El jueves 2 de agosto apareció a través de http://mediodigitalfau.blogspot.com/, luego de un largo silencio, el número 14 de MEDIO Informativo en su versión digital.
Quizás valga la pena recordar que MEDIO Informativo fue creado el año 1996 como órgano de divulgación del entonces Centro de Información y Documentación (CID) de la FAU UCV (hoy Coordinación de Extensión), orientado a fomentar la permanente discusión e intercambio de ideas, tendencias y posiciones de quienes integran la institución. Se publicó con periodicidad fluctuante pasando por diversas etapas, alcanzando un total de 12 números impresos, hasta mayo de 2009, abriéndose paulatinamente a aquellos grupos, dentro y fuera de la universidad, interesados en los temas relacionados con las distintas áreas de la arquitectura, el urbanismo y las artes plásticas quienes encontraron allí un lugar donde expresar con libertad sus ideas.
En virtud de las crecientes dificultades que impidieron su continuidad como publicación impresa, MEDIO Informativo migra a formato digital apareciendo por primera vez, ahora como MEDIO Digital el 1 de mayo de 2010. Este nuevo lanzamiento, tal y como se recoge en el blog que lo contiene “pretende mantener en funcionamiento una trama de discursos posibles, en medios diversos, que permitan interrelacionar las lecturas especializadas con un receptor final que no sólo incluye al estudiante universitario y al profesional, sino al ciudadano común, al citadino pedestre, a todos y a todas”.
Nos complace, pues, enormemente que, pese a los inconvenientes que perduran en la universidad por mantener proyectos de esta naturaleza, MEDIO Digital haya reaparecido teniendo en esta ocasión como excusa la celebración de otro aniversario de la ciudad de Caracas el cual dio pie para realizar en la FAU UCV, impulsada por la Coordinación de Extensión, la exposición “Caracas en tres tiempos”, hecho que origina la reflexión elaborada por Elisa Silva que encabeza este #14. Así mismo, podemos encontrar allí los artículos “Culture Brokers: la guía de arquitectura de Caracas” por Iván González Viso; “Santiago de León, en Caracas” por Rosario Salazar; “Caracas, de Rojas Paúl a Andueza Palacio (1888-1892): Capital venezolana del ‘Guzmancismo sin Guzmán’ ” por Francisco Pérez Gallego; y “Caracas gráfica. Ver desde el barrio” por Valentina Caradonna.
Vaya desde aquí nuestra palabra de estímulo y nuestras felicitaciones por el logro alcanzado y la calidad de su contenido.
Tomado de la editorial “L’art des prépositions” escrita por el Redactor en Jefe de L’Architecture d’Aujourd’hui, Emmanuelle Borne
Hace diecisiete años, Snøhetta entregó la Biblioteca de Alejandría en Egipto. Al atacar tal mito, la oficina noruega adquirió desde el principio una reputación internacional que, sin embargo, debía confirmar cosa que no ha dejado de hacer desde la Ópera de Oslo, la rehabilitación de Times Square en Nueva York, el Centro Internacional de Arte Rupestre Lascaux IV en Dordoña IV … Estos proyectos tienen al menos dos características comunes: su relación con el paisaje y la inclusión, dentro del edificio, de espacios públicos no sólo para los usuarios, sino también para los residentes locales y, más ampliamente, para el público en general. ¿Puede esta visión del espacio compartido ser vista como un «tropismo» noruego? Sin duda. En cualquier país que construyan, Snøhetta tiene la intención de crear una arquitectura que sea tanto democrática como específica del sitio. De hecho, el otro enfoque distintivo de la oficina es combinar la arquitectura y el paisaje en una relación «simbiótica» que, de acuerdo con los arquitectos, desde el principio, se han esforzado por magnificar la conexión natural entre las dos disciplinas. En Snøhetta, el paisaje enriquece la arquitectura de la misma manera que una huella agrega definición a una superficie. En este sentido, Kjetil Thorsen Trædal, cofundador de Snøhetta con Craig Dykers en 1989, define la arquitectura como el arte de las preposiciones. «Puede colocarse encima, delante, detrás o en la parte superior de un edificio. Necesita comprender las preposiciones para ubicarse en el mundo». Esta es la misión que Snøhetta se ha fijado y que se confirma de proyecto en proyecto: diseñar y construir una arquitectura desde el aquí y el ahora. Para todos.Fundada en 1989, Snøhetta, cuyo método de trabajo practica una exploración simultánea de la artesanía tradicional y la tecnología digital de vanguardia, hoy cuenta con 230 empleados de 30 nacionalidades diferentes, que laboran en cada una de las 8 oficinas ubicadas en Oslo, Nueva York, Innsbruck, París, Estocolmo, Adelaide, Hong Kong y San Francisco. En 2018, esta oficina noruega tiene 30 proyectos en progreso, incluida la sede del grupo Le Monde en París o la torre residencial 50 West 66th Street en Nueva York. Ahora que la famosa oficina noruega está abriendo una nueva sucursal en París, aparece la última publicación de AA Projects dedicada a sus trabajos y su enfoque hacia la fusión de la arquitectura y el paisaje.
“DADA está pensada como una publicación periódica dedicada al diseño, la arquitectura y el hecho urbano, a partir de la obra pensada, proyectada y construida de los autores más relevantes en la disciplina; destacando su valor como intelectuales, arquitectos y artistas.
DADA se presenta como un proyecto abierto a la participación, la creación e invención de ideas, contenidos y formas de comunicación; orientado precisamente al estudio del proyecto de arquitectura; con todas sus implicaciones y variantes.”
Este par de párrafos, que encabezan a modo de editorial su primera entrega, resumen los planteamientos conceptuales y objetivos de este interesante proyecto editorial dirigido por Alberto Navarro Gurovich y Maciá Pintó, producido por Impresos Rubel, C.A. y editado por el Grupo Editorial Relámpago, que ve la luz justo en el año del centenario del natalicio de Carlos Raúl Villanueva, a quien se dedica el número 1 tanto de la revista como de la separata, cuyas portadas ilustran nuestra postal del día de hoy.
Tras un cuidado diseño (a cargo de los propios directores) y un impecable acabado donde no se deja al azar ninguna decisión en cuanto a la calidad de los gráficos y fotos que la acompañan, DADA buscaba comportarse dentro de una “estructura experimental” matricial conformada por “Secciones y Formas” y “Revistas y Separatas”, que permitían orientar el contenido de cada una de las cuatro entregas programadas a salir en el lapso de un año a partir de la primera fechada el 1 de abril de 2000. A la dedicada a Villanueva se sumarían las destinadas a Fruto Vivas, Dirk Bornhorst y Guido Bermúdez.
Así, las siglas DADA (que sin duda remiten al importante movimiento cultural y artístico provocador y contestatario surgido en el período de entreguerras del siglo XX), permitían clasificar los intereses que movían a quienes pensaron la publicación dándoles la oportunidad de jugar con sus contenidos. DADA aglutinaría dentro de “Secciones y Formas” cuatro grupos de ideas con las que se le podría seguir la pista a otras tantas intenciones que finalmente se reflejarían en el sumario da cada número.
DADA daría pie a pensar, por ejemplo, en Divulgación y Autores (y tras ellos contenidos relacionados a Arquitectos y Obras), y en Desafío y Actualidad (vinculados a Espacio y Tiempo), como un primer grupo que daría cuenta de parte de las aspiraciones a alcanzar. Debate y Análisis (Teoría y Crítica), y Dibujo y Arte (Lenguaje y Creación) conformarían un segundo grupo. Diseño y Ambiente (Razón y Naturaleza), y Docencia y Ágora (Idea y Ciudad) un tercer grupo. Dosier y Anuario (Informes y Resúmenes), y Documentos y Antología (Series y Colecciones) el cuarto. Dual y Alterno (Revistas y Separatas), y Díptico y Afiche (Catálogos y Carteles) el quinto. Data y Acta (Fechas y Registros), y Dato y Acto (Documentos y Hechos) el sexto.
Valga como muestra de la manera como opera este arbol de posibilidades la clasificación dada al artículo “Caoma: una casa verdadera” de Paulina Villanueva, que dentro del índice se identificaba, por ser el primero, con la letra D de Divulgación asociado a la dupla Arquitectos y Obras. Esta compleja y ambiciosa manera de abarcar y exponer pretensiones traducidas en esencias y manifestaciones de resultados, vivió como muchos otras iniciativas editoriales venezolanas un período inicial de entusiasmo, empuje y denodado esfuerzo que por descansar sobre los hombros de muy pocas personas y a la vez requerir de recursos que no llegaban se fue diluyendo en el tiempo. Al menos quedaron como claro testimonio de ello y de su calidad el cumplimiento de las entregas inicialmente programadas, de las cuales tres de ellas pudieron imprimirse.
Han pasado cien años desde el nacimiento de Jørn Utzon (1918-2008), el visionario danés que sólo tenía 38 años cuando ganó el concurso para construir la Ópera de Sydney. AV/Arquitectura Viva marca la ocasión que cubre su legado en una monografía que presenta seis obras canónicas, ilustradas con fotografías y planos originales, junto con seis artículos de destacados críticos internacionales.
Para empezar, Richard Weston, autor del libro más completo sobre la obra de Utzon, reflexiona sobre las fuentes de inspiración de su proceso creativo. Marja-Riitta Norri, directora del Museo de Arquitectura Finlandesa de 1988 a 2002, aporta un enfoque nórdico a las casas del patio. En formato de carta, Françoise Fromonot recuerda las investigaciones realizadas para escribir su monografía sobre la Ópera de Sydney, publicada en 1998. Los proyectos sin construir están cubiertos por un ensayo de Enrique Sobejano, experto en la obra del arquitecto danés. Kenneth Frampton -autor del ensayo que acompañó el anuncio del Premio Pritzker de Utzon en 2003- se centra en la Iglesia Bagsværd, subrayando su carácter tectónico. Y finalmente Rafael Moneo, que trabajó con Utzon en 1961, escribe sobre las dos casas mallorquinas.
Editorial de la revista
Gran danés centenario
por Luis Fernández Galiano
Para celebrar su veinticinco aniversario, el premio Pritzker se otorgó en 2003 a un gran danés que un cuarto de siglo antes era ya historia. En 1978 Jørn Utzon recibió la medalla de oro del Royal Institute of British Architects, y por entonces su vida creativa estaba sustancialmente completa. Cinco años antes, las cáscaras crustáceas hinchadas por el viento de la Ópera de Sídney se habían abierto a una navegación agridulce, tras un largo proceso de desencuentros que en 1966 habían alejado finalmente al arquitecto de la obra y del país; y mientras el que ya era símbolo de Australia se inauguraba en ausencia de su autor, Utzon proyectaba el que sería su último capolavoro, la iglesia de Bagsværd, un exquisito cobertizo claustral de cubiertas de chapa y techos ondulantes de hormigón en las afueras de su Copenhague natal, que al terminarse en 1976 cerró un itinerario de fascinante inventiva formal.
Atrás quedaba la topografía vernácula de las casas Kingo, con el talento paisajístico de sus patios en secuencia y la sensibilidad táctil de sus fábricas de ladrillo, diseñadas poco antes del concurso de la Ópera que en 1957 había otorgado a Utzon el premio equívoco de la fama, y extendidas poco después con otra modélica realización residencial, el conjunto de Fredensborg; atrás también el insólito proyecto de museo para el artista Asger Jorn, un racimo de tinajas o cocos enterrados y enredados de rampas que reúnen la Einsteinturm y el Guggenheim neoyorquino con Kiesler y Ronchamp; atrás su primera casa en Mallorca, un recinto grave y arcaico construido con piedra, geometría y luz, en el que se recluiría a partir de 1973; y atrás el proyecto definitivo de la Asamblea Nacional de Kuwait, un bazar laberíntico en penumbra y unos pórticos solemnes de toldos de hormigón con ecos de Chandigarh.
Cuando Utzon se convierte en mallorquín honorario y secreto, el arquitecto escandinavo es ya reconocido como uno de los grandes maestros de la segunda mitad del siglo: un discípulo del Aalto cuyas huellas se hallan por doquier, desde los abanicos de las casas Birkehøj a las olas de Bagsværd, pero también un creador independiente que dialoga en igualdad con la obra tardía de Wright y Le Corbusier, y con los proyectos contemporáneos de Tange, Niemeyer o Kahn; un humanista lacónico que reconcilia la industrialización tectónica con los arquetipos preindustriales, y la construcción por elementos de la modernidad con la elocuencia intemporal de las arquitecturas anónimas o históricas recorridas en sus viajes testarudos; y un innovador formal que cristaliza en hallazgos como la plataforma coronada por un dosel de cubiertas ingrávidas la esencia lírica de su exploración arquitectónica. Hasta su muerte en 2008, el héroe extraviado en su refugio insular fue objeto de numerosas recuperaciones críticas: algunos lo destacaron como el visionario expresionista y ecléctico que en Sídney alumbró las construcciones mediáticas de la sociedad del espectáculo; otros eligieron la sabiduría orgánica de sus obras residenciales, subrayando la elegancia en sordina de los conjuntos daneses o las casas mallorquinas; y no faltaron los que reconstruyeron su trayectoria desde las estéticas situacionistas de lo informe, emplazando el proyecto para Jorn y la conexión CoBrA en el núcleo cordial de su experiencia artística. En esta coyuntura centenaria me atrevo a poner el foco sobre la Asamblea de Kuwait, que sólo pude visitar tras haber sido dañada en la Guerra del Golfo, pero cuya monumental prefabricación arquitrabada sigue siendo una fuente caudalosa de inteligencia geométrica y emoción poética.