Archivo de la categoría: Contactos FAC

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 150

Como parte de la conmemoración del cuatricentenario de Santiago de León de Caracas, en 1967 la Dirección de Cartografía Nacional produce un detallado plano a color de la ciudad, basado en el plano de “Caracas, área metropolitana y sus alrededores” de 1957, actualizado sobre un conjunto de aerofotografías tomadas en 1966.

Titulado “1567 – Caracas – 1967”, el sencillo homenaje a la ciudad ordenado por el Ministerio de Obras Públicas, fue publicado un año antes de su difusión en 1967 por Irma de Sola en Contribución al estudio de los planos de Caracas, libro éste que se edita justamente como parte de las Ediciones de la Comisión de Asuntos Culturales del Cuatricentenario de Caracas al igual que Caracas en tres tiempos (1966) de Carlos Raúl Villanueva.

La representación de la ciudad en formato  plegable de 107 x 78 cm. constituye uno de los ejercicios cartográficos más consistentes de la ciudad en cuanto a diseño y representación, por la claridad, legibilidad, contraste de colores y nivel de detalle que ofrece. Dibujado a escala 1:20.000, está enmarcado con una franja artística, donde en la parte superior y al centro, se ubica el escudo heráldico de Caracas, evidenciando un sentido estético. El escudo, que se acompaña con la leyenda “Ave María Santísima sin pecado concebida en el primer instante de su ser natural”, se repite en el marco como detalle gráfico de menor tamaño, junto a elementos como la cruz de Santiago, la corona real, o el blasón y armas que contiene en la orla.

La compleja imagen cartográfica muestra la ciudad construida hasta 1967, contemplando las áreas urbanizadas, la vialidad, los ríos y quebradas, áreas verdes y edificaciones de importancia, graficadas sobre el portentoso marco geográfico del valle de Caracas, donde las curvas de nivel (altimetría) han sido sustituidas por un sombreado para describir el relieve.

La representación permite observar que para 1967, con una población de casi 2.100.000 habitantes, toda el área contenida entre el río Guaire y el límite del Parque Nacional el Ávila, se encontraba totalmente urbanizada, con una gran variedad de tramas urbanas, fragmentos sin geometría aparente, que pasarían a ser recurrentes en la ciudad. La ocupación y rápido desarrollo del sur, una vez traspasado el río como barrera natural, evidenciaba un salto hacia la metropolitización de la ciudad, con incipientes nuevos urbanismos definidos por la vialidad que comenzaban a tomar forma sobre una difícil topografía.

No será posible volver a encontrar en los nuevos urbanismos pista alguna del damero fundacional, que quedará circunscrito a aproximadamente 144 manzanas y cuya fórmula no se repetirá más. 

El plano deja ver a través de su representación las huellas de la modernidad, y de una capital construida por fragmentos, tramas disimiles y tejidos complejos. A su vez, también muestra trazados de proyectos en curso, como la construcción de mas de 500 viviendas para la clase media en El Cafetal, o el desarrollo de las urbanizaciones Prados del Este, Cumbres de Curumo, Macaracuay y Caurimare, como parte de la explosión urbanizadora que tendrá lugar al sureste de la ciudad. Ambiciosos proyectos futuros como la Cota Mil, que limitará el crecimiento de la ciudad al norte, y se conceptualiza como un vía alterna para evitar cruzar la ciudad por la Autopista del Este en el sentido longitudinal del valle, confirman las intenciones de mejoramiento y de desarrollo urbano planificado.

A pesar de que De Sola no ahonda en aspectos de fondo o forma acerca de la importancia del plano y su representación, sí describe en su texto algunas de las características graficas de su diseño, como el hecho que los tonos del escudo de la ciudad han sido utilizados para colorear los símbolos cartográficos que aparecen al interior del mapa, donde se establece una clara categorización de las áreas urbanizadas, áreas consolidadas, edificaciones de importancia y principales áreas verdes como el Parque Los Caobos y Parque del Este; así como una jerarquización tipográfica, que va desde el nombre de las urbanizaciones hasta áreas en desarrollo o avenidas de importancia.

El documento destaca la silueta de muchas de las edificaciones relevantes en color rojo como una categoría independiente, donde las de carácter aislado evidencian nuevas posibilidades urbanas, que quiebran la lógica del damero tradicional. Los cauces de quebradas, ríos y áreas de agua se representan detalladamente en color azul, resaltando su importancia como elementos geográficos en la ciudad. Como ha sido costumbre en toda la colección de planos que hasta la fecha se habían elaborado sobre la ciudad, en el de 1967 se obvia toda representación correspondiente a los desarrollos informales y, si en 1950 su área urbanizada ocupaba 4.200 Hás, ya se encontraba muy cerca de las 13.000 que se registrarán en 1971. El plano conmemorativo de los cuatrocientos años de la fundación de Caracas constituye una de las mas claras referencias históricas y cartográficas del proceso de evolución de la capital, y fue publicado el mismo año en que la azotó uno de los mas fuertes terremotos de su historia, que afectó tanto el valle como el litoral central, marcando la memoria de sus habitantes. Para aquel entonces Venezuela contaba con una democracia de apenas 9 años de edad y recibía el año 1967 con las garantías suspendidas siendo Raúl Leoni el Primer Magistrado. Aunque ya habían desaparecido unos cuantos, estaban funcionando más de 80 cines: 22 de ellos ubicados de la Plaza Venezuela hacia el este y 13 en el casco histórico. Aquiles Nazoa en Caracas física y espiritual, una de las muchas obras publicadas con motivo de las celebraciones aniversarias, expresará: “Las autopistas subordinan el hombre al vehículo: en la ciudad ya no se vive, se circula”.

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

La destrucción de la memoria

Robert Bevan

La Caja Books

Colección Caja Alta

2019

 

Nota del editor

Dresde, Guernica, Vukovar, Sarajevo. Tíbet, Mostar, las Torres Gemelas, Palmira. La destrucción de la memoria propone un aterrador viaje por una serie de guerras y conflictos en los que la aniquilación de iconos arquitectónicos ha ejercido un papel fundamental. Desde la destrucción de las ciudades aztecas por parte de Hernán Cortés hasta los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial; desde el genocidio armenio hasta la guerra en la antigua Yugoslavia, el terrorismo del IRA o los ataques del yihadismo contra monumentos emblemáticos.

En este profundo ensayo, que combina erudición con testimonios de primera mano recogidos sobre el terreno, Robert Bevan expone la guerra cultural que se libra detrás de la demolición del patrimonio. Su objetivo es exterminar a un pueblo, erradicar la memoria de su cultura y, en última instancia, borrar el recuerdo de su misma existencia. Es el llamado urbicidio.

Lo sabían los babilonios que destruyeron el Templo de Salomón en Jerusalén. Lo sabían los nazis que quemaron las sinagogas. O los guardias rojos de Mao que arrasaron miles de monasterios budistas del Tíbet: lejos de ser un daño colateral, la destrucción de bienes culturales y edificios simbólicos constituye un acto deliberado de guerra. Un ataque para destruir la memoria, para liquidar una cultura, para enterrar a un pueblo.

 

Sobre el Autor

Robert Bevan es periodista, escritor y consultor en patrimonio y reconstrucción. Ejerce de crítico de arquitectura para el London Evening Standard y escribe para numerosas publicaciones internacionales. Su ensayo sobre la destrucción de monumentos emblemáticos, que abre un nuevo campo de estudio en el marco de las guerras y la cultura, ha servido de base para un documental homónimo galardonado en distintos festivales de Estados Unidos. Es miembro del Consejo Internacional de Monumentos y Lugares, que asesora a la Unesco en materia de patrimonio. Vive en Londres.

ACA

LA RED HOTELERA NACIONAL

Hotel Trujillo

Al que hoy se le conoce como “Hotel Country Trujillo”, es la instalación de menos renombre de cuantas formaron parte del grupo emprendido por el Ministerio de Fomento y administrado por la CONAHOTU durante la década de los 50 del siglo XX, entre otras cosas por su localización en la capital del estado menos próspero de los andes venezolanos, por lo limitado de sus servicios y por no haber sido diseñado por un arquitecto de los que para la época ya empezaban a destacar dentro del ejercicio de la profesión, cuya selección mayoritariamente pasó por las manos de Daniel Camejo Octavio.

Conocido como “Hotel Carmona” cuando se daban los primeros pasos dentro de su incorporación al plan hotelero nacional (nombre que se le asignó asociándolo a la calle y sector donde se ubica), se planificó asumiendo los estándares de diseño internacionales de acuerdo a su escala y magnitud y, por su localización estratégica, para formar parte, junto a los hoteles Llano Alto (Barinas), Moruco y Prado del Río (Mérida) y El Tamá y Aguas Calientes (Táchira), del circuito sub-regional andino que ya contaba para aquel entonces con una red de carreteras bastante completa.

Según consta en la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento del año 1953, como resultado de la política emprendida por dicho despacho, “se dio comienzo a la construcción del ‘Hotel Carmona’, de Trujillo, para lo cual el Gobierno Nacional suscribió acciones por un valor de setecientos mil bolívares (Bs. 700.000,00), que junto con lo aportado por el Gobierno del Estado, permitirá que en esta ciudad se construya un hotel digno de ella”.

Su proyecto original estuvo a cargo del arquitecto Oscar Lupi quien lo hace a instancias de la Dirección de Edificios, Departamento de Arquitectura, del Ministerio de Obras Públicas (MOP). Por los problemas resultantes de “las deficiencias arquitectónicas en el sentido hotelero” de la propuesta original y a raíz de la celebración de una reunión con el arquitecto Lupi “para subsanar esas deficiencias, no llegándose a ningún acuerdo pues el mencionado arquitecto pide le sean remunerados sus servicios, y se opondrá dentro del M.O.P. a que sean realizadas allí” (según se recoge en la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento del año 1954), será directamente Fomento, a través de la Asesoría Técnica de Ingeniería, quien encargará al arquitecto del departamento Alberto Chávez, conjuntamente con el ingeniero inspector de la obra, la responsabilidad de hacer las modificaciones necesarias y completar las especificaciones de arquitectura y materiales de construcción en los acabados. Chávez, colombiano graduado en los Estados Unidos, radicado en el país desde inicios de la década de 1950, se dedicará a la docencia del diseño en la Escuela de Arquitectura de la UCV y al ejercicio profesional privado, proyectando un buen grupo de viviendas unifamiliares.

La misma Memoria y Cuenta citada apuntará: “Se da el contrato de la piscina a Inveco. Por atraso de la obra se hacen recomendaciones al Contratista y se elabora un programa de trabajo para que la misma fuese concluida para fines de noviembre de 1954, habiéndose inaugurado en diciembre del mismo año y puesto en servicio en la 2a. quincena de enero del año en curso. Se convoca a una Asamblea para aumentar el capital social de la Compañía en Bs. 700.000,00 y las acciones correspondientes a este aumento son tomadas por el Ministerio de Fomento. (…) En esta misma Asamblea se acordó cambiarle el nombre de Hotel Carmona por el de Trujillo.”

Finalmente el hotel Trujillo es inaugurado el 22 de enero de 1955 formando parte de la primera etapa del plan de establecimiento de la Red Hotelera Nacional impulsada desde la Dirección de Turismo del Ministerio de Fomento. Al momento de su apertura contaba con un área de construcción de 2.950 M2 distribuidos entre un volumen de dos pisos (que contiene las habitaciones) y una planta baja (donde se localizan las áreas sociales y los servicios comunes). Estaba compuesto por 32 habitaciones, 28 dobles (de 44,88 M2 cada una) y 4 suites (de 64,86 M2 ubicadas en los extremos de cada una de las dos plantas); salón de usos múltiples, restaurante, piscina (de aproximadamente treinta metros de largo por quince de ancho), parque infantil, cancha de bolas criollas y jardines, entre otros servicios, y se incluiría en la categoría de “hotel de turismo”. Se encuentra ubicado (como ya se asomó) en la avenida Carmona frente al parque Los Ilustres sobre un terreno de 10.000 M2, de los cuales una parte es en pendiente pudiendo permitir una posible ampliación.

Desde su inauguración sus sencillas áreas lo convertirán en punto de “descanso familiar y de disfrute ambiental…” de la sociedad trujillana. Ello permite detectar, a su escala, un aspecto común a todos los hoteles de la CONAHOTU: la integración a la comunidad donde se encuentra y el ofrecer sus servicios para su amplio disfrute.

Podría decirse que el Trujillo pertenece al grupo de hoteles que se caracterizan por ser edificaciones “en altura”: cuerpo conformado por un paralelepípedo rectangular destinado a las habitaciones, con volúmenes de menores dimensiones de baja altura y variantes de pasillos techados como elementos conectores de dichos volúmenes. Su sencillo esquema organizativo presenta para la resolución de las habitaciones lo que se denomina como “crujía simple” (pasillo de circulación que sirve a las habitaciones dispuestas en un solo lado), el cual permite aprovechar para todas ellas las vistas hacia la ciudad. Su concepción estructural está basada en pórticos y placas de concreto armado con tabiquería de bloques. Contaba con materiales y acabados resistentes y duraderos (pisos de granito en las habitaciones, oficinas y áreas de servicio, baños con cerámica, fuente de soda y su área circundante en cerámica tipo terracota y, en el área de la piscina, cerámica antiresbalante), adaptados a la categoría que le corresponde (tres estrellas) y un nivel de lujo relativamente modesto.

Su ubicación en una zona de clima intermedio (temperado) permite reconocer cómo dicha variable es considerada dentro del diseño. Su orientación franca al norte, hacia donde se ubican los balcones de las habitaciones a modo de retícula horadada en su fachada, responde al acceso y a las visuales largas. La ventilación cruzada se incorpora gracias a su organización en crujía simple y los pasillos de acceso ubicados al sur, relacionados con la piscina, actúan como filtros ante el ruido proveniente de dicho uso.

Junto a los hoteles El Tamá, Cumanagoto y Miranda, el Trujillo fue en su momento incorporado al plan de privatización emprendido por el Fondo de Inversiones de Venezuela a inicios de la década de los años 90 con el objeto de rescatar su antiguo esplendor y ser repotenciado, para lo cual en 1991 se inventarió y elaboró un informe que valoraba su excelente ubicación, buen estado de mantenimiento, funcionalidad y “amplitud de las habitaciones en comparación con instalaciones turísticas afines”.

Hoy, bajo la denominación (como ya señaláramos) de hotel Country Trujillo, tras ser objeto de sucesivas remodelaciones y ampliaciones (se le aumentó un piso al edificio, se le agregó un ascensor y se ampliaron los servicios), hechas sin el debido cuidado, padece de serios problemas de mantenimiento. Cuenta, según consta en páginas dedicadas a promocionarlo, con “52 habitaciones distribuidas en 16 con cama matrimonial, 33 con dos camas y 3 suites. Las habitaciones cuentan con aire acondicionado integral, agua caliente, tv cable, teléfono, nevera ejecutiva, room service. Servicio de restaurant y bar, piscina, áreas verdes, salón ejecutivo (para 120 personas), servicio de tintorería, peluquería, servicio de taxi, parque infantil, ascensor, centro de navegación, mini tienda, salón recreacional, amplio estacionamiento con vigilancia, entre otros”. Además está ubicado a pocos kilómetros del Monumento de la Virgen de la Paz y del Aeropuerto Internacional Antonio Nicolás Briceño de Valera. Sin embargo, algunos de los que lo han visitado recientemente opinan que “debe cerrar para ser renovado”, cuenta con “buenas instalaciones pero deterioradas”, “es un lindo lugar, pero puede mejorar” o el consolador “excelente relación precio-calidad”, dándose siempre a entender que se trata de una muy buena instalación lamentablemente venida a menos.

Nota Esta aproximación al hotel Trujillo ha sido posible en buena medida gracias al apoyo que hemos conseguido en el Trabajo de Grado para obtener el título de Magister Scientarium en Historia de la Arquitectura de la UCV de Juan Manuel De Ascencao De Jesús, titulado “Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958” presentado el año 2005. De allí procede la foto que encabeza esta nota y los dibujos que la acompañan. Las otras imágenes fueron bajadas de internet.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 149

La modalidad de asociarse a través de una oficina o empresa irrumpe en el medio profesional venezolano de la arquitectura a mediados de la década de los años 40 del siglo XX, momento en que el reconocimiento social del arquitecto empezaba a cobrar consistencia, empujado en buena medida por la fundación de la Sociedad Venezolana de Arquitectos (1945) y la normalización de los estudios en la Escuela de Arquitectura (creada en 1941) a partir de 1946, y el egreso de la primera promoción en 1948.

Hasta entonces había prevalecido la figura del arquitecto en solitario que o bien atendía encargos provenientes del sector privado o bien se incorporaba a entes públicos responsables de la ejecución de obras institucionales, siendo el Ministerio de Obras Públicas primero o el Ministerio de Educación más adelante y sus respectivas salas técnicas los principales destinos laborales. Eventual y excepcionalmente se producirían asociaciones destinadas a enfrentar algún proyecto específico como es el caso puntual del Pabellón para la Exposición Internacional de las Artes y de las Técnicas (París,1937) realizado entre Luis Malaussena y Carlos Raúl Villanueva, a quienes el concurso convocado para tal fin y su desenlace condujo a colaborar mutuamente.

Como bien señala Alberto Sato en José Miguel Galia. Arquitecto (Ediciones del Instituto de Urbanismo FAU, 2002), basándose en su propia investigación titulada “Cinco oficinas de arquitectura: 1948-1958”, Trabajo de Grado con el que obtiene en 1996 el título de Magister Scientiarium en Historia de la Arquitectura, “el período comprendido en la década de los años cincuenta ve florecer esta modalidad de trabajo de oficina de arquitectura. Reunían los rasgos comunes de participación intelectual y actitud profesionalista que contribuyó de manera especial al reconocimiento de la disciplina arquitectónica en la sociedad venezolana, en tanto que eran capaces de ofrecer al menos la imagen de empresa y, de algún modo, menos sujeta al riesgo de las decisiones individuales que caracterizaban tradicionalmente al arquitecto. (…) Estas sociedades, que utilizaban la & para integrar sus nombres (y el calificativo de Arquitectos Asociados como complemento, añadiríamos nosotros), proyectaron y construyeron para las más significativas instituciones (…) donde la individualidad del arquitecto se diluía dentro de la forma societaria, a tal punto que es difícil diferenciar hoy, a riesgo de cometer imprudentes afirmaciones, en qué medida y dónde se identifica la acción de alguno de los miembros de estas sociedades”.

De esta manera no es difícil apreciar cómo las circunstancias que acompañan la creación de una sociedad de arquitectos pueden ser muy diversas pero sin duda, más allá de intereses puntuales que puedan surgir a partir de la necesidad de enfrentar trabajos complejos, el compartir ciertas raíces y lineamientos formativos o una determinada visión de la arquitectura muchas veces hace que en etapas próximas al momento del egreso académico sean compañeros de estudios quienes tiendan a iniciar este tipo de experiencia.

Así, a lo largo de la década de los años 50 es posible detectar cómo muchas obras construidas en Venezuela se encuentran proyectadas por empresas, “entre las cuales las de arquitectura formaban parte”, apuntará Sato. Entre ellas cabe destacar: Arquitectura y Urbanismo C.A. de Jorge Romero Gutiérrez; Tekto C.A. de Carlos Celis Cepero; AISA C.A. de Fruto Vivas y el ingeniero Luis E. Pérez; Bermúdez & Lluberes; Guinand & Carrillo Batalla; Malaussena & Silveira; Fuenmayor & Sayago, y en especial Vegas, Ferris & Ferrero, Carpio & Suárez, Guinand & Benacerraf, Carbonell & Sanabria y Vegas & Galia (firmas estas cinco últimas estudiadas por Sato), cuya asociación y razón social bajo la cual trabajaban “permitía una relación de contratación más fluida, y en los mejores ejemplos societarios, la realización de las edificaciones más sobresalientes del período”. Otro aspecto a destacar, salvo alguna excepción, es la juventud (rondando la edad de 30 años) que mostraban la casi totalidad de los integrantes de estas oficinas y el hecho de que estaban constituidas en un alto porcentaje por arquitectos formados en el exterior, dada la reciente creación de los estudios de arquitectura en el país. Eso sí, todos de una u otra forma estuvieron involucrados en la creación de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV el año 1953.

Bermúdez & Lluberes Arquitectos Asociados, firma constituida por Guido Bermúdez Briceño (1925-2001) y Pedro Lluberes Domínguez (1928), autores del proyecto ganador del concurso para la sede de la Escuela de Formación de Oficiales de las Fuerzas Armadas de Cooperación (EFOFAC), cuya fotografía ilustra nuestra postal del día de hoy, se caracterizó por ser una oficina (quizás de las primeras) conformada por dos compañeros de estudios graduados ambos en Venezuela, pertenecientes a la misma promoción (la segunda) de egresados de la Escuela de Arquitectura de la UCV, cuando aún ésta formaba parte de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, el año 1951. También se podría decir que se trató de una sociedad que tuvo una duración relativamente breve, que permitió a sus integrantes cierta flexibilidad en cuanto a su desempeño como proyectistas dentro y fuera de ella dejando obras y propuestas de particular relevancia en una cuantía no tan elevada.

A pesar de su condición de condiscípulos, el equipo Bermúdez-Lluberes pensamos que no se conformó formalmente sino hasta 1955 momento en que el primero deja su trabajo como arquitecto adjunto en el Taller de Arquitectura del Banco Obrero (TABO) liderado por Carlos Raúl Villanueva, institución en la que entró aún siendo estudiante como auxiliar al arquitecto en 1951. De esta manera, en su doble condición, Bermúdez contó con la asesoría de Villanueva para su tesis de grado “Unidad de Habitación Cerro Grande, El Valle, Caracas”, que finalmente se construyó (1954) y formó parte del Plan Nacional de Vivienda 1951-1958.
Por su parte, Lluberes, sobrino del reconocido arquitecto Cipriano Domínguez, trabaja con éste y se perfila más hacia la realización de proyectos para el sector privado, registrándose su participación como Asesor de la Comisión Metropolitana de Urbanismo y en algunas obras en Los Anaucos Golf Club, urbanización ubicada en las afueras de Caracas. También es llamado en 1954 por Bermúdez (aún en el TABO) a participar en el diseño del Centro Comercial Cerro Grande, edificación complementaria a la mencionada Unidad de Habitación del mismo nombre, donde también interviene siendo aún estudiante Carlos Brando.

El concurso para la sede de la EFOFAC (siglas tras las que se esconde la archiconocida Guardia Nacional, sinónimo de Fuerzas Armadas de Cooperación), es convocado por invitación por el Ministerio de Defensa, a través del Servicio de Ingeniería Militar, participando además de Bermúdez & Lluberes los arquitectos y firmas de arquitectura: Ernesto Fuenmayor; Malaussena & Silveira; Carpio & Suárez, y Miguel N. Rodríguez.

Sobre el desarrollo del concurso es poco lo que hemos podido encontrar pero lo más importante es que el proyecto ganador es construido y se concluye en 1956, fecha en la cual se pone en servicio. Cabe acotar que la EFOFAC sustituyó en 1954 a la Escuela de Formación de Guardias Nacionales (denominada Centro de Instrucción de las Fuerzas Armadas de Cooperación -CIFAC- heredera a su vez de Escuela de Guardia Civil e Investigación o Guardia Nacional), cuya sede funcionó durante años en Villa Zoila (El Paraíso). El decreto de creación de la EFOFAC en 1954 vino asociado a su cambio de sede a Caricuao (en parte de los terrenos de la antigua hacienda) lo cual originó el llamado a concurso que nos ocupa, hasta que en el año 1959 se procedió a su instalación en su sede actual ubicada en el Fuerte Tiuna, sede del antiguo edificio de la Escuela Militar, donde también se encuentra la sede de la Academia Militar de Venezuela. Las instalaciones de Caricuao, sin embargo, aún hoy cumplen una importnte función para el proceso formativo de este componente armado.

El programa de la EFOFAC estaba conformado por áreas docentes, áreas de habitación y áreas de apoyo entre las que cuentan las culturales, las deportivas y las de servicio. La propuesta organizó las diferentes funciones en torno a un amplio patio donde se realizan las formaciones de los estudiantes o cadetes. La caracterización del edificio está lograda gracias a la utilización de un lenguaje en el que predomina la racionalidad constructiva, el uso del concreto armado y la expresividad estructural donde las envolventes se encargan de denotar las funciones contempladas. Los códigos utilizados en la Escuela de la EFOFAC volverán a hacer acto de presencia cuando en 1959 Bermúdez & Lluberes participen, también por invitación, en el concurso de anteproyectos para el diseño del edificio de la Biblioteca Nacional ganado por Julián Ferris y Carlos Dupuy, con la colaboración de Jaime Hoyos .

Sin que con ello pretendamos ser exhaustivos, Bermúdez & Lluberes Arquitectos Asociados también son autores de los proyectos (no construidos) del Centro Profesional La Parábola (1956, ubicado en Las Acacias, Caracas, próximo a El Helicoide) en el que también participa Carlos Brando y como consultor el arquitecto brasileño Rino Levi, expuesto en el Pabellón de Venezuela para Exposición Internacional de la construcción Interbau (Berlín, 1957, obra de Bermúdez en solitario); y del Palacio Arzobispal de Caracas donde aparecen como parte del equipo Cipriano Domínguez y, de nuevo, Carlos Brando.

Después de 1959 presumimos que la sociedad Bermúdez-Lluberes se distiende, hasta que en 1962 un nuevo concurso (nacional y abierto) los agrupa: el del Pabellón de Venezuela para la Feria Mundial de Nueva York 1964, donde obtienen el segundo premio.

A partir de entonces cada integrante se dio la oportunidad de desarrollar sus respectivas carreras profesionales por separado sumando sus obras al frenético crecimiento y expansión de la ciudad que ya se había iniciado desde cuando eran estudiantes.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. Colección Crono Arquitectura Venezuela

Otra Buena noticia

Se abrió una exposición sobre el pensamiento y obra de Oscar Tenreiro en Valencia, España

«TODO LLEGA AL MAR. Pensamiento y obra del arquitecto Oscar Tenreiro» es el nombre de la exposición sobre el trabajo del destacado arquitecto venezolano, nacido en 1939, que se abrió en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura (ETSAV)  de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), España, el pasado 14 de febrero, con la curaduría de José María Lozano y Antonio Ochoa Piccardo.

Según lo expresado por el propio Tenreiro a través de su blog Entre lo cierto y lo verdadero el pasado 29 de julio de 2018, fue entonces cuando recibió la grata notica de que existía interés por parte de la ETSAV, gracias al empuje de José María Lozano, quien fuera Director de dicha Escuela, en publicar un libro sobre su trayectoria que estaría acompañado con la apertura de una exposición “del trabajo gráfico vinculado a los distintos proyectos y obras, actividad que fue siempre muy importante para mí y mis colaboradores y cuya dimensión pictórica los hace de interés para el público en general, aparte de que son imágenes que en cierta manera funcionan como manifiestos a favor de la arquitectura que he construido o quise construir”.

Sin embargo, el 10 de febrero, en fecha próxima a la apertura de la muestra, Tenreiro (en otra entrega de su blog), dirá que la misma “se ajusta a un guion bastante diferente del que había sido previsto. Tiene carácter antológico, ilustra mi trabajo como arquitecto a lo largo de más de cincuenta años”. En todo caso, más allá de las diferencias entre la idea original que guiaría el montaje y el producto final, ya se ha dado el primer paso dentro de un proyecto cuyo meta es la publicación del libro que se espera salga en el transcurso del presente año.

Como abreboca de la publicación, ya Tenreiro en su blog había adelantado que tendría un alto contenido autobiográfico, “tal como si se tratase de una Memoria, pero el punto de partida del relato estará en el transcurrir de mi formación y desarrollo como arquitecto, para lo cual hablaré de lo experimentado desde que entré a la Universidad y de todas aquellas cosas que contribuyeron (…) con mi deseo de hacerme parte de ese complejo ámbito dominado por la intención de construir una arquitectura capaz de dejar una mínima huella cultural. Expondré cuestiones de diversas procedencias (…) buscando un diálogo que interese más allá del territorio de los arquitectos. Y trataré de que sea un reflejo lo más cercano posible a lo que ha sido mi circunstancia en un país cuyas notorias contradicciones socio-culturales y económicas convierten el ejercicio de la arquitectura, especialmente cuando se trata del espacio institucional, en una carrera de obstáculos sin final feliz.

Para lograr esta conexión entre lo que es testimonial-literario con lo más especializado y no dejar de incluir los ejercicios de crítica que he cultivado desde hace más de veinte años, he pensado organizar el libro en cuatro partes. La primera sería la que ya he llamado Memoria, con todas las características que he mencionado. Incluiré en ella (…) comentarios en general rápidos (…) sobre lo que he hecho desde que entré a la Escuela en 1955 hasta hoy; la segunda, mostrará al menos diez obras y diez proyectos en planos, dibujos y fotografías y toda la información usual; la tercera se la dedicaré a una selección de los textos de crítica cuya forma de presentación está por decidirse; y una última que contendrá un texto crítico del promotor del libro, el colega de Valencia José María Lozano.” Pues bien, no queda más que congratularse y congratular a los involucrados por la apertura de la exposición y esperar expectantes la salida del libro, logros ambos que dan cuenta de una meritoria, tesonera y calificada labor de años de uno de nuestros más importantes arquitectos en actividad.

ACA