Rodrigo Gutiérrez Viñuales, Catedrático de Arte Latinoamericano de la Universidad de Granada, de quien reseñáramos en el Contacto FAC 223 del 5 de septiembre de 2021 el libro de su autoría titulado Graziano Gasparini y el arte contemporáneo, nos ha informado que decidió publicar en la web el texto completo y ponerlo a disposición de todas aquellas personas a las que les interese verlo y descargarlo. El link es el siguiente:
Durante la década de 1950, dentro del particular impulso dado al desarrollo de edificaciones destinadas al ocio, el disfrute, el descanso y la recreación, resalta una tipología que proveyó a determinados grupos humanos de funciones complementarias que les permitieron paliar las carencias de contacto, tranquilidad o esparcimiento que la agitada vida moderna dificultaba cada vez más: los clubes sociales. Una variante de estos establecimientos la constituyeron los organizados en torno a la procedencia desde alguna región del país o del mundo, tanto de quienes los promovieron como de los que se asociaron para que ello cuajara. Así, gallegos, italianos, asturianos, vascos, catalanes, lituanos y también apureños, margariteños, tachirenses, guariqueños o sucrenses comenzaron ocupando primero muchas casonas o locales de Caracas y luego, algunos de ellos, terminaron adquiriendo las instalaciones de tradicionales clubes sociales caraqueños o edificando sedes propias.
1. Izquierda arriba: Club Alemán, Carlos Guinand Sandoz (1935). Izquierda abajo: Centro Vasco de Caracas, Miguel Salvador Cordón (1950). Derecha: Casa de Italia, Doménico Filippone (1958)
Un somero repaso a lo mencionado permite detectar cómo, por un lado, el Hogar Canario se ubicará en el Club Paraíso (1923-1933), la Hermandad Gallega comprará el antiguo Club Casablanca en Maripérez (1946), o el Centro Catalán hará otro tanto con el Club Los Palos Grandes (1933); por el otro, dentro de los edificios de nueva planta, Carlos Guinand Sandoz diseñará en 1935, en El Paraíso, el Club Alemán en claro tono de clasicismo académico; Miguel Salvador Cordón proyectará en 1950, también en El Paraíso, el Centro Vasco de Caracas mirando hacia la arquitectura vernacular de esa región ibérica; y Doménico Filippone, con rasgos definitivamente modernos y particularmente corbusianos, levantará en 1958 en La Candelaria la Casa de Italia.
2. Izquierda: Casa Monagas, Vegas & Galia, (1954). Derecha: La Concha del Club Táchira, Fruto Vivas (1955).
Hay, sin embargo, dos interesantes planteamientos que conjugan sendas interpretaciones desde lo contemporáneo de lo que puede ser la imagen de un club regional: la Casa Monagas encargada a Vegas & Galia y el Club Táchira a Fruto Vivas. Es a la primera a la que dedicaremos la nota de hoy.
La Casa Monagas, como su nombre lo indica, tenía como propósito servir de punto de encuentro a los oriundos de este estado oriental del país residentes en Caracas, y a todos aquellos que desde esa localidad se acercaran a la capital. Su reducido programa, que derivó en una construcción de sólo 400 m2 cuyo costo de obra se estimó en Bs. 230.000, le otorgaba una escala familiar que se acoplaba muy bien a la zona residencial donde se debió insertar y que los arquitectos intentaron preservar sin perder de vista la necesidad de generar una imagen memorable. El terreno de 2.000 m2 se encontraba ubicado en un pequeño valle en la parte alta de la urbanización Las Acacias, en un recodo de la avenida Nicaragua.
Así, el partido adoptado parte de la resolución de las áreas que integran el programa en dos volúmenes intersectados conformando una «L», que a su vez envuelve un patio abierto hacia el que es posible expandir las actividades del edificio ubicadas en la planta baja. El cuerpo principal orientado norte-sur, que le da a la obra un atractivo aspecto sirviendo de remate a la calle donde se encuentra, se concibe como un solo espacio flexible cubierto por una superficie ondulada cuya forma se origina de la intención de seguir el dictamen del paisaje que lo rodea, tal y como lo ilustra el croquis que engalana nuestra postal del día de hoy.
3. Planta baja y vista aérea desde el noreste de la Casa Monagas en fechas cercanas a su apertura.4. Fachada oeste (arriba) y corte por el volumen secundario (abajo).
El volumen secundario, perpendicular al anterior, es un paralelepípedo recto de un solo piso que penetra en el principal creando una mezzanina interna y sobresale hacia el sur para definir el acceso mediante un pequeño balcón. Hall de llegada, vestíbulo y sala de juegos están contenidos en el espacio único del volumen principal correspondiéndose los dos primeros con la ondulación mayor de la cubierta (punto de intersección) y el tercero con la ondulación menor. Bar-restaurant, cocina y dependencias de servicio se ubican en el cuerpo secundario cuyo techo plano es aprovechado como terraza de expansión hacia el norte.
De esta pequeña edificación vale la pena resaltar varios aspectos. El primero es su fuerza volumétrica a pesar de la sencillez del esquema que lo origina, basada en la adopción del tema de una cubierta en forma de “M” que parece nacer de la misma tierra. Calculada por el ingeniero Johannes Johanson, con quien los arquitectos ensayaron un interesante sistema estructural de pequeñas viguetas huecas que permitían grandes luces sin apoyo, el resultado permitió desarrollar una planta lo suficientemente libre muy acorde con la función que albergaba.
5. Dos fotografías de Paolo Gasparini de la fachada principal (sur) de la Casa Monagas (izquierda y derecha arriba). Iglesia de San Francisco de Asís que forma parte del proyecto urbano de Pampulha, Belo Horizonte, Minas Gerais, Brasil, de Oscar Niemeyer (abajo derecha).
El segundo es el carácter vernáculo que le otorgan la utilización de la piedra y el ladrillo a un planteamiento espacial y estructural absolutamente modernos, por lo que muy bien le cabría el calificativo de orgánico. Organicidad que se ve reforzada adicionalmente por su actitud ante el paisaje, por el uso equilibrado de la geometría propia de las superficies curvas en contraste con la línea recta, y por la manera como es resuelta la aproximación al edificio rompiéndose con toda tentación unidireccional que su composición podría sugerir, multiplicando los ángulos bajo los cuales puede ser apreciado y jugando al engaño en cuanto a la aprehensión real de su escala.
Afirmar que este club se trata de un edificio «monaguense» a no ser, como jocosamente solía comentar José Miguel Galia, por la «M» que su ondulada cubierta insinúa, no conduce a ningún lado. De ello se percataron sus proyectistas quienes prefirieron llevar a cabo una exploración en la que le dieron cabida, tal vez como en ninguna otra obra suya, al tema de la caracterización dentro de una tipología que así lo permitía. La combinación de casa con recreación en este sentido está totalmente lograda gracias, además, a su integración armónica a la vez que contrastante con el entorno, al manejo de la luz y la ventilación naturales, y a la utilización de una solución tecnológicamente experimental en concreto armado muy a tono con los años que se vivían. Cualquier relación con Pampulha no es casual: su influencia gravitaba en la oficina de Vegas & Galia en aquel momento. Lo que si es realmente novedoso es haber logrado fusionar con gran talento dos de los temas manejados en el ejemplar conjunto de Niemeyer: la expresividad de la Capilla y el programa de un club social.
6. Vista aérea actual donde se aprecia la ubicación de la Casa Monagas en la urbanización Las Acacias (izquierda). Zoom que permite detectar las intervenciones que se le han hecho al edificio.
Alberto Sato en José Miguel Galia. Arquitecto (2002) insiste en la condición doméstica de la Casa Monagas y la emparenta no sólo con la arquitectura brasileña sino también con la propuesta para el «Concurso internacional para el diseño de una quinta en un terreno con pendiente en Colinas de Bello Monte», promovido por Inocente Palacios y ganado por Galia en 1951, por la manera como se abre a las vistas hacia el norte a través de superficies acristaladas, tamizadas por el sinuoso muro calado hacia el sur. Además, la disposición de los dos volúmenes cruzados adoptados como esquema en planta remite, según Sato, a algunas quintas realizadas por Vegas & Galia en la época.
La condición excepcional que tiene esta pequeña edificación dentro de la estética racionalista característica de Vegas & Galia, oficina que entre 1951 y 1958 logró acumular 35 proyectos y 26 obras construidas, no hace sino confirmar la solidez con que en dicha firma se hicieron presentes, como bien ha sintetizado Sato, “la normativa urbana, la tipología edilicia, el dispositivo ambiental, los materiales constructivos de las edificaciones, los detalles y acabados con la maestría de quienes, por la vía de un riguroso profesionalismo, han dado verdaderas lecciones de arquitectura”.
Hoy, despiadadamente intervenida por quienes en el tiempo se vieron en la necesidad de ampliar sus instalaciones aprovechando el terreno donde se ubica, la Casa Monagas, totalmente desfigurada, difícilmente puede ser reconocida luego de que en nuestra retina quedaran plasmadas las estupendas fotos realizadas por Paolo Gasparini en las fechas próximas a su apertura en 1954.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal. LOS SIGNOS HABITABLES. Tendencias de la Arquitectura Venezolana Contemporánea, Catálogo de la exposición, 1984
Los Estudios Universitarios Supervisados (EUS) en la Universidad Central de Venezuela nacen a partir de la aprobación el 6 de junio de 1972 por parte del Consejo Universitario, presidido por el rector Oswaldo de Sola, del Reglamento que los norma para lo cual se nombró el 15 de julio la Comisión destinada a estructurarlos y darles cuerpo. Cumplida esa etapa, la impartición de esta modalidad educativa se da inicio formalmente el 7 de abril de 1975, teniéndose a la formación de educadores como experiencia piloto dentro de la institución.
Si bien son la Escuela de Educación y su plan de estudios los que orientaron y brindaron soporte a aquella primera fase, la adscripción del EUS correspondiente se hizo a una Comisión presidida por el para entonces decano de la Facultad de Humanidades y Educación, Félix Adam. La primera cohorte estaba conformada por 709 estudiantes, distribuidos en tres Centros Regionales: Capital (424), Barcelona (138) y Barquisimeto (147). Finalmente, será en 1980 cuando los EUS en educación se incorporarán a la administración de la escuela que les da nombre.
Cabe añadir que, de acuerdo al artículo 1 del Reglamento aprobado en 1972: “Los Estudios Universitarios Supervisados -EUS- están destinados a ofrecer oportunidades educativas a todas aquellas personas que deseen cursar una carrera universitaria y que por circunstancias de diversa índole no puedan asistir regularmente a los cursos”. Por otro lado, el artículo 4 establece que: “La base de los Estudios Universitarios Supervisados habrá de ser la enseñanza por correspondencia, las pasantías y tutorías; las modalidades de programas radiales y televisados se utilizarán como medios auxiliares y complementarios”; y que, de acuerdo a lo recogido en el artículo 14: “Los planes y programas de estudio de los E.U.S. serán los mismos de los cursos ordinarios”. En pocas palabras, se sentaban las bases para un sistema que propiciaba “La evaluación … permanente, progresiva y práctica, a objeto de estimular la autoformación y responsabilidad del estudiante” (artículo 17), y donde “Los estudiantes inscritos (…) tienen derecho a que se les proporcionen guías de estudio, recursos audiovisuales, instrumentos de evaluación y a la utilización de laboratorios, bibliotecas o cualquier otro medio necesario para una eficiente formación profesional” (artículo 23).
1. Vista aérea de Barquisimeto con la ubicación del Núcleo UCV de la Región Centro Occidental donde se encuentra la Unidad Docente Extramuros de la FAU.
Pues bien, lo que se podría considerar como el inicio de la implementación de la educación a distancia en la UCV tendrá eco en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo veinte años después cuando en 1992, siendo decano el profesor Marco Negrón y por iniciativa del profesor Baudilio González (exdirector de la escuela de arquitectura entre 1978 y 1981), se crea, una vez detectada una importante demanda en la zona, la Unidad Docente Extramuros en el Núcleo UCV de la Región Centro Occidental en Barquisimeto, concebida entonces en el formato de EUS, con textos autoadministrados y asesorías de los profesores, núcleo donde desde 1975, como ya mencionamos, se impartía la carrera de Educación bajo dicha modalidad.
El entusiasmo y empuje que le dio Baudilio González a la idea de poder enseñar arquitectura mediante métodos sobre los cuales no existían antecedentes en nuestro país, llevó a la elaboración para las materias obligatorias que formaban parte del pensum, de los textos y guías de estudios que se asignaron a reconocidos y experimentados docentes, baja la asesoría del profesor de origen chileno Patricio González, quien trabajaba en la Universidad Nacional Abierta, institución creada el 27 de septiembre de 1977 para ofrecer estudios a distancia como parte fundamental de su razón de ser y que para entonces ya tenía un buen camino andado.
2. Páginas interiores del libro La razón estructural.
B. González, quien fue su primer coordinador, además logró que a la Unidad Docente Extramuros se le asignara en 1990 mediante un comodato firmado entre la UCV y el gobierno nacional, por un lapso de 100 años, una edificación desocupada en la que funcionó desde los años 1950 el Hospital Psiquiátrico de la ciudad de Barquisimeto, localizada en un amplio terreno que da su frente hacia la avenida Los Abogados.
Diseño Arquitectónico, Expresión, Tecnología e Historia, las cuatro asignaturas obligatorias que se tenía previsto conformasen el primer semestre del Plan de Estudios de Arquitectura de la UCV de 1994 (para entonces en las etapas finales de su elaboración y aprobación), contaron en un período aproximado de un año con los materiales didácticos y guías que hicieron posible echar a andar en 1992 el proyecto barquisimetano. Los profesores que los realizaron fueron los mismo que se encargaron de asistir periódicamente a la capital larense a realizar las asesorías a los estudiantes, aclarar las dudas a que hubiera lugar, hacer los ajustes necesarios y llevar a cabo las evaluaciones.
Es así como le corresponderá a José Manuel Rodríguez la elaboración del texto que incluía, además del contenido correspondiente a los llamados módulos de instrucción, los objetivos, el resumen y el plan de autoevaluación de la asignatura Tecnología I.
Rodríguez, docente de Diseño Arquitectónico desde 1975, había dictado en diversas ocasiones los cursos de Tecnología I y Expresión Arquitectónica y un Seminario sobre Sistemas de las Edificaciones lo cual garantizaba, como realmente sucedió, el aportar un cambio significativo de enfoque en la manera como tradicionalmente se dictaba la materia. La conversión del material originalmente elaborado para guiar los estudios supervisados en un “libro convencional”, sin alterar en gran medida su orientación y contenidos, dio origen a La razón estructural, publicación que hoy decidimos reseñar.
3. Páginas interiores del libro La razón estructural.
La acertada escogencia de Rodríguez para elaborar el material pedagógico correspondiente a Tecnología I, lo colocó ante la enorme dificultad que entraña elaborar un texto que pretende posicionar a los estudiantes en el estudio de los aspectos tecnológicos de la disciplina y en particular los fenómenos estructurales, con la sencillez necesaria y la frescura suficiente de quien buscaba superar “el maltrato conceptual que se le ha dado al problema”.
Para Rodríguez, el mencionado “maltrato conceptual” parte del hecho de que “concretamente la enseñanza del funcionamiento estructural de las edificaciones, ha tenido desde siempre, un sesgo extremadamente matemático que dificulta visualizar el fenómeno al reducirlo a calcular las consecuencias de él”.
Para superar este lastre, por un lado, busca propiciar “un acercamiento visual a las estructuras, mostrándolas en el espacio, de manera de facilitar la observación de su geometría y tamaños, que son los factores de los cuales dependen las capacidades resistentes y, por lo tanto, las funciones que ellas cumplen”. Por el otro, y esto es lo fundamental, desarrolla un giro conceptual conformado por dos formulaciones: la primera apunta a considerar que “el rol primordial de una estructura no es el de resistir esfuerzos, como tradicionalmente se le ha venido interpretando en las escuelas de arquitectura e ingeniería. Ella existe para delimitar y cubrir un espacio y, en esa función primigenia, ella va a recibir cargas que la someterán a diferentes esfuerzos y que la harán susceptible a deformaciones”. La segunda formulación dice: “aunque en la arquitectura, la obtención de la forma, está sujeta a consideraciones que dependen de la intencionalidad del arquitecto, la geometría que adopta un material estructural, será consecuencia de sus capacidades resistentes”.
4. Páginas interiores del libro La razón estructural.
Y concluye: “Por lo tanto, las estructuras son sistemas complejos donde diferentes variables: espacio a delimitar, intencionalidad de él, materiales y recursos técnicos utilizados; establecen determinadas y tensas relaciones, en procura de obtener un resultado formal, previsto y estable. Esto nos lleva a plantear, que entre espacio y estructura y entre materiales y formas, se constituyen vínculos de tal naturaleza que, los cambios operados en algunos de sus componentes, producen modificaciones en la totalidad”.
Resumiendo, las claves que predominan en este valioso libro de texto consisten en la utilización de un lenguaje sencillo, la insistencia una y otra vez en los aspectos básicos de la materia, “planteándolos de diversas maneras y manteniendo -en lo esencial-, fidelidad con el contenido oficial vigente de la asignatura pero utilizando un enfoque docente diferente que se apoya fundamentalmente en el desarrollo de imágenes para facilitar la visualización de los conceptos”, aclarará el autor del libro.
El texto de 228 páginas impreso en papel bond y formato de 15,5 x 23 cms, tras la Introducción General, se organiza en cuatro partes (que cuentan cada una con un breve preámbulo): Necesidad y posibilidad; Mecánica de las estructuras; Gracias a la fuerza de gravedad; y Contra la fuerza de gravedad. Cada parte, a su vez, está subdividida en capítulos (trece en total) cuyos contenidos se desarrollan a través de textos breves acompañados de expresivas y didácticas ilustraciones.
5. Índice del libro.
La buena mano que como dibujante posee Rodríguez ha sido garante de que las atractivas e ilustrativas imágenes que acompañan la publicación cumplan cabalmente su cometido, convirtiéndose en un excelente libro de texto tanto para quienes se inician como para quienes ya asumen como acabada su formación arquitectónica.
El auspicioso ensayo de educación a distancia llevado a cabo en Barquisimeto, el cual es digno de un exhaustivo análisis que aquí no haremos, ya manifestó desde sus inicios síntomas de relativo éxito dada la resistencia ofrecida en entender el cambio de paradigma que ello implicaba en la enseñanza tradicional de la arquitectura. Ello, sumado a la falsa creencia de que se estaban formando “arquitectos de segunda” derivó en el paulatino abandono de las actividades supervisadas y la imposición del esquema convencional. Sin embargo, el material didáctico producido para encaminarla aquel año de 1992 (del cual La razón estructural es un subproducto), la revitalización actual de la educación a distancia como consecuencia de la pandemia y el avance de los medios tecnológicos, y las dificultades económicas que atraviesa la universidad en general, hacen necesario llevar a cabo una profunda revisión de los aspectos que de aquella experiencia se mantienen aún vigentes.
ACA
Procedencia de las imágenes
Captura de Google Earth.
2, 3, 4 y 5. José Manuel Rodríguez. La razón estructural, 1998.
El ganador del Premio Pritzker, Diébédo Francis Kéré, ha sido galardonado con el Premio Praemium Imperiale 2023 en arquitectura. El premio anual, presentado por la Asociación de Arte de Japón, reconoce y premia a 6 artistas de diferentes campos creativos: arquitectura, música, pintura, escultura, teatro o cine. Francis Kéré, quien dirige la oficina con sede en Berlín Kéré Architecture, ha recibido el prestigioso premio por su influencia en la arquitectura africana y global, involucrando a las comunidades locales y utilizando materiales específicos del lugar para crear soluciones innovadoras de diseño e ingeniería.
Escuela Primaria de Gando, Burkina Faso (1999-2011) / Kéré Arquitectura.
Nacido en 1965 en la ciudad de Gando, Burkina Faso, Diébédo Francis Kéré tuvo que dejar su hogar a los 7 años para poder asistir a la escuela. Más tarde se mudó a Alemania para completar sus estudios. Aquí estableció la Fundación Kéré para recaudar fondos y poder regresar a su lugar de nacimiento para construir una escuela y proporcionar mejores condiciones de aprendizaje para los habitantes de Gando.
Como describe el jurado, Kéré continuó trabajando en África Occidental, enfocándose en encontrar diseños innovadores pero simples y alcanzables para los edificios. Al involucrar a la comunidad local, confiar en sus habilidades y tradiciones, y promover el uso de materiales disponibles localmente, Kéré logra crear una arquitectura moderna arraigada en el diseño tradicional africano. Los edificios resultantes son funcionales, responden a las necesidades y al presupuesto limitado de sus comunidades sin sacrificar la belleza de la arquitectura.
Biblioteca de la Escuela Primaria de Gando, Burkina Faso (2012-en construcción) / Kéré Arquitectura.
Después de ganar reconocimiento inicial con la Escuela Primaria de Gando, que le valió el Premio Aga Khan de Arquitectura en 2004, Kéré diseñó el Centro de Arquitectura de Tierra en Malí, la Vivienda de Maestros de Gando en Burkina Faso, el Campus Startup Lions en Kenia y el Centro Comunitario Kamwokya en Uganda. En Europa, el diseño de pabellones de Kéré, incluido el Pabellón Serpentine de 2017, mostró su capacidad para crear obras arquitectónicas que responden de manera sensible al clima y al espacio. En 2022, se convirtió en el laureado del premio más alto de la arquitectura, el Premio de Arquitectura Pritzker, destacando aún más su reconocimiento global y la importancia de adaptar técnicas locales para abordar la crisis climática y la escasez de recursos.
Viviendas para doctores en Léo, Burkina Faso (2016-2018) / Kéré Arquitectura.
Anualmente, la familia imperial de Japón otorga los premios Praemium Imperiale, cada uno otorgando a los laureados una suma de 15 millones de yenes, aproximadamente equivalente a £90,000. Otros laureados del Praemium Imperiale 2023 son Vija Celmins en la sección de Pintura, Olafur Eliasson en Escultura, Wynton Marsalis en Música y Robert Wilson en Teatro / Cine. En ediciones anteriores del premio se han seleccionado laureados de arquitectura como Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa / SANAA en 2022, Glenn Murcutt en 2021, Tod Williams & Billie Tsien en 2019 y Christian de Portzamparc en 2018.
La arquitecta mexicana Frida Escobedo ha sido anunciada como la ganadora del Charlotte Perriand Award por The Créateurs Design Awards. Desde el Serpentine Pavillion hasta el diseño de la nueva ala de arte moderno y contemporáneo del MET en Nueva York, Escobedo ha demostrado su dedicación a la creación e implementación del buen diseño. Frida Escobedo se posiciona como la segunda arquitecta en obtener el premio Charlotte Perriand, solo después de la arquitecta Jeanne Gang.
En memoria de la icónica arquitecta y diseñadora francesa, el premio reconoce a los y las arquitectas cuyo trabajo, como el de Perriand, refleja la creencia de que el buen diseño mejora la calidad de vida de sus usuarios y la comunidad. Charlotte Perriand es una artista y diseñadora del movimiento moderno, una de las fundadoras de la Union des Artists Moderns en 1937 y considerada una de las pioneras de la industria. Perriand es conocida por implementar «humanidad» en el trabajo de Le Corbusier y por haber producido tres de las sillas más emblemáticas de Le Corbusier: la B301, la B306 y la LC2 Grand Comfort. Estudió diseño, tejido y carpintería oriental, lo que luego influyó en sus diseños.
“Ser reconocida por este extraordinario jurado es un honor que resuena profundamente dentro de mí. Sirve como testimonio del legado perdurable de Charlotte Perriand, un legado que me siento honrada y encantada de perpetuar”.
Frida Escobedo
ACA
Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.