TIEMPOS DE CUARENTENA

En estos momentos de aislamiento, como un aporte para que los pequeños (y no tan pequeños) tengan una distracción y puedan sobrellevar mejor el “Quédate en casa” originado por el COVID-19, la Fundación Arquitectura y Ciudad ha decidido compartir en dos entregas dominicales consecutivas, con la intención de que sean descargadas libremente, las imágenes de la publicación Colorea la arquitectura de Caracas que editara en noviembre de 2017 como acompañamiento a la celebración del 450 aniversario de la fundación de nuestra capital.

ACA

BALCONES

Como un reconocimiento a quienes leen lo que semanalmente publicamos e interactúan positivamente con nosotros, hemos decidido transcribir el mensaje que nos enviara el pasado 14 de mayo el arquitecto Víctor Artís a raíz de la nota titulada “La importancia del balcón” que publicáramos el domingo 10 de mayo (Contacto FAC nº 174), que posteriormente convertido en artículo bajo el título de “Balcones” apareciera el sábado 23 de mayo en El Universal.

APRECIADOS AMIGOS

Ha sido grato recorrer la edición 174 del Contacto FAC que con tanto mérito mantienen viva y actual, como el interés sobre los efectos que el coronavirus causará en las ciudades y en la arquitectura.  Con  mucho acierto destacan el rol de los balcones como un espacio adicional en las viviendas y ello me ha llevado a redactar lo que sigue, para dar a conocer el origen de la diversidad de balcones actual en Venezuela y de paso comentar algo sobre las ordenanzas de zonificación.
La primera ordenanza de zonificación caraqueña reglamentaba el Distrito Federal y fue promulgada antes de 1958.  Por un tiempo el Distrito Sucre tuvo un Plano de Zonificación enorme, expuesto tras un cristal en la Ingeniería Municipal, que en 1958 adquirió condición legal con la Ordenanza redactada por Luis Lander y Antonio Cruz Fernández; Aristóbulo Astorga asumió el trabajo diario y yo, funcionario municipal, me ocupé de editar el Mapa.

En ambas Ordenanzas el cómputo del área de construcción incluía toda superficie construida adicional al área de viviendas, locales u oficinas, vale decir toda área común no enajenable, como escaleras, pasillos, corredores, conserjerías y otros.  En 1961, con la construcción todavía en crisis por la incertidumbre derivada del cambio de gobierno, propuse excluir del área de construcción a todo lo no vendible y agregar como bono adicional lo dedicado a balcones más un pent house. Transcurrió un tiempo para que esta propuesta fuera aprobada por una comisión Ad-Hoc, que limitó los balcones a 6 m2, la circulación al 10 % del área de ubicación y agregó un descuento de 3,5 m2 si el área de cocina más lavadero superaba los 13,5 m2. Estas decisiones conformaron lo que fue conocido como “medidas de estímulo a la construcción” que sin duda contribuyeron a animar el sector procurando comodidad  a los usuarios, dieron inicio a casi infinitos tipos de balcones que caracterizan nuestras viviendas multifamiliares.  Participé en la redacción de la Ordenanza de Ciudad Guayana con Rosaura Pardo, Tomás Polanco y Miguel Angel Pietri y redacté la de Valencia en 1966 y una vez aprobada la LOOU, junto con Graciela de Gabaldón, María Elena Arcia y Juan Garrido redactamos las Ordenanzas prototipo.

Desde su publicación estos estímulos fueron motivo de rechazo por algunos profesionales del ramo, en especial Carmelita Rodríguez y Lindolfo Grimaldi, quienes durante décadas han mantenido esa posición. En el proyecto original de rezonificación de El Rosal propusieron eliminar los descuentos, pero permanecieron tras argumentar en su favor el Concejal Eduardo Pérez Alfonzo y han permanecido hasta nuestros días cuando se intenta eliminarlos mediante la figura de una envolvente, que mal entendida por quienes la promocionan, ha sido incorporada en la zonificación de Los Chorros. Puedo ser tildado de injusto, pero siempre me ha parecido que los esfuerzos para eliminar los estímulos, anteponen el facilitar el trabajo de los revisores a la comodidad de los usuarios.

La pandemia que nos afecta genera reflexiones sobre los efectos que pueda tener sobre las ciudades y las viviendas. En las primeras es interesante la propuesta parisina de la ciudad a 15 minutos, una forma de volver al vecindario inmediato provisto de lo esencial donde pueda ser preferible caminar o moverse en bicicleta que hacerlo en automóvil. En las viviendas se anticipa disponer espacios flexibles, donde además de las funciones básicas de comer, dormir, aseo y entretenimiento, sea posible trabajar con algo de confort, colectivo a distancia o individual. También como bien reseña el número 174 del Contacto FAC de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, debe proporcionar contacto con el aire fresco que nos rodea y con los vecinos, función a cargo de los balcones, aun los barceloneses incluidos en el boletín. De niño recuerdo el apartamento (piso) de mi abuelo, a media cuadra del Gran Teatro del Liceo en Barcelona, donde un balcón era en realidad una ventana abrible de piso a techo confinada por una baranda ornamentada con geranios, estupenda solución en días estivales, nada comparable con nuestra diversidad balconil.

La mayor parte de la población venezolana vive próxima a 10 grados al norte del ecuador y por lo tanto, tanto la fachada norte como la sur reciben sol todo el año lo que genera juegos de luces y sombras incorporables a la arquitectura como bien se puede apreciar en muchos edificios residenciales.  Ojalá un futuro boletín de la FAU destaque otra vez el aporte de los balcones al bien vivir, su actualidad derivada de la pandemia y el rol de pioneros que nos podemos atribuir desde 1962.

Repito mi gratitud por la promoción del respeto a la buena arquitectura que mantienen lo cual espero sea permanente.

Atentamente les saludo

Víctor Artis

Queda pendiente de nuestra parte intentar elaborar una segunda nota sobre “La importancia del balcón” recogiendo en este caso como dice Artís “nuestra diversidad balconil” y la manera como ese importante espacio ha sido interpretado y tratado por arquitectos y usuarios en nuestro país.

(La foto que encabeza esta nota fue realizada por Franco Micucci)

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

argument #2

Dual Practices

Otras prácticas, otras docencias

VV.AA [Edición Bilingüe]

Ediciones Asimétricas

2020

Nota de los editores
Desde hace tiempo, toda una generación de arquitectos-profesores nos preguntamos acerca de los vínculos reales entre la especulación propia de los talleres de proyectos y las prácticas arquitectónicas de quienes los imparten.

argument #2 Dual Practices. Otras prácticas, otras docencias centra su interés en explicitar esta condición que sentimos próxima: la de arquitectos que enseñan y construyen conjuntamente. Este modelo, a menudo reclamado como una de las cualidades más representativas de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM), puede encontrarse en las más relevantes escuelas de arquitectura del mundo: arquitectos que proponen ejercicios especulativos con la misma base investigadora con la que se enfrentan a su trabajo como proyectistas. Cuando esta situación se explicita hasta establecer un discurso coherente entre el estudio y el aula, y este discurso presenta la voluntad de construir una praxis cultural, podemos decir que nos encontramos frente a una ‘práctica dual’.

Textos: PIET ECKERT, UMBERTO NAPOLITANO, MARKUS BADER, FRANCO TAGLIABUE, FRANÇOIS CHARBONNET, PABLO ORIOL, FERNANDO RODRÍGUEZ, JUAN ELVIRA y FERNANDO PINO.

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NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Gego.

Geometría impura

Alberto Fernández

Ediciones Asimétricas

2020

Nota de los editores

El lugar que la obra de Gego ocupa en la tradición abstracto-geométrica de Venezuela, una de las más fecundas de América, es complejo; y es que esta obra sutil, que paradójicamente comunica tantos significados, se resiste a las definiciones. Por ello, este libro se plantea como una aproximación a la manera en que esta artista, en diálogo con los principales exponentes de esta tradición, reconociendo y compartiendo algunas de sus ideas, expresó libremente su pensamiento.

Gego creó un cuerpo de trabajo excepcional, que tensiona y desborda el canon dominante. Es decir, potenció el vínculo de su quehacer artístico con la naturaleza y tuvo una relación con el proyecto de modernización distinta a la de sus contemporáneos, lo que la llevó a desarrollar una suerte de abstracción impura, una geometría contaminada, que con el pasar de los años resulta cada vez más fascinante. Los bichos de Gego, como irónicamente llamaba a sus creaturas, pueden ser interpretados como otro de los signos de la modernidad venezolana que, al complementar la versión utópica y oficial de este proceso, se revela imprescindible.

Alberto Fernández Rojas (Ciudad Bolívar, Venezuela, 1987) es graduado con honores magna cum laude en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad Sergio Arboleda, especialista en Opinión Pública y Mercadeo Político por la Pontificia Universidad Javeriana, y master en Historia del Arte Contemporáneo y Cultural Visual por la Universidad Complutense de Madrid. Aunque se centra principalmente en las artes visuales y la cultura de América Latina, su escritura abarca ámbitos diversos siendo reconocido en 2013 con el Premio Nacional al Periodismo Económico, otorgado por la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif) de Colombia. Además de su trabajo como periodista y crítico de arte en medios de comunicación, tiene experiencia en gestión de la comunicación institucional y actividades públicas de entidades culturales y educativas.

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Broken Glass.

Mies van der Rohe, Edith Farnsworth and the Fight Over a Modernist Masterpiece

Alex Beam

Random House

2020

Nota de los editores

La verdadera historia de la relación íntima que dio origen a Farnsworth House, una obra maestra de la arquitectura del siglo XX, y se desintegró en una amarga disputa sobre el amor, el dinero, el género y la naturaleza misma del arte.

“Una historia asombrosa, contada brillantemente”
Sebastian Smee, crítico de arte ganador del Premio Pulitzer y autor de
The Art of Rivalry

En 1945, Edith Farnsworth le pidió al arquitecto alemán Mies van der Rohe, ya famoso por sus edificios de vanguardia, que diseñara una casa de fin de semana para ella fuera de Chicago. Edith era una mujer adelantada a su tiempo: soltera, era una distinguida investigadora médica, así como una violinista, traductora y poeta consumada. Los dos rápidamente comenzaron a pasar los fines de semana juntos, hablando de filosofía, misticismo católico y, por supuesto, arquitectura sobre almuerzos de picnic empapados en vino. Su colaboración personal y profesional produciría la Casa Farnsworth, una de las obras de arquitectura más importantes de todos los tiempos, una estructura cegadoramente original compuesta casi por completo de vidrio y acero.

Pero la maravilla minimalista, construida en 1951, estuvo plagada de sobrecostos y un repentino escalofrío del afecto mutuo de los dos amigos. Aunque el edificio se hizo mundialmente famoso, a Edith le resultó imposible vivir allí, debido a sus constantes fugas, inundaciones y completa falta de privacidad. Alienada y ofendida, prestó su nombre a una campaña pública contra Mies, animada por Frank Lloyd Wright. Mies, a su vez, la demandó por dinero no pagado. El prolongado juicio posterior escuchó evidencia de supuesta incompetencia por parte de un aclamado arquitecto y acusaciones de crueldad psicológica y trauma emocional. Una disputa comercial litigada en un juzgado rural de Illinois se convirtió en un juicio del arte y la arquitectura modernistas.

Entrelazando el drama personal y la historia cultural, Alex Beam presenta un elegante y fascinante tapiz narrativo que ilumina la fascinante historia detrás de uno de los proyectos arquitectónicos más bellos y significativos del siglo XX.

ACA

Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.