HA SIDO NOTICIA

Smiljan Radic,

Premio Arnold W. Brunner

Pedro Bahamondes Ch.

Tomado de http://www.latercera.com/cultura/noticia

8 de mayo de 2018

Smiljan Radic, arquitecto chileno: “No se puede hablar del buen momento de la arquitectura chilena si no existen buenas herencias”

El 23 de mayo recibirá en Nueva York el premio Arnold W. Brunner que acaba de otorgarle la Academia de Artes y Letras de EEUU, por su «contribución significativa a la arquitectura como arte».

Lo extravagante suele desplazar lo primitivo, pero no para Smiljan Radic. Más bien es al revés: tanto en las obras que expuso en la Bienal de Venecia de 2010 o la Serpentine Gallery de Londres en 2014 y, más próximos aún, en sus diseños del restaurante Mestizo, la remodelación del Museo Chileno de Arte Precolombino, el centro cultural Nave o el luminoso y recién inaugurado Teatro del Biobío, en Concepción, la fusión de materiales rústicos como la piedra, madera y cobre, con la fragilidad de una geometría atípica y que rompe con el espacio, lo han convertido, a sus 52 años, en uno de los arquitectos chilenos de mayor renombre en el mundo.

Por eso, cuando el miércoles pasado la Academia de Artes y Letras de EEUU anunció a los ganadores de los premios que entrega anualmente desde 1955 -y que recaen en escritores, compositores, artistas y arquitectos- el nombre de ascendencia croata de Radic, formado en la UC y el Instituto de Arquitectura de Venecia, apareció con energía propia. “El crea fuertes espacios atmosféricos que resuenan profundamente y trascienden lo visual”, escribió en el acta oficial la arquitecta alemana y presidenta del jurado Annabelle Selldorf, quien junto a otros 32 miembros de la institución decidieron otorgarle el Premio Arnold W. Brunner 2018 por su “contribución significativa a la arquitectura como arte”.

Pero desde el piso 20 de la Torre Santa María, donde el arquitecto levantó su oficina en los 90 y donde hoy trabaja junto a un selecto equipo de cinco personas, incluido él, Radic se oye cauto: “Me enteré hace unos dos meses del premio. Siempre es así: primero te llaman para saber si lo aceptas y una vez que lo haces se anuncia”, cuenta. “Son 200 y tantos miembros los de la Academia, y ellos presentan y postulan a los candidatos, no son concursos abiertos. En mi caso no sé quién lo habrá hecho, pero le mando a decir que me siento muy honrado de que se reconozca mi trabajo”, agrega.

Dotado de 20 mil dólares ($ 12 millones), el premio lleva el nombre del estadounidense que diseñó la imponente Congregación Shearith Israel frente al Central Park, y recayó antes en su coterráneo Richard Meier (1972) y el japonés Toyoo Itō, entre otros. Radic, en tanto, único extranjero galardonado en esta pasada, se convirtió en el primer chileno en obtenerlo además, y el próximo miércoles 23 de mayo, dice, viajará a Nueva York para la premiación.

Ud. suele decir que lo suyo es la arquitectura y no el arte, pero el premio resalta su contribución como arquitecto a esta última…

Es por llamarlo de alguna manera, pero yo diría que no es esa la traducción literal o, al menos, la que más me gusta. Yo soy arquitecto, no artista, pero hoy los límites entre una y otra parecen cada vez más difusos. Me parece que el premio distingue más bien la arquitectura vista desde el punto de vista de la creación y no en su lado más duro. Siguiendo esa línea, que lo reconozcan a uno quiere decir que mi trabajo no está enclaustrado en sí mismo y que juega a desplazar aún más esos límites.

¿En qué proyectos trabaja hoy?

En Chile, en ni uno por ahora. Estamos renovando un edificio en Londres, inauguraremos una capilla en Venecia y estamos también con un pequeño hotel en España y una casa en Lima. Pero son cosas para ocupar a las cinco personas que somos en la oficina, nada más que eso.

Su obra más reciente en Chile es el Teatro del Biobío, ¿es la más pública que ha hecho en nuestro país?

Más pública en términos de uso e imaginario, sí. Ahora, si uno ve la extensión del Museo Precolombino, también es una obra pública importante, aunque de menor tamaño. Nave también, pero siempre son obras públicas asociadas a privados. Este teatro, sin embargo (una estructura de seis pisos y 9.786 metros cuadrados, con capacidad para 1.200 espectadores) , posee el gran valor y desafío de ser una obra pública con gestión y administración que van a ser públicas también. Y el proyecto, que tardó cinco años, tenía otro componente aún más especial, porque a ese lugar se le había tratado de conquistar en varias oportunidades, a través de esculturas y memoriales. Y que aparezca este teatro en el borde del río, que debe ser de los más grandes y fastuosos que hay en Chile, es un intento por recuperar esa zona de la ciudad. Así y todo, es difícil que un solo edificio pueda lograrlo; puede llamar la atención y poner el acento sobre todo por las actividades que pueden desarrollarse ahí, pero es muy difícil que por sí mismo logre detonar algo más importante.

Cuando Alejandro Aravena (ex compañero suyo en la UC) ganó el Pritzker en 2016, se habló del “buen momento” de la arquitectura chilena. ¿Cómo lo ve Ud.?

Yo creo que no se puede hablar del buen momento de la arquitectura chilena si no existen las buenas herencias ni un futuro. Y eso es lo que las instituciones deberían atender hoy; de que si hay 10, 20 o 30 personas haciendo cosas buenas, se debe repensar cómo ese legado puede profundizarse. Los premios siempre serán excepciones, pero las excepciones por lo general no ayudan mucho. Y yo soy más de la idea de que es mejor tener un buen promedio que solo buenas excepciones.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 113

Caracas a pie, página que con periodicidad semanal apareció a lo largo de casi 7 años en el cuerpo “Ciudadanos” de El Nacional (de cuyo nº 1 ofrecemos hoy la imagen a través de nuestra postal), se convirtió en oportunidad única y muy bien aprovechada para generar lo que se podría denominar como “periodismo urbano militante” o, en otras palabras, de activismo a favor de una ciudad que ha descuidado al protagonista fundamental de su existencia: el peatón, el viandante, la persona que día a día la patea para ir a su trabajo, visitarla o simplemente desplazarse de un lugar a otro.

Los artífices de esta excepcional muestra de perseverante trabajo a favor de una fundamental causa, José (Cheo) Carvajal (comunicador social) y Juancho Pinto (sociólogo), lograron, a través de los 256 números que hemos logrado contabilizar, aparecidos entre el 19-08-2007 y el 26-01-2014, generar un particular interés entre los lectores del diario (incluidos profesionales, autoridades y gestores vinculados a lo urbano) por el enfoque que le dieron a su cruzada a favor del caminar (que nunca dudaron en calificar de “acto político”) permitiéndoles ir llenando la página de reflexiones en torno a la ciudad que tenemos, denuncias sobre lo que ha significado el descuido de sus aceras, muestras documentadas acerca de la desconsideración y desprecio de los conductores de vehículos por sobre quienes se desplazan andando por sus calles, pero sobre todo un importantísimo grupo de recorridos por los más diversos lugares de Caracas que ya de por sí se convierten en un documento invaluable para demostrar cómo la capital está llena de oportunidades para ser apreciada desde otra perspectiva, de rincones que nos ofrecen experiencias inusitadas, de trayectos que tienen sentido por su carácter temático, de sorprendentes descubrimientos de ciertas tradiciones que sobreviven dentro de la vorágine que nos envuelve. Las experiencias, impregnadas del situacionismo antisistema emergente durante los años 60-70 del siglo XX y por los textos de Manuel Delgado Ruiz, forman buena parte, además de una aguda intuición, del arsenal con que Carvajal y Pinto desencadenan su particular ensayo vivencial.

«El viandante -señalará Manuel Delgado Ruiz citado por Carvajal y Pinto- hace algunas cosas más que caminar, atravesar cuando el semáforo se le pone en verde, mirar las vitrinas o abrir y cerrar paraguas (…) Marchar, andar, sirve para cambiar de lugar, pero es también una forma de escritura en que cada trayecto que se traza es un relato, una historia íntima, una siembra de memoria (…) Sabemos que ha salido de algún lugar, pero no sabemos de cuál. Es, entonces, alguien sin origen. Tampoco sabemos adónde va ni lo que pretende. Es, por tanto, alguien sin destino ni función. En cualquier caso, es siempre un enigma, un misterio que camina.»

Diagramada bajo un criterio que se intentó respetar al máximo a través del tiempo, la página de Caracas a pie presentaba siempre un encabezado donde, además de su logo, denominación, numeración y créditos, aparecía una viñeta que recogía un breve mensaje asociado a la visión que sus responsables intentaban reflejar, cuya colección ya de por sí constituye un suculento manifiesto para ciudadanos comprometidos con el valor que tiene el cuidar los espacios urbanos destinados al peatón. El artículo, texto o tema central, redactado en un lenguaje amable para el público en general, giraba en su gran mayoría en torno a un trayecto dentro de la ciudad que valía la pena valorar y del cual se resaltaban las dificultades que presentaba transitarlo con fluidez, rescatándose variados datos de interés, edificaciones, espacios públicos, anécdotas, situaciones contradictorias y curiosidades todo lo cual se intentaba resumir en el título que se le daba al número. Carvajal ha declarado acerca de ese trajinar por los recovecos de la ciudad que ello les permitió descubrir algunos enigmas y sobre todo que «La ciudad depara muchas sorpresas, si estás atento durante el viaje. La idea que subyace en los trabajos no es buscar cosas extraordinarias, sino reivindicar lo cotidiano. Estar e interactuar. Así verificamos nuestra condición de ciudadanos». Además del diagrama y su leyenda que servía para ubicar y repetir el recorrido a quienes estuvieran interesados, siempre aparecen como complemento fotografías (cuyos comentarios siguen acentuando la militancia ciudadana), e incluso alguna nota curiosa que seguramente se le ha escapado a quienes le han dedicado su vida al estudio de lo urbano. El tono participativo y abierto que se perseguía incentivar mediante el uso de las redes sociales, se evidencia en una breve nota que bajo el título de “Lo que no vimos” solicitaba los siguiente: “Apúntenos en 350 caracteres lo que se nos pasó del trayecto. encaracas@gmail.com”.

La tozuda insistencia de Carvajal y Pinto en su cruzada tuvo como parcial recompensa la aparición en 2012 de una publicación que les permitió recoger en un solo volumen los primeros 100 números de la página editada por Los Libros de El Nacional, colección “Huellas”, serie “Caracas”. Los autores, como bien apuntan en la Introducción titulada “Caracas a pie. Una apología del roce…un documento de la Caracas del siglo XXI”, marcan a través de la estructura del libro una importante diferencia con sus “tradicionales recopilaciones periodísticas”, proponiendo una lectura no cronológica sino más bien a través de otra forma de organizar el material mediante un “mapa de la ciudad que rompe el paradigma Este-Oeste, división maquinal y maniquea de la ciudad, que ha servido como instrumentalización de discursos excluyentes y negadores de toda posibilidad de transformar nuestra realidad física y social”, haciendo justicia “a las zonas Norte y Sur de la ciudad, y por ende a su necesidad de mayor conexión”. Allí, además, se incluyeron aquellas ediciones “que no implicaron ningún recorrido sino que fueron pura reflexión o manifiesto sobre las posibilidades y contratiempos de la peatonalidad caraqueña”, un glosario con definiciones propias hechas desde la realidad de Caracas y no desde una proposición técnica, y un epílogo escrito por Marco Negrón. A modo de advertencia Carvajal y Pinto quieren dejar claro que “no nos anima ninguna vocación de producir ‘ciudadanía’, al menos no bajo el significado con el que lamentablemente  muchos la han entendido y asumido, como sinónimo de  ‘buenos ciudadanos’, que para nada corresponde a lo que planteamos: beligerancia, atención al conflicto allí donde está presente o latente”.

También, a partir de agosto de 2007 se creó el blog http://encaracasapie.blogspot.com/ donde se buscaba complementar los contenidos de la página semanal. Encabezado por la frase “Una cosa es hablar de la ciudad, otra desde la ciudad” , se declaraba: “Somos un colectivo, heredero del semanario ‘enCaracas, cartografías del ocio y vida urbana’. Nuestro lema fundamental: ‘Todo lo que invite a la calle es asunto nuestro, todo lo que la niegue también’. Juancho Pinto y José Carvajal somos las piernas de este proyecto”.

El blog, que no contó con la perseverancia en su mantenimiento que la página del diario si mostró (su ultima entrada tiene fecha junio 2012) y que bien podría revitalizarse en parte montando en él los 256 números aparecidos en El Nacional, permite a través de su primera entrada resumir los fundamentos del proyecto (vigente por demás) que se encontraba tras esta iniciativa y con el que vale cerrar esta nota: “Caminar es un fin en sí mismo. Caminamos por el simple placer de andar, por la necesidad de tropezarnos con esa vastedad que implica la ciudad. Ver sus contrastes, participar, aunque sea fugazmente, de sus conflictos. ¿Es peligroso caminar por las calles de Caracas? No mucho más que quedarse encerrado en casa o moverse en carro de centro comercial en centro comercial. El verdadero peligro va más allá del acto de transitar de un sitio a otro: es que neguemos la ciudad y sin embargo habitemos en ella. Por eso siempre decimos que caminar es un acto político. Biopolítica pura. Caracas no parece pensada para los caminantes, pero a pesar de todos sus obstáculos (los carros, en primer lugar) cerca del 20% de sus moradores se desplazan caminando todos los días. ¿Resistencia? ¿Ecologismo? ¿Pobreza? ¿Atletismo? ¿Vouyerismo? ¿Atormentados del volante? Cuales sean las razones, poco importa. Es un hecho: en Caracas al menos una quinta parte de su población se mueve ‘apiemente’. Y si sumamos los que se mueven en transporte público, que también caminan, tendremos las tres cuartas partes de los caraqueños. ¿Cómo hacemos más amable la ciudad para esa gran mayoría que circula día a día por nuestras calles? Más allá de lo obvio (mejorando, ampliando e interconectando sus calles, plazas, parques, y su transporte público; ofreciendo luz y seguridad) nosotros decimos que militando en esta causa de los de a pie. Allí nos vemos”.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 112

Venezuela, a pocos meses del derrocamiento de la dictadura perezjimenista, participa en Bruselas (Bélgica) como parte de los 43 países extranjeros que, junto al anfitrión, 2 colonias y 8 organizaciones internacionales, se mostraron en la primera Exposición Universal organizada después de la Segunda Guerra Mundial lo cual marcó la reanudación de eventos de esta categoría, suspendidos desde Nueva York 1939.

1. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Posters elaborados para promocionar el evento

Expo Bruselas 58 al situarse en plena posguerra sirvió para que los gobiernos de los aliados de Europa Occidental aprovechasen para demostrar sus éxitos y prosperidad posbélicos, mientras que los países del Eje -Alemania, Japón e Italia- vieron en ella una oportunidad de lavar su imagen internacional. Sin embargo, lo más destacado entre la general exuberancia de la feria fue la tensión evidente entre Estados Unidos y la Unión Soviética quienes, como protagonistas de lo que se conoció como la Guerra Fría ya desatada para entonces, utilizaron sus respectivos pabellones para promover su antagonismo político, mostrar sus avances científicos y tecnológicos y hacer pulso en cuanto a su poderío armamentista e influencia internacional. Muchos recuerdan esta situación como similar a la que se presentó en la Exposición Internacional de París (1937) entre la Unión Soviética y la Alemania nazi de la cual sus respectivos pabellones representativos fueron también un claro reflejo de la crispación política e ideológica existente en el momento.

2. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Plano general de la feria

Propuesta originalmente para 1947 y aplazada inicialmente para 1955, la exposición se convirtió en un lugar para exaltar las posibilidades de la convivencia humana a la sombra de la amenazante destrucción nuclear. Identificada con el lema “Por un mundo más humano”, símbolo en sí mismo del mensaje pacifista que se quería colocar en el corazón del evento, la feria belga, abierta entre el 17 de abril y el 19 de octubre, se ubicó en un recinto de 200 hectáreas en la meseta de Heysel, a 7 kilómetros del centro de Bruselas. Muchos de los edificios utilizados fueron construidos originalmente para la exposición internacional de 1935 pero su extensión se amplió en un 50% debido a la incorporación del Parque Real de Leaken que dio cabida a un número importante de nuevas edificaciones. Su costo total, según las autoridades de la Expo, fue de 43.4 millones de dólares y recibió la visita de cerca de 42 millones de personas a lo largo de los 185 días que duró su apertura.

3. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Atomium. Arquitectos: A. y J. Polak. Creador: André Waterkeyn
4. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Izquierda: Pabellón Philips, Le Corbusier. Derecha: Pabellón de España, José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún

En términos generales, la Expo 58 ofreció un verdadero rango de las múltiples tendencias del paisaje arquitectónico de los años cincuenta. Sin embargo, el debate se ha centrado en precisar si lo allí mostrado no fue sino una vuelta de tuerca más para comprobar el ya decadente uso indiscriminado y tergiversado de los códigos propios del “estilo internacional” como sustituto del “modernismo” (caracterizados ahora por la transparencia, la dinámica de las superficies curvas y las construcciones suspendidas), sumados a la permanente búsqueda de efectos asociados a muchas “acrobacias neo-expresionistas” y a la superficialidad propia que toda feria impone. Por otro lado, ofrece una clara oportunidad para valorar posibilidades técnicas ilimitadas y, por lo tanto, los esfuerzos para dar la impresión de entrar en una nueva era donde el “progreso” vuelve a ser el protagonista. En este marco, quizás valga la pena recordar dos piezas como claras excepciones que confirman la regla: el pabellón de España (obra  de José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún), que ocupa un lugar muy destacado dentro de la arquitectura del siglo XX de ese país y el Pabellón Philips, donde Le Corbusier manifiesta su particular interpretación de la integración de las artes bajo el ropaje de una inusual utilización de la tecnología constructiva. Caso emblemático pasó a ser con el tiempo el Atomium, símbolo de la Expo, diseñado por André Waterkeyn cuya presencia aún hoy llama la atención en la ciudad.

Paradójicamente, en Bruselas también se colocó de nuevo sobre el tapete la cuestión de si una exposición universal podría seguir siendo un medio de comunicación adaptado a nuestros tiempos. Algunas partes de la muestra, así como otras contribuciones, trajeron a la mente enfoques del siglo XIX. La presentación de las colonias belgas en un período de descolonización (el Congo se independizó dos años más tarde), así como los modelos de eventos arquitectónicos de una pequeña ciudad belga o la «Pequeña Holanda» del Pabellón holandés con reconstrucciones diques, faros y la simulación del oleaje, revivieron una puesta en escena que se creía superada.

En lo concerniente a la representación venezolana, lo primero que salta a la vista es la cercanía de las fechas entre la caída de Pérez Jiménez y el inicio de la Expo, lo cual nos hace presumir que la decisión de participar ya venía siendo manejada por el régimen defenestrado y que pudo lograrse gracias a una curiosa demostración de continuidad y tino político de parte de una administración que, apostando a la democracia como forma de gobierno, buscaba dar una imagen fresca y novedosa alejada de la tiranía que la precedió.

El pabellón nacional será diseñado por Dante Savino, formado en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela quien, a causa del cierre de la Universidad en 1952, concluye el último año de estudios en Firenze, Italia, donde obtiene el título en 1954. Nos encontramos pues, en presencia de un criterio de selección que, precedido por las actuaciones de Villanueva y Malaussena en París (1937), y de Alejandro Pietri (Santo Domingo -1955-) y Guido Bermúdez (Berlín -1957-), prevalecerá hasta hoy en día dejando atrás la costumbre instaurada desde la época de Guzmán Blanco de encargar a arquitectos foráneos el diseño de nuestros pabellones representativos.

5. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Ubicación del Pabellón de Venezuela (cercano a los de México y Brasil)

La propuesta de Savino, ubicada en un lugar privilegiado dentro del conjunto de la feria, alejado a la vez de su zona más densa, bulliciosa y llamativa, nos permite apreciar una edificación horizontal, extendida, sin estridencias, de proporciones si se quiere modestas, conformada por una serie de piezas articuladas que se adaptan a la topografía y borde curvo del solar, logrando su mayor desarrollo por debajo del nivel de la calle permitiendo así la definición del acceso principal a través de un puente (que puede observarse en la fotografía que acompaña la postal del día de hoy) para dar así inicio a un recorrido en medio de patios sembrados con orquídeas que conducirán luego a un gran espacio de usos múltiples, integrado mediante una pérgola con una terraza que le sirve de expansión.

6. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Pabellón de Venezuela, Dante Savino. Arriba: perspectiva. Abajo: planta nivel acceso
7. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Pabellón de Venezuela, Dante Savino. Cortes y fachadas

La muy bien lograda espacialidad se suma a un atinado criterio en cuanto al aprovechamiento de la luz, lo que permite valorar una ambientación vinculada a la tropicalidad del país que se representa, donde la utilización de las cubiertas destinadas a los dos espacios más importantes y las pieles tramadas que los envuelven juegan un papel fundamental, aspectos todos que hemos podido apreciar gracias a la información que nos suministrara Víctor Sánchez Taffur, a quien se le encomendó la realización de una maqueta que mostró el pabellón venezolano de Bruselas en la Exposición “Horta & after” montada en la FAU UCV el año 2005 (ver Contacto FAC, nº 39, 06-08-2017).

8. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Pabellón de Venezuela, Dante Savino. Diversas fotos del exterior y el interior tomadas durante la celebración de la feria
9. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Pabellón de Venezuela, Dante Savino. Maqueta elaborada en el taller de Víctor Sánchez Taffur en ocasión del montaje de la exposición «Horta & after. 25 maestros de la arquitectura moderna en Bélgica» realizada en la FAU UCV el año 2005

Los organizadores de la Expo, se refieren en el catálogo del evento (Guía oficial Exposition Universelle de Bruselas 1958 – Desclée & Co) al contenido del pabellón como una muestra de lo que el país puede ofrecer: “su arquitectura, la belleza de sus ciudades, el esplendor de su vegetación tropical y sus vastas riquezas industriales, minerales y agrícolas”. También remiten al “alto grado de industrialización que este país ha alcanzado (que) sin duda sorprenderá al visitante” y a la posibilidad de saber “que la refinación del petróleo (…) principal actividad industrial de Venezuela (…) sirvió como un trampolín para el desarrollo de otras industrias… (…) la mecanización agrícola y el aumento y racionalización de la cría, ayudados por la construcción de presas y sistemas de riego, han transformado este sector en uno de los principales activos del país”. Con respecto a la incorporación del arte y en busca de su no siempre lograda integración con la arquitectura, es bueno destacar que el pabellón incorporó en su recorrido, para así mostrarse a plenitud, obras de Soto, Narváez, Carreño, Leufert, Gego, Otero, Cruz-Diez, Pardo y Barrios. Ello permitió a la organización de evento declarar, no sin un cierto grado de ingenuidad y algo de verdad que: “El arte ha encontrado una nueva forma de expresión en este país donde, con la ayuda del clima, todo florece. Algo de la calidez y afecto de Caracas, la capital que se conoce como la ‘Ciudad de la Eterna Primavera’, ha sido infundida en este pabellón”.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal y 8. Colección Crono Arquitectura Venezuela

  1. http://jdpecon.com/expo/wfbrussels1958.html

2. https://www.urbipedia.org/hoja/Exposici%C3%B3n_Internacional_de_Bruselas_de_1958

3 y 4. https://www.worldfairs.info/expolistepavillons.php?expo_id=14

5. Alayón J.J. «Naturalezas bajo cubierta. Los pabellones de Brasil, México y Venezuela en Bruselas 1958», Zarch, 2019

6, 7 y 9. Archivo de Víctor Sánchez Taffur

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Arquitectura Contemporánea en Hormigón

Evelia Peralta, Rómulo Moya Peralta

Trama Ediciones

2017

El hormigón es sin duda uno de los materiales favoritos de los arquitectos a la hora de proyectar, esto se explica por su gran capacidad de moldearse y crear formas complejas, así como por la diversidad de acabados y texturas que pueden ofrecer sus terminaciones. 

El siguiente libro propone un recorrido por las diversas formas en el que el hormigón puede ser protagonista de la arquitectura a través de la selección de 20 obras contemporáneas, recientes, alrededor del mundo. Cada uno de los ejemplos aporta desde una vertiente diferente, sobre el uso de este material, que es técnica constructiva, planteo estructural y recurso formal a la vez.

Diferentes arquitectos de diversas generaciones, culturas, países, continentes y contextos enriquecen este recorrido (el primero de una colección de 6 libros especializados que saldrán cada 2 meses) del que podemos nutrirnos y sacar importantes conclusiones y enseñanzas.

Participan en este volumen grandes arquitectos a nivel internacional:

1. VTria | Vasilis Triantafyllou / Ifigeneia y Dimitris Triantafyllou

2. Zaha Hadid Architects

3. Promontorio: Joao Luis Ferreira, Pedro Appleton, Paulo Martins Barata, Joao Perloiro, Paulo Perloiro

4. Sandra Barcla, Jean Pierre Crousse

5. Heatherwick Thomas Foto:©Earl Wan

6. Hagy Belzberg

7. Sergei Tchoban, Sergey Kuznetsov

8. Monoblock: Marcos Amadeo, Fernando Cynowiec Paez, Juan Granara, Adrián Russo, Alexis Schachter

9. Snøhetta

10. Toyo Ito

11. Emanuel Christ, Christoph Gantenbein

12. Gluckman Tang Arquitectos : Richard Gluckman Foto:©Claire Holt / Andrew Weigand Foto:©Graham Hebel

13. Fernando Menis

14. Coetzee Steyn

15. Pablo Gagliardo

16. Bjarke Ingels

17. Jacobo Micha Mizrahi

18. Luciano Kruk

19. Tilemachos Andrianopoulos

20. NMD: Farid Chacón, Cluaidia Urdaneta, Francisco Mustieles

ÍNDICE

1. El Hormigón armado.

2. El Hormigón como protagonista.

3. Las obras.

3.1 Administración

Administración del Sistema Municipal de Abastecimiento de Agua.

Terminal Marítimo de Salerno.

GS1 Portugal.

3.2 Educación

Aulario Universidad de Piura, UDEP.

El Hub de Aprendizaje.

Pabellón familia Kaplan en el Centro City of Hope.

3.3 Arte

Museo de Dibujo Arquitectónico.

Museo de Arte Contemporáneo, Buenos Aires (Mar).

Centro Internacional del Arte Rupestre de Montignac, “Lascaux”.

Museo Internacional del Barroco.

Museo Nacional de Suiza.

Pabellón De María, Sala de Arte.

CKK Jordanki, Centro Cultural y de Congreso.

3.4 Culto

Capilla Bosjes.

3.5  Vivienda

Edificio Pueyrredón 1101.

BHS – Honeycomb / Albany Marina Residences, Edificio 1.

Conjunto Natura.

3.6 Casas

Casa Golf.

Doble Curvatura, residencia en Creta.

Casa Guaparo.

ACA

VALE LA PENA LEER

El azote pop.

Tom Wolfe (1931-2018)

Eduardo Prieto

Tomado de Arquitectura Viva

16-05-2018

Tom Wolfe, que acaba de fallecer a los 87 años, vestía de un modo atildado y anacrónico, casi ridículo. Los impecables trajes blancos, las corbatas de estrellas no menos blancas sobre fondo azul, los botines, fueron quizá el emblema con el que el nieto de un fusilero confederado quiso expresar su heterodoxia, o tal vez simplemente -como reconoció un día Gay Talese, otro de los dandis del llamado «Nuevo periodismo»- el modo de hacerse respetar por gentes de toda condición, desde el obrero hasta el magnate. Llegar a todas las clases, inspeccionarlo todo con el olfato de un sabueso y dar cuenta de ello con la despiadada agudeza del cirujano, fueron precisamente las señas de Wolfe y de la generación de periodistas -Capote, Didion y el ya citado Talese- que dio fe del esplendor capitalista y consumista de los Estados Unidos, al tiempo que de sus muchas miserias.

El periodismo de Wolfe fue un periodismo singular, de corte literario, incluso vanguardista, rasgos que hacen que sus crónicas escritas hace cincuenta años sobre temas dispares y menudos puedan leerse hoy mejor que las novelas que le dieron fama y dinero, como La hoguera de las vanidades o Elegidos para la gloria. Fueron crónicas a las que Wolfe dio la forma de libros en los que su escritura acelerada e impresionista abordaba la realidad desde muchos y a veces contradictorios ángulos. En la América de las décadas de 1960 y 1980, esta mirada caleidoscópica tenía, por fuerza, que alcanzar también a la arquitectura, un tema que no dejó de frecuentar de un modo u otro a lo largo de la carrera. Su visión de la arquitectura y los arquitectos fue crítica, feroz incluso, muchas veces injusta, pero nunca banal. De hecho, quien quiera hacerse una idea vívida de las polémicas que se cocieron en la disciplina por aquellos años, más que buscar en manuales académicos, debe frecuentar los libros de Wolfe.

Frecuentar, por supuesto, libros tan criticados por la profesión como el fundamental ¿Quién teme a la Bauhaus feroz? (1981), la despiadada historia del grupo de arquitectos expulsados de la Europa totalitaria -con Walter Gropius a la cabeza- que, contra todo pronóstico, consiguieron que las élites de los Estados Unidos les entregaran las llaves del reino para llevar a cabo su programa radical de «empezar de cero». O libros como El coqueto aerodinámico rocanrol color caramelo de ron (1965), surgido de la fascinación por la cultura pop y playera de los años 1960 -la misma que sintió, a su modo, Reyner Banham-, pero que es una caricatura de las arquitecturas de Las Vegas -que Wolfe «descubrió’ al mismo tiempo que Venturi»-, de las «casas del futuro» a la manera de los Smithson, de los ambientes electroacústicos y de otros asuntos significativamente banales, como la tabla hawaiana, los dragsters o los coches tuneados. Y también libros -ahora que los ambientes psicodélicos parecen haberse puesto de moda entre los estudiosos de la arquitectura- como Ponche de ácido lisérgico (1968), una especie de crónica del strip en el que se embarcaron el escritor Ken Kesey y un grupo de iluminados para atravesar Estados Unidos de costa a costa con un fin orgiástico-revolucionario: abrir las puertas de la percepción a través de la ayuda indisimulada del LSD. Es una lástima que a Tom Wolfe no le haya quedado tiempo para presentar con su escritura precisa y despiadada los escenarios ridículos y amenazantes de los años que corren y de los que están por venir.

ACA

Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.