En lugar de como un mero equipamiento para salvaguardar y difundir la obra de Edvard Munch, el edificio está concebido como un centro dinámico para la cultura contemporánea y como elemento cohesivo de la comunidad de Oslo y de todo el país. Diseñado desde una revisión crítica de la tipología, el museo vertical desempeña un rol urbano trascendental, desplazando el centro de gravedad de la ciudad hacia su encuentro con el fiordo. A través de un recorrido ascendente se conectan el vestíbulo (un espacio público que aloja usos lúdicos, comerciales, culturales y de restauración), con las terrazas de la cubierta. Además, en este transcurso el público descubre una serie de programas complementarios que dan cuenta de la complejidad del conjunto: salas de restauración, dependencias administrativas, una biblioteca o un centro educativo. En el exterior, una piel ondulada de aluminio perforado con diferentes grados de transparencia dota al volumen de una imagen enigmática y evanescente, que reacciona a los leves estímulos del clima ofreciendo un aspecto cambiante en función de la hora o de la estación. Mínima huella de carbono, sostenibilidad y reciclabilidad rigieron el proceso constructivo convertido en un acontecimiento en sí mismo y centrado en la experimentación y la innovación.
“El desierto me tiene esclavizado y me alegra decir que todavía me asombra descubrir que es así”, escribe Reyner Banham en este libro, uno de los últimos que escribió en vida, no en su papel habitual de historiador de la arquitectura, sino como “fanático del desierto”, un visitante intrigado y desconcertado por las áridas tierras del suroeste de Estados Unidos.
Banham disfruta del paisaje, de las llanuras alcalinas del Valle de la Muerte, de los colores de los paisajes bajo un sol de justicia y con neblinas luminosas, de las mesas y los escasos oasis, y de conducir por las llanuras entre los arbustos de creosota. Le intrigan las obras hechas por el ser humano: los antiguos asentamientos pueblo y los observatorios de última generación, las obras del ferrocarril y las carreteras antiguas y modernas, las fantasías de Las Vegas y las misiones españolas, junto con la obra de arquitectos como Frank Lloyd Wright y Paolo Soleri. Pero todo ello con un desconcierto ante sus propias respuestas, ante el insólito descubrimiento de que el desierto es bello de una manera que ningún otro paisaje lo había sido para él, un descubrimiento lo suficientemente perturbador como para que busque las posibles raíces de sus respuestas en obras de autores como Gaston Bachelard, Joan Didion y Ray Bradbury, y de historiadores y exploradores como el esteta estadounidense John van Vyke, autor del clásico libro ‘The Desert’, y el arabista inglés Charles M. Doughty, autor de ‘Travels in Arabia Deserta’.
Empresas Graveuca (Granitera Venezia Unida C.A.), fundada el 22 de octubre de 1967 por tres inmigrantes italianos de la misma familia que vieron en Venezuela, como muchos otros, el lugar idóneo para echar raíces y progresar, es una de las compañías ligadas a la industria de la construcción con la cual, tarde o temprano, todo profesional de ese ramo llega a toparse.
Dedicada inicialmente al vaciado, pulitura y emplomado de granito para pisos, poco a poco, impulsada por los cambios en la economía, el aumento de la población y el auge que tuvo la industria de la construcción, Graveuca decide en la década de los 70 ampliar su campo de trabajo hacia la fabricación de elementos de concreto, que tímidamente había comenzado con la elaboración de bateas y escaleras en una pequeña barraca ubicada en el sector El Llanito de Caracas, para lo cual adquiere los terrenos aledaños, aumenta la dimensión del local y compra el equipo que se lo permitiría hacer.
En cuanto a su evolución en el tiempo, la página www.graveuca.com recoge cómo es la década de los ochenta la que “trae un refrescamiento y una extraordinaria complementariedad al Factor Humano” siendo el momento en que dos generaciones se suman: la de los fundadores basada en el conocimiento empírico y la de los herederos con estudios profesionales, aportando cada una desde su área específica los necesarios conocimientos que enriquecen y fortalecen la empresa, mejorándola desde el punto de vista organizativo y productivo sumándose virtudes como el sentido de pertenencia y el compromiso.
“Con la llegada de cada miembro los fundadores empiezan a delegar en ellos funciones establecidas sobre las bases de los valores de la conciencia, honestidad y progreso. Y así que con la fortaleza de la experiencia y el ímpetu progresista de los fundadores y los nuevos miembros familiares, la potenciada Junta Directiva decide expandir el alcance en el mercado y abriendo sucursales; una en el centro del país (Maracay) y la otra en el oriente del país (Barcelona)”.
La década de los noventa marca la consolidación definitiva de la empresa gracias a la aceptación y apoyo recibido en el mercado nacional y, formando parte del auge económico y desarrollo industrial del país, lograría ya para ese momento elaborar más de 2.500 productos prefabricados de concreto.
1. Algunos productos que se ofrecen a través del catálogo de Graveuca
Pionera en la elaboración en serie de piezas acabadas en Venezuela, Graveuca apostó a ofrecerle a todo el que decidía construir un sin fin de posibilidades que son recogidas en su catálogo, conformado en su mayoría por elementos acompañantes o decorativos diseñados con un estilo muy particular. La larga lista abarca, por un lado, acabados en spaccato y topes en granitos importados y, por el otro, en cuanto a productos prefabricados la mayoría en concreto natural pero también en grava lavada y yeso: balaustras, bancos y mesas, bases para mesa, basureros, bateas, brocales, cercas laterales, cercas ornamentales, chimeneas, columnas, cornisas, coronas para piscina, decoraciones, defensas de concreto, elementos verticales, escaleras, extensiones del bajante, floreros, fregaderos, jardineras para piso, jardineras de ventana, lajas de jardín, lajas de pared, lavamanos, lavamopas, machones, marcos para puerta, marcos para ventana, parrilleras, pasamanos, peanas, pedestales, pináculos, productos varios, quiebrasoles, rectángulos de ducha, rodapiés, rosetas, terminales de techo y trompos para carro.
Es en la revisión de muchos de los términos utilizados (por ejemplo, se ofrecen hasta 67 tipos de balaustra) y la manera como son fabricados, donde aflora el peso que para la empresa tuvo el origen italiano de sus fundadores ya que, salvo honrosas excepciones, uno se encuentra con piezas que evocan, llenas de un eclecticismo si se quiere ingenuo, un pasado lleno de nostalgia por lo “clásico” y de objetos que reproducen a diversas escala modelos “greco-romanos”.
El músculo de la compañía le permitió inundar durante los años 70, 80 y 90 del siglo pasado el mercado con sus productos y poco a poco empezaron a aparecer edificios y viviendas en los que se utilizó a Graveuca como principal proveedor a la hora de resolver los acabados finales y el equipamiento de las áreas exteriores, produciéndose un fenómeno que encontró a la posmodernidad como su mejor aliado, yendo a contracorriente de la racionalidad que tradicionalmente imperaba en las escuelas de arquitectura donde todo lo que ofrecía la firma era considerado de mal gusto.
Pasearse por el catálogo de productos Graveuca permite también confrontar cómo lo funcional logra tener cabida, tanto a través de piezas recargadas y pesadas como de otras que se despojan del exceso que aquellas poseen. También permite ver una atinada política de producción que apunta a un target específico y a ofrecer soluciones inmediatas a problemas constructivos de cierta complejidad como lo es el caso de las escaleras en caracol.
2. Ejemplos de cómo pueden ser utilizados algunos de los productos y elementos ofrecidos por Graveuca
La presencia de Graveuca dentro de la industria de la construcción venezolana permite encontrar un nicho donde la prefabricación se hizo presente a una determinada escala y apuntando a determinados fines, partiendo del hecho de que los elementos más básicos como el ladrillo y el bloque también la representan. En tal sentido, más allá del uso de los elementos Graveuca para satisfacer necesidades más inmediatas o la urgencia por dar fin a una obra en construcción, también sería digna de análisis la manera selectiva con la que muchos arquitectos echaron mano de lo ofrecido en el catálogo para resolver problemas de diseño.
“En la reciente década la historia de Venezuela ha mutado en el acontecer socio-político-económico y generado cambios en diversas dimensiones de su realidad inherente y propia a su proceso de transformación envolviendo en estos el ámbito empresarial y dentro de éste a Graveuca. Consecuentemente, Graveuca se vio en la necesidad de realizar cambios y adecuaciones en toda su estructura, amoldándose a nuevos requerimientos, necesidades y paradigmas actuales. (…) Un resultado inminente fue tomar la decisión de abrir la empresa a la nueva dinámica gestada en el mercado nacional a través de la fabricación de topes de mármol y granito natural y la comercialización, distribución y venta de nuevas líneas de productos que son importadas de distintos países del mundo, como son los acabados (porcelanatos, piedra naturales de granito y mármol, pizarras, accesorios para baños y otros)”.
Dicho todo lo anterior es curioso ver como la empresa se presenta a la hora de colocar un anuncio en una revista de arquitectura como el que ilustra nuestra postal del día de hoy. Allí se le da importancia a la selección para resolver las áreas exteriores del Teatro Teresa Carreño de uno de los modelos de “lajas de jardín” cuya geometría va muy a tono con la del edificio. También se hace hincapié en la propaganda de otro producto que ha tenido gran aceptación como lo son los topes de granito utilizados en cocinas y otras superficies de uso intensivo.
Hoy, con más de 50 años, Graveuca mantiene el liderazgo en la fabricación y venta de productos prefabricados de concreto y sigue ofreciendo buena parte de su catálogo de productos. También continúa siendo una empresa familiar cuya evolución incluye la capacidad de adaptarse a las circunstancias críticas que atraviesa la industria de la construcción y mantiene, pese a la merma a la que ha conducido la actual situación país, alto su espíritu por seguir trabajando en Venezuela.
Los textos reunidos en la presente obra, escritos entre 1969 y 2011, ofrecen una visión de conjunto de la trayectoria intelectual de Manuel de Solà-Morales. El reputado arquitecto y urbanista cultivó una fértil obra ensayística en la que propuso nuevas aproximaciones a cuestiones aparentemente superadas, a menudo incluso acríticamente despreciadas, discriminando los distintos usos, concepciones, materiales, sistemas y valores que conforman la ciudad. En sus diversos artículos, contribuciones a volúmenes antológicos, prólogos, conferencias, notas y otros textos de diversa índole, Solà-Morales forjó una interpretación del fenómeno urbano abierta y fragmentaria, sensible a los tiempos y usos del espacio, y atenta a la diversidad de actores que intervienen en su desarrollo; un legado extraordinario que Acantilado se complace en acercar a los lectores gracias a esta amplia selección al cuidado de Oriol Clos.
Aproximación crítica
Ciudad teórica
José María Ezquiaga
Miradas sobre la ciudad no es un texto sencillo: este libro sobre urbanismo no nos conduce con su seductora erudición y su lúcida argumentación hacia un refugio conclusivo, como los aclamados textos de Jonathan Rose o Edward Glaeser. A veces recuerda más a la inspirada incertidumbre del último Richard Sennett o a las evocaciones poéticas de Stefan Hertmans.
Manuel de Solà-Morales hizo en los últimos años un esfuerzo notable por ordenar su pensamiento en torno a sus grandes temas de reflexión: Cerdá y los ensanches, la didáctica del urbanismo o el sentido del proyecto ante la complejidad irreductible de las ‘cosas urbanas’. Pero en cierta medida, fueron sus afinidades contemporáneas las que ordenaron y vertebraron sus textos. Oriol Clos acomete la difícil tarea crítica de ayudarnos a recorrer las modulaciones de un discurso que ha tenido como constante una dosificada voluntad de cuestionar las confortables certezas que una satisfecha práctica profesional tiende a concederse periódicamente. No es fácil reconstruir un pensamiento que encuentra su medio ideal de transmisión en el aula, en torno a la mesa común de trabajo o en el debate crítico, pero Clos consigue su objetivo con serenidad y rigor.
La ciudad era para Solà-Morales algo inaprehensible, pero no incomprensible; de ahí el enorme valor que le concede a la teoría. Por ello debemos agradecer a Clos la recuperación de algunos eslabones perdidos que quizá una revisión más simplificada se hubiera permitido olvidar, como algunos textos de los años setenta sobre planeamiento o sus polémicos artículos periodísticos, haríamos bien en leer y releer desde el debate de hoy.
Tanto para quienes conocieron y disfrutaron del magisterio de Solà-Morales como para quienes se asoman por primera vez a su pensamiento, las páginas de este libro, como prologa Rafael Moneo, «nos permiten escuchar de nuevo su palabra, haciéndonoslo sentir vivo»… desde una radical contemporaneidad.
ACA
Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.