1955•La firma Guinand, Benacerraf y Vestuti, integrada por los arquitectos Moisés Benaceraff (1924-1998), Carlos Guinand Baldó (1925-1982) y Emile Vestuti (1927-1998), diseñan para la empresa Cauchos General el Edificio Administrativo (Planificación y Vivienda), el cual fue construido por la Constructora Ferrán, C.A., en un lote ubicado entre la Autopista del Este al sur y la futura avenida Libertador, en el Estado Leal, Chacao, Caracas.
El edificio Cauchos General y el lote sobre el cual fue edificado fue vendido y demolido para construir en ese sitio el Centro Comercial Sambil que fue inaugurado en 1998.
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Acceso a las oficinas.
Los amplios corredorees exteriores de acceso a las oficinas proporcionan una excelente protección solar a las Oficinas.
Otra vista del acceso a las oficinas.
Otra vista de la circulación exterior de acceso a las oficinas.
1969•Se completa la construcción, inaugura y consagra para la Diócesis de Barquisimeto la Catedral, diseñada en 1959 por los arquitectos Jan Berkam y Alfredo Jahn Jiménez (FAU UCV, revalida promoción 12B / 1962) como colaborador.
La Catedral de Nuestra Señora del Carmen o Catedral de Barquisimeto había sido comisionada por Mons. Críspulo Benítez Fortuvel. Su consagración se realizó el 14 de enero de 1969. La construcción del templo que inicialmente debía tener 3.600 m2 fue realizada por la empresa Constructora Jahn, C.A. utilizando para ello un proyecto modificado por el arquitecto Berkam que reducía su tamaño
Para su momento era una obra de avanzada ingeniería con forma de paraboloide hiperbólico con la cubierta construida con una red de cables de acero post tensados, recubiertos de concreto que sostienen paneles traslúcidos, que permiten crear la atmósfera interior que tiene el templo.
En el centro de la edificación el proyectista dispuso la alta torre del campanario que permite su ubicación a mucha distancia y bajo él, existe un cementerio de tres niveles.
La Catedral es el destino de la procesión de la imagen de la Divina Pastora, que cada 14 de enero parte de Santa Rosa hasta allí, para luego emprender el recorrido parroquial que concluye el sábado previo a la Semana Santa, cuando retorna a la iglesia de Santa Rosa.
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Catedral de Barquisimeto. La estructura del templo en construcción.
Catedral de Barquisimeto. La fachada de acceso al templo.
Catedral de Barquisimeto. El espacio interior.
Catedral de Barquisimeto. Vista interna del campanario con un Cristo crucificado tallado en madera.
Si existe una genuina Babel horizontal, esa es sin duda la Ciudad de México. La Torre de Babel bíblica fue durante mucho tiempo emblema de la cupiditas aedificandi; y los arquitectos eligieron las representaciones atareadas de su construcción como símbolos de su empeño en superar límites técnicos o teológicos. De un tiempo a esta parte, el apetito edificador se expresa más bien a través de la extensión indefinida de las urbes, en un sprawl o desparrame sobre el territorio que bien puede llamarse Babel horizontal, durante décadas ilustrada con la imagen nocturna de una interminable ciudad de Los Ángeles, y hoy representada elocuentemente por la capital de México, a la que el escritor Juan Villoro ha dedicado un volumen emocionante e imprescindible.
Tomando como título la definición de la Pampa que acuñó Pierre Drieu La Rochelle, El vértigo horizontal reúne 44 textos que combinan la crónica o el ensayo con la autobiografía de quien a lo largo de sesenta años ha vivido en unas doce direcciones diferentes, y que compone este retrato pixelado de su ciudad superponiéndolo a modo de palimpsesto a su propio itinerario vital. Este laberinto de la memoria finge ordenarse con seis líneas de viaje que agrupan los textos por su temática, y a cada uno se atribuye un logo y una estación en una presentación gráfica que se asemeja al plano del metro mexicano, al que el autor dedicó hace veinticinco años el primero de estos ensayos.
Villoro propone al lector elegir las rutas que más le interesen, algo que obliga a mencionar Rayuela, que también sugería diferentes órdenes de lectura; y la acumulación de materiales heteróclitos hace creer al prologuista que la obra tiene una deuda con el Libro de los Pasajes. Julio Cortázar y Walter Benjamin aparecen en efecto en el relato, pero el enfoque caleidoscópico del volumen tiene poco que ver con la pirotecnia experimental o con el collage bibliotecario: su trenzado minucioso de la nostalgia con la crónica social o política evoca más bien la Roma de Alfonso Cuarón o Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco, un ‘niño de la colonia Roma’ al que se cita en varios de los capítulos, definiéndolo como el «mejor crítico del progreso en la literatura mexicana del siglo XX».
El vértigo que experimenta Villoro ante el crecimiento incontenible de la ciudad no le hace sin embargo hostil al progreso, por más que persiga reductos mínimos dentro de esa urbe de escala XXL a la que se aproxima usando la mirada de Rem Koolhaas, pero sabiendo que la suya propia tiene más en común con la de Don DeLillo, Peter Handke o W.G. Sebald, y todo ello sin rehusar dar cuenta de una ‘voracidad vertical’ que explora desde Mario Pani hasta César Pelli, pasando por Pedro Ramírez Vázquez y Teodoro González de León.
El joven Villoro de uniforme miente a una joven con la que coquetea asegurando que quiere estudiar arquitectura, y el gran escritor en que se ha convertido nos confunde a sus lectores fingiendo desconcierto frente a una ciudad que comprende mejor que cualquier urbanista. Hablamos rutinariamente del Berlín de Döblin o del Dublín de Joyce, lo mismo que, más cerca de nosotros, de La Habana de Padura o la Barcelona de Mendoza. Tras este mosaico extraordinario, me parece inevitable acuñar ‘la Ciudad de México de Villoro’ como la más cabal representación de esa fascinante Babel horizontal.
Juan Villoro
El vértigo horizontal
Anagrama, Barcelona, 2019
416 páginas
ACA
Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.