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LA PLAZA VENEZUELA

Vista general de la Plaza Venezuela en los años 50

A poco que uno se dedica a observar el crecimiento de Caracas desde el damero fundacional hacia el oriente a través de las representaciones planimétricas registradas a partir de 1929 (partiendo del Plano de Caracas de Ricardo Razzeti) (1), se puede notar que el mismo está signado por la prolongación de un eje que, teniendo su origen en la avenida Este 2 (paralelo a la ruta que derivará en el trayecto del Ferrocarril Central), se transforma en la Carretera del Este bordeando el Parque Sucre (hoy Los Caobos), siguiendo por lo que luego se conocerá como la Gran Avenida y la Calle Real de Sabana Grande, para más adelante (donde hoy se desarrolla la avenida Francisco de Miranda) servir de conexión a las haciendas que ocupaban el espacio entre Chacaíto y Petare cuya transformación en urbanizaciones se inicia en 1928. Este proceso de crecimiento, el cual nos es imposible desarrollar en esta breve nota, tiene en el trabajo elaborado por el ingeniero Carlos F. Linares, titulado “Consideraciones acerca del lugar hacia el cual debe extenderse la ciudad de Caracas”, publicado en la Revista Técnica del MOP de marzo de 1912, un claro precedente. Linares, dadas las condiciones naturales del valle y la localización del centro fundacional de la ciudad, veía las llanuras del este como el destino lógico de la expansión de Caracas, para lo cual proponía una serie de acciones que de haberse tomado en cuenta habrían dado un resultado de mayor calidad y orden del que en definitiva se dio.

1 (izquierda): Plano de Caracas por Ricardo Razetti, 1929. 2 (derecha): Plaza de los museos de Bellas Artes y Ciencias Naturales cuando aún se podía atravesar el Parque Los Caobos (Parque Sucre) vehicularmente. Años 1950.

Tal y como relata Ciro Caraballo Perichi en “Los últimos días de aquella de los techos rojos, o los ‘planes’ entes del ‘plan’” (aparecido en El Plan Rotival. La Caracas que no fue, Ediciones Instituto de Urbanismo FAU UCV, 1991), teniéndose a las urbanizaciones Los Caobos (1924), San Agustín (1926) y El Conde (1928) como primeras muestras de la tendencia natural de crecimiento hacia el este, dentro de criterios que no rompían con la trama tradicional, lo que las hacía ver como un bloque relativamente homogéneo, pasa a ser fundamental tomar en cuenta como aspecto coyuntural en la expansión de la ciudad la decisión asumida en 1924 por el Ejecutivo Nacional de adquirir “la mayor parte de los terrenos de la Urbanización Los Caobos -con sus lotes definidos y su vialidad ya trazada- para construir un parque urbano” que se denominará Parque Sucre por conmemorarse ese año el centenario de la Batalla de Ayacucho. Si bien las calles de la urbanización continuaron abiertas al tránsito vehicular, “esta enorme masa de árboles separaría la ciudad de su nuevo engendro: las urbanizaciones del este”, concluirá Caraballo. (2).

3. Recorte hecho al Plano de Caracas y sus alrededores (1934) de Eduardo Rohl en el que «parece adivinarse un caballo recostado contra el Ávila»
4 (izquierda): Detalle del Plano de Caracas Monumental (1936) de Ramón Sosa. 5 (derecha): Entrada de la urbanización Los Caobos promovida por Luis Roche, cuyo trazado fue diseñado por Enrique García Maldonado y José Antonio Madriz Guerrero en 1940.

Son el Plano de Caracas y sus alrededores (1934) de Eduardo Rohl y el Plano de Caracas Monumental (1936) de Ramón Sosa los que ofrecen el mejor apoyo para entender lo que posteriormente sería el destino del lugar ubicado al este del Parque Los Caobos (denominación que se le da al Parque Sucre a partir de 1937) y que dará como resultado la localización de lo que hoy conocemos como Plaza Venezuela. El plano de Rohl (3) informa con precisión acerca de la aparición de cotos aislados, algunos de ellos entre quebradas que aún permanecen intactas, débilmente conectados a la Carretera del Este, que se empiezan a poblar de quintas: Las Delicias (1928), Caracas Country Club (1928), La Florida (1929), Los Palos Grandes (1930), Los Chorros (1930), Campo Alegre (1932) y Sebucán (1932). El plano de Sosa (4), por su parte, esboza como remate de la avenida que atraviesa el Parque Los Caobos y su encuentro con la Carretera del Este que continuará hacia Sabana Grande, un espacio que marca el borde sur de lo que se denomina como “Urbanización Bigott” (con el edificio de la conocida Cigarrera incluido al borde de la ruta del Ferrocarril Central), ubicada entre las quebradas de Maripérez y Canoas. Dicho espacio se constituirá más adelante en la entrada, definida por una plaza verde inaugurada en 1941, provista de fuentes y adornada con una serie de esculturas conocidas como “Los Venados” (trasladadas en los años ’50 a la Plaza La Estrella en San Bernardino), del desarrollo emprendido por Luis Roche, cuyo trazado fue diseñado en 1940 por el arquitecto Enrique García Maldonado y el ingeniero José Antonio Madriz Guerrero, de la que hoy se conoce como urbanización Los Caobos y en el punto donde finalmente aparecerá la Plaza Venezuela. (5)

6 (izquierda): Detalle el esquema de vialidad del Plan Rotival (1939). En el lugar denominado Plaza Colón se ubicará la Plaza Venezuela. 7 (derecha): Vista de la Autopista del Este en fechas cercanas a su inauguración (1953) hacia la Plaza Venezuela.

La decisión de Roche de ubicar la urbanización en ese lugar habla a las claras de su capacidad para detectar sectores de la ciudad con un potencial de desarrollo que con el tiempo se verían convertidos en centros neurálgicos de ella. Por ello no es casual que Los Caobos se inaugure un año después de la presentación del Plan Rotival, propuesta que marca el destino del desarrollo urbano y vial de Caracas y donde empieza a considerarse lo que se denomina “Plaza Colón” como el centro geográfico de la capital y lugar donde se podría pensar en la concentración de actividades financieras.(6)

8. Izquierda: Fuente de la lPaza Venezuela del escultor Ernesto Maragall en pleno funcionamiento. Derecha: La fuente en su ubicación actual en el Parque Los Caobos

El empujón final que hará tomar su aspecto definitivo a la Plaza Venezuela lo dará, siguiendo las recomendaciones del Plano Regulador de Caracas de 1951, la construcción en 1953 de la primer etapa de la autopista del Este y del distribuidor que permitirá desde ella el acceso al espacio que nos ocupa, estrechamente vinculado, también, a través de una conexión directa que pasa sobre la autopista a la Ciudad Universitaria por la puerta “Tamanaco” (7). En este sentido, no hay que olvidar que para ese entonces el espacio central de la plaza es ocupado por un conjunto de esculturas y fuentes luminosas, producto de un concurso promovido en 1952 por el Concejo Municipal de Caracas entre los más prestigiosos artistas del país, del cual resultó ganador Ernesto Maragall con la obra que fue bautizada «Fuente Venezuela» en 1953 que hoy puede apreciarse reubicada, desde 1967, en el Parque Los Caobos.(8)

9 (izquierda): Torre Polar, Vegas & Galia (1954). 10 (derecha): Concesionario Chrysler-Plymouth, Don Hatch (1953)
11 (izquierda): Torre Capriles, John Machado y Gustavo Machado (1968). 12 (derecha): Torre Phelps, José María Puig (1968)
13 (izquierda): Nunciatura Apostólica, Manuel Mujica Millán (1944). 14 (derecha): Puente Bolívar (Los Caobos), Enrique García Maldonado (1940)

Tampoco será menor el efecto que producirá la localización allí (1954) del nuevo rascacielos de la capital: la torre Polar (tercer proyecto de la firma Vegas & Galia y primer edificio en Latinoamérica en utilizar “muros cortina”) (9), la cual estuvo acompañada a partir de ese mismo año en el terreno del frente por un sobrio concesionario de automóviles Chrysler-Plymouth diseñado por Don Hatch (10) y más hacia el este por una bomba de gasolina que aún permanece. Más adelante (1968) completarán el perfil metropolitano del espacio la Torre Capriles (proyectada por los arquitectos John Machado y Gustavo Machado) (11) y la Torre Phelps (12) (diseñada por el arquitecto José María Puig, que ocupará el lugar dejado por la demolición del showroom de Hatch), ubicadas a ambos lados de la avenida La Salle, eje principal de la urbanización Los Caobos que con el tiempo también terminó de cambiar definitivamente su condición predominantemente residencial presidida durante años por la Nunciatura Apostólica (de Manuel Mujica Millán -1944-) (13) y por el puente Bolívar diseñado por García Maldonado en 1940 (14), que daba paso a la ruta del Ferrocarril (luego Calle La Línea), demolido cuando posteriormente, se construyó la avenida Libertador.

15 (izquierda): El tráfico se apoderó de la Plaza Venezuela desde finales de los años 50. 16 (derecha): La fuente es removida el año 1967 construyéndose una trinchera para aliviar el tránsito

En resumen, a partir de 1953 el impacto que recibirá la plaza convertida en punto de encuentro vial será enorme pasando a convertirse en un lugar de congestión (15). Dicha condición que, salvando las distancias, la asemeja a la Plaza L’Etoile de París, ha hecho de este lugar un permanente dolor de cabeza para quienes piensan la ciudad con base a su vialidad y no en la condición peatonal que requiere como lugar de encuentro a escala urbana.

17 (izquierda): Nueva fuente diseñada por Santos Michelena en una ubicación lateral (1983). 18 (izquierda): Nueva fuente ubicada en el lugar original y centro geométrico del espacio que rescata el diseño de Santos Michelena (2009)
19 (arriba izquierda): Abra solar de Alejandro Otero. 20 (arriba derecha): Fisiocromía homenaje a Andrés Bello de Carlos Cruz-Diez. 21 (abajo): vista general de las áreas verdes complementarias a la Plaza Venezuela

De allí las sucesivas modificaciones que ha sufrido: vaciamiento del centro mediante la construcción de una trinchera que “resolvía” la conexión directa este-oeste y consecuente desaparición de la fuente original (1967) (16); aparición lateralmente de otra fuente diseñada por el ingeniero Santos Michelena (1983) (17); cierre de la trinchera y posterior colocación de otra fuente más moderna (que rescata el diseño de Santos Michelena) en el lugar original y centro geométrico del espacio (2009) (18) lo cual le ha permitido adquirir cierta animación nocturna, sin que por ello haya cuajado como el lugar de permanencia y disfrute que su ubicación y escala siempre han demandado y que tampoco la presencia un tanto desarticulada de obras de arte como el “Abra Solar” de Alejandro Otero (19), la “Fisiocromía homenaje a Andrés Bello” de Carlos Cruz-Díez y la propia efigie de Bello a la que sirve de marco (20), han logrado resolver. (21)

ACA

Procedencia de las imágenes

Encabezado. https://fotourbana.org/fondovisual/homenaje-a-william-nino-en-el-449no-aniversario-de-caracas/

1, 3 y 4. González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015

2. https://www.pinterest.com/pin/486107353527235250/

5, 9, 11, 13, 14, 15. Colección Crono Arquitectura Venezuela

6. Vallmitjana, M.(coord.); El Plan Rotival. La Caracas que no fue. 1939-1989. Un plan urbano para Caracas, 1991

7. https://www.pinterest.com/pin/462604192945063418/

8. https://www.pinterest.com/pin/451134087651586721/

10. https://www.ccscity450.com/otras_obras/showroom-chrysler-plymouth/

12. https://www.conlallave.com/propiedades/torre-phelps-51660841.html

16. https://www.pinterest.com/pin/282530576603829786/

17. https://twitter.com/gfdevenezuela/status/957413387197190144

18. https://medium.com/@beatrice_91993/la-fuente-de-plaza-venezuela-16-millones-de-colores-para-todos-d80306768bbf

19. https://iamvenezuela.com/2015/06/abra-solar-de-alejandro-otero/

20 http://www.cruz-diez.com/es/work/integracion-a-la-arquitectura_1/1980-1989/fisicromia-concavo-convexa-homenaje-a-don-andres-bello/

21. http://www.arquitecturapanamericana.com/wp-content/gallery/rehabilitacion-integral-de-la-fuente-de-plaza-venezuela-y-sus-zonas-de-injerencia/Foto-aerea-Plaza-Venezuela.jpg

El reto de documentar cómo se fue llenando la ciudad

Venezuela, como se sabe, experimentó, desde el punto de vista demográfico, uno de los procesos de urbanización más rápidos e intensos de cuantos se tenga registro a lo largo del siglo XX. De una proporción de población urbana del 15% en 1926, pasó al 53,3% en 1950, al 76,7% en 1971 y al 83,6% en 1990. Caracas, en particular, aumentó su población 8 veces entre 1936 y 1961 pasando de 203.342 a 1.675.278 habitantes y si nos remitimos a lo acontecido entre 1950 (donde tenía 704.567 hab.) y 1961, lo hace en más del doble. En lo relativo a la ocupación del territorio correspondiente al valle, el proceso expansivo de la ciudad pasa de abarcar una extensión de 970 Há en 1920 (cuando aún se concentraba prácticamente en el damero fundacional) a ocupar 2900 Há en 1941, 4200 Há en 1950 y 13000 Há en 1971 (cifras todas obtenidas de “La evolución urbana de Caracas. Indicadores e interpretaciones sobre el desarrollo de la interrelación ciudad-naturaleza” de Antonio de Lisio aparecido en la Revista de Geográfica Venezolana -2001-).

Por otro lado, tal y como señalan Nancy Dembo, José Rosas Vera e Iván González Viso en “Caracas, modernidad y escala urbana: una aproximación interdisciplinaria” (2004), entre 1929 y 1951 de acuerdo al seguimiento hecho a través de los principales planos elaborados de la ciudad que involucran los planes de extensión y ocupación de la metrópoli “se puede concluir que todos apuntan a configurar una estructura urbana y una lógica que se caracteriza por: 1) la ocupación total del valle de Caracas; 2) la consideración del valle y los potenciales del marco geográfico en que encaja, incluyendo su desarrollo hacia el litoral costero al norte y los valles transversales hacia el sudeste; 3) la consolidación de un centro principal en lo que era la ciudad de 1934 y la extensión de ésta hacia periferias suburbanas residenciales y núcleos de equipamiento especializado; 4) la importancia de una infraestructura vial que permita la lógica de extensión esbozada”.

En todo caso, un proceso de la envergadura y violencia como el desatado encontró a las autoridades de la ciudad desprovistas de herramientas para poder llevar de manera clara su ordenación y crecimiento, más aún si pensamos que Juan Vicente Gómez, quien gobierna desde 1908 hasta 1935, se desinteresó por la capital (que en buena medida le era hostil) y se instaló en Maracay, dándose a partir de 1926 y hasta 1945 una situación según la cual recae sobre la iniciativa particular prácticamente toda la canalización y orientación de la expansión de la ciudad. Juan Pedro Posani en el capítulo titulado “El drama urbano” perteneciente a la segunda parte de Caracas a través de su arquitectura (1969) acotará: “Hay que meditar sobre el fenómeno de este urbanismo de oligarquía y clase media que en el Country, en La Florida, en Los Caobos, en la continuación de El Paraíso, en el mismo Conde y en San Agustín del Norte, en los desarrollos que ya tienden poderosamente hacia la total ocupación del Este, demuestra una feliz amplitud, una muelle generosidad espacial, profusa y a menudo virtuosa, sin mezquindades, mejorada siempre por la abundancia de una vegetación bien escogida o conservada”. Eso sí, procediéndose sin ninguna previsión a urbanizar y ocupar primero para solicitar y obtener bajo presión los servicios después, toda una suerte de actitud que en Venezuela ha sido costumbre tanto en los desarrollos “formales” como en los “informales”. En otras palabras, dentro de los límites que anteriormente ocupaba, por lo general, una hacienda, “cada urbanización parcela de manera autónoma una parte del valle, sin que nadie logre establecer realmente alguna relación orgánica entre ellas. De tal manera ya se sientan las bases para la incoherencia y el desperdicio caótico del futuro. Pero, por lo menos contrariamente a lo que ocurrirá más tarde, el propio contexto oligárquico de la especulación obliga a mantener cierta elevación en el tono y en las formas…”.

A este “urbanismo de oligarquía”, gobernado principalmente por la vivienda unifamiliar, le seguirán otros caracterizados por la especulación que inundarán el período 1945-1955 (cuando Caracas duplica tanto su población como el área ocupada), conformados por edificios multifamiliares destinados en su mayoría a vivienda en alquiler que buscaba dar cobijo a los casi 300.000 inmigrantes que hacia el país se habían desplazado como consecuencia de la posguerra, mientras en paralelo se emprendía la “guerra contra el rancho”, destinada a albergar una población de más de 150.000 personas, insuficiente en virtud de las más de 300.000 que habían migrado del interior del país a la capital.

Este “urbanismo especulativo”, imbuido en la consigna oficial de “hacer lo que sea, pero hacer”, subyacente en el “Nuevo Ideal Nacional” perezjimenista, se ve, sin embargo, acompañado por la creación de la Comisión Nacional de Urbanismo (1946), por la actividad febril de la Dirección de Obras Municipales del Distrito Federal y de las Ingenierías Municipales de los dos municipios que lo conformaban (Libertador y Sucre), arropado por el énfasis en lo vial que se hereda del Plan Rotival, rematado en el Plano Regulador de Caracas (1951) -apadrinado por Francis Violich-, y es posible seguir tras la activa gestión de funcionarios de la talla de Leopoldo Martínez Olavarría, Pedro Pablo Azpúrua y Gerardo Sansón y de urbanizadores como Juan Bernardo Arismendi, Luis Roche, Gustavo San Román e Inocente Palacios (asuntos que nos ha develado Juan José Martín Frechilla a través de Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna -2004-), es quizás el que ha sido más difícil de registrar con precisión, no tanto en la determinación de sus trazados sino en la correcta identificación de las piezas con las que se fue llenando.

Esa ciudad que (citando de nuevo a Posani) “cambió de aspecto de la noche a la mañana” en la que “pulularon quintas y edificios y surgieron calles enteras con diseños detestables, repetidos una y cien veces”, cuya “… infraestructura se realizó, pero dentro del mayor desorden” y que se materializó en Las Acacias y las Colinas de Bello Monte, La Carlota y Los Chaguaramos, la Avenida Victoria y la Avenida Miranda (por citar las zonas más relevantes), pero que abarca algunos sectores de otras urbanizaciones tanto del este como del oeste y el propio centro, es la que poco a poco se ha empezado a mirar con ojos que convierten a esos “tristes abortos disfrazados con el oropel más falso (…) a esas cornisas de yeso, esos balconcitos inútiles, esas ventanitas de hierro, esos frisos de mármol pintado…”, sumidos por mucho tiempo en el anonimato, en objetos de estudio tras la búsqueda, demostrada la calidad de muchas de las soluciones ofrecidas, de los delineantes, geómetras, aparejadores, profesionales no revalidados y constructores que se ocultaban tras la firma de ingenieros colegiados y por ende legalmente habilitados para obtener los permisos de construcción que otorgaba la municipalidad.

En tal sentido, la tesonera labor desarrollada desde DoCoMoMo Venezuela (de la mano de Hannia Gómez y Frank Alcock), cristalizada en el montaje de las exposiciones “Las Italias de Caracas” (2012) o “Suite Iberia. La arquitectura de influencia española en Caracas” (2015) en la sala TAC del Trasnocho Cultural, termina de darle forma a la puerta abierta por el Instituto de Arquitectura Urbana a través de la publicación La vivienda multifamiliar/Caracas 1940-1970 (1983) y posteriormente por la exhibición “1950. El espíritu  moderno” (1997) gracias al tratamiento dado en esta última a lo que se denominó como “Estilismo anónimo”, arquitectura de mediana escala que con el auxilio de mano de obra especializada procedente de la inmigración europea “permitió el desarrollo de un lenguaje escrito en mármol, granito, pórticos, cornisas, basamentos, balcones, escaleras y lucernarios”. Dicha arquitectura “extravagante”, que aparece al margen y la vez arropa lo producido por quienes a la par materializaban nuestra modernidad arquitectónica, estaría realizada por los llamados “especialistas”, suerte de profesionales con alta preparación técnica a quienes se les atribuye la responsabilidad de su autoría. “Una multitud valerosa de trabajadores que vinieron a reconstruir sus vidas, y que, haciéndolo, lo primero que reconstruyeron fue su propia ciudad fragmentada”, como dirá Hannia Gómez en el texto introductoria del catálogo de “Las Italias de Caracas”.

Sin embargo, el empeño por calificar indiscriminadamente de “especialistas” a todos los que intervinieron en el proceso de diseño y construcción de un gran número de edificios con las características señaladas, terminó por demostrar sus limitaciones cuando se etiquetó como tal (sin serlo) al ingeniero civil sucrense Narciso Bárcenas, objeto de un interesante artículo escrito por Blanca Rivero y Orlando Marín titulado “El Especialista. ¿Mito historiográfico o realidad histórica?”, publicado en la página web de El estilete (http://www.elestilete.com/dossier/el-especialista-mito-historiografico-o-realidad-historica/), donde llegan a la conclusión de que “más allá de una ‘invención’ historiográfica, quizá ‘El Especialista’ sea un estilo desarrollado por muchos ‘especialistas’ que, como H. Ferrato (presunto diseñador mientras trabajaba en la oficina de Bárcenas de varios edificios sin poderlos firmar por no haber revalidado el título), marcaron la imagen de la edilicia urbana caraqueña en el momento de su mayor crecimiento”. La lección ofrecida por Rivero y Marín, junto a la promesa e invitación contenidas en los hermosos “Mosaicos” presentados en las dos exposiciones realizadas en el TAC, construidos con imágenes de elementos, detalles, acabados, tratamientos y objetos “provenientes de edificios que no son monumentos históricos … pero pudieran serlo”, obliga a acudir con mayor tesón y rigor a las fuentes documentales que aportan los libros de las ingenierías municipales o el registro que durante un buen tiempo transcribió en sus páginas la Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela, como punto de partida destinado a saldar una importante deuda con un anonimato integrado por “refinados arquitectos, experimentados ingenieros, sabios constructores, poéticos artistas y magníficos artesanos” en el que se encuentra atesorado mucho talento.

ACA