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¿SABÍA USTED…

… que entre el 10 de septiembre y el 19 de noviembre de 1995 abrió en los espacios de la Galería de Arte Nacional (GAN) la exposición “Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra”?

1. Exposición Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra, 10 de septiembre-19 de noviembre 1995. Izquierda: Guía de estudio. Derecha: Circuito museográfico

“Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra” se constituyó, sin lugar a dudas, en el evento expositivo más importante de los realizados el año 1995 a nivel nacional y en uno de los más relevantes de cuantos históricamente se han registrado en nuestro país, en lo que a arquitectura se refiere.

La muestra, llevada a cabo gracias al patrocinio de Alberto Vollmer Foundation Inc., La Electricidad de Caracas, el Banco Central de Venezuela, la Fundación Sivensa, Henrique Machado Z. y Oscar A. Machado K., fue el resultado de una cuidadosa investigación y curaduría encabezada por William Niño Araque acompañado de Mónica Silva Contreras, Carmen Cecilia Araujo y Gipsy Venegas (Conservación y selección de documentos), quienes durante más de un año pudieron acceder al rico y muy bien ordenado archivo que atesoraba casi 50 años de trabajo del propio Tomás J. Sanabria, y revisar allí 12.000 planos, 300 proyectos, cuadernos de viaje, de construcción, apuntes, dibujos y maquetas, lo cual dio como resultado un impecable montaje logrado con el apoyo del equipo museográfico y museológico de la GAN, los integrantes de Sanabria Arquitectos & Asociados y un grupo de estudiantes de la Universidad José María Vargas (UJMV).

Asimismo, la exposición estuvo acompañada por un hermoso catálogo (diseñado por Juan Carlos Fernández e impreso por Gráficas Armitano C.A.), que recogió el estudio sobre el que se basaron los curadores, ilustrado con bocetos y croquis de Sanabria, excelentes fotografías de la obra construida a cargo de Gorka Dorronsoro, la presentación elaborada por Clementina Vaamonde de Roosen (Presidenta de la Fundación GAN), un texto central de William Niño Araque titulado “La arquitectura como ciudad”, otros correspondientes a las obras y proyectos a cargo del propio Niño, Mónica Silva y Carmen Araujo y una detallada cronología realizada por Silva y Araujo.
Adicionalmente, en torno a la exhibición se organizaron una serie de foros y conferencias y, además, buena parte de la actividad crítica desplegada se pudo seguir a través de las páginas del semanario Arquitectura HOY y otros medios de comunicación impresos.

2. Arquitectura HOY, nº 123, 9 de septiembre de 1995

En particular, Arquitectura HOY le abrió aquel año de 1995 generosamente sus puertas al evento de muy diversas maneras: el 9 de septiembre (nº 123) apareció la invitación a la inauguración y Mónica Silva publicó “El dibujo según Tomás José Sanabria”, texto en el que resume su trayectoria siguiendo la relación entre su forma de proyectar y una fundamental herramienta (el dibujo) que lo acompañó permanentemente tanto en “su interés por archivar la memoria de los lugares visitados alrededor del mundo”, como en “el apego a dejar constancia de los procesos constructivos proyectados en las edificaciones en las que trabajó a lo largo de toda su carrera”. Las impresiones expresadas a través de la tinta, el creyón, la acuarela, el pastel o cualquier otra técnica sirven para que Silva valore en Sanabria una inclinación permanente por registrar cuidadosa y metódicamente lo que visitaba, construía e incluso percibía en su faceta de aviador atento por el desarrollo de la ciudad y el comportamiento de su clima.

3. Arquitectura HOY, nº 128, 21 de octubre de 1995

Más adelante en el nº 128 del 21 de octubre, junto al ciclo de conferencias organizado por la GAN (6 en total) aparece el artículo “La corona de la ciudad” de María Fernanda Jaua quien, utilizado el mismo título de otro anteriormente escrito por Bruno Taut en el que “propuso una ciudad como una pirámide, coronada por un edificio sobresaliente, brillante, resplandeciente como un diamante”, desmitifica el “eficientismo” con que Sanabria ha sido etiquetado, utilizando como excusa la poderosa imagen del hotel Humboldt.

4. Arquitectura HOY, nº 129, 28 de octubre de 1995

Contestando a la pregunta que también se le hiciera a Jaua sobre lo que representan la trayectoria y la obra de Sanabria, Manuel Delgado Arteaga escribe en la entrega del 28 de octubre (nº 129), en tono no necesariamente complaciente, “SANABRIA amor y odio por la ciudad” donde, centrándose fundamentalmente en el desarrollo del Foro Libertador y su condición de isla dentro del casco de Caracas, devela la presencia de un arquitecto formado bajo los cánones del Movimiento Moderno que recurre a “la negación de la ciudad tradicional para dar paso al desarrollo”.

Para finalizar el seguimiento dado por Arquitectura HOY a la exposición, pero a su vez dando inicio a la columna titulada “En clave” que sostuvo durante más de dos años con periodicidad quincenal, Azier Calvo, el 11 de noviembre (nº 128), se refiere a la muestra en su escrito “Otra manera de leer los años 50”, década en la que Tomás Sanabria y su arquitectura jugaron, junto a otros protagonistas, un papel muy relevante.

5. Tomás José Sanabria. Hotel Humboldt, 1956. Perspectiva de la propuesta inicial

En definitiva, los textos, gráficos, maquetas, apuntes, bocetos, dibujos y fotografías que llenaron los espacios de la GAN durante poco más de dos meses, hicieron de “Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra” un evento memorable que mostró una historia de cómo hacer arquitectura y la relación de uno de nuestros más insignes maestros con la ciudad que tanto le apasionaba, plasmadas a través de una obra en la que su conceptualización, su representación, su materialización y la consideración del contexto en el que se inserta constituyen hechos inseparables. Tal y como señala William Niño Araque al final del ensayo central del catálogo de la exposición: “la arquitectura de Sanabria es una mezcla de realismo y utopía venezolana: es decididamente racional, a veces de una forma rígida, pero por todo ello, inclinada a gestos esculturales y a una intensa identificación. (…) Su arquitectura tiene un motivo profundo y su centro de desarrollo se ubica en el concepto de lugar: espacio entendido no como el resultado de una apropiación aritmética … sino como conclusión de un proceso de apropiación en el que la arquitectura adquiere el valor de escenario para el rito que signa habitar en comunidad, en esta asoleada y querida ciudad… en este asoleado y querido país”.

ACA

¿SABÍA USTED…

… que en 1961, hace ya 57 años, se terminó la construcción del edificio “Los Aleros”, ubicado en la Calle El Recreo entre Av. Casanova y Calle Humboldt, Bello Monte, Parroquia El Recreo, Municipio Libertador?

La pregunta acerca de ¿dónde está el norte? sobre la cual tanto insistía Villanueva en el taller de diseño, que no es otra cosa que la pregunta por el contexto, por el clima, por la inclinación del sol, por las brisas y las lluvias, por la orientación y por la vistas, por la temperatura, por la geografía y la cosmografía, podríamos decir que se constituye en una de las claves para comprender gran parte de la producción arquitectónica de las décadas de los 40 y 50 del siglo XX venezolano. Por un lado, forma parte de las preocupaciones fundamentales que el mismo Villanueva va plasmando con infinidad de variantes en el proceso constructivo de la Ciudad Universitaria de Caracas, una vez hecha la correspondiente interpretación de la manera cómo la arquitectura colonial se comportaba ante las variables ambientales. Por el otro, se incorpora dentro del repertorio de variables a considerar por los arquitectos (venezolanos o no), formados en el extranjero que copan el ejercicio profesional de la época y también por aquellos en proceso de formación dentro de la joven Escuela de Arquitectura de la UCV, regidos todos fundamentalmente por los cánones del racionalismo y el funcionalismo. Lo cierto del caso es que la importancia que cobran el lugar y el programa (incluido el cliente y las necesidades de los usuarios), aunados al manejo de los códigos propios de la arquitectura internacional y a la muchas veces ingenua traducción de lo tradicional a lo actual, forman el marco de referencia de una etapa despreocupada por el desarrollo de un verdadero sistema de pensamiento arquitectónico que, aunque presenta sus ambigüedades, tiene unas reglas de comportamiento claras y pragmáticas que aceptan sólo lo posible. La acción, en pocas palabras, predomina por sobre el discurso, la correcta resolución de los problemas por sobre el afán de otorgar a las casualidades el valor predominante de una respuesta y la razón por sobre el sentimiento.

Al unísono, las enseñanzas de Villanueva (influidas en buena medida por la visión de Walter Gropius), que buscaban situar al arquitecto como un técnico pero a la vez como un artista, como un constructor pero a la vez como un humanista con sensibilidad social, como un planificador y a la vez como un director de orquesta, junto al interés por el trabajo en equipo y sobre todo por los fundamentos éticos en los que debe descansar la disciplina, son incorporadas como parte de la actividad académica y profesional de los años 50. Pero a estas premisas hay que añadir otras procedentes de la ya para entonces declarada crisis del Movimiento Moderno: consideración de las variables del lugar, importancia de la tradición popular, rescate de la noción de carácter y énfasis en la expresividad, que permiten en muchos casos un eclecticismo desinhibido y la combinación sin tapujos entre el pasado y el presente desde la plataforma de lo moderno. También, poco a poco aunque con efecto retardado para el caso venezolano, se empieza a cuestionar el efecto que sobre las ciudades había traído la aplicación literal de los planteamientos provenientes de la “Carta de Atenas” y del zonning como mecanismo organizador del desarrollo urbano. 

Así, en la mayor parte de los casos el clima es considerado como una determinante funcional más que debe tomarse en cuenta, del cual hay que protegerse con los dispositivos que mejor convengan de acuerdo al uso de la edificación: la casa permitirá la incorporación de aleros, patios, corredores, pérgolas, balcones y celosías; el edificio público e incluso el residencial recurrirán, adicionalmente, a la doble piel, al parasol, al brise-soleil que afortunadamente Le Corbusier y los arquitectos brasileños habían puesto de moda, junto al uso del color. Otro tanto ocurriría con la correcta ventilación e iluminación que a toda edificación correspondía resolver en nuestra benévola latitud a ser posible por medios naturales, de lo que se desprendía una adecuada orientación respecto al sol y a las brisas. La ventana, como consecuencia, dejaba de ser un agujero en la pared para convertirse en uno de los elementos más importantes a ser diseñados con los aditivos necesarios para cumplir correctamente su función mediadora entre el interior y el exterior.

Dentro de este contexto, pocas veces encontramos en Caracas proposiciones arquitectónicas que hayan influido de manera tan positiva en la definición del espacio público y en el desarrollo coherente de su entorno inmediato como lo hace “Los Aleros”, hecho que lo convierte en una clara excepción. Su arquitecto, Mario Breto (1934-2009), para la época joven profesional egresado de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela en 1959, quien posteriormente proyectará el conocido edificio “El Camarón” (cerca de la Plaza Venezuela), aborda recién graduado el encargo de ubicar en una manzana perteneciente a la urbanización Bello Monte un conjunto de apartamentos con comercios en planta baja que había que orientar desfavorablemente (este-oeste), buscándose obtener el máximo aprovechamiento de la parcela y el cumplir con la alta densidad que demandaba la ordenanza así como el dar la mejor respuesta hacia las condiciones urbanas inmediatas.

La propuesta, conformada por dos bloques iguales adosados a modo de muro urbano, da su fachada principal (oeste) hacia la calle El Recreo y se retira para crear una acera protegida que acompaña los comercios y los accesos a la vivienda, una vía de servicios y una franja de vegetación.

Lo interesante del planteamiento, mas allá de su presencia urbana, estriba en la manera cómo el arquitecto resolvió la incidencia directa del sol en la fachada principal del conjunto. Para hacerlo recurre a la colocación de una serie de viseras en concreto armado que no sólo filtran (bloquean tal vez sería un término más adecuado) la luz del oeste sino que preservan las visuales, atenúan el calor, permiten la circulación del aire y modulan la fachada delimitando con claridad tanto las áreas sociales como la ventana de romanilla de madera de la habitación principal de los funcionales apartamentos que conforman el conjunto. La pausa que se establece entre estos rígidos aleros inclinados la dan los planos ciegos con que se cierran las habitaciones. Nunca imaginó Breto (quien ejerció la docencia en el área de tecnología de la Escuela de Arquitectura de la FAU UCV entre 1975 y 1999) que esta sensata respuesta urbana y arquitectónica fuese a repercutir como lo hizo en la caracterización de todo el frente de la calle El Recreo que va de la Av. Casanova a la Av. Venezuela, hasta el punto que el adosamiento de las nuevas edificaciones, la prolongación de la calle de servicios y el uso de las pantallas protectoras ofrecen una unidad que acentúa la horizontalidad y dificulta encontrar en “Los Aleros” (diluido en el conjunto) el germen de toda esta actuación. Villanueva debió sentirse satisfecho ante una propuesta que responde satisfactoriamente su recurrente pregunta sobre ¿dónde está el norte?, traducida para el caso en ¿dónde está el oeste?

ACA

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Revista SVA, nº 13, septiembre-octubre de 1963

ES NOTICIA

Caracas: modern utopiaWork and legacy of north american architects in the 20th century

El próximo viernes 7 de septiembre a las 6:00 pm se inaugurará en la Design Gallery de MBUS (Miami Beach Urban Studies), FIU (Florida International University), en Miami Beach, la muestra “Caracas: modern utopia. Work and legacy of north american architects in the 20th century”, basada en el trabajo desarrollado por @CCScity450 para celebrar el 450 aniversario de la ciudad de Caracas y en el cual se registran obras, estudios y proyectos desarrollados por profesionales norteamericanos y venezolanos.

Para ese mismo día se tiene programado el desarrollo de un foro abierto a todo público.

La exposición cerrará sus puertas el 28 de octubre.

ACA

¿SABÍA USTED…

…que Henrique Hernández en 1970 proyecta y en 1972 termina de construir su propia casa en la urbanización Prados del Este, una pequeña pero significativa bisagra dentro de su trayectoria como arquitecto?

Cuando Henrique Hernández Osuna (1930-2009) introduce ante el Banco Nacional de Ahorro y Préstamo (BANAP) el proyecto de investigación titulado “Construcción experimental de viviendas en terreno de relleno con asentamiento”, venía de encabezar hasta 1969 la experiencia de Diseño en Avance dentro del Banco Obrero y se encontraba comprometido de lleno con el proceso de Renovación Académica de la FAU UCV visualizando la formación del arquitecto como prolongación de su experiencia profesional en el sector público.

Hernández presenta su solicitud ante el BANAP de la siguiente manera: “El trabajo de investigación consiste en el diseño y construcción de un prototipo de vivienda para ensayar los siguientes aspectos: a) Posibilidad de construir viviendas en terrenos con relleno, sujetas a movimientos con asentamiento; b) Posibilidad de aceptar un cambio de concepto en el diseño de la vivienda, fundamentado en lo funcional y no en el aspecto de permanencia y solidez”. El breve enunciado encierra no sólo una provocación para quienes entienden la vivienda bajo esquemas convencionales o a la arquitectura totalmente alejada de una importante dosis de cientificidad, sino un reto para poner a prueba el ingenio junto a la capacidad de la industria de la construcción venezolana para apoyarlo, amén de eslabón demostrativo de una cada vez más consolidada línea de pensamiento.

Pero lo que se puede considerar verdaderamente insólito y a la vez muestra absoluta de coherencia y convicción con lo que se propone y con la capacidad de resolver el problema planteado, es que Hernández y su familia serán los conejillos de indias que vivirán tanto el proceso constructivo como la evolución de esta casa convertida en todo un laboratorio habitable.

“Demostrar haciendo” como señalaba continuamente Hernández e incluso “aprender haciendo”, reminiscencias ambas del empirismo inglés que con frecuencia afloraba en su comportamiento, matizado por un indudable espíritu racional, se dan cita en esta pequeña obra la cual encierra, independientemente de su escala, lo que su autor profesaba. Así, podemos ver en ella: una edificación integrada dentro de una visión sistémica cuyo comportamiento total es producto de la interacción entre las partes mediante una cuidada coordinación modular; la evidencia de cómo puede plasmarse un sistema constructivo abierto al empleo de los componentes que el mercado ofrece traducida en la rapidez con que fue levantada; y, por si fuera poco, la demostración tangible de los beneficios que trae diseñar con la flexibilidad como acompañante del uso habitacional y, por ende, de cualquier tipo de edificio, patente a través de la idea de encerrar y cubrir un espacio único divisible de múltiples maneras. Todo un manifiesto made in Venezuela.

En la entrevista que se le hace para la Revista CAV nº 40 (1974) titulada “Diseño experimental. Entrevista a una casa de cartón”, Hernández transmite con una objetividad que raya en lo obsesivo su manera de concebir, construir y habitar una vivienda. En tal sentido, la casa, nos dirá Hernández, “apenas pesa 102 toneladas. 72 de piso, 23 de estructura y techo y 7 de paredes, ello repartido en 160 metros cuadrados que es su área. Es decir, ‘carga’ al suelo con apenas 63,7 gramos por centímetro cuadrado…! La tubería de aguas blancas y negras va toda exteriormente, muy superficial, de manera de poder tratarla fácilmente en cualquier accidente. La unidades/baño son prefabricadas, adosadas y puestas simplemente sobre la losa.”

En la explicación, Hernández refuerza el carácter efímero de la edificación asumiendo con humor (y cierta satisfacción por haber logrado su controversial cometido) el calificativo de “casa de cartón” que le dieron los vecinos al observar que no estaba hecha con materiales convencionales, ya que sus techos y paredes eran de aglomerado de caña (Tablopán según su nombre comercial). También se recrea al explicar detalladamente las complicadas condiciones del terreno de relleno (17 metros) en el que le correspondió construir, la manera como técnicamente fue enfrentada esta crucial etapa de la investigación (la selección de una placa flotante sobre la que descansaría la armazón metálica con juntas flexibles que constituiría la estructura del contenedor habitable), los referentes ingleses en los que se soporta (la casa hereda tanto en su comportamiento ante las dificultades del terreno como en su concepción constructiva la experiencia acumulada por el Consurtium of Local Authorities Special Programme -CLASP-), y el perfecto comportamiento de la edificación luego de tres años de construida. Para que no queden dudas de que se trata de un experimento nos aclara: “Ese comportamiento lo medimos mediante tres sistemas: Uno de simple nivel de agua, en distintos puntos de la superficie, complementándolo con mediciones mediante teodolito, referidas a un punto fijo exterior sobre tierra firme; mediciones que permiten seguir el asentamiento de la placa así como su posible inclinación; y tercero se hacen mediciones del posible desplazamiento utilizando un inclinómetro en una perforación de 20 metros. No se ha inclinado ni movido apreciablemente hasta ahora. En cambio elementos ajenos a ella, como el muro lateral, la puerta del garage y otras, si han sufrido desplazamientos sensibles. (…) Las mediciones prosiguen, y creemos que en breve tiempo podrán ser analizadas debidamente con sus lógicas consecuencias de reglamentación que permitan normalizar este tipo de construcción.”

Con respecto al otro objetivo de la investigación: “aceptar un cambio de concepto en el diseño de la vivienda, fundamentado en lo funcional y no en el aspecto de permanencia y solidez”, Hernández remite a la utilización de materiales livianos e industrializados, su practicidad en cuanto al costo de mantenimiento y durabilidad y, sobre todo, a la resistencia (ya asomada en líneas anteriores) de parte de los vecinos a entender que una casa de tales características se pudiese ubicar en una urbanización de clase media en el sureste de Caracas, pese a que se acude al uso de aire acondicionado central, otro experimento para medir el rendimiento y costos, pensando en su utilización a posteriori en otro tipo de edificaciones como en efecto sucedió de manera equívoca al incorporar la climatización artificial como sistema de ventilación en el “edificio de Trasbordo” en la UCV años después.

La flexibilidad de la planta, distribuida con apoyo en el mobiliario, se esgrime como una de las soluciones a considerar en el futuro de la vivienda en el país: “Que la prefabricación entregue las paredes fundamentales con sus servicios, y que la industria del mueble, más desarrollada, ofrezca las subdivisiones internas, dando una mayor posibilidad de organización específica para cada uno. En este caso, por ejemplo, la casa es una sola nave, subdividida con muebles, que son susceptibles de ser cambiados, como en efecto he tenido que hacerlo varias veces sin mayores complicaciones. Los muebles paredes no los llevé al techo, para vivir yo mismo un poco la tan trillada teoría de los ‘espacios continuos’.” Mies van der Rohe resuena tanto en la concepción del espacio como en la manera de hacer uso de lo que el mercado ofrece para construir: “… el papel del arquitecto no es inventar materiales sino usar los materiales inventados. (…) Hay que dejar a la industria que invente y pruebe los materiales y después de probados el arquitecto debe usarlos. El arquitecto debe mirar a la industria como un productor de partes y no de unidades terminadas”, ya había dicho en su momento el gran maestro alemán.

Los problemas acústicos, de transmisión de calor y de seguridad que la casa ofrece, asociados también a las características de los materiales utilizados, son evaluados con miras a su ajuste en posteriores experiencias. Sin embargo, Hernández se encarga de subrayar las ventajas de su condición experimental: “primero la posibilidad de producir viviendas a gran velocidad; el uso que se pueda dar a estos materiales livianos en otras edificaciones o en propiedad horizontal de estructura convencional; la facilidad de modificar los ambientes internos creados; la solución económica a construir en terrenos con relleno…”.

A pesar del énfasis puesto por Henrique Hernández por demostrar de qué manera fue dando pragmática respuesta a los temas que constituyeron el centro de la investigación, es inevitable asociar el modo como se dispone, construye, formaliza y proporcionan los espacios de la casa, el cuidado puesto en los detalles y el diseño de los componentes que conforman su estructura metálica y su relación con los cerramientos, a la presencia de un sensible diseñador. Las fotografías que acompañan la entrevista dan clara cuenta de ello y de la imposibilidad de distanciarse (una vez más) de Mies, así como tampoco de la experiencia de las Case study houses promovida entre 1945 y 1966 desde la revista norteamericana Arts & Architecture. En particular la Case study house nº 8 (quizá la más conocida de todas), proyectada en 1949 por Charles y Ray Eames para ser su propia vivienda, podría servir de referencia para establecer un claro paralelismo con la más modesta “casa de cartón” de Henrique Hernández por las variables conceptuales, espaciales, programáticas y constructivas manejadas. Hoy en día, a 46 años de su construcción, esta casa mantiene la categoría de ejemplo sobre cómo concebir el diseño de una vivienda unifamiliar basado en un cambio de paradigma. Su longevidad permite sopesar la relatividad de su condición efímera trastocada, paradójicamente, en durabilidad gracias a una adecuada selección de materiales y una disciplinada rutina de mantenimiento. A su falta de solidez, palpable en la frágil ligereza que sigue transmitiendo, habría de añadirse la verdadera solidez escondida en la vigencia de los postulados esgrimidos por su autor, los cuales siguen esperando la superación de una muy dilatada ceguera política, social y cultural.

ACA

Procedencia de las imágenes

Revista CAV, nº 40, 1974

ha sido noticia

Vasco Szinetar presenta Caracas postcards: últimos apuntes

Tomado de: monitor ProDaVinci

12/07/2018

El sábado 18 de agosto cerró al público en la sede de Colinas de Bello Monte de SPAZIOZERO Galería, la muestra de la producción más reciente del fotógrafo Vasco Szinetar, titulada Caracas postcards: últimos apuntes. Había sido inaugurada el 14 de julio.

De la reseña aparecida en Prodavinci rescatamos lo siguiente:

La muestra, con una mirada acuciosa y a través de formatos variados, se inserta en un diálogo personal con nuestro contexto. Se trata de una propuesta donde el reconocido fotógrafo extiende un entramado de imágenes que ahondan en los oscuros itinerarios de la situación política, económica y social que atraviesa la Venezuela reciente.

Sobre la exhibición, comenta Lorena González, curadora de la muestra:

Caracas postcards: últimos apuntes, es un proyecto donde el artista desciende hacia los bordes innombrables de nuestro doloroso paisaje urbano, levantando imágenes que funcionan como epígrafes de la mirada. La obra se va construyendo a partir del diálogo de este observador preocupado, paseante agudo que va compilando un diario personal sobre el complejo desmoronamiento social que se está tejiendo a su alrededor”.

En este caso, Szinetar ha recurrido a la utilización de formatos y técnicas diversas como la fotografía directa, el retrato, capturas de pantallas provenientes de la red, libros intervenidos, paisajes apropiados, escamoteos y alteraciones de la imagen, incluyendo también la presencia de su palabra poética dentro de la sala de exhibición.

Para el artista ha sido un reto darle forma a este conjunto de piezas en las que trabaja desde hace dos años. Aquí de algún modo se distancia de lo que ha sido su trabajo anterior e inserta nuevas formas de aproximación caracterizadas por el uso de la materia como una traducción valiosa para sus inquietudes. No obstante, para la curadora, aunque pareciera que el fotógrafo se separa de los grandes retratos de otros tiempos, continúa existiendo un vínculo profundo con el género. No solo esboza un autorretrato dialogado de su mirada sobre lo que sucede, sino también un retrato de nosotros mismos como una sociedad en crisis extrema:

“Como un coleccionista de tensiones y vacíos, Szinetar destaca en cada cuerpo de trabajo las incertidumbres de caminantes silentes, para adentrarse desde su propio coloquio en las causas y consecuencias del oscuro itinerario que durante casi veinte años ha socavado la vida de todo un país”, comenta González Inneco.

Vasco Szinetar es un artista de amplia trayectoria. Es autor de varios libros de poesía y fotografía. Entre sus exposiciones individuales destacan: Re-tratados, Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (1988); Personajes, Museo de Arte Moderno Jesús Soto, Ciudad Bolívar y Museo de Arte de Maracay, Venezuela (1991); Re-tratados, España 1974-2003, Casa de América, Madrid (2004); Frente al Espejo/Cheek to Cheek, Festival Malpensante, Bogotá (2009). Ha recibido premios como el II Premio Nacional de Fotografía Conac, 1982; Mención de Honor, Salón Christian Dior, 1993; Premio Harry Liepins, Salón de Artes Visuales Arturo Michelena, Valencia, estado Carabobo, 1996 y en 2014 recibió el Premio AICA 2013 por las muestras Vasco Szinetar. Cuerpo de Exilio/El Ojo en Vilo, realizadas en La Caja, Fundación Chacao y en la Sala Mendoza. Durante el 2018 fue invitado por el Ministerio de Cultura Argentina para presentar tres exposiciones en el marco de la Feria del Libro de Buenos Aires: Descoloridos, en la Biblioteca Casa de la Lectura; Cheek to Cheek y Frente al espejo, en la Biblioteca Ricardo Güiraldes. En la realización  de la muestra Caracas postcards: últimos apuntes intervinieron: Kataliñ Alava como diseñadora y productora, Manuel Eduardo González como museógrafo y Lorena González como curadora de la exhibición.

ACA