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EL ACERVO EDITORIAL DE LA FAU UCV

1. Portada del nº 5 de la Colección Espacio y Forma, diciembre de 1958

La pintura abstracta

Alejandro Otero

Colección Espacio y Forma

nº 5, diciembre de 1958

Cada vez que nos hemos referido al “Acervo editorial de la FAU UCV” lo hemos hecho con la intención de atenernos a eso que el Diccionario de la RAE define como Conjunto de bienes, especialmente de carácter cultural, que pertenecen a una colectividad”, entendiendo la producción de publicaciones como una de esos bienes que de mejor manera trazan el sentido de pertenencia, en este caso institucional, al que refiere la descripción de la Real Academia.

En tal sentido, cada vez que hemos presentado en estas páginas algún elemento de dicho acervo editorial nos hemos querido referir al numeroso material impreso que dentro de la FAU UCV (camino a cumplir 67 años) ha aparecido dando muestras de su vitalidad. Se trata de iniciativas de diversa índole muchas veces dispersas pero siempre amparadas por algún componente de la estructura académico-administrativa que a lo largo del tiempo le ha servido de soporte. Si bien hemos tenido la inclinación de hablar por lo general de libros, que duda cabe que también las publicaciones periódicas o las que recogen puntualmente la realización de un evento o registran alguna conmemoración, constituyen una muy significativa muestra en la que se depositan textos memorables que, poco a poco, hay que desempolvar y dar a conocer, no sólo por la repercusión que tuvieron en su momento, sino también por la vigencia que aún puedan tener, constituyéndose en piezas referenciales para conocer lo que hemos sido a fin de sentar las bases de lo que seremos.

Desde la aparición en 1962 de La casa colonial venezolana, libro de Graziano Gasparini editado por el Centro de Estudiantes de Arquitectura, el cual tenemos registrado como el primero impreso gracias a los esfuerzos de un ente o grupo de los que conviven dentro de la institución, casi un centenar han sido los productos de ese tipo que han engrosado con el tiempo su memoria impresa. Al Centro de Estudiantes se fueron sumando la División de Extensión Cultural, el Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas, el Decanato, el Centro de Información y Documentación, el Instituto de Urbanismo, el IDEC, la Comisión de Estudios de Postgrado, la Biblioteca, los Sectores de Conocimiento y alguna que otra Unidad Docente, generándose en su conjunto una suerte de desorden que a partir de 2006 se ha buscado unificar a través de la creación del sello Ediciones FAU UCV, iniciándose desde entonces otra historia.  

Quede claro que no nos referimos a las iniciativas editoriales que individualmente han emprendido muchos de nuestros profesores por fuera de la institución con significativo éxito siendo el caso del propio Gasparini y su asociación con Ernesto Armitano el más notable por su cuantía y significado. No obstante, sí incluiríamos dentro del grupo acopiado los resultados provenientes de la búsqueda de apoyo de docentes e investigadores en otros entres dentro de la misma estructura universitaria que han derivado en sendos libros.

Del lado de las publicaciones periódicas o de otra índole, más difíciles de aglutinar dentro de una misma política dadas sus características, e igualmente emprendidas por diferentes instancias dentro de la estructura de la Facultad, nuestro registro apunta a 1957 cuando la División de Extensión Cultural dirigida por Antonio Granados Valdés lanza el nº 1 de la Colección Espacio y Forma, iniciativa destinada a dar salida de forma monográfica a artículos, conferencias, foros o recopilación de textos o documentos que estuviesen vinculados a la labor complementaria de la cual la actividad de extensión es responsable. Desde entonces, pasando por la creación de Punto en 1961 hasta hoy, las revistas editadas en la FAU UCV ofrecen una riquísima fuente de material que poco a poco, debidamente clasificado y jerarquizado puede engrosar eso que insistimos en llamar su acervo editorial.

Hecha la correspondiente introducción nos ha parecido pertinente hoy fijar la mirada en la aparición como nº 5 (diciembre de 1958) de la Colección Espacio y Forma del texto La pintura abstracta de Alejandro Otero (1921-1990), producto como lo fueron los primeros números de dicha colección de una conferencia dictada en el auditorio de la FAU UCV el 18 de julio de 1957, año en que la institución estrenaba su flamante edificio. Se trata de un folleto de 15 páginas impreso por Italgráfica destinado, al igual que el resto de la serie “a la ampliación cultural del alumnado” y “a dotar a los futuros profesionales de la Arquitectura, de una sensibilidad predispuesta para todo lo que es consustancial con los goces del espíritu…”

2. Alejandro Otero en 1960

Otero, nacido en El Manteco, estado Bolívar, reconocido como el primer artista en romper con la tradición figurativa y paisajista del arte venezolano, se forma en la Escuela de Artes Plásticas de Caracas bajo la tutela de Antonio Edmundo Monsanto entre 1939 y 1945, donde fue seducido por la obra de Cezanne la cual analizó y buscó interiorizar. En 1945 viaja por primera vez a París con una beca otorgada por el gobierno francés y el Ministerio de Educación de Venezuela. Allí según se recoge en su biografía publicada en Wikipedia “en 1946 inició la serie de trabajos conocidos como ‘Cafeteras’. La influencia de Picasso y las tendencias gestualistas son evidentes en estas obras que, gradualmente, se despojaron de toda representación hasta transformarse en líneas y estructuras de enorme fuerza expresiva”. A la influencia de Picasso se suma la de Mondrian a favor de la disolución de todo realismo y de la asunción definitiva del abstraccionismo como medio de representación.

Otra etapa importante en su trayectoria se da cuando en 1950 al regresar a París, junto a Pascual Navarro, Mateo Manaure, Carlos González Bogen, Perán Erminy, Rubén Núñez, Narciso Debourg, Dora Hersen, Aimée Battistini y J. R. Guillent Pérez edita, en marzo, la revista Los disidentes, alrededor de la cual se articuló un grupo artístico del mismo nombre. Desde esta publicación, de la cual aparecen sólo cinco números, “propugnaron las tendencias del abstraccionismo, la puesta al día de los artistas venezolanos en París y atacaron los lineamientos académicos de los viejos maestros y las ideas reaccionarias que guiaban las artes plásticas, los salones y los museos en Venezuela”.

En 1952 de vuelta una vez más de París, participa en la experiencia de integración de las artes llevada a cabo en la construcción de la Ciudad Universitaria de Caracas, donde realizó cuatro murales y un vitral para la Facultad de Ingeniería, en 1954; una Policromía para el revestimiento exterior de las fachadas de la Facultad de Farmacia, (1957); y otra Policromía en 1956 para las fachadas este y oeste, núcleo de circulación vertical y cuerpo bajo que alberga la sala de exposiciones y la biblioteca del edificio de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, las cuales se han asociado desde entonces a su identidad visual.

3. Alejandro Otero. Paneles en mosaico y aluminio para el Anfiteatro José Ángel Lamas de Caracas (Concha Acústica de Bello Monte), 1953
4. Alejandro Otero. Izquierda: Mástil reflejante (torre corrugada de aluminio y concreto) para la Estación de Servicio Las Mercedes, Caracas, 1954. Derecha: Policromías de revestimiento de las fachadas oeste y sur de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Ciudad Universitaria de Caracas, 1957
5. Alejandro Otero. Policromías de revestimiento de las fachadas este y sur del cuerpo bajo (sala de exposiciones y biblioteca) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Ciudad Universitaria de Caracas, 1957

Por tanto, la conferencia que Otero dicta en el auditorio de la FAU UCV se inscribe en un momento en el que ya su compromiso con la abstracción es pleno, había realizado un número importante de exposiciones a nivel nacional e internacional y ejecutado una significativa cantidad de intervenciones en obras de arquitectura ubicadas en diferentes zonas de la ciudad, donde quizás la primera haya sido los cinco paneles en mosaico y aluminio para el Anfiteatro José Ángel Lamas de Caracas (Concha Acústica de Bello Monte) de 1953 a solicitud de Inocente Palacios, en dos de cuyos mosaicos ya se aprecian los principios de los «Coloritmos», línea de trabajo que empieza a desarrollar a partir de 1955. Para entonces también se había levantado el mástil reflejante (torre corrugada de aluminio y concreto) para la Estación de Servicio Las Mercedes, Caracas 1954; el panel en mosaico y aluminio, Banco Mercantil y Agrícola, Caracas 1954; el plafón para el Teatro del Este, Caracas 1956; y la policromía de la Unidad Residencial El Paraíso, Caracas 1957. Fresca estaba su interesante y célebre polémica con Miguel Otero Silva a raíz del desacuerdo de Otero con los criterios manejados en la entrega de premios del XVIII Salón Oficial Anual de Arte Venezolano, en 1957, en la que defendía el abstraccionismo y la modernidad contra la opinión de Otero Silva quien se refería al abstraccionismo como una tendencia cuyo “signo es la evasión” y el “frío invernadero de una fórmula repetida”. En este sentido, el texto de Otero que hoy nos ocupa es en buena parte producto de esta polémica y a la vez sumamente ilustrativo de su particular postura.

Así mismo, el hecho de presentarse en el edificio de la UCV donde su impronta era más significativa, comprometía a Alejandro Otero a transmitir a través de la charla de manera didáctica, tal y como lo hizo, ideas claves que permitían comprender lo que se entiende por pintura abstracta buscando aclarar equívocos que se manejaban con frecuencia.

El primer equívoco que enfrenta Otero es el que hace que se repita insistentemente “que el lenguaje de la pintura y la escultura es la figuración y tal insistencia hace que se confundan los objetos utilizados por la figuración con los verdaderos medios fundamentales de expresión”, que no son otros (sea el período o tipo de pintura que sea) que “la línea, los valores y los colores”. Posición que se aclara plenamente cuando en otro momento echa mano de una cita de Maurice Denis, quien a comienzos del siglo XX decía: “Un cuadro, antes de ser un caballo de batalla, una mujer desnuda o cualquier otra anécdota, es esencialmente una superficie plana recubierta de líneas, valores y colores dispuestos en cierto orden”; y con otra de Henri Matisse para quien “una obra de arte debe llevar en sí misma su entera significación y debe imponerse al espectador antes de que conozca el tema.”

Tras explicar la manera como la línea, los valores y los colores hacen acto de presencia en diversos ejemplos de arte moderno, Otero inicia un amplio repaso en busca de explicar lo que es esencial y puramente plástico arrancando su recorrido en el siglo XIX con Ingres, paradigma del artista clásico (o naturalista) que actuaba fundamentalmente desde la imitación literal de la realidad por para pasar de inmediato a Delacroix como primer gran ejemplo de la subversión romántica a los cánones tradicionales. Luego tocará Otero los aportes del impresionismo, Cezanne, Seurat, el fauvismo (Matisse), el cubismo (tanto el analítico como el sintético), Picasso, Delaunay y Kandinsky hasta llegar a Mondrian (quien también pasa de una etapa más tridimensional a otra más sintética, más plana, que rompe con el modo tradicional de organizar el espacio), los cuales son utilizados como las piedras fundacionales de lo que ya para 1936 se consideraba la consolidación del arte abstracto.

6. Alejandro Otero. Coloritmos

Según Otero, “podríamos definir toda esa etapa histórica como una búsqueda en la que se va cumpliendo un continuo y gradual percatarse de que la eficacia de la pintura radica más en la fuerza contenida de sus elementos básicos de expresión y en la manera de asociarlos, relacionarlos, combinarlos, etc., que en el modo en que con esos mismos medios nos acerquemos a una mayor imitación del mundo que nos rodea”. Más adelante, al referirse a la duda acerca de la validez del hábito heredado de pintar, la cual encuentra su culminación cuando nace el arte abstracto, Otero subrayará: “En este momento… la pintura ya no podía basarse en lo anecdótico y circunstancial, así entrañara esa nueva posición una ruptura completa con la tradición. A partir de ese momento la pintura se convierte en un arte de creación, que si no puede existir fuera de la realidad, ya no era la realidad inmediata a la que tenía que referirse. (…) Nuevas perspectivas invalidaban a las que no convenían. Un ajuste entre nuevo y viejo concepto de la realidad se hacía necesario, y ese ajuste entre vieja y nueva pintura también era necesario llevarlo a cabo. (…) Esa purificación de la pintura, esa búsqueda de su realidad esencial no podía cumplirse de otro modo sino rechazando todo aquello que le fuera ajeno y accesorio. Y nada le era más ajeno, nada la mantenía más dependiente y maniatada que la idea de imitación. (…) Insconscientemente al principio, voluntariamente después, según iba haciéndose más cruda la necesidad, la pintura fue buscando su liberación hasta que lo consiguió.”

Ubicándose en su momento, apuntando hacia el futuro y a la evolución que tendrá su propia obra, Otero concluirá su charla de la siguiente manera: “Después, muchas cosas han sucedido sobre el mundo. El dinamismo de lo real se ha vuelto tan vertiginoso que ya no cabe pensar en equilibrio, ni siquiera dinámico. Nos envuelve el movimiento. (…) Estamos a punto de ser consumidos por la energía. ¿Quién dirá la nueva palabra? No se sabe aún, más el hombre no está acobardado ni deshecho. Tenemos fé. El arte cuando menos está libre, como el primer día, antes de que el hombre lo sojuzgara para hacerlo siervo de sus necesidades inmediatas.”

7. Arriba izquierda: Alejandro Otero fotografiado junto al Ala Solar. Arriba derecha: portada del libro Alejandro Otero ante la crítica, 2006. Abajo izquierda: portada del libro Memoria crítica Alejandro Otero: compilación y selección, 2008. Abajo derecha: portada del libro Saludo al siglo XXI, 1989
8. Portada del libro de José Balza sobre Alejandro Otero editado por Armitano, 1977

Otero, como señala José Balza en “Alejandro Otero: la dimensión del vuelo”, texto aparecido en Prodavinci el 6 de agosto de 2020 (https://prodavinci.com/alejandro-otero-la-dimension-del-vuelo/), “una década más tarde, se convierte en escultor de obras monumentales que hoy pueden ser admiradas en países como Colombia, Italia, Estados Unidos, Venezuela, etcétera. A las puertas del Museo del Espacio, en Washington, vibra una de ellas; algunas fueron exhibidas en Venecia; el castillo Sforzesco de Milán acogió en su patio la pieza en homenaje a Da Vinci, que hoy luce en la Olivetti de Ivrea.”

Tampoco dejó Otero de escribir, evocar sus orígenes, polemizar y manifestar su pensamiento y compromiso cívico con la formación, educación y afinamiento de la sensibilidad artística del país. De ello dan fe las publicaciones: El territorio del arte es enigmático (1990) y Saludo al siglo XXI (1989), además de las recopilaciones hechas después de su muerte He vivido por los ojos: correspondencia Alejandro Otero-Alfredo Boulton, 1946-1974,  Sofía Vollmer; Adriana Moreira; Irene Garaboa; Ariel Jiménez, coords. (2001) y Memoria crítica Alejandro Otero: compilación y selección, Douglas Monroy; Luisa Pérez, comp. (2008), obra esta última que, dividida en cuatro partes “Tiempos de cambio (1949-1959)”, “Triunfo de la impostura (1960-1990)”, “Polémicas (1957-1965)” y “Arte poética (1954-1990)”, recoge todos sus escritos de diferente tono y extensión aparecidos en diferentes medios, entre ellos el texto que hoy nos ha permitido elaborar esta nota. José Balza estudioso de la obra de Otero, quien ya en 1977 publica una monografía dedicada al artista guayanés y luego redactará el artículo dedicado a mostrar su trayectoria para el Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Empresas Polar, expresará en el texto ya citado, y con ello cerramos: “Alejandro fue, es y será un hombre del futuro. Y una prueba de eso es que exactamente treinta años después de ausentarse siga entre nosotros, como ocurre hoy.(…) Creo que esto solo es posible cuando se tiene una rara conciencia del presente (estoy seguro de que si él hubiese podido hacerlo, habría fijado en algún material singular cada detalle de su transcurrir. Parecía tener un sentido histórico que en el fondo era la obsesión por detener el presente).(…) Y es posible también, desde luego, cuando la obra creada no solo enriquece su actualidad sino que la atraviesa, y parece venir del futuro”.

ACA

Procedencia de las imágenes

1, 3, 7 y 8. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

2. https://es.wikipedia.org/wiki/Alejandro_Otero

4. Colección Crono Arquitectura Venezuela

5. https://trienal.fau.ucv.ve/

6. https://esferacultural.com/coloritmo-es/13874

EL ACERVO EDITORIAL DE LA FAU UCV

Portada de la 2da edición (2002) de Los hechos de la arquitectura realizada entre la Pontificia Universidad Católica de Chile (Ediciones ARQ) y Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Central de Venezuela

LOS HECHOS DE LA ARQUITECTURA

Fernando Pérez Oyarzun/Alejandro Aravena/José Quintanilla Chala

2da edición

Coeditores: Pontificia Universidad Católica de Chile (Ediciones ARQ)/Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Central de Venezuela

2000 ejemplares

2002

Con el libro Los hechos de la arquitectura Ediciones ARQ, editorial de la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica (PUC) de Chile, abre en 1999 una serie de publicaciones que buscaban dotar al estudiante de arquitectura de una bibliografía que lo acompañara en la comprensión inicial de la disciplina que decidieron profesar. Le siguieron dentro de esta línea, formando una pequeña colección que guardó el mismo formato (21.00 x 17.50 cms.) y similares criterios de diagramación, todos profusamente ilustrados con fotografías, planos, dibujos y láminas a plena página en sepia y blanco y negro: Guillermo Jullian. Obra abierta (2000) de Rodrigo Pérez de Arce; La ciudad no es un hoja en blanco. Hechos del urbanismo (2000) de Josep Parcerisa y María Rubert de Ventós; y El lugar de la arquitectura (2002) y Material de arquitectura (2003) teniendo ambos a Alejandro Aravena como editor.

Primeros cinco números de la Colección Teoría y Obra de Ediciones ARQ. De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Los hechos de la arquitectura (1999), Guillermo Jullian. Obra abierta (2000), La ciudad no es un hoja en blanco. Hechos del urbanismo (2000), El lugar de la arquitectura (2002) y Material de arquitectura (2003)

Vale la pena acotar que Ediciones ARQ nace en 1980 a partir de la revista ARQ, primera publicación periódica de arquitectura en castellano en ser acreditada con la categoría ISI (siglas del Institute for Scientific Information, hoy conocida como Web of Science o WoS). Desde entonces ARQ se ha publicado regularmente, alcanzando su actual ritmo cuatrimestral en 1995. Nueve años después de la fundación de la revista se publicó el primer libro editado por ARQ, iniciando una producción que hoy alcanza más de 100 títulos dedicados a la arquitectura y el urbanismo. Por tanto, Los hechos de la arquitectura, sin ser la primera, si se constituye en una de las apuestas editoriales pioneras de Ediciones ARQ para lo cual contó con el sólido trabajo del equipo conformado por Fernando Pérez Oyarzun, Alejandro Aravena y José Quintanilla Chala todos profesores de la Escuela de Arquitectura de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos (FADEU) -antigua Facultad de Arquitectura y Bellas Artes- de la PUC de Chile.
Tal y como se recoge en el texto preparado por los editores:Este libro está destinado en primer lugar a estudiantes y profesores de arquitectura y, en segunda instancia, a profesionales y personas interesadas. En él se propone mostrar los problemas fundamentales que constituyen la materia de la arquitectura, asumiendo el punto de vista de la generación y desarrollo del proyecto.

Para ello se recurre en lo fundamental a casos especialmente significativos, que muestran desde diversos ángulos algunos de los problemas que la arquitectura se ha planteado a lo largo de la historia.

Estos casos analizados y descritos en el libro (que incluyen el Panteón de Roma, la Alhambra y el Pabellón de Barcelona, entre otros), cuentan con una cualificada información gráfica y referencias bibliográficas que permiten profundizar su estudio. Los complementan una serie de ensayos introductorios y una breve antología de textos teóricos”.

Por otro lado, Miguel Laborde en la reseña del libro aparecida en El Mercurio el 8 de julio de 2000, rescata el hecho de que los autores hayan incluido al arquitecto chileno Juan Borchers (1910-1975) y su pensamiento dentro de la selección de obras que el libro presenta, para quien “La arquitectura no son los edificios sino la vida”. Ello permite a Alejandro Aravena explicar la exaltación de un arquitecto “capaz de hacer una lectura exhaustiva de la realidad para conciliar forma y vida, y cuyas obras entran en resonancia con la realidad amplificándola e intensificándola, más interesadas en los hechos de los hombres que en los recintos y las formas”.

Páginas interiores de la segunda parte (OBRAS) del libro Los hechos de la arquitectura

Podríamos considerar que el libro está estructurado en tres partes: la primera se encuentra conformada por una “Introducción” y tres “Ensayos”: Ensayo I “Los hechos de la arquitectura” de Alejandro Aravena; Ensayo II “La palabra y la figura” de Fernando Pérez; y Ensayo III “Forma, materia, uso, lugar” también de Fernando Pérez.

La segunda parte la integran las OBRAS que son objeto de estudio, documentación y análisis las cuales son identificadas a través de una sugerente frase que las sintetiza: PARTENÓN, Atenas, Grecia, “La medida de todo arte”; PANTEÓN, Roma, Italia, “La construcción del espacio unánime”; SANTA SOFÍA (Agia Sofia), Estambul, Turquía, “El debate oriental entre planta central y basilical”; CONJUNTO DE PISA, Plaza de los Milagros, Pisa, Italia, “El campo de juego”; CATEDRAL DE CHARTRES, Chartres, Francia, “La piedra y la luz”; ALHAMBRA, Granada, España, “El jardín de las habitaciones que se bifurcan”; ESCALERA BIBLIOTECA LAURENZIANA, Florencia, Italia, “La arquitectura como cuerpo”; IGLESIA DEL REDENTOR, Venecia, Italia, “Gramática y contraluz”; BASÍLICA DE SAN PEDRO, Roma, Italia, “Operación de proyecto”; MONASTERIO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL, España, “Poética de la figura cúbica”; LOS ZÓCALOS DEL ZÓCALO, Ciudad de México, México, “Espacio público: permanencia y cambio”; PALACIO DE VERSALLES, Versalles, Francia, “El dominio del horizonte”; CENOTAFIO A LA MEMORIA DE NEWTON, Proyecto, “Geometría de la inmensidad”; PABELLÓN ALEMÁN, Exposición Universal 1929, Barcelona, España, “Simetría y horizonte”; VILLA SAVOYE, Poissy, Francia , “El paseo y el cubo”; CASA EN LA CASCADA, Pennsylvania, Estados Unidos, “Del paisaje como espectáculo a la naturaleza como orden”; MINISTERIO DE EDUCACIÓN Y SALUD, Río de Janeiro, Brasil, “Una plaza y un palacio de cristal”; COOPERATIVA DE SERVICIOS ELÉCTRICOS, Chillán, Chile, “La física y la carne”; IGLESIA DEL MONASTERIO BENEDICTINO, Santiago de Chile, “Dos cubos de luz”; y YALE CENTER FOR BRITISH ART, Universidad de Yale, Estados Unidos, “El expresivo silencio de la trama”.

La tercera parte titulada LA PALABRA DE LOS ARQUITECTOS congrega, mediante citas y textos escogidos, a: Vitruvio Polión, Marco Lucio; Alberti, León Batista; Laugier, Marc Antoine; Boullée, Etienne-Louis; Ruskin, John; Viollet-Le Duc, Eugéne Emmanuel; Le Corbusier; Mies Van der Rohe, Ludwig; Gropius, Walter; y Kahn, Louis.

Cierra la publicación con la Bibliografía y un Índice Analítico.

Los autores de Los hechos de la arquitectura. De izquierda a derecha: Fernando Pérez Oyarzun, Alejandro Aravena y José Quintanilla Chala

Sobre los autores, brevemente podemos señalar que Fernando Pérez es profesor titular adjunto de la FADEU, se tituló de arquitecto en la PUC de Chile en 1977 y es Doctor Arquitecto de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, UPC, 1981. Ha sido Director de la Escuela (1987-1990), Decano (1990-2000) y una figura clave en las últimas décadas a la hora de posicionar a la teoría y la historia como fundamentos del ejercicio de la arquitectura en Chile, definiendo la relación entre reflexión y práctica como una condición fundamental para generar una producción arquitectónica de calidad.

Alejandro Aravena es profesor asociado de la FADEU, se tituló de arquitecto en la PUC de Chile en 1992 y es Premio Pritzker 2016. En 1993 estudió Historia y Teoría en la IUAV, y grabado en la Accademia di Belle Arti di Venezia. En 1994, estableció su propia oficina, Alejandro Aravena Arquitectos. Desde 2000 hasta 2005, fue profesor en la Universidad de Harvard, donde fundó ELEMENTAL junto con Andres Iacobelli. En 2010 fue nombrado miembro internacional del Royal Institute of British Architects e identificado como uno de los 20 nuevos héroes del mundo por la revista Monocle.

José Quintanilla al igual que Aravena es profesor asociado de la FADEU, se tituló de arquitecto en la PUC de Chile en 1993 y es Doctor Arquitecto de la Universidad Politécnica de Cataluña, 2004. Desde 2010 ejerce la docencia en la Escuela de Arquitectura de la PUC de Chile donde tiene a cargo cursos de Teoría y de Proyectos. Ha sido profesor invitado en diferentes universidades latinoamericanas y españolas y ha ejercido con éxito la profesión habiendo obtenido diferentes distinciones.

Portada y contraportada de la tercera edición (2007) de Los hechos de la arquitectura asumida por Ediciones ARQ

Desde su aparición en 1999 Los hechos de la arquitectura se convirtió rápidamente en libro de referencia y de orientación para los interesados en iniciarse dentro de la historia y la teoría de la arquitectura hasta el punto de agotar su primera edición en dos años. En ese momento, gracias a las excelentes relaciones que se habían establecido entre las escuelas de arquitectura de la PUC de Chile y la Universidad Central de Venezuela (UCV), por iniciativa del profesor José Rosas Vera (en aquel momento Director de la Escuela de Arquitectura de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo -FAU- de la UCV) y con el aval del Consejo Editorial de Ediciones ARQ encabezado por la profesora Montserrat Palmer (quien a su vez era la Decana de la Facultad de Arquitectura de la PUC de Chile), se propone emprender en conjunto la segunda edición con un tiraje de 2000 ejemplares. En ella, además de incluirse los sellos distintivos de ambas instituciones, se incorpora una presentación integrada por textos de los directores de ambas escuelas (Juan José Ugarte de la PUC de Chile y José Rosas Vera de la UCV) y del entonces decano de la FAU UCV, Azier Calvo Albizu, en los que se valoraba la importancia de la alianza lograda (inédita dentro de la historia editorial de la FAU UCV) en torno a una publicación de gran significado y calidad que inmediatamente se convirtió en libro de texto de la asignatura Teoría de la Arquitectura. A esta segunda edición de 2002 (cuya portada colocamos para encabezar la nota) se le añadieron diez páginas, que sumadas a las 298 de la primera de 1999 alcanzó en total las 308. El resto de la impresión se mantuvo sin alteraciones. El haberse lanzado en dos escuelas y países distintos a la vez hizo que el resultado de esta excepcional sociedad PUCChile-UCV se agotara rápidamente obligando a Ediciones ARQ a llevar adelante una nueva reimpresión (la tercera) en el año 2007.

A modo de cierre de esta reseña bien vale rescatar parte de las palabras con que los autores introducen el libro que nos ha ocupado: «Es posible afirmar que Los hechos de la Arquitectura emerge como un texto fundacional en nuestra tarea de formar arquitectos, especialmente en lo que atañe al arranque del aprendizaje de la disciplina y en la implantación de contenidos de diversos planes de estudio en nuestro continente. Nuestra misión académica, radica por tanto en preparar al estudiante para develar y aprehender el espacio en que el hombre vive, entender la génesis de ese espacio habitado, sus modos, costumbres y ritos, de modo que su comprensión critica les posibilite la creación de uno nuevo. Entender entonces, desde el inicio de la carrera, a través de casos especialmente significativos de la arquitectura -contando para ello con un marco teórico que posibilite reflexionar, cómo se genera la arquitectura y de que modos se produce la actividad especifica del arquitecto- permitirá potenciar un conocimiento del edificio en tanto solución concreta, materia, uso y lugar, en simultáneo con un conocimiento de los problemas arquitectónicos que en esta obra la disciplina se plantee.»

ACA

EL ACERVO EDITORIAL DE LA FAU UCV

PABELLON DE VENEZUELA EXPO ’92 SEVILLA.

Una aplicación de estructuras transformables

IDEC – FAU – UCV

Ana Isabel Loreto (coord.)

Corporación Venezolana de Guayana y sus Empresas Filiales (patrocinador)

Altair Publicidad (promotor)

1993

La posibilidad de ejecutar el proyecto ganador del concurso para el Pabellón de Venezuela en ExpoSevilla’92 permitió a los arquitectos Henrique Hernández, Ralph Erminy y Marcel Erminy y su equipo, donde destacan en el diseño estructural Waclaw Zalewski y Carlos Henrique Hernández, experimentar dentro de la línea de investigación sobre estructuras transformables desarrollada en el IDEC, contando en este caso con el aluminio como material fundamental. También representó una importante oportunidad para poner en evidencia las capacidades profesionales e industriales existentes en el país a la hora de realizar una obra de gran significación y trascendencia. En tal sentido se destaca, por una parte, la capacidad de la arquitectura venezolana al proponer una edificación atractiva y funcional integradora de proposiciones plásticas con gran impacto innovador. Por la otra, el aporte a la ingeniería estructural en la realización de la estructura transformable más grande del mundo para el momento. La publicación que hoy nos ocupa recoge en una impecable edición los resultados de esta histórica experiencia.

El concurso del que surgió la selección de los proyectistas del Pabellón, cuyo veredicto se dio a conocer el 25 de junio de 1990, fue convocado por invitación, solicitándose al jurado integrado por los arquitectos Tomás José Sanabria (Presidente), Pablo Lasala, Emile Vestuti, Henrique Vera y Juan Pedro Posani (Curador), la escogencia de un solo ganador. Las dificultades que debió afrontar el grupo evaluador dada la calidad de las ochos propuestas presentadas por Domingo Álvarez, Jorge Castillo, Gorka Dorronsoro, Enrique Larrañaga, Juan Carlos Parilli, Jesús Tenreiro, Oscar Tenreiro y Henrique Hernández, lo llevó a destacar de forma enfática, dado el mérito e incluso brillantez de la mayoría de ellas, “la seriedad, la dedicación y el alto grado de profesionalismo de todos los participantes que califican muy bien el desempeño actual de la arquitectura de nuestro país”. La verdad es que pocas veces se ha contado con un ramillete de participantes y un jurado del nivel que este concurso mostró a lo largo de la ya larga historia de certámenes organizados en Venezuela.

Así, seleccionado Henrique Hernández como ganador y desatada la natural polémica que prosigue al veredicto de cualquier concurso, aderezada por características de la idea presentada, que según Juan Pedro Posani (en artículo aparecido en Economía HOY el sábado 21 de julio de 1990) reunió “la realidad en oposición y negación de los esquemas prefabricados” donde “si bien es indiscutible la vertiente tecno-racionalista en la cual se ubica su propuesta, también es evidente el alto contenido poético y lírico de sus aspectos más resaltantes”, el proyecto fue desarrollado y posteriormente trasladado a Sevilla pieza a pieza para luego ser levantado de manera espectacular en pocas horas convirtiéndose ello y su definitiva realización en todo un espectáculo.

1. Vista general el pabellón

Pues bien, de todo el proceso de conceptualización, diseño y construcción del Pabellón, y su inserción en una clara línea de investigación dentro del IDEC dedicada a la concepción y desarrollo de estructuras transformables, cuya característica principal es su capacidad de plegarse y desplegarse, trata esta publicación, cuidadosamente realizada bajo la coordinación de Ana Isabel Loreto e impresa por Ex-Libris.

Contiene el libro, de tapa dura, papel glasé, bilingüe, formato casi cuadrado (24 x 25 cms.), de 96 páginas en español y 18 en inglés (únicamente los textos), una “Presentación” a cargo de Leopoldo Sucre Figarella (Presidente de la CVG), un “Prólogo” de Luis F. Marcano González, una “Introducción” de Juan Pedro Posani, y una serie de “Comentarios” que abarcan diferentes facetas de Henrique Hernández, Waclaw Zalewski, Félix Escrig, Carlos Henrique Hernández, Luis Marcano González, Efraín González, Ralph Erminy y Carlos Cruz Diez, finalizando con la “Descripción del proyecto” para llegar a los ya mencionados “Textos en inglés”.

2. Vista de la plaza anterior de acceso al pabellón cn los paraguas y piso diseñados por Carlos Cruz-Diez
3. Dos dibujos que muestran aspectos constructivos del pabellón. Izquierda: Corte transversal del edificio. Derecha: Detalle de un nodo

Sin duda la parte más sustanciosa del libro la constituye la “Descripción del proyecto” donde el texto, elaborado por Ana Loreto con la colaboración de Henrique Hernández, Ralph Erminy, Carlos Cruz-Diez, Carlos H. Hernández y Manuel Landaeta, se pasea de forma precisa por la ubicación del Pabellón dentro de la línea de investigación que dentro del IDEC representa, por las variables tomadas en cuenta desde el punto de vista compositivo, funcional y formal, y por proveer la mayor información posible acerca de sus dimensiones, áreas que lo conforman (la plaza y sus 36 mástiles de 19.9 mts. de altura que definen virtualmente un cubo y el edificio propiamente dicho con la sala audiovisual como espacio dominante, la sala de exposiciones y los servicios conexos), hasta llegar a sus dos más importantes logros: la incorporación de la luz y su manejo potenciada por las intervenciones cromáticas que Carlos Cruz-Diez propone tanto para el interior como para el exterior como una clara muestra de la “integración de las artes”; y la resolución a nivel tanto general como de detalles de su construcción como estructura transformable en aluminio, yendo desde el grupo de elementos que lo conforman (todos pensados como si de armar un mecano se tratara) hasta el proceso que se siguió para su elaboración en las plantas donde se transformó la materia prima proveniente de VENALUM y ALCASA, su almacenamiento y traslado y, sobre todo, la rapidez con que pudo levantarse, cerrarse y concluirse a nivel de acabados, una vez que todos los componentes llegaron al sitio que le correspondió dentro de la Expo de Sevilla.

4. Dos momentos del proceso de izamiento, colocación y ensamblaje el pabellón dentro del recinto ferial
5. Vista exterior lateral-posterior del pabellón

Pero si la descripción escrita tiene un importante peso más aún lo tienen las imágenes, todo un deleite para los ojos, constituidas por una selección de magníficas fotos (aportadas por Marcel Erminy, Carlos Henrique Hernández, Pepe Nieto y la empresa VENALUM) y nítidos dibujos conceptuales y técnicos, sin los cuales no sería posible comprender a cabalidad una obra de estas características que, vista a distancia y con la debida objetividad, ha marcado un hito en el desarrollo reciente de nuestra arquitectura.

Se trata, en resumen, de una publicación que, si bien pone de relieve una edificación de marcado carácter tecnológico, circunscrita a una forma de concebir y hacer de la construcción y su control total los garantes de soluciones integrales a la que importa poco si se le considera como “arquitectura”, está salpicada en cada página que la conforma de buen diseño y material invalorable. Eran años en los que Venezuela logró ubicarse, gracias al Pabellón que la representó en Sevilla, a la cabeza en el manejo del aluminio, material que representaba al moderno mundo industrial, a nivel planetario. Muestra de una arquitectura que, pese a no proponérselo, encierra múltiples y sugerentes mensajes vinculados a nuestra identidad.

ACA

Todas las imágenes proceden del libro comentado