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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 337

Tal y como se ha repetido tantas veces “cuando se habla de revistas venezolanas de gran calidad y belleza la primera que suele venir a la mente es El Cojo Ilustrado”. Esta legendaria publicación periódica, cuya portada del primer número engalana nuestra postal del día de hoy, apareció por primera vez el 17 de enero de 1892 al mes siguiente de la desaparición de El Zulia Ilustrado, primera revista del país en reproducir imágenes fotográficas y fotograbado y su más claro antecedente que, tras 35 números con periodicidad mensual apareció por primera vez el 24 de octubre de 1888.

El alto listón dejado por su predecesora fue asumido por los editores de El Cojo Ilustrado, con Jesús María Herrera Irigoyen (1847-1929) a la cabeza, apostando ya no a una revista de carácter regional sino abriendo las puertas a la cultura y lo que en torno a ella acontecía tanto a nivel nacional como internacional. Se editó en Caracas en la Tipografía a vapor “El Cojo” en formato de ¼ recortado (32 x 23 cms.), a tres columnas y sobre papel glasé de tan buena calidad que todavía hoy en día se conservan los originales en muy buen estado y que además permitió, al igual que El Zulia Ilustrado, la reproducción de imágenes fotográficas, fotograbados y cromofotograbados a muy buena definición, industria ésta que ya mostraba un importante desarrollo en Europa y Norteamérica. Apareció con puntualidad cada quince días, era distribuida en todo el país, su abono mensual costaba 4 bolívares y el número suelto, 2 bolívares llegando a contar con más de 3000 suscriptores a nivel nacional e internacional. Cada ejemplar tenía entre dieciséis y cuarenta páginas.

1. Manuel Echezuría (izquierda) y Jesús María Herrera Irigoyen (derecha).

Sobre el nacimiento de la revista se conoce, de acuerdo a lo publicado en https://museodellibrovenezolano.libroria.com/el-cojo-ilustrado/, que tuvo lugar en “la fábrica de cigarros ‘El Cojo’, fundada en 1873 (cuyo) nombre se tomó de uno de los socios de la cigarrería: Manuel Echezuría que era conocido con ese apodo. El otro socio era Agustín Valarino. Los cigarros ‘El Cojo’ pronto se transformaron en una empresa pujante con sucursales en todo el país, (y) es allí donde aparece Jesús María Herrera Irigoyen, (quien) es nombrado gerente de la sucursal de Caracas. En 1881 Herrera Irigoyen comienza a publicar un pequeño folleto, como propaganda para la fábrica de cigarros, pero un año después la empresa compra una tipografía, con la intención de imprimir lo necesario para los cigarros, además de diversificar sus productos. Tres años más tarde con la muerte de Echezuría, Herrera Irigoyen compra la empresa y pasa a ser el único propietario de ‘Tipografía a vapor El Cojo’” uno de los primeros talleres de fotograbado mecánico del país y punto de partida para la fundación de la revista artístico-literaria que hoy nos ocupa.

Aunque detrás del proyecto de la revista siempre estuvo Herrera Irigoyen, el primer director de El Cojo Ilustrado fue Manuel Revenga. Será a partir del n°66 (1894) que el nombre de Revenga se acompañará con el de Herrera Irigoyen, hasta 1895 en que éste aparecerá como único director hasta el número 559 del 1 de abril de 1915 que marcará su fin.

Cuidando siempre que la portada de cada ejemplar estuviese hermosamente ilustrada, El Cojo Ilustrado, dentro de una línea claramente cultural, recogía “artículos diversos sobre arte, historia, literatura y crónicas. También se incluían relatos de vidas de personajes, poemas o cuentos, obras de artes, arquitectura, curiosidades y noticias mundiales y un calendario con las fechas destacadas. La intención de la revista era unificar al país con los ideales liberales, (mostrando) un discurso que apoya a la familia, el ideal de Nación, el progreso y la civilización, la democracia, la educación y la paz; destacó sobre todo por promover la idea de la mujer como cabeza de familia para lo que se incluían secciones como moda y belleza”.

Como señala Oscar Palacios Herrera en el artículo dedicado a Jesús María Irigoyen aparecido en el Diccionario de Historia de Venezuela (https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org), “por las páginas de la revista desfilaron 3 generaciones de escritores venezolanos: desde Eduardo Blanco, Julio Calcaño y Felipe Tejera, hasta Rómulo Gallegos, José Tadeo Arreaza Calatrava y Francisco Pimentel. Quizás la que llenó el período más destacado de El Cojo Ilustrado fue la generación intermedia, en la que tanto influyó el modernismo literario y el pensamiento positivista, a la que pertenecieron -entre muchos otros nombres relevantes- prosistas como Manuel Díaz Rodríguez, Pedro Emilio Coll y Luis M. Urbaneja Achelpohl; ensayistas como César Zumeta, Pedro Manuel Arcaya y Laureano Vallenilla Lanz; poetas como Rufino Blanco Fombona, Andrés Mata y Alfredo Arvelo; historiadores como José Gil Fortoul, Eloy González y Francisco González Guinán”. Además, la publicación contó con la colaboración de fotógrafos de la talla de Henrique Avril y Luis Felipe Toro “que recorrían el país para mostrar su progreso, por lo que con frecuencia se orientaban a trabajadores, tecnología, productividad y numerosos paisajes”, convirtiéndose en cronistas gráficos de la Venezuela de finales del siglo XIX y comienzos del XX.

2. Páginas interiores del nº1 de El Cojo Ilustrado.
3. Algunos de los grabados aparecidos en el nº1 de El Cojo Ilustrado. Izquierda: «La France». Centro: Entrada al Pasaje Linares (vista sur). Derecha: «Torero» de Arturo Michelena.

El primer número, de dieciséis páginas, además de presentarse dirigido por Ravenga, mostrará en su portada a J.M. Irigoyen C.A., Empresa El Cojo, Caracas, Venezuela, como Editores Propietarios. También se dejará claro su condición bimensual y que estaría bajo la responsabilidad de Empresa El Cojo, Caracas, Venezuela. La hermosa y potente imagen que la protagoniza corresponde al grabado “El llanero domador” descrito junto al resto de ilustraciones que recoge la página 2 precisándose que el “original se debe al pincel del inspirado pintor Celestino Martínez (q.e.p.d.) y la copia a pluma, al hermano de éste, Gerónimo Martínez, representa una de las más típicas escenas de nuestros llanos”. Continuará la descripción señalando lo siguiente: “Los hijos de nuestras pampas figuran en nuestra historia de la Independencia como valerosos adalides que nunca cejaron ante empreño de arma alguna, por enorme que fuese, y que siempre fieles a la santa causa de nuestra libertad, ayudaron de continuo con su sangre a que germinara en la patria tierra la semilla fecunda de nuestra ciudadanía”. Finalizará el texto apologético preparado sobre el grabado de la portada de esta forma: “Al mismo tiempo de bello adorno y artístico regalo, quiera la suerte que sirva este dibujo de lema simbólico que nos enseñe a todos a domar los vicios de diverso linaje que sin descanso hacen venir a menos los hechos de nuestra vida nacional”, como se verá, toda una declaración de principios de los editores, quienes, evadiendo en lo posible oponerse durante 23 años a los gobernantes de turno (Raimundo Andueza Palacios, Guillermo Tell Villegas, Joaquín Crespo, Ignacio Andrade, Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez y Victorino Márquez) y, por tanto, cualquier vinculación política, se esforzaron siempre por liderar reformas que de algún modo implicaran beneficios positivos para el bienestar del país.

El Sumario del nº1 de El Cojo Ilustrado recoge como textos los siguientes: “Prospecto”, que puede considerarse como el editorial con que se presenta tanto el ejemplar como la publicación en general; “Nuestros grabados”, donde de las 14 imágenes que acompañan el número se describen 8 de ellas, de entre las cuales cabe destacar los grabados de los recién inaugurados Hospital de Niños (también conocido como Hospital Linares, devenido luego en Hospital Militar y finalmente hasta hoy en sede de la Cruz Roja Venezolana) y Pasaje Linares, ambos acompañados de una destacada reseña dedicada importante benefactor caraqueño; una fotografía del interior del Hospital Vargas (Departamento de Mujeres) terminado el año anterior; y un grabado titulado “Torero” basado en un estudio a pluma de Arturo Michelena; “Flores y jardines en Caracas” de Adolf Hernst; “Las Reputaciones” de F. de Sales Pérez; “Política europea” (extracto de las revistas y periódicos recibidos últimamente); “Poesías” de Luis López Méndez; “El Tocador” de la Baronesa Staffe (primera entrega de la transcripción traducida del libro del mismo nombre que significó un best seller para su autora); “Estrofas” de Alirio Díaz Guerra; “Sección científica” (El bacilo de la fiebre tifoidea); “Sección biográfica” (dedicada a Luis López Méndez, A. Ernst, Jesús María Suárez y Francisco de Sales Pérez); y el Capítulo I de “Su cara mitad” (novela escrita por F. Barret, traducida al castellano por Francisco Sellén).

4. Portada del último número (559) de El Cojo Ilustrado del 1 de abril de 1915. Imagen: Episodios de la guerra (la Gran Guerra había llegado)

Las claras intenciones de los editores de convertir la publicación en referencia venezolana de la industria del fotograbado, de competir abiertamente con periódicos similares del extranjero y de ser “adalides de toda reforma que de algún modo implicara positivos beneficios para el bienestar de la Patria y de sus hijos”, se ve subrayado por la visión nacionalista que se refleja en el “Prospecto” del primer número, del cual extraemos los siguiente: “Así como para la parte ilustrada, de más está decir que los editores desean con vehemencia que las hojas de esta publicación al texto dedicadas, sean palenque donde brille de preferencia el patrio talento; y para ello excita á los escritores, hombres de ciencia y arte, é industriales venezolanos, á que contribuyan con sus producciones á realzar esta obra de progreso. Todo documento que tenga relación con la Historia Patria, con la de nuestras ciencias, artes é industrias, las lucubraciones de todo linaje que de algún modo representen interés nacional ó revistan carácter genuinamente venezolano, serán acogidas con entusiasmo y deleite, pues la crónica de nuestros heroicos hechos, así como la que demuestre el orijen y desarrollo de nuestra vida intelectual, está aún por comenzarse”.

La ventana que se abre desde el mismo nº1 a la participación e interés por la mujer y sus temas en sus páginas, lo evidencia la traducción parcial del libro El Tocador de la Baronesa Staffe (seudónimo de Blanche Augustine Anyele Soyer) autora de un libro muy leído titulado La elegancia en la vida social, la cual vendrá encabezada por lo siguiente: “en obsequio a nuestras lectoras, traduciremos de él los más notables capítulos que servirán de guía y norma a nuestras bellezas caraqueñas. Publicamos a continuación el primero”. Sobre este asunto es altamente recomendable la lectura del texto de Cecilia Rodríguez Lehmann en el interesante artículo Autorías transoceánicas. Una baronesa en un boudoir caraqueño del siglo XIX”, publicado en https://tropicoabsoluto.com, donde analiza cómo los editores de El Cojo Ilustrado, pese abrir esa interesante puerta, no están exentos de los prejuicios propios de la época en cuanto a cómo se visualiza la participación de la mujer venezolana en un medio de divulgación, cómo se introdujo la autoría femenina extranjera en el contexto del entresiglo venezolano y qué papel jugaron esa voces femeninas transoceánicas en el rediseño del campo intelectual venezolano.

5. Diversas publicaciones que tienen a El Cojo Ilustrado como tema.

Para cerrar, no queremos pasar la oportunidad de señalar que El Cojo Ilustrado y sus páginas han sido objeto tanto de recopilaciones como de varios estudios que han dado lugar a diferentes libros entre los cuales merecen ser destacados los siguientes:

El Cojo Ilustrado. 1era. Edición facsimilar. Fotociencia. Caracas. 1960. 12 paquetes de folletos.

El Cojo Ilustrado. Edición facsimilar. Ediciones Emar. Impreso en España. 1977 (edición completa en formato reducido). 44 tomos

Martín Perea Romero y José Agustín Catalá. Catálogo de El Cojo Ilustrado. Ediciones Centauro. Caracas. 1975

Mario Milanca Guzmán. La música en El Cojo Ilustrado, 1892-1915. Dirección de Cultura UCV. Caracas. 1993. 2 tomos.

Mirla Alcibíades R. Literatura y Nación en El Cojo Ilustrado: La “íntima satisfacción» de Jesús María Herrera Irigoyen. Fundación Bigott. Caracas. 2017

Gabriel González. La fotografía en El Cojo Ilustrado. Burbuja Editorial. Caracas. 2005.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 2 y 3. El Cojo ILustrado, nº1, 17 de enero de 1892.

  1. http://venezuelaehistoria.blogspot.com/2016/08/manuel-maria-echezuria_16.html y https://camaradecaracas.com/ocurrio-aqui/el-cojo-ilustrado/

4. https://twitter.com/cojoilustrado/status/1498427041166811139

5. https://museodellibrovenezolano.libroria.com/el-cojo-ilustrado/

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 334

“En Venezuela, su primer amigo es YORK”

Esta frase en italiano, portugués y español, es el slogan con el cual cigarrillos YORK decide acercarse a recibir a los cientos de inmigrantes europeos que llegaron a Venezuela en la década de los años 50. La publicidad de YORK, una de las más populares marcas nacionales cuya cajetilla tenía un valor de Bs. 1, aprovecha la coyuntura de la llegada de migrantes a partir de la política de “puertas abiertas” implementada por el gobierno, para reafirmar la presencia de su producto frente a la fuerte competencia que le ofrecían a nivel nacional marcas como Capitolio, Continental, Alas, Cavet mentolado o Fortuna, e importados como Chesterfield, Phillip Morris, Camel, Pall Mall o Kool.

La publicidad cumple perfectamente su cometido, pues se concibe como una pequeña guía con un mapa que sirve de referencia a los recién llegados del viejo continente, y les permite conocer dónde se encuentran las oficinas de identificación, cómo registrarse legalmente, así como también conocer las monedas de curso legal.

En el imaginario del venezolano, hasta finales del siglo XX, siempre se pensó el país como una tierra de acogida, que recibió sin prejuicios a extranjeros, principalmente provenientes de España, Italia y Portugal, que salieron en búsqueda de mejores condiciones económicas y de vida en vista de la aguda crisis de Europa antes y durante la II Guerra Mundial, cosa que Venezuela aprovechó instaurando a partir de 1936 una política de recepción organizada, al promulgarse aquel año la «Ley de Inmigración y Colonización» y crearse en 1938 el Instituto Técnico de Inmigración y Colonización (ITIC) para la asistencia de los inmigrantes y la planificación y control de la colonización agrícola.

1. El S.S. Cuba, barco en el que llegaron los primeros refugiados vascos a Venezuela en 1939 a
causa de la Guerra Civil Española.

Dicha política cobrará continuidad en la posguerra cuando en 1946 es designada la Comisión Nacional de Inmigración, presidida por Enrique Tejera París, que se encargó de organizar misiones de selección de inmigrantes en Italia, España y Portugal, y a partir de 1948 cuando la Junta Militar de Gobierno reestructuró el ITIC, transformándolo en el Instituto Agrario Nacional (IAN) en 1949, dando pie a lo que se conoció como las ya mencionadas políticas de “puertas abiertas” que Pérez Jiménez impulsará entre 1952 y 1958.

A pesar de que durante el siglo XX venezolano tuvo importante presencia el autoritarismo a través de dos largas dictaduras, la de Juan Vicente Gómez (1908-1935) y Marcos Pérez Jiménez (primero como parte de una junta militar entre 1948 y 1952 año en que es nombrado presidente provisional y luego entre 1952 y 1958 cuando se le designa como presidente constitucional), es posible afirmar que, en términos generales, el venezolano no migró masivamente durante esos lapsos, sino que, por el contrario, a pesar de ser hasta casi mediados de la centuria un país eminentemente rural con poco más de 6 millones de habitantes, experimentó más bien la llegada masiva de migrantes europeos. La aparición del petróleo trastocó la historia y generó una riqueza tal que convirtió a Venezuela en el lugar ideal para comenzar una nueva vida.

2. El Giulio Cesare, barco de bandera italiana que transportó migrantes de ese país a diversos países de Latinoamérica.

Cabe destacar que, según datos de la ONU, entre 1946 y 1959 alrededor de 7,5 millones de emigrantes abandonaron Europa, de los cuales dos millones se dirigieron a América Latina.

Cifras indican que entre 1948 y 1961 más de 600 mil extranjeros obtuvieron “cédula de identidad” por vez primera en Venezuela, mientras que otros autores señalan que la cifra habría alcanzado las 800 mil personas, 78% de las cuales eran españoles, italianos y portugueses, mientras que el 22% restante, estaba compuesto por alemanes, rusos, polacos, y europeos orientales.

Dentro del gran flujo de inmigrantes cabe señalar que la colonia de españoles fue la más numerosa dentro de los europeos que llegaron a Venezuela quedándose en el país el 52% de toda la emigración española dirigida a América. Como dato de interés, en el censo del año 1950 la comunidad hispana en Venezuela alcanzaba las 37.887 personas siendo en ese momento la segunda colonia en importancia después de la italiana, cifra que fue superada casi de inmediato al ascender a más de 200.000 españoles en el territorio nacional entre 1951 y 1958.

3. Dos avisos oficiales publicados en la prensa nacional por el Departamento de Inmigración del Instituto Agrario Nacional en 1952 y 1953, que denotan las consideraciones e indicaciones que les daban a los inmigrantes porcedentes de Italia, Alemania y
Austria.

Como ya se ha esbozado, esta migración se soporta en gran parte en la implantación desde 1948 y con mayor énfasis desde 1952 por parte del gobierno de Pérez Jiménez de la política denominada de “puertas abiertas”. Para ello, tal y como nos aporta Ermila Troconis de Veracochea en El proceso de la inmigración en Venezuela (1986), el primer mandatario instruye de la siguiente manera al Director de Inmigración: “Abra usted las puertas de la República a todo europeo que reúna las condiciones convenientes a su juicio”, línea que resultó especialmente difundida en los consulados de Italia, España y Portugal donde el perfil del inmigrante y los requisitos para ingresar al país eran expeditos y flexibles: “solo se necesitaba ser menor de 35 años, no tener antecedentes penales y poseer un certificado de buena salud, no estaban previstas las exigencias relacionadas con determinados oficios, como se había hecho con anterioridad, ni respecto a cierto tipo de preparación profesional o técnica; tampoco estaba la inmigración sujeta a control y supervisión del Estado con el propósito deliberado de favorecer determinada actividad productiva, como lo había sido en tiempos del ITIC”, apuntará Inés Quintero en “Venezuela: un país donde vivir y crear”, texto aparecido en la compilación por ella coordinada Un lugar donde vivir y crear. Españoles en la Venezuela contemporánea (2017).

4. Cuatro libros dedicados al tema migratorio en la Venezuela del siglo XX.

Por otro lado, tal y como señala Johnny Castro-Trujillo en el ensayo “Política migratoria venezolana, una tradición de recepción. El caso de la inmigración española del siglo XX” (2019), existen también otros factores que ayudaron al proceso de identificación de no nacionales, como lo fue la Ley de Naturalización promulgada en el año 1955 cuyo principal objetivo era facilitar el proceso de otorgamiento de la nacionalidad venezolana a los extranjeros.

Ello pone en evidencia que la política migratoria no solo fomentaba la inmigración, regularización e incluso identificación de las personas extranjeras que ingresaban a Venezuela, sino que también contemplaba otorgarles el derecho a acceder a la naturalización, permitiéndoles ejercer plenos derechos políticos como ciudadanos: el máximo grado de asimilación e integración a un nuevo país.

Sin embargo, Froilán Ramos Rodríguez en “La inmigración en la administración de Pérez Jiménez (1952-1958)”, artículo publicado en el nº13 de la revista Heurística (2010), señala que esta política de acoger masivamente a inmigrantes a mitad del siglo pasado, estuvo limitada a personas provenientes de Europa, a pesar de que se hablaba de “puertas abiertas” a todo extranjero.

5. Dos libros dedicados a la arquitectura realizada por españoles en el exilio provocado por la Guerra Civil. Izquierda: Juan José Martín Frechilla y Carlos Sambricio (eds.), Arquitectura española del exilio (2014). Derecha: Henry Vicente, Arquitecturas desplazadas. Arquitecturas del exilio español (2007)

En 1958 concluyó formalmente la política de puertas abiertas a raíz del derrocamiento de Pérez Jiménez y el distanciamiento que adoptó la naciente democracia de las políticas vinculadas con el régimen que la precedió. Para ese año había en Venezuela un total de 526.625 extranjeros, de los cuales el 64,11% se encontraban en el Distrito Federal, convirtiéndose Caracas de esta manera en una ciudad con un alto porcentaje de europeos en búsqueda de oportunidades.

6. Plano de la ciudad de Caracas con la señalización de los puntos de mayor interés para los trámites de los migrantes, el cual ocupaba la parte anterior de la publicidad de cigarrillos YORK que ilustra nuestra postal del día de hoy.

Dentro de este contexto, el plano que acompaña la publicidad de cigarrillos YORK, aparece como una importante evidencia del impacto de la política migratoria de puertas abiertas y además sirvió de guía a los extranjeros en su proceso de regularización e identificación en Caracas. En él se señala la ubicación de las oficinas de identificación y reconocimiento médico: la primera ubicada en el Edificio de Identificación, ubicado en la Plaza Miranda (El Silencio), y la segunda, en el edificio del Instituto Agrario Nacional (La Quebradita, Bella Vista).

Por otro lado, al reverso se provee de claras instrucciones de cómo deben gestionar su identificación los extranjeros a su llegada a la ciudad:

Requisitos para extranjeros:

1. Ir a Identificación con la tarjeta de desembarco a recoger el pasaporte. Para solicitar el pasaporte hay que comprar un timbre fiscal de 20 bolívares. (Plaza Miranda)

2. Acudir al Instituto Agrario Nacional para reconocimiento médico. Los autobuses salen del Centro Simón Bolívar.

3. Después de cumplir los trámites 1 y 2, hay que regresar a identificación con todos los documentos y un timbre fiscal de 7 bolívares, para solicitar la cédula de identidad.

También se ilustra y explica el valor de cada una de las monedas venezolanas en curso, que formaban parte de la identidad del país: un “centavo”, equivalente a 5 céntimos de bolívar; una “locha”, equivalente a 12,5 céntimos; un “medio”, equivalente a 25 céntimos; un “real”, equivalente a 50 céntimos; y las de 1 bolívar, 2 bolívares y un “fuerte”, la de mayor valor, que equivalía a 5 bolívares.

7. Reverso de la publicidad de cigarrillos YORK que ilustra nuestra postal del día de hoy.

Para la época de la política de “puertas abiertas”, autores como Froilán Ramos Rodríguez en el capítulo I de Travesía de la esperanza. La inmigración portuguesa en Barquisimeto (1948-1958) publicado en 2021, o Yonathan Alonzo Herrera en los “Antecedentes” incluidos en el texto “El Exilio Republicano Vasco y el miedo al contagio revolucionario en Venezuela: 1936-1958” (2022), señalan que Venezuela ya contaba con más de cien años de experiencias en iniciativas que fomentaran, promovieran y protegieran la inmigración, con una fuerte tradición de políticas migratorias aperturistas. Ramos Rodríguez en Travesía de la esperanza precisa cómo tan temprano como “el 13 de junio de 1831 se promulga la primera Ley de Inmigración de Venezuela; el 14 de junio, del mismo año, el Congreso de Venezuela derogó la prohibición –del 9 de agosto de 1828– que impedía el matrimonio entre españoles y venezolanos; y el presidente Páez, así, auspicia una política migratoria para traer inmigrantes canarios al suelo venezolano, otorgando facilidades para la obtención de tierras, así como incentivo a las empresas de búsqueda de inmigrantes”.

Hoy en día, la idea de pensar en Venezuela en país de acogida se ha esfumado, y sistemáticamente se le ha ido negando el derecho a la identidad a los propios venezolanos. A su vez, se ha pulverizado el valor de la moneda hasta el punto de no saber explicar cómo se compone su cono monetario. Han desaparecido claves fundamentales del funcionamiento del país, así como han desaparecido las condiciones de seguridad y prosperidad que una vez fueron atractivas para la migración europea. Hoy, según la encuesta ENCOVI 2022, tampoco existen condiciones adecuadas que garanticen el retorno de los más de 6 millones de venezolanos que han emigrado.

Nunca como hoy había sido tan necesaria una guía sencilla, clara y amable para explicar la ciudad, nuestro gentilicio, y nuestra moneda a partir de una clara política migratoria como la que se traduce del simple panfleto de publicidad de cigarrillos YORK. Él nos muestra cómo en tiempos pasados, se construyó una sociedad abierta y generosa donde los extranjeros podían saber cómo recomenzar una nueva vida en Venezuela, gracias a “su primer amigo”. Esperamos que más pronto que tarde exista una guía que nos indique como retornar a la patria.

Nota

El plano que hoy ilustra nuestra postal forma parte de la colección de Maciá Pintó.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 6 y 7. Colección Maciá Pintó

  1. http://jazoera.blogspot.com/ y https://twitter.com/RCR750/status/1143136431465992192

2. http://www.agenziabozzo.it/vecchie_navi/B-Vapore/Navi_1850-1950_B120_piroscafo_GIULIO_CESARE_1913_Navigazione_Generale_Italiana_Soc_Italia_1932.htm y https://voce.com.ve/2020/08/14/516693/reviven-el-pasado-italiano-en-caracas/

3. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad y https://www.facebook.com/117631172382/photos/a.10150142128242383/10157676130017383/?type=3

4 y 5. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad