso ubicados al sur, relacionados con la piscina, actúan como filtros ante el ruido proveniente de dicho uso.

Junto a los hoteles El Tamá, Cumanagoto y Miranda, el Trujillo fue en su momento incorporado al plan de privatización emprendido por el Fondo de Inversiones de Venezuela a inicios de la década de los años 90 con el objeto de rescatar su antiguo esplendor y ser repotenciado, para lo cual en 1991 se inventarió y elaboró un informe que valoraba su excelente ubicación, buen estado de mantenimiento, funcionalidad y “amplitud de las habitaciones en comparación con instalaciones turísticas afines”.

Hoy, bajo la denominación (como ya señaláramos) de hotel Country Trujillo, tras ser objeto de sucesivas remodelaciones y ampliaciones (se le aumentó un piso al edificio, se le agregó un ascensor y se ampliaron los servicios), hechas sin el debido cuidado, padece de serios problemas de mantenimiento. Cuenta, según consta en páginas dedicadas a promocionarlo, con “52 habitaciones distribuidas en 16 con cama matrimonial, 33 con dos camas y 3 suites. Las habitaciones cuentan con aire acondicionado integral, agua caliente, tv cable, teléfono, nevera ejecutiva, room service. Servicio de restaurant y bar, piscina, áreas verdes, salón ejecutivo (para 120 personas), servicio de tintorería, peluquería, servicio de taxi, parque infantil, ascensor, centro de navegación, mini tienda, salón recreacional, amplio estacionamiento con vigilancia, entre otros”. Además está ubicado a pocos kilómetros del Monumento de la Virgen de la Paz y del Aeropuerto Internacional Antonio Nicolás Briceño de Valera. Sin embargo, algunos de los que lo han visitado recientemente opinan que “debe cerrar para ser renovado”, cuenta con “buenas instalaciones pero deterioradas”, “es un lindo lugar, pero puede mejorar” o el consolador “excelente relación precio-calidad”, dándose siempre a entender que se trata de una muy buena instalación lamentablemente venida a menos.

Nota Esta aproximación al hotel Trujillo ha sido posible en buena medida gracias al apoyo que hemos conseguido en el Trabajo de Grado para obtener el título de Magister Scientarium en Historia de la Arquitectura de la UCV de Juan Manuel De Ascencao De Jesús, titulado “Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958” presentado el año 2005. De allí procede la foto que encabeza esta nota y los dibujos que la acompañan. Las otras imágenes fueron bajadas de internet.

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LA RED HOTELERA NACIONAL

1. Vista general (c.1955)

Hotel Miranda

La Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento del año 1953, recoge lo siguiente: “El proyecto para la construcción del ‘Hotel Miranda’, en la ciudad de Coro, con capacidad para sesenta y seis (66) dormitorios dobles, fue concluido, adelantándose los preparativos para la iniciación de los trabajos de su construcción, cuyo costo se ha estimado, aproximadamente, en dos millones doscientos mil bolívares (Bs. 2.200.000,00)”.

Y en efecto, el mismo año la Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV) dedica la portada y 8 páginas del nº 212 (noviembre) a presentar el “Proyecto de un hotel de turismo en la ciudad de Coro” el cual había sido contratado a la Oficina Técnica Eduardo Arnal (OTEA) -encabezada por el ingeniero Eduardo Arnal- donde a una nota introductoria, en la que se señala por un lado la trascendencia de la concepción por parte dell Ministerio de Fomento de una red hotelera nacional que contará con su apoyo tanto en lo económico como en lo técnico para que se desarrollen “hoteles de turismo” y, por el otro, la largamente sentida necesidad en la ciudad de Coro por contar con una instalación de gran nivel, destinada a sus visitantes, más aún con el auge que se esperaba una vez abiertas “las carreteras pavimentadas a Puerto Cabello y Paraguaná y los desarrollos petroleros en las zonas cercanas a ella, incluyendo las refinerías de Punta Cardón y Punto Fijo”, sigue la descripción de toda una serie de aspectos que permiten su cabal comprensión.

2. Perspectiva del anteproyecto

Así, dentro de los completos «Estudios preliminares» realizados por OTEA, publicados en la Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela, se puede detectar en primer lugar “la definición del tipo de hotel planeado”; en segundo lugar “la elección del sitio para el hotel”; en tercer lugar “la investigación del movimiento de pasajeros en la ciudad de Coro”; en cuarto lugar “la formulación del programa arquitectónico”; en quinto lugar el “presupuesto aproximado y justificación económica de la inversión necesaria”; y, finalmente, una serie de “conclusiones y recomendaciones”.

Cierra la presentación del hotel Miranda en la publicación mostrando la “memoria descriptiva del proyecto” acompañada de los planos correspondientes a plantas, cortes y fachadas, a detalles de puertas y ventanas y al abastecimiento de agua (esquema de ramales), lo cual permite encontrarse con un valioso documento de gran utilidad para hacerse una buena idea de todo un proceso que permitió dar inicio a su construcción el 1-9-54, luego de que el Ministerio de Fomento otorgara, entre las dos firmas que se presentaron a la licitación, la buena pro a la empresa De León & Magdaleno por un monto de Bs. 2.500.475,67, quien tras más de un año de trabajos en los que tuvo que superar diversos problemas técnicos cumplió entregando la obra para su inauguración el 5 de diciembre de 1955 a un costo definitivo de Bs. 5.500.00,00 (como se verá, más del doble de lo originalmente presupuestado).

Podríamos resumir, por tanto, que el hotel Miranda se concibió como una instalación “de 1ª calidad” dotado de todos los servicios y comodidades necesarias para el alojamiento de viajantes de negocios, con suficientes atractivos de recreo para turistas o viajeros en vacaciones que además debía prestar servicios sociales, públicos u oficiales a los residentes de la ciudad de Coro y ofrecer locales comerciales tanto para huéspedes como para vecinos que generarían ingresos adicionales destinados a cubrir la inversión, colaborar en labores de mantenimiento y producir ganancias.

3. Plano de situación dentro de la ciudad
4. Planta baja del conjunto

Su céntrica localización, la cual pasó por un proceso de adquisición de las parcelas vecinas a la originalmente destinada, con el objeto de dar cabida en una manzana mayor al hotel-club que se buscaba hasta alcanzar los 14.300 m2 de terreno, da frente a la Avenida Francisco de Miranda (que conecta con el casco histórico de Coro, donde se ubican en un cuerpo bajo los 12 locales comerciales con estacionamiento al frente), la Avenida del Aeropuerto -hoy Josefa Camejo- (hacia donde se presenta el volumen de tres plantas a doble crujía con orientación norte-sur que contiene las 66 habitaciones -6 suites incluidas- y parte de sus instalaciones de apoyo, retirado suficientemente para lograr el aislamiento necesario que requiere su uso), y la calle Hernández (paralela a la Miranda que junto a la paralela a la del Aeropuerto funciona como calle de servicios). En definitiva el resultado es una edificación de varios cuerpos en “U” articulados que bordean las zonas verdes, recreacionales y deportivas del hotel.

El programa que dio como resultado un área de construcción de 4.220 m2, orientó el desarrollo de un hotel “en varias plantas, destinando la Planta Baja a los servicios comunes del mismo y a los locales comerciales y las plantas superiores a las habitaciones para los huéspedes, lográndose así una eficaz circulación vertical, una mayor intimidad y aislamiento de los dormitorios y utilizando al máximo la orientación más favorable y el aprovechamiento de los vientos dominantes para obtener una ventilación natural adecuada”. Las tres zonas que componen la planta baja (recepción, servicios y comercios) “tienen acceso diferente y son independientes unas de otras, pero están íntimamente ligadas por corredores de circulación que conectan los ambientes relacionados entre sí”.
Llama la atención la consideración de los proyectistas a las variables funcionales de las que destacan el cuidado por lograr el confort ambiental necesario para las zonas destinadas a las habitaciones y las de disfrute social. Así, la memoria descriptiva puntualiza cómo los “locales comerciales sirven a la vez de pantalla, para aislar las zonas de reposo y parque del tránsito intenso de la Avenida (Miranda) y de los rayos directos del sol poniente. La orientación de estos locales condujo a la elección de las paredes pantalla en diente de sierra y al empleo de un alero continuo apoyado en dichas pantallas, para evitar así que el sol penetre en las vidrieras de exhibición y en los locales. Para facilitar su uso por los huéspedes del hotel se proveyeron de entradas y vidrieras adicionales al fondo, conectadas con un pasillo cubierto”, a lo que se suma: “Todas las habitaciones con vista al Norte tienen terrazas individuales techadas defendidas del sol poniente con pantallas racionalmente orientadas. Las habitaciones con vista al Sur, que se pueden ratar (sic) a un precio más reducido para halagar a los viajantes de comercio, no tienen terrazas, pero sus ventanas están defendidas del sol con pantallas y aleros proporcionados especialmente a fin de no permitir a los rayos del sol penetrar por ellas”.

El hotel Miranda aunque quedó fuera del grupo de instalaciones diseñadas por arquitectos destacados o que se abrían paso dentro de la profesión (seleccionados en su mayoría por Daniel Camejo Octavio) y un tanto al margen del reconocimiento que ello implica se constituye, sin embargo, de mano de su ingeniero-proyectista, en una respuesta clara resuelta bajo criterios absolutamente racionales ajustada a un esquema funcionalmente correcto y a los patrones que privaban internacionalmente para el diseño hotelero. También cumplió con las expectativas que la ciudad albergó con su apertura y se constituyó, en uno de las edificaciones que dieron pie a la creación de la CONAHOTU en 1955, luego de que el Ministerio de Fomento detectara que la política hotelera seguida por ellos no daba los resultados que se esperaban. En tal sentido, de la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento de ese año se recoge: “…en base de la experiencia adquirida, se llegó a la conclusión de que era necesario crear una organización capaz de dirigir en forma centralizada y eficaz los hoteles en que tenía participación el Ministerio de Fomento estableciendo al mismo tiempo normas de operación. Por estos motivos, el Ciudadano Ministro resolvió la. creación de la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo, empezando con la fusión de las siguientes compañías: Compañía Anónima Hotel Miranda (Coro); C.A. Hoteles y Turismo de Nueva Esparta, Hotel Bella Vista (Porlamar); y Compañía Anónima Hotel Barinas (Barinas). Para la fecha de la fusión, se encontraban estos tres hoteles en construcción.”

A pesar de las auspiciosas expectativas creadas, en fecha tan temprana como 1960, la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento precisa: “Hotel Miranda. Las operaciones de este hotel se han reducido de manera notable como consecuencia del descenso de las actividades industriales en aquella región. Ha sido el único hotel de la red donde no fue posible rebajar las pérdidas finales, no obstante las rigurosas medidas de reajuste económico ejercidas en dicho establecimiento”.

Más adelante gracias a la inversión pública el Miranda amplió en 20 el número de habitaciones en una nueva ala y mejoró sus instalaciones y servicios lo cual aumentó su área de construcción a 7.196 m2. También fue modificada la forma original de la piscina.
No obstante los esfuerzos hechos, el hotel entra dentro de las instalaciones que en 1991, de manos del Fondo de Inversiones de Venezuela, se busca privatizar con la finalidad de detener el deterioro en el que de nuevo había caído. Lo acompañan el Tamá, el Cumanagoto y el Trujillo.

5. Vista actual desde el acceso
6. Vista actual desde la piscina

Hoy en día se le conoce como hotel Miranda-Coro Cumberland, posee calificación de tres estrellas y forma parte de una cadena que opera varias instalaciones a lo largo del país. Mantiene, por tanto, una actividad constante y a la vez modesta dadas las circunstancias económicas que atraviesa Venezuela pero su privilegiada ubicación, adecuada escala y completa infraestructura aún permiten presagiar tiempos mejores.

Nota Esta aproximación al hotel Miranda ha sido posible en buena medida gracias al apoyo que hemos conseguido en el Trabajo de Grado para obtener el título de Magister Scientarium en Historia de la Arquitectura de la UCV de Juan Manuel De Ascencao De Jesús, titulado “Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958” presentado el año 2005.

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Procedencia de las imágenes

1, 3 y 4. De Ascencao De Jesús, “Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958”, Trabajo de Grado para obtener el título de Magister Scientarium en Historia de la Arquitectura, 2005

2. Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela, nº 212, noviembre 1953

5. https://us.pricetravel.com/hotel-miranda-cumberland/hotel-detail

6. https://www.hotelescumberland.com/contact_mir/