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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 257

La revista El Farol aparece por primera vez en Caracas el mes de junio de 1939, tal y como reza en la portada de su nº1 que hemos reproducido para ilustrar nuestra postal del día de hoy. Surge como órgano divulgativo de una empresa petrolera pero también se mostró desde sus inicios como una publicación de corte cultural que sin duda llenó un vacío ante la ausencia de variedad de opciones de ese tipo en el país.

Cuando la Standard Oil of New Jersey de Venezuela y la Lago Petroleum Corporation deciden lanzar El Farol sólo circulaban como revistas que podían tener alguna vocación cultural: Élite, fundada en 1917, de carácter variado, única que dejó por fuera contenidos políticos en la época gomecista e introdujo la fotografía de acontecimientos, nuevo concepto de reportaje gráfico en Venezuela; Pitorreos y el semanario humorístico Fantoches creados en 1918 y 1923, respectivamente, que mantuvieron siempre el humor como arma de doble sentido que no cesaba de criticar al régimen, lo que a la primera le valió el que tuviera una duración de tan sólo un año tras ser censurada y cerrada por el gobierno del Benemérito; Cultura Venezolana, publicada por primera vez en 1920, revista de información cultural, científica y filosófica, de sencillo formato con propósitos diferentes a la crítica política desarrollada en la época; y la más importante de todas, la Revista Nacional de Cultura que empieza a circular en 1938 después de la muerte de Gómez y cuyo director fundador Mariano Picón Salas le imprimió una vocación claramente dirigida al mundo intelectual y artístico.

Al momento de la aparición de El Farol Venezuela estaba saliendo del largo período que tuvo a Juan Vicente Gómez como controlador del poder y ya Eleazar López Contreras había dado los primeros pasos para lograr encaminar la reinstitucionalización del país. Aunque El Farol, dado su corte corporativo, si bien evadió siempre las manifestaciones de tipo ideológico en su contenido, logró dar cabida en medio de ese ambiente, por un lado, a la exaltación y difusión de los valores tradiciones venezolanos y, por otro, a ofrecer a una diversidad de artistas la oportunidad de ilustrar sus portadas.

Será a partir de 1943 que la revista sea asumida por la Creole Petroleum Corporation (que, como se sabe, surge de la fusión de la Lago Petroleum y la Stándard Oil of Venezuela) hasta finales de 1975 cuando aparece su último número, cuando ya era inminente la nacionalización de la industria que se decretaría el 1 de enero de 1976. Fue una publicación de circulación interna subsidiada para su distribución gratuita que además podía ser adquirida por el público en general a través de una suscripción. En sus inicios se producía mensualmente, desde 1955 se comenzó a publicar bimestralmente y finalmente, a partir de 1963, se editó trimestralmente llegando a alcanzar un tiraje que oscilaba entre 30.000 y 50.000 ejemplares. Sus medidas se mantuvieron en el tiempo, siguiendo un formato aproximado de 31 x 23 cms.

Otra característica de la revista es que utilizaba el color en la parte exterior (portada y contraportada) mientras en la tripa se empleaba una impresión a blanco y negro, lo cual va a variar hacia la década de los 50 cuando se incorporan diversas tonalidades en el interior de la misma. Las imprentas a cargo de la reproducción de los ejemplares estaban sujetas a los requerimientos específicos que los editores demandaban. Otro detalle interesante es que las obras artísticas que ocupaban la portada lo hacían en su totalidad, clara señal de que primaba la forma sobre el texto. Únicamente se superponía el logotipo que daba nombre a la revista y la fecha de salida.

Tal y como señala Ariana Elizabeth García Balbi en “Relación entre las Artes Plásticas y el diseño gráfico a través de las portadas de la revista El Farol (1939 -1975)”, trabajo con el que obtuvo la Licenciatura en Arte (2012), “La Litografía y Tipografía del Comercio fue la encargada de imprimir las primeras tapas de El Farol, porque era una de los pioneras en realizar reproducciones a cuatro colores con la técnica litográfica. Luego en 1949 se comienza a imprimir en Unión Gráfica y finalmente en 1954 la reproducción estuvo a cargo de Cromotip mediante la técnica de off-set, este taller se consideraba, para la época, como el de mejor calidad. (…) Notamos una variación en el empleo del tipo de papel utilizado, que puede explicarse según las necesidades y los requerimientos específicos de cada portada. En este sentido, para las tapas y contratapas se empleaban papeles estucados, con los cuales se lograban colores más vivos y se brindaba un acabado sedoso, tanto al tacto como a nivel visual. Además, sus propiedades materiales le otorgaban a la reproducción de imágenes, como las obras de arte, mayor calidad. Con el paso del tiempo se utilizaron papeles satinados de mayor densidad.”

El número 1 de El Farol estuvo organizado en secciones: sociales, cultura, literatura, nuevo personal y seguridad industrial, entre otras. Presentó en la portada una obra del artista plástico venezolano Tomás Golding, que muestra una imagen de carácter figurativo de una playa caribeña en la que aparecen dos mujeres saliendo de su vivienda y dirigiéndose a realizar su faena cotidiana. La carátula no ofrece mayores complicaciones en cuanto a su diagramación más allá de la sutileza y ubicación proporcionada de la identificación (arriba a la izquierda) en un lugar que no afecta lo que la protagoniza. Sin embargo, como apunta Sean Nesselro de Moncada en “PANORAMA PETROLERO: El regreso de Cruz-Diez a El Farol”, artículo aparecido en las memoria de las I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017, con el primer número se “estableció una plantilla que definiría la primera década de la revista: fue una fantasía de un paraíso tropical y primitivo, la cual fue no sólo un programa visual tan como una misión ideológica” precisando que: “A Nelson Rockefeller, miembro de la junta directiva de la Creole, le impresionó esta fantasía cuando viajó a Venezuela en 1937 para reconocer las actividades de la compañía”.

Será la propia Nesselro de Moncada quien complemente: “El número inaugural de El Farol fue publicado en respuesta a una crisis internacional de relaciones públicas, resultado de la reciente expropiación de las reservas petroleras mexicanas en 1938 y una campaña de huelgas petroleras en Venezuela, en las cuales la clase trabajadora demandaba un aumento del salario, mejores condiciones laborales, y el derecho a la creación de un sindicato. En un momento de tumulto tanto regional como global, las compañías petroleras como la Creole tuvieron que justificar su presencia en países como Venezuela, la Creole lo hizo a través de la creación de una revista con la que se comprometía por ‘el bienestar del país’, en las palabras de Nelson Rockefeller. Con El Farol los ejecutivos de la Creole fabricaron una plataforma en la que se podían unir (conceptual y literalmente) las operaciones de la industria petrolera con la historia, la cultura, y la identidad de la Venezuela moderna. En este sentido, este primer número de El Farol abre con unas ‘Palabras Preliminares’, en donde se articula la estrategia formulada por Rockefeller: ‘aspiramos a recoger en nuestras páginas las palpitaciones más intensas del alma nacional, y…ratificamos…lo sincero de nuestra patriótica devoción’. El contenido de este primer número –y de todos los números de la revista– combinan relatos de las nuevas operaciones y campos petroleros de la compañía, con artículos sobre la historia y cultura del país, mezclando así los intereses de la industria con un emergente sentido de ‘patriótica devoción’.”

1. Cuatro portadas de la revista El Farol ilustradas por artistas pláticos venezolanos. De arriba a abajo y de izquierda a derecha: Arturo Lares, agosto de 1943; Héctor Poleo, agosto de 1946; Rafael Rivero, noviembre de 1946; y Carlos Cruz-Diez, diciembre de 1946.

Para Sagrario Berti en “Alfredo Armas Alfonzo, El Farol y Ricardo Armas”, texto de 2014 aparecido en http://sagrarioberti.com/alfredo-armas-alfonzo-el-farol-y-ricardo-armas/, el período 1948-1958, cuando Alfredo Armas Alfonzo trabajó en la revista, “es decisivo en la historia económica y sociocultural del país y consideramos que con El Farol se comienza a edificar el imaginario de identidad nacional. En sus páginas se difunde la idea de modernidad y progreso, representado en: fotos de extracción de hidrocarburos, gerentes de la industria o cifras de productividad petrolera. Estos temas están enlazados con reportajes sobre: el origen de la arepa, pesebres, carnaval, cultura afro-venezolana, restos y tiestos prehispánicos, comunidades indígenas o paisajes. Según el profesor Miguel Tinker Salas, en El Farol: ‘las costumbres de los llaneros, la forma de vida de los andinos, y las expresiones culturales de los orientales dejan de ser simples testimonios culturales regionales aislados y pasan a formar parte de un repertorio amplio que refleja una cultura nacional’. Este conjunto de prácticas sociales y culturales fue cobrando importancia y, para esta generación (incluye a Armas Alfonzo) y otras empezó a definirse lo que implicaba ser un venezolano”.  

Con el tiempo, las portadas de El Farol, como ya se anunciaba con la inclusión de la pintura de Golding en el nº 1, le abrieron paso a la presencia de jóvenes artistas venezolanos. Entre otros, Arturo Lares ocupará la portada de agosto de 1943, Héctor Poleo la de agosto de 1946 y Rafael Rivero la de noviembre de 1946. También en su contenido “entre los años treinta y cuarenta, aparecieron artículos sobre el Salón de Arte Venezolano y otros pintores como Héctor Poleo, Rafael Monasterios y Mateo Manaure… . Pero quizás aún más notable fue la contratación de artistas locales como empleados de la revista. Entre ellos estaba Carlos Cruz-Diez, quien se unió al personal de la revista en los años cuarenta como ilustrador y, eventualmente, como Director Artístico. Se conoció el diseñador norteamericano Larry June, quien había llegado a Caracas dos años antes a la invitación de la Creole para trabajar en el equipo de El Farol. Asumió responsabilidad por el plano de la revista y, según su pupilo Cruz-Diez, llevó una actitud alegre a la tipografía. Con la llegada de Cruz-Diez y June, y el lanzamiento de la publicación hermana Nosotros en 1946 –que adquirió la mayoría de las secciones de sociales, deportes, y promociones de los empleados de la Creole– El Farol empezó a definirse como una publicación cultural además de un órgano empresarial.”

Cruz-Diez, lejos aún de su compromiso con la abstracción, asumiría en aquel entonces para dos portadas ilustraciones de carácter decididamente figurativo inspirados “en parte por el florecimiento del realismo social en el hemisferio”, como señalará Nesselro de Moncada. Más adelante diseñaría la carátula del número 150 (febrero de 1954), dedicado a la metamorfosis de Caracas bajo el Nuevo Ideal Nacional de Marcos Pérez Jiménez, con base a una fotografía de la nubes de Calder ubicadas en el interior del Aula Magna de la Ciudad Universitaria de Caracas y, ya plenamente comprometido con la abstracción, el paradigmático número “El Farol: La calidad de la vida 1” de 1974.

2. Dos portadas del El Farol diseñadas por Carlos Cruz-Diez. Izquierda: nº 121, junio 1949. Derecha: nº 150, febrero de 1954.
3. El Farol 166 (septiembre–octubre 1956), diseño de Gerd Leufert
4. El Farol: La calidad de la vida 1 (1974), diseño de Carlos Cruz-Diez

A pesar de lo señalado, la dirección artística propiamente dicha de la revista no estuvo formalizada hasta 1957, pese a que en el número 97 de 1947 se hace mención tangencialmente de Luis E. Mejías Donzella como responsable de dicha actividad. Es el año 57 el momento en que aparece por primera vez mencionado el creativo a cargo de la revista, lo cual se mantuvo hasta el último número. Como primer director artístico estuvo Gerd Leufert desde 1957 hasta 1959 (período en que diseñó la carátula de varios números). A partir del 59 Nedo Mion Ferrario (Nedo M.F.) se encargaría del área (y del diseño de diferentes portadas) hasta 1973. Luego en 1974, de regreso a la revista, Cruz-Diez asume la dirección creativa y un año después Oscar Vásquez se encargará de esta labor hasta finalizar la edición de El Farol con el número 252 en 1975. A lo dicho cabría añadir que desde la partida de Cruz-Diez a París en 1955, de la mano de Gerd Leufert y Nedo M.F., ambos recién llegados a Venezuela procedentes de Europa, El Farol va de la mano con la “continua legitimación del diseño abstracto», marcando así un período que podría calificarse de “modernista”. En aquellos años Mateo Manaure ocupará la portada de la entrega de julio-agosto de 1957.

La arquitectura, también se manifiesta en El Farol durante los años 50 y 60. Sin ser demasiado exhaustivos hemos detectado que: en 1955, nº 161, diciembre, Fruto Vivas publica por primera vez el artículoEl campesino, arquitecto por la gracia de Dios”. Después en 1961, (nº 192, enero-febrero), ejemplar prácticamente monográfico, aparecen:Creación de ciudades y Leyes de Indias” de Carlos Raúl Villanueva, “La casa colonial, sus orígenes y desarrollo” de Carlos Manuel Möller, “Riqueza y pobreza  de los templos coloniales” de Graziano Gasparini, “Nuestras fortificaciones coloniales” de Jerónimo Martínez Mendoza, “La vivienda en las áreas industriales” de Julián Ferris y “La arquitectura en Venezuela” de Diego Carbonell. En 1963, nº 205, abril-junio, Villanueva publica “Santa Teresa y el Teatro Municipal”; en 1966, nº 217, W.J. Alcock “El problema de la recreación en la Caracas del futuro”; y en 1967, nº 222, Miguel Casas Armengol, Decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad del Zulia, “Situación actual y perspectivas de la universidad venezolana”.

Con esta nota dedicada a El Farol quisimos dejar constancia, aunque sea breve, del que sin duda es un ícono dentro de la historia editorial del país.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 2, 3 y 4. https://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/nesselrode_panorama

  1. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Revista entre rayas

nº 134

Desde el pasado 20 de abril se encuentra a la venta la edición nº 134 de la revista entre rayas dedicada a Arquitectura de Oficinas.

Es el primer número del año y en 184 páginas de contenido trae:

– Información técnica de las empresas patrocinantes, tanto a través de sus avisos publicitarios (al inicio de la revista) como en seis artículos técnicos realizados por destacadas empresas del área (al final de la revista).

– Las secciones: Entre Datos, realizada por Mariano Rodríguez Saglimbeni; Arquitectos, realizada por el Arq. José Luis Colmenares y Dossier, dedicado a Oficinas 2, realizada por el Arq. Martín J. Padrón.

– Un proyecto de arquitectura interior (una tienda en Las Mercedes).

– Trece proyectos de oficinas, por construir y construidos, realizados en Bolivia, Curazao, Ecuador y diferentes partes de Venezuela.

También se supo que desde el 26 de abril los editores de entre rayas ya comenzaron a trabajar en el nº 135, meses mayo-julio 2021, dedicado al tema Arquitectura Residencial Multifamiliar. En tal sentido invitan a participar a todos aquellos profesionales que tengan proyectos (construidos o por construir), en cualquier parte de Latinoamérica.

ACA

EL ACERVO EDITORIAL DE LA FAU UCV

Homenaje a Carlos Guinand

Colección Espacio y Forma

nº 12

Febrero de 1964

Con este número de la Colección Espacio y Forma, preparado con amplio criterio editorial, la Facultad de Arquitectura y Urbanismo rindió tributo a quien fuera uno de sus más valiosos profesores y uno de los más importantes arquitectos venezolanos del siglo XX, perteneciente a lo que se ha considerado la primera generación, formada en su mayoría en el extranjero (Europa fundamentalmente), clave en el proceso de introducción de la modernidad en la arquitectura venezolana a partir de 1920.

Junto a Guinand, quien realizó sus primeros estudios en el Colegio Alemán de Caracas y secundarios en La Chaux-de-Fonds (Suiza), seguidos por los cursos de arquitectura en la Königlich Bayerische Technische Hochschule de Münich, de donde egresó el 7 de agosto de 1913 y revalidó en la UCV en 1936, como parte del mencionado grupo precursor se encuentran: Gustavo Wallis, Carlos Raúl Villanueva, Luis Malaussena, Manuel Mujica Millán, Cipriano Domínguez, Heriberto González Méndez, Leopoldo Martínez Olavarría, Rafael Seijas Cook, Rafael Bergamín, Luis Eduardo Chataing, Enrique García Maldonado, Roberto Henríquez, Fernando Salvador, León Achiel Jerome Höet, André Potel, Hermann Blaser, Guillermo Salas, Luis Bello Caballero, Ricardo Razetti, Erasmo Calvani, Edgard Pardo Stolk, Luigi Tani y Willy Ossott.

El arquitecto Carlos Guinand Sandoz y un detalle del Parque del Este

Guinand, descendiente de una familia suiza importadora de equipos industriales establecida en Venezuela a mediados del siglo XIX, había nacido en Caracas el 17 de julio de 1889 y fallecido el 4 de mayo de 1963, por lo que la aparición de esta publicación se asumió como una deuda para con su memoria a casi un año de que su desaparición física sucediera.

La revista está conformada por una breve nota introductoria titulada “Homenaje” que ofrece la semblanza de una persona caracterizada por la espontaneidad y la generosidad en todo lo que emprendía siempre acompañadas de amor, entusiasmo, sinceridad y valor. “Vivió para dar lo que sabía, con naturalidad, desinterés y a todos por igual. El trato personal con él era un placer lleno de provecho, pues no conocía la mezquindad. (…) Un paseo en su compañía por los jardines de su casa en Los Chorros era una experiencia inolvidable por la riqueza de sus observaciones, sus preguntas y sus respuestas, su amor contagioso por la naturaleza y la exquisita sensibilidad que mostraba por cada planta, cada árbol, cada gramínea. Ahí todos tenían su lugar, su historia, su personalidad. (…) Guinand fue un maestro generoso y sincero, un hombre de indomable personalidad, intransigente pero comprensivo y sobre todo de mucha sensibilidad (…) Dejó un sinnúmero de plantas y árboles sembrados de su propia mano, y en los últimos años de su vida volcó todo su entusiasmo y valiosos conocimientos en la realización de aquella magnífica obra de su buen amigo Roberto Burle Marx: el Parque del Este de Caracas.”

La publicación contiene, además, una cronología de su trayectoria donde destaca su condición de Individuo de Número de la Academia de Ciencias Naturales, Físicas y Matemáticas, el haber obtenido la Orden del Libertador en Grado de Caballero y sido profesor de acuarela y guache en la Escuela de Arquitectura de la UCV entre 1950 y 1953 y, además, uno de los fundadores de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo en 1953. Posteriormente, fue profesor de Paisajismo junto a José Miguel Galia.

De su amplia obra, separada en dos etapas, destacan de la primera (1915-1952): la Policlínica Maracay (1930-31); finalización de la Casa Club del Caracas Country Club (1930); Policlínica Caracas (1932); Ministerio de Fomento (Caracas, 1934-1935); Club Alemán (El Paraíso, Caracas, 1935); Escuela de Aviación Militar (Maracay, 1936);  Urbanización Pro-Patria Venezolana (1939-1940), con 330 casas; Teatro Boyacá (1940-1941, demolido en 1969); Edificio Taurel & Cía. Sucrs. C.A. (La Guaira, 1940); Teatro Continental (remodelación, Caracas, 1941); residencias privadas en diversas urbanizaciones de Caracas, entre ellas la Casa Gathmann en La Florida (1938), la Taurel en Los Caobos (1940) y su residencia familiar Atapaima en la Urb. Los Chorros (1943-1944 y ss.). También de esta etapa se recuerda su participación frente a frente con Villanueva en el concurso para la Reurbanización de El Silencio (1940) algunos de cuyos criterios de diseño serían incorporados al proyecto seleccionado que podrían por primera vez en acción el Plan Monumental de Caracas de 1939 el cual Guinand tuvo ocasión de supervisar desde la Dirección de Urbanismo del Distrito Federal.

De la segunda etapa (1952-1963), como Presidente y Jefe de Proyectos de Guinand & Brillembourg, C.A., vale la pena señalar: el edificio administrativo del Observatorio Cagigal (1954-1956); las capillas de los colegios San José de Tarbes en las Urbanizaciones El Paraíso (1957-1958) y La Florida (1961); y el Planetario Humboldt en el Parque del Este (1961).

Como dirá Juan José Pérez Rancel en “Carlos Guinand Sandoz”, artículo aparecido en https://entrerayas.com/2018/09/carlos-guinand-sandoz/ el 5 de septiembre de 2018, “la arquitectura de Carlos Guinand Sandoz puede inscribirse en las categorías arquitectónicas del romanticismo y el racionalismo, heredadas de la obra decimonónica del alemán Karl F. Schinkel, tendencia que influyó a su generación como estudiante y que fue adoptada por Guinand durante sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Münich. En esta Escuela había estudiado entre 1901 y 1902 el que sería influyente arquitecto Heinrich Tessenov, quien postulaba desde ese comienzo del siglo en el ambiente germánico (fundó el Werkbund alemán en 1907), una convivencia entre la tradición academicista y las surgentes tendencias a la modernización de la arquitectura, con las artes, las técnicas y las artesanías. (…) Al llegar Guinand a Venezuela en 1915, inició su acercamiento a la naturaleza tropical, dedicándose a labores agrícolas en terrenos familiares cerca de la capital venezolana, antes de fundar su primera oficina de arquitectura en Caracas en 1917. A partir de entonces esta naturaleza acompañará invariablemente sus proyectos, especialmente los residenciales. En éstos utilizó formas neohispanistas y Art Dèco, mientras que sus edificios públicos y privados combinarían rasgos del clasicismo y el Dèco, con volumetría y axialidad academicista”.

Siguiendo con la publicación que hoy nos ocupa, allí también aparece un sentido texto de Carlos Raúl Villanueva  titulado “Un compañero que se va: Carlos Guinand” del cual vale la pena rescatar lo siguiente: “Cuando regresó Carlos a Venezuela, después de la Primera Guerra Mundial, llevando bajo el brazo un flamante diploma de Arquitecto, las pupilas todavía dilatadas de bellas visiones europeas, nadie pensaba que le iba a tocar en nuestra profesión, la misión de pionero, de misionero, de abridor de caminos; a él le correspondió enseñar a la gente, que existía un profesional llamado Arquitecto, y que en nuestra tierra podían hacerse construcciones bellas que llegarían a ser arquitectura. Nosotros, los que llegamos después, hemos aprovechado de las brechas abiertas, y los caminos despejados por Carlos Guinand. (…) Hay que insistir sobre eso, porque es muy importante: Carlos Guinand fue el iniciador de la nueva etapa de la Arquitectura en Venezuela, camino señalado con anterioridad por hombres como Juan Hurtado Manrique, Alejandro Chataing y Antonio Malaussena.”

Continúa el nº 12 de la Colección Espacio y Forma con otra semblanza, en este caso del botánico Leandro Aristeguieta, en la que resalta de su amigo, o del “viejo Guinand” como cariñosamente se le decía, su interés por la naturaleza y la oportunidad que tuvo de acompañarlo, junto a Burle Marx a varias exploraciones a las selvas de Venezuela donde iban “a buscar plantas vivas, silvestres, tesoros botánicos escondidos para exhibirlos y utilizarlos en los jardines de mi patria, estuvimos en las selvas de Guatopo, de la Colonia Tovar, de Canaima y en las selvas milenarias de El Dorado. Las plantas están vivas, adornan hoy muchos de los ambientes y jardines del Parque del Este de Caracas, son un monumento vivo al esfuerzo, el entusiasmo y a la creencia del gran gladiador de ese Parque, el doctor Carlos Guinand.”

En páginas siguientes se publica el “Discurso del arquitecto Carlos Guinand Sandoz durante el acto de inauguración del Planetarium Humboldt el 24 de julio de 1961” y el artículo “La naturaleza y el arquitecto” firmado por Guinand, piezas ineludibles para quien quiera seguirle los pasos a su visión de arquitecto culto e integral pionero del conservacionismo en el país.

Del segundo texto, para finalizar, citaremos lo siguiente: “Por qué pretenden las Artes Plásticas deshacerse del ‘yugo’ de la naturaleza? Disponemos siempre del mismo medio de percepción y lo que percibimos es siempre luz, sombra y color. ¿Qué nos importa el nombre del objeto? ¿Es acaso igual un árbol pintado por Corot, a un árbol pintado por Cézanne? ¡No! Y sin embargo nos gusta ‘El Corot’, nos gusta ‘El Cézanne’ y nos gusta el ‘Papa Dios’ al cual le pusimos nombre ‘Arbol’.

Se han recibido con entusiasmo los ‘Móviles’ de Calder y se aplauden como no figurativos. ¡Es un error! Nada más objetivo que un móvil de Calder. La Palmera bajo el viento, con la suma de sus equilibrios, con sus movimientos en progresión geométrica, que salidos de la unidad de su tronco van multiplicándose hasta desembocar en la infinidad de sus hojuelas, ese movimiento que va creciendo a medida que las masas van achicándose, esa danza fantástica cuya suma no logramos captar porque sobrepasa nuestros medios de asimilación, son lo que Calder con esa bonachonería infantil, ha sabido observar y sintetizar, para que lo sumemos como su nuevo medio de expresión a las Artes Plásticas. Nos conmueven menos sus ‘estables’ nacidos al pie del yunque y de la fragua, lejos de la naturaleza.”

Nota

Las imágenes que acompañan este texto han sido extraídas directamente de la publicación que hemos reseñado.

ACA

¿SABÍA USTED…

… que en agosto de 1959 aparece el primer número de la revista SVA?

1. Portada del número 1 de la revista SVA

En 1959, cuando ya tenía 14 años de creada la Sociedad Venezolana de Arquitectos y sus oficinas funcionaban en el piso 9 de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, aparece el que será su órgano divulgativo: la revista SVA.

Después de A, hombre y expresión (1954) e Integral (1955), SVA será la tercera publicación periódica dedicada a la difusión de la arquitectura que aparecerá en el país. Así, como reza en su primer número, se buscaba que fuese “…un medio de consulta, de información, que lleve en su contenido, material que ayude en sus especificaciones a todos los profesionales en el ejercicio”. La Comisión de la Revista, encargada del ejemplar inaugural, estaba integrada por los arquitectos Augusto Dünzelmann, Mariano Goldberg y Hasso Olbrich. Ramón Losada sería el diagramador y la portada fue diseñada por el para entonces estudiante Jorge Castillo.

2. Fotos del brindis realizado en la sede de la Sociedad Venezolana de Arquitectos, ubicada en el piso 9 de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, el día del lanzamiento del número 1 de la revista SVA

Aquel número estuvo dedicado fundamentalmente a mostrar y reforzar aspectos vinculados con las actividades realizadas por el ente gremial, tal y como lo refleja su contenido: “Nota histórica de la S.V.A., por Heriberto González Méndez, pp. 5-8 (que incluía un facsímil del acta de fundación); “Entrevista a la Junta Directiva 1958-59”, p. 9; “Organigrama de la S.V.A.”, p. 10; “Equipos de trabajo, julio 1958-julio 1959”, p. 11; “Edificio sede”, p. 12 (ponencia presentada por la S.V.A. a la Primera Convención Nacional de Arquitectos); “Los equipos de trabajo en los organismos de planeamiento y vivienda: su estructura y coordinación”, pp. 12-13 (Ponencia de la S.V.A. y la FAU al Primer Congreso Venezolano de la Vivienda); “Primera convención Nacional de Arquitectos”, pp. 16-21; y “¿Qué debe ser la revista S.V.A.?”, pp. 24-25.

3. Documento fundacional de la Sociedad Venezolana de Arquitectos del 4 de julio de 1945 y foto de los siete firmantes tomada ese mismo día en las instalaciones del Colegio de Ingenieros de Venezuela.

La “Nota histórica” de González Méndez nos ubica en el momento en que la SVA se crea el 4 de julio de 1945, llevándose a cabo su acto de instalación en la sede del Colegio de Ingenieros de Venezuela, edificación proyectada por Luis Eduardo Chataing (1906-1971), quien junto a Rafael Bergamín (1891-1970), Cipriano Domínguez (1904-1995), Enrique García Maldonado (1905-1990), Heriberto González Méndez (1906-1992), Roberto Henríquez (1905-1990) y Carlos Raúl Villanueva (1900-1975) serán los siete profesionales encargados de echar a andar el ente gremial. La primera Junta Directiva de la Sociedad estuvo compuesta por Carlos Raúl Villanueva (Presidente), Luis Eduardo Chataing (Vicepresidente) y Heriberto González Méndez (Secretario) y, casi de inmediato, se sumarán a la entidad Luis Bello Caballero, Erasmo Calvani, Carlos Guinand Sandoz, Gustavo Guinand Van der Walle, Luis Malaussena, Leopoldo Martínez Olavarría, Manuel Mujica Millán, Guillermo Pardo Soublette, Willy Ossott, Germán Ponte, Guillermo Salas, Rafael Seijas Cook, Luis A. Urbaneja, Gustavo Wallis y Pedro A. Yánez, retrato de la primera generación de arquitectos modernos venezolanos.

No estaría de más recordar los fines que acompañaron a la creación de la Sociedad (“Dar impulso al estudio y desarrollo de la Arquitectura; cultivar la ética profesional; establecer vínculos de unión entre sus miembros y propender a la defensa y mejoramiento de la profesión”), para darnos cuenta que se asumía de manera prioritaria el impulsar definitivamente el desarrollo de los estudios de arquitectura un tanto alicaídos desde la creación de la Escuela en 1941, que tomarán un nuevo y definitivo impulso en 1946 dando como resultado el egreso de la primera promoción en 1948. Tampoco es casual que su sede se fijase en el edificio de la FAU una vez inaugurado en 1957, luego de haber iniciado sus actividades en una casa frente a la iglesia de Las Mercedes, haberse mudado a un nuevo local en el piso séptimo del Bloque 1 de El Silencio y trasladado entre 1953 y 1956 al Centro Simón Bolívar, con motivo de la organización de IX Congreso Panamericano de Arquitectos de 1955.

4. Poster preparado con motivo de la celebración de la Primera Convención Nacional de Arquitectos en los espacios de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV.
5. Dos páginas interiores del número 1 de la revista SVA donde se recoge pormenorizadamente el desarrollo de la Primera Convención Nacional de Arquitectos. Las fotografías de la derecha corresponden al día de la instalación de la Convención en el Auditorio de la FAU UCV.

Por otro lado, el evento que ocupa mayor número de páginas del nº 1 de la revista SVA, la Primera Convención Nacional de Arquitectos, constituye la piedra angular que posteriormente permitirá al gremio emprender compromisos mayores. Celebrada en el Auditorio de la FAU UCV entre el 6 y 12 de diciembre de 1959 e inaugurada por el Presidente Rómulo Betancourt, en la revista se adelantan la orientación general de la Convención y el temario ya que una cobertura mayor incluida el acta final se publicará en el nº 2-3 extraordinario de septiembre-diciembre. Fungieron como parte del equipo organizador los arquitectos Julián Ferris, Guido Bermúdez, Juan Andrés Vegas, Carlos Raúl Villanueva y Pedro Lluberes. Los temas tratados fueron: Función Social del Arquitecto, Labor Profesional y Formación Universitaria.

También da cuenta la revista de dos ponencias presentadas en diferentes eventos: una en conjunto con la FAU UCV para el Primer Congreso Venezolano de la Vivienda realizado en Maracay entre el 12 y el 19 de abril de 1959 y otra para la ya mencionada Convención Nacional de Arquitectos.

En una especie de editorial ubicado al final del número, en “¿Qué debe ser la revista S.V.A.?”, se exponen las expectativas y aspiraciones que se tienen con su lanzamiento.

6. Portada del número 1 de la revista CAV del Colegio de Arquitectos de Venezuela (diciembre de 1966) y de la separata que traía en su interior donde se recogen los índices de los 20 números de la revista SVA aparecidos entre 1959 y 1965.

Como ya se avizoraba, desde su primer número la revista SVA cumplió un importante rol en la promoción y difusión de un conjunto de actividades de intercambio profesional que colaboraron a la consolidación de la identidad del gremio, pero además, paulatinamente, sirvió de vitrina para mostrar obras y proyectos realizados en el país, así como también concursos de arquitectura, trabajos académicos destacados, artículos de reflexión y crítica, exposiciones y reseñas hemerográficas, siendo hoy en día lo acumulado en sus 20 números aparecidos entre 1959 y 1965 una referencia importante de consulta.

Como dato relevante, el ya señalado número extraordinario 2-3 de septiembre-diciembre de 1959, reportaba un importante tiraje de 2.000 ejemplares de circulación gratuita, cosa que se mantuvo hasta que en 1966 se convirtió en la revista del Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) creado ese mismo año. Los editores de la revista CAV, reconociendo la importante senda marcada por su predecesora, elaboraron para su número 1 un valioso Índice de materias y de autores de todo el material publicado en la SVA.

ACA

Procedencia de las imágenes

1 y 4. Colección Crono Arquitectura Venezuela

2, 3, 5 y 6. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 249

El de la revista UNO A UNO (1:1) es otro caso de un esfuerzo llevado adelante por un valioso grupo de profesores e investigadores que hizo vida académica en una importante universidad nacional, que encontró en ese medio la vía para presentarse, darse a conocer y dejar plasmadas una serie de reflexiones relacionadas con las actividades que llevaban a cabo. También se trata de una muestra más de una publicación que sólo logró salir una vez, lo cual aumenta su valor como testimonio del trabajo que, dentro de las dificultades permanentes que han acompañado la vida académica venezolana, se ha venido haciendo desde hace mucho tiempo.

Aparece UNO A UNO por primera y única vez en abril de 1998 editada por el director del Centro de Estudios del Espacio Arquitectónico (CEEA) de la Escuela de Arquitectura de la FAU UCV, Isaac Abadí, su fundador y pilar fundamental. Incluye también la revista textos del propio Abadí, Humberto Cavallín, Luis La Scalea y Gabriel Rodríguez, integrantes del equipo del Centro en aquel momento. El diseño gráfico fue realizado por Álvaro Martín, la impresión por Italgráfica, tuvo un tiraje de 500 ejemplares y se ofrecía mediante una suscripción anual (sujeta a cambios) por un monto de 3.500 bolívares para Caracas, 4.000 para el interior del país y 10$ para el exterior más gastos de envío.

En esta edición se expone que la revista “es un publicación periódica de dos números al año, dirigida a difundir trabajos teóricos y fácticos, así como algunos ensayos y material informativo, dentro del área del conocimiento del espacio arquitectónico con especial énfasis en la Arquitectura y la Psicología Ambiental. Además se edita un suplemento arbitrado destinado a publicar trabajos de investigación en el área”, lo cual nos habla de un ambicioso proyecto acorde con las expectativas y estructura de CEEA. También se establecen los requisitos para la publicación de trabajos tanto en la revista como en el suplemento.

El nº 1 de UNO A UNO, con un total de 28 páginas, estuvo estructurada con base en el siguiente contenido: Editorial; Historia; Estructura funcional; Actividades (Investigación, Docencia y Extensión); y Prospectivas.

Del Editorial se recoge el esfuerzo que significó la conversión del antiguo Laboratorio de Experimentación Espacial (LEE) en CEEA lo cual justifica en buena parte la aparición de la publicación. Además se aclara que “los objetivos de la revista son dar a conocer los avances en la investigación acerca del espacio arquitectónico en lo referente a la evaluación de su calidad espacial y carácter y sus condiciones de habitabilidad, principalmente la modelación a escala real (1:1), así como el desarrollo de las habilidades del diseñador”. Como órgano de divulgación de las diversas actividades realizadas en el CEEA, UNO A UNO también ofrecía publicar “traducciones de artículos de difícil obtención,… extractos bibliográficos de temas de interés,… y los mejores trabajos realizados por los alumnos que asisten a cualesquiera de las materias que se dictan en el Centro.”

Interesante por demás es leer la Historia que derivó en la creación de CEEA que aparece en las páginas 8 y 9 de UNO A UNO, en la cual se señala como primer antecedente como Laboratorio de Estudios Espaciales con modelos a escala real, el surgido a comienzos de los años 70 en Wageningen, Holanda, al que siguieron la creación de lugares similares en Suecia, Suiza, Italia y otros países europeos, dedicados fundamentalmente a la investigación y adscritos en su mayoría a universidades o instituciones oficiales relacionadas a la construcción y la arquitectura.

Sin embargo, será en 1979, como parte de su Tesis Doctoral, cuando el profesor Isaac Abadí, miembro del personal docente y de investigación de la FAU UCV, tras haber tenido la oportunidad “de realizar experiencias docentes en el Laboratorio de Experimentación Arquitectónica en Lausanne, Suiza, apreciando las enormes posibilidades que un instrumento como ése ofrece en una escuela de arquitectura”, comenzará a materializar, producto de dicha experiencia, el Laboratorio de Experimentación Espacial (LEE) en la FAU UCV.

Páginas interiores de de la revista UNO A UNO (1:1)

Puesto en marcha en 1983 y dedicado desde entonces a la docencia, la investigación y la extensión, el LEE, ya era miembro asociado de importantes entes dedicados a divulgar e investigar sobre la materia, había colaborado con el CONAVI en el desarrollo de investigaciones de viviendas de áreas reducidas y mantenido relaciones con el Instituto de Psicología de la Facultad de Humanidades y Educación de la UCV, con el Instituto de Urbanismo y el de Desarrollo Experimental de la Construcción de la propia FAU y con la Universidad Nacional Experimental del Táchira (UNET). Producto de su crecimiento, luego de diez años de funcionamiento, se transforma en 1996 en el CEEA “para así poder atender los cambios necesarios para cubrir las demandas de docencia, investigación y extensión, además de flexibilizar su funcionamiento y facilitar el acceso a otras fuentes de financiamiento.”

Dependiente de la Dirección de la Escuela, el CEEA se estructuró con base en una Coordinación Académica “responsable de la política, gerencia, control y ejecución de las actividades y proyectos, y que está conformada por un Coordinador General y un Comité Académico”, y tres unidades operativas “subordinadas a la Coordinación Académica …: una Unidad de Investigación y Extensión, una Unidad de Docencia y el Laboratorio de Experimentación Espacial”.

Como buen primer número de una revista perteneciente a un centro eminentemente académico, el que hoy nos ocupa se dedica en su mayoría a presentar, con el acompañamiento de ilustrativas fotos, las actividades que allí se llevan a cabo, donde destacan 4 líneas de investigación en los campos de la Arquitectura y la Psicología Ambiental, que giran alrededor  de su interés principal, el espacio arquitectónico: Habilidades básicas del diseñador (Instrumento de medición de la habitabilidad de diseño espacial y Modelo para el desarrollo de habilidad de diseño espacial); Investigación acerca del espacio arquitectónico (Gramática espacial, Carácter de los espacios, Calidad espacial y Evaluación espacial); Normativa de habitabilidad en espacios residenciales; y Desarrollo de modelos (Validez ecológica del modelo a escala real).  

También se detallan las diversas asignaturas de pregrado dictadas por profesores adscritos al Centro: Teoría de la arquitectura -obligatoria- (Gabriel Rodríguez), Estudio de la forma construida en arquitectura -electiva- (Moisés Snitcovsky), Teoría de la proyectación -electiva- (Enrique Vila), Psicología ambiental -optativa- (Luis La Scalea), Habilidad de diseño espacial -optativa- (Lesmes Castañeda y Edwing Otero) y Gramática espacial -optativa- (Edwing Otero). Sobresale, en particular, la realización de hasta 13 publicaciones  entre 1987 y 1997 por los miembros de su personal docente y de investigación.

Cierra la revista con una sección denominada “Prospectiva” donde se expresa: “Además de las descritas en las áreas de docencia, investigación y extensión el CEEA está proyectando actualmente una edificación que contempla una sede nueva junto con otros institutos de la UCV, tales como el CENDES, IDEC, Instituto de Urbanismo, CENAMB y Fundación UCV. Esa nueva sede del CEEA prevé un laboratorio con capacidad para simular espacios  de hasta 350 m2 y dos pisos de altura lo cual va a permitir ampliar el campo de las investigaciones integrando disciplinas como estructura e instalaciones en tipologías de vivienda, educacionales, recreativas e industriales”, proyecto que finalmente no cuajó.

El espacio que le fue asignado inicialmente al LEE, luego “heredado” por el CEEA, al extremo este de lo que eran los antiguos talleres de composición ubicados en el ala norte del edificio de la FAU, el cual en cierta medida, a diferencia del resto del ala, sufrió muy pocas intervenciones y se adaptó perfectamente a las actividades que en el Centro se realizaban, ofreció las posibilidades inicialmente de llevar a cabo las actividades docentes y posteriormente, mediante una cuidadosa intervención, ofrecer a sus investigadores las condiciones necesarias para realizar sus tareas.

Hoy en día, lamentablemente, aquel sólido proyecto armado hace ya 25 años ha dejado de funcionar de acuerdo a los planteamientos que le dieron origen y sustento. El valioso material que formaba parte fundamental en el dictado de las clases de pregrado que allí se impartían (bloques de plástico comprados con gran esfuerzo en el exterior que a modo de piezas de lego le permitían a los estudiantes construir espacios a escala natural y darse cuenta de las diferentes percepciones que ellos transmitían), está hoy en día subutilizado registrándose también la pérdida de parte de él.

Como suele ocurrir con proyectos que dependen del equipo fundador, a pesar del esfuerzo permanente por lograr conformar una generación de relevo con alta dedicación, una vez éste se alejó de la institución por diversas razones, el CEEA, coordinado después de Abadí por Francisco Martín (2003) y luego por Luis Mejía (2010), comenzó a decaer a partir de 2008 para lo cual se sumó la crisis presupuestaria y los insuficientes aportes que provenían del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la UCV.

ACA

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