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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 94

El “Plano de Caracas y sus alrededores” que Federico Vegas e Iván González Viso no dudan en calificar como “El plano más bello de Caracas” en el ensayo introductorio de Caracas del valle al mar . Guía de arquitectura y paisaje (2015) titulado “Historia de Caracas a través de sus planos”, nos permite reconocer, en primer lugar, a Eduardo Röhl como sucesor de Ricardo Razetti en la importante tarea de representar gráficamente la ciudad.

Los planos de Röhl a diferencia de los de Razetti ofrecen la oportunidad de encontrar un nuevo estilo y una nueva visión a la hora de plasmar la trama urbana donde sin lugar a dudas la geografía pasa a ser el principal protagonista. En particular el que hoy ilustra nuestra postal se trata de un dibujo de 96 x 65 cms, en tonos ocres, amarillo y naranja realizado a escala 1: 30.000 con base en una foto aérea donde aparecen todas las montañas y valles de lo que será la Caracas metropolitana que permite, al igual que en la primera representación 1576, hablar tanto de un plano como de un mapa ya que abarca las costas del Caribe e incorpora a La Guaira y Macuto como áreas de influencia de la capital.

Como también señalan Vegas y González Viso el plano de Röhl permite delimitar lo que se ha denominado como “la ciudad del caballo”: “En este enorme contexto geográfico parece adivinarse un caballo recostado contra el Ávila, cuyo hocico muerde a Catia y por entre sus orejas sale la vía hacia La Guaira, mientras una pata delantera se alarga al oeste, acompañando el curso del Guaire y pisando Antímano con su casco; la otra pata se dirige hacia El Valle, acompañada por el río del mismo nombre. De las patas traseras vemos poco; el plano no ofrece gran parte de las áreas del sureste hacia donde Caracas aún está por desarrollarse. Parece que Röhl no previó un crecimiento en esa dirección. El noble caballo tiene a Petare en los testículos y la cola se alza señalando el camino hacia Guarenas. Justo en su corazón reside la vieja trama colonial y la plaza Bolívar. Como buen herbívoro tiene en el estómago al parque Los Caobos”.

Más allá de posibles asociaciones figurativas, este plano, que se realiza un año antes de la muerte de Gómez, evidencia el crecimiento de una ciudad impulsada por la bonanza que ya otorgaba la explotación petrolera. Caracas se empieza a ampliar decididamente hacia el este: la trama del damero fundacional salta la quebrada de Anauco y se desordena en función de la paulatina ocupación que se irá dando de las haciendas ubicadas al oriente que, de manos de urbanizadores como Luis Roche y Juan Bernardo Arismendi, se pensaba podrían permanecer al margen del centro de la ciudad albergando “viviendas unifamiliares aisladas”. Dichos desarrollos aparecen en tonos de amarillo al igual que las nuevas urbanizaciones ya trazadas para la época: Los Caobos, La Florida, el Country Club, Campo Alegre, Los Palos Grandes y Sebucán donde sus edificaciones aparecen resaltadas junto a la vialidad. Por otro lado el color naranja se usa para señalar el casco colonial del centro y los pueblos de origen colonial como Petare y Chacao, los cuales pasan a ser importantes puntos de referencia, quedando en blanco “entre los relieves de las montañas y colinas, gran parte de las tierras de los valles (…), como vacíos que esperan el impacto urbano”.

La “Conquista del este”, particularmente resaltada por Vegas y González Viso, les permitirá afirmar cómo el tipo de desarrollo allí planteado basado en lo “unifamiliar” y lo “aislado” se constituiría en “una difícil semilla para cultivar una ciudad”. El hecho de que los nuevos urbanismos no se hubieran planteado ni siquiera estar comunicados entre sí en virtud de la separación que imponían las quebradas que bajaban del Ávila en sentido norte-sur entre diferentes haciendas cafetaleras, permite apreciar como único medio de conexión la aparición al sur de lo que será la avenida Francisco de Miranda. Aunque a trancas y barrancas las conexiones entre urbanizaciones se producirán después, sin duda “este aislamiento parece ser parte de una estrategia, de una intención consciente. Se está pasando de la ciudad congregada a una ciudad disgregada por vocación”, donde vemos cómo “las texturas compactas, que definen la cuadra del damero, contrastan con la textura atomizada de las viviendas aisladas” y “la casa urbana de patio comenzaba a ser relegada por las casas suburbanas de jardín perimetral”.

IGV

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 86

En 1929, Ricardo Razetti, quien desde 1897 se ocupaba de registrar la evolución de Caracas, realiza su última representación gráfica de la ciudad que será reproducida por la imprenta Litografía y Tipografía del Comercio.

En este plano, cuyo original de 81 x 59 cms. forma parte de la Colección de la Biblioteca Nacional y está a escala 1:10.000, se presentan una serie de variantes urbanas que terminarán por ocupar mayor extensión que la receta propuesta por la trama colonial originaria. Sin embargo, la legislación urbana existente todavía estaba referida a la ciudad del damero. Así, en “Las Ordenanzas de Policía Urbana” de 1926, las reglas de Arquitectura Civil establecen en el artículo 91: “No se podrá levantar edificio público o de particular, cuyo frente no se halle de manera que las calles resulten rectas del uno al otro extremo”, previéndose en el artículo 106 excepciones tal como: “Podrán permitirse las construcciones separadas de las calles, sólo en caso de que el espacio que medie entre esta alineación y la fachada, lo ocupe alguna gradería, o rodee pilares y rejas o cuando se destine a jardín, en cuyo caso será cercado en toda su longitud”.

Tal y como señalan Federico Vegas e Iván González V. en “Una ciudad en sus redes y en sus tramas” (2000), estas normativas reflejan la importancia que aún se le da a la calle y a la cuadra como unidades urbanas fundamentales promoviendo una lectura ordenada de la trama de la ciudad. Nótese cómo las actuales ordenanzas obligan a retirarse de la calle, mientras las de 1926 condicionaban el retiro a que no se perdiera el frente continuo que formaban las edificaciones.

En este plano de Razetti de 1929 también se ha ilustrado en un pequeño recuadro el intento de implementar una nomenclatura cartesiana para las calles, partiendo de unos ejes sur y norte, este y oeste que comienzan en la plaza Bolívar. Este sistema, que busca separarse del que dictan las costumbres y la historia de la ciudad, reflejada en nombres de esquinas, apunta a la posibilidad de extenderlo a todo el valle; algo que ciertamente no iba a suceder.

Razetti, también, evidencia nuevas propuestas urbanas en este plano de 1929. Como claro ejemplo aparece “en construcción” la urbanización Nueva Caracas, con una extensión equivalente a 80 de las cuadras del centro tradicional. Por su escala y novedad es, proporcionalmente, la intervención más importante hasta esa fecha en la historia de Caracas, emulando una especie de ciudad satélite. La Nueva Caracas estaba destinada y promovida para la clase obrera, una especificidad que difiere de la multifuncionalidad de la trama colonial, e iniciaba la ruta hacia los criterios de zonificación.

El Parque Sucre (futuro Parque Los Caobos) aparece como sucesor del parque El Calvario. Ubicado en la salida de la trama hacia el este de la ciudad, esta importante zona verde proponía una nueva fórmula en el desarrollo urbano: el crecimiento no se dará por cuadras alrededor de plazas, sino a partir de urbanizaciones alrededor de parques.

El plano muestra, además, el ensanche de Caracas hacia el este y el surgimiento de las urbanizaciones para la clase media San Agustín y El Conde. Interesa resaltar cómo San Agustín del Norte plantea una interesante modificación en la retícula originaria, al dividir ésta en una trama de cuadras más pequeñas donde cuatro de ellas equivalen a la manzana típica del damero original. Esta propuesta da continuidad a las calles existentes y no interrumpe la uniformidad del tejido. Se plantean, no obstante, algunos cambios importantes: se trata de una trama con énfasis en el uso de vivienda y con calles ampliadas para el tránsito del automóvil. La preponderancia de estos dos factores va a tener importantes consecuencias en los sucesivos desarrollos urbanos caraqueños.

Por otro lado, el éxito de San Agustín del Norte lleva a sus promotores (Luis Roche y Juan Bernardo Arismendi) a construir un desarrollo similar al sur del Guaire: San Agustín del Sur. De nuevo nos encontramos con una trama, en este caso más adaptada a la geografía, con forma y orientación propia, autónoma y morfológicamente desligada del resto de la ciudad.

Un caso aparte es la urbanización Los Chorros, urbanismo similar a El Paraíso que ya tenía tiempo funcionando pero concebido, al menos inicialmente, como sede para una segunda vivienda, por lo alejado de la ciudad.

Si bien la urbanización El Paraíso fue la manifestación inicial de una nueva etapa de la historia urbana de Caracas en los últimos años del siglo XIX, es durante el gobierno del General Juan Vicente Gómez cuando se consolida, viviendo al inicio de la década de 1920 un momento de particular esplendor, con villas de lujo, parques, plazas y paseos, clubes sociales  a lo que se suma la construcción del Hipódromo.

Sesenta edificios públicos, una treintena de paseos públicos y plazas, más de veinte templos y capillas, cuarenta y seis puentes sobre el río Guaire y las quebradas, conforman el catálogo de edificaciones y espacios públicos de la ciudad para el momento registrados en su gran mayoría por el plano de Razetti quien desde el punto de vista arquitectónico muestra en su representación los numerosos los edificios públicos y privados que irrumpen en el centro de la ciudad capital: el Palacio de Gobernación y Justicia (actual Consejo Municipal), el Teatro Nacional, el Teatro Ayacucho, el Ministerio de Hacienda (demolido), el Edificio de Correos (Esquina de Carmelitas), el Hotel Majestic (demolido), el Edificio de la Gobernación del Distrito. Federal, el Ministerio de Educación (actual Biblioteca Simón Rodríguez, Esquina El Conde), son sólo algunos ejemplos de ello. De igual forma los cines (Candelaria, San José, Rialto, San Juan, Bolívar) y los teatros (Municipal, Nacional, Ayacucho, Olimpia); conforman una amplia oferta de espectáculos públicos junto con el Circo Metropolitano y el Nuevo Circo.

El plano de Caracas de 1929, muestra una ciudad que ha dejado de ser el villorrio de comienzos de siglo presagiando el germen de la capital actual la cual ha sobrepasado sus límites tradicionales hasta entonces determinados por el Ávila al Norte, el río Guaire al sur y las depresiones del terreno al Este y al Oeste.

En la esquina inferior derecha de este plano se encuentra un pequeño mapa titulado: “Caracas, las parroquias foráneas”, donde aparecen los pueblos que rodean la capital, con dameros basados en las mismas normas de la ciudad colonial: Chacao, Petare, Antímano, El Valle, Baruta, El Hatillo, y Los Teques al sur. Al norte y sobre la costa están Maiquetía, La Guaira, Macuto y Caraballeda. Este mapa parece anunciar la inclusión de estas tramas en un conjunto metropolitano y su conexión por medio de vías a El Valle, La Vega, Catia, Las Adjuntas y Los Teques, así como la extensión de la carretera del este hasta Petare, pasando por Sabana Grande,  Chacao y Dos Caminos, definiendo un nuevo marco de extensión de la ciudad.  

Hacia el este,se detecta el incipiente desarrollo de urbanizaciones como: El Country Club (1928), La Florida (1929), Los Palos Grandes (1930), Los Chorros (1930), Campo Alegre (1932) y Sebucán (1932). De esta forma el plano augura cómo el casco urbano tradicional de Caracas que aún se mantiene como principal escenario de las actividades político-administrativas, comerciales y financieras, dejaría de ser progresivamente el asiento residencial por excelencia que ostentaba desde la época colonial.

IGV

Procedencia de las imágenes

Postal. González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015