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Expo Milán 2015, ultima exposición de gran envergadura con categoría de “universal” realizada hasta los momentos de entre las organizadas por la Oficina Internacional de Exposiciones (BIE), estuvo precedida por Expo Shanghái 2010 y la sucederá la Expo 2020 a realizarse en Dubai. Milán, que se promocionó con el lema “Alimentar el planeta, energía para la vida”, se ganó en la 143ª Asamblea General de la BIE realizada en 2008 en París, obteniendo 86 votos de los 151 delegados presentes, el derecho a organizar el evento por sobre la ciudad turca de Izmir (o Esmirna), que compitió proponiendo como temática “Nuevas vías hacia un mundo mejor/Salud para todos”.



El interesante tema adoptado por los organizadores de la feria permitió la conformación de un equipo integrado por Jacques Herzog, Mark Rylander, Ricky Burdett, Stefano Boeri y William McDonough quienes, abocados de manera entusiasta a proponer una visión radicalmente nueva de lo que tradicionalmente han sido este tipo de eventos, ya para septiembre de 2009 ofrecieron las imágenes de un Master Plan que recogía un “concepto intelectual” alejado del convencional patrón formal y urbanístico que ha caracterizado a las Exposiciones Universales desde el siglo XIX. De lo que se recoge en la reseña “Milan Expo 2015” elaborada por ArchDaily (https://www.archdaily.com/34772/milan-expo-2015) nos encontramos con que los proyectistas planteaban, trabajando con el tema “Alimentar el planeta, energía para la vida», que la exposición fuese “un jardín botánico planetario que ‘alimentará a Milán literal, espiritual e intelectualmente’ ”. Así, “los arquitectos crearon el marco para la exposición y organizaron un puente ortogonal que contiene un Parque agroalimentario y está rodeado de vías fluviales. (…) La idea de este jardín botánico planetario se basa en los planes urbanos romanos antiguos que incluían ejes gemelos (el cardo y el decumanus) con un foro central. Los dos ejes crean una cuadrícula de espacios donde algunos serán desarrollados por la exposición y otros espacios se darán a países individuales para que los diseñen. (…) En el nuevo plan, el primer eje incluye un bulevar de 1,4 kilómetros de largo donde los visitantes pueden caminar o andar en bicicleta, y un segundo eje que reflejará las geometrías de las tierras de cultivo circundantes. En lugar de un foro, una gran mesa planetaria permitirá que las personas descansen mientras miran cada pabellón y prueban los alimentos producidos y ofrecidos por los diferentes países representados. (…) Los cinco arquitectos también repensaron las formas del agua ‘para centrar la atención y los recursos en la recuperación y la reurbanización de las granjas públicas y municipales’. La red de canales que atraviesan el campo extenderá la energía viva del sitio de la exposición a áreas más allá de sus límites inmediatos”.

Una vez inaugurada el 1 de mayo de 2015, durante los 184 días que estuvo abierta hasta el 31 de octubre, se contó con la participación de 145 países, se incorporaron 23 mil trabajadores y la visitaron 21 millones de personas superando todas las expectativas inicialmente previstas.


La participación de Venezuela en ExpoMilán 2015, tuvo la particularidad de que, a diferencia de la mayor parte de las veces en que el país lo ha hecho, en esta ocasión no se presentó con un pabellón propio. El espacio que ocupó se encontraba ubicado en la zona de los denominados “cluster”, una serie de pabellones de menor extensión compartidos entre los países con menos recursos y agrupados de acuerdo a una temática alimentaria sumando un total de nueve: arroz; cacao y chocolate; café; frutas y hortalizas; especias; biomediterráneo; islas, mar y alimentos; tierras áridas; y cereales y tubérculos. Venezuela, que tomó la decisión de participar en la Expo a última hora compartió el “cluster” de cereales y tubérculos con Bolivia, Congo, Haiti, Mozambique, Togo y Zimbabwe.
La incorporación tardía de Venezuela a la Expo llevó a ubicarla de manera un tanto forzada dentro de un sector dominado por temas que no constituyen su eje principal de producción, lo cual obligó a los comisarios y representantes nacionales a elaborar un discurso, cargado en buena parte de ideología, que lo justificara.
De hecho, tal y como aparece en un amplio reportaje realizado por La Voce d’Italia (https://voce.com.ve/2015/12/23/148907/venezuela-en-expo-milano-2015-mas-alla-de-una-simple-exposicion/) hemos sabido que “según la página oficial de Expo Milano 2015, http://www.expo2015.org, ‘Cinco granos – arroz, trigo, maíz, mijo y sorgo – proporcionan el 60% del aporte energético alimenticio mundial. Para aproximadamente 700 millones de personas pobres en África, Asia y América Latina las raíces y tubérculos son los alimentos básicos y la principal fuente de calorías. Es gracias a estos datos que también se puede comprender el protagonismo que tienen los granos y tubérculos en la seguridad alimentaria actual y, al mismo tiempo, la necesidad de proteger su conservación y la promoción de su uso sostenible’. (…) Esta es una de las razones por las que Venezuela fue ubicada en esta temática. Aunque más que por producir cereales y tubérculos, es el consumo lo que marcó su clasificación en este grupo, pues cereales como el maíz y tubérculos como la yuca, son parte fundamental de la dieta del venezolano”.
En cuanto al “cluster” compartido donde se ubicó Venezuela sabemos que el diseño y contenido estuvo bajo la responsabilidad del Politécnico de Milano en colaboración desde el punto de vista conceptual con el Instituto de Arquitectura de Moscú y la Escuela de Diseño Parsons de Nueva York. Contó con un área total de 3.820 m2, un área de exposición de 1.125 m2, un área común de 2.455 m2 y un área de eventos de 290 m2. La descripción que aparece en https://www.archilovers.com/projects/150117/cereals-and-tubers-cluster-old-and-new-crops.html#info refiere que “Los colores y las fragancias que recuerdan a los cultivos de cereales y tubérculos son la base conceptual de este sector, que rastrea el descubrimiento y el desarrollo de cultivos que han alimentado a muchos pueblos de todo el mundo” y, en cuanto a la estructura del “cluster”, que “los visitantes pueden moverse en el espacio entre los pabellones, dejándose llevar suavemente por los diferentes ejemplos de cultivo de la tierra. El dosel del proyecto arquitectónico conforma una gran chimenea que alberga un área para eventos y la distribución de platos culinarios temáticos. Al final de su visita a esta área de exhibición, los visitantes pueden participar en una serie de actividades sugeridas o simplemente sentarse y relajarse, disfrutando de los platos típicos de los países que exhiben en este grupo”.

El interior del espacio ocupado por nuestro país, atendido por un total de 80 trabajadores, de acuerdo a la información oficial suministrada por Gladys Urbaneja, exembajadora venezolana ante la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) -directora de la delegación venezolana-, Ramón Gordils comisario, Giancarlo Di Martino subcomisario y cónsul y Massimo Bracani director del “cluster”, recogida por los medios de comunicación en su momento, buscaba mostrar “Una nación que está progresando notablemente hacia la agricultura sostenible y la seguridad alimentaria”. En tal sentido “presentó sus logros en el cumplimiento de los objetivos del ‘Desafío Hambre Cero’ de la FAO y su trabajo para eliminar la pobreza; exhibió las tradiciones culinarias de varias regiones; destacó su cultura gastronómica distintiva; y mostró cómo sus innovadores sistemas agrícolas pueden aplicarse internacionalmente. (…) Los aspectos de estos temas se comunicaron con una tridimensionalidad real en el teatro de hologramas del pabellón: un par de proyectores 3-Chip DLP ™ PT-DZ21K crearon representaciones vivas y respirables de la vida silvestre, el paisaje y la cultura venezolana gracias a su excepcionalmente alto nivel de 20,000 lúmenes brillo. Los visitantes pudieron interactuar con las imágenes holográficas, nadar con delfines y experimentar un paseo en uno de los teleféricos de fama mundial que unen los vecindarios montañosos alrededor de Caracas”.
El hecho es que de recibir dos mil visitantes al día durante los primeros meses el pabellón venezolano terminó recibiendo 12 mil, aproximadamente. Según La Voce d’Italia “La gente siempre preguntaba dónde podían comer arepas, pero el cluster venezolano era de los pocos que no tenía un restaurante. Sin embargo, se daba a conocer un poco de la cocina criolla a través de las degustaciones gratis que se hacían en la tarde, cada dos horas”.
Es importante destacar que Venezuela fue galardonada con la categoría plata por mejor exposición en cluster por parte la BIE en ExpoMilán 2015. El oro lo recibió Montenegro y el bronce fue para Gabón.
En cuanto a la Expo en general, pese a sus logros, no dejó particularmente entusiasmado a Jacques Herzog con la manera como fue gestionado y ejecutado finalmente el Plan Maestro al cual le fueron incorporadas importantes modificaciones. En una entrevista con Uncube Magazine, explicó por qué junto a Stefano Boeri, William McDonough y Ricky Burdett decidieron abandonar el proyecto en 2011. Las discrepancias con los organizadores empezaron a agudizarse desde el momento en que empezaron a chocar la visión radicalmente nueva que encerraba la propuesta inicial con el convencionalismo de quienes la materializaron dando como resultado “el mismo tipo de feria de las vanidades (vanity fair, en inglés) que hemos visto en el pasado». Y concluirá: «Estas Expos se han convertido en shows gigantescos diseñados con el único objetivo de atraer a millones de turistas. (…) Qué aburrimiento y pérdida de dinero y recursos!».
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal. https://www.dreamstime.com/photos-images/venezuela-pavilion.html
1. https://www.archdaily.com/34772/milan-expo-2015
3. https://www.archilovers.com/stories/7241/the-9-clusters-of-expo-milano-2015.html
4 y 5. https://panasonic.net/cns/projector/casestudies/expo_milano/venezuela/

La urbanización Santa Cecilia, ubicada al este de a ciudad de Caracas, cuyo aviso de promoción aparecido en el nº 3 de la revista A, hombre y expresión de 1957 reproducimos como protagonista de nuestra postal del día de hoy, ocupó los terrenos de la que anteriormente era la hacienda “Santa Cecilia”, sin que tengamos total certeza de dicha denominación ya que en la documentación revisada en unos casos se menciona como lugar de origen a la hacienda “La Pastora” y en otros, los menos, el sector suele identificarse como parte del fundo “La Carlota”.
La posible confusión surge cuando se coteja la información que suele acompañar los antecedentes de la casa de hacienda adquirida por el Estado venezolano bajo el mandato de Raúl Leoni en 1964, que pasó a ser la residencia presidencial, conocida como “La Casona”. Bajo el supuesto de que se trata de la casa donde residían los propietarios de los terrenos ocupados hoy por Santa Cecilia, una fuente (https://es.wikipedia.org/wiki/La_Casona) nos indica que: “La Casona originalmente era una hacienda de caña de azúcar llamada La Pastora y data de la época colonial; para el momento en que el Estado la adquirió (Raúl Leoni: 1964), pertenecía a la familia Brandt”.


Otra, procedente de un ejemplar de la revista Élite de 1928, transcrita en el blog “Caracas en retrospectiva” (https://mariafsigillo.blogspot.com/2015/05/hacienda-santa-cecilia.html), señala: “Don Alfredo Brandt, presagioso caballero del gran mundo caraqueño y afortunando hombre de trabajo, es propietario de la bella y feraz hacienda ‘Santa Cecilia’, situada no lejos de la capital, en los estribos de la Cordillera de la Costa, con agua abundante e infinitos y sugestivos paisajes. La casa de habitación es amplia y de neto estilo colonial. El jardín es de gran dimensión, engalanado con chaguaramos y araucarias, también de estilo colonial. El señor Brandt reside en ‘Santa Cecilia’ buena parte del año, y allí ofrece a sus amigos fiestas esplendorosas”, reseña que venía acompañada de dos fotografías de Guerra Toro: una que mostraba el Patio de la casa de habitación de “Santa Cecilia” hacia el N.E. y la otra de uno de los lados de la casa, precisándose que “son de gran belleza las ventanas forjadas según diseño del noble Federico Brandt” (1878-1932) que, como se sabe, fue un destacado pintor venezolano quien a su vez dejó plasmadas hacia 1924 algunas vistas originales de la propiedad.
Sea como sea pareciera que la familia Brandt era la propietaria de los terrenos donde se desarrolló Santa Cecilia y luego de venderlos se había reservado para sí la casa de hacienda que posteriormente se convertiría en residencia presidencial (restaurada y ampliada por los arquitecto Andrés Enrique Betancourt y Javier Camargo pasando de la escala de la casa original a la de una gran mansión que se habita finalmente en 1967). Sería la empresa Venezolana de Inversiones C.A. (VICA) la que compraría y urbanizaría los terrenos y posteriormente los pondría a la venta acompañados de las viviendas tipo diseñadas por Diego Carbonell (1923-1998), a la sazón Gerente General de la constructora.
El aviso publicitario, es todo un manifiesto gráfico dirigido a la clase media emergente de la ciudad de aquellos años, interesada en alcanzar lo que recoge la frase que lo acompaña: “tener casa propia es vivir seguro”, en momentos en que una quinta que se ubicara en una de las zonas de expansión de Caracas, lejos del ruido y el movimiento propios del centro y a la vez cerca de él, era un sueño posible de alcanzar. La propaganda también permite identificar el logo de E VICA (Edificaciones VICA), subsidiaria de la ya mencionada VICA, responsable de la urbanización de buena parte del este y el sureste de Caracas.


El proyecto de urbanismo que Carbonell propone para Santa Cecilia a través de VICA en 1955, consiste en la construcción de 260 viviendas unifamiliares aisladas, las cuales se ofrecen para ser adquiridas con facilidades de crédito; y 2 edificios, uno de 160 apartamentos y otro de 260, previstos para venderse en el régimen de propiedad horizontal. Cinco años después (1960) la urbanización ya había alcanzado el crecimiento evidenciado en la fotografía de M. A. Marsiccobetre que hemos colocado sobre estas líneas.



Por otro lado quizás valga la pena recordar que Venezolana de Inversiones C.A. (VICA) se crea en 1943 con el objetivo de urbanizar los terrenos de las haciendas Las Mercedes y Valle Arriba propiedad de la familia Eraso quien junto al ingeniero civil mexicano Gustavo San Román pasaron a ser sus principales accionistas.
Así, tanto el crecimiento de las empresas extranjeras dedicadas a la extracción y comercialización del petróleo venezolano como de los requerimientos de dotación de viviendas, institutos educacionales e instalaciones recreativas que su personal ejecutivo y profesional demandaba, condujeron al visionario empresario San Román a plantear, luego de construirse la urbanización El Rosal, en las dos urbanizaciones planificadas en terrenos de la hacienda de los Eraso (Las Mercedes y Valle Arriba) los primeros desarrollos habitacionales hacia el sureste de Caracas acompañados de: un hotel de categoría internacional (el Hotel Intercontinental Tamanaco, Gustavo Guinand van der Valls, asociado a la firma de Chicago Holabird, Root & Burgee, 1953); un novedoso centro comercial (con uno de los primeros automercados del país, Don Hatch, 1955); un colegio (el Colegio Campo Alegre, fundado en 1937 en la urbanización homónima y que se trasladó a su actual sede en la Calle La Cinta, Urb. Las Mercedes); una iglesia (la Iglesia de la Guadalupe); un club (el Valle Arriba Golf Club, John R. Van Kleek, 1942-1947); y dos bombas de gasolina sobre la avenida princpal de Las Mercedes: una al inicio de la Royal Dutch Shell (Carlos Augusto Gramcko/José Lino Vaamonde, 1959) y otra al final de la Creole Petroleum Corporation. Adicionalmente como apoyo al Tamanaco y para paliar la escasez de vivienda de alquiler temporal en la zona se construiría el edificio La Hacienda (1957) proyecto de Diego Carbonell.
De la importancia de VICA como empresa y su condición de lugar donde el crecimiento profesional estaba garantizado gracias a la cantidad y diversidad de trabajos que se desarrollaban, da fe Gerardo Sansón quien fuera Ministro de Obras Públicas entre noviembre de 1948 y octubre de 1952. Sansón, en efecto, es llamado a ocupar la cartera de Obras Públicas luego de trabajar entre 1943 y 1948 en VICA donde se desempeñó primero como su Vicepresidente y luego como su Presidente.
En el libro Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna de Juan José Martín Frechilla se recoge en el “Diálogo oficial con Gerardo Sansón” como éste pasa del MOP de Tomás Pacanins, luego de ocupar diversos cargos, a VICA en 1943, para luego regresar al MOP en 1948, relatando acerca de su experiencia en la empresa lo siguiente: “Yo estuve en el Instituto (Técnico de Inmigración y Colonización) año y medio (…) y traté de hacer lo más posible por las colonias. (…) Pero la VICA ya estaba funcionando, era una compañía nueva de construcción y proyectos que me propuso me fuera a trabajar con ellos de una manera más firme y me fui entonces para VICA; renuncié al Instituto (…) que tampoco era completamente lo que yo deseaba. (…) Eso era en el año 43”. Para la época de su llegada a VICA, sigue relatando Sansón, la empresa estaba construyendo Las Mercedes y “se estaba entrando en negociación con los Eraso para hacer los planos de la urbanización. Fue un proceso muy técnico porque se planificó muy bien (…) se tomó en cuenta el río Guaire que nos podía inundar Las Mercedes; se levantaron con estudios muy completos los terrenos y se construyó el muro de contención que había. Se hizo el primer puente por iniciativa privada de esa naturaleza, por cierto que Julio Bacalao (futuro Ministro de Obras Públicas en 1953) fue quien dirigió la construcción como empleado de Steling & Tani.”
También es producto del momento de máximo apogeo de VICA, ya entrados los años 50, además de Santa Cecilia, la urbanización Santa Marta, donde Carbonell igualmente ofrecía a los compradores de los terrenos un variado repertorio de viviendas unifamiliares “tipo”.

Al día de hoy, gracias a su condición de lugar de llegada y no de paso, aislado del tránsito de la ciudad y con buena seguridad debida a su vecindad con «La Casona», Santa Cecilia sigue siendo un lugar tranquilo donde sus casas han sufrido cierto deterioro e importantes intervenciones similares a los de otras zonas de la ciudad, que acompañan el proceso típico de crecimiento de las familias que las habitan buscando dar alojamiento a sus descendientes, o intentando generar espacios de alquiler que contribuyan a paliar la crisis que vive el país. Como otro claro síntoma del momento que atravesamos un buen porcentaje de ellas está a la venta.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal. Revista A, hombre y expresión, nº 3, 1957
2. https://mariafsigillo.blogspot.com/2015/05/hacienda-santa-cecilia.html
3. Google Earth
4 y 7. Colección Crono Arquitectura Venezuela
5. Fundación Fotografía Urbana
6. Izquierda: ttps://fundamemoria.blogspot.com/2010/08/204-municipio-baruta-parroquia-nuestra.html. Derecha: https://www.pinterest.com/pin/205617539216691119/
8. https://www.conlallave.com/propiedades/espaciosa-quinta-cod-78-147-52221647.html

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La muestra “Arquitectura del Brasil” montada del 13 al 31 de mayo de 1966 en los espacios expositivos ubicados en la planta baja de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la UCV, formó parte de una serie de eventos con los que Antonio Granados Valdés, mientras estuvo al frente de la Extensión Cultural de la institución, logró evidenciar una muy buena política de relaciones alcanzadas con las agregadurías culturales de las embajadas de diferentes países radicadas en el país y su capacidad de motorizar un área complementaria y necesaria dentro de la dinámica académica.
En tal sentido, los años sesenta del siglo XX permitieron que en la FAU se presentaran al menos dos exposiciones anuales provenientes de los contactos cultivados por Granados que se complementarían, en su mayoría, cada una con charlas, mesas redondas o foros que giraban en torno a cada temática, sirviendo la revista PUNTO (cuyo primer número data de 1961) como lugar para que aparecieran textos, artículos o ensayos vinculados al evento del momento lo que propiciaba un marco bastante completo para apreciar el alcance del mismo.
Adicionalmente, los espacios expositivos de la FAU se aprovechaban para dar cabida a salones de dibujo y grabado (nacionales y latinoamericanos), concursos de fotografía, exposiciones de reconocidos artistas (venezolanos y extranjeros), muestras de trabajos estudiantiles (de arte, arquitectura o fotografía) y hasta exhibiciones de artesanía popular dentro de una programación que buscaba, en lo posible, su constante animación. Además, bueno es decirlo, Granados mantenía a través de la revista PUNTO, gracias a su buena periodicidad (entre bi y trimestral), secciones dedicadas a mostrar la programación de las exposiciones diversas que se realizaban en el medio cultural capitalino a cuya dinámica se buscaba que la FAU se integrara.
Para tener una idea de la actividad que se le imprimió desde el ámbito expositivo a los espacios de la FAU gracias a las alianzas logradas por Granados puede señalarse, en lo que a arquitectura se refiere, la presentación de las siguientes muestras durante los años 1960s: Mies van der Rohe: 7-30 de junio, 1961; Arquitectura Británica: 17-31 de mayo, 1963; Frank Lloyd Wright: 12 febrero-30 marzo, 1963; 4000 años de Arquitectura Mexicana: junio, 1964; La obra de Pier Luigi Nervi: 20 de febrero al 12 de marzo, 1964; Miguel Ángel: 9 al 23 de febrero, 1965; Diseños de Frank Lloyd Wright: 30 de julio-18 de agosto, 1965; Arquitectura Finlandesa: 27 febrero-27 marzo, 1966; Arquitectura Visionaria: 28 octubre-16 noviembre, 1966; Arquitectura del Brasil: 13-31 mayo, 1966; Arquitectura del siglo XX: mayo, 1967; La construcción en Alemania: 9 de junio-9 de julio, 1967; y Ejemplos de la Arquitectura Francesa: 19 de julio-6 de agosto, 1968.
Sin ser quizás la más voluminosa, “Arquitectura del Brasil”, montada con el auspicio del Servicio Consular de ese país y muy especialmente gracias a las gestiones del señor Alberto Da Costa E. Silva, engrosó un año 1966 particularmente movido en cuanto a exposiciones exhibidas en los espacios de la FAU. La muestra fue promocionada con la suficiente antelación como para crear una expectativa que abría paso a pensar que aparecería buena parte de la que para entonces ya era la principal atracción de esa nación: la inauguración en 1960 de Brasilia, su flamante capital.

Sin embargo, como se señala en la nota aparecida en PUNTO nº 27 de mayo de 1966, del total de 57 fotografías que la integraban sólo “cinco de ellas estaban dedicadas a la arquitectura de Brasilia de Oscar Niemeyer, y el resto a la arquitectura barroca y rococó de Río de Janeiro, de Salvador; de Joao Pessoa; de Recife; de Caete, Sao Joao del Rey, Mariana, Ouro Preto, Congonhas do Campo, en Minas Gerais; y de Pedro do Rio en el Estado de Río de Janeiro. Las fotografías del 1 al 5, del 10 al 15 y las Nos. 30, 34, 41, 44, 45 y 57 son del Archivo Fotográfico del Ministerio de Relaciones Exteriores del Brasil; el resto de las mismas han sido tomadas por el profesor Graziano Gasparini”. En tal sentido, es una vista lateral del templo de Nuestra Señora del Rosario en Ouro Preto, una de las 40 fotografías de Gasparini seleccionada para ilustrar la promoción hecha a la exposición a través de PUNTO lo que conforma nuestra postal del día de hoy.



Brasilia, en efecto, no fue protagonista de “Arquitectura del Brasil” privilegio que si recayó sobre la producción realizada en Minas Gerais, principal centro de explotación aurífera, por el arquitecto, imaginero y escultor Antonio Francisco Lisboa conocido como “El Aleijadinho”, considerado por muchos como “el mayor nombre del Barroco latinoamericano”. De ella destacan la fachada de la iglesia de San Francisco en Ouro Preto, su ciudad natal, y las esculturas, el púlpito y los altares del mismo templo, así como el conjunto escultórico que representa a doce profetas realizado para el santuario del Buen Jesús de Motozinhos.
Si bien es cierto que alrededor de la muestra no se realizaron eventos complementarios (conferencias o mesas redondas) como en otras ocasiones, y de que PUNTO en su número 23 de junio de 1965 sólo publica el texto “Arquitectura brasilera” de Lucio Costa, que apunta fundamentalmente a señalar los antecedentes de su arquitectura moderna, sí se puede corroborar que con relación al énfasis que mostraba la exposición será el Boletín del CIHE en sus números 3, 4 y 5, de junio de 1965, enero de 1966 y mayo de 1966, respectivamente, el que recoja y ofrezca un interesante material de apoyo para entender el fenómeno del barroco en Hispanoamérica y del brasileño en particular. Allí están los artículos “Significación de la arquitectura barroca en Hispanoamérica” de Graziano Gasparini (nº 3), “’El Barroco’: estilo, época, actitud” de Jan Bialostocki (nº 4) y, muy particularmente, “Introducción al estudio del barroco de la región aurífera brasileña” de la profesora e investigadora Sylvia de Vasconcelos de la Universidad de Minas Gerais (nº 5), ilustrado con fotos de Gasparini, lo que nos hace pensar que hubo una clara sincronía entre los temas tratados en la publicación con la llegada a nuestro país de la exposición.
ACA

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