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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 209

La sorpresiva victoria de Aristóbulo Istúriz en las elecciones en las que se presentó como candidato de La Causa Radical (LCR) a la Alcaldía del Municipio Libertador del Distrito Federal en diciembre de 1992, significó el inicio de una gestión que para el período 1993-1996, tal y como apunta Margarita López Maya en “Alcaldías de izquierda en Venezuela: gestiones locales de La Causa Radical (1989-1996)», texto que apareció en Gobiernos de izquierda en América Latina. El desafía del cambio (1999), buscaba cambiar la manera de hacer política a esa escala, “desarrollando prácticas de organización y participación ciudadana que permitieran ir transformando lo que se consideraba la tradicional cultura clientelista venezolana por una más democrática”.

Istúriz al momento de asumir la dirección municipal aunque no contaba con experiencia previa para el cargo, si pudo aprovechar en buena parte el aprendizaje alcanzado por Clemente Scotto, perteneciente a su mismo partido político, quien había ganado las primeras elecciones municipales en 1989 para la Alcaldía del Municipio Caroní del estado Bolívar y que logró ser reelecto en 1992, por lo que ambas se constituyeron en experiencias que corrieron paralelas durante tres años.

Comprender la gestión llevada a cabo por Istúriz  significa, por un lado, saber que el Municipio Libertador formaba parte junto al Municipio Vargas de lo que se denominaba el Distrito Federal y, por el otro, que integraba el Área Metropolitana de Caracas, entidad creada con fines censales en 1950, junto a los municipios Sucre, Chacao, Baruta y El Hatillo, todos ellos pertenecientes al estado Miranda. Sin embargo es la de Libertador la que por tradición será conocida como Alcaldía de Caracas ya que en ella se asientan los poderes públicos que estructuran el Estado venezolano.

1. Portada del libro Gobiernos de izquierda en América Latina. El desafía del cambio (1999)

Otro dato importante que se debe manejar es la dificultad que significaba, a efectos de su gobernabilidad, el tener una elevada densidad poblacional, una variada composición social y más de la mitad de sus integrantes en situación de pobreza a lo que debe añadirse, como señala López Maya, los inconvenientes derivados “de las leyes y reglamentaciones aprobadas para la ciudad en distintas épocas y para distintos fines que han terminado por conformar un laberinto legal que obstruye la posibilidad de un gobierno eficaz y hace sumamente difícil cualquier cambio de políticas para la ciudad. El municipio está regulado por la Ley Orgánica de Régimen Municipal (LORM), sancionada en 1989, pero también por la Ley Orgánica del Distrito Federal. Ambas se contradicen en algunos aspectos y otorgan facultades y atribuciones concurrentes entre gobernador y alcalde. Adicionalmente, el gobernador del D.F. es designado directamente por el Presidente de la República, lo cual crea en él cierta orientación e intereses que difiere de las del alcalde, quien es electo directamente por la comunidad. Otra reglamentación que genera dificultades es la Ley Orgánica de Ordenamiento Urbanístico (1986), que establece planes para las ciudades venezolanas en las cuales una de las dependencias del Gobierno Nacional, el Ministerio de Desarrollo Urbano, tiene una jerarquía superior a los niveles federales o municipales, las acciones de este ente son motivo de tensión y complicaciones por concurrencia de facultades  y atribuciones. Por si no bastaran estos inconvenientes, existen leyes o reglamentos que regulan aspectos de la vida urbana, que se remontan a principios de siglo o aun antes, y aguardan hasta ahora por su actualización.”

La larga cita anterior permite contextualizar los problemas afrontados por una gestión que se benefició del voto castigo para alcanzar el poder, ganó con una pequeña diferencia y que, como ya dijimos, lo hizo ante la sorpresa de propios y extraños, motivo que obligó a desarrollar ideas sobre la marcha sobre política local y crear un equipo que compartiera los conceptos fundamentales de transformación y lucha contra el clientelismo político. Para ello contó, por un lado, con el apoyo del gobernador del estado Bolívar, Andrés Velásquez y del ya mencionado alcalde de Caroní, Clemente Scotto y, por el otro, con la oposición conformada por la gobernación del Distrito Federal y el gobierno central quienes no estaban dispuestos a facilitar el éxito de un partido popular emergente como lo era La Causa R.

Si quisiéramos resumir al máximo las políticas impulsadas por el alcalde Istúriz ellas se podrían recoger en el término “democracia radical”, principio ideológico básico de LCR que a su vez derivaba en “el gobierno de la gente” o, en otras palabras, en la implementación de una democracia directa. “Esta democratización implicaba el desarrollo de una cultura participativa, cultura que el partido consideraba inexistente en Venezuela por la exacerbación de la práctica populista como forma de relacionamiento entre la sociedad y el poder”, acotará López Maya. Para ello debían desarrollarse mecanismos de información que empoderaran al pueblo, “pues Istúriz consideraba que el conocimiento del ordenamiento jurídico, técnico y contextual de los problemas es lo que hace perder el temor a participar e impulsa el proceso de asumir los derechos y compromisos”.

Así, el eje articulador de las acciones conducentes a impulsar la democratización es el llamado “gobierno parroquial” nos recordará López Maya y ya que el mismo superaba los alcances que la LORM otorgaba a las juntas parroquiales se procedió a promover la “Ordenanza para la Creación y Funcionamiento del Gobierno Parroquial en el Municipio Libertador” la cual fue aprobada a punto de culminar el último año de gestión (1995) mientras Isturiz buscaba ser reelecto, cosa que no consiguió.

Se trató por tanto de tres años lidiando con tropiezos, trabajando por ensayo y error e intentando poner en marchas algunas políticas de modernización de las estructuras y procedimientos de un municipio complejo que arrastraba vicios provenientes de la administración anterior y cargaba con enormes y muy variadas responsabilidades. Para garantizar la obtención de recursos que permitieran llevar adelante los planes previstos se optó por darle prioridad a la realización de un catastro actualizado, el cual se finaliza en 1994 sin que luego reportara cambios significativos en la recolección de impuestos ya que tampoco fue posible racionalizar los ingresos y la recaudación del municipio.

Trabajando dentro de una estructura híbrida que no facilitaba las cosas, es sólo empezando 1995 cuando se logró producir la reestructuración definitiva de la alcaldía, “creándose una dirección general… coordinadora de cuatro direcciones operativas, cada una de las cuales respondería a líneas de acción estratégicas del municipio: la dirección de gestión interna, la de gestión económica, de gestión urbana y la dirección de gestión ciudadana”, a los que se deben sumar doce entes descentralizados. Hay que añadir que la forma como fue manejada la problemática del personal heredado y que dependía de las diferentes direcciones (entre 12 y 15 mil trabajadores) es otro aspecto débil que la gestión fue incapaz de mejorar por temor a enfrentarse a problemas que la paralizaran.

2. Resumen del artículo de Marta Vallmitjana “Plan de Ordenamiento Urbano Local y Planes Parroquiales de Ordenamiento Urbano. Un diálogo necesario. Caso: Municipio Libertador”, aparecido en la revista Urbana nº 20 (1997)

Siendo pues el gobierno parroquial el motor de la democratización buscada y las juntas parroquiales los entes que a tal fin debían ponerla en marcha, se emprenden desde la Oficina Municipal de Planeamiento y la Dirección de Obras Municipales programas tendientes a ofrecer una mejora sustantiva en el ordenamiento de cada una de las 19 parroquias que conformaban el municipio, dándose origen así al nombramiento de los arquitectos parroquiales y, sobre todo,  a la experiencia que derivará en la realización de los denominados Planes Parroquiales (PP), 14 de los cuales serán asignados a un grupo de profesionales seleccionados por credenciales. Por otro lado, respetando lo señalado por la Ley Orgánica de Ordenamiento Urbanístico, el Instituto de Urbanismo de la FAU UCV va elaborando simultáneamente el Plan de Ordenamiento Urbano Local (PDUL), lo cual, como diría Marta Vallmitjana en “Plan de Ordenamiento Urbano Local y Planes Parroquiales de Ordenamiento Urbano. Un diálogo necesario. Caso: Municipio Libertador”, texto aparecido en la revista Urbana nº 20 (1997), dejaría de lado la tradicional planificación “en cascada” (jerarquizada, centralista y dirigida desde arriba “en la que se hacen difíciles las debidas consultas a las diversas expresiones de las fuerzas sociales, económicas y políticas”) por una “planificación de compatibilización” que buscaba reconciliar y establecer vasos comunicantes entre enfoques contrapuestos: los representados por los planes de desarrollo urbano (PDUL) y por el proyecto de diseño urbano (PP). Se aprovecharía así el importante factor participativo que los Planes Parroquiales tenían implícitos para poder formularse dentro de las políticas generales de “democracia radical” y “gobierno de la gente”.

Toda esta intensa, rica y variada experiencia que vitalizó a buena parte el medio profesional y académico, así como los lineamientos estratégicos y las dificultades y tropiezos que acompañaron a la gestión de Istúriz, fueron seguidos con interés y atención por las diferentes páginas que en la prensa nacional se ocupaban de temas de arquitectura y ciudad, fenómeno particularmente relevante durante la década de los años 1990. Así, con diferentes grados de compromiso, frecuencia y enfoque, hemos podido detectar que las secciones dominicales de “ciudad” o “arquitectura y diseño” de El Diario de Caracas a cargo de Oscar Tenreiro y Farruco Sesto, de “arquitectura” de El Nacional donde participan William Niño, Hannia Gómez y Federico Vegas y el encartado sabatino Arquitectura HOY coordinado por Juan Pedro Posani, van dando cuenta prácticamente desde el llamado a elecciones municipales y más aún al conocerse los resultados de lo que consideran son sus responsabilidades divulgativas y de generación de opinión.

3. Página de arquitectura del El Diario de Caracas del domingo 13 de diciembre de 1992

Serán Tenreiro y Sesto quienes con contenidos de mayor carga política en virtud de su compromiso con la gestión de Istúriz, se colocarán expectantes desde el mismo día de las elecciones (6 de diciembre de 1992) a través del artículo “Cambiar la democracia” (firmado por Tenreiro) y, una vez conocidos los resultados, el domingo siguiente le dedicarán la página entera al inédito acontecimiento escribiendo Tenreiro “Para los cinco alcaldes” y “Arquitectura contra populismo” y Sesto “La ciudad de Aristóbulo”. De aquí en adelante se darán ambos a la tarea a lo largo de todo el año 93 de tocar temas como “Arquitectos parroquiales” (Sesto, 14/02), “Sobre La Bandera” (Sesto, 07/03), “Alcaldes aprovechen la semana” (Tenreiro, 04/04), “Un cambio cultural” (Sesto, 18/04), “Ledezma y la lata” (Sesto, 25/04), “Adiós a la OMPU” (Sesto, 09/05), “Recado a los vecinos” (Sesto,16/05), “Fundarte” (Sesto, 30/05), “Nota al gobernador” (Sesto, 06/06), “Concursos” (Tenreiro, 11/07), “Dignificar las Juntas Parroquiales” (Tenreiro, 01/08), “Alerta máxima” (Sesto, 01/08), «¿Ignorancia o mala fe? (Respuesta a dos intelectuales)” (Sesto,08/08), “Ley de patrimonio-Almacaroní” (Tenreiro, 15/08), “¡Auxilio, Presidente Velásquez!” (Tenreiro, 22/08), “Un triste General del Sur” (Tenreiro, 05/09), “El Cementerio como problema” (Sesto, 05/09), “Buenas noticias para la arquitectura” (Sesto, 07/09), “Ocaso de una cultura perversa” (Sesto, 24/10), “Resumen, Moraleja, Viso (Tenreiro, 31/10) y “La ciudad en vilo” (Sesto, 14/11). Cerrando el año en pleno proceso electoral para las presidenciales, Tenreiro y Sesto fueron vetados por la redacción de El Diario de Caracas al tomar partido por la candidatura de Andrés Velásquez, lo que derivó en la salida de ambos y el abandono del espacio ocupado durante casi 4 años y con ello el acompañamiento a la gestión de Isturiz. Pensaban titular la página “Y vamos de política”.

Desde El Nacional es fundamentalmente William Niño quien se dedica a hacer seguimiento y plantear recomendaciones e ideas sobre la temática que más le apasionaba: la ciudad de Caracas. En medio del entusiasmo derivado por el triunfo de Istúriz, allí aparecieron a lo largo del año 93 en la columna dominical sus artículos titulados: “Vendrán tiempos mejores para recobrar la ciudad”, “Las siete heridas de Aristóbulo”, “La octava herida de Aristóbulo”, “El golpe de Aristóbulo”, “Pequeños detalles y Aristóbulo”, “Acciones para la ciudad”, “Tiempo de Caracas (a los alcaldes); y en el año 94: “Doce retos para los alcaldes” a lo que habría que añadir tres artículos de Enrique Larrañaga titulados “La ciudad posible” (dos escritos en el 94 y otro en el 95). En el año 96, ya habiendo perdido Istúriz las elecciones de diciembre del 95 con Antonio Ledezma, Niño escribe “Es bueno recordar ( A propósito de Aristóbulo)» y, para no perder la costumbre de aconsejar a quienes dirigen la ciudad, “Ledesma y las siete heridas capitales” y “La plaza de Ledezma”.

4. Arquitectura HOY nº 67 del 25/06/94
5. Arquitectura HOY nº 203 del 16/05/97

Arquitectura HOY asume en cierta forma el relevo de Tenreiro-Sesto con otra actitud a través de artículos como “La ciudad espera” (Juan Pedro Posani, nº 25, 07/08/93) y más en la tarea de registrar el proceso de conceptualización, discusión y presentación de los Planes Parroquiales en el nº 57 (23/04/94) aparecen “Credo de Caracas” (bajo la responsabilidad de Enrique Larrañaga), “Descentralizar la ciudad y descentralizar el pensamiento” de Miguel Posani y “Retrato de Caracas” de Azier Calvo; en el nº 61 (14/05/94) se recogió a modo de reseña la Presentación en la FAU UCV del primer grupo de Planes Parroquiales encargados por la Alcaldía del Municipio Libertador; en el nº 63 (28/05/94) aparecen los Planes Parroquiales de ordenamiento urbano de La Candelaria y San Agustín; en el nº 67 (25/06/94) se publican los Planes Parroquiales de Ordenamiento Urbano de Altagracia y Catedral, y San José; en el nº 71 (23/07/94) aparecen los Planes Parroquiales de Ordenamiento Urbano de El Recreo y Santa Rosalía Sur; el nº 78 (10/09/94) se publica el Plan Parroquial de Ordenamiento Urbano de Sucre; en el nº 97 (04/03/95) aparece el Plan Parroquial de Ordenamiento Urbano de Antímano; para cerrar con el nº 203 (16/05/97) en el que se reseña (casi de manera nostálgica) la exposición “Trazos de ciudad”, organizada por el MAVAO donde de mostraron 14 planes, recordando que se trataba de 19 parroquias en total.

Es en este amplio contexto donde tiene cabida la aparición de la revista Ciudad cuya portada de su número 1 o 0 (único en todo caso) ilustra nuestra postal del día de hoy. La publicación de la recién creada Dirección de Gestión Urbana de la Alcaldía del Municipio Libertador, encabezada por Francisco (Farruco) Sesto, aparece algo tarde (finales de 1995) con la doble finalidad de asentar ciertas directrices conceptuales que a lo largo de tres años han caracterizado la gestión municipal en el área y a la vez con miras a ofrecer al público en general una especie de programa respaldado en hechos que justificaban la aspiración de ser ratificados con el voto popular.

La revista, en un formato un poco mayor que media hoja tamaño carta (21,5 x 15 cms) y papel glasé, tenía 136 páginas sin ilustraciones, aparece publicada por el Instituto Municipal de Publicaciones de la Alcaldía de Caracas, editada por FUNDARTE y diagramada por Mariela Garcés.

6. Editorial («Como un número cero») escrito por Farruco Sesto y primeras páginas de «Conversación con el General (R) Marcos Pérez Jiménez…» a cargo de Oscar Tenreiro y “De la ciudad, su memoria y sus deseos: notas para un modelo de normativa urbana” de Enrique Larrañaga aparecidos como parte del contenido del nº1 de la revista Ciudad (1995)

El editorial titulado “Como un número cero” le correspondió a Farruco Sesto, quien afirmó que Ciudad nacía algo apresurada y como “un número de prueba” con “la idea de producir una revista de pensamiento sobre los temas de la ciudad”, añadiendo que el contenido fue elaborado por personas “muy allegadas a la Dirección de Gestión Urbana”, creyentes en la necesidad de difundir a través de ensayos tópicos de interés para la urbe.

La colaboración se tradujo en diez artículos, a saber: “Conversación con Pérez Jiménez”, Oscar Tenreiro; “Ciudad: Pensamiento y Ordenanza”, Fernando Lugo; “De la ciudad, su memoria y sus deseos”, Enrique Larrañaga; “En defensa de la ciudad. Las quebradas de Caracas ¿propiedad privada o bienes de dominio público?”, Alonso Jesús Martínez; “Carta a J. M. Rodríguez”, Alonso Jesús Martínez; “Apuntes para una comprensión de la Valoración Moderna en la relación Programa-Lugar”, Carlos Pou Ruan; “Caracas y el problema de su calidad ambiental”, Antonio De Lisio; “El funcionamiento del servicio de transporte y los efectos del Metro sobre el sistema de superficie”, Rosa Virginia Ocaña Ortíz; “La tercera casa. Anotaciones sobre la ciudad como objeto cultural”, Farruco Sesto; y “Ciudad, Cultura y Futuro”, Farruco Sesto.

Es particularmente llamativa la entrevista que le hiciera en aquel momento Oscar Tenreiro a Marcos Pérez Jiménez (residenciado en Madrid) donde más allá de que se decanta por tocar temas relacionados con el desarrollo de la ciudad, las obras públicas y la arquitectura de los años 50, luce un tanto desubicada dentro de los lineamientos característicos de una gestión que se consideraba de “izquierda”. Más aún cuando se lee en el preámbulo de la conversación elaborado por Tenreiro que “No fue mía la idea de hacer esta entrevista… La idea fue de Farruco Sesto, amigo y compañero de trabajo durante muchos años…”. Sin embargo añade que la entrevista cobraba sentido para “recoger el testimonio de alguien que desde el poder impulsó modificaciones en Caracas, únicas por su significación y amplitud, reconocidas como iniciación decisiva del proceso de transformación y modernización de nuestra capital; conocer sus motivos en relación al apoyo que le dio a algunas de esas obras y tratar de profundizar sobre antecedentes y circunstancias”. También confiesa que: “Para mí, pues, un antiperezjimenista de la adolescencia, ya cincuentón, era atractivo eso de conversar con un hombre al que he dejado de ver con rabia pasando más bien agradecerle ciertas cosas que me parecen no sólo extraordinarias, sino imposibles en un país, el de hoy, estancado y carcomido por la mezquindad y la pequeñez”.

También resaltan los textos de Lugo y Larrañaga quienes en cierta manera asumieron espontáneamente el liderazgo desde el lado de los participantes que realizaron los Planes Parroquiales desde los puntos de vista instrumental el uno y conceptual el otro, experiencia que derivó en una ordenanza que de manera expresa no se asoma en la revista ante el temor de afectar las aspiraciones de reelección del alcalde.

Como ya se señaló, Aristóbulo Istúriz pierde las elecciones de diciembre de 1995 donde buscaba ser ratificado. De allí en adelante se desentiende de la política local para abocarse a la nacional. En tal sentido se suceden eventos como la separación en 1997 de un grupo importante de integrantes de la Causa R (Istúriz entre ellos) quienes crean Patria para Todos, organización que posteriormente formará parte del Polo Patriótico que impulsará a Hugo Chávez a la presidencia. Antonio Ledezma, alcalde entrante, aunque mantiene su interés por terminar de desarrollar el PDUL rápidamente interrumpe el proceso de construcción de gobiernos parroquiales emprendido en la gestión anterior, regresando al esquema que durante tres años se trató de enfrentar y revertir restituyendo la dinámica de las juntas parroquiales y de las asociaciones de vecinos como canales de participación.

Para Margarita López Maya, la derrota de Istúriz en 1995 “puso en riesgo inmediato la permanencia de los escasos logros obtenidos en democratización y/o modernización de su gestión. Si estos logros hubiesen sido apreciados por la organización, e incluso por Istúriz, una estrategia de defensa de los mismos y de denuncia frente a su desmantelamiento hubiese sido la política a seguir. Sin embargo, nada de ello se hizo. (…) Esto ha significado casi tres años en los cuales un gobierno local tradicional, como el del alcalde Antonio Ledezma, en el más característico estilo efectista y clientelar de AD, ha desempeñado una gestión en medio de una total ausencia de oposición crítica. De haberse valorado la gestión y la institucionalidad que tanto esfuerzo tomó construir, no se hubiera abandonado tan fácilmente”, concluyendo (recordemos que López Maya escribe su ensayo en 1999): “… en Venezuela sigue sin fuerza un proyecto político alternativo y popular que le de el puesto que se merece a la gestión local y valore la necesidad de institucionalización de los cambios en sus estructuras y procedimientos, tome en serio la autonomía financiera del gobierno municipal y profundice la democracia a este nivel como camino hacia una cultura ciudadana plena.”

Hasta ahora, pese a los avatares “revolucionarios” nada ha cambiado. Más bien se diría que estamos peor. La senda seguida por Istúriz desde entonces así lo revela.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela

  1. https://books.google.co.ve/books/about/Gobiernos_de_izquierda_en_Am%C3%A9rica_Latin.html?id=hyTgmKoPNxMC&redir_esc=y

2 a 6. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 208

La construcción de la avenida Fuerzas Armadas, inaugurada el 5 de diciembre de 1956, conllevó el reforzamiento de manera definitiva del acceso al centro de la ciudad de Caracas por el sur desde puntos tales como: la conexión al occidente del país, la zona de El Valle y el recién estrenado Sistema de La Nacionalidad del cual se terminó considerando una prolongación. Además, su realización cumplía con la necesidad de desarrollar un eje norte-sur que compensara las predominantes direcciones este-oeste que remarcaban el sentido longitudinal del gran Valle. Junto a las avenidas Bolívar, Urdaneta, Baralt, Lecuna y México, la Fuerzas Armadas conformó el sistema central previsto dentro del Plan Regulador de Caracas de 1951 y fue considerada como una de las 9 obras imprescindibles dentro de las 19 que incluía el Plan Municipal de Vialidad de aquel mismo año.

1. El Portachuelo. Vista hacia el norte antes de la construcción de la avenida Fuerzas Armadas (circa 1949)
2. Inicio de la avenida Nueva Granada en El Portachuelo. Vista hacia el norte (circa 1949)

La avenida Nueva Granada, abierta en 1949, la más importante arteria del sur de la ciudad había quedado truncada en cuanto a su capacidad de absorber un elevado flujo vehicular e inyectarlo al norte de la capital, al permanecer conectada a él con el aún estrecho paso por El Portachuelo de la Roca Tarpeya y la vía que, empalmando con el antiguo Puente Sucre, atravesaba el Guaire y se internaba convertida en la angosta avenida Norte-Sur 7, cuyo ancho se conservaba incólume prácticamente desde la colonia.

También es bueno recordar que junto a la avenida Urdaneta, la Fuerzas Armadas personificó un incontrolable afán modernizador, avasallante por demás, puesto en marcha desde el poder político que no reparó en consideraciones de costos por expropiaciones ni de respeto por la preservación patrimonial cuando sus respectivos trazados los debieron enfrentar.

Así, tomada la decisión, el 3 noviembre de 1955 el Gobernador del Distrito Federal, Guillermo Pacanins, por orden expresa del ciudadano Presidente de la República, General Marcos Pérez Jiménez, emite un decreto donde anuncia la necesidad de facilitar la comunicación entre los sectores norte-sur de la ciudad. Dicho decreto, una vez hechos los estudios respectivos, contemplaba la construcción de una avenida de 2774 metros de longitud y entre 30 y 40 metros de ancho (según el sector que atravesara), con aceras de 3 metros de ancho.

3. Plano de Caracas por Ricardo Razetti, 1929
4. Antiguo Puente Sucre (1950)
5. Izquierda: Avenida Norte-Sur 7 antes de la construcción de la Avenida Fuerzas Armadas vista al sur (circa 1950). Derecha: Avenida Fuerzas Armadas en construcción vista al norte (circa 1956)
6. Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús (1916) sobre la avenida Norte-Sur 7 (circa 1950)

Se ordena la compra y expropiación con respectivo pago a sus dueños, de las áreas adyacentes a una de las calles externas al cuadrilátero fundacional que primero se llamó “Calle del Triunfo de Jerusalén”, luego “Calle Girardot” y finalmente «Norte-Sur 7», cuando se puso en marcha la nueva nomenclatura que registra el Plano de Caracas de Ricardo Razetti de 1929.

La construcción de la avenida Fuerzas Armadas implicó demoler 300 edificaciones y buena parte de la fachada de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús (que perdió 8 metros de longitud en sus tres naves) como caso más llamativo. Además de la avenida se realizó un puente sobre la Avenida Urdaneta de 273 metros de paso subterráneo (cuya imagen ilustra nuestra postal del día de hoy) y el nuevo Puente Sucre con 2 pistas este y oeste de 270 metros para salvar el río Guaire y la autopista. También debió preverse el paso por debajo de las avenidas Lecuna, Bolívar y Universidad.

La Fuerzas Armadas se constituyó en la vía más costosa en proporción a su extensión de cuantas se habían emprendido en la metrópoli (superando a la Urdaneta), por razón de los edificios y casas que fueron adquiridos por la Gobernación del Distrito Federal con esa sola finalidad. Ejecutada en tiempo récord por el Ministerio de Obras Públicas (MOP) -poco más de un año-, durante ese lapso “en los números reservados de la cuenta del Ilustre Concejo Municipal, se registraba no menos de diez contratos de compra de inmuebles destinados a la construcción de la Avenida Norte-Sur 7”, puntualizará María F. Sigillo en su blog “Caracas en retrospectiva”. Se bautiza, como no, en honor de quienes para ese momento detentaban el poder en el país.

Iniciada su construcción, las obras se abrieron paso sin contemplaciones desde la Roca Tarpeya en la Parroquia Santa Rosalía, ampliándose la ruta de El Portachuelo en simultáneo con el inicio de la construcción de El Helicoide, hasta la esquina de San Luis, avenida Este 15, en la Parroquia de San José donde se ubica el Mercado de Las Flores, eliminando en su camino buena parte de la vieja nomenclatura caraqueña que se caracterizó por darle vida a una amplia gama de eventos, elementos identificativos, familias, construcciones, personajes o locales que se encontraban en los cruces de las calles. “Esquinas tan famosas como la de Socorro, La Romualda, Socarrás, La Hoyada, Tejar, Rosario, Los Isleños, etc.., quedaron borradas de la antigua nomenclatura”, recordará Sigillo, aunque todavía se pueden encontrar vestigios de algunas de ellas.

7. Obras a marcha forzada. Al fondo la iglesia de San José
8. Obras de Puente Sucre (1956)
9. Inauguración de la avenida el 5 de diciembre de 1956

Vale la pena señalar que la construcción apresurada de la avenida, que ameritó jornadas continuas de trabajo las 24 horas (como puede verse en la foto que incluimos con la parte alta de las torres de la Iglesia Parroquial de San José asomando por sobre las vallas), para cumplir con el deseo del dictador de inaugurarla el 2 de diciembre de 1956, tuvo que sortear el enorme contratiempo que significó el colapso del nuevo Puente Sucre, el cual la noche del 16 de noviembre vio como se vino abajo todo el encofrado del tramo en sentido norte-sur hacia la Roca Tarpeya. En la tragedia perdieron la vida ocho obreros y resultaron heridos más de cuarenta trabajadores. No obstante, a toda prisa, para complacer a Pérez Jiménez se enterraron los muertos, removieron los escombros, rehicieron los encofrados, armó la estructura, vació el concreto, y se inauguró la avenida (con el nuevo Puente Sucre incluido) el 5 de diciembre, únicamente tres días después de lo inicialmente programado.

10. Puente Sucre. Vista hacia el sur. Helicoide y edificio del IVSS (1962-63)
11. Izquierda: Vista de la avenida desde El Helicoide (1957). Derecha: Puente Sucre.Vista al sur
12. Izquierda: Iglesia de San Agustín (1941-1942). Derecha: Edificio sede del Cuerpo de Bomberos de Caracas (1967)
13. Izquierda: Fachada remodelada de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús (1963). Derecha: Edificio sede de Seguros Orinoco (1971)
14. Puente sobre la avenida Urdaneta en construcción (1956)
15. Izquierda: Iglesia Parroquial de San José. Derecha: Vendedor del Mercado de Las Flores
16. Foto reciente del sector norte de la avenida Fuerzas Armadas con El Ávila al fondo

Una vez culminada su construcción y luego de su flamante inauguración, el despejado panorama que abrió la avenida Fuerzas Armadas permite registrar de sur a norte la presencia de las siguientes edificaciones, unas con mayor y otras con menor valor arquitectónico:

  • El ya mencionado Helicoide de la Roca Tarpeya (Gutiérrez, Bornhorst y Neuberger, 1958-1961).
  • Edificio del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (lado este).
  • Iglesia de San Agustín (lado oeste, esquina de Isleños; Alejandro Chataing, 1930).
  • Colegio Fray Luis de León -antigua Escuela Apostólica San Agustín, 1935- (lado oeste, esquina de Isleños contiguo a la Iglesia de San Agustín con frente a la avenida; 1941-42).
  • Edificio sede del Cuerpo de Bomberos de Caracas (lado este, esquina El Rosario, cruce con la Av. Lecuna; Oscar Carpio y Guillermo Suárez, 1967).
  • Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús (lado este, esquina Corazón de Jesús, cruce con Av. Universidad; proyecto de Luis Muñoz Tébar de 1916, terminada de construir en 1923. Reconstrucción y nueva fachada a causa de la demolición de que fue objeto la original por la construcción de la avenida; Jan Gorecki, 1963).
  • Edificio sede de Seguros Orinoco (lado este, esquina de Socarrás; Premio Nacional de Arquitectura; José Miguel Galia, 1971).
  • Cine Hollywood (lado este, esquina de Romualda; Rafael Bergamín, 1941).
  • Edificio Sudameris (lado este, esquina Plaza España, cruce con la Av. Urdaneta; al comienzo sede del Banco Francés e Italiano para América del Sur -luego Banco Latino- y de Ars Publicidad; Vincenzo Nasi, 1956).
  • Iglesia Parroquial de San José (lado este, esquina San Enrique a Telares; 1888-1890).
  • Mercado de Las Flores (esquina San Luis, remate de la avenida al norte).
17. Puente sobre la avenida Urdaneta sentido sur-norte (años 1960)
18. Vista del puente en el cruce con la avenida Urdaneta (años 1960)
19. Foto reciente de los puestos de venta de libros usados ubicados bajo el puente de la avenida Fuerzas Armadas cruce con avenida Urdaneta

El puente construido para salvar la avenida Urdaneta, cuya poderosa imagen permitía atribuirle un talante arquitectónico, sirvió muy temprano en su parte inferior de estacionamiento de vehículos mostrando rápidamente su condición “habitable” en las proximidades de la importante arteria este-oeste. Estuvo recubierto, según se recoge de la página de Instagram micaracasantigua, “de mosaico vitrificado de autor desconocido, los cuales fueron preinventariados por la Fundación de la Memoria Urbana para el Instituto de Patrimonio Cultural en 2006. A pesar ello, fueron demolidos en 2012.”

Hoy esta obra ha perdido todo el atractivo que muestra la imagen de la postal escondida tras el mal uso, la falta de mantenimiento y la degradación de la zona.

Sin embargo, tal y como se registra en https://www.seisgrados.com.ve/2018/04/puente-de-las-fuerzas-armadas-refugio-de-libreros-y-lectores-a-pesar-de-la-crisis/, “debajo de la vía, que pasa por una de las zonas más neurálgicas de Caracas, en la que confluyen miles de personas atribuladas de obligaciones y pensamientos a pie o en vehículos, hay un punto de encuentro, una burbuja en la que el peatón se desconecta de la tribulación que genera todo al derredor. Cornetas, tubos de escapes envejecidos, motos rampantes, el humo asfixiante, el bus atestado, la tranquilidad olvidada, todo queda en otra dimensión. (…) Los libreros que durante más de 30 años han hecho de la zona una tradición son la distensión para lectores apasionados, estudiantes y caminantes desprevenidos que fortuitamente se encuentran con las decenas de kioscos que ofrecen toda clase de títulos, desde los clásicos de lectura obligatoria en el colegio, o aquellos en los que todo lector apasionado sabe que debe adentrarse”.

20. Foto reciente en sentido sur-norte de la avenida Fuerzas Armadas en el sector de La Hoyada donde se aprecia el canal central destinado al BusCaracas

Hoy la avenida Fuerzas Armadas se ha visto, al igual que la Nueva Granada, afectada por la incorporación de un canal destinado exclusivamente al BusCaracas, sistema de transporte que buscaba aligerar el tránsito norte-sur y brindar un buen servicio a los usuarios que por allí se desplazan pero que sin embargo, no sólo ha dejado mucho que desear en cuanto a la regularidad de su funcionamiento sino que se ha convertido, por su pésima realización, en una herida que aún no ha cicatrizado.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 1, 2, 9, 11, 12, 13, 14. Colección Crono Arquitectura Venezuela

3. http://guiaccs.com/planos/ultimo-plano-de-razetti/

4. https://i.pinimg.com/originals/d0/23/89/d02389193a4eb0a35f47d3acb2161206.jpg

5. https://mariafsigillo.blogspot.com/2011/03/historia-de-la-avenidas-de-caracas.html

6, 8. https://mariafsigillo.blogspot.com/2012/06/la-avenida-de-los-37-millones.html

7, 15, 16, 17, 19, 20. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.

10. https://twitter.com/gfdevenezuela/status/1098775965679923200?lang=hu

18. http://viejosrecuerdos.eklablog.com/av-urdaneta-con-fuerzas-armadas-a135971062

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 207

La imagen que ilustra nuestra postal del día de hoy nos ofrece la oportunidad de tocar dos temas de interés dentro de la obra de Carlos Raúl Villanueva, referidos particularmente en la Ciudad Universitaria de Caracas (CUC): uno es el papel que juega el diagrama como recurso explicativo usado para diferentes fines y el otro es la importancia que asumen los elementos que abarcan buena parte de la circulación peatonal o, en otras palabras, los corredores, aceras o pasillos cubiertos.

Stan van der Maas en “El diagrama en arquitectura”, texto aparecido en la revista dearq 08 (Bogotá, julio 2011), explora la relación entre la virtualidad y la realidad en la producción de la arquitectura, enfocándose en la noción del diagrama como herramienta de mediación. Van der Maas toma del Diccionario de Oxford, la definición de diagrama: “un dibujo simplificado que demuestra la apariencia, la estructura o el funcionamiento de algo, una representación esquemática”. Y continúa: “Esta definición nos habla de un diagrama de tipo analítico y denotativo; nos presenta una compresión de información. La palabra proviene de los términos griegos dia (imagen o algo visual) y gramma (algo escrito). Un dia-grama sería entonces una imagen-escritura. Esto sugiere que el diagrama es esencialmente representativo, que es un modo de comunicación. (…) Sin embargo, desde el punto de vista del diseñador, esta definición es incompleta. Una vez dibujado, el diagrama se puede convertir en un instrumento generador. La imagen puede evocar pensamientos nuevos. Tiene la capacidad de enfocar la atención del diseñador y convertirse en un vehículo para sus ideas. Este descubrimiento llevó a arquitectos y urbanistas a instrumentalizar el diagrama y a integrarlo en el proceso de diseño”.
Por otro lado, Josep María Montaner en Del diagrama a las experiencias, hacia un arquitectura de la acción (2008) señala que “… la primera gran característica de los diagramas (es) su radical dualidad. Los diagramas sirven tanto para registrar o mapear como para proyectar y trazar trayectoria, una característica que comparten con el concepto de tipología”.

1. Diversas representaciones esquemáticas utilizadas para representar los sistemas de movilidad y accesibilidad en la Ciudad Universitaria de Caracas. Arriba izquierda: “Esquema de las circulaciones peatonales principales”. Arriba derecha: Zonificación de la Ciudad Universitaria con indicación de los accesos vehiculares. Abajo izquierda: Diagrama en el que se indican terminales y zonas de estacionamiento. Abajo derecha: Plano de conjunto (1952) donde se señalan con línea gruesa las aceras cubiertas

Así, el “Esquema de las circulaciones peatonales principales” de la Ciudad Universitaria de Caracas publicado en Caracas a través de su arquitectura (1969) que recoge la postal (con la salvedad de que en la fuente original se precisa: “en negro: los corredores techados”), se trata de un diagrama que curiosamente se coloca sobre otro de gran importancia como lo es el correspondiente a la “Zonificación de la Ciudad Universitaria” que también aparece en el libro citado y en el de Sibyl Moholy-Nagy, Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela (1964). Son, como se puede observar, grafismos elaborados a posteriori, con la propuesta proyectual ya plasmada y no como recursos expresivos que den cuenta de la fase inicial de gestación de una idea. Nos atreveríamos a decir que tienen un fin más bien didáctico, comunicacional, dirigido a separar las diferentes capas que conforman las decisiones fundamentales que se fueron tomando y que sería un tanto complicado extraer de la totalidad que recoge un plano de conjunto correctamente representado. No se tratan, por otro lado, de bocetos que los arquitectos suelen elaborar y acumular recogidos en cuadernos (que Villanueva también produjo), sino más bien representaciones de carácter técnico.

2. Izquierda: Diagrama de movimiento y circulación del Museo de Bellas Artes donde también se indican los elementos que lo componen. Derecha: Diagrama que señala la accesibilidad y organización de los diferentes componentes de la zona médica de la Ciudad Universitaria de Caracas.
3. Reurbanización de El Silencio. Dos esquemas que hablan tanto de la organización como de la circulación a través del conjunto
4. Ciudad Universitaria de Caracas. Conjunto Central. Izquierda: Análisis de funciones y movimientos basada en la indicación esquemática de la circulación de estudiantes, indicando su aproximación a los edificios y el orden en que se encuentran con las obras de arte diseminadas en la Plaza Cubierta. Derecha: PLanta baja.
5. Izquierda:Orientación de los bloques en la urbanización 23 de enero. Derecha: Plano esquemático de una nueva urbanización del Banco Obrero mostrando su relación con los centros circundantes, los sistemas de circulación con terminales de estacionamiento, y su vinculación con otras zonas residenciales y áreas públicas.

Aunque son contados, estos recursos explicativos van apareciendo en las publicaciones de y sobre Villanueva siempre con la idea de reforzar los elementos esenciales que ofrecen las propuestas. En tal sentido, quizás sea el ya mencionado libro de Sibyl Moholy-Nagy no sólo el primero que recoge su obra completa llevada a cabo hasta ese momento (1964), sino el que presenta un claro interés por mostrar esos diagramas explicativos a los que Villanueva apelaba. Uno puede recorrer esta publicación y ver cómo van apareciendo desde el Museo de Bellas Artes (1935-1936) hasta el Conjunto 2 de diciembre o 23 de enero (1955-1957), pasando por la Reurbanización de El Silencio (1941-1945) y por La Ciudad Universitaria (1944-1970), diagramas que abarcan diversas facetas pero que enfatizan siempre la organización general, el papel jugado por la circulación y el origen climático de ciertas decisiones. Resaltan aspectos que aunque apuntan a lo funcional dejan entrever importantes valores conceptuales. Esta particular faceta que Moholy-Nagy casi de manera marginal va mostrando, pensamos tiene el doble papel de aclarar dudas pero sobre todo permitir la comprensión cabal de cómo Villanueva era capaz de sintetizar los temas que más le interesaban. A veces, incluso podría pensarse que fueron explícitamente solicitados para efectos editoriales pero sabemos que aunque tenga algo de cierta esta apreciación ello no ha sido del todo así.

Van der Maas en el texto ya citado señala como “En los años noventa del siglo XX, los diagramas adquirieron protagonismo en la obra de arquitectos como Rem Koolhaas, Gerg Lynn, MVRDV y Ben van Berkel. Todos ellos propusieron maneras diferentes de usar los diagramas, pero todos estaban apelando a las mismas promesas: liberar la arquitectura de sus limitaciones de representación y presentar nuevas formas de mediación entre lo virtual y lo real”. En tal sentido, retrotrayéndonos al caso de Villanueva, podríamos decir que sus diagramas, sin renunciar al papel de mediadores comunicacionales, apuntan más hacia lo real y lo concreto a diferencia del énfasis en lo virtual que presentan las representaciones de fin del siglo XX, tendiendo a asociarse más bien con los elaborados por las vanguardias de comienzos del mismo siglo. Su énfasis en la representación en planta nos habla de una clara relación con lo funcional que se ve reflejado en la valorización de lo organizativo, el movimiento y las consideraciones climáticas. Sin ser bocetos, entendiendo el boceto como representación ligada más bien a la gestación de la idea, los dibujos de Villanueva muestran la estructura que rige la comprobación final una vez que se ha pasado a la etapa de proyecto.

6. Ciudad Universitaria de Caracas. Pasillo cubierto de acceso desde la Plaza Venezuela fotografiado por Paolo Gasparini
7. Ciudad Universitaria de Caracas. Dos tomas del pasillo Humanidades-Ingeniería
8. Izquierda: Esquema estructural del pasillo Humanidades-Ingeniería. Derecha: Esquema estructural del pasillo de acceso desde la Plaza Venezuela

En cuanto al otro asunto involucrado en la imagen reproducida en la postal, el concerniente a la importancia que asumen los corredores, aceras o pasillos cubiertos dentro de la CUC, valga decir que se sobreponen sobre el organigrama de organización del conjunto recogiendo la afluencia de público del exterior e intercomunicando el interior discurriendo entre los espacios que dejan entre sí las edificaciones.
También, vuelve a ser interesante reconocer cómo es Sibyl Moholy-Nagy quien primero se refiere a ellos señalando que “…la vida universitaria transcurre a lo largo de 1428 metros, casi un kilómetro y medio, de una Acera Cubierta ininterrumpida. El mismo deseo de precaverse del implacable sol tropical que guiara el diseño de los hogares de Villanueva determinó la imperiosa necesidad de crear áreas comunales sombreadas y de reposo”. También la crítica e historiadora alemana fue quien primero se refirió a la participación de los ingenieros Juancho Otaola y Oscar Benedetti en el proyecto de estas estructuras, que luego desarrollará con mayor detalle técnico Nancy Dembo en La tectónica en la obra de Carlos Raúl Villanueva: Aproximación en tres tiempos (2006): “Dos ingenieros civiles, Otahola (sic) y Benedetti, cuya imaginación en el diseño de la estructura es digna de la arquitectura de Villanueva, lograron una admirable secuencia de efectos espaciales mediante variaciones en la forma estructural de los voladizos. Una construcción a base de unidades prevaciadas y pretensadas aparece modulada con acentos ondulantes por las luces y las sombras”. Dembo, apoyada en el artículo que publicaran Oscar Benedetti y Juancho Otaola en la revista Integral nº 1 (1955) titulado “Ensayos sobre estructuras mixtas de concreto armado y precomprimido ejecutadas en la Ciudad Universitaria de Caracas”, ahonda en el análisis y explicación de por qué son como son las dos muestras más representativas de esta experiencia: “el corredor de entrada” desde la Plaza Venezuela y los “corredores de techo corrugado” ubicados entre las Facultades de Humanidades e Ingeniería, Humanidades y Ciencias Económicas y Sociales, eje Facultad de Arquitectura-Comedor, entrada desde la Plaza de Las Tres Gracias y todo el borde este de la “tierra de nadie”. Más adelante, Silvia Hernández de Lasala en su libro En busca de lo sublime. Villanueva y la Ciudad Universitaria de Caracas (2006, producto de su Tesis Doctoral de 1999), ampliará la gama de manifestaciones  estructurales y espaciales que los corredores cubiertos despliegan a lo largo de la CUC dentro del afán por experimentar que caracterizó a Villanueva: las cubiertas plegadas que predominan en los alrededores de Arquitectura y que conectan Farmacia y Odontología prolongándose hasta la entrada desde el Paseo Los Ilustres; las bóvedas onduladas que aparecen en la Facultad de Ingeniería; y la losa plana que se utiliza en el eje que acompaña al oeste todo el Centro Cultural y Administrativo cerrando por el sur el área de Medicina.

Curioso por demás es el poco espacio que le dedica Juan Pedro Posani en Caracas a través de su arquitectura (1969) a un tema que, como se sabe, tiene vital relevancia dentro del campus universitario. Aparte del diagrama ya señalado, acompañando tres fotografías de los pasillos cubiertos tomadas por Paolo Gasparini, Posani apuntará de manera escueta pero precisa: “En la Ciudad Universitaria, Carlos Raúl Villanueva desarrolla el concepto del recorrido peatonal como estructura de la organización general de los edificios. El concepto está directamente ligado a una visión de la arquitectura y de la ciudad que implica el acondicionamiento artificial del ambiente”.

9. Izquierda: Primera página del texto “El concepto de espacio cubierto» de Makoto Suzuki, Punto 46, 1972. Derecha: Portada del libro Villanueva. Los pasos cubiertos y la idea de ciudad de Rodrigo Pérez de Arce, 2004

El tópico a partir de entonces ha sido tratado de manera particular en la casi totalidad de las publicaciones que han aparecido sobre la obra de Villanueva, complementando muchas veces la apoteosis espacial que protagoniza la Plaza Cubierta. Indisociables al manejo de la sombra como necesaria consideración en nuestro clima tropical, los pasillos cubiertos han sido acompañantes silentes de los ensayos distinguidos como ganadores en las dos ediciones del premio internacional Carlos Raúl Villanueva: “El concepto de espacio cubierto” (Makoto Suzuki, PUNTO 46, 1972) y “Villanueva. Los pasos cubiertos y la idea de ciudad” (Rodrigo Pérez de Arce, 2001, publicado como libro en 2004).

Considerados en la multiplicidad de aspectos que engloban (espaciales, plásticos, técnicos, funcionales, constructivos, ambientales, climáticos), los corredores cubiertos (como prefiere llamarlos Silvia Hernández de Lasala) han sido objeto de breves pero sustanciosos ensayos o han ocupado segmentos importantes de algunos escritos sobre la Ciudad Universitaria.

En 1991 Enrique Larrañaga escribe dentro del ensayo “La ciudad universitaria y el pensamiento arquitectónico en Venezuela”, aparecido en Obras de arte de la Ciudad Universitaria de Caracas: “El énfasis en la estructura como hacedora de forma arquitectónica, en substitución a la preeminencia del estilo como caracterizador es básico para entender la obra posterior de Villanueva. De hecho, Villanueva otorga a la estructura un rol moralizante como legitimizador de la forma y, en lo formal, basa el disfrute estético en la confrontación entre la lógica apolínea de la técnica y la intromisión dionisiaca del accidente, sea éste natural, artístico o arquitectónico, magistralmente desarrollada en los vibrantes experimentos de los pasillos cubiertos. (…) Emparentados con las galerías cubiertas tradicionales que, de manera más nostálgica y estilísticamente dependiente, el propio Villanueva había reeditado en El Silencio, los pasillos constituyen experiencias arquitectónicas propias. La memoria y la tradición están presentes como fuerza y sentido histórico, que ubican la percepción en un tiempo y lugar especifico, pero no se convierten en pesos que imposibilitan el nacimiento de nuevas experiencias. De hecho, los pasillos de la Ciudad Universitaria ofrecen una variedad de presencias ricas ambiental y formalmente, de escalas variadas y animada configuración espacial. Mientras el pasillo de acceso desde la Plaza Venezuela propone una escala continua y una forma casi inmediata, en la encerrada bóveda generada con su integración al borde vegetal que lo acompaña, los pasillos internos, con su variedad de ondulaciones y superficies quebradas, y con la enfática rítmica de vigas y columnas, fracturan la escala y se presentan como cobertizos que, sin interrumpir la continuidad espacial entre los jardines, que modulan las magnitudes y transiciones espaciales a través de la forma y disposición de sus reducidos y frecuentemente eufóricos apoyos verticales. Hay algo de Gaudí en sus alusiones primitivas, y algo de Laugier en su claridad visual, pero, por sobre todo, estas estructuras manifiestan la euforia y la alegría de la posibilidad de edificar una realidad en libertad, aire, luz y naturaleza”.

10. Diversas tomas de los pasillo cubiertos de la Ciudad Universitaria de Caracas en los que se puede apreciar las variantes experimentadas por Villanueva

Paulina Villanueva y Maciá Pintó en Carlos Raúl Villanueva (2000) expresarán: “Si la Plaza Cubierta puede ser representada por la memoria como una suma de patios-jardín, los Pasillos Cubiertos pueden encontrar su génesis tanto en los corredores de las casas como en las galerías porticadas de las ciudades; sin embargo, a pesar de su posible filiación, su nacimiento está directamente comprometido con la atención y el papel que el urbanismo moderno dedica a la circulación tanto peatonal como vehicular. (…) Esenciales en los ciclos de vida de la Ciudad Universitaria, se corresponden con la materialización de la huella dejada en el libre transitar, en las direcciones que terminan definiendo un trazado autónomo exento a los edificios, con usos y actividades bajo sus cubiertas. Son lugares que muestran con atributos propios y característicos la imagen más emblemática de la Universidad. (…) Como circulación que se hace arquitectura, despliegan una variada gama de formas y soluciones estructurales sorprendentes, desarrolladas por los ingenieros Otaola y Benedetti, así como una admirable secuencia de efectos espaciales y, en algunos casos, acústicos. Con grandes luces entre apoyos de hasta 15 metros y arriesgados voladizos de casi 9 metros, y más de kilómetro y medio de desarrollo, su fuerza expresiva y su papel en la valoración de la Ciudad Universitaria, como modelo inédito de urbanismo que funciona con vitalidad y personalidad propia, son fundamentales”.

En 2013, Oscar Tenreiro en “Sobre la Ciudad Universitaria de Caracas” texto aparecido en DPA 29, se referirá al tema que nos ocupa de la siguiente manera: “Los pasillos cubiertos identifican a la Ciudad Universitaria. Sus estructuras cambian en los distintos sectores, un rasgo que desconcierta. Desde el acceso principal y hasta la Plaza del Rectorado es una bóveda longitudinal que salva una luz importante entre apoyos inclinados que surgen de la colina, proporcionando una grata sensación de visera que orienta la vista hacia los espacios que conducen hasta la Plaza Cubierta. En los lados de Ingeniería son bóvedas livianas que se van sumando en el sentido de la circulación. Cerca de Arquitectura simples losas de leve inclinación y luces pequeñas. Y en la zona central, más densa, losas onduladas prefabricadas en sitio, de gran luz, que se sostienen en vigas en voladizo que se apoyan en una sola columna de gran tamaño con un tensor asociado, en algunos casos tan cercanas a los edificios que cumplen un papel agresivo. Su diseño, particularmente en este caso, parece haber sido una experiencia independiente de la arquitectura a la que sirven. Y sin embargo se han convertido con el tiempo, y sobre todo en esa zona central, en concurridas calles que funcionan como sitios de intercambio con improvisados comercios que contribuyen a su intensa vida pública. (…) Estos pasillos son una respuesta al clima, proporcionan sombra bienvenida en estas tierras, necesaria para hacer las paces con el clima amable de Caracas. Hay en ellos expresada la misma intuición de la Plaza Cubierta: espacios intermedios que por ser tan amplios, en especial los de losas onduladas, trascienden su uso como circulación para convertirse en animados sitios de intercambio. Es un aporte de Villanueva análogo a los grandes pasillos del Parque de Ibirapuera de Niemeyer en Sao Paulo, que no ha visto emulación en la arquitectura pública posterior venezolana, escasísima y castigada por una visión de los costos populista que como una pesadísima carga se ha hecho cargo de la cultura política del país”.

11. Los pasillos cubierto de la Ciudad Universitaria fotografiados por la revista LIFE en 1959 y por Julio Mesa (@juliotavolo)

Quisiéramos cerrar este recorrido a través de quienes consideramos dan debida cuenta de este experimento constructivo que va de la mano de proveer sombra y frescor así como dinamismo al espacio abierto, a la transición, con la siguiente cita de Silvia Hernández de Lasala de su libro ya mencionado: “En la Ciudad Universitaria de Caracas salta a la vista la atención que se ha conferido al desplazamiento, al caminar. Los recorridos entre los diferentes lugares del recinto universitario y aquellos que tienen lugar dentro de las edificaciones evidencian el empeño del arquitecto por enaltecer los distintos itinerarios de la población universitaria, por trascender el simple trasladarse de un lugar a otro para convertirlo en goce del trayecto y sus alrededores. La Plaza Cubierta de la Ciudad Universitaria de Caracas es el ejemplo más sublime de esa preocupación. (…) Con la arquitectura de los corredores cubiertos diseñados por Villanueva en la Ciudad Universitaria de Caracas, se enaltece el caminar. No poseen una simple cubierta para proteger al caminante de la lluvia o del sol tropical. Son muchísimo más, constituyen un extraordinario ejemplo del privilegio del desplazarse en contacto con la naturaleza y el arte, además de una demostración de la sensibilidad, conocimiento del espacio, de los materiales y del comportamiento de las estructuras que tuvo Villanueva. Son también el juego sublime del arquitecto que experimenta en un momento de abundancia y deja su arte para la posteridad”.

Finalmente, como toda experiencia luminosa, la que giró en torno a los pasillos cubiertos que como se ha dicho dota de identidad a la CUC, tiene su contraparte oscura representada por el construido durante los años 80 del siglo XX en el borde sur de la CUC que une el acceso de la Plaza de Los Estadios y Las Tres Gracias, transcurriendo por las facultades de Arquitectura e Ingeniería paralelo a la calle, remedo inadmisible y pésimamente ejecutado por la Dirección de Planeamiento de aquel entonces del espléndido pasillo ubicado al oeste de la Zona Cultural y Administrativa. Esta construcción (no registrada en ninguna de las publicaciones que refieren el tema desde la fecha de su realización), podría sumarse perfectamente a las obras provisionales que pueblan la CUC y que en algún momento deberán ser demolidas.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 1 arriba, 6. Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani. Caracas a través de su arquitectura, 1969

1 abajo, 2, 3 y 5. Sibyl Moholy-Nagy. Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela, 1964

4. Paulina Villanueva y Maciá Pintó, Carlos Raúl Villanueva, 2000

7 y 8. Nancy Dembo, La tectónica en la obra de Carlos Raúl Villanueva: Aproximación en tres tiempos, 2006

9 y 10. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

11. Revista LIFE, 1959 y https://www.juliotavolo.com/ciudad-universitaria-de-caracas

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 206

El plano del matemático, ingeniero militar y brigadier español Agustín Crame (identificado por algunos autores como Cramer), ilustra la capital de Venezuela en 1778 como parte de un detallado plan de defensa de la Provincia. Según Nelly Arcos Martínez en “Territorio y fortificación del Caribe: Agustín Cramer, visitador de plazas 1777-1779” (Revista Biblio3W. Revista bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales. Universidad de Barcelona. Vol. XXI, núm. 1.152. Modificado el 5 de marzo de 2016), los estudios se “circunscribieron a un plan defensivo cuyo objetivo era controlar la comunicación con el mar pero no de facilitarla”.

El dibujo se encuadra de forma tal de recoger la relación dialéctica entre Caracas y La Guaira, representando los lugares poblados, los caminos y senderos entre ambas ciudades a través de la serranía, con una línea roja. Su interés radica en mostrar la serranía que separa ambas ciudades, para su comprensión como territorio, así como las implicancias de la topografía como elemento fundamental para la organización y construcción de un sistema defensivo, que sería modelo para un plan continental. De esta forma el mapa se concentra en detallar tres aspectos: la costa y La Guaira, el valle y la ciudad de Caracas, y los caminos que los relacionan a través de la serranía de El Ávila.

La hermosa representación de Crame que ilustra nuestra postal del día de hoy, muestra en detalle una topografía rica y compleja, que separa el valle de Caracas y el mar, y que muestra la cumbre de la serranía, así como los pliegues y valles que la constituyen. A través del dibujo de colores, sombras y claroscuros, es posible apreciar incluso las diferencias de altura en que se encuentran Caracas y la Guaira, así como su posición relativa a “escala de una legua o 5.000 varas castellanas”.

El ingeniero militar invierte la convención de orientar el plano con el norte en la parte superior, y lo ilustra al revés, demostrando que el interés de Crame como estratega y cartógrafo era representar mirando el territorio a conquistar como si fuese un enemigo que llega desde el mar al puerto de la Guaira, para luego emprender la conquista tierra adentro. Ello pone en evidencia su mirada de estratega militar en la construcción cartográfica del territorio.

Según Nelly Arcos, Crame visita La Guaira entre abril y mayo de 1778, y realiza un reconocimiento del territorio que incluyó la plaza de La Guaira, y las ciudades de Caracas y Puerto Cabello, como los posibles lugares de ataque, alrededor de los cuales articuló un plan de defensa más amplio.

El ingeniero militar detalló en un panorama general sus primeras impresiones de Caracas: “un excelente clima debido a su elevación sobre el nivel del mar; múltiples cursos de agua provenientes de la cordillera que lo convierten en un valle fértil asegurando el riego de las cosechas; 250 mil habitantes, y una vasta producción de cacao y añil”, tal y como lo recoge Nelly Arcos.

En el plano se muestra a la ciudad de Caracas como una retícula regular en color rojo, formada por un conjunto de manzanas, algunas de ellas con patio. Una lógica que se va disgregando progresivamente y que se interrumpe con claridad al encontrar obstáculos naturales para su crecimiento. Las manzanas se extienden a partir del cuadrilátero de la plaza, que aparece vacío pero ocupado por pequeñas construcciones. El rio Guaire y las quebradas de Catuche y Caroata, se identifican como los límites del manzanero de la ciudad, tal y como se determinó en el plano del primer asentamiento militar de 1567. A su vez, el dibujo menciona el “Valle de Caracas”, al oriente, reconociendo el potencial para la posible extensión de la ciudad. Al interior del valle, solo se mencionan como referencias “San Lázaro” (Hospital de San Lázaro nuevo, al pie del Ávila de acuerdo a Arístides Rojas en “Crónicas de Caracas” aparecido en El Nacional, 1999) y “El Calvario”. También se muestran distintas zonas de campos de cultivo.

A lo largo de la costa se identifican los poblados de Macuto, Punta de Mulatos y Maiquetía, así como lugares geográficos de referencia como Punta Gorda, Cabo Blanco, Las Canterías y Catia.

El complejo sistema defensivo entre La Guaira y Caracas, propuesto por Crame dispuso establecer en la cumbre, a mitad del camino entre ambas ciudades, el reducto de San Joaquín y elaboró el Plano de la Plaza que manifiesta el actual estado en que queda la obra de la muralla frente al mar, sugiriendo algunos cambios a los planos que había elaborado el ingeniero comandante de la provincia, Miguel González Dávila.

En relación al lugar de asentamiento de La Guaira, Crame observó que su relieve tenía las condiciones naturales para construir una barrera defensiva para el puerto. Su ubicación al pie de una elevada serranía con una cumbre elevada (1200 varas sobre el nivel del mar) y paredes naturales a los costados que emergen como murallas producto del relieve natural, harían difícil que el enemigo intentara atacar en forma franca. De esta forma el plan defensivo se concentró en reforzar los caminos entre la Guaira y Caracas (Trapiches, el Camino Real a Caracas y el de Guarracuma), incluyendo el camino de Las Dos Aguadas, un camino mas corto por detrás de La Guaira, y punto vulnerable de defensa. Así Crame ideó el complejo sistema de defensa de La Guaira, que contempló: el Castillo de San Carlos, el Fuerte San Agustín, la Batería de Las Mercedes y el Fuerte del Príncipe o El Zamuro (El Vigía). Le seguían las Baterías de San Gerónimo (El Colorado), Mapurite y el Palomo; el Fuerte El Gavilán, las Baterías de San Bruno, San Antonio y San Juan de Dios, y los Baluartes de La Trinchera y La Plataforma. Éstos se complementaban con las Baterías de San Fernando y la Fuerza; que reforzaban la ruta junto a los Baluartes de La Caleta, San Josef y El Peñón, de acuerdo a lo que apunta Nelly Arcos y de lo que también aporta el texto de Emanuele Amodio y otros, “El camino de los españoles”, Instituto del Patrimonio Cultural. Editorial Arte, Caracas, 1997.

Las referencias de Crame sobre la vertiente norte de la serranía de El Ávila, frente al mar son mas profusas. En el plano que abarca la costa desde Macuto hasta Catia, se identifican más de una veintena de lugares poblados situados en las faldas de la serranía, conectadas por caminos.

Crame también tuvo a su cargo varias tareas relativas a la cartografía de Venezuela: ayudó, según nos aporta Juan Carrillo del Albornoz en “Agustín Cramer y Mañeras”, artículo que forma parte del Diccionario Bibliográfico Español (Formato electrónico. Real Academia de la Historia. Modificado 2018), a “establecer la estrategia para la protección de las fortificaciones en Trinidad, Margarita, Cumaná, Guayana, La Guaira, Puerto Cabello, Cartagena de Indias, Portobelo, Nicaragua y Campeche”. Con amplios poderes, era el único que podía aprobar toda obra militar, por encima del gobernador y del capitán general de la provincia de Venezuela. También tuvo que ver con la elaboración del plano general de la ciudad de Cumaná y su entorno, con el de la torre abandonada de San Fernando en la orilla opuesta del Orinoco, así como “el plano de la batería de San Diego de Alcalá y el plano del Fuerte de San Francisco de Asís, situado sobre una pequeña altura en la margen meridional del río Orinoco, así como del castillo de San Antonio”, de acuerdo a Juan Carrillo del Albornoz. Según Graziano Gasparini, de las 60 fortalezas que se construyeron en Venezuela, 21 se situaron para la defensa de la plaza de La Guaira, siendo la ciudad mejor fortificada de América Latina. La importancia de Crame como inspector de las plazas de la costa sur del Caribe y estratega para la protección de las fortificaciones, fue la de considerar las fortalezas de ultramar como una gran defensa continental, un concepto renovador, que, de acuerdo a Nelly Arcos, respondía a una estrategia lógica para afrontar un territorio tan vasto como América. De esta forma el Caribe, una de las zonas estratégicas mas conflictivas de América, se convirtió en un proyecto ideal para ensayar un modelo de defensa que aspiraba a ser continental.

IGV

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 205

Entre 1979 y 1981 cuatro fueron los Concursos Nacionales que tuvieron entretenidos a los arquitectos del país, marcando un período de mucha actividad para quienes apostaban a tal mecanismo como vía para mantenerse activos, obtener trabajo, manifestar sus creencias o lanzarse al estrellato: el del Centro Cívico de San Cristóbal (1979), el de la Plaza Caracas (1979), el del Museo de Arte La Rinconada en Caracas (1980) y el de la Catedral de San Tomé de Guayana en Puerto Ordaz (1981). Hoy nos dedicaremos a reseñar el primero de ellos ganado por el equipo encabezado por el arquitecto Alejandro Stein, quien contó como colaboradores con Raúl Grioni, Alfredo Carrillo, Edmundo Peralta, Inés Agüero y Francisco Villarroel y como personal técnico de apoyo con María Elena Garcerá, Carlos Muñoz, Tomás Hernández, Rosita Dinis y Carlos Mosquera.

Tal y como nos aclara Teresa Pérez de Murzi en “Concepto de Renovación Urbana en la planificación del área central de San Cristóbal”, artículo aparecido en Revista Científica UNET, volumen 18 (2006), dicho concepto, relacionado “con el movimiento de Ciudad Bella en Estados Unidos, a principios del siglo XX, liderizado por Burnham y concretado en el Plan de Chicago; con los bulevares y paseos de las grandes capitales europeas del siglo XIX; con el proceso emprendido por Haussman en París y más directamente, con las actuaciones iniciadas a partir de la década de los cuarenta, en varias ciudades de Estados Unidos”, se materializa en la capital tachirense a través de la promulgación de diferentes instrumentos normativos repasados a lo largo del trabajo y que nos permitirán contextualizar el marco en el que se desarrolla el Concurso.

1. Izquierda: Comisión Nacional de Urbanismo. Plano Regulador de San Cristóbal. Estudio preliminar, 1952. Derecha: Área de demarcación del Casco Central de San Cristóbal.
2. Área de demarcación del Centro Cívico de San Cristóbal sobre un pano morfológico del Casco Central.

Así, para Pérez de Murzi, “En San Cristóbal, el concepto de Renovación Urbana es introducido en el Plan de Desarrollo Urbano elaborado por el Ministerio de Obras Públicas en 1971. No obstante, la Quinta y Séptima Avenidas, también denominadas García de Hevia y Medina Angarita, conforman las expresiones físicas de un proceso de renovación que se inicia con el Plano Regulador de 1952. En este primer instrumento, se propone un sistema central de vías en la estructura del Área Tradicional de San Cristóbal y se introduce el concepto de corredor urbano, con localización del sector terciario. En el Plan de Desarrollo Urbano presentado por el Ministerio de Obras Públicas en 1971, el cual sirve de basamento a la Ordenanza de Zonificación de 1976, el concepto de renovación urbana se introduce con mayor fuerza. En este Plan, el Ministerio de Obras Públicas (1971) plantea ese concepto, como un conjunto de transformaciones físicas en ciertas áreas de la ciudad que ‘…permitirán utilizarlas en forma más intensa, adecuada y controlable…’. La renovación comprende tanto la erradicación y rehabilitación de barrios de ranchos como revalorización del Área Central.

En su objetivo de servir como instrumento de revalorización, se define el Esquema Base del Área Central, se delimita el Centro Cívico sobre seis manzanas envolventes de la Plaza Bolívar. Se plantea el reemplazo de pequeñas parcelas por grandes conjuntos que se beneficien del espacio liberado, promover la localización de nuevas actividades de mayor jerarquía, en lo administrativo, cultural, oficinas y comercio especializado. A estos usos, se les garantiza los porcentajes de construcción más altos de la ciudad. El planteamiento se concreta, un poco más, en la Ordenanza de Zonificación de 1976. En el también denominado Esquema Base del Área Central se plantea la integración de manzanas, implantación de espacios públicos abiertos, además de las plazas ya existentes, construcción de un boulevard comercial arborizado, establecimiento de estacionamientos centrales y miniterminales urbanas. Obviamente, estos planteamientos, tal cual están esbozados en la Ordenanza de Zonificación, no son suficientes. Se requiere de otro instrumento que permita afinar la propuesta. La zona Centro Cívico es objeto de reglamentación a través de planes específicos, el denominado Renovación Urbana del Área Central de San Cristóbal – Plan Maestro del Centro Cívico realizado por el Ministerio de Obras Públicas en 1976 y el Plan Maestro de Desarrollo Centro Cívico San Cristóbal presentado por la Compañía Anónima Centro Cívico San Cristóbal en 1985.”

Esta larga cita debería servir para entender al Plan de Renovación Urbana del Área Central de San Cristóbal – Plan Maestro del Centro Cívico realizado por el Ministerio de Obras Públicas en 1976  como el instrumento que estableciese las directrices sobre las cuales se realizaría el Concurso para el Centro Cívico de la ciudad en virtud de que se proponía, de acuerdo a los planteamientos de la “Ciudad bella” (City beautiful) de comienzos del siglo XX, “proyectar un espacio abierto provisto de fuentes, distribuidas entre plazas y jardines, rodeado de edificios públicos que revistiera de importancia a la ciudad”.

El Plan de 1976 (expuesto con detalle en el trabajo de Pérez de Murzi y que abarcó en su estudio un total de 90 manzanas del casco central) ya se asomaba como de difícil realización. Sin embargo, el 19 de Mayo de 1978 “se crea una oficina ad hoc para acometer la propuesta, la Compañía Anónima Centro Cívico San Cristóbal integrada por la Gobernación del Estado, el Concejo Municipal y el Fondo Nacional de Desarrollo Urbano”. Pero de manera un tanto contradictoria “esta Compañía decide obviar el Plan y promover en 1979, un Concurso Nacional de Ideas, cuyo objetivo, tal como lo cita Ligia Esther Mogollón (en “Por San Cristóbal, todos a una”, Diario de La Nación, 30 de marzo de 1992) era… ‘escoger el planteamiento que ofrezca la mejor solución para el desarrollo urbano y arquitectónico del casco central de la ciudad para garantizar, de esta manera, la equidad y el correcto y adecuado manejo de los intereses de la comunidad…’ ”. Loables propósitos, duplicidad de esfuerzos y, por tanto, muy mal pie para comenzar a darle alas al Concurso.

Hecho el llamado por los entes involucrados, con el auspicio del Colegio de Arquitectos de Venezuela, y bajo la coordinación de la arquitecto Lucía Kellerhoff González por parte de la Compañía Anónima Centro Cívico San Cristóbal, terminan presentándose al certamen 50 propuestas siendo la idea ganadora, como ya se dijo, la elaborada por el equipo encabezado por Alejandro Stein.

El jurado, presidido por Tomás José Sanabria, que se debatió entre si se debían evaluar “ideas” y hasta que punto era posible hablar de ellas sin llevar a cabo aproximaciones proyectuales, otorgó en primer lugar dos “Menciones de Ideas”: una para el equipo encabezado por Oscar Tenreiro en el que también participaron Antonio Ochoa y Manuel Delgado; y otra a la dupla Enrique Larrañaga-Lourdes Bracho que tuvo como colaboradores a David Bassan, Isaac Estanislao, Christian Nielsen y Carlos Zerpa. Y para no ocultar del todo la polémica suscitada en medio del proceso evaluativo fueron concedidas también otro par de “Menciones de Arquitectura Urbana”: la primera para Pablo Lasala y la segunda para Federico Vegas.

Del acto de premiación realizado con gran pomposidad el 20 de agosto de 1979, destaca el hecho de que los diplomas a los proyectos reconocidos estaban firmados por el entonces Presidente de la República, Luis Herrera Campíns.

El trabajo de Stein, publicado en el nº 45 de la revista CAV (marzo de 1980), enfoca, dentro de la poligonal de 9 cuadras donde las bases del concurso proponían intervenir, múltiples funciones administrativas, sociales, comerciales, recreativas y actividad residencial a dos escalas: una mayor, relativa a la naturaleza del Centro que genera gran concentración de gente; y una menor, para cubrir necesidades espontáneas del público, para lo cual se proponía la subdivisión de la manzana tradicional en 16 partes a modo de un minidamero integrado por canales servidores y por volúmenes receptores.

3. Alejandro Stein y equipo. Parte de las láminas entregadas de la Propuesta ganadora del concurso para el Centro Cívico de San Cristóbal (1979)

Influida por planteamientos morfológicos muy en boga en aquel entonces, en los que se insistía en visualizar la ciudad desde el punto de vista espacial y en enfatizar la importancia de la mezcla de usos teniéndose a la vivienda como principal garante en la dinamización de los centros urbanos, la propuesta inicia su memoria descriptiva declarando lo siguiente: “La ciudad ha sido universalmente en el tiempo y en la geografía, un sistema de espacios, donde calles y plazas aparecían claramente como tales, configuradas por el espacio residual entre masas construidas. (…) La ciudad sistema de espacios ha sido reemplazada por una ciudad sistema de cuerpos, obedeciendo a las nuevas reglamentaciones adoptadas prácticamente en todas partes y de la cual ciudad sistema de cuerpos, Caracas es quizás uno de los ejemplos más apoteósicos. (…) En ella la vida fluye, con la ayuda de la mecánica entre moles de mediana y gran envergadura, aisladas y en permanente competencia, y que no logran definir espacialidad urbana”.

Con el objetivo de considerar “la ciudad según la trama existente y los lineamientos rectores del plan regulador” de 1976 (donde se hace alusión a “…un centro administrativo adecuado, la oferta de oficinas privadas de toda clase de actividades, las iniciativas de nuevos establecimientos comerciales, la posibilidad de mejorar la transportación de personas a las áreas de influencia con el terminal interurbano, las nuevas viviendas, el equipamiento colectivo…»), el Centro cívico, que debía tomar en cuenta la construcción en proceso de una aparatosa edificación proyectada inicialmente para albergar en su cuerpo bajo el Consejo Municipal con el salón de sesiones, y en la torre de 14 pisos, dependencias de la Alcaldía y la sede de la Compañía Anónima Centro Cívico San Cristóbal, se resuelve “respetando la quebrada, se la valoriza como zona verde a partir de la plaza San Miguel, se la extiende buscando la conexión con la Plaza Bolívar a través de un paseo peatonal, y culmina en la parte alta frente a la Iglesia San José”.

Stein y su equipo hablaban de la propuesta como “un sistema” enmarcado “en la teoría de las estructuras receptivas respondiendo tanto a las necesidad de flexibilidad como variabilidad en el tiempo y en el espacio. (…) Consiste en la provisión por un lado, de área útil, y por otro, de espacios públicos, que a su vez se caracterizan por un aspecto ambiental bien determinado, microclima, escala y secuencias peatonales… (…) Es un sistema apto para conectarse de muchas formas con San Cristóbal.”

En síntesis, con la operación a realizar: el damero colonial se recompone, se valoriza la propuesta del Plan Regulador y se jerarquiza el sistema de circulaciones, todo ello mediante una trama basada en un módulo de 18 metros.

Pasada la euforia inicial, expuestos en la sede del Instituto de Arquitectura Urbana (IAU) en Las Mercedes, Caracas, los proyectos ganadores y algunos más en virtud de la alta participación de miembros de dicho Instituto en el concurso, y del triunfo de la idea de ciudad por él impulsada (lo cual le otorgaba legitimidad), lo cierto es que, una vez más, los resultados no se concretaron.

4. Imágenes tomadas en diferentes momentos del edificio que se conoce como el Centro Cívico de San Cristóbal construido entre 1976 y 1986

Lo único que se finaliza en la zona objeto de renovación (a pesar de que logró expropiarse más del 90% del área de 5,3 hectáreas destinada para desarrollar el concurso), es el “aparatoso edificio” cuya construcción se había iniciado en 1976 en el sitio que ocupara por décadas el Mercado Cubierto, frente a la Plaza Bolívar, que debió ser considerado como variable por los concursantes, y que asume para sí el engañoso nombre de “Centro Cívico de San Cristóbal”. Inaugurado el 31 de marzo de 1986 con presencia del Presidente Carlos Andrés Pérez como “la primera etapa del Centro Cívico”, la Compañía Anónima Centro Cívico San Cristóbal ente que lo ocupa en buena parte, tras el cambio de directiva obvia la propuesta ganadora del concurso así como también un nuevo Plan Maestro de Desarrollo del Centro Cívico San Cristóbal de 1985 teniendo desde entonces una gris actuación dentro del desarrollo urbano de la ciudad, su principal razón de ser.

Según deducimos de lo publicado en la página de facebook “Obras de la Democracia Venezolana. 1958-1998”, es el arquitecto Alfonso Rodríguez Hourcadette el proyectista del edificio y el también arquitecto Henry Matheus Jugo el presidente de la Compañía Anónima Centro Cívico al momento de la inauguración a quien la municipalidad le agradeció su trabajo otorgándole el Emblema de Oro de la Ciudad. Allí se señala a modo casi anecdótico que tras la su apertura “Las personas subieron por primera vez a unas escaleras eléctricas, disfrutaron de la fuente de agua cristalina, que con su brisa refrescaba al peatón; caminaron por los amplios pasillos, observaron las modernas vitrinas de cristal de los locales comerciales ya instalados, y quienes tenían vehículo, utilizaron el primer estacionamiento subterráneo de San Cristóbal”. También se califica a esta edificación de “obra emblemática que marcó el final de la etapa de las casas viejas, de las calles de piedra, y el comienzo de una transformación urbana, de la ciudad moderna » a lo que se añade: «ha sido una de las más costosas para la ciudad”.

No obstante, como señala Ligia Esther Mogollón en “Evolución Morfológica del Casco Urbano de San Cristóbal: 1561-2001”, artículo aparecido en la revista Urbana nº 28 (2001), “Si bien la intención era la de conformar un sitio cívico con la plazo Bolívar y la sede de la Alcaldía como polos generadores de actividad, la realidad fue otra. Se construyó el edificio y por múltiples razones -el escaso simbolismo de la edificación como lugar cívico y sus pésimas interrelaciones funcionales con el contexto, pueden ser dos de ellas- la Alcaldía nunca lo ocupó, de manera que actualmente, pese a su nombre, sólo es un edificio de comercio y de oficinas, que lo que ha hecho es consolidar mas aún el carácter comercial que desde sus comienzos ha tenido la antigua zona de El Pantano; de la mismo forma, se ha menoscabado toda posibilidad de lograr el tan ansiado lugar cívico para el ‘corazón’ de la ciudad.” Desde entonces los alrededores del Centro Cívico (cuya Torre B sufrió un voraz incendio en diciembre de 2006 y está sumida hoy en el abandono) y la renovación del casco central de San Cristóbal siguen a la espera de las prometedoras actuaciones que hace medio siglo de manera valiente fueron planteadas para una ciudad que pudo ilusionarse y ver muy poco de sus sueños plasmados.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal y 3. Revista CAV, nº 45, marzo 1980

1 y 2. Ligia Esther Mogollón, “Evolución Morfológica del Casco Urbano de San Cristóbal: 1561-2001”, revista Urbana nº 28 (2001)

4. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 204

La Villa Lutheon o Casa “El Amarillo” (sector de San Antonio de los Altos, estado Miranda, donde se ubica), proyectada en 1975 por Jorge Castillo (nacido en Maracaibo en 1933, egresado de la UCV en 1959, Premio Nacional de Arquitectura 1999) como vivienda para él y su núcleo familiar (compuesto por su esposa la antropóloga Helia Lagrange y ocho hijos varones), es uno de los numerosos casos dentro de la historia de nuestra arquitectura donde se ha demorado su descubrimiento y abordaje crítico y, en consecuencia, su consideración como pieza que debería ocupar el más alto sitial dados sus valores conceptuales, constructivos, espaciales y ambientales.

1. Villa Lutheon o Casa “El Amarillo”. Boceto

Podríamos decir que su “presentación en sociedad” se dio en la exposición “La casa como tema. Primera exposición antológica de la casa en Venezuela”, organizada por la Fundación Museo de Arquitectura (que se encargó de la curaduría asumiendo Celina Bentata y William Niño la Coordinación General) y el Museo de Bellas Artes de Caracas en los espacios de esta última institución del 15 de octubre y el 26 de noviembre de 1989.

Allí dentro de las categorías que se recogen en el excelente catálogo editado para la ocasión, realizado bajo la coordinación editorial de Martín Padrón, se ubicó a “El Amarillo” como parte del capítulo titulado “Apuntes para una casa ideal” cuyo texto explicativo elaboró con lucidez Jorge Rigamonti quien, luego de un interesante paseo que mezcla lo histórico, lo tipológico y lo contextual a favor de lo esencial, concluye lo siguiente: “La casa ideal, como suma de estímulos y lenguajes y no síntesis de la composición arquitectónica impuesta desde afuera, debería quizás representar nuestra interioridad más profunda. Donde prevalezca lo doméstico y lo figurativo en relación con las nuevas tecnologías, los nuevos lenguajes expresivos de la sociedad y al mismo tiempo con las necesidades psicofísicas del hombre. Quizás debamos recomponer el nuevo escenario doméstico tomando en cuenta las nuevas sensibilidades de la organización de las relaciones humanas, uniendo extremos opuestos, lo ambiental, los objetos, los colores, los olores y los circuitos mentales y simbólicos con los territorios imaginarios que definen el lugar como alternativa al contexto. Entender el significado sencillo y siempre nuevo del vivir… y quizás finalmente, debamos preferir a los códigos históricos, los nuevos códigos de la cultura actual, para algunos menos nobles pero sin duda más vitales”.

En la exposición, la ficha que se elaboró (ubicándola erróneamente en El Hatillo) describía a “El Amarillo” como “Utopía constructible (sic) en el tiempo. En ella los recintos habitables individualmente por cada uno de los integrantes de la familia, dibujan una conciencia del espacio de la casa como un ámbito abierto, aglomeración de Arquitecturas en torno a un lugar, la Plaza.

Aquí la tipología de la casa no está definida a partir de un espacio único abierto en su patio central, en su lugar la definición de las unidades habitables, independientes, perfeccionadas a partir de los gustos y las individualidades establecen la idea del pequeño centro comunitario. Lo asombroso de su construcción es que a pesar de estar sustentada espacialmente en una retícula tridimensional que garantiza su crecimiento y variabilidad, nunca se perpetúa como una barrera que limita las posibilidades de expresar independientemente los vuelos, ansiedades y gustos personales”.

2. Villa Lutheon o Casa “El Amarillo”. Planta alta
3. Villa Lutheon o Casa “El Amarillo”. Diversos despieces
4. Villa Lutheon o Casa “El Amarillo”. Fotocorte

Sin embargo y a pesar de la acertada aproximación que de “El Amarillo” se hizo en la muestra, durante unos cuantos años más siguió pasando desapercibida hasta que entre 2003 y 2005 Juan Carlos Castillo Lagrange, uno de los ocho hijos del proyectista de la vivienda, la convirtió en objeto de estudio. El resultado de su aproximación indagatoria se tradujo en un trabajo que presentó para ascender a la categoría de profesor asistente en el sector diseño dentro del escalafón universitario en la FAU UCV. Desdoblado en su triple rol de habitante-arquitecto-hijo de quien diseñó la edificación, Juan Carlos Castillo va develando múltiples facetas de una casa que ofrece desde lo vivencial, lo disciplinar y lo afectivo la oportunidad de asomar la idea de que se trata de una aldea que se ha ido transformando ante los ojos y disfrute de quienes han vivido y crecido allí. Un lugar en el que temas como el cobijo que provee la cubierta, la organización en torno a un espacio central, la pugna entre una esquema totalizador y las partes que lo integran buscando independencia, y la indefinición de sus límites donde la relación interior-exterior alcanza niveles tales que han llevado al propio investigador a expresar “Esta es una casa en la cual no se sabe si sales para adentro! o si entras para afuera!..”, sirven junto a la amplia y minuciosa documentación que acompaña al trabajo de excelente excusa para apropiársela. Para la presentación del trabajo Juan Carlos Castillo elaboró planos de planta, secciones, fachadas y modelado 3D a partir de un riguroso levantamiento arquitectónico en el cual se dibuja la configuración de la vivienda cuando la familia ocupa la casa según se afirma en https://gramho.com/explore-hashtag/lutheonvilla, donde se añade: “No son planos de proyecto, tampoco su evolución. Si algo tiene esta casa es un sentido efímero y cambiante en el tiempo. Se trata de una investigación de fuente primaria, que ha servido de consulta para innumerables experiencias docentes tanto en Venezuela como en el extranjero.”

5. «El Amarillo» fotografiado por Alfonso Paolini
6. «El Amarillo» fotografiado por Jorge Andrés Castillo
7. «El Amarillo» fotografiado por Julio César Mesa

Desde entonces “El Amarillo”, gracias a su divulgación en el ámbito académico, se ha convertido en lugar de peregrinación de profesores, arquitectos y estudiantes donde de forma generosa la familia ha abierto sus indescifrables “puertas”. Su paulatina conversión en objeto de culto se ha acentuado con el aporte de Jorge Andrés Castillo Lagrange, otro de los hijos (también arquitecto y profesor) del proyectista, quien ha montado una página (https://lutheonvilla.com/) donde busca “… hacer un homenaje a una obra única de la arquitectura en la que tuvimos la dicha de vivir. Varias generaciones crecimos en ese ambiente y nos complace recordar las fascinantes experiencia de la familia y la arquitectura con amigos y allegados”, bellamente ilustrada con excelentes fotos de su autoría e información gráfica proveniente del Trabajo de Ascenso de su hermano. Otros dos buenos fotógrafos, Julio César Mesa y Alfonso Paolini también han convertido a “El Amarillo” en lugar a observar y registrar desde las múltiples facetas que ofrece.
Más adelante, en 2013, cuando dentro del proyecto “Registro nacional voz de los Creadores”, Fundación Casa del Artista, Ministerio del Poder Popular para la Cultura, se entrevista a Jorge Castillo buscando darle espacio, luego de ser distinguido en 1999 con el Premio Nacional de Arquitectura (ver https://www.youtube.com/watch?v=Ecam2m4baKY), este maestro de nuestra arquitectura señala que no le gusta que a sus obras se les ponga fecha. Piensa que esta “mala costumbre” le quita a los edificios parte de su encanto. Prefiere que su obra pertenezca más al territorio de lo atemporal, de lo perdurable. Cree en una arquitectura que, muy próxima al arte, no necesariamente debe ser reflejo de su época en la que se hace aunque inevitablemente si lo sea. También revela que a comienzos de los años 1970 cuando regresa de Londres en compañía de su esposa y toda la familia, con el impacto la construcción del Centro Georges Pompidou muy próximo, es cuando emprende el proyecto de la casa “El Amarillo”. Con algo de rubor por la atracción que empezó a ejercer la casa y valorando la complicidad que en ello tuvo su hijo Juan Carlos (“mucho mejor profesor que yo”), expresa sobre la vivienda: “El nombre de casa no le va. Es más bien un área donde se desarrollaron ocho muchachos de una manera fresca, espontánea y en contacto con la naturaleza”. Sin decirlo, Castillo incorpora a la hora de apreciar la casa otra importante categoría conceptual: lo lúdico, presente en la medida que es muy difícil  evitar imaginarse ocho varones jugando y correteando en sus espacios.

8. «El Amarillo» fotografiado por Jorge Andrés Castillo

También en 2013 María Elena Hernández, docente e investigadora de la FAU UCV presenta en las XXXI Jornadas de Investigación del Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción IDEC la ponencia “Semejanzas y contrastes en el proceso de transformación de la vivienda unifamiliar formal y vivienda unifamiliar informal”, donde “El Amarillo” se convierte en uno de los tres ejemplos analizados. Hernández compara en su trabajo “el tiempo imaginario de la forma construida” con “el tiempo modificado”, desprendiéndose interesantes apreciaciones subjetivas que corroboran y complementan buena parte de lo que hemos apuntado en líneas anteriores. Así, en cuanto a la primera variable expresa: “La forma y uso se contemplan libres, en plena vinculación con el exterior, no se perciben los cerramientos como límite sino como componentes de relación. (…) Los procesos constructivos de la vivienda se reconocen participativos, los individuos técnicos integrados a grupos no especializados. El proceso constructivo como espacio de aprendizaje. (…) Los modos de vida son reflejo de una filosofía de vida, se trasladan y vinculan argumentos esenciales del ser y existir. La casa concebida como techo ‘madre’, estructura de protección que alberga la familia. La amplitud, flexibilidad, libertad y autonomía se entienden como formas de comprender los modos de vida y los modos de ser de este grupo familiar”. Y en lo relativo a la segunda variable: “Una casa exige un compromiso en su mantenimiento, los gastos destinados a tal fin suelen ser constantes y en oportunidades costosos, esto conlleva a operaciones en etapas, razón por la que en oportunidades se percibe una casa como una estructura en pleno proceso constructivo. (…) La casa no muestra ampliaciones o modificaciones de su estructura funcional-espacial original. Al modificarse la estructura de sus ocupantes o simplemente desaparecer alguno de ellos, tiende a volver a sus espacios esenciales y abandonar temporalmente otros recintos”, para finalmente concluir, “La casa es el hogar y el hogar es una estructura sicológica afectiva, entonces la casa genera emociones y afectos familiares, se transforma por la huella de sus ocupantes. Esta casa fue construida como una aspiración personal de los padres para con sus hijos, un bien heredable, por lo que posee un trascendente valor intangible. El valor material de la construcción aunado al fragor del proceso inicial del hacer, se transforma en el transcurso del tiempo, en un valor de significado subjetivo y más personal.”

9. Fotografías de «El Amarillo» tomadas por Jorge Andrés Castillo que formaron parte de la muestra “Latin America in Construction: Architecture 1955–1980” (Latinoamérica en Construcción: Arquitectura 1955-1980) que se exhibió en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) entre el 29 de marzo y el 19 de julio de 2015

Finalmente, la “consagración” llega para “El Amarillo” en 2015 cuando, acompañada de un impecable trabajo fotográfico en blanco y negro que aportó directamente el arquitecto (del que hemos escogido una imagen para ilustrar la postal del día de hoy), es una de las obras seleccionadas para representar a Venezuela en la exposición “Latin America in Construction: Architecture 1955–1980” (Latinoamérica en Construcción: Arquitectura 1955-1980) que se exhibió en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) entre el 29 de marzo y el 19 de julio de ese año. En cuanto al enigmático nombre de Lutheon, cuyo origen no nos ha sido posible descifrar, quedará como interrogante a develar para la próxima vez que tengamos la oportunidad de acercarnos a esta pieza que nos atreveremos a incluir dentro de las casas-manifiesto que hacen de la arquitectura una profesión sin duda aleccionadora y apasionante.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 1, 2, 3, 4, 6 y 8. https://lutheonvilla.com/imagenes/

5. https://goljurios.blogspot.com/2009/05/casa-el-amarillo-el-amarillo-venezuela.html?view=snapshot

7. @juliotavolo

9. https://www.moma.org/collection/works/184952?artist_id=46384&locale=es&page=1&sov_referrer=artist