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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 195

La urbanización Santa Cecilia, ubicada al este de a ciudad de Caracas, cuyo aviso de promoción aparecido en el nº 3 de la revista A, hombre y expresión de 1957 reproducimos como protagonista de nuestra postal del día de hoy, ocupó los terrenos de la que anteriormente era la hacienda “Santa Cecilia”, sin que tengamos total certeza de dicha denominación ya que en la documentación revisada en unos casos se menciona como lugar de origen a la hacienda “La Pastora” y en otros, los menos, el sector suele identificarse como parte del fundo “La Carlota”.

La posible confusión surge cuando se coteja la información que suele acompañar los antecedentes de la casa de hacienda adquirida por el Estado venezolano bajo el mandato de Raúl Leoni en 1964, que pasó a ser la residencia presidencial, conocida como “La Casona”. Bajo el supuesto de que se trata de la casa donde residían los propietarios de los terrenos ocupados hoy por Santa Cecilia, una fuente (https://es.wikipedia.org/wiki/La_Casona) nos indica que: “La Casona originalmente era una hacienda de caña de azúcar llamada La Pastora y data de la época colonial; para el momento en que el Estado la adquirió (Raúl Leoni: 1964), pertenecía a la familia Brandt”.

1. Dos obras de Federico Brandt (1878-1932) que plasman algunas vistas originales de la propiedad de su familia (hacienda Santa Cecilia). Izquierda: Paisaje de La Casona (circa 1924). Derecha: Paisaje (1924)
2. Dos fotografías dos fotografías de Guerra Toro aparecidas en 1928 en la revista Élite. Izquierda: el Patio de la casa de habitación de “Santa Cecilia” hacia el N.E. Derecha: uno de los lados de la casa.

Otra, procedente de un ejemplar de la revista Élite de 1928, transcrita en el blog “Caracas en retrospectiva” (https://mariafsigillo.blogspot.com/2015/05/hacienda-santa-cecilia.html), señala: “Don Alfredo Brandt, presagioso caballero del gran mundo caraqueño y afortunando hombre de trabajo, es propietario de la bella y feraz hacienda ‘Santa Cecilia’, situada no lejos de la capital, en los estribos de la Cordillera de la Costa, con agua abundante e infinitos y sugestivos paisajes. La casa de habitación es amplia y de neto estilo colonial. El jardín es de gran dimensión, engalanado con chaguaramos y araucarias, también de estilo colonial. El señor Brandt reside en ‘Santa Cecilia’ buena parte del año, y allí ofrece a sus amigos fiestas esplendorosas”, reseña que venía acompañada de dos fotografías de Guerra Toro: una que mostraba el Patio de la casa de habitación de “Santa Cecilia” hacia el N.E. y la otra de uno de los lados de la casa, precisándose que “son de gran belleza las ventanas forjadas según diseño del noble Federico Brandt” (1878-1932) que, como se sabe, fue un destacado pintor venezolano quien a su vez dejó plasmadas hacia 1924 algunas vistas originales de la propiedad.

Sea como sea pareciera que la familia Brandt era la propietaria de los terrenos donde se desarrolló Santa Cecilia y luego de venderlos se había reservado para sí la casa de hacienda que posteriormente se convertiría en residencia presidencial (restaurada y ampliada por los arquitecto Andrés Enrique Betancourt y Javier Camargo pasando de la escala de la casa original a la de una gran mansión que se habita finalmente en 1967). Sería la empresa Venezolana de Inversiones C.A. (VICA) la que compraría y urbanizaría los terrenos y posteriormente los pondría a la venta acompañados de las viviendas tipo diseñadas por Diego Carbonell (1923-1998), a la sazón Gerente General de la constructora.

El aviso publicitario, es todo un manifiesto gráfico dirigido a la clase media emergente de la ciudad de aquellos años, interesada en alcanzar lo que recoge la frase que lo acompaña: “tener casa propia es vivir seguro”, en momentos en que una quinta que se ubicara en una de las zonas de expansión de Caracas, lejos del ruido y el movimiento propios del centro y a la vez cerca de él, era un sueño posible de alcanzar. La propaganda también permite identificar el logo de E VICA (Edificaciones VICA), subsidiaria de la ya mencionada VICA, responsable de la urbanización de buena parte del este y el sureste de Caracas.

3. Vista aérea actual de la urbanización Santa Cecilia.
4. Vista general de la urbanización Santa Celilia (circa 1955)

El proyecto de urbanismo que Carbonell propone para Santa Cecilia a través de VICA en 1955, consiste en la construcción de 260 viviendas unifamiliares aisladas, las cuales se ofrecen para ser adquiridas con facilidades de crédito; y 2 edificios, uno de 160 apartamentos y otro de 260, previstos para venderse en el régimen de propiedad horizontal. Cinco años después (1960) la urbanización ya había alcanzado el crecimiento evidenciado en la fotografía de M. A. Marsiccobetre que hemos colocado sobre estas líneas.

5. Urbanización Las Mercedes. Vista de la avenida principal (circa 1953)
6. Urbanización Las Mercedes. Izquierda: Vista de la avenida principal a inicios del desarrollo de la urbanización (1947). Derecha: Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe en plena construcción (circa 1955)
7. Urbanización Las Mercedes. Izquierda: Centro Comercial Las Mercedes, sobre la avenida principal. Don Hatch (1955). Derecha: Colegio Campo Alegre, calle La Cinta (circa 1955)

Por otro lado quizás valga la pena recordar que Venezolana de Inversiones C.A. (VICA) se crea en 1943 con el objetivo de urbanizar los terrenos de las haciendas Las Mercedes y Valle Arriba propiedad de la familia Eraso quien junto al ingeniero civil mexicano Gustavo San Román pasaron a ser sus principales accionistas.

Así, tanto el crecimiento de las empresas extranjeras dedicadas a la extracción y comercialización del petróleo venezolano como de los requerimientos de dotación de viviendas, institutos educacionales e instalaciones recreativas que su personal ejecutivo y profesional demandaba, condujeron al visionario empresario San Román a plantear, luego de construirse la urbanización El Rosal, en las dos urbanizaciones planificadas en terrenos de la hacienda de los Eraso (Las Mercedes y Valle Arriba) los primeros desarrollos habitacionales hacia el sureste de Caracas acompañados de: un hotel de categoría internacional (el Hotel Intercontinental Tamanaco, Gustavo Guinand van der Valls, asociado a la firma de Chicago Holabird, Root & Burgee, 1953); un novedoso centro comercial (con uno de los primeros automercados del país, Don Hatch, 1955); un colegio (el Colegio Campo Alegre, fundado en 1937 en la urbanización homónima y que se trasladó a su actual sede en la Calle La Cinta, Urb. Las Mercedes); una iglesia (la Iglesia de la Guadalupe); un club (el Valle Arriba Golf Club, John R. Van Kleek, 1942-1947); y dos bombas de gasolina sobre la avenida princpal de Las Mercedes: una al inicio de la Royal Dutch Shell (Carlos Augusto Gramcko/José Lino Vaamonde, 1959) y otra al final de la Creole Petroleum Corporation. Adicionalmente como apoyo al Tamanaco y para paliar la escasez de vivienda de alquiler temporal en la zona se construiría el edificio La Hacienda (1957) proyecto de Diego Carbonell.

De la importancia de VICA como empresa y su condición de lugar donde el crecimiento profesional estaba garantizado gracias a la cantidad y diversidad de trabajos que se desarrollaban, da fe Gerardo Sansón quien fuera Ministro de Obras Públicas entre noviembre de 1948 y octubre de 1952. Sansón, en efecto, es llamado a ocupar la cartera de Obras Públicas luego de trabajar entre 1943 y 1948 en VICA donde se desempeñó primero como su Vicepresidente y luego como su Presidente.

En el libro Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna de Juan José Martín Frechilla se recoge en el “Diálogo oficial con Gerardo Sansón” como éste pasa del MOP de Tomás Pacanins, luego de ocupar diversos cargos, a VICA en 1943, para luego regresar al MOP en 1948, relatando acerca de su experiencia en la empresa lo siguiente: “Yo estuve en el Instituto (Técnico de Inmigración y Colonización) año y medio (…) y traté de hacer lo más posible por las colonias. (…) Pero la VICA ya estaba funcionando, era una compañía nueva de construcción y proyectos que me propuso me fuera a trabajar con ellos de una manera más firme y me fui entonces para VICA; renuncié al Instituto (…) que tampoco era completamente lo que yo deseaba. (…) Eso era en el año 43”. Para la época de su llegada a VICA, sigue relatando Sansón, la empresa estaba construyendo Las Mercedes y “se estaba entrando en negociación con los Eraso para hacer los planos de la urbanización. Fue un proceso muy técnico porque se planificó muy bien (…) se tomó en cuenta el río Guaire que nos podía inundar Las Mercedes; se levantaron con estudios muy completos los terrenos y se construyó el muro de contención que había. Se hizo el primer puente por iniciativa privada de esa naturaleza, por cierto que Julio Bacalao (futuro Ministro de Obras Públicas en 1953) fue quien dirigió la construcción como empleado de Steling & Tani.”

También es producto del momento de máximo apogeo de VICA, ya entrados los años 50, además de Santa Cecilia, la urbanización Santa Marta, donde Carbonell igualmente ofrecía a los compradores de los terrenos un variado repertorio de viviendas unifamiliares “tipo”.

8. Estado actual de dos quintas de la urbanización Santa Cecilia

Al día de hoy, gracias a su condición de lugar de llegada y no de paso, aislado del tránsito de la ciudad y con buena seguridad debida a su vecindad con «La Casona», Santa Cecilia sigue siendo un lugar tranquilo donde sus casas han sufrido cierto deterioro e importantes intervenciones similares a los de otras zonas de la ciudad, que acompañan el proceso típico de crecimiento de las familias que las habitan buscando dar alojamiento a sus descendientes, o intentando generar espacios de alquiler que contribuyan a paliar la crisis que vive el país. Como otro claro síntoma del momento que atravesamos un buen porcentaje de ellas está a la venta.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Revista A, hombre y expresión, nº 3, 1957

  1. Izquierda: https://www.latinamericanart.com/es/obra-de-arte/paisaje-de-la-casona/. Derecha: https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Federico_Brandt_01.JPG

2. https://mariafsigillo.blogspot.com/2015/05/hacienda-santa-cecilia.html

3. Google Earth

4 y 7. Colección Crono Arquitectura Venezuela

5. Fundación Fotografía Urbana

6. Izquierda: ttps://fundamemoria.blogspot.com/2010/08/204-municipio-baruta-parroquia-nuestra.html. Derecha: https://www.pinterest.com/pin/205617539216691119/

8. https://www.conlallave.com/propiedades/espaciosa-quinta-cod-78-147-52221647.html

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 194

La muestra “Arquitectura del Brasil” montada del 13 al 31 de mayo de 1966 en los espacios expositivos ubicados en la planta baja de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la UCV, formó parte de una serie de eventos con los que Antonio Granados Valdés, mientras estuvo al frente de la Extensión Cultural de la institución, logró evidenciar una muy buena política de relaciones alcanzadas con las agregadurías culturales de las embajadas de diferentes países radicadas en el país y su capacidad de motorizar un área complementaria y necesaria dentro de la dinámica académica.

En tal sentido, los años sesenta del siglo XX permitieron que en la FAU se presentaran al menos dos exposiciones anuales provenientes de los contactos cultivados por Granados que se complementarían, en su mayoría, cada una con charlas, mesas redondas o foros que giraban en torno a cada temática, sirviendo la revista PUNTO (cuyo primer número data de 1961) como lugar para que aparecieran textos, artículos o ensayos vinculados al evento del momento lo que propiciaba un marco bastante completo para apreciar el alcance del mismo.

Adicionalmente, los espacios expositivos de la FAU se aprovechaban para dar cabida a salones de dibujo y grabado (nacionales y latinoamericanos), concursos de fotografía, exposiciones de reconocidos artistas (venezolanos y extranjeros), muestras de trabajos estudiantiles (de arte, arquitectura o fotografía) y hasta exhibiciones de artesanía popular dentro de una programación que buscaba, en lo posible, su constante animación. Además, bueno es decirlo, Granados mantenía a través de la revista PUNTO, gracias a su buena periodicidad (entre bi y trimestral), secciones dedicadas a mostrar la programación de las exposiciones diversas que se realizaban en el medio cultural capitalino a cuya dinámica se buscaba que la FAU se integrara.

Para tener una idea de la actividad que se le imprimió desde el ámbito expositivo a los espacios de la FAU gracias a las alianzas logradas por Granados puede señalarse, en lo que a arquitectura se refiere, la presentación de las siguientes muestras durante los años 1960s: Mies van der Rohe: 7-30 de junio, 1961; Arquitectura Británica: 17-31 de mayo, 1963; Frank Lloyd Wright: 12 febrero-30 marzo, 1963; 4000 años de Arquitectura Mexicana: junio, 1964; La obra de Pier Luigi Nervi: 20 de febrero al 12 de marzo, 1964; Miguel Ángel: 9 al 23 de febrero, 1965; Diseños de Frank Lloyd Wright: 30 de julio-18 de agosto, 1965; Arquitectura Finlandesa: 27 febrero-27 marzo, 1966; Arquitectura Visionaria: 28 octubre-16 noviembre, 1966; Arquitectura del Brasil: 13-31 mayo, 1966; Arquitectura del siglo XX: mayo, 1967; La construcción en Alemania: 9 de junio-9 de julio, 1967; y Ejemplos de la Arquitectura Francesa: 19 de julio-6 de agosto, 1968.

Sin ser quizás la más voluminosa, “Arquitectura del Brasil”, montada con el auspicio del Servicio Consular de ese país y muy especialmente gracias a las gestiones del señor Alberto Da Costa E. Silva, engrosó un año 1966 particularmente movido en cuanto a exposiciones exhibidas en los espacios de la FAU. La muestra fue promocionada con la suficiente antelación como para crear una expectativa que abría paso a pensar que aparecería buena parte de la que para entonces ya era la principal atracción de esa nación: la inauguración en 1960 de Brasilia, su flamante capital.

Invitación aparecida en la revista Punto nº 27, 27 de mayo 1966

Sin embargo, como se señala en la nota aparecida en PUNTO nº 27 de mayo de 1966, del total de 57 fotografías que la integraban sólo “cinco de ellas estaban dedicadas a la arquitectura de Brasilia de Oscar Niemeyer, y el resto a la arquitectura barroca y rococó de Río de Janeiro, de Salvador; de Joao Pessoa; de Recife; de Caete, Sao Joao del Rey, Mariana, Ouro Preto, Congonhas do Campo, en Minas Gerais; y de Pedro do Rio en el Estado de Río de Janeiro. Las fotografías del 1 al 5, del 10 al 15 y las Nos. 30, 34, 41, 44, 45 y 57 son del Archivo Fotográfico del Ministerio de Relaciones Exteriores del Brasil; el resto de las mismas han sido tomadas por el profesor Graziano Gasparini”. En tal sentido, es una vista lateral del templo de Nuestra Señora del Rosario en Ouro Preto, una de las 40 fotografías de Gasparini seleccionada para ilustrar la promoción hecha a la exposición a través de PUNTO lo que conforma nuestra postal del día de hoy.

Fotografías de Graziano Gasparini que acompañaron el artículo “Introducción al estudio del barroco de la región aurífera brasileña” de la profesora e investigadora Sylvia de Vasconcelos de la Universidad de Minas Gerais, publicado en el Boletín del CIHE, nº 5, mayo 1966

Brasilia, en efecto, no fue protagonista de “Arquitectura del Brasil” privilegio que si recayó sobre la producción realizada en Minas Gerais, principal centro de explotación aurífera, por el arquitecto, imaginero y escultor Antonio Francisco Lisboa conocido como “El Aleijadinho”, considerado por muchos como “el mayor nombre del Barroco latinoamericano”. De ella destacan la fachada de la iglesia de San Francisco en Ouro Preto, su ciudad natal, y las esculturas, el púlpito y los altares del mismo templo, así como el conjunto escultórico que representa a doce profetas realizado para el santuario del Buen Jesús de Motozinhos.

Si bien es cierto que alrededor de la muestra no se realizaron eventos complementarios (conferencias o mesas redondas) como en otras ocasiones, y de que PUNTO en su número 23 de junio de 1965 sólo publica el texto “Arquitectura brasilera” de Lucio Costa, que apunta fundamentalmente a señalar los antecedentes de su arquitectura moderna, sí se puede corroborar que con relación al énfasis que mostraba la exposición será el Boletín del CIHE en sus números 3, 4 y 5, de junio de 1965, enero de 1966 y mayo de 1966, respectivamente, el que recoja y ofrezca un interesante material de apoyo para entender el fenómeno del barroco en Hispanoamérica y del brasileño en particular. Allí están los artículos “Significación de la arquitectura barroca en Hispanoamérica” de Graziano Gasparini (nº 3), “’El Barroco’: estilo, época, actitud” de Jan Bialostocki (nº 4) y, muy particularmente, “Introducción al estudio del barroco de la región aurífera brasileña” de la profesora e investigadora Sylvia de Vasconcelos de la Universidad de Minas Gerais (nº 5), ilustrado con fotos de Gasparini, lo que nos hace pensar que hubo una clara sincronía entre los temas tratados en la publicación con la llegada a nuestro país de la exposición.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 193

TAURO 13, de cuyo primer número aparecido en octubre-noviembre de 1964 hemos extraído la portada para ilustrar nuestra postal del día de hoy, es uno de los tres proyectos editoriales pioneros de corte estudiantil que se registran dentro de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV a lo largo de la década de los años 60 del siglo XX. El primero de ellos fue la revista TALLER (1963) y el otro Problemas de Arquitectura (1965). Reconocía cada uno grupos de intereses diferentes y si bien el empuje estaba dado por el entusiasmo estudiantil, siempre se detecta la presencia de arquitectos graduados y profesores dentro de los equipos de redacción. Nacen todos a remolque de la aparición de PUNTO (1961) dejando que también reluzca como contraparte de corte estrictamente académico el Boletín del CIHE (1964).

Adentrarse en el número 1 de TAURO 13 (de cuya denominación más allá de posibles asociaciones astrológicas desconocemos el origen), significa en primer lugar detectar a través de la página que contiene los créditos que se identificaba como “revista de arte y arquitectura” y que aspiraba a salir “cada seis semanas”, meta esta última muy común dentro del fragor inicial que da origen a toda publicación periódica que por lo general no se alcanza pero que en este caso, de manera excepcional, lo hizo hasta su desaparición tras 4 números en 1965.

Tampoco estaría de más registrar que funge de director de la revista el bachiller Víctor Álvarez Brunicardi, quien estuvo acompañado por un Comité de Organización integrado por los estudiantes Aminta Calonge, Joseba Pontesta y Enrique Maio. Como colaboradores aparecen los también alumnos Jorge Ortiz, Maritza H. de Irribarren, Leopoldo Sierralta, Bernabé Ruiz, Rafael Irribarren, Ramón León y los arquitectos Luis Manuel Trómpiz, Julio Riquezes, Paco Bermúdez, Oscar Tenreiro Degwitz y Pedro Sosa Franco. La diagramación estuvo a cargo del arquitecto Gerónimo Puig Gómez (autor también del dibujo de la portada) con el apoyo de Álvarez Brunicardi.

Del contenido de este primer número destacan varios aspectos algunos recogidos en el Editorial, pieza por demás curiosa redactada de manera un tanto disconexa que dificulta su lectura y en consecuencia la orientación del lector.

Así, como queriendo enfatizar que se tiene siempre en mente la relación arte-arquitectura, los editores proclaman: “Iniciamos hoy estos trabajos sobre arquitectura con miras a la par (sic) técnicas y divulgativas y pretendemos siempre referirnos a ella hablando como hombres y como artistas, en plan apolíneo y en son fáustico”. Y más adelante: “El primero de los aspectos lo tomaremos cuenta habida de que la producción arquitectónica tiene sus aspectos formales, sus concretas líneas limitadoras y vuela más allá de la mirada, y lo que es más: entre esa urdimbre de líneas que hacen masas con sentido práctico, se esconden vacíos INÚTILES que sugieren vértigos indecibles, valorables en mundos estéticos superiores”, para rematar manifestando: “La Arquitectura tiene un valor pragmático que de suyo produce sugerencias artísticas, y de allí su maravilla, su utilidad gloriosa”.

El algo confuso “lenguaje estudiantil” utilizado esconde sin duda buena parte del debate y la orientación de la enseñanza de la arquitectura de aquellos años, la cual se enmarca en términos de “función social” y “aspiración creadora”. De allí que “El estudiante de hoy, más que nunca tiene al lado de sus deberes de escolaridad, los supremos de comprender la verdad de toda la programática social, en nuestros días más dramática que nunca, debido al crecimiento de las poblaciones y a las realidades económicas impresionantes”. Se deja pues en los hombros del estudiante el perfeccionamiento de “sus conocimientos de lo social y lo humano que hora a hora advierte el ruido de la dinámica que nunca para de manifestar su rumor y eco de sus transformaciones” y el desarrollo de un actitud “vigilante a esos fenómenos sociales (…) para entenderlos y manejarlos a cabalidad, y con las herramientas de la profesión que está buscando tratar de darles solución justa y adecuada a la problemática de esos fenómenos”.

Pasar del Editorial a revisar el contenido del primer número de la revista significaría comprobar si tras el material presentado aparece toda o buena parte de la declaración manifestada lo que no deja de ser una interesante tarea. De tal manera, valga decir que el resto de sus 28 páginas están dedicadas a presentar dos proyectos estudiantiles de VI semestre procedentes de dos Talleres de Composición distintos y un tercero elaborado por un arquitecto en ejercicio.

Del primero de ellos, al que se dedican 12 páginas, y que sin duda busca ser el más demostrativo de lo planteado por los editores, resalta en primer lugar el tema (“Unidad de vivienda prefabricada para uso provisional”) y en segundo lugar el alto nivel de manejo técnico y expresivo de su autor (el estudiante Leopoldo Sierralta, cursante en el Taller Vegas bajo la guiatura de los profesores Américo Faillace y Oscar Tenreiro), todo lo cual se encuentra acompañado de un material de lectura que recoge: I.- El problema (objetivos y determinantes); II.- Partido adoptado-agrupaciones; III.- Determinantes de la solución (módulo base); IV.- Materiales; V.- Síntesis, para cerrar, por un lado, con los Detalles: tabiques estructurales, elemento de cubierta, elemento de piso; y, por el otro, con el Proceso de Montaje. A la carga de tipo técnico y constructivo que acompaña la propuesta se le contrapone la presentación de la planta, cortes y despieces impecablemente dibujados.

El segundo trabajo estudiantil publicado (“Edificio para una compañía de publicidad”) cuyo autor es Jorge Ortiz, perteneciente al Taller Tobito, ocupa seis páginas y ofrece otra cara diferente que habría que cotejar con las expectativas que la publicación desea alcanzar. Posee este trabajo ya no un compromiso con lo social sino con la capacidad de manejo del oficio a través de forma, espacio y función donde la imagen corporativa y la flexibilidad de la planta para aceptar diversos acomodos pasan a tener un papel predominante.

Se añade al número el material correspondiente a un anteproyecto para una “Vivienda en Alto Hatillo” del arquitecto Pedro Sosa Franco, donde a excepción de demostrar la asimilación de las enseñanzas de Le Corbusier en cuanto al partido arquitectónico asumido, su implantación y manejo de las principales variables involucradas, se encuentra muy difícil de explicar el por qué de su presencia en una revista con las características de la que estamos reseñando.

Se completa el nº 1 de TAURO 13 con una nota acerca de la “Promoción Julián Ferris” de egresados de la carrera en la que se señala la lista de integrantes de la misma, las importantes razones por las que se seleccionó el nombre de Ferris para denominarla y las características de los dos actos académicos que la conformaron.

TAURO 13, como ya dijimos, pudo cumplir con la periodicidad de seis semanas que originalmente se planteó aunque, de acuerdo a la información que manejamos no logró pasar del número 4 (1965). Este último ejemplar habla de una revista que ha logrado consolidarse, que ahora  apunta “a la crítica del arte y la arquitectura”, se encuentra bajo la misma dirección (Víctor Álvarez Brunicardi); ha modificado e incrementado los integrantes del ahora llamado “Comité de redacción” (Maritza Hullet de Iribarren, Raúl Fuentes, Eliana Buschbeck, Rafael Iribarren, Joseba Pontesta, María E. Planas y Enrique Maio); cuenta con un amplio y reconocido número de colaboradores (Jesús Tenreiro Degwitz, Guillermo Yépez Boscán, Luis Castro, Elías Toro, Ignacia Fombona, Frank Peñaloza, Juan Pedro Posani, Mario di Polo, Roger Bonet, Gorka Dorronsoro, Humberto Farfán, Thelma Silva, Magaly Ruz Brewer, Alejandro Galbe y Gloria Valencia); responsabiliza de la fotografía a Armando Chapellín y José Sigala, de la diagramación a Bernardo Suárez (quien además diseña la portada) y de la impresión a la Editorial Latina, la misma que asumió tal tarea desde el propio nº 1 manteniéndose su formato casi cuadrado.

Cuenta con secciones tales como “Cartas de los lectores”; abre la oportunidad al profesor Elías Toro para que reflexione acerca de “¿Talleres Verticales?”; muestra la propuesta presentada para el Concurso de la ampliación del Colegio de Ingenieros de Venezuela elaborada por el equipo Gorka Dorronsoro-Juan Pedro Posani; ofrece sus páginas a diversos tópicos relacionados fundamentalmente con la literatura; y presenta como era la usanza del momento un “Directorio Profesional” y propaganda.

Los estudiantes “hijos de una patria que en lo demográfico y económico ha crecido sin armonía ninguna, y por eso es el deber de buscarle camino a lo que está en marcha o marchando inadecuadamente” (tal y como rezaba en el Editorial del nº 1) y la presentación de sus trabajos como efecto demostrativo quedaron en el olvido.

ACA