Performance en el museo / El museo como performance
Daniel Lesmes e Iñaki Estella (eds.)
Ediciones Asimétricas
2023
Nota de los editores
Uno de los procesos más relevantes en el mundo de la cultura contemporánea ha consistido en el increíble auge de las prácticas perfomativas. Surgidas a mediados del siglo XX, pero con antecedentes en las vanguardias –incluso antes–, las performances se desarrollaron en todo tipo de espacios: calles, galerías, teatros, cines, universidades. No obstante, es muy reciente su introducción en los museos como espacios de consagración cultural. ¿Qué tipo de transformaciones supone este traslado al museo de la performance?, ¿qué efectos produce en las obras y, más importante aún, hacia dónde apunta el museo de lo vivo? Nunca lo vivo ha estado tan presente en la museología contemporánea, un proceso que contrasta con la casi total desaparición de las iniciativas independientes que, hace no tanto, le sirvieron de plataforma. ¿Qué modelos temporales e historiográficos permite y produce este auge del performance en el museo? ¿Es quizás el deseo de contener lo que se desvanece en el aire lo que genera nuevos modelos de mercancía fácilmente consumible, de inmediato museificable?
Los seis ensayos que componen este libro abordan estas cuestiones desde diferentes puntos de vista incidiendo en la necesidad de abrir un debate que en la actualidad está modificando la concepción de las prácticas artísticas y las instituciones que las contienen.
Autores de los textos:
Iñaki Estella, Daniel Lesmes, Henar Rivière, Fernando Baena, Lynda Avendaño y José Antonio Sánchez.
Iñaki Estella (ed.) es profesor contratado doctor en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid. Sus áreas de investigación están relacionadas con el arte desde 1945, el arte performativo, la cultura visual, el arte latinoamericano y la historiografía artística. Entre sus publicaciones se pueden encontrar George Maciunas: historia, burocracia y colectividad (Brumaria), Fluxus (Nerea), las coediciones de Llámalo Performance (Brumaria) y de los cuatro primeros volúmenes de Desacuerdos: sobre arte, políticas y esfera pública en el Estado español (MACBA). Uno de sus ámbitos de investigación más relevantes ha consistido en la relectura de la escritura del arte español después de la transición, la relectura del arte feminista en España a principios del siglo XXI y la relación entre el museo y la universidad. Ha realizado estancias de investigación en Columbia, MoMA, Getty Research Institute y el Archivo Sohm (Stuttgart), y en Madrid, la Universidad Autónoma y la Universidad Carlos III. Ha dado conferencias en diversas ciudades en España, Santiago de Chile, Providence (RI), Nueva York, San Peterburgo, entre otras ciudades. En la actualidad investiga la noción de redes artísticas en la segunda mitad de siglo XX.
Daniel Lesmes (ed.) es doctor europeo en Historia del arte y doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Antiguo becario de la Real Academia de España en Roma, su investigación está centrada en la teoría de las imágenes y las emociones. Autor de textos como Aburrimiento y capitalismo (Pre-Textos, 2018), «Une responsabilicé commune: Goya et Didi-Huberman» (L’Europe, 2018) o «Mirar a (un) tiempo» (Peter Lang, 2020), su trayectoria está marcada por la colaboración con artistas como Manuel Saiz, Aurore Valade, David Escalona o José Luis Viñas. Ha comisariado exposiciones para los Encuentros Internacionales de la Fotografía de Arles, el Institut Français y la Casa de Velázquez. Entre 2015 y 2019 fue presidente de Cruce, una de las asociaciones de artistas y teóricos de mayor recorrido en la escena independiente de Madrid. Actualmente es profesor de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid.
El libro Caracas 455: memorias de una ciudad perdida reúne 40 crónicas e ilustraciones de lugares emblemáticos, como un homenaje a la capital en su aniversario.
Este compendio de historias –que replican la experiencia del libro Caracas en 450– recrea un recorrido por las librerías, restaurantes, bares y experiencias urbanas, que hemos visto desaparecer en los últimos años.
Las crónicas entrelazan anécdotas personales, pero también testimonios y datos, como registro de la historia de estos espacios que hicieron de Caracas una ciudad vibrante.
Los textos establecen un diálogo con el diseño y las visuales que los artistas crearon a partir de sus propios recuerdos, para reasignarle un nuevo lugar en el imaginario del lector.
No podíamos traer una chiva y un chivito a un apartamento. Ahora viviríamos en Cerro Grande, el primer superbloque que se construyó en Caracas, una joya de la arquitectura nacional que, además, por la cantidad de gente que lo habitaría, sería como vivir en un pueblo pero en vertical, con vecinos a los lados, arriba y abajo.- Leoncio Barrios
Cerro Grande es una colección de historias que relata las vivencias de una familia caraqueña en la década de 1955 a 1965. En el prólogo, el crítico José Balza, anuncia que “Estas páginas se refieren a un hogar y a su zona de Caracas, pero en ellas también es mostrada una ciudad dentro de la ciudad y el ágil retrato del país de ayer, de hoy. Todo esto mediante la versatilidad del hombre-niño (o de un niño-hombre) que nos presta su ‘retrovisor de la memoria’ para hacer el recorrido”.
Una obra donde se entremezclan memoria y ciudad, experiencia y cultura urbana. Un libro nostálgico por su mirada hacia el pasado, pero también cargado de mucha alegría porque todos los relatos están atravesados por el baile y la música de las grandes orquestas de la época.
Sagrario Berti, Aixa Sánchez y Francisco Raúl Villanueva (eds.)
Villanueva Editores
2022
Edición bilingüe
Concepción gráfica: VACA Grafik – Álvaro Sotillo, Gabriela Fontanillas.
Diseño gráfico:Álvaro Sotillo.
Sinopsis
Arte Contemporáneo de Venezuela Vol. 2 es una publicación cuyo propósito es catalogar y documentar la obra de un grupo significativo de artistas venezolanos que iniciaron y desarrollaron su obra, en un contexto global, en el período comprendido entre 2006 y 2018.
Este esfuerzo por documentar y promover el trabajo de artistas venezolanos es una iniciativa desarrollada por Villanueva editores para darle continuidad al trabajo realizado con el libro Arte contemporáneo de Venezuela (Caracas, 2006), el cual compiló la obra de muchos de los protagonistas de la escena del arte contemporáneo emergente comprendida entre la década de los noventa y los albores del siglo XXI.
En esta ocasión, Arte Contemporáneo de Venezuela Vol. 2 reúne el trabajo de 26 artistas seleccionados por un grupo de curadores e investigadores del arte en Venezuela. Bajo la dirección editorial de Sagrario Berti, Aixa Sánchez, Francisco Raúl Villanueva y el diseño de Álvaro Sotillo, cuenta con el prólogo de Cecilia Fajardo-Hill, los ensayos de Ruth Auerbach, Fabiola Arroyo, y reseñas sobre los artistas, realizadas por diversos autores, al tiempo que se despliegan, en páginas a todo color, obras representativas de las producciones de estos artistas.
Arte Contemporáneo de Venezuela Vol. 2 es un esfuerzo a contracorriente por producir, desde una iniciativa privada, un dispositivo que compile y documente un período reciente del arte de Venezuela, caracterizado en los últimos años por su deslocalización y dispersión en diferentes coordenadas del mundo. Es por ello que uno de los propósitos de este libro es dar a conocer, más allá de las fronteras venezolanas, el trabajo que a lo largo de estos años han desarrollado artistas, curadores, investigadores, galeristas, coleccionistas, entre otros actores del campo, por mantener viva una escena del arte, a pesar de las circunstancias adversas del país.
Artistas: Ana Alenso, Luis Arroyo, Angela Bonadies, Miguel Braceli, Sol Calero, Iván Candeo, Deborah Castillo, Rubén D´Hers, Juan Pablo Garza, Jaime Gili, Sheronawë Hakihiiwë, Suwon Lee, Daniel Medina (†), Yucef Merhi, Leonardo Nieves, Jorge Pedro Nuñez, Juan José Olavarría, Erika Ordosgoitti, Oscar Abraham Pabón, Lucía Pizzani, Max Provenzano, Gerardo Rojas, Armando Rosales, Rafael Serrano, Christian Vinck, Raily Stiven Yance.
A poco que uno examina las casas que han sido galardonadas con el Premio Nacional de Arquitectura en el renglón “vivienda unifamiliar” otorgado en las diferentes Bienales organizadas, las dos primeras (años 1963 y 1965) por la Sociedad Venezolana de Arquitectos (SVA), y desde la tercera celebrada en 1967 hasta la más reciente (la XIII) de 2018 por el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV), se va encontrando con la oportunidad de elaborar una especie de guion que, con el objetivo de presentarlas, documentarlas y analizarlas, colabore en el reforzamiento de nuestra memoria construida.
Es en tal sentido que habíamos previsto reseñar para el día de hoy la casa proyectada en 1974 por los arquitectos Ralph Erminy y Jorge Castillo, graduados en la UCV en las promociones 8 y 9 de 1958 y 1959, respectivamente, para el destacado hombre de ciencia, educador, escritor y poeta Alonso Gamero Reyes (1923-1980) y su familia, ubicada en la calle Laguna de Tacarigua de la urbanización Cumbres de Curumo, Caracas, por la cual fueron distinguidos, justamente, con el Premio Vivienda Unifamiliar en la VI Bienal celebrada en 1976.
Animados en hacer la tarea, nos hemos encontrado con que los registros que se encuentran acerca del diseño de la quinta se han centrado en presentarla como un excelente ejemplo de “síntesis de las artes”, dado que el sistema de cerramientos del inmueble hacia la calle (portón y reja), estuvo conformado nada más y nada menos que por una fisicromía (o cromatismo físico) del maestro Carlos Cruz-Diez, realizada en momentos en que ya venía desarrollando con paso firme esa variante expresiva dentro de su rica y dilatada carrera como artista plástico.
1. Carlos Cruz-Diez. Izquierda:Fisicromía 1, 1959. Caracas. 50 x 50 cm. Derecha: Fisicromía en el hall de entrada del Banco Central de Venezuela, 1973. Caracas. 3 mts x 6 mts.2. Cromoestructura colocada en 1992 como portón de acceso a la Torre Seguros La Previsora, Caracas (2.80m x 10.50m).3. Tres fisicromías de Cruz-Diez concebidas como arte urbano en tres ciudades diferentes. Arriba izquierda: Fisicromía Cóncavo-Convexa. Homenaje a Don Andrés Bello, Plaza Venezuela, Caracas. 1982. Arriba derecha:Fisicromía para Madrid, Parque Juan Carlos I, Madrid. 1991. Abajo: Fisicromía Color Naranja, Redoma de Guaparo, Valencia, Venezuela. 2001
Recordemos que para Cruz-Diez las fisicromías, cuyo primer ejemplo data de 1959, son “trampas de luz”, y están constituidas por una serie de elementos que forman el “fondo” de la obra y, otras verticales, de color translúcido, que al recibir la luz bañan ese fondo y transforman sus colores de forma que podemos ver incluso colores que no están en la pintura física. Sin embargo, lo interesante del caso correspondiente a la casa Gamero es la exploración tridimensional que ese particular trabajo lleva implícito, asociado a una variable estrictamente funcional como lo es el estar compuesta por un elemento fijo (reja) y otro móvil (portón) en metal, concebidos como una “pérgola vertical”, por lo que se puede decir que ello le sirvió al maestro para abrir un camino que posteriormente desarrolló con gran éxito dentro del arte urbano.
Con base en lo anterior, quienes han comentado el edificio (como es el caso de la página https://www.morasso-arquitectos.com/la-villa-moderna-en-caracas/), valoran el hecho de que la pieza de Cruz-Diez no se limitó a decorar el frente de la casa, sino que funcionaba como un filtro climático y lumínico que separaba la fachada de los espacios sociales que se abrían hacia un patio-jardín delantero, a los que las separaciones entre las láminas de la obra de arte les ofrecían una piel que mitigaba la sensación de confinamiento, conformándose un agradable espacio intermedio.
4. Frente de la casa Gamero con la fisicromía como protagonista. A la izquierda funcionando como reja (sostenida del borde del techo de la casa) y a la derecha como portón.
También nos hemos topado con descripciones como la publicada en el catálogo de la exposición “La casa como tema. Primera aproximación antológica de la casa en Venezuela”, montada en los espacios del Museo de Bellas Artes en 1989 donde, dentro de la línea que ya hemos asomado y acompañada de una foto en blanco y negro de la fachada, similar a la que, a color, engalana nuestra postal del día de hoy, se expresa lo siguiente: “La Casa Gamero puntualiza un hito de la Arquitectura Venezolana en el que el tema de la espacialidad habitable en lo íntimo se adapta plenamente a una intervención de Arte. En efecto, la horizontal fisiocromía (sic.) de Cruz-Diez demarca el territorio a partir del cual se desarrolla el espacio íntimo del hogar; la pintura, el cerramiento, lo escultórico, permiten también reflexionar el tema de la membrana. La pérgola vertical que protege el jardín interior es un aporte tipológico que da salida al tema de la casa, esta vez no definida a partir de la fachada sino de la atmósfera que recrea la barrera de luz, sombra y vegetación a partir de la cual se define la intimidad de lo externo”.
Con tales premisas por delante, quisimos conocer un poco más sobre el programa de la casa, su exacta ubicación, las variables de su entorno y su organización funcional, su espacialidad y su sistema constructivo, esperando encontrarnos con abundante información que facilitara nuestro afán de reseñarla de la manera más completa posible.
El hecho es que por más que hemos buscado, tocado puertas y enviado mensajes a personas que pudieron habernos orientado al respecto no ha sido posible, quedándonos con la extraña sensación de tener entre las manos una obra de la que, por el simple hecho de contar con el ya mencionado Cruz-Diez como acompañante, se debe asumir que todo estaba dicho.
5. El Conoto.
Si acaso, hemos podido dar con el nombre que se le colocó a la residencia: “El Conoto”, ave típicamente suramericana de unos 46 cm y 300 grs de peso cuyos “… machos adultos son principalmente negros con el obispillo castaño y la cola de un color amarillo brillante con dos plumas centrales oscuras. Tiene una cresta estrecha que es un tanto difícil de apreciar. El iris de los ojos es azul; el pico es largo y blanquecino”, denominación que remite a los amplios conocimientos de zoología que poseía el propietario, conocedor sin duda de la belleza del pájaro que tal vez quiso equiparar al diseño de la casa.
Sin bajar la guardia, también hemos intentado reconstruir un posible programa de espacios que para 1973-74, imaginamos, debió contemplarse para la numerosa familia que el profesor Gamero tenía en aquel entonces: casado en segundas nupcias en 1958 con Blanca Heredia Osío (Miss Venezuela 1956, semifinalista en el Miss Universo, graduada posteriormente de bioanalista en 1966), de quien ya tenía cuatro hijos (Gabriel, Alejandro, Aura y Valentina), a los cuales, quizás, habría que sumar como habitantes y parte del hogar los dos mayores (Alonso, arquitecto, nacido en 1951 e Hilario de 1952), provenientes de su primer matrimonio con Ana Teresa Salazar llevado a cabo a finales de los años 40 o comienzos de los 50.
6. El profesor Alonso Gamero Reyes (1923-1980) y su segunda esposa Blanca Heredia Osío (1934-2022).7. Vista de la quinta El Conoto donde se puede apreciar al fondo (izquierda) la silueta del Ávila. La foto pertenece a los archivos del Atelier Cruz-Diez.
En todo caso, parece que estaríamos hablando de una casa que rondaba los 300 metros de área de construcción de al menos 4 habitaciones con sus correspondientes áreas sociales y de servicios, ubicada en un terreno cercano a los 900 m2, uno de los de menor tamaño dentro de la cuadra. Las imágenes traducen que la quinta era de una planta (no sabemos si tuvo desniveles internos) y que fue construida con estructura de concreto armado con la incorporación de algunos elementos en concreto obra limpia.
Sobre la inclusión de Cruz-Diez como partícipe de la experiencia constructiva tampoco hemos podido encontrar gran cosa. Especulamos que quizás conocía a Gamero, o en su defecto a Erminy y Castillo, los arquitectos.
Acerca de la parcela que ocupó dentro de la calle Laguna de Tacarigua en Cumbres de Curumo, gracias a una de las fotos exteriores que asoma al fondo la silueta del Ávila, hemos llegado a la conclusión de que ocupaba la acera noreste, por lo que la conocida fachada tenía una crítica orientación suroeste que justificaba su carácter protector. De resto no hemos sabido nada más.
8. Foto que encabeza el artículo «Quinta El Conoto. Vivir en el arte», publicado por Denise Armitano Cárdenas en contexturas.org.9. Otra de las imágenes que acompaña el artículo de Denise Armitano.
Ha sido el testimonio publicado por Denise Armitano Cárdenas en contexturas.org, a raíz del fallecimiento del maestro Cruz-Diez el 27 de julio de 2019, titulado «Quinta El Conoto. Vivir en el arte», donde expresa su experiencia como visitante de la casa de los Gamero durante su infancia, otro frente colateral que nos ha permitido elaborar esta nota.
Luego de hacer un repaso sobre su obra y los homenajes de los que Cruz-Diez fue objeto, Armitano relata cómo: “En una muy breve crónica, narré que entre 1975 y 1979 solía visitar a mis primos Hernández d’Escrivan quienes vivían en la calle Laguna de Tacarigua ubicada en la caraqueña urbanización Cumbres de Curumo. En los jardines de aquella serena cuadra residencial, jugábamos con otros niños. Un día Valentina, la menor de los Gamero, nos invitó a pasar dentro de su moderna casa: la Quinta El Conoto”. Y continúa: “Aún recuerdo el agrado que significó entrar, literalmente, en una obra de arte, y el contraste entre el calor externo acompañado de la luz estridente de un día sin nubes y la frescura apacible del interior tras pasar el portón hecho de una Fisicromía (1974) de Carlos Cruz-Diez cuyo trabajo, ya a los ocho años me atrevía a reconocer y apreciar. Ese día sentí que había traspasado el umbral hacia la sofisticación de vivir, no solo rodeado de arte, sino ‘dentro’ del arte”.
El profesor Gamero, aquejado de dolencias cardíacas, sólo pudo disfrutar por seis años de la casa (falleció en Mérida en 1980), permaneciendo allí su familia durante largos años.
Entrado el siglo XXI los Gamero vendieron la casa sin que sepamos si fueron ellos o los compradores quienes antes de 2010 contrataron a un taller de herrería para desmontar el Cruz-Diez para vendérselo a un coleccionista privado.
Ello acontecía pese a que en la página fundamemoria.blogspot.com leemos que : “la Quinta El Conoto fue registrada por la Fundación de la Memoria Urbana para el Instituto del Patrimonio Cultural y el CONAC en el Preinventario Arquitectónico, Urbano y Ambiental Moderno de Caracas 2005/2006 de acuerdo al Convenio de Financiamiento Cultural 2003, No. 293 de fecha 30 de septiembre de 2003, suscrito entre la Fundación de la Memoria Urbana y el CONAC, Contrato No. CONV.CJ-003/2005, como Bien Preinventariado, y consignada ante la Alcaldía de Baruta el día 22 de noviembre de 2007. Merece ser protegida y conservada”.
A raíz del desmantelamiento de su fachada el testimonio de Denise Armitano también aporta lo siguiente: “No hay imágenes de cómo quedó la Quinta El Conoto sin su Cruz-Diez, ni creo que las habrá. Tras ser vendida hacia el año 2015, la casa parece haber sido severamente reformada. La calle fue cerrada con un portón elevado y vigilancia. Dicen que un clan familiar adquirió toda la cuadra, aconsejado por expertos acerca de su situación estratégica en caso de necesaria estampida”.
Ahora el lector entenderá por qué hemos tomado la decisión de hablar en pasado sobre la quinta El Conoto, premio en el renglón de vivienda unifamiliar en la Bienal Nacional de Arquitectura de 1976, de la que aún tenemos la esperanza de poder consultar algún día su planimetría y alguna que otra imagen de su interior para, al menos, rendirle un homenaje póstumo registrándola como es debido.