ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 236

Considerada como otra de las casas emblemáticas dentro de la arquitectura moderna venezolana, la vivienda que Jimmy Alcock (1932) proyectó como su morada en el Alto Hatillo, a las afueras de Caracas, señalada en su cronología como la Casa Alcock I, ha cobrado con el tiempo el gran valor que le otorgan los años de haber sido habitada con gusto y amor, y por lo que ha significado para sus usuarios.

Obra si se quiere temprana de su autor y pensada por tanto para una joven pareja, ubicada en un terreno con una pronunciada pendiente (entre el 35 y el 60%), poblado por una densa vegetación y con espectaculares visuales lejanas hacia la ciudad, es el reto que constituyó la simple toma de decisiones durante el proceso de diseño (el cual fue motivo de la elaboración de al menos tres alternativas), un argumento que habla por sí solo de las bondades alcanzadas por la propuesta definitiva. Se buscaba, ante todo, lograr una solución sobria, concentrada y económica que recurriría en buena medida a la industrialización de las piezas de la compondrían.

1. Casa Alcock I. Plano de ubicación
2. Casa Alcock I. Izquierda: Isometría general. Derecha: Vista del puente de acceso

El partido arquitectónico asumido, que llevó a los curadores de la muestra “La casa como tema. Primera aproximación antológica  de la casa en Venezuela” (Museo de Bellas Artes, 1989), a incorporarla dentro de la categoría de “Casa y Tecnología”, la cual Martín Padrón acompaña con el sugerente texto “La búsqueda de una poética de la construcción”, parte de respetar al máximo las condiciones del terreno mediante una solución que se posa sobre él, recurriéndose a la conformación de un sólido prisma de base cuadrada apoyado en un sistema estructural lógico y racional que conduce las cargas al suelo a través de cuatro grandes columnas.

Si bien la idea esencial remite a la imagen de un galpón a cuatro aguas cuyo techo está sostenido por cerchas metálicas, organizado en torno a un espacio central vinculador, y si bien la variable constructiva fue fundamental para resolver las dificultades de adaptación al lugar, sería equivocado atribuirle a ellas el rol protagónico en la caracterización de una casa donde la luz y la penumbra se equilibran a la hora de lograr una ambientación totalmente acogedora, dotándola de una atmósfera que la aproxima a la arquitectura colonial bajo coordenadas absolutamente modernas.

Otro asunto de interés viene a ser la manera como se accede una vez implantado el volumen en la pendiente. Tras la apariencia de tratarse desde el exterior de una edificación aislada de una planta, cuya cubierta ligeramente sobresale de entre la vegetación que la arropa, el aislamiento alcanzado se salva a través de la aparición de dos ligeros puentes angostos que, partiendo de la zona de contacto con la calle, señalan uno, el lugar de la puerta principal y el otro la entrada de servicio. Desde ellos se puede descubrir cómo la casa se desarrolla en tres niveles “hacia abajo” para luego fusionarse con corredores perimetrales que, a modo de espacios intermedios, resuelven la transición interior-exterior con solvencia y abren la posibilidad de disfrutar “desde afuera” de las vistas lejanas las cuales, a su vez, tienen una particular  consideración “desde dentro”.

3. Casa Alcock I. Arriba izquierda: el jardín vertical. Arriba derecha: el corredor perimetral. Abajo izquierda: el estar íntimo. Abajo derecha: Vista del espacio central.

Dos escaleras de caracol, una interior sumida en el patio de sólo 20 m2 que relaciona los dos niveles superiores y otra exterior que conecta a los balcones perimetrales conforman el sistema de circulación vertical, permitiendo ésta última acceder de forma independiente al nivel suelo y disfrutar del jardín selvático tan esmeradamente cuidado durante años por la Sra. Carolina Alcock.

Para su creador, tal y como se señala en el catálogo de la exposición organizada por la Galería de Arte Nacional (GAN) “Alcock. Obras y proyectos. 1959-1992” (1992), “esta casa con techo de tejas a cuatro aguas, no tiene ‘nada que ver con las tipologías coloniales’. Es, más bien, ‘una terraza’, que tiene que ser explicada como una sección dominada por la vista y por el jardín natural. Reforzando esta idea, el comedor original de la casa no se cerraba del todo. Paneles corredizos colgantes de vidrio y de romanilla de madera se corrían libremente para ver la vista”.

Alcock diseñó más adelante (1988), con más de 25 años de diferencia, otra casa propia, vacacional, en Mitivibó, estado Mérida (denominada como Casa Alcock II), bajo criterios totalmente diferentes, signados en este caso por la adaptación a una vivienda campesina existente encontrada en ruinas con paredes de tapia de 50 cms de espesor que se estaban cayendo, donde vuelven a ser fundamentales las consideraciones del lugar en que se encuentra y el respeto por la preexistencia. “No había ventanas. Nada era ortogonal. Sólo cuatro cuartos con puertas todos con diferentes proporciones. Los antiguos habitantes vivían en la oscuridad, en el páramo. Con ese frío, sin embargo, hicieron un patio”, dirá Alcock en el catálogo de la exposición de la GAN ya mencionado dando pie así a la explicación de la manera considerada y la vez creativa como actuó a la hora de diseñar la remodelación.

4. Casa Alcock I. Vista exterior
5. Casa Alcock I. Vistas del espacio central
6. Casa Alcock I. El estar íntimo

Rememorando a dos arquitectos desaparecidos recientemente, Domingo Álvarez y Juan Pedro Posani, transcribiremos aquí la impresión que en el primero causó la visita a la Casa Alcock I arrancándole expresiones como “¡Es una maravilla! ¡Es increíble! ¡Es la mejor casa del mundo!”, dándole pie al segundo para manifestar lo siguiente a través de su blog El viejito inquieto el 12 de noviembre de 2019:
“En esta casa, durante mas de cuarenta años, se ha escuchado a Beethoven y guarachas, se comió excelente pasta a la amatriciana con un buen vaso de tinto toscano, así como arepas de chicharrón con cerveza. Y en esta casa, así mismo, se leyó a García  Márquez.

Y es que la realidad de esta casa va mas allá y desborda la simple historia de la arquitectura. Es un punto desde el cual observar a la humanidad y la historia del mundo y del cosmos. Pertenece  más al proceso de la evolución de la humanización de América que a la historia de nuestra arquitectura. Esta se advierte en la tibia ternura de las tejas del techo (recuerdo de nuestra arquitectura colonial) o en el gran espacio central (recuerdo de los grandes espacios de las attas, churuatas y shabonos de nuestra arquitectura indígena). Pero en lo esencial lo que plantea esta casa es desplegarse como un molusco en su concha, como un dispositivo de creación de vida. Es esencial entender por qué las fotos de esta casa no equivalen nunca a las formas exageradas y definitivas de la arquitectura del gran éxito internacional. Esta es una de las grandes casas del mundo. Así como la de Niemeyer en Río, la de Murcutt en Australia, la de Aalto en Finlandia y la de Mies en los Estados Unidos, esta casa es una de las mejores del mundo. El Flaco tenia razón y podemos estar orgullosos, como arquitectos y venezolanos, de este enorme aporte de Jimmy a nuestra presencia en América.

7. Casa Alcock I. Dibujo de una de las alternativas iniciales que formó parte de la exposición Latin America in Construction: Architecture 1955–1980, MoMA, 2015

Bueno es decirlo, la Casa Alcock I fue otra de las obras que representó a Venezuela en la exposición Latin America in Construction: Architecture 1955–1980 organizada por el MoMA en 2015, quedando uno de los dibujos de las alternativas iniciales como parte de la colección del museo.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 1, 2, 3 y 5. Catálogo de la exposición Alcock. Obras y proyectos. 1959-1992. (1992)

4 y 6. http://guiaccs.com/obras/casa-alcock/

7. https://www.moma.org/collection/works/176739

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

El modo atemporal de construir

Christopher Alexander

Traducción del inglés de Julio Monteverde

Pepitas Editorial

2019

Primera edición en inglés Oxford University Press, 1979

Primera edición en castellano Editorial Gustavo Gili, S.A., 1981

Nota de los editores
En El modo atemporal de construir, Christopher Alexander se propuso contestar a la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que hace que un edificio esté adaptado simultáneamente a su función y a su entorno, que permita la aparición de la vida dentro y fuera de él, y que siga manteniendo estas cualidades a través de las generaciones y las culturas? Para el autor, el secreto se halla en una «cualidad sin nombre» que es fruto de la vivencia histórica y social del entorno, y de la aplicación directa de determinados preceptos muy sencillos.

En este sentido, la sabiduría popular habría creado, a través de siglos de pruebas y errores, una serie de «patrones», modelos simples y contrastados de distribución y construcción que al unirse de modo natural formarían un lenguaje arquitectónico concreto y facilitarían la creación de estructuras óptimas para vivir. Todo el mundo puede construir a través de patrones. Todo el mundo debería construir mediante patrones. En este auténtico libro de culto, Alexander nos ofrece una caja de herramientas para uso de todo aquel que esté interesado en habitar el mundo.

[…] Existe un modo atemporal de construir.

Posee miles de años de antigüedad y hoy es el mismo que ha sido siempre.

Los grandes edificios tradicionales del pasado, las aldeas, chozas y templos que el hombre ha percibido como su casa, siempre fueron edificados por personas que estaban muy cercanas al núcleo de este modo de construir. Solo siguiendo este modo es posible hacer grandes edificios, grandes ciudades o bellos lugares, aquellos en los que te sientes tú mismo, en los que te sientes vivo. Y, como verás más adelante, este modo conducirá a cualquiera que se interese por él a edificios que en sí mismos son tan antiguos en su forma como los árboles y las colinas, o como nuestros rostros. […]

Christopher Alexander

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Textos críticos #11

Luis Fernández-Galiano

Ediciones Asimétricas

2020

Nota de los editores

Luis Fernández-Galiano, catedrático de Proyectos en la ETSAM y alma máter de las trillizas revistas de A&V -cuyas páginas han sido una precisa radiografía de la mejor arquitectura de cada momento-, ha estructurado su labor, como docente y como crítico, desde la posición excepcional del observador avanzado. Esta doble condición le permite desempeñarse como articulista de reflejos felinos, autor de libros como el anticipatorio El fuego y la memoria: sobre arquitectura y energía, Empeños sostenibles, Fracturas y ficciones, La edad del espectáculo, Tiempo de incertidumbre, enciclopédico creador de varios Atlas de arquitectura del siglo XXI o instigador del polifónico La quimera moderna. Esta breve y sincera biografía intelectual, crítica y autocrítica, recoge un puñado de artículos concebidos como ensayos: sin citas, referencias bibliográficas o liturgia académica, pero certeros, sutiles y literarios, en los que reflexiona sobre arquitectura y ciudad desde una perspectiva ecológica. Publicados a lo largo del último cuarto de siglo y presentados en orden aproximadamente cronológico, diez de ellos ofrecen bosquejos de la década anterior a la crisis de 2008, y otros diez de la década siguiente, separados por la cesura de una reflexión general («Crítica y crisis») y flanqueados por dos textos más extensos y personales extraídos de sus discursos de ingreso en la Real Academia de Doctores y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Fernández-Galiano, crítico sensual y singular, hilvana estos textos analíticos y líricos inspirado por la música y el ritmo, que es una manera de creer en la belleza del orden matemático.

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Unless: The Seagram Building Construction Ecology

Kiel Moe (Editor)

Idioma: inglés

Programado para enero 2021

Nota del editor

Unless: The Seagram Building Construction Ecology analiza la ecología de la construcción, las geografías de los materiales y los sistemas mundiales de una de las obras icónicas de la modernidad: el edificio Seagram de Mies van der Rohe ubicado en Park Avenue, Nueva York. Al hacerlo, tiene como objetivo describir cómo los humanos y la naturaleza interactúan con la delgada corteza del planeta a través de la arquitectura. En particular, la inmensa cantidad de material, energía y trabajo que implica la construcción requiere una interpretación fresca que sitúe mejor el potencial ecológico y social del diseño. La mejora de un edificio en particular debería ser inseparable de la mejora del sistema mundial y la ecología de la construcción. Un edificio «hermoso» engendrado a través de la vulgaridad de los intercambios desiguales y los procesos de subdesarrollo ya no es una presunción sostenible en tal marco. A menos que los arquitectos comiencen a describir los edificios como eventos y artefactos terrestres, los arquitectos, para nuestro riesgo colectivo y profesional, continuarán operando fuera de las dinámicas ambientales clave y los procesos políticos clave de este siglo.

Nota

Para complementar el enfoque crítico que el libro posee, recomendamos leer el artículo «A Case for a More Literal Architecture» escrito por el propio Kiel Moe, publicado en https://www.metropolismag.com/architecture/literal-architecture-kiel-moe/

ACA

Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.