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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 278

Según Alfredo Cilento en “El Ministerio de Obras Públicas en la construcción de la infraestructura para el desarrollo (1874-1976)” (Trabajo de Incorporación a la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat de Venezuela, 2015), para el año 1873 Venezuela, era un país eminentemente rural que registraba 1.783.993 habitantes. En Caracas, por su parte, se concentraban un poco más de 50.000 almas.

En ese contexto, la gestión de Guzmán Blanco y su visión de la cultura urbana, introdujo en Caracas a partir de 1874 como parte de un nuevo episodio, elementos novedosos que complejizaron el damero fundacional y el modelo urbano precedente, generando importantes transformaciones arquitectónicas y urbanas de influencia francesa, contando para ello como principal punto de apoyo el Ministerio de Obras Públicas (MOP), creado el mismo año para “supervisar los grandes proyectos en ejecución, bajo la figura de concesiones a empresas nacionales y extranjeras”. La creación del MOP permitió establecer una superestructura técnica y administrativa especializada por encima de las Juntas de Fomento, es decir, sobre las tradicionales organizaciones locales de fomento y construcción, lo que significó consolidar el dispositivo tecno-burocrático ingenieril del Poder Nacional. Los pasos dados por el gobierno de Guzmán Blanco “sentaron las bases de una amplia política modernizadora del aparato del Estado y que se avocó a comunicar las regiones productoras con los puertos, sobre la base de registros confiables de producción y comercio, que permitían localizar y cuantificar los flujos y los volúmenes de exportación e importación”, afirmará Cilento. Así, si sólo Caracas pasaba de 50.000 habitantes; Valencia, Barquisimeto y Maracaibo tenían entre 25.000 y 30.000 habitantes; y El Tocuyo, Tocuyito, San Carlos, El Baúl, Ortiz, El Sombrero, Barbacoas, Altagracia, Zaraza, Tucupido, Yaritagua, San Cristóbal y Mérida, se ubicaban en el rango de 10.000 a 13.000 habitantes.

La cultura urbana, tal como la conoce Guzmán a través de las capitales europeas, no se concibe sin monumentos y edificios importantes, sin paseos y sin lugares amables para la burguesía, interesada no sólo en el trabajo sino también en los placeres de la vida. El fuerte contraste de Caracas –todavía una modesta ciudad postcolonial– con las grandes ciudades que él ha visitado, lo incita a convertirla en un “pequeño París”, que perseguía proyectar como una ciudad moderna, de ideas liberales y civilizadas, próspera, agradable y segura para vivir e invertir.

Esa visión se reflejó claramente en la “Memoria que la Comisión encargada de erigir e inaugurar las estatuas del ilustre americano, regenerador de Venezuela, General Guzmán Blanco, presentó a la legislatura nacional de Venezuela” en 1876, donde se detalla que la inversión en obras de ornato en el Distrito Federal, alcanzó los 2.587.190 bolívares, y la inversión en vías de comunicación, acueductos y cisternas los 971.405 bolívares.

Estas estrategias urbanas sobre la trama fundacional, así como las edificaciones públicas más representativas de la obra de gobierno, que transformaron el entorno urbano poscolonial, fueron representadas en dos planos. El primero, levantado por orden del “Ilustre Americano”, firmado por el General Andrés Level y suscrito por Felipe Tejera en 1874 que se tituló «Plano topográfico de la ciudad de Caracas, capital e los EE.UU de Venezuela»; y el segundo, el “Gran Plano de la ciudad de Caracas, conforme a la reciente numeración i división, segunda edición, dedicada al General Francisco Linares Alcántara”, fechado en 1877 que ilustra nuestra postal del día de hoy.

El plano de 1877 “dibujado, grabado, corregido, aumentado y explicado” a escala 1:4.000 conmemora la presidencia de Linares Alcántara y representa la ciudad de la época, cuya sociedad, cultura, economía y poder se organizaban alrededor del espacio.

Poco sabemos de su autor, Juan de la Cruz Martínez y su labor como ingeniero y cartógrafo. Sin embargo, en el plano son verificables algunos aspectos técnicos y artísticos que permiten apreciar también su capacidad como dibujante y grabador amén de sus dotes didácticas.

El General Francisco Linares Alcántara (“El gran demócrata”) fue electo Presidente de Venezuela para el bienio 1877-1879, comenzando su mandato el 2 de marzo de 1877. Sin embargo, su gobierno tuvo escasos 18 meses de duración. Linares Alcántara emprendió un gobierno reformista que se fijó como meta, según Francisco González Guiñán en Historia contemporánea de Venezuela (1924), seguir “desarrollando…próspera y fuerte, la Regeneración de la Patria”. Sus metas se orientaron a una mayor apertura política y al respeto por los derechos individuales. Esta “democratización” se vio reflejada tambien al permitirle a los estados una mayor autonomía, pudiendo disponer de una suma del presupuesto nacional para aquellas Obras Públicas “que las autoridades … consideraran como más beneficiosas para su respectivo estado”, para lo cual es bueno recordar que el Decreto núm. 2.094, emitido por el Congreso el 15 de mayo de 1878, estipulaba que cada entidad recibiría, del presupuesto nacional de Obras Públicas, la suma anual de Bs. 120.000.

Esto significó un giro radical con respecto al control centralizado de los proyectos de obras públicas que se había llevado a cabo durante el Septenio (1870-1877), a lo cual habría que sumar que bajo el mandato de Linares Alcántara también se ordenó abolir parte de la legislación urbana promulgada por el anterior gobierno guzmancista, que incluyó la aprobación del Decreto para la demolición de las estatuas de Antonio Guzmán Blanco (promulgado el 19 de diciembre de 1878), como símbolo del rechazo político hacia su gestión gubernamental, acciones que fueron coordinadas en Caracas por Manuel Hernández Sosa, a cargo de las Obras Públicas; Juan de Dios Monzón, a cargo del Crédito Público; y José de los Santos Escobar quién se desempeñó en la gobernación del Distrito Federal.

Un claro signo de la política de Linares Alcántara fue también la reapertura del Colegio de Ingenieros, que había sido clausurado por el Ilustre Americano. También cabe destacar que en 1874 se crea la Facultad de Ciencias Exactas en la Universidad Central de Venezuela, “en la cual se otorgarán los títulos de agrimensor e ingeniero, despojados de todo componente militar y que en 1877 se gradúa la primera promoción (siete egresados) de la Facultad de Ciencias Exactas de la UCV”, tal y como apunta Carlos Genatios en Ciencia y tecnología en Venezuela (2004).

El plano en homenaje a Linares Alcántara, muestra las fachadas de las edificaciones que forman parte de la obra de Gobierno enmarcados en el proceso de modernización del país, bajo el modelo de estado nación, como es el caso del Palacio Legislativo y el Capitolio, obra de Luciano Urdaneta (1873). Este edificio público de carácter monumental compuesto por dos grandes cuerpos, no se ajustaría a las dimensiones de la cuadra tradicional. Se construiría como excepción a la receta formal de ocupación de la manzana seguida hasta entonces. Su forma no solo aspiraría a introducir un nuevo lenguaje arquitectónico, sino tambien a generar una nueva centralidad urbana rompiendo con los cánones establecidos y reforzado por nuevos espacios públicos. Por otro lado, la Plaza Guzmán Blanco, también dibujada en el plano, se construye para articular de forma coherente la fachada del Capitolio con la fachada de la Universidad, adyacente al Museo Nacional. Para ello, la calle se ensancha y la dimensión de la manzana sur se reduce permitiendo insertar un espacio en que se exhibía la estatua ecuestre de Guzmán.

Este coherente conjunto, testimonia una obra de gobierno que intentó cambiar el carácter colonial de Caracas introduciendo elementos del urbanismo decimonónico francés, tales como calles arboladas, paseos y plazas.  Junto a la Plaza San Jacinto, la adyacente a la Iglesia de Altagracia, y La Candelaria, ubicadas en esquina, estas transformaciones urbanas estarían destinadas a enriquecer el damero fundacional.

Bajo esta óptica, se construye el Paseo Guzmán Blanco, en la colina de El Calvario, como lugar de recreo para la ciudad con un doble propósito: resolver el proyecto de acueducto de Macarao y crear un mirador hacia la ciudad. A ellos se sumará el Teatro Guzmán Blanco (1876), proyecto de Esteban Ricard, un edificio cuyo peristilo y vestíbulo invaden la antigua Plaza San Pablo.

En el plano, destaca con fuerza el orden impuesto a partir de los ejes de las avenidas norte-sur y este-oeste, que se representan mas anchas, y se intersectan en la esquina noreste de la “Plaza de Bolivar”, estableciendo una nueva jerarquía para las calles. En relación a ellas se realiza una numeración “tomada al principio y fin de cada cuadra”.  También el plano evidencia que la subdivisión parroquial que se arrastraba no guardará relación con estos ejes, y la definición de las parroquias no seguirá criterios geométricos para hacerlas equivalentes en superficie y territorio.

A lo anterior se sumó el hecho de que hacia fines del siglo XIX, Caracas ya contaba con múltiples calles ininterrumpidas, en sentido Norte-Sur y Este-Oeste, orientadas a mantener la continuidad de la red vial. Tal fue el caso de la prolongación de la calle sur 5 sobre el Guaire, y la construcción de los primeros puentes de hierro entre 1874 y 1876. En tal sentido, Cilento apuntará que “Entre 1874-1875 se construyó el Puente Regeneración o Puente Hierro sobre el Guaire, como prolongación de la calle sur 5 este, proyecto de Luciano Urdaneta y H. Cook de la empresa británica The Crumlin Viaduct, que también produjo las estructuras metálicas de las cubiertas del Palacio Legislativo (Capitolio) y del Teatro Guzmán Blanco (Teatro Municipal)”.

Estas acciones urbanas y transformaciones estéticas que consideraron el damero fundacional como soporte, afianzarían la cuadrícula y potenciarían la estructura y belleza de la capital, aspecto que se acentuaría en los próximos años, con la superposición de una nueva nomenclatura urbana capaz de orientar y crecer junto con la ciudad, y que coexistiría con la tradición caraqueña de nombrar las esquinas.

Al fallecer Linares Alcántara repentinamente en noviembre de 1878, muchos aseguran que culminó la aventura reformista iniciada con su ascenso al poder y el proceso de rechazo contra Guzmán Blanco comenzado en abril de 1877. Con la muerte de Linares Alcántara tomaría fuerza la llamada Revolución Reivindicadora, cuyo objetivo era el retorno al país del Ilustre Americano y con ello poner fin a lo iniciado por “El gran demócrata”. El “Gran plano de la ciudad de Caracas…” tiene el sello de los EE.UU. de Venezuela, Ministerio de Obras Públicas, Archivo General de Planos y pertenece a la colección de la Biblioteca Nacional.

IGV

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 262

El 22 de octubre de 1899, año en el que es fechado el plano “Levantado … bajo la dirección del General Don Vicente S. Mestre” que hoy nos ocupa, Cipriano Castro entró triunfante a Caracas, tras sucesivas victorias en su avance hacia el centro de Venezuela, encabezando la denominada “Revolución Liberal Restauradora”, sublevación que se propuso restaurar la constitución de 1893, violada por el gobierno despótico de Ignacio Andrade, último representante de un decadente Liberalismo Amarillo.

Mestre, quien realizó el trabajo en tiempos de Andrade, estudioso de las artes militares, lleva a cabo un registro planimétrico de la ciudad, finamente dibujado, exacto y acucioso. Tanto la tipografía utilizada en la impresión por J. Lebégue & Cie. Bruxelles, Belgique, como la composición y legibilidad del dibujo, reflejan la condición de una ciudad de 70.000 habitantes antes de 1890. El original del plano (a color) mide 90 x 62 cms., está representado a escala: 1:5000 y fue encargado por el Concejo Municipal del Distrito Federal.

Según sus biógrafos, Mestre era un hombre “renacentista”. Nacido en Colombia y formado en la carrera de las armas, escribió numerosas obras sobre estrategia militar, política, geografía, filosofía, arqueología, literatura, derecho internacional, civismo y ética pública. Destacan, entre otras, la “Geografía Militar de Venezuela” y un proyecto para el Código Militar en Venezuela.

El general Mestre describe a través del plano a la capital de los Estados Unidos de Venezuela “dividida en seis parroquias y otras seis que la rodean”. La representación, también, acusa nuevos datos sobre el crecimiento de la ciudad: en primer lugar, muestra la intención de expansión en sentido noroeste, suroeste, este y sur, siguiendo los caminos de La Guaira, Antímano, Sabana Grande, y el cruce por Puente de Hierro hacia El Valle, respectivamente.

De igual forma, el plan de modernización del transporte se ve materializado con la inserción de sistemas de locomoción urbana que en forma concéntrica, van desde el centro a la periferia.  La construcción de 4 líneas férreas, 5 líneas de tranvías que se conectan en sus extremos con las estaciones de ferrocarril, y un buen servicio de “coches”, tal y como lo declaran los datos generales, hacen más compacta la ciudad y a su vez la expanden. Las redes de transporte se extienden hasta conectarse con las antiguas rutas de acceso y salida a la ciudad, donde se construyen las estaciones de tren, para facilitar las relaciones de intercambio entre Caracas y las parroquias foráneas.

Así, como se señaló, se establecen cuatro líneas férreas: Del Valle, al sur de la ciudad cruzando el Rio Guaire; el Gran Ferrocarril de Venezuela, estación de Antímano cercana a la plaza de Palo Grande; el Ferrocarril Caracas-La Guaira, que parte desde la estación Santa Inés; y el Ferrocarril Central, hacia Petare.

Los avances constructivos se hacen notar, con nuevos puentes (Puente de Hierro y Puente Independencia) para un total de 15, sistemas de transporte e infraestructuras de servicios.

El plano muestra una formalidad nueva traducida en una inserción del edificio en la manzana que no había sido atendida anteriormente. La construcción de dos edificaciones independientes de gran escala, comienza a abrir nuevas posibilidades urbanas: el Hospital Vargas, en antiguos terrenos del cementerio de San Simón, interrumpe la homogeneidad de la trama con una dimensión de casi dos manzanas de longitud; y el hipódromo, cercano a Quebrada Honda, se erige como un trazado independiente conectado por un camino. Así mismo, es importante notar la dimensión de la plaza Carabobo, aún mas grande que la plaza Bolívar.

Otro aspecto interesante es que las principales esquinas aparecen escritas sobre el plano en forma diagonal, pero además se superpone otra nomenclatura para calles y avenidas: un sistema cartesiano de numeración a partir de la esquina de Catedral, que se extiende con avenidas numeradas en forma consecutiva hacia los cuatro puntos cardinales. En otras palabras, coexisten dos formas de identificación como referencias para la orientación dentro de la urbe.

El crecimiento del damero se comienza a desdibujar limitado por la geografía y ya el plano sugiere que la receta inicial de regularidad y repetición sugerida en el plano de 1578, comienza a abandonarse. Ello se evidencia en la estructura de expansión hacia el este, hacia el noroeste (Estado Vallenilla), y al sur, hacia El Valle.

El Cementerio General del Sur permanencia fuera del área urbana, sin embargo al interior se encontraban aún el cementerio La Concepción al norte, y el Británico y el Alemán, enfrentados, al sur. Destacan en la periferia al este, la gran extensión de la Cuadra Guzmán, San Bernardino y el lote de la Hacienda La Guía.

Con el plano ya publicado Castro, proveniente de Valencia, consiguió tomar el poder y estableció un nuevo gobierno que transformaría a Venezuela y marcaría una ruptura con las formas anteriores de dirigir el país bajo el lema: “nuevos hombres, nuevas ideas y nuevos procedimientos”, tal y como señala Eduardo Cova en http://revolucionliberalrestauradora.blogspot.com.

IGV

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 254

A finales del siglo XIX, durante el segundo período de la revolución industrial, las compañías aseguradoras desarrollaron planos y mapas como apoyo para asegurar inmuebles y edificaciones de importancia ante posibles incendios, en vista de la presencia de actividades de riesgo (fábricas e industrias) en las áreas centrales de la ciudad. Estos planos catastrales fueron elaborados con el fin de limitar las pérdidas del negocio ante estos eventos catastróficos, disminuir pérdidas y ayudar a calcular y tabular los costos de las primas.

El plano de Caracas, Venezuela, firmado por “Charles E. Goad” cuya fecha data de 1897, es un plano catastral que muestra las características físicas de cuarenta y ocho manzanas del centro fundacional de la ciudad, y que se presume fue encargado por una empresa aseguradora de inmuebles al matemático e ingeniero Charles Edward Goad. 

Goad (1848–1910) fue un notable ingeniero y cartógrafo, nacido en Oxford, Gran Bretaña, destacado por sus conocimientos y habilidad única en este campo, de levantar, cartografiar y categorizar la materialidad y condición física de las edificaciones de ciudades y producir planos detallados para las compañías aseguradoras. Goad, quien fundó su empresa en 1875, se concentró en evaluar las edificaciones en los distritos comerciales centrales de grandes áreas urbanas, para determinar su nivel de riesgo, y evaluar el alcance de la responsabilidad en caso de incendio, así como estimar las primas adecuadas para las pólizas. Una vez completados los planos y los informes del área urbana, Goad los insertaba en un gran Atlas, tal como lo explica Gwyn Rowley en “Fire Insurance Plans” (http://www.mcrh.mmu.ac.uk/pubs/pdf/mrhr_03ii_rowley.pdf): “cada plano individual medía 25¼ pulgadas por 21 pulgadas (63,7 x 54 centímetros). Una vez realizado este volumen inicial, se emprendían nuevos levantamientos y actualizaciones. Una nueva edición sería publicada en promedio cada 6 o 7 años, aunque para áreas populosas podría ser anual o bianual”.

La necesidad de los “Fire Insurance Plans” es explicada por Goad en “Introductory comments”, Insurance and Real State Society, 6 (1883) de la siguiente manera: “Coexistiendo con la práctica de los riesgos de fabricación de aseguramiento de incendios especialmente, y los riesgos y ocupaciones peligrosas y no peligrosas ubicadas a cierta distancia del asegurador también, surgió la necesidad, si no el uso inmediato de utilizar un levantamiento, una descripción de las instalaciones a cubrir por la póliza, acompañadas por un diagrama o plano adjunto, mostrando no solo el peligro interno del riesgo en sí, sino su posición relativa con respecto a las estructuras vecinas, sus clases, ocupación, etc., por el cual las instalaciones del seguro podrían estar expuestas, no sólo para el asegurador contra las tergiversaciones de los peligros -intencionales o de otro tipo- en cuanto a los peligros que conllevan dichos riesgos, sino también para los que también están en posesión de algunos datos de reconocimiento sobre los cuales calcular una tasa de prima justa para el riesgo asumido”.

Los planos de Goad registraban los nombres, anchos y números de las calles; las instalaciones de protección contra incendios; los materiales, forma, altura, ubicación y uso de los edificios; la ubicación de las aberturas, los tipos de materiales almacenados, las áreas de actividades de alto riesgo en los sitios industriales, la proximidad de los servicios contra incendios y los suministros de agua cercanos. Debido a la evolución de la ciudad y los cambios en las prácticas y normas de las compañías aseguradoras, los planos e informes de Goad debían ser actualizados de forma regular. Originalmente estos planos se hicieron según lo exigido por las compañías de seguros, pero los gastos de levantamientos topográfícos, trabajos de campo, litografía y estarcido con acuarelas, combinado con una demanda relativamente limitada y la necesidad de revisiones frecuentes debido a la morfología urbana que cambiaba rápidamente, significó que pocas copias de los planos de Goad fueran producidas.

Especial importancia tienen sus planos para las ciudades canadienses e inglesas. La exhaustividad y rigor de su trabajo se refleja en su estudio para Manchester, desarrollado en 1902, que constaba de siete tomos, donde explica las cualidades físicas de las construcciones, colores, aberturas, ventanas, pisos, lucernarios, techos y misceláneas, expresados en planos y diagramas de gran valor plástico, cuyo contenido fue actualizado, llegando a acumular mas de treinta versiones. Goad también preparó planes entre 1895 y 1909 para ciudades en Chile (Santiago y Valparaíso), Dinamarca, Egipto, Francia, México, Mozambique, Sudáfrica, Turquía, Venezuela y el Caribe.

El valor de este plano de Caracas, único en su tipo, es su utilidad para entender la condición formal, edilicia, material y la estructura del centro de la capital venezolana a finales del siglo XIX.

Goad describe el centro de la capital como un terreno nivelado, cuyos suburbios crecen aceleradamente hacia el norte y el oeste, y decrecen hacia el sur y el este. También describe una montaña alta al lado Oeste del casco central, presumiblemente el cerro El Calvario.

En cuanto a la dimensión de sus calles, especifica que tienen “24 pies de ancho” (que equivale a 7,30 metros).  Sus edificios son “mayormente en concreto, algunos de ladrillos, pero todos encementados. Las cubiertas de los tejados son de tejas pesadas colocadas con mortero sin galerías salientes, pero con aleros que frecuentemente sobresalen 2 pies (unos 60 cm.) sobre el alineamiento de la calle. Algunas veces soportados por madera, otras por un enyesado inferior”.

“Formalmente las calles no tienen nombres, solo se nombran las esquinas”, mientras que el método de las avenidas sigue la lógica cartesiana de un centro donde confluyen las avenidas Norte, Sur, Este y Oeste, y la numeración par o impar se desarrolla de manera ascendente a medida que se aleja del centro.

Según se describe en la leyenda del mapa, Goad clasifica las edificaciones en dos categorías: las de mayor valor (contain most value) representadas en color rojo; y edificaciones que podrían valer la pena (may be worth in detailed survey) representadas en color rosa luego de realizar un informe detallado.

Las notas abreviadas en las manzanas establecen tres consideraciones: el número de plantas o niveles de cada edificio y cuales fueron construidos en concreto (2 and 1 Story Concrete Buildings), aquellos de mejor clase o bien construidos (Better class – well built) y las viviendas ordinarias (ordinary dwellings). Esta breve descripción de la materialidad apuntaba a proveer la condición de inflamabilidad de las distintas estructuras. La selección del área representada, estaba directamente relacionada con el área a asegurar contra el evento de un incendio.

La dimensión e importancia de la labor de Goad, se refleja en sus atlas de ciudades, que brindan un vasto depósito de información sobre el tejido construido de finales del siglo XIX y principios del XX. Para el momento de su muerte en 1910, Goad y sus asistentes habían realizado planes para mas de 1.300 lugares en Canadá. La producción cartográfica de Charles Edward Goad, y de los hoy llamados “mapas Goad” es difícil de documentar, ya que los atlas y mapas producidos por su empresa se encuentran dispersos entre numerosas instituciones y ningún depositario posee un conjunto completo. La colección más completa de planes de seguros canadienses y atlas publicados entre 1895 y 1923 es probablemente la de la Biblioteca Británica (Londres). El plano de Goad fue publicado el mismo año que el plano elaborado por el ingeniero Ricardo Razetti titulado “Plano de Caracas y situación de la parroquias foráneas”.

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