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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 88

El pabellón de Venezuela para la XXVIII Bienal de Venecia (evento que se realiza desde 1895), diseñado por Carlo Scarpa (1906-1978) en 1954 y terminado de construir en 1956, se convierte en el penúltimo en que durante el siglo XX se recurre a un arquitecto extranjero para elaborar un edificio representativo del país y quizás el de mayor relevancia de cuantos se encargaron por esa vía constituyéndose, por tanto, en un caso interesante de repasar.

1. Carlo Scarpa, Pabellón de Venezuela para la XXVIII Bienal de Venecia. Boceto, 1954

El encargo que el Gobierno venezolano le hace a Scarpa, coincide con dos circunstancias iniciales: por un lado el arte nacional pasaba en aquel entonces por un excelente momento y no tenía lugar donde mostrarse en la Bienal y, por el otro, Graziano Gasparini, arquitecto y artista plástico, discípulo de Scarpa residenciado en el país (a la postre el más importante investigador sobre arquitectura colonial venezolana) y comisario de la Bienal, ante la disyuntiva, logra contactar al Maestro para que realice el proyecto y a la vez convence al Estado para que lo financie en medio de la bonanza económica que en aquel entonces atravesaba el país. De esta manera se le ofrece a Scarpa la oportunidad de realizar su primer proyecto en Venecia (ciudad donde nació) cuando vivía un período en el que se acentuaban en su obra las influencias wrightianas. Además, se le exigía premura en la ejecución, pensar en la permanencia del edificio y se le daba un privilegiado lugar dentro los Giardini di Castello. Sus vecinos serían los Pabellones de Suiza y la Unión Soviética dentro de un conjunto que ya contaba con obras de Joseph Hoffman y Gerrit Rietveld y que se vería ese mismo año de 1956 enriquecido por el Pabellón de Alvar Aalto para Finlandia.

2. Carlo Scarpa, Pabellón de Venezuela para la XXVIII Bienal de Venecia. Sala mayor y apertura hacia la sala menor, 1956

Scarpa, pese a las limitaciones que ofrecía lo reducido del programa, hace una propuesta que sorprende e incita a la contemplación: por un lado le permite manifestar su universo expresivo a través de una sobria volumetría que resalta dentro del contexto existente, y, por el otro, privilegia la relación espacial y luminosidad de las tres salas que lo componen: dos para pinturas y esculturas y una para dibujos. Se trata de un edificio de 308 metros cuadrados de superficie multiplicados por la sabia articulación de dos sencillos volúmenes dispuestos asimétricamente que buscan la luz a través de “claraboyas pared-techo”, donde la fragmentación correctamente manejada refuerza la búsqueda de un delicado equilibrio entre la horizontalidad y la verticalidad, cumpliéndose así los designios del maestro veneciano: «el cielo y la naturaleza circundante se harán visibles desde adentro», como bien señala en la memoria descriptiva del proyecto. Las referencias a Wright son en todo momento muy claras pero es la particular poética de Scarpa centrada en la valoración del detalle arquitectónico, la que se convierte en otro de los protagonistas de la obra acentuada con la nobleza de los materiales utilizados.

3. Carlo Scarpa, Pabellón de Venezuela para la XXVIII Bienal de Venecia. Acceso a las dos salas, 1956

Aunque Scarpa no renuncia a colocar en el acceso un pequeño mapa de Venezuela, no hay duda de que en este caso nos encontramos con una apuesta totalmente diferente, por ejemplo, a la que originó el encargo del Pabellón de 1939 para la Feria de Nueva York (ver Contacto FAC 21, 02-04-2017). Lo efímero y lo permanente, la novedad y la perpetuidad, categorías que sólo el tiempo es capaz de juzgar y valorar, ofrecen en ambos casos comportamientos muy disímiles. Lo efímero, lo temporal y lo nuevo se colocarían más cerca de lo venezolano y su pabellón neoyorquino y lo permanente, lo atemporal y lo perpetuo más próximos a las aspiraciones de Scarpa.

4. Carlo Scarpa, Pabellón de Venezuela para la XXVIII Bienal de Venecia. Planta, 1956

Tal y como ha sido reconocido por críticos de la talla de Francesco Dal Co, Manfredo Tafuri, Bruno Zevi o Joseph Rykwert, este modesto pabellón ocupa un lugar privilegiado y crucial entre las obras realizadas por Scarpa dentro de una notable trayectoria dedicada fundamentalmente al restauro en la que tuvo escasas ocasiones para inventar espacios propios.

5. Carlo Scarpa, Pabellón de Venezuela para la XXVIII Bienal de Venecia. Galería abierta con obras de Alejandro Otero y Francisco Narváez, 1956

Desde su apertura, cuando se mostró la obra de Armando Barrios, Graziano Gasparini, Luis Guevara Moreno, Mateo Manaure, Rafael Monasterios, Héctor Poleo, Alejandro Otero, Manuel Quintana Castillo y Francisco Narváez (en su mayoría integrantes del grupo “Los Disidentes”), la finalidad del Pabellón de Venecia siempre ha sido albergar arte venezolano convirtiéndose en vitrina para sucesivas generaciones de creadores nacionales. Más recientemente, también, se ha convertido en lugar para abrirle paso a muestras relacionadas con las Bienales de Arquitectura que la ciudad alterna con las de plástica. Sin embargo, no pecaríamos de exagerados si afirmáramos que transcurrido el tiempo ha predominado el peso específico del arquitecto y la calidad tangible del edificio como imán para quienes lo visitan mucho más de lo que eventualmente puede contener.

6. Carlo Scarpa, Pabellón de Venezuela para la XXVIII Bienal de Venecia. Vista exterior, 2017

Habiendo contado el Pabellón de Venecia con la fortuna de perdurar en el tiempo sin ser demolido o desmontado, y adquirido un indudable valor patrimonial reconocido por las autoridades italianas en la materia, ha debido sufrir, por un lado, de la desidia a que lo han sometido los gobiernos venezolanos de turno cayendo a veces en situaciones de casi total abandono y, por el otro, la intervención de manos no precisamente expertas al momento de llevarse a cabo sucesivos trabajos de restauración los cuales han despertado tanta polémica como las exhibiciones que ha debido albergar. En la actualidad, a 61 años de su apertura, se anuncia que está a punto de concluirse una nueva puesta al día del edificio con miras a hospedar la representación nacional para la Bienal Internacional de Arquitectura que se realizará el próximo año 2018. Su “longevidad”, por otro lado, lo convierte en primero de una corta lista de dos representaciones venezolanas que han permanecido más allá de la breve duración del evento que las originó en el sitio donde se construyeron, siendo el segundo el diseñado por Alejandro Pietri para la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre, Ciudad Trujillo, República Dominicana (1955), hoy en día sumido en un estado deplorable de deterioro. En resumen, el de Venecia se trata de un pabellón de autor, espejo de sí mismo, en que la representatividad se ha logrado con buena arquitectura. Venezuela, ha pasado así a un segundo plano, y, casi sin proponérselo, ha rendido de esta manera un homenaje a la ciudad italiana a la que le debe su nombre.

ACA

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Postal y 1. https://arqueoarquitectural.blogspot.com/2019/01/carlo-scarpa-un-recorrido-arquitectural.html

2, 3, 4 y 5. Marcianó A. F. Carlo Scarpa, Gustavo Gili-estudio paperback, 1985

6. https://albaciudad.org/2017/04/pabellon-de-venezuela-en-venecia-es-restaurado-para-su-61-aniversario-podcast/

¿SABÍA USTED…

… que entre la frustrada asistencia a la Exposición Universal de París (1900) -ver Contacto FAC 43 del 03-09-2017- y la materializada en la Iberoamericana de Sevilla (1929) -ver Contacto FAC 29 del 28-05-2017-, Venezuela no participó con pabellón propio en las ferias internacionales convocadas durante ese período?

1. Cipriano Castro (izquierda ) y Juan Vicente Gómez (derecha), 31 de diciembre de 1905

La entrada del siglo XX encuentra a nuestro país sometido desde 1899 al régimen de Cipriano Castro quien, como se sabe, con ocasión de un viaje que realizara a Alemania por problemas de salud, será desplazado del poder por su compadre y entonces Vicepresidente Juan Vicente Gómez en 1908, iniciándose así una aún más larga dictadura que terminará con su muerte en 1935.

El traumático período que preside Castro estará signado por interminables conflictos tanto internos como externos y por un deterioro creciente de las relaciones internacionales. El primero de ellos se origina a raíz de la negativa del gobierno a reconocer los reclamos de sus acreedores y la subsiguiente suspensión de los pagos de la deuda externa, razón por la que Alemania e Inglaterra resuelven bloquear las costas venezolanas a partir del 9 de diciembre de 1902, iniciativa a la que se unen Italia y, poco después, Francia, Holanda, Bélgica, Estados Unidos, España y México, países que también presentan sus reclamos para que sean considerados junto con los de los países agresores. Levantado el bloqueo en 1903, firmados los Protocolos de Washington que redujeron la deuda a más de la mitad, la política internacional del régimen de Castro continúa desenvolviéndose entre enfrentamientos y conflictos, presentándose ahora pleitos con las empresas trasnacionales que participaron en la Revolución Libertadora (guerra civil desarrollada entre 1901 y 1903 que intentó derrocarlo conformada por una coalición de caudillos encabezados por el banquero Manuel Antonio Matos del Monte), lo cual desencadenará una nueva ruptura de relaciones diplomáticas con Francia, Holanda y muy particularmente con Estados Unidos en 1908, preámbulo, sin duda, de su destitución.

Al asumir Gómez el poder tiene ante sí, por tanto, el enorme reto de recomponer los vínculos rotos entre la nación y las potencias extranjeras. Para ello ofrece garantías a los inversionistas y cuenta con la «fortuna» de que, junto al descubrimiento y explotación de importantes yacimientos, el país define su perfil fundamentalmente petrolero.

Ante este sucinto panorama se puede detectar cómo tímidamente Venezuela empieza a reaparecer en la ferias internacionales, enviando algunos productos a la Exposición Internacional de las Industrias y del Trabajo de Turín de 1911, último evento europeo previo al estallido de la Primera Guerra Mundial.

2. Vista general de la Panama Pacific International Exposition de San Francisco de 1915

Por otro lado, recogiendo una vez más lo documentado por Orlando Marín en el Epílogo “La persistencia del tutelaje” de su texto La nación representada: La arquitectura de los pabellones de Venezuela en las exposiciones internacionales durante el siglo XIX (2006), “el gobierno gomecista realiza preparativos para seleccionar el proyecto del pabellón que representaría al país en la Panama Pacific International Exposition de San Francisco de 1915 (2), exhibición con la cual se celebrarían tanto la reciente apertura del Canal de Panamá como el promisorio desarrollo que, a partir de entonces, se auguraba a las ciudades de la Costa Oeste de los Estados Unidos, país que aún se mantenía al margen del violento enfrentamiento que entonces se sucedía en el viejo continente y que ya asumía el rol de primera potencia económica mundial”.

3. Panama Pacific International Exposition de San Francisco de 1915. Propuesta para el pabellón venezolano. Willis Polk

Marín logra detectar, sumergiéndose en el Archivo del Ministerio de Obras Públicas (incorporado vía comodato al Archivo Audiovisual de la Biblioteca Nacional) hasta cuatro propuestas realizadas por los profesionales norteamericanos Willis Polk, Albert Farr, Edward Mc Manus y M. A. Singer, remitidas desde San Francisco, de entre las cuales se podría haber seleccionado el edificio que nos representaría, cosa que finalmente no ocurrió.

Más allá de revelarse otra ocasión en la que el encargo de un pabellón nacional se deja en manos de profesionales extranjeros, tal y como se ha evidenciado a través diferentes manifestaciones tratadas en este espacio, todas las alternativas “presentan en común la filiación a un lenguaje arquitectónico que entonces cobraba fuerza en los nuevos desarrollos urbanos de California: el llamado ‘Mission Style’, ‘Neo-colonial’ o ‘Neo-hispano’, nuevo estilo del eclecticismo de entonces en el que se revalorizan elementos arquitectónicos autóctonos provenientes de la cultura de raíz ibérica que caracterizaba el territorio californiano antes de la ocupación angloamericana”, señalará acertadamente Marín.

4. Panama Pacific International Exposition de San Francisco de 1915. Propuesta para el pabellón venezolano. Albert Farr

El cambio de mirada en la actitud ecléctica de quienes interpretaban lo que debe representarnos como país es lo que dejan como comprobación los ejercicios proyectuales remitidos desde California. Por un lado se reconstruye una visión romántica de un pasado que no fue y por el otro se asocian de forma análoga a todo un subcontinente códigos vaciados de significado inexistentes en muchas de sus regiones, dejando entrever un cambio de paradigma en cuanto la sustitución del modelo cultural europeo por el norteamericano.

5. Panama Pacific International Exposition de San Francisco de 1915. Propuesta para el pabellón venezolano. Edward Mc Manus

Así, el anteproyecto de Polk (3) (con el acompañamiento de John Galen, uno de los teóricos más importantes del “nuevo estilo”), hace destacar en su fachada “una elaborada portada plateresca de dos cuerpos, similar a la de algunos templos mexicanos (como los de Acolman o de Yuriria)…”. El enviado por Albert Farr (4) “parece reproducir los esquemas compositivos del llamado Alcazar de Diego Colón en Santo Domingo, República Dominicana y de la Villa de Cortés en Cuernavaca, México, dos de las edificaciones hispánicas más antiguas del continente y que probablemente reproducen el modelo de algunas villas renacentistas italianas”.  Edward Mc Manus (5), por su parte, “desarrolla un esquema más identificado con el eclecticismo neo-barroco francés, destacando el volumen cilíndrico de la esquina (donde se produce el acceso) coronado con una estatua ecuestre del Libertador, y el sistema neo-barroco de escaleras que comunica los diferentes niveles”. Aunque el “Neo-colonial” se impondrá definitivamente en la década de 1930, una vez superada la leyenda negra que ideológicamente acompañó la ocupación española por más de 3 siglos desde los años posteriores a la Independencia, no deja de ser aleccionador ver en estos ejemplos provenientes de arquitectos que nos miran desde afuera, una demostración más de cómo poco a poco la penetración cultural y la sustitución de patrones se ha ido dando en nuestros países, acompañando la búsqueda permanente de la caracterización arquitectónica de “lo nacional”.

ACA

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1. https://www.pinterest.com/pin/384917099387060219/

2. https://www.pinterest.com/pin/143481938109456353/ (Library of Congress)

3, 4 y 5. Marín O. La nación representada: La arquitectura de los pabellones de Venezuela en las exposiciones internacionales durante el siglo XIX, 2006.

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 80

Venezuela desde etapas muy tempranas de su vida republicana sintió la necesidad de participar en eventos que, bajo la categoría de Exposiciones Universales o Ferias Internacionales, se desarrollaron primordialmente en Europa y Estados Unidos donde la cita tenía mucho de comercial e industrial con una cierta dosis cultural. Entre 1862 y 1888, acorde con las tradición del momento y con las limitaciones económicas del país, éste comparte hasta por 13 veces una gran nave en la que se aglutinaban otras tantas representaciones nacionales intentando cada una destacar por la calidad de sus productos, la particularidad de sus costumbres, el exotismo de su folklor, el talento de sus artistas o la inventiva de sus creadores. Se trató, por lo general, de representaciones discretas, organizadas por pequeñas comisiones designadas por los gobiernos de turno “conformadas por científicos y comerciantes, la mayoría de ellos extranjeros radicados en el país, quienes conocen de cerca los códigos y criterios de los que más tarde contemplarían y juzgarían las muestras” y en los que se buscaba cumplir con decoro el compromiso de dejar en alto al país o en palabras del Ilustre Americano “no hacer un papel ridículo”, cosa que muy pocas veces ocurrió, tal y como relata Orlando Marín en La nación representada. La arquitectura de los pabellones de Venezuela en las exposiciones internacionales durante el siglo XIX (2006), texto fundamental (como hemos señalado varias veces) para entender esta temática.

Así, diluida en enormes espacios de carácter industrial (verdaderos protagonistas de los eventos), sumida en el uniforme espectro que para los europeos se empezaba a conocer como la América Hispana, vemos como Venezuela se esfuerza por organizar los diversos “muestrarios” que irán a Londres (1862), Paris (1867), Viena (1873), Bremen (1874), Santiago de Chile (1875), Filadelfia (1876), París (1878), Atlanta (1881), Venecia (1882), Buenos Aires (1882), Edimburgo (1884) y Londres (1884), hasta que hace acto de presencia por primera vez con un pabellón propio en la Exposition Universalle de Paris (1889) diseñado por el arquitecto francés Edmond-Jean-Baptiste Paulin (ver Contacto FAC nº 13, 05/02/2017).

El debate entre si el peso de la representatividad nacional en una exposición o feria recae sobre el contenedor, sobre el contenido o más bien si se trata de una responsabilidad compartida, o la discusión sobre la interpretación dada a “lo nacional” por los arquitectos venezolanos y en muchos casos extranjeros que han asumido los respectivos proyectos, recorrerá desde ese momento la historia de nuestra arquitectura hasta el día de hoy, con la excepción hecha de nuestra presencia en Osaka (1970), Lisboa (1998), Zaragoza (2008) y Milán (2015) donde el país vuelve a ocupar el interior (compartido) de una gran nave.

Sin embargo, es quizás la participación en Expo Lisboa 98 la que, por su impacto, calidad y repercusiones en cuanto a los temas que incorporó al debate arquitectónico del momento, la que mayor relevancia ha tenido entre las que se han ubicado en un contenedor compartido. Un render (elaborado por Ricardo González M.) de la propuesta ganadora del Concurso Nacional de Proyectos Creativos convocado por la Cancillería en 1996, presentada por el equipo AE + Arquitectura conformado por los jóvenes Matías Pintó, Ricardo González M. y Roberto Weil, ilustra nuestra postal del día de hoy.

El concurso convocado para proyectar el “pabellón” de Lisboa llevaba implícitas varias condiciones que lo determinaban de inicio: la primera era su adscripción a la temática general de la exposición dedicada a la celebración de “Los océanos como patrimonio del futuro”; la segunda era la necesidad de aprovechar de la mejor manera posible el espacio interior (de aquí la dificultad de la denominación “pabellón”) otorgado dentro de la Zona Internacional sur de la Expo (10.000 pies cuadrados equivalentes aproximadamente a 1.000 metros cuadrados); y la tercera, quizás la más retadora, era la incorporación del uso de la realidad virtual y la tecnología multimedia para lograr un efecto que dejase en la retina de los visitantes una impresión imborrable del país. Es por esta razón que la mejor manera de apreciar el impactante resultado final obtenido (limitada aún contra lo que debió ser el recorrido en vivo) no es otra que observar el video alojado en youtube (https://www.youtube.com/watch?v=dYaILl5pLQY).

Arquitectura HOY dedica su número 201 (2 de mayo de 1997), coincidiendo con la celebración de la salida cinco años antes del número 1 consagrado al Pabellón de Sevilla, a la presentación  del proyecto ganador por parte de AE + Arquitectura, y el 202 (9 de mayo de 017) a dos aproximaciones críticas al mismo firmadas por Alfredo Caraballo (“De la piedra a la letra, de la letra a la imagen”) y Alberto Sato (“Transitar por el borde”), cuya lectura recomendamos ampliamente para ampliar no sólo la información sino el impacto que en lo discursivo produjo esta experiencia.

De la memoria publicada por los ganadores se puede extraer lo siguiente: “El ciclo hidrológico será el eje conductor de la muestra que presentará el Pabellón de Venezuela, ordenando así las salas y sus contenidos con base en tres atmósferas: la lluvia, el río y el mar. Tres nociones que fundamentan un ciclo en la historia, de pasado a futuro; un ciclo geográfico que se inicia en la selva tropical lluviosa, presenta una retrospectiva de la Orinoquia y los ejes fluviales más importantes para termina en la enorme riqueza de la costa venezolana frente al mar Caribe y el océano Atlántico; un ciclo de recorridos por nuestra diversa cultura y el desarrollo del país.

Una experiencia ininterrumpida y fluida, a través de un recorrido de 20 minutos en un área de casi 1.000 metros cuadrados de exposición, que permitirá el acceso de dos grupos de 150 visitantes, para un máximo de ocupación simultánea del recinto de 300 personas aproximadamente. (…)
El orden de las imágenes se encuentra basado en un guión cíclico de múltiples lecturas y temas:

a.- Un recorrido hidrológico: del cielo al fondo el mar.

b.- Un recorrido geográfico: de la Guayana al mar Caribe.

c.- Un recorrido histórico: del pasado al futuro.”

La ficha técnica que acompaña el video arriba señalado precisa que el “pabellón” obtuvo una Mención Honrosa de parte del Comité de la Expo. Así mismo da cuenta de que el importante acompañamiento musical que tuvo estuvo a cargo del compositor y músico electrónico caraqueño Miguel Noya, siendo la firma española Sono la responsable de “la producción audiovisual y la instalación de monitores, proyectores, grandes proyectores de vídeo de gran contraste, que ofrecían un impactante audiovisual multi-pantalla.”

Para acercarnos en lo posible a la puesta en escena definitiva habría que apelar de nuevo a la ficha técnica:

“En la primera sección del Pabellón, la selva tropical es interpretada como un laberinto donde paredes de vidrio de doble cara cuelgan del techo y revelan imágenes satelitales del paisaje venezolano. Los pasajes entre las paredes ofrecen diferentes paisajes sonoros como lluvia continua, voces de diferentes grupos étnicos venezolanos y ritmos urbanos.

La segunda sección del Pabellón presenta una abstracción de la belleza y el poder de los ríos venezolanos. Es un espacio tipo túnel que presenta una pared de vídeo con altavoces a intervalos a lo largo de su longitud. En continuo flujo, los contenidos audiovisuales expresan el flujo perpetuo y la energía de los ríos.

La tercera sección, que representa el mar, combina un paisaje sonoro tridimensional de grabaciones binaurales con un entorno visual espectacular. Las imágenes de video en una pantalla de 105 pies de largo por 20 pies de altura se duplican ad infinitum por los espejos colocados en el extremo y fondo de la pantalla. La combinación de la edición de vídeo y la ingeniería de audio crea un efecto mágico; para el espectador inmerso en los sonidos reverberantes de los paisajes acuáticos, imágenes panorámicas y caleidoscópicas de los magníficos mundos submarinos de Venezuela y las impresionantes playas y vistas aéreas de los micro y macrocosmos del país, la experiencia se acerca a lo místico.”

Tan alejada y a la vez tan cercana a las elementales experiencias decimonónicas, el montaje del “pabellón” de Lisboa 98 permitió despejar exitosamente las dudas que Alberto Sato colocaba sobre la arriesgada y valiente experiencia asumida por los jóvenes arquitectos venezolanos. En efecto, en Lisboa se alcanzó a plenitud el “valor de la transliteralidad, de la posibilidad de trasponer los límites disciplinares e indagar desprejuiciadamente sobre los sistemas cibernéticos y, más allá de su novedad se (logró) experimentar (con) la inmaterialidad o virtualidad como dimensión de la arquitectura.”  También abrió un debate que hoy en día luce asumido como parte integral del discurso arquitectónico y que Alfredo Caraballo dejó suspendido en la siguiente pregunta (aún vigente): “¿cómo materializar con la arquitectura, que es locación por naturaleza, una cultura caracterizada por la imagen y los media, que son ubicuos por naturaleza?”.

ACA

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Todas, excepto las páginas centrales del nº del nº 201 de Arquitectura (2 de mayo de 1997), http://www.managualab.com

¿SABÍA USTED…

… que el año 1898 el Instituto Nacional de Bellas Artes (antigua Academia de Bellas Artes de Caracas), propone como tema para el Segundo Certamen Anual de la sección de Arquitectura el diseño de un Pabellón para Venezuela en la Exposición Universal de París de 1900?

1. Plano práctico de la Exposición Universal de París, 1900, que era entregado como souvenir

Luego de haber logrado hacer acto de presencia en las ferias internacionales de París (1889) y Chicago (1893) con pabellones propios (aunque encargados a sendos arquitectos extranjeros, franceses en particular -ver Contacto FAC números 13 y 19 del 05/02 y 19/03/2017, respectivamente-), el gobierno venezolano encabezado por el General Ignacio Andrade empieza a adelantar en 1897 los trámites para volver a decir presente en la capital de Francia, que estaba organizando por quinta vez una Exposición Universal con la excusa en este caso de abrir por todo lo alto el siglo que en próximamente se iniciaba.

2. Exposición Universal de París, 1900. Vista panorámica

Se trataba el de París 1900 del evento de esta naturaleza que ocuparía la mayor extensión de los realizados en Europa hasta entonces: 136 hectáreas. A los tradicionales lugares donde se habían venido realizando los anteriormente organizados (Campos de Marte, Trocadero y sus jardines y Explanada de los Inválidos), se suman la Plaza de la Concordia, los corredores dispuestos a ambos lados del Sena y parte del Bosque de Vicennes donde ese mismo año se organizaron los segundos Juegos Olímpicos de la edad moderna.

Más próxima a la Exposición Colombina de Chicago (1893) que a la de París (1889) (catalogada esta última como “exposición de ingenieros”), en 1900, donde los arquitectos toman la batuta, se impone un eclecticismo que apela a la fusión de diferentes estilos históricos logrados maquillando con yeso la nobleza de los elementos estructurales de concreto (para entonces un material en experimentación) y acero que servían de soporte a las diversas edificaciones. Sólo la presencia del art nouveau de la mano de Horta, Berlage, Olbrich y Van de Velde se mostrará como corriente acorde a su época opuesta al frenesí ornamental que buscaba dar rienda suelta a la imaginación de los más variados proyectistas. Valga añadir como dato que la estación de Orsay (hoy Museo de Orsay), el Petit Palais, el Grand Palais y el puente Alejandro III fueron construidos para celebrar la exposición universal.

3. Exposición Universal de París, 1900. El Chateau d’Eau, diseñado por los arquitectos Eugène A. Henard y Edmond J. B. Paulin y la gran plaza que lo antecedía

Con la ayuda, una vez más, del documentado trabajo final de grado del arquitecto Orlando Marín, con el que egresó de la Maestría en Historia de la Arquitectura y del Urbanismo de la FAU UCV en 2006 (a la venta en formato digital a través de http://www.edicionesfau.com), hemos podido conocer cómo las gestiones que garantizarían la participación de Venezuela en París se inician desde el Despacho de Fomento de mano del ministro A. Riera a finales de 1897, quien solicita apoyo de la Cancillería para que a su vez oficie al Agente Diplomático de Venezuela en Europa, General Juan Pietri Franceschi, para “…estudiar, durante su permanencia en Francia y con vista de las ventajas que ofrece el terreno destinado a la Exposición, la manera de construir bajo favorables condiciones un edificio de área regular para la Sección Venezolana, mediante contrato o estipulación formal con un ingeniero especialista”.

Además, se señalaba expresamente en la misiva la importancia de contar con un edificio “con una sola cubierta y de fácil armazón y desmontadura, a fin de que pueda transportarse a Caracas, una vez concluida la Exposición y ser levantado en un sitio escogido al efecto donde sirva de ornato a la par que de utilidad”. Como se verá, aspiraciones genuinas que han acompañado siempre con sus más y sus menos la realización de edificaciones de este tipo.

Con respecto a la identificación de la pieza no se toma partido por ningún estilo arquitectónico determinado, volviendo (como en Chicago) a cobrar peso en la decoración del edificio la realización de “… dos estatuas ecuestres, la de Bolívar y la de Miranda, de tamaño proporcionado a la obra, y puestas en la parte del frontis que se juzgue más adecuada a las necesidades de la perspectiva”.

Sin duda, tan precisa manera de abordar institucionalmente el compromiso genera inquietud y expectativas en el ambiente profesional venezolano. Pero lo curioso es que, particularmente, cinco meses después de la resolución del Gobierno, haya sido desde el Instituto Nacional de Bellas Artes (anteriormente Academia de Bellas Artes de Caracas) desde donde se toma la iniciativa de asumir como tema para el segundo Certamen Anual de la sección de arquitectura el diseño del Pabellón de Venezuela para la Exposición Universal de París de 1900.

Cabe destacar que estos “certámenes” o concursos, cuyo régimen se establece dentro del Instituto Nacional de Bellas Artes mediante disposición emitida por el Ministerio de Instrucción Pública en 1897 para cada uno de los ramos que allí se enseñaban, como bien señala Marín “si bien (…) no incluían premios en metálico, sí aseguraban el reconocimiento público, ya que las obras premiadas se dan a la publicidad a través de exposiciones, notas de prensa y en la propia Gaceta Oficial”.

Para conocer mejor el rol jugado por el mencionado Instituto en la formación de arquitectos a finales del siglo XIX, remitimos al ensayo “Del académico retórico al profesional pragmático” de Ciro Caraballo Perichi (aparecido en el Boletín del CIHE, nº 27, diciembre 1986, disponible también a través de www.edicionesfau.com). Pero para apreciar el énfasis de la enseñanza que se impartía nada mejor que conocer, por un lado, los requisitos que se fijaron y, por el otro, observar los trabajos premiados tras el concurso.

En cuanto al programa del edificio y exigencias de presentación Marín recoge de la Gaceta Oficial nº 7.268, Caracas, 16/03/1898, lo siguiente: “El edificio además de las salas de exposiciones de los productos nacionales y de arqueología, etnografía, etc., tendrá una sala especial para exhibición de pinturas y de esculturas.
Se exigen los dibujos siguientes:

La fachada principal en la escala de 2 cm. por metro. Las plantas, las fachadas laterales y los cortes en la escala de 1 cm. por metro. Los dibujos serán lavados.”

4. Proyecto participante en el certamen del Instituto Nacional de Bellas Artes para el Pabellón de Venezuela en la Exposición Universal de París, 1900. Ing. Mariano Herrera Tovar, 1898
5. Proyecto que obtiene el “accesit” en el certamen del Instituto Nacional de Bellas Artes para el Pabellón de Venezuela en la Exposición Universal de París, 1900. Ing. German Stelling, 1898
6. Proyecto ganador en el certamen del Instituto Nacional de Bellas Artes para el Pabellón de Venezuela en la Exposición Universal de París, 1900. Ing. Octaviano Urdaneta Larrazabal, 1898

Los cinco proyectos que optaron a hacerse acreedores al premio son presentados “cuatro meses después de la convocatoria”, resultando ganador, de acuerdo al jurado especial presidido por el Director del Instituto (Emilio J. Mauri), el presentado por Octaviano Urdaneta Larrazábal (bajo el seudónimo A.F.), recibiendo mención especial o “accésit” el entregado por Germán Stelling (identificado como Osiris). Sus dibujos publicados con otra tercera propuesta del ingeniero Mariano Herrera Tovar en el nº 161 (01/09/1898) de El Cojo Ilustrado son los que acompañan esta nota, evidenciándose “la aplicación de los métodos y temas compositivos del academicismo francés”.

Por su parte, el diseño de Urdaneta se inspira en la arquitectura islámica (asemejándose su imagen a la de una mezquita) y, por la suya, el de Stelling responde a la ortodoxia neoclásica. Ambas desatienden la posibilidad de contar con una edificación “de fácil armazón y desmontadura” mostrándose claramente como piezas sólidas pensadas constructivamente bajo métodos absolutamente tradicionales, todo lo cual le permitirá a Marín afirmar que “los ingenieros venezolanos dejan a un lado el disciplinamiento científico universitario cuando entran en los talleres del Instituto y asumen plenamente su traje de arquitectos-artistas, dispuestos a ensayar las formas que deberían exhibir no sólo los monumentos representativos de la nación más allá de su frontera, sino también las obras públicas de las que todavía carecía el país”.
Experiencias académicas aparte, finalmente el Gobierno venezolano no tomó ninguna decisión que se sepa con relación a la contratación del proyecto y construcción del pabellón en París, pese a la antelación con que se habían llevado a acabo las gestiones. También es bueno reconocer que las mismas, de haberse efectuado, hubiesen sido “desautorizadas a partir del 21 de octubre de 1899, cuando la llamada ‘Revolución Liberal Restauradora’, acaudillada por el general andino Cipriano Castro, toma Caracas, derroca a Andrade y asume el poder, tras una marcha de cinco meses iniciada en la frontera colombo-venezolana.” Con este intento fallido se cierra la corta saga de sólo dos pabellones representativos de Venezuela erigidos durante el siglo XIX, culminada en Chicago 1893. Sin embargo, a pesar de que es sólo en 1937 (tras la aparición previa en diversos eventos) cuando aparece la posibilidad de apreciar el primer pabellón representativo de nuestro país a cargo de arquitectos nativos, a partir de entonces comenzará otra interesante etapa en la que poco a poco los profesionales venezolanos se harán cargo de sus respectivos diseños.

ACA

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1. https://proyectoidis.org/exposicion-universal-de-paris-de-1900/

2 y 3. https://es.wikipedia.org/wiki/Exposici%C3%B3n_Universal#/media/Archivo:Le_Chateau_d’eau_and_plaza,_Exposition_Universal,_1900,_Paris,_France.jpg

4, 5 y 6. El Cojo Ilustrado, nº 161, Caracas, 1/9/1898