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1901• Se inicia la importación de un sistema modular pre-fabricado para construir «casas contra temblores»

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1901•  Como consecuencia del terremoto que afectó a Caracas el 29 de octubre de 1900, causando la muerte de 21 personas, 50 heridos y 20 casas destruidas, un grupo de ciudadanos inicia la importación de un sistema modular pre-fabricado para construir «casas contra temblores» (estructura y cerramientos metálicos), cuya utilización se popularizó en la urbanización El Paraíso.
El sistema estaba compuesto de perfiles de hierro al que se le fijaban con tornillos, láminas metálicas estampadas, las cuales eran livianas, fáciles de transportar y armar entre sí, reduciendo el tiempo de construcción y la necesidad de mano de obra especializada.
Estos sistema metálicos pre-fabricados eran producidos en Gran Bretaña y EE.UU., muchos de ellos de acuerdo al sistema «Danly», diseñado y patentado por el ingeniero civil belga Joseph Danly (1839-1899), los cuales se comercializaron en Europa, África y América.

HVH

CARACAS

El próximo martes 25 de julio Caracas cumple 450 años de fundada. Los días que transcurren no están para celebraciones, menos aún viéndola convertida en gigantesca trinchera negada a doblegarse ante un régimen que, por más que levante la voz, le teme porque sabe que dio y seguirá dando el ejemplo.
Si su cuatricentenario, organizado entonces con bastante antelación, del cual quedaron importantes productos en el ámbito cultural, se vio enturbiado por el terremoto acaecido el 29 de julio de 1967 hoy, 50 años después, otro cataclismo en este caso político y económico de amplias repercusiones sociales, teñido de mucha violencia, será lo que empañe los esfuerzos que se han adelantado para dar lustre y prestancia al onomástico.
Caracas añade al creciente deterioro de sus calles y espacios públicos, al pésimo estado de los servicios, a la maniquea y perversa división entre este y oeste, y al abuso institucionalizado convertido en forma de actuar ante los demás traducido en un permanente “sálvese el que pueda”, una incontrolable inseguridad salpicada de terror que han transformado nuestras casas en refugio prolongado a causa de un toque de queda asumido desde antes del anochecer.
Si su excepcional enclave, su incomparable clima, su noble paisaje desbordado por una sobresaturación sin precedentes, su incontrolable verdor empeñado en aparecer en los lugares más inesperados, el siempre generoso azul de su cielo, su escandalosa fauna y la golpeada afabilidad de sus habitantes nos atrapan, los brutales contrastes que nos explotan en la cara, los malos olores escondidos en cualquier rincón, las calles agujereadas por doquier, el tráfico fuera de toda lógica, el desorden y la anarquía peligrosamente asumidos como parte de nuestra manera de ser y hasta la informal flexibilidad con que se manejan los horarios, muy a menudo juegan en su contra. Despedirse con frecuencia de gente querida que ya no la soporta nos coloca, casi a diario, en un dilema que a muchos otros sirve para reafirmar su convicción de que puede ser y será mejor.
Por y a pesar de todo lo dicho, sin embargo, la “sultana del Ávila” ha tenido y tiene quien le escriba gracias a la relación tensa en la que transcurre el transitar por ella. Sin ir muy lejos, Gabriel García Márquez en su “Memoria feliz de Caracas” (1982), relata magistralmente, tras su llegada de París a finales de 1957, su estar aquí de esta manera:

“ (…) Mi primer domingo en la ciudad desperté con la rara sensación de que algo extraño nos iba a suceder, y la atribuí al buen estado de ánimo que me había inspirado con sus fábulas doña Juana de Freites. Pocas horas más tarde, cuando nos preparábamos para un domingo feliz en la playa, Soledad Mendoza subió de dos zancadas las escaleras de la casa con sus botas de siete leguas.
—¡Se alzó la aviación! —gritó.
En efecto, quince minutos después, la ciudad se abrió por completo en su estado natural de literatura fantástica. Los caraqueños habían salido a las azoteas, saludando con pañuelos de júbilo a los aviones de guerra, y aplaudiendo de gozo cuando veían caer las bombas sobre el Palacio de Miraflores, que para mí seguía siendo el castillo del Rey que Rabió. Tres meses después, Venezuela fue por poco tiempo, pero de un modo inolvidable en mi vida, el país más libre del mundo. Y yo fui un hombre feliz, tal vez porque nunca más desde entonces me volvieron a ocurrir tantas cosas definitivas por primera vez en un solo año: me casé para siempre, viví una revolución de carne y hueso, tuve una dirección fija, me quedé tres horas encerrado en un ascensor con una mujer bella, escribí mi mejor cuento para un concurso que no gané, definí para siempre mi concepción de la literatura y sus relaciones secretas con el periodismo, manejé el primer automóvil y sufrí un accidente dos minutos después, y adquirí una claridad política que habría de llevarme doce años después a colaborar con un partido en Venezuela.
Tal vez por eso, una de las hermosas frustraciones de mi vida es no haberme quedado a vivir para siempre en esa ciudad infernal. Me gusta su gente, a la cual me siento muy parecido, me gustan sus mujeres tiernas y bravas, y me gusta su locura sin límites y su sentido experimental de la vida. Pocas cosas me gustan tanto en este mundo como el color del Ávila al atardecer. Pero el prodigio mayor de Caracas es que en medio del hierro y el asfalto y los embotellamientos de tránsito que siguen siendo uno solo y siempre el mismo desde hace 20 años, la ciudad conserva todavía en su corazón la nostalgia del campo. Hay unas tardes de sol primaveral en que se oyen más las chicharras que los trenes, y uno duerme en el piso número quince de un rascacielos de vidrios soñando con el canto de las ranas y el pistón de los grillos, y se despierta en una albas atronadoras, pero todavía purificadas por los cobres de un gallo. Es el revés de los cuentos de hadas: la feliz Caracas. (…)”


Por otra parte, en clave más reciente e igual de vigente que la manifestada por el Gabo en el fragmento que hemos extraído, Nidia Hernández el 30 de julio de 2013 desde su blog La maja desnuda (vinculado al programa radial del mismo nombre que se transmite en UPV Radio 102.5 FM Valencia, España), encabeza la recopilación de “Poemas para Caracas. Las musas de la ciudad” con el siguiente texto:

“Caracas, ciudad intemperie, ciudad difícil, imposible ciudad, bomba temible de tiempo, resbaladiza, trabajosa, hostil. A veces nos recibe, otras veces no podemos acercarnos y nos bota lejos. Custodia de nuestros afectos, ciudad amante, colateral, renegada, también un dulce amor, que nos acaricia, apenas con su lluvia con sus tardes tornasoladas, con el cielo amable de todos sus árboles, y su luna bruja con estrellas; Caracas constelada, nos observa silente con sus ojos de buda; el Ávila. Nos grita sus mercaderías, pero también nos murmura sus sonidos, que no siempre oímos.
La prefiguro como una muchacha solitaria, abandonada, altanera aunque herida, dadora y mendiga, la hemos encontrado de pie o sentada como esperando que algún transeúnte se detenga ¿A sonreírle? ¿A tocarla? ¿A hablar con ella? ¿A decirle palabras amables? ciudad como cualquier otra sobre la tierra, diminuta como el polvo, inmensa como una luz maestra, con los problemas que tienen todas las ciudades del mundo, la más desordenada, sus casas y edificios no son los más bellos, sus calles no son las mejores, sus habitantes en estos días no son los más amables, sus gerentes no existen. Esta no es, quizás, la ciudad más gentil, pero Caracas te agradecemos tanto, eres la ciudad nuestra de cada día, ciudad símbolo, ciudad espejo, ciudad representación, ciudad reflector, que no esquivan estos poetas que hoy te cantan, Caracas ciudad bendita. Amén.”


Y para no dejar de incluir a alguno de los poemas inéditos recogidos por Nidia Hernández, transportémonos a la Caracas que desde su mirada nos muestra Kira Kariakin:

“Pasaremos
            Transeúntes eternos a través de nosotros mismos,
            no hay paisajes sino el paisaje que nosotros somos.
            Fernando Pessoa
Caracas vive sin nosotros. Somos transeúntes accidentales. Nos ignora en su enfermedad. La enfermedad: nosotros, parásitos, hormiguero que la socava. Ella sabe que pasaremos y llegarán otros.
Esta ciudad nos acuna sin complacencias, con lo mínimo que le resta de amor, atomizado en la espera de tiempos mejores, promesa con visos de eternidad.
En ese transcurso, El Ávila mantiene sus blasfemias dentro arropadas por la sicodelia de sus cambios de color. Estoico tolera tanto lluvias como fuegos y paciente acalla sus maldiciones. Nuestro espíritu se aferra a lo colosal de la montaña; su estatura, una plegaria contundente, visión definitiva para sobrellevar las ausencias.
Nos seguirán otros.
Ante la montaña predarán por partículas de amor.
Pasarán.”


Como se verá, esta semana, a pesar de los pesares, hemos querido transcribir en este espacio algunos textos que, sin pretender emular la obligatoria antología Fervor de Caracas elaborada por Ana Teresa Torres (2015, Fundavag Ediciones), nos hicieran caer en cuenta brevemente lo que esta urbe amada y a la vez odiada ha sido, es y puede ser: valle; memoria; paisaje, mar y montaña; barrios, urbanizaciones y esquinas; calles, caminos y autopistas; casas y mudanzas; libros, ritos y conversaciones; visiones y nocturnidades; distancias, exilios y nostalgias; estallidos, catástrofes y otras destrucciones; ciudad dolida; y ciudad imaginada, categorías todas que el libro de Torres, recurriendo al apoyo de una amplia variedad de géneros y autores de diferentes épocas, completa con cuidadoso tino.
He aquí nuestra modesta contribución en este aniversario al fortalecimiento de una visión que apuesta a la esperanza de que la capital, más temprano que tarde, se convertirá en el más apasionante lugar para poner en marcha ideas, sueños y propuestas muchas por venir y otras por años represadas.

ACA

Procedencia de la imagen

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

COLOREA LA ARQUITECTURA DE CARACAS

Fundación Arquitectura y Ciudad

2017

La Fundación Arquitectura y Ciudad (FAC), a tono con la celebración de los 450 años de nuestra capital, ha concebido, producido y puesto a la venta la publicación del cuaderno «Colorea la arquitectura de Caracas», dirigido a todo público, pero especialmente a los niños, a quienes se busca ir involucrando en el conocimiento y los valores que tanto la ciudad como las piezas que la conforman poseen.
El contenido del cuaderno abarca 20 obras que van desde la Catedral de Caracas y la Plaza Bolívar a las Torres de Parque Central pasando por el hotel Humboldt, la Plaza Francia, el Aula Magna y el Centro Simón Bolívar, por solo citar algunas.
Cada imagen, además de estar a la espera de ser inundada de color, va acompañada de una breve descripción que también permite ubicarla en el tiempo y saber quien la proyectó.
Los 500 ejemplares impresos que conforman el tiraje se pueden adquirir en la librería de Ediciones FAU UCV, El Buscón (Paseo Las Mercedes) y Sopa de Letras (Secaderos de La Trinidad).

ACA

EL ACERVO EDITORIAL DE LA FAU UCV

EL PLAN ROTIVAL
La Caracas que no fue
1939/1989
Un plan urbano para Caracas

Marta Vallmitjana (coord.)


Ediciones Instituto de Urbanismo. Facultad de Arquitectura y Urbanismo
Universidad Central de Venezuela
1991

“En ocasión de cumplirse 50 años del Plan Rotival (1939-1989) el Instituto de Urbanismo con el apoyo del Consejo de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo; del Vicerrectorado Académico y del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la Universidad Central de Venezuela, organizó un conjunto de eventos:
Una investigación en la que participaron varios profesores de la Facultad, una Exposición y la Edición de un libro.
La Coordinación del Programa de eventos (investigación, exposición y libro) estuvo bajo la responsabilidad de la Arquitecto Urbanista Marta Vallmitjana. La Exposición es propiedad de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, fue realizada por el Arquitecto Henrique Vera H. y la Diseñadora Martha Sanabria”.
Con este texto, que aparece en la página de créditos del libro que hoy nos ocupa, se contextualiza su aparición en 1991 bajo los auspicios de Petróleos de Venezuela S.A. y se abre la oportunidad de adentrarse en su valioso contenido.
Al artículo introductorio de compromiso, denuncia y recargada añoranza, elaborado por Arturo Uslar Pietri (“La Caracas que no fue”, cuyo encabezado se aprovecha casualmente para subtitular la publicación), le sigue la “Presentación” elaborada por la arquitecto Vallmitjana y de seguidas ocho escritos de muy diferente tono que ofrecen un mosaico interpretativo diverso acerca de lo que significó para la ciudad, su historia y su desarrollo la publicación en noviembre de 1939, en la Revista Municipal del Distrito Federal (Año 1. Número 1. Caracas-Venezuela), del Plan de Urbanismo de Caracas (o Plan Rector de Caracas), oficialmente llamado “Plan Monumental de Caracas” y comúnmente (e impropiamente) conocido como “Plan Rotival”, elaborado por el equipo de urbanistas franceses contratado en 1938 por la recién creada Dirección de Urbanismo de la Gobernación del Distrito Federal, conformado por Maurice Rotival, Jacques Lambert, Henry Prost y Wegenstein, que terminarán asumiendo los dos primeros.
En la “Presentación”, Vallmitjana señala, con el objeto de contextualizar la elaboración del Plan, como “a mediados de la década de los treinta, Venezuela contaba con 3.340.849 habitantes (1936) y Caracas con 203.342 (1936), 6% de la población total (…)
La Caracas del período de los años 1936-1939 es una ciudad capital de un país rural y con una sociedad con mentalidad decimonónica muy arraigada, en proceso de reacomodo.
La ciudad en ese momento presenta un área compacta en su ocupación territorial (parroquias urbanas) de baja altura, y sin zonas de ranchos como las conocemos hoy ocupando aproximadamente unas 542 hectáreas. Entre 1936 y 1941, Caracas aumenta en 65.688 habitantes y su dinámica de crecimiento se empieza a orientar hacia el Este, donde las grandes haciendas habían liberado vastas extensiones de terreno para urbanizar; al mismo tiempo, zonas del área tradicional comienzan a detectar signos de abandono y deterioro”.
Este preámbulo donde además se acota el rango que abarca la investigación (1939-89), le sirve a Valmitjana, con el acompañamiento teórico de Aldo Rossi, Carlo Aymonino y José María Ezquiaga, para aclarar: “el debate que nos proponemos iniciar con esta investigación acerca del Plan Rotival y los desarrollos que le siguieron, asume en primer lugar, la dificultad de dar respuesta o aproximaciones globales de la ciudad en su conjunto, (…) asume también la dificultad para la existencia de una teoría urbanística, (…) supone que es esencial dar importancia a lo particular dentro de lo universal…”
Como colofón en lo que se refiere a orientar la lectura de los textos que constituyen el libro, Vallmitjana precisará: “En esta investigación sobre el Plan Rotival y posteriores desarrollos, se analizan circunstancias y hechos, como son, las características culturales de la época, la formación social del período, la dimensión urbana, la opinión de los ‘actores del Plan’ en relación a la idea de ciudad que esa sociedad buscaba imponer, los enfoques urbanísticos que se manejaban, el trasfondo ideológico y las elecciones de naturaleza política y económica que influyeron en la conformación de tal intervención, así como los juicios que pueden hacerse de su representación formal y su inserción en la problemática de la morfología urbana, en el caso de Caracas”.
Con ello en mente, el simple repaso de los títulos de los textos contenidos en la publicación ilustra con claridad el variado y amplio espectro que se abrió a partir de la investigación. Así, Marco Negrón aporta “Territorio y sociedad en la formación de la Venezuela Contemporánea”; Ciro Caraballo, “Últimos días de aquella de los techos rojos, o los ‘planes’ antes del plan”; Juan José Martín Frechilla, “Rotival desde 1939 a 1959. De la ciudad como negocio a la planificación como pretexto”; María Fernanda Jaua, “Lógica y eclecticismo o los buenos modales de Maurice Rotival”; Marco Negrón, “La gestación del plan urbano de Caracas de 1939 y su incidencia en la formación de la tradición urbanista venezolana. Conversación con Leopoldo Martínez Olavarría; Silvia Hernández de Lasala, “Violaciones sucesivas: notas sobre la arquitectura de la avenida Bolívar de Caracas, después del Plan Monumental de 1939”; Max Pedemonte, “Rotival y el Metro”; y Jesús Sanoja Hernández “La utopia: medio siglo de búsqueda”.
EL PLAN ROTIVAL. La Caracas que no fue es, sin lugar a dudas, un libro referencial para quienes están interesados en seguir la huella de lo que somos como ciudadanos habitando un ambiente construido a veces incomprensible que día a día nos incomoda y nos agobia. También es una indispensable herramienta para poder armar el rompecabezas de un importante segmento de nuestra historia urbana y su evolución cuyas repercusiones han llegado hasta nuestros días.
Aunque suene reiterativo, transcurridos 28 años desde su aparición (sin necesidad de esperar que pasen otros 50), bien podría aprovecharse la oportunidad de llevar a cabo un segundo repaso para el cual ya Marco Negrón con sus reflexiones semanales vertidas en la prensa y su actuación como asesor en la Alcaldía Metropolitana, Juan José Martín Frechilla a través de su incansable labor como investigador que busca explicarse, copiosa documentación en mano, cómo y por qué ha surgido la Caracas moderna y Oscar Tenreiro desde su blog Entre lo cierto y lo verdadero, se podría decir han colocado una primera piedra que se sumaría a otros estudios y al interés demostrado por la Embajada de Francia en desempolvar (y quien sabe si ampliar y actualizar teniendo otra publicación como producto) la exposición original. Caracas, que en pocos días llega a su 450 aniversario, lo agradecería.

ACA