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LOS AVATARES DE LA MÁS DESCUIDADA ENTRE LAS MÁS IMPORTANTES ESQUINAS DEL PAÍS (I)

El frente norte de la Plaza Bolívar de Caracas, el que va de la esquina de Principal a la de La Torre y, en particular, lo acontecido con esta última, nos permitirá a lo largo de dos entregas ilustrar cómo el desarrollo urbano de nuestra ciudad ha dejado de atender por un tiempo demasiado prolongado lugares que sin duda deberían ser emblemáticos.

1. Primer plano de Santiago de León de Caracas, 1578, dibujado por Antonio Muñoz Ruiz. Detalle del centro fundacional

De entrada podríamos señalar que si observamos el primer plano que se conoce asociado a la fundación de Santiago de León de Caracas, el de 1578 de Juan de Pimentel (1), puede reconocerse fácilmente la importancia que se le dio a los alrededores de la “plaza” (luego Plaza Mayor y hoy Plaza Bolívar) a la hora de ubicar allí los primeros edificios importantes. Así, siguiendo los lineamientos de las Leyes de Indias, el mencionado documento dispone para cada manzana (mediante una división cruciforme a partes iguales) una serie de solares identificados como “casas”, pertenecientes con seguridad a los primeros asignatarios que poblaron la ciudad, destacando en torno a la “plaza” únicamente la palabra “cabildo” (combinada con la palabra “casa” en el cuadrante suroeste de la cuadra ubicada al norte del importante espacio público) y la palabra “iglesia”, en el mismo sitio que hoy ocupa la Catedral, como sustantivos singulares. El poder civil (el legislativo y no el ejecutivo en nuestro caso) y el eclesiástico, de acuerdo a lo normado, son los primeros en posicionarse en el corazón de la ciudad.

2. Plano de la ciudad de Santiago de León de Caracas en el año 1810 por E. Mendoza Solar

Ahora bien, de no ser por el cambio de ubicación que en 1750 sufrió el Cabildo al cuadrante diagonal en el que originalmente se encontraba (distintas localizaciones pero una misma esquina: la inicialmente nombrada de «Casas Capitulares», luego de la «Guardia Principal» y finalmente de «Principal»), donde construye su nueva sede al sur a la ya existente “Cárcel Real”, quizás el frente norte de la Plaza Mayor no hubiese pasado al segundo plano que ocupó a lo largo de siglo y medio. De hecho, para corroborar el inicio de dicha venida a menos, en el “Plano de Santiago de León de Caracas” de 1810 se asocia al espacio correspondiente a la localización original del ayuntamiento la leyenda “(en construcción) para Autoridades” cosa que de hecho no sabemos si ocurrió así. (2)

3. Casa Amarilla, 1947
4. Casa Amarilla, Caracas, 2005

Por otro lado, como se sabe, el edificio del “Ilustre Ayuntamiento” estuvo vinculado a los acontecimientos del 19 de abril de 1810 y, luego de verse seriamente afectado (junto a la cárcel que lo acompañaba) por el terremoto de 1812 y quedado en el más absoluto abandono, será comprado por el gobierno de José Antonio Páez a la Municipalidad para, después de demolerlo, elevar allí la “Casa de Gobierno” en 1841. Posteriormente (1874), durante el septenio guzmancista, Juan Hurtado Manrique se encarga de remodelar la Casa de Gobierno dotándola del aspecto que hoy presenta como Ministerio de Relaciones Exteriores o “Casa Amarilla” (3 y 4), luego de haber sido entre 1877 y 1904 la “Mansión del Presidente de la República”, uso que será trasladado al Palacio de Miraflores ante la necesidad de contar a raíz del terremoto de 1900 con una edificación a prueba de sismos.

5. Vista de la antigua Plaza Bolívar de Caracas hacia la esquina de Principal después de tumbados los protales. Circa 1866
6. Antiguo frente de la Catedral, la esquina de La Torre y la Plaza Bolívar de Caracas después de tumbados los portales. Circa 1866

La evolución demorada del frente norte de la Plaza se puede corroborar a través de dos fotografías recogidas en la primera parte de Caracas a través de su arquitectura (1969) desarrollada, como se sabe, por Graziano Gasparini: la primera (5) cercana a 1866 “cuando se estaba ultimando la demolición del mercado colonial construido en 1755 por el gobernador Ricardos”, denota la existencia de una edificación de dos plantas donde funcionaba la Oficina de Telégrafo Nacional (o Casa de Correos) en la ubicación “fundacional” del cabildo (el medio cuadrante correspondiente a la esquina de Principal); y la segunda (6), de la misma época, en la que se observa la vivienda de una planta que ocupaba el frente correspondiente a la esquina de La Torre, diagonal a la Catedral.

7. Museo de Historia Natural (1899) que luego hospedó a la Biblioteca Nacional (1903) y al Museo Bolivariano -o Boliviano- (1911). Arquitecto Alejandro Chataing

De tal manera que no será sino hasta el último lustro del siglo XIX cuando se produzcan la primeras acciones tendientes a dignificar la fachada que nos ocupa. En 1899, en un segmento del frente asociado a la esquina de Principal, Alejandro Chataing diseña un pequeño, ecléctico y recargado edificio (7) destinado a albergar el Museo de Historia Natural que luego hospedó a la Biblioteca Nacional (1903) y al Museo Bolivariano -o Boliviano- (1911) y que posteriormente fue usado, demostrando una flexibilidad muy lejana a su talante, como sede de la Prefectura de Caracas dependiente de la Gobernación del Distrito Federal (hoy se encuentra ocupado por el “Gobierno del Distrito Capital”). Se producía así, sin ningún tipo de consideración histórica, la primera fragmentación del solar fundacional destinado al cabildo de manos, casualmente, de un ente público.

8. Edificio de la Gobernación del Distrito Federal. Propuesta para todo el frente norte de la Plaza Bolívar. Gustavo Wallis en colaboración con los arquitectos franceses Lahalle y Levard. 1933

Más tarde, en 1933, al decretarse la construcción del Palacio de la Gobernación de Caracas (proyecto de Gustavo Wallis en colaboración con los arquitectos franceses Lahalle y Levard) demoliéndose lo que quedaba del mutilado edificio que albergó la Oficina de Telégrafo Nacional, se completa el fragmento restante correspondiente a la esquina de Principal con un uso similar al señalado en el plano de 1568, operación que pareciera tener visos de reivindicación histórica. Para reforzar esa apreciación valga añadir que el mencionado decreto sentaba las pautas no sólo de la construcción del Palacio sino de las cuadras adyacentes a la Plaza Bolívar, normativa que no se cumplió a cabalidad pero que, sin embargo, se ve plasmada en el dibujo de lo que sería la fachada entera al norte de la Plaza Bolívar, demostración (más allá de su marcado academicismo) de una intervención integral que preveía recuperar la dignidad y unidad que dicho frente debía tener (8). Para lograrlo se proponía eliminar el edificio de Chataing y el del Gran Hotel Venezuela que desde 1895 ocupaba el cuadrante noroeste correspondiente a la esquina de La Torre, lugar que da origen al título de esta crónica.

9. Museo Boliviano y hotel Klindt. Fachada norte de la Plaza Bolívar, de principal a La Torre, Caracas. Tarjeta postal. 1910
10. Esquina de La Torre, Caracas. Circa 1910
11. Gran Hotel Klindt, Esquina de La Torre a Principal, Caracas.1910
12. Gran Hotel Klindt, Esquina de La Torre, Caracas. Circa 1908

Aterrizando en el lote sobre el cual finalmente nos interesar ahondar, conviene señalar que en 1906 el Gran Hotel Venezuela se reacondiciona, cambia de dueño y pasa a denominarse Hotel Klindt. Se trataba de un volumen de tres pisos, atribuido al ingeniero español Franco López, dotado de un lenguaje ecléctico con remembranzas renacentistas, sin grandes ambiciones en cuanto a reconocer su envidiable localización en esquina, que se diseñó buscando hacer coincidir la modulación en vertical de su fachada con la altura de los balcones y cornisas de los edificios que compartían la cuadra: el de Chataing y el resto de la construcción decimonónica de dos plantas que para la fecha aún permanecía en la esquina de Principal (9, 10, 11 y 12). El hotel ofrecía hacia la calle cuatro locales comerciales que fueron ocupados por diversos usos, entre otros por la Barbería “Paoli”, la Botillería “La Iberia”, la Agencia de Lotería “La Central” y un salón de billares, siendo tal vez el más recordado el correspondiente a la Cervecería “Strich” (algún tiempo después, Cervecería “Donzella”), punto de encuentro durante años de la sociedad caraqueña. Posteriormente, en 1931, 4 años después de la muerte de su propietario, el edificio del Hotel Klindt es vendido y remodelado para ser utilizado para oficinas, cambiando su nombre por el de Edificio Washington, siendo finalmente derribado en 1957 (a las puertas del inicio del período democrático), con el objetivo de construir un inmueble que complementase el funcionamiento de la Gobernación del Distrito Federal.

13. Vista de la Catedral y la esquina de La Torre, Plaza Bolívar, Caracas, 1967

Es justamente a partir de la demolición del Edificio Washington y del vacío que deja en el lugar que ocupaba (13), cuando comienza la etapa más triste y accidentada relacionada con el solar ubicado en diagonal con la torre de la Catedral de Caracas, de cuyo relato nos ocuparemos la semana entrante.

ACA

Procedencia de las imágenes

1. González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015

2. https://mariafsigillo.blogspot.com/2016/04/caraquenos-otra-epoca-empieza.html

3. https://mariafsigillo.blogspot.com/2011/02/la-casa-amarilla.html

4. https://ciberturista.com/caracas/casa-amarilla-de-caracas/

5, 7 y 13. Gasparini G. y Posani J. P.; Caracas a través de su arquitectura, 1969

6. https://twitter.com/gfdevenezuela/status/960189088753217537?lang=ca

8. Galería de Arte Nacional. Wallis/Domínguez/Guinand. Arquitectos pioneros de una época, 1998

9. https://www.pinterest.com/pin/743164375986891298/?nic_v2=1a6F4m0Wq

10. https://caracashermosadotcom.wordpress.com/2016/08/02/gran-hotel-klindt/

11 y 12. https://twitter.com/gfdevenezuela/status/1056553943013228545

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

La Historia de la Ingeniería Estructural en Venezuela (Volumen I)

José Grases, Arnaldo Gutiérrez y Rafael Salas Jiménez


Fondo Editorial de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat
2017

El pasado 25 de mayo en la sede del Colegio de Ingenieros de Venezuela fue presentado el libro La Historia de la Ingeniería Estructural en Venezuela (Volumen I), significativo esfuerzo iniciado hace 8 años por reconstruir y ordenar los orígenes, evolución y aportes de esta importante disciplina.
La obra que ya podía ser consultada desde el 2016 en la página de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat (http://www.acading.org.ve/) ha logrado ahora llegar a los interesados de forma impresa, a pesar de las enormes dificultades que al día de hoy ello implica, dándose así inicio a través de su venta a la generación de un fondo que permitirá paulatinamente publicar los 4 tomos que la constituyen.
El libro consta de 615 páginas y se encuentra dividido en cuatro partes: una síntesis sobre el contenido de  los 4 volúmenes; las minibiografías (cerca de 200) de ingenieros destacados en esa especialidad; una colección de unos 400 títulos comentados, en los que se incorpora el índice de autores y coautores, de trabajos publicados en Venezuela sobre temas de Ingeniería Estructural, manuales, normas y otros; y, por último, las fichas de 1500 referencias consultadas, que abarcan el período 1850-2015, en su gran mayoría trabajos presentados en congresos, textos con fines pedagógicos, investigación de sistemas novedosos, lecciones de sismos venezolanos, etc. De la última parte destaca particularmente su utilidad para quienes están estudiando temas afines.
Tal y como los autores recogen en la presentación general: “Esta Memoria (…) en múltiples aspectos puede considerarse continuidad de la obra pionera que elaboró y coordinó el doctor Eduardo Arcila Farías, Historia de la Ingeniería en Venezuela, publicada en dos volúmenes con ocasión del primer centenario de la fundación del Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV) el año 1961.
Ese bien sustentado texto se extiende desde los inicios de la Colonia hasta el fin de los días del general Gómez en 1935. Por tanto, la presente Memoria se centra en los subsiguientes decenios del siglo XX, lapso durante el cual Venezuela ha disfrutado de una bonanza petrolera que facilitó el crecimiento del país y exigió la participación de los profesionales de la Ingeniería. Basta señalar que en los últimos 70 años el número de profesionales inscritos en el CIV pasó de poco menos de 400 a más de 180.000, y el número de especialidades registradas en el CIV se ha multiplicado: en 1925 el 99% de los inscritos se calificó como Ingeniero Civil, porcentaje este que para 2007 no alcanzó el 20%.”
La importancia de este logro de enorme valor para el conocimiento y el estudio de la disciplina puede resumirse, como señalan los autores, y a diferencia de lo que se piensa comúnmente, en cómo “el reconocimiento de la naturaleza incierta de muchos de los parámetros que se manejan en la Ingeniería moderna, es considerado como uno de los grandes avances de la Ingeniería Estructural durante el siglo XX”.

ACA

CARLOS RAÚL VILLANUEVA EN CALI

1. Vista exterior del bloque del 23 de enero construido en Cali

A poco que uno se pregunta cuántos edificios proyectó Carlos Raúl Villanueva para ser realizados fuera de Venezuela y, acto seguido, acude a los textos publicados, investigaciones hechas y páginas dedicadas a recopilar su obra, encuentra que con el pabellón de Venezuela en la Exposición Internacional de París de 1937 (autoría compartida con Luis Malaussena), el pabellón venezolano para la Exposición Universal de Montreal de 1967 y la Casa del Estudiante de la Ciudad Universitaria de París (1969), encargada por la Fundación Fina Gómez (en la que contó con la colaboración de Juan Pedro Posani), la lista se agota.
Pero cuando se reconoce que de esa corta enumeración los dos pabellones fueron desmantelados y la Casa del Estudiante sólo alcanzó el nivel de anteproyecto, se llega rápidamente a la conclusión de que la obra construida de Villanueva no sobrepasó el ámbito local, más allá de la trascendencia universal que todos sabemos ha alcanzado.

2. Ubicacuón del bloque en la ciudad de Cali

Sin embargo, luce llamativo el poder constatar cómo en el portal del IDESC (siglas de Infraestructura de Datos Espaciales de Santiago de Cali), dependiente del Departamento Administrativo de Planeación Municipal de la capital del Valle del Cauca (tercera ciudad más poblada de Colombia), se encuentra rigurosamente catalogado como “Bien Inmueble de Interés Cultural” (Fichado como BIC N-13), propuesto a ser elevado a «Bien de Interés Nacional nivel 1 Conservación Integral», el “Edificio Venezolano”, “Autores: Carlos Raúl Villanueva y conjunto de arquitectos Banco Obrero de Venezuela ((José Manuel) Mijares, (José) Hoffman y (Carlos) Brando). Fecha 1956”, terminado de construir en 1957.
En medio de la magnitud de la tragedia conocida como “La Explosión de Cali”, la donación del gobierno venezolano (presidido por Marcos Pérez Jiménez) al colombiano (que tenía al frente al también dictador Gustavo Rojas Pinilla), del proyecto completo del superbloque que se repitió entre 1955 y 1957 hasta un total de 38 veces (7 de ellos dobles y 7 triples) en las tres etapas en que se dividió la construcción del conjunto 2 de diciembre (hoy 23 de enero) en Caracas, quizás haya pasado a un segundo plano sin que por ello dejara de ser reconocida y reseñada ampliamente por la prensa colombiana de la época, resaltando la importante muestra de solidaridad y generosidad así expresada.

3. Imagen de lo que se conoció como «La Explosión de Cali» ocurrida el 7 de agosto de 1956

Vale la pena recordar que «La Explosión de Cali», accidente que ocupa un lugar preeminente entre los acontecidos en Colombia a lo largo de su historia, ocurrió el 7 de agosto de 1956 y fue provocado por la detonación de siete camiones del ejército cargados con 1053 cajas de dinamita (que se emplearían en la construcción de carreteras en el departamento de Cundinamarca), aparcados en la antigua Estación del Ferrocarril del Pacífico (luego de haber sido movidos desde el Batallón Pichincha), destruyendo al explotar 41 manzanas y dejando un cráter de 50 metros de ancho por 25 metros de profundidad. La onda expansiva acabó con las edificaciones, casas y negocios existentes, y con las vidas de aproximadamente 4000 personas, dejando heridas a 12000 más. Seis barrios (que al día de hoy existen) fueron afectados: San Nicolás, El Porvenir, El Hoyo, El Piloto, Fátima y Jorge Isaacs.
Así, el bloque conocido como “República de Venezuela” (fichado, como ya se dijo, bajo el nombre de “Edificio Venezolano”), de 15 pisos de alto, con 11.911 m2 de construcción y 140 apartamentos; clasificado entre los denominados “tipo A” dentro de las dos variantes que existen en el conjunto caraqueño donde se origina, con 10 apartamentos por planta de variable número de habitaciones y con paradas de ascensor cada cuatro pisos que se combinan con un sistema interno de escaleras; ubicado en la avenida número 33, Calle 6 #3a6, en un terreno de 40.000 m2 donado por el médico venezolano residenciado Adolfo Bueno Madrid (extensión que formaba parte de su hacienda “La Flora”), contribuyó significativamente a la reubicación de cerca de 900 afectados por la tragedia. También se convirtió en “el primer ejemplo importante de arquitectura moderna en el campo de la vivienda colectiva en la ciudad” de Cali mostrándole a los que lo ocuparon una manera de vivir muy diferente a la que estaban acostumbrados.

4. El bloque visto a la distancia en su emplazamiento

El emplazamiento del edificio, aislado y posado sobre una generosa superficie predominantemente verde, permite apreciarlo flotando dejando la planta baja libre sin impedir que el espacio circundante fluya recordándonos su parentesco (aunque sea algo lejano) con las unidades de habitación de Le Corbusier. Está complementado funcionalmente por un pequeño centro comercial y una capilla que lleva por nombre “Nuestra Señora de Coromoto”. Su condición laminar, acompañada de una eficiente estructura en concreto armado, tabiquería de bloques de cemento y carpintería metálica modular, asoman algunos de los aspectos que permitieron su construcción (1957) en tiempo récord (menos 6 meses) para asombro de los habitantes de la aún provinciana ciudad capital del Departamento del Valle del Cauca.

5. Plantas
6. Fachadas
7. Vistas cercanas del edificio.


Tal y como ocurrió con sus clones caraqueños, el edificio estuvo pintado con base en la misma composición de colores prefigurada por el artista plástico venezolano Mateo Manaure, la cual con el pasar del tiempo no fue repuesta mostrando en la actualidad una austera condición monocromática.
Si bien el indagar acerca del por qué esta obra no se ha catalogado aún dentro de la trayectoria de Villanueva puede dar pie a un sinfín de conjeturas y a manifestaciones del tipo “ya lo sabíamos, pero…”, lo cierto es que, sin pretender asumir un rol que no nos corresponde, creemos que es hora de que se le preste atención en vista de la copiosa documentación existente y a su condición de pieza única. Ello permitiría, incluso, dar veracidad a la información que se maneja de que el bloque construido en Cali corresponde al nº 8 del 23 de enero, ya que hay quienes afirman que la numeración de dichos edificios dentro de la populosa parroquia caraqueña pasa sin solución de continuidad del 7 al 9, pudiéndose así ir de la leyenda urbana a la información veraz y rigurosa.
Para empezar invitamos, como ya nosotros lo hemos hecho, a descargar el documento idesc.cali.gov.co/download/bic_2014/BICN-13.pdf. Luego, presumimos, se empezará a asomar entre los estudiosos el desarrollo de un trabajo que, con las acotaciones del caso, ojalá salde una deuda pendiente.

ACA

Procedencia de las imágenes

1. Colección Crono Arquitectura Venezuela

2. http://idesc.cali.gov.co/download/bic_2014/BICN-13.pdf

3. https://latam.historyplay.tv/hoy-en-la-historia/explosion-de-cali

4. https://www.aporrea.org/venezuelaexterior/n303499.html

5 y 7. Edificio Venezolano, Cali, 1957 (https://www.youtube.com/watch?v=BnLlElEY474)

6. Villanueva P. y Pintó M.; Carlos Raúl Villanueva, 2000

LA NOTICIA DE LA SEMANA

El MOMA se adentra en los archivos de Frank Lloyd Wright en el 150 aniversario de su nacimiento

Mª Ángeles Domínguez

Tomado de http://graffica.info/moma-frank-lloyd-wright-150-aniversario/

3 de junio 2017

Con motivo del 150 aniversario del nacimiento de Frank Lloyd Wright, el 8 de junio de 1867, el MOMA de Nueva York dedica al arquitecto estadounidense la mayor exposición realizada hasta el momento. Quienes se acerquen hasta el museo neoyorquino entre el 12 de junio y el 1 de octubre de 2017, podrán disfrutar de la muestra Frank Lloyd Wright at 150: Unpacking the Archive. Ésta ambiciosa exhibición incluye 400 obras entre las que se encuentran bocetos y dibujos arquitectónicos, maquetas, fragmentos de edificios, películas, emisiones de televisión, textiles, pinturas, fotografías y libros de recuerdos, junto con una serie de obras que rara vez o nunca han sido públicamente expuestas.

Frank Lloyd Wright (Wisconsin, 1867- Phoenix, Arizona, 1959) fue uno de los arquitectos más prolíficos y renombrados del siglo XX. Diseñador radical e intelectual, Wright abrazó las nuevas tecnologías y materiales, fue pionero en utilizar los sistemas de construcción del DIY (hágalo usted mismo), de la experimentación y la vanguardia. Desarrolló teorías originales avanzadas para su época con respecto a la naturaleza, el planeamiento urbano y la política social.
Con motivo del 150 aniversario del nacimiento del arquitecto estadounidense, el 8 de junio de 1867, el MOMA de Nueva York ha realizado un amplio trabajo de archivo e investigación para rendirle homenaje en la exposición Frank Lloyd Wright at 150: Unpacking the Archive. Se trata de una extensa muestra que abarca cerca de 400 obras realizadas entre los 1890 y los años cincuenta. En la misma se incluyen dibujos y bocetos arquitectónicos, maquetas, fragmentos de edificios, películas, emisiones de televisión, piezas textiles, pinturas, fotografías y libros de recuerdos, junto con una serie de obras que rara vez o nunca han sido públicamente expuestas.
A lo largo de su extensa carrera de siete décadas, Frank Lloyd Wright diseñó más de 1.000 edificios y realizó más de 500. Siempre preocupado por la posteridad, Wright conservó la mayor parte de sus dibujos –a pesar de que algunos se perdieron trágicamente en varios incendios– para formar un archivo con el que esperaba perpetuar su filosofía arquitectónica. Este archivo pretendía ser primero una herramienta en la producción de arquitectura en la Taliesin Fellowship, un programa de aprendizaje que Wright fundó en la década de 1930 en sus dos estudios-residencia en Wisconsin y Arizona. Así mismo, su intención era que sirviera a posteriori como un recurso académico para investigadores externos. Catalogado progresivamente y abierto a especialistas por la Fundación Frank Lloyd Wright, el archivo fue adquirido conjuntamente por el MOMA y Avery Architectural & Fine Arts Library en la Universidad de Columbia en 2012. Esta exposición celebra esta colaboración pionera y la nueva accesibilidad de la colección tanto para los estudiosos como para el público.
Frank Lloyd Wright at 150: Unpacking the Archive se refiere a la monumental tarea de mover 55.000 dibujos, 300.000 hojas de correspondencia, 125.000 fotografías y 2.700 manuscritos, así como maquetas, películas, fragmentos de construcción y otros materiales. También se refiere al trabajo de interpretación y al examen minucioso de proyectos que en algunos casos han recibido poca atención.
Para esta exposición, cuyo comisario es Barry Bergdoll, un grupo de académicos y un conservador de museos fueron invitados a ‘desembalar’ –contextualizar, hacer preguntas y explorar de otro modo– un objeto o grupo de objetos de su elección.
Sus procesos de descubrimiento han quedado registrados en una serie de cortometrajes que introducen las secciones temáticas de la exposición. Las preguntas planteadas iluminan los complejos períodos históricos a través de los cuales Wright vivió, a partir de finales del siglo XIX, marcado por el optimismo, a través de la Gran Depresión de los 30 hasta las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos experimentó un gran crecimiento demográfico y económico. Cada investigación académica ofrece ideas a la vez históricas y contemporáneas de amplia repercusión, que tocan cuestiones sobre el paisaje y las preocupaciones ambientales, la relación de la industria con la vida cotidiana, las cuestiones de raza, clase y socialdemocracia y el poder creciente de los medios de comunicación para forjar una reputación y generar una corriente de opinión.
Esta retrospectiva de los 150 años Frank Lloyd Wright está organizada en torno a un eje central destacando muchos de los grandes proyectos de Wright, que se ilustran con algunos de sus mejores dibujos e incluyen obras clave como Unity Temple (1905-08), Fallingwater (1934-37), el Johnson Wax Administration Building (1936-39), y el Marin County Civic Center (1957-70). Este eje central se despliega en 12 subsecciones que cubren temas tanto familiares como otros aspectos sobre el arquitecto estadounidense.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 67

La noción de umbráculo, tal vez poco conocida y aún menos utilizada (o usada sin saberlo) entre nuestros arquitectos, ofrece la oportunidad de adentrarnos en una serie de aspectos en torno a los cuales gira nuestra la postal del día de hoy.
Para empezar, no está de más señalar que la palabra “umbráculo” proviene del latín umbraculum y que ya muestra en su raíz (umbra) su vinculación con ese elemento fundamental a ser considerado en el diseño de espacios en el trópico como lo es la sombra. Lugar de sombra, espacio sombreado o como sintetiza el Diccionario de la Real Academia Española: “Sitio cubierto de ramaje o de otra cosa que da paso al aire, para resguardar las plantas de la fuerza del sol”, son sus principales acepciones.
De su definición más amplia asomada por el DRAE son cuatro los puntos a destacar: uno, la presencia de una cubierta que lo protege; dos, la importancia de dar paso al aire y también al agua, es decir de considerar como prioritario la buena ventilación sin importar que lo techado se moje; tres, la condición material de lo que sombrea (ramajes, madera u otras cosas); y cuatro, su carácter de elemento pensado para proteger (en principio plantas) del sol inclemente. Enramada, sombrajo, cobertizo o pérgola son algunos de los sinónimos que no llegan ni por asomo a alcanzar el sugestivo acento de la palabra original.
Tampoco está de más el advertir algunas diferencias con otro término vinculado a la preservación de plantas: invernadero, el cual aunque también se caracteriza por su utilización en el control ambiental lo hace, por lo general, incorporando medios artificiales y una mayor dosis de tecnología. Si el umbráculo está más ligado al verano el invernadero (como su raíz delata) lo está al invierno. Si el segundo en buena parte nos es ajeno el primero nos es muy afín.
De aquí que, cuando Roberto Burle Marx (1909-1994) y sus colaboradores (Fernando Tábora, John Godfrey Stoddart, Julio César Pessolani y Mauricio Monte) enfrentan el diseño y construcción del Parque de Este en Caracas entre 1959 y 1961 (claramente explicado en el libro Dos parque. Un equipo -2007- de Fernando Tábora), no duden en incorporar la presencia de un espacio de gran escala, visitable, en el que resguardar de la incidencia directa del sol una importante cantidad de especies y lo identifiquen como “El Umbráculo”.
Este atractivo lugar, no construido y cuya localización dentro del Plan Maestro del Parque nos ha sido difícil precisar con exactitud pese a que según Tábora “existe hasta hoy el área reservada”, pertenece a lo que los proyectistas denominaron “el tercer espacio”: “aquel que circundaba el área de bosque y en el cual se desarrollarían las actividades recreacionales más complejas. En ellos se incluirían aspectos contemplativos, los juegos infantiles, los espacios para picnic y las mayores oportunidades para la observación del paisaje y el ejercicio, libre del aspecto formal de canchas deportivas y en contacto con la naturaleza. En este espacio se ubicarían también algunos elementos que cubrirían los objetivos didácticos que se proponían para el Parque, tales como el Planetarium (…), el jardín xerofítico y el umbráculo… Dentro e este espacio se ubicarían los dos lagos más importantes, al norte el de las colecciones de plantas acuáticas y al sur el recreativo destinado a los paseos en embarcaciones ligeras”.
Quizás convenga recordar que, excluyendo el área de acceso, el primer espacio “estaba destinado a establecer la relación del Parque con sus linderos” buscándose, conceptualmente, “integrar visualmente, por todos los medios posibles, el área al gran paisaje que constituyen el Ávila y las serranías del sur del valle de Caracas” albergando, escondidos con medios naturales, “los elementos que impactaban negativamente las visuales de los usuarios” que no son otra cosa que los servicios de apoyo. El segundo “correspondió al desarrollo de las actividades deportivas formales pero sin el establecimiento de canchas, para lo cual eran necesarias extensas áreas de grama, planas y rodeadas de vegetación”. Y al tercero ya descrito se suma el cuarto que corresponde «a la zona del bosque, principalmente de bucares (Erythrina poeppigiana) que en un tiempo pasado sombrearon la plantación de café de la Hacienda San José” conformada por áreas de interés didáctico tales como las “colecciones de plantas y las instalaciones para las exhibiciones de fauna”. Los cuatro espacios están bordeados y se interconectan mediante un estudiado sistema de circulación de peatones y vehículos que facilita la contemplación, el mantenimiento y la vigilancia del Parque.
Según la imagen que hemos extraído del libro ya mencionado (un dibujo en perspectiva realizado en tinta sobre papel blanco) y que preside nuestra postal de hoy, “El Umbráculo” se trata de un lugar diseñado siguiendo buena parte de los patrones que caracterizan el Sector «Los Patios» (ubicado al norte del Parque y al este de la entrada principal). El tratamiento dado a los pisos y la presencia de muros envolventes y de separación con diferentes texturas, elementos todos que acompañan a la vegetación objeto de protección, nos hacen pensar que podría tratarse, incluso, de un patio cubierto, concepto que aunque encierra cierta contradicción bien podría caber perfectamente dentro de la manera como fueron concebidos estos apacibles espacios en el Sector mencionado. Por otra parte, la fuerza y protagonismo que adquiere el ligero techo prefigurado evoca el ambiente sombreado producido por las copas de los árboles de una selva tropical.

1. Umbráculo del parque de la Ciutadella, Barcelona. Josep Fontseré, 1883

Sin poder comprobarlo, no quisiéramos dejar de mencionar un claro referente que pudo haber influido en la visión que tuvo el equipo de arquitectos del Parque del Este a la hora de vislumbrar el espacio que nos ocupa: el umbráculo del Parque de la Ciudadela (Josep Fontseré, 1883), en Barcelona. Lugar mágico, diseñado, ciertamente, para un clima más bien templado que lo obliga a encerrarse, pero que genera toda una serie de sensaciones  hermanadas, sin duda, con la comprensión del medio ambiente que algunos de nuestros arquitectos de la modernidad han sabido manejar de forma magistral y que ilustra la noción de espacio intermedio: aquel que trasciende su función de filtro climático para constituirse, como diría Glenda Kapstein, “en elemento significativo para una arquitectura determinada, para un determinado lugar.”

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Tábora F. Dos parques. Un equipo, 2007

1. http://fotosdebarcelona.com/historiagrafica/picture.php?/698