Archivo de la etiqueta: Postales

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 198

El plano de “Caracas y alrededores” con el que hoy ilustramos nuestra postal, fechado en 1954, muestra una ciudad en expansión que ha roto definitivamente los límites que antes le imponía el damero fundacional ocupando prácticamente todo el valle, extendiéndose incluso hacia el sistema de colinas del sudeste. Esta expansión responde, tal y como afirman Nancy Dembo, José Rosas e Iván González V. en “Caracas, modernidad y escala urbana: una aproximación interdisciplinaria” (texto aparecido en la revista Tharsis de julio-diciembre 2004), ineludiblemente a la geografía accidentada del valle de Caracas que condicionará y determinará las lógicas de la planificación urbanística, su infraestructura y los proyectos de arquitectura propuestos”. Sumado a una sucesión de planos que tienen al Plano Regulador de Caracas de 1951 su fuente principal, de este que hoy presentamos también se puede concluir que apunta a configurar “una estructura urbana y una lógica que se caracteriza por: 1) la ocupación total del valle de Caracas; 2) la consideración del valle y los potenciales del marco geográfico en que encaja, incluyendo su desarrollo hacia el litoral costero al norte y los valles transversales hacia el sudeste; 3) la consolidación de un centro principal en lo que era la ciudad de 1934 y la extensión de ésta hacia periferias suburbanas residenciales y núcleos de equipamiento especializado; 4) la importancia de una infraestructura vial que permita la lógica de extensión esbozada.”

Impreso a color en la Litografía Artística Cartográfica, Caracas, sabemos que una reproducción original reposa en lo que hoy se conoce como el Instituto Geográfico de Venezuela Simón Bolívar (IGVSB), denominación proveniente de la promulgación el año 2000 de la Ley de Geografía, Cartografía y Catastro Nacional. Anteriormente conocido con el nombre de Dirección de Cartografía Nacional, su fundación se remonta a 1935 fruto de la fusión de la Oficina de Cartografía Nacional, adscrita al Ministerio de Relaciones Interiores, con el Servicio Aerofotográfico del Ministerio de Obras Públicas (MOP), pasando luego a pertenecer (1976) al Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales Renovables (MARNR), ubicándose desde 1966 en el edificio “Camejo” situado en la avenida Este 6, uno de los dos “gemelos” proyectados por José Antonio Ron Pedrique, respetando el eje compositivo del Centro Simón Bolívar previsto con anterioridad dentro del Plan Rotival (1939).

La elaboración del plano que nos ocupa estuvo a cargo de Walter Troiani y Gustavo Pastorelli y si por algo se identifica es por amplíar aún más la visión del valle, especialmente hacia el sur. Tiene todas las características de ser un documento cuya vocación es la promoción turística por la manera algo ingenua en que es dibujada la costa venezolana en la franja inferior, mostrando la imagen que percibiría alguien que se aproxima a ella por la vía marítima.  También llama la atención que la franja señalada se encuentre flanqueada a un lado por la figura de Neptuno (a la izquierda) y por un dibujo, si se quiere infantil, de la estatua ecuestre del Libertador (a la derecha), permitiéndonos suponer que estaba dirigido a visitantes o inmigrantes italianos dada la procedencia de quienes tuvieron a cargo su diseño. En todo caso, tanto por la denominación de la empresa que lo imprimió como por la manera como está ilustrado el plano pareciera estarse buscan mezclar lo cartográfico con “lo pictórico” utilizándose, sin duda, una base suministrada por el MOP muy similar a la presente en varias publicaciones de la época de entre las cuales destaca el “Mapa de Caracas y sus alrededores” editado a modo de guía turística por la Shell el mismo año de 1954.

Detalles del plano que reposa en el Instituto Geográfico de Venezuela Simón Bolívar (IGVSB)

En el plano que reposa en el IGVSB hemos podido apreciar una sutil e importante diferencia con el que hoy publicamos del que suponemos es una versión. Ella consiste en haber colocado centrado, a un lado del escudo de armas de la ciudad (que puede notarse abajo y a la izquierda), una especie de pergamino en el que se aportan datos de la fundación de Santiago de León de Caracas. Por otro lado, la rosa que señala los puntos cardinales (ubicada arriba a la derecha), superpuesta al globo terráqueo, sugiere la posibilidad de que el plano forme parte de una colección.

Con respecto al sentido que cobra la sucesión de grafismos y emblemas que aparecen en la banda superior acompañando la denominación del plano, donde destaca, de nuevo, el escudo de armas de la ciudad y al centro una flor de lis (que, como se sabe, es usada de manera muy importante en heráldica y cuya simbología varía entre representación de la realeza y la de diferentes órdenes, gremios o instituciones), deducimos que parecieran obedecer a un criterio eminentemente decorativo al que quizás recurrieron los diseñadores echando mano de sus referencias culturales más próximas.

En resumen, este curioso plano no propone, tal y como apuntáramos al inicio, nuevas claves en lo que a comprensión de la ciudad se refiere más allá de mostrarla en toda su extensión. Su carácter “pictórico” de uso fundamentalmente turístico es quizá lo que le permite formar parte de la saga que desde estas páginas hemos venido mostrando desde hace un buen tiempo.

IGV

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 197

Si algún concurso nacional de arquitectura copó la escena venezolana en una década cargada de certámenes de ese tipo, fue el que se abrió en 1986 para proyectar la sede de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas (FCJP) de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Siendo una de las instancias más longevas de cuantas conforman la primera y más antigua casa de estudios del país, la FCJP junto a su sede habían quedado inexplicablemente relegadas dentro del desarrollo del campus de la Ciudad Universitaria de Caracas, debiendo ocupar “temporalmente” parte del edificio destinado a la Facultad de Humanidades y Educación (FHyE), hasta tanto se resolviera el lugar y condiciones más propicias para dar el paso de dotarla de espacios propios y de una edificación digna de su estatus histórico dentro de los estudios universitarios. En otras palabras, el impulsar la realización de esta obra se había convertido para la UCV durante muchos años en una importante asignatura pendiente sometida a las presiones de quienes podríamos considerar sus influyentes dolientes.

Quizás valga la pena recordar que, según se recoge en http://www.ucv.ve/organizacion/facultades/facultad-de-ciencias-juridicas-y-politicas/acerca-de-la-facultad/resena-historica.html: “El inicio de los estudios de Derecho en el país se remonta al 16 de agosto de 1716, cuando bajo los auspicios del Obispo Fray Francisco del Rincón, el licenciado Antonio Álvarez de Abreu inauguró una Cátedra de Instituta o Leyes en el Seminario de Santa Rosa de Lima, con el fin de instruir a los jóvenes del país en el conocimiento jurídico. Estos estudios no facultaban para el ejercicio profesional, debiéndose dirigir los interesados a otros países para culminar su preparación. Posteriormente, al ser elevado al Seminario de Santa Rosa a la categoría del Real y Pontificia Universidad de Caracas, la de Leyes fue una de las nueve Cátedras con las cuales la Universidad creada en 1721 comenzó a funcionar el 9 de agosto de 1725. (…) Una vez consumada la independencia, el gobierno republicano incrementó los programas con el estudio de Derecho Público y de Gentes, así como también en la Constitución Nacional. Posteriormente, los Estatutos Republicanos del Libertador de 1827 unificaron los estudios de Cánones y Civil en la Facultad de Jurisprudencia, a la vez que incluían un nuevo plan de estudios para la misma. (…) La antigua Facultad de Jurisprudencia, que luego se denominó Facultad de Ciencias Políticas, Facultad de Derecho y, a partir del año 1976, Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, está constituida por dos Escuelas: La Escuela de Derecho y la Escuela de Estudios Políticos y Administrativos; por cuatro Institutos de Investigación: Instituto de Estudios Políticos, Instituto de Ciencias Penales y Criminología, Instituto de Derecho Privado e Instituto de Derecho Público, además de un Centro de Estudios para Graduados.”

Así, cuando las autoridades de la UCV emprenden el proceso que conduciría a determinar la localización y programación de lo que sería la sede de la institución, con el auspicio del Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV), dejan en manos del profesor Alfredo Roffé la elaboración de una acuciosa y detallada programación del edificio y de la Dirección de Planeamiento la decisión de ubicarla en los terrenos localizados en el sector al norte de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU), ocupados durante años por una serie de galpones de carácter provisional consolidados a través del tiempo.

Pero, sin duda alguna, fue la posibilidad de incorporar una edificación nueva dentro de un campus considerado una referencia nivel mundial, proyectado por Carlos Raúl Villanueva, el atractivo y el reto que venia asociado a este concurso, lo cual produjo una importante convocatoria a la que acudieron un alto número de participantes, pese a las restricciones programáticas, las exigencias que privaron para la entrega del material a ser evaluado y al nivel de desarrollo que se aspiraba alcanzaran las propuestas.

El veredicto del jurado integrado por Martín Vegas (quien lo presidió), Domingo Álvarez, Juan Pedro Posani, Eduardo Sanabria y Humberto Sardi arrojó como ganador el trabajo presentado por Guillermo Frontado y Enrique Larrañaga (egresados ambos de la primera promoción de arquitectos de la Universidad Simón Bolívar en 1977, quienes contaron con Franco Micucci como colaborador), correspondiéndole el segundo premio a John Gardner, Alfredo Leoni y Maciá Pintó.

La sociedad Frontado-Larrañaga venía de obtener en 1985, junto a Vilma Obadía y Alberto Rivas, Mención Honorífica en el Concurso para el Palacio Municipal del Distrito Sucre, Caracas, Venezuela. Por otra parte, Larrañaga, asiduo participante en eventos de este tipo había sido reconocido con el segundo premio en el Concurso para el Centro Cívico San Cristóbal, San Cristóbal, Venezuela en 1979 junto a Lourdes Bracho; con el segundo premio en el de la Plaza Caracas, Caracas, Venezuela, en equipo con Lourdes Bracho y Margarita De la Iglesia también en 1979; y con el segundo premio en solitario en el Hands-on Steel Competition, Yale University School of Architecture New Haven, CT (1982), mientras cursaba estudios de maestría en esa institución.

Portada de la revista PUNTO nº 66-67 de 1997 donde se registra los resultado del concurso para la sede de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas (FCJP) de la Universidad Central de Venezuela (UCV)

Los resultados, expuestos al momento del veredicto en la sede del CAV en La Urbina y luego en la FAU UCV, aparecen en una completa reseña publicada tardíamente en la revista PUNTO nº 66-67 de 1997, dedicado al tema “Arquitectura y política” que, valga decir, estuvo durante más de 12 años preparada y lista para salir pero que los constantes problemas presupuestarios y burocráticos de la universidad impidieron que así fuera.

El texto elaborado por Frontado y Larrañaga para PUNTO, titulado “Proyecto para la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas /UCV”, por tanto, data de una fecha muy cercana al momento del desenlace del certamen. En él desarrollan, a modo de introducción, una declaración de principios acerca de lo que para ellos significa participar en concursos de arquitectura que hemos considerado importante reproducir, ya que soporta con toda claridad la actitud irreverente pero consecuente con sus ideales de la propuesta presentada: “Participar en un concurso de Arquitectura ha sido para algunos visto como la entrada a una competencia profesional de carácter casi deportivo, en la cual cada arquitecto debe demostrar sus habilidades creativas, lucir sus cualidades, y ganar la justa. Nuestra aproximación a los concursos ha venido siendo, desde hace algún tiempo diferente. La responsabilidad implícita en la reunión de un grupo de profesionales pensando sobre un mismo problema tiene que conllevar una aproximación más comprometida con la naturaleza del ejercicio profesional, libre de las presiones diversas presentes en otras situaciones de proyecto. Esta situación extraordinaria no puede ser desperdiciada en otra ordinaria actitud de enfrentamiento, de competencia, de disputa, sino de confrontación ideológica, de compartir (hasta quizá enfrentar), valores, modos, posiciones y prioridades, en beneficio de la intensidad y utilidad del debate profesional, pero también, y acaso principalmente, de la responsabilidad de la profesión ante temas de interés publico, como suelen ser los propuestos en los concursos. No nos interesa dilucidar destrezas, si ellas están mal orientadas y van a producir resultados equivocados, que hubiéramos podido evitar: no nos interesa ‘ganar’, si es a base de perder nuestra dignidad y respeto personal, pretendiendo ignorar la importancia de determinados hechos porque así convenga a nuestra vanidad; no nos interesa, tampoco, ser ‘creativos’ u ‘originales’, siendo ciegos o, cuando menos, ingenuos, porque no nos interesa creer, ni creemos, que las acciones del ser-arquitecto sean independientes de las acciones del ser-ciudadano, ni que las acciones del gremio puedan mantenerse autónomas o antagónicas a los hechos de la ciudad.”

Láminas de la propuesta ganadora presentada por Enrique Larrañaga y Guillermo Frontado

La propuesta en sí se planteó como estrategia, en primer lugar, alejarse de las restrictivas condiciones impuestas en las bases concurso con la finalidad de seguir con la línea de pensamiento ya expresada. “El planeamiento estrechamente pragmático sobre la disponibilidad de terreno” y el entender que “la manera como se planteaba la pregunta para el concurso conllevaba una serie de respuestas equivocadas”, llevaron a los autores a “la búsqueda de la pregunta adecuada, referida a las condiciones propias y permanentes del programa y de su sitio”. Por tanto, “… se buscó evidenciar la contradicción existente en el planteamiento elaborando una alternativa técnica a los condicionamientos impuestos por las circunstancias existentes, al proponer una estructura puente por encima de los galpones que obstruían una ubicación saludable y conveniente, que así permitió disponer el edificio de una manera cónsona con el sistema general de la Ciudad Universitaria”.

Se asumía así un esquema típicamente corbusiano que permitía liberar las plantas bajas para ubicar allí las actividades de mayor afluencia de público, dejando para lo que se elevara el resto de las actividades desarrolladas alrededor de un sistema de patios: aulas y oficinas por un lado y biblioteca por el otro.

El jurado, según palabras de los ganadores, tuvo el coraje de ir más allá de los límites impuestos para “respaldar un planteamiento que creyó más sano”, dejando como evidencia del camino a que conducía el estricto cumplimiento de las bases el otorgamiento del segundo premio.

Lo presentado por Frontado y Larrañaga, muy atractivo desde el punto de vista gráfico, como ellos mismos reconocen no era más que “el esqueleto de una respuesta arquitectónica concebida, ante todo, en términos morales”, por lo que también reconocieron en aquel momento “el valor de una institución que, como en pocos concursos, ha seguido con el proceso previsto en el mismo”, lo cual vaticinaba un final feliz que lamentablemente no se dio.

La sociedad Frontado-Larrañaga se rompió poco después correspondiéndole al segundo llevar adelante el largo, tortuoso y difícil desarrollo del proyecto definitivo que ha pasado por las fases de: anteproyecto 1989, anteproyecto revisado 1990, anteproyecto re-revisado 1993 y, conjuntamente con Vilma Obadía, anteproyecto reformulado 2000, anteproyecto reformulado revisado 2002 y anteproyecto reformulado revisado otra vez 2003/2004, siempre a solicitud de las “valientes” autoridades que lo respaldaron y en particular las de la FCPJ, quienes exigieron en 2000 y 2002 redimensionar la edificación y contemplar la posibilidad de su construcción por etapas.

Finalmente, los vericuetos burocráticos, la falta de recursos y, en definitiva, de voluntad política, impidieron que se pudiera emprender la construcción de la obra, pasando de nuevo a ser tanto la temporal ocupación de la FCJP de los espacios de la FHyE como la permanencia de los galpones que se encuentran en el terreno asignado situaciones que, como tantas otras que ocurren en nuestro país, apuntan a ser definitivas.

ACA

ACLARATORIA Y COMPLEMENTO del 23/02/2020

Enrique Larrañaga, gran amigo, miembro de la Fundación, siempre dispuesto a colaborar, nos ha escrito con la intención de precisar una serie de asuntos relacionados con la publicación la semana pasada, como acompañamiento a la Postal nº 197, de la propuesta ganadora del Concurso para la sede de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas (FCJP) de la UCV, la cual elaboró junto a Guillermo Frontado con la colaboración de Franco Micucci.

Nos aclara Enrique, con razón, que la imagen que ilustra la postal no forma parte del material presentado para el concurso en 1986, el cual si se recoge en el desarrollo del texto proveniente de la revista PUNTO nº 66-67. El dibujo en cuestión corresponde a la propuesta presentada en 1990 cuando ya trabajaba en solitario, la cual estuvo precedida por “dos anteproyectos anteriores (el ‘formal»’ se presentó en 1988 y la universidad entró en un larguísimo paro durante el cual se desarrolló otro en 1989 y, ya en 1990, el que se presenta en la Postal)”, todo lo cual no hace sino sumar más elementos al largo camino que se tuvo que transitar.

También nos aporta que posteriormente a la propuesta de 1990 “…se produjo un largo hiato que, pasando por tres decanos, tuvo varios intentos infructuosos de retomar el hilo. Ya en 2000, con las nuevas directrices del Plan Rector (Dorronsoro-Posani) se hace un nuevo anteproyecto (contratado por INSURBECA y desarrollado junto a Vilma Obadía) que otra vez cae en espera, se ajusta en 2001, luego en 2002 y creo que finalmente en 2004 o 2005 pero sin éxito para seguir adelante”, como bien señalamos en la nota de la semana pasada.

Luego de sumar algunas vicisitudes internas acaecidas en la FCJP que han colaborado a que el trabajo se haya congelado, sin que por ello Larrañaga haya dejado de insistir en devolverle la temperatura y ritmo necesarios con el apoyo del exdecano Alberto Arteaga (quien estaba al frente de la FCJP al momento de convocarse el concurso), señala lo siguiente: “…de los más de 25.000 m2 que se pedían en el concurso, la última versión (ya no en desarrollo vertical sino en algo así como ‘dos niveles y dos medios’) no llega a 17.500 m2; igual, no es una tontería de metraje…”.

Para finalizar, nos refrescó Larrañaga las razones de la “inexplicable” ausencia de un edificio para la FCJP dentro del campus de la Ciudad Universitaria de Caracas en los antiguos terrenos de la hacienda Ibarra, que creemos importante compartir dentro del tono coloquial y de confianza con que nos escribió: “Cuando se propone mudar la Universidad ‘allá lejísimos’, parece que los abogados (siempre una fuerza en el país y la universidad) no estaban muy complacidos con la idea (me imagino que algunos también pueden haberse sentido más a gusto en los edificios semi-góticos del centro que con las ‘extravagancias’ que proponía ese muchachito Villanueva por allá perdidos, más lejos que el final de la ciudad). Encontraron la excusa perfecta: el Poder Legislativo nos consulta con frecuencia y donde estamos es sólo cuestión de cruzar la calle. Haya sido por esa comodidad o por la anteriormente descrita resistencia, el hecho es que no se mudaron por decisión propia. Hasta que con los años me imagino se habrán sentido como aislados en el Centro, el edificio se convirtió en Biblioteca Nacional y Palacio de las Academias, y Derecho (creo que aún no existía Estudios Políticos) quedó errante. Con su poder y tamaño, invadieron el edificio de Humanidades y lo dominan aunque sigan estando en una posición marginal; y de ahí a los galpones, donde fundamentalmente funcionan post-grados (previsto que se muden a un edificio que diseñó Jesús Tenreiro y que también espero; aunque ese tiene proyecto completo con toda la ingeniería de detalle) y algunas aulas de Estudios Políticos (uno de los galpones es o al menos era de Bioanálisis y el otro de Ingeniería ambos bastante poco utilizados)”. Este completo relato creemos redondea y complementa de forma cabal el texto que elaboráramos la semana pasada por lo que no nos queda sino agradecer a Enrique y proceder, por lo pronto, a cambiar la imagen publicada de la postal nº 197 por la correcta, colocando en su lugar la elaborada como plano de conjunto formando parte de la entrega del concurso en 1986. La incorrecta aparece hoy encabezando la nota a modo de recordatorio y la corregida como punto final.

Postal nº 197 definitiva


Cuando montemos el texto ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL en el blog de la Fundación llevaremos a cabo los ajustes e incluiremos la información generosamente aportada por uno de nuestros más asiduos seguidores.

ACA