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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 129

DADA está pensada como una publicación periódica dedicada al diseño, la arquitectura y el hecho urbano, a partir de la obra pensada, proyectada y construida de los autores más relevantes en la disciplina; destacando su valor como intelectuales, arquitectos y artistas.

DADA se presenta como un proyecto abierto a la participación, la creación e invención de ideas, contenidos y formas de comunicación; orientado precisamente al estudio del proyecto de arquitectura; con todas sus implicaciones y variantes.”

Este par de párrafos, que encabezan a modo de editorial su primera entrega, resumen los planteamientos conceptuales y objetivos de este interesante proyecto editorial dirigido por Alberto Navarro Gurovich y Maciá Pintó, producido por Impresos Rubel, C.A. y editado por el Grupo Editorial Relámpago, que ve la luz justo en el año del centenario del natalicio de Carlos Raúl Villanueva, a quien se dedica el número 1 tanto de la revista como de la separata, cuyas portadas ilustran nuestra postal del día de hoy.

Tras un cuidado diseño (a cargo de los propios directores) y un impecable acabado donde no se deja al azar ninguna decisión en cuanto a la calidad de los gráficos y fotos que la acompañan, DADA buscaba comportarse dentro de una “estructura experimental” matricial conformada por “Secciones y Formas” y “Revistas y Separatas”, que permitían orientar el contenido de cada una de las cuatro entregas programadas a salir en el lapso de un año a partir de la primera fechada el 1 de abril de 2000. A la dedicada a Villanueva se sumarían las destinadas a Fruto Vivas, Dirk Bornhorst y Guido Bermúdez.

Así, las siglas DADA (que sin duda remiten al importante movimiento cultural y artístico provocador y contestatario surgido en el período de entreguerras del siglo XX), permitían clasificar los intereses que movían a quienes pensaron la publicación dándoles la oportunidad de jugar con sus contenidos. DADA aglutinaría dentro de “Secciones y Formas” cuatro grupos de ideas con las que se le podría seguir la pista a otras tantas intenciones que finalmente se reflejarían en el sumario da cada número.

DADA daría pie a pensar, por ejemplo, en Divulgación y Autores (y tras ellos contenidos relacionados a Arquitectos y Obras), y en Desafío y Actualidad (vinculados a Espacio y Tiempo), como un primer grupo que daría cuenta de parte de las aspiraciones a alcanzar. Debate y Análisis (Teoría y Crítica), y Dibujo y Arte (Lenguaje y Creación) conformarían un segundo grupo. Diseño y Ambiente (Razón y Naturaleza), y Docencia y Ágora (Idea y Ciudad) un tercer grupo. Dosier y Anuario (Informes y Resúmenes), y Documentos y Antología (Series y Colecciones) el cuarto. Dual y Alterno (Revistas y Separatas), y Díptico y Afiche (Catálogos y Carteles) el quinto. Data y Acta (Fechas y Registros), y Dato y Acto (Documentos y Hechos) el sexto.

Valga como muestra de la manera como opera este arbol de posibilidades la clasificación dada al artículo “Caoma: una casa verdadera” de Paulina Villanueva, que dentro del índice se identificaba, por ser el primero, con la letra D de Divulgación asociado a la dupla Arquitectos y Obras. Esta compleja y ambiciosa manera de abarcar y exponer pretensiones traducidas en esencias y manifestaciones de resultados, vivió como muchos otras iniciativas editoriales venezolanas un período inicial de entusiasmo, empuje y denodado esfuerzo que por descansar sobre los hombros de muy pocas personas y a la vez requerir de recursos que no llegaban se fue diluyendo en el tiempo. Al menos quedaron como claro testimonio de ello y de su calidad el cumplimiento de las entregas inicialmente programadas, de las cuales tres de ellas pudieron imprimirse.

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Summa+ 164
Grandes Techos y Grandes Contenedores

Editorial Donn S.A 

2018

Tomado de Plataforma arquitectura.

12 Junio de 2018

El último número (164) de la revista de arquitectura SUMMA+ se trata de una edición especial que aborda como temas «Grandes Techos y Grandes Contenedores», donde se destacan obras de los estudios SANAA, Rosenbaum + Aleph Zero, Weinfeld, Zaha Hadid, Campo Baeza, Asz, entre otros.

En este ejemplar, se presenta a los grandes techos como un argumento plástico unificador de los proyectos contemporáneos, puesto que permiten una mayor libertad y variedad de funciones unidas bajo un único orden mayor. En el caso de los tres ejemplos mostrados por la revista, se considera al gran techo como una estrategia proyectual que además posibilita una relación particular con el paisaje. Por su parte el gran contenedor se muestra como una estrategia distinta: «Un edificio de enormes dimensiones capaz de empequeñecer la figura humana o, incluso, la de enormes máquinas. Por definición son edificios vacíos, un único y enorme espacio que puede cobijar grandes elementos o actividades expansivas, como el centro de deportes. Estructuralmente  presentan el desafío de resolver las grandes luces. Expresivamente, el de dar gracias a sus enormes dimensiones y resolver de forma favorable su relación con el contexto». Extracto del prólogo por Fernando Diez.

ACA

1956• Aparece el nº 5 de la revista Integral

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1956•  En el mes de diciembre aparece el nº 5 de la revista Integral, quizás la edición más hermosa de cuantas se han editado en el país desde esa fecha.
Los artículos incluidos en ese número fueron: «Los Centros Comerciales en el Plano Regulador». Dr. Leopoldo Martínez Olavarría; «Helicoide de la Roca Tarpeya. Centro Comercial y Exposición de Industrias. Proyecto: Oficina Arquitectura y Urbanismo, C.A.; «Den Permanente». Reportaje de Dirk Bornhorst; «Emilio Boggio». Perán Erminy; «Drama, decorado y arquitectura». Nicolás Curiel; «La escenografía en la Temporada de Jean Louis Barrault». Juana Sujo; «Petroglifos de Venezuela». Saúl Padilla; y «La técnica expresiva de la cámara». Bela Balazs. Además de incluir otras secciones fijas como: Revista de Revistas, Notas Bibliográficas y Miscelánea.
El artículo que distinguió esta edición de Integral, publicado entre las páginas 22 y 42, fue el preparado por la Oficina Arquitectura y Urbanismo, C.A para hacer conocer su proyecto para El Helicoide.
Contiene: los Objetivos, la Definición y un Resumen General de él desplegado, impreso en siete láminas de papel transparente, con cada una de las plantas del edificio, permitiendo ver la correspondencia entre cada uno de los niveles con el inferior y la relación vehicular con los diferentes espacios. Está detallado el esquema de circulación, con cortes esquemáticos del edificio indicando su relación con la avenida Fuerzas Armadas, los locales comerciales y algunos de ellos considerados especiales, las vitrinas de exhibición, el Palacio de Espectáculos y la Central de Televisión, el diseño del Kindergarten, la Central de Administración y Comunicación, el Centro Automotriz (ubicado muy próximo al acceso al Helicoide, con una bomba de gasolina, túnel de lavado automático, venta de carros y taller mecánico.
Luego, en la página 40, se describen en detalle los diferentes Locales Tipo propuestos, terminando con las cinco plantas del Club de Propietarios.
En el punto más alto del edificio los proyectistas colocaron un domo o cúpula geodésica que se encuentra entre las tres primeras a ser construidas en aluminio, creada por el ingeniero Buckminster Fuller.
Los arquitectos integrantes de la Oficina Arquitectura y Urbanismo, C.A.: Jorge Romero Gutiérrez (egresado de la Escuela de Arquitectura de la Facultad de Ingeniería-UCV en la primera promoción en 1948. Premio Nacional de Arquitectura 1996); Dirk Bornhorst (egresado de la Universidad de California, Berkeley, EEUU. Reválida FAU UCV promoción 8 / 1958); y Pedro Neuberger (1923-2011) y su equipo de colaboradores concluyeron el proyecto de El Helicoide en 1956, obteniendo reconocimientos y premios internacionales por su diseño arquitectónico y su original plan urbano.
El Helicoide fue destacado en la exposición «Roads» montada por el Museo de Arte Moderno (MOMA), N.Y. en agosto-septiembre de 1961, y nuevamente en el mismo museo entre marzo-julio 2015 en la exhibición «Latin America in Construction: Architecture 1955–1980».
Luego de cuatro años de construcción ininterrumpida, El Helicoide se paraliza y no obstante las múltiples negociaciones con el Gobierno Nacional y con los entes económicos financistas la obra no pudo concluirse.
En varias ocasiones se consideró la estructura del edificio, terminada en un 90%, como base de diversos proyectos de recuperación y remodelación, no prosperando ninguno de ellos.
El 10 de septiembre de 1986 El Helicoide le fue adjudicado a la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención DISIP (hoy SEBIN), cuya historia reciente es tristemente conocida por todos.

HVH

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 89

En Venezuela, las publicaciones periódicas sobre arquitectura, salvo contadísimas excepciones, han tenido corta vida. Si nos centramos en aquellas producto de la iniciativa privada el balance es todavía más desalentador. Sin embargo, la necesidad de llenar el nicho ocupado por todo lo relacionado con el espacio construido ha sido y seguirá siendo en nuestro país no sólo una necesidad sino un territorio donde se puede soñar con alcanzar, además de la continuidad esquiva y el beneficio económico, la calidad y el cuidado en el producto que se ofrezca tanto en presentación como en contenido.

Con todo ello en mente, Henrique Vera (arquitecto venezolano) y Hans Hirsch (librero nacido y formado en Alemania), ambos con una dilatada experiencia en las lides editoriales (el uno dirigiendo por años el Centro de Información y Documentación -CID- de la FAU UCV y el otro vinculado al mundo de las publicaciones periódicas a través de SUSCRIVEN y a la librería del Ateneo de Caracas), deciden asociarse para concebir un ambicioso proyecto que además de aspirar a recoger lo más actual sobre arquitectura, urbanismo, paisajismo, diseño interior, diseño gráfico, historia e investigación en arquitectura y restauración arquitectónica, buscaba convertirse en referencia y expandir su alcance hacia ámbitos afines a su centro de atención: el mundo inmobiliario y la industria de la construcción.

Incubado el proyecto en 1982 no es sino en 1987 que empieza a tomar cuerpo la idea de producir una publicación periódica sobre arquitectura de circulación nacional, pasando a ser fundamental la manera como se caracterizaría y el poner en marcha un cuidadoso plan donde la mayor cantidad de variables que pudiesen garantizar su éxito y continuidad estuviesen cubiertas: formato, tipo de papel, especificaciones sobre la encuadernación, secciones a contener, publicidad limitada a las primeras y últimas páginas, textos solicitados y pagados de acuerdo a tarifas establecidas a nivel nacional, corresponsalías en el extranjero, dibujos de trazado limpio (que permitieran su reducción de tamaño sin perder nitidez, a escala pero sin cotas) de planos de las obras a reseñar contratados a dibujantes de arquitectura entre los que aparecería una axonometría del proyecto central de cada número y fotografías encargadas a profesionales jóvenes que hubiesen incursionado en el mundo de la arquitectura.

Dentro de este marco de referencia, en marzo de 1988 aparece Espacio, con una apretada periodicidad bimestral, no sin antes haber realizado un simulacro de edición, que permitió medir los tiempos de cada etapa involucrada y con ello: fijar el contenido del número, precisar los artículos deseados y a quienes se encargaría escribirlos, prever las fotos que de forma idónea respaldarían los textos, estimar el tiempo para dibujar los planos y fotografiar obras, así como considerar el lapso para diagramar, la recepción de las páginas de publicidad de manos de las agencias anunciantes, el tiempo para realizar la separación de colores de las fotos, impresión, reparto a los puntos de venta y envío a los suscriptores, todo lo cual arrojaba un período de aproximadamente 4 meses en función del personal con que se disponía. Lo anterior obligaba a asumir, con el objetivo de garantizar la periodicidad, el compromiso de ir elaborando simultáneamente un serie de números y de contar con una sincronización tal que contemplara los imponderables que pudiesen surgir cercanos a la fecha de cierre de cada uno.

La salida del primer número de Espacio (cuya portada engalana la postal del día de hoy) se convirtió casi de inmediato en un suceso editorial. Sus 60 páginas en papel glasé, diagramadas por Jacqueline Cherouvrier, contaron con el acompañamiento de un encartado de 24 páginas adicionales (denominado Espacio/Suplementario), en papel periódico e impresión ágil, que bajo el diseño de Martha Sanabria (autora también del logo de la publicación), incorporaba un dinamismo informativo que la producción de la revista limitaba. Ambos, revista y suplemento, venían incorporados en un elegante estuche de cartón (inspirado en la hermosa revista de arte italiana de Franco María Ricci) que permitía, además, incluir publicidad suelta y facilitaba el envío a los suscriptores y su venta en kioskos y librerías.

Editorial Arte sería la imprenta seleccionada. Ricardo Armas, Ricar-2 (Ricardo Gómez Pérez y Ricardo Jiménez) junto a Juan Carlos Oropeza se encargarían de las fotografías, Luis Rivas de los dibujos arquitectónicos y Gaetano Zapulla de las delicadas e impecables axonometrías de los proyectos centrales.
Espacio, contó con la colaboración de un número importante de profesionales y académicos para la redacción de los textos, labores de corresponsalía y facilitación de información. La lista es larga y prescindiremos de la consabida enumeración para no caer en injustas omisiones.

Henrique Vera, verdadero motor de la Sociedad Editora Latinoamericana, C.A, empresa que logró que Espacio alzara vuelo, confiesa que tras una conversación con Guillermo Betancourt, en aquel momento Vice-Presidente de Ars Publicidad, quien asesoró el lanzamiento del proyecto y también se hizo miembro del equipo editor, éste “recomendó aceptar no solo páginas completas de publicidad, sino medias páginas e incluso un cuarto”, a sabiendas que sólo con el aporte de los suscriptores ninguna revista de este tipo es capaz de mantenerse. Pero fundamentalmente insistió en que “la temática fijada para la revista, en ese momento, no era del todo muy popular por lo que recomendaba aceptar publicidad de licores, cigarrillos y lo que viniera”.  Los consejos  y advertencias de Betancourt fueron asumidos a medias por los editores sin que hasta hoy sepamos si fue por ello, o más bien por la reticencia de los anunciantes del sector construcción (acostumbrados a obtener ganancias sin invertir o arriesgar en un “producto nuevo”) o por el haber transitado una etapa en la que el país vio devaluar su moneda por primera vez a pasos agigantados (con el consabido encarecimiento de los costos de producción), lo que condenó a Espacio a aparecer tan sólo en cuatro ocasiones, más allá de que se habían adelantado la preparación de hasta dos números adicionales. No obstante su corta vida, Espacio ha quedado como una verdadera lección que futuros editores nacionales ha sabido tomar muy en cuenta y como ejemplo que lo que una revista de arquitectura “debe ser”: calidad de contenido, impecable diagramación, elevado nivel visual y valor agregado que puede aportar la propaganda seleccionada.

ACA