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TAL DÍA COMO HOY…

… el domingo 12 de abril de 1992, Oscar Tenreiro publica en El Diario de Caracas el artículo “Llevamos los aleros en el alma”.

Página de Arquitectura y Diseño en la sección Ciudad de El Diario de Caracas del domingo 12 de abril de 1992

Tal y como anunciáramos el pasado 12 de abril (ver Contacto FAC nº 162), a lo largo de este año 2020 iremos refiriéndonos eventualmente a algunos temas tratados por Oscar Tenreiro en la página que como articulista desarrolló entre 1989 y 1993 en El Diario de Caracas junto a Farruco Sesto, la cual ocupó un importante espacio dentro del boom que por aquellos años permitió el feliz encuentro entre la crítica de arquitectura y la prensa escrita. Será en particular el convulso año 1992, por coincidir al calco con este 2020 en cuanto a su calendario, el que nos permitirá echar mano a la expresión “tal día como hoy” en más de una ocasión como excusa para repasar parte del ideario que acompaña la reconocida trayectoria de Tenreiro.

Así, la página de aquel Domingo de Resurrección del 12 de abril de 1992, estuvo dividida, como era costumbre, en tres partes: un artículo central desarrollado por Tenreiro y dos secciones, una titulada “Nave” también con su firma y otra que llevaba por nombre “La poesía de la ciudad” a cargo de Farruco Sesto.

Aunque centraremos nuestra atención hoy en el texto principal “Llevamos los aleros en el alma” no estaría de más recordar que Farruco Sesto se ocupó en su columna que tituló “Algunos arquitectos” a elevar su protesta contra la decisión tomada por parte del gobernador del Distrito Federal, apelando  a variables como el bajo costo y la rapidez de ejecución, de realizar una serie de módulos policiales de dudosa calidad y desconocida autoría que poblaron la ciudad, sin recurrir al llamado de buenos arquitectos (cuyos nombres menciona pidiendo excusas por las posibles omisiones) que según su opinión lo hubiesen hecho con mayor decoro. De aquella iniciativa como tantas otras de entonces y ahora realizadas sin la debida planificación quedan todavía algunos vestigios diseminados por Caracas, siendo el más notorio el que está ubicado en el distribuidor Altamira del cual dejamos en nuestros lectores la oportunidad de emitir opinión.

Por otra parte “Nave” está dedicada a abordar el inagotable debate sobre si es pertinente o no hablar de “arquitectura latinoamericana”, recordando parte de la polémica desatada por Gustavo Munizaga en el V Seminario de Arquitectura Latinoamericana (SAL), realizado en Santiago de Chile el año anterior, quien  de manera tremendista afirmaba: “No creo en Latinoamérica…” donde perseguía “destacar la diversidad que existe en esta parte del mundo y de qué manera este nombre propio lo ignora”. El artículo de Tenreiro titulado justamente “Latinoamérica” le permite a raíz de la excesiva y algo arbitraria expresión de Munizaga, plantear su visión ante el peligro de “tratar como unidad lo que es esencialmente multiplicidad” para preguntarse si, ante la evidencia, “¿no entra en crisis la idea unitaria que se desprende del término?”. Como todo reduccionismo “lo latinoamericano”, sin duda deja por fuera a todos aquellos que actúan bajo el amparo, muy auténtico por cierto, de la libertad creativa y de pensamiento que no mira a asuntos clasificatorios, por lo que según Tenreiro “parece llegado el momento de hablar menos de arquitectura ‘latinoamericana’, e ir a los arquitectos que interesen”. Y continúa: “Esto no desconoce contextos, circunstancias, limitaciones, posibilidades, del medio cultural en el que la obra se da, porque ello es requisito para toda crítica válida, sino que estos aspectos no se conviertan en excusa para evitar el difícil trabajo de conocer mejor”. Cierra el artículo señalando que si la duda es aplicable al termino “latinoamericano” también lo será al “venezolano”, aunque “siempre será legítimo y necesario referirse a cualquier actividad agrupando a la gente de una misma nacionalidad y del mismo ámbito geográfico, pero ello exige a continuación suficiente capacidad intelectual para discernir con inteligencia, para pasar el umbral generalizador tan poco útil más allá del introito, y saber valorar el aporte individual, que es donde se resuelve la cultura como pensamiento”.

“Llevamos los aleros en el alma”, como ya dijimos, escrito central de la página, le permite a Tenreiro preguntarse, no muy alejado de sus cavilaciones sobre “Latinoamérica” pero en un tono si se quiere más poético, “¿qué lo lleva a uno a ciertos sitios de la geografía?”, usando como pretexto el éxodo de Semana Santa para darse la oportunidad de viajar hacia la memoria.

En este texto, que creemos debería pertenecer al acerbo de los que nos hacen comprender lo que somos y dónde estamos sin aspiraciones prescriptivas, su autor nos introduce en un territorio poblado de sensaciones provenientes del análisis de lo que significa habitar, permanecer, percibir, asimilar el trópico y hacer de ello una lección de arquitectura. Un aquí en el que la sombra, la transición, la penumbra, el umbral, logrados mediante el uso y la reinterpretación de eternos dispositivos como el corredor, el patio, el zaguán y el alero, se aleja de la preconcepción de objetos o contenedores en los que prevalece su condición de lugar cerrado. En “Llevamos los aleros en el alma”, Tenreiro no hace otra cosa que recordarnos la benevolencia de nuestra condición geográfica y nuestro clima para lograr con ello un “juego sabio y magnífico de los volúmenes bajo la luz” (como apuntaba Le Corbusier) en los que la relación fluida y amable entre el interior y el exterior debe convertirse en requisito ineludible.

En el texto, Tenreiro nos recuerda “que llevamos en el alma la añoranza de un patio de café” y  también nos habla del bienestar que “en nuestro clima está íntimamente unido a la sombra, a la protección de los aleros, a la posibilidad de sentarse a observar lo de afuera desde un lugar en que la brisa nos alcance. (…) Y en ese umbral que siempre quisiéramos bordeado de árboles que nos permitan alejar el asedio solar, nos gustaría estar un buen rato, tal vez comer allí, y si la plaga lo permite y, si no es excesiva, también la hamaca se colgará en el mismo sitio. Y esto es así durante todo el año, la situación no cambia sino por las lluvias amenazantes y torrenciales en las que el mismo alero permite observar…”.

Del “contenedor” convertido en objeto en el paisaje que caracteriza la casa en tierras frías, Tenreiro pasa a hablarnos de la churuata, igualmente objeto en la medida que su impecable geometría contrasta con la selva circundante, pero a la vez “cobijo, alero, hogar (en el sentido de fuego) y dormitorio colectivo” y, comparando ambas actitudes, establece la diferencia entre un objeto que se comporta como una botella, “hermética o con aspiraciones de serlo, lugar donde debe transcurrir la vida observando a través de las ventanas”, y otro donde el “contenedor” se convierte en un “sostenedor” sin “límites precisos porque nuestro medio no los exige” cargado de “umbrales, transiciones, espacios donde podamos ‘escampar’ ”, aprendizaje que sin duda debe recoger todo espacio habitable y muy particularmente la casa.

“Esos umbrales -nos dirá Tenreiro- son en realidad muy diversos, no todas las casas tiene corredores. En la ciudad se hicieron imposibles y se llevaron entonces hacia adentro, hacia el patio interno, y el zaguán sirve de umbral que atraviesa lateralmente la sala para llevarnos hacia ese patio umbroso donde la brisa también se mete y donde hacemos la parada que la casa de hacienda permite hacer en el perímetro. La casa de aquí, y cuando decimos casa podemos referirnos a cualquier construcción, siempre pide preámbulos que permitan… que se seque el sudor de la caminata”.

Todo lo anteriormente planteado se ha visto sin duda mediatizado por actitudes acordes al momento y la moda que, plasmadas de manera numerosa en edificaciones que han poblado nuestro medio, le han quitado a la gente “herencias sabias sustituyéndolas por escenografías que siempre están como mal hechas, que exigen estar enchufadas a la corriente, que crearon un nuevo paisaje urbano transicional, despojado, antipático, que nos exige nuevas capacidades para superarlo y encontrar la nueva imagen análoga, válida, si es que la sociedad recupera la lucidez que pareció perder en la transición vacilante hacia lo que se ha llamado modernidad”.

El rescate de este texto quizás sea oportuno en momentos de pausa obligada como los actuales en los que la reflexión dirigida hacia diversos aspectos de nuestra vidas ha cobrado inusitada vigencia. Usar la memoria en busca de recuerdos sin ánimos nostálgicos sino más bien aleccionadores, recurrir a imágenes a ella asociadas donde la arquitectura puede ocupar un lugar importante podría ser un ejercicio para nada ocioso. En otras palabras ir “descubriendo la sombra, el silencio y el bienestar de antiguas memorias” para ponerlas en práctica en lo que hoy hacemos.

ACA

TAL DÍA COMO HOY…

… el domingo 16 de febrero de 1992, Oscar Tenreiro publica en El Diario de Caracas el artículo “Los bellos sueños de Iván” dedicado al arquitecto ruso Ivan Leonidov.

1. Encabezamiento del artículo «Los bellos sueños de Iván» escrito por Oscar Tenreiro y publicado en El Diario de Caracas el domingo 16 de febrero de 1992

La reconocida trayectoria de Oscar Tenreiro (1939, arquitecto egresado de la UCV en 1960, Premio Nacional de Arquitectura 2003, fundador del Taller Firminy dentro de la Escuela de Arquitectura de la UCV en 1983), tiene entre sus facetas más interesantes la de haber cultivado desde muy temprano el hábito de plasmar a través de la escritura sus reflexiones, acompañadas del desarrollo de un agudo espíritu crítico no muy común entre los arquitectos de su generación formados más para el “hacer”, asunto que, por cierto, él tampoco ha descuidado y ha incorporado como uno de sus temas más tratados.

Seguirle la pista a la aparición de los textos elaborados por Tenreiro no deja de ser una tarea interesante que quizás hasta podría derivar en un suculento trabajo de investigación. Sin pretender que esta nota lo sea, hemos detectado (corriendo el riesgo de equivocarnos) como primer indicio de ello el artículo aparecido en la revista PUNTO nº 4 (noviembre 1961) titulado “Reflexiones sobre Brasilia”, relato de una visita suya a la novísima y flamante capital brasileña estando recién graduado, por lo que hemos dejado de lado sus posibles ejercitaciones escritas como estudiante de arquitectura desde su ingreso como tal a la FAU en 1955.

Más adelante, con 23 años ya como profesor desde el año anterior, en el nº 15 de PUNTO (noviembre 1963) se pone en evidencia no sólo su segunda aparición en la revista sino su profunda admiración, seguimiento y estudio de la figura de Le Corbusier que lo ha acompañado a lo largo de toda su vida. Para dicho número Tenreiro elabora una nota titulada “¿Le Corbusier en Venezuela?” donde recoge los frustrados intentos por traer al maestro suizo a nuestro país, negado sucesivamente a hacerlo si no se le presentaba alguna oferta firme de trabajo, cosa que el autor ve con ojos críticos. También elabora la nota introductoria y la traducción de una entrevista hecha a «Corbu» titulada “Los tres establecimientos humanos” aparecida en L’Express del 3 de diciembre de 1959 a raíz de la reedición del libro del mismo nombre. Tenreiro en su nota valora la espontaneidad y amplitud de las respuestas dadas por el célebre arquitecto al entrevistador y rescata aspectos que deberían ser señales de alerta y enseñanzas a tomar en cuenta ante el desarrollo caótico de la ciudad y su arquitectura.

Pero si alguna veta ha desarrollado con perseverancia y sapiencia Oscar Tenreiro, además de la de arquitecto, es la de asiduo articulista en la prensa nacional. Pasando por alto seguramente apariciones previas o en otros medios de difusión, nos interesa hoy destacar las dos etapas que cubrió en el desaparecido Diario de Caracas (1989-1993 -acompañado de Farruco Sesto- y 1998-2000 en solitario) y más recientemente en TalCual (2007-2018) tanto en su presentación impresa (que dejó de circular en 2014) como en formato digital desde entonces hasta el presente. Valga la pena destacar como espacio donde comenzó a publicar sus contribuciones en TalCual desde 2007, la creación por parte de Tenreiro de un blog titulado “Entre lo cierto y lo verdadero” (https://oscartenreiro.com/) que le ha servido también de tribuna para incluir contenidos más amplios que tocan, además del territorio de la arquitectura y la ciudad, el de la de la cultura general, lo autobiográfico y lo político poniendo en práctica su convicción de que es necesaria la elaboración de un pensamiento crítico que puede tener a la arquitectura como eje.

Dejando para otro momento el desarrollo de sus  participaciones más recientes tanto en TalCual como en el blog, el período correspondiente a la presencia semanal-dominical de Tenreiro en El Diario de Caracas, se correspondió con una especie de boom en el que la arquitectura “invadió” la prensa nacional a lo largo de toda la década de los años 1990 del siglo XX. Forman parte de este boom, que no dudamos en considerar como el más prolífico dentro del movimiento crítico de nuestra arquitectura: la presencia de Juan Pedro Posani en Economía HOY en solitario desde el año 1990 hasta 1993 y como cabeza visible de Arquitectura HOY junto a Alberto Sato desde 1992 hasta el 2000; las de Federico Vegas, William Niño y Hannia Gómez desde las páginas de El Nacional; las de Edgard Cruz y Abner Colmenares en El Universal; y, a finales de la década, de Francisco Mustieles, Lourdes Peñaranda, Farid Chacón y Claudia Urdaneta desde La Verdad de Maracaibo.

La columna semanal que Tenreiro elabora para la sección de Cultura de El Diario de Caracas lleva por título “Nave” y tiene su primera aparición el 3 de septiembre de 1989 pudiendo considerarse como pionera dentro de lo que terminó ocurriendo más adelante. Posteriormente, convertida en toda una página ya dentro de una sección denominada “Arquitectura y Diseño”, aparecerá acompañando a “Nave” otro segmento que llevará por título “Poesía de la ciudad” a cargo de Farruco Sesto, en aquel entonces su socio y compañero dentro de las actividades docentes que desarrollaban en la Escuela de Arquitectura de la UCV.

Los variados temas que Tenreiro desarrolla desde “Nave” van desde asuntos propios del acontecer arquitectónico nacional e internacional de la mayor actualidad hasta la referencia a situaciones, momentos y personajes que le sirven para entrar en contacto con el público en general, manifestando sus puntos de vista como arquitecto. “Tenreiro practica así lo que el llama el ‘pensamiento desde y hacia la arquitectura’, insistiendo en que lo hace como arquitecto en ejercicio, para escapar de los estereotipos y cautelas propios de la ‘crítica arquitectónica’. Respecto a la cual no oculta su desconfianza, que explica recurriendo al aforismo de Nietzsche sobre el crítico de arte ‘que ve el arte desde cerca sin llegar a tocarlo nunca’ ”, tal y como se recoge de descripción que sobre su persona se hace en el blog “Entre lo cierto y lo verdadero”.

2. Iván Leonidov por Andrei Gozak y Andrei Leonidov (1988). Portada del libro y página interior

De esa primera etapa en El Diario de Caracas hemos escogido casi al azar, por la coincidencia que se ha dado entre día y fecha de hoy, pero con 28 años de diferencia, el texto titulado “Los bellos sueños de Iván” dedicado a rescatar la figura del arquitecto ruso Ivan Leonidov (1902-1959) a quien Tenreiro aborda, gracias a la relectura del libro monográfico editado por Catherine Cook para Rizzoli en 1988 que contiene dos excelentes textos de Andrei Gozak y Andrei Leonidov, en momentos que convalecía de un grave accidente sufrido en la península de Paria.

A modo de introducción, asomando aspectos que forman parte de su propia visión de la arquitectura, Tenreiro presenta a Leonidov de la siguiente manera: “La entrega incondicional al arte de la arquitectura como prolongación de una fe en valores trascendentales, considerándolo como herramienta para la transformación del mundo, sin la mediatización de una manera canónica de ver la ‘realidad’ que fue el germen que destruyó los mejores talentos en el largo trayecto del socialismo real, es el principal mensaje que deja la obra de este arquitecto que sólo pudo construir una escalera en sus 57 años de vida”.

Según Tenreiro, Leonidov, uno de los principales representantes del constructivismo ruso cuyo talento es reconocido tempranamente por hombres de la talla de Moisés Ginzburg o los hermanos Vesnin, queda retratado, y con él su personalidad, en “el epígrafe que preside el excelente texto central de Andrei Gozak (…): ‘El poeta más grande no es el que más escribió, sino el que más nos sugirió’, frase de Walt Whitman, ese gran poeta de la americanidad, de la esperanza, de la fe en el hombre. Porque Leonidov nos deja, por sobre todo, la sensación de que lo que verdaderamente vale en la entrega a una vocación por el arte es que no cese la capacidad de soñar, de imaginar escenas, de postular grandes o pequeñas utopías, de entender al arte como llave que permite atisbar el misterio de vivir”.

3. Iván Leonidov. Maqueta y perspectiva del Instituto Lenin para Bibliotecarios (1927)

La sugerente obra de Leonidov cobra particular relevancia en dos proyectos que denotan la búsqueda permanente de una estética vinculada a un lenguaje verdaderamente vanguardista: el Instituto y Biblioteca Lenin (1927) su proyecto de grado realizado en VJUTEMAS de Moscú en el cual el austero prisma vertical del depósito de libros, los paralelepípedos horizontales de los edificios del instituto y la esfera del gran auditorio proclaman su interés por la geometría respondiendo según palabras del propio Leonidov ‘”a las necesidades de la vida contemporánea maximizando las posibilidades de la tecnología”; y el Ministerio de la Industria Pesada (1934) a ubicarse en uno de los flancos de la Plaza Roja, frente al Kremlin, “tres soberbias torres de formas y tratamientos diversos que entran como en un juego de contrapunto, edificados sobre un inmenso podio que mediante un puente se prolonga hasta servir de base a un hiperboloide de revolución decorado con murales”. Sin embargo, como ya fue señalado, es la escalera-gradería diseñada en 1938 como parte de un proyecto paisajístico para Kislovodsk, ciudad balneario en Stavropol Krai, (región del Cáucaso del Norte), lo único que Leonidov logró construir y en el que a pesar de desplegar su destreza poco pudo reflejar la línea de trabajo que lo caracterizó.

4. Proyecto de la sede del Ministerio de la Industria Pesada (Narkomtiazhprom) de 1934 (concurso). Fachada
5. Proyecto de la sede del Ministerio de la Industria Pesada (Narkomtiazhprom) de 1934 (concurso). Perspectiva
6. Ivan Leonidov. Escaleras del sanatorio termal Ordzhonikidze en Kislovodsk (1938)

La página de El Diario de Caracas que hoy nos ocupa también permitió a Oscar Tenreiro, dada su proximidad en fecha con el golpe del 4 de febrero de 1992, aproximarse críticamente a ese lamentable evento, dejando aflorar un interés por lo político que nunca ha abandonado. Del texto “Mezquindad, hipocresía” que allí aparece extraemos un segmento que tiene absoluta vigencia: “…poca duda puede caber de que si la mezquindad y la hipocresía marcan a las cúpulas del poder político, esos mismos rasgos se instalarán en las demás ramas de la actividad social. En ‘Los días de Cipriano Castro’, se lo recordaba en estos días a mi hijo mayor, Picón-Salas pinta un cuadro de la sociedad caraqueña caracterizado por la presencia de dos fatídicos vicios, pero al culminar la lectura del libro queda una esperanza de que la superación de los esquemas de poder dictatoriales será la clave para la vuelta a la transparencia. No ha sido así. El mismo don Mariano fue víctima en vida de la mezquindad que caracterizó aspectos de la controversia política de los sesenta, y después de él muchos de nuestros hombres de valor han sido objeto de devaluaciones dictadas por ambiciones inmediatas o por deseos de ganar imagen pública, uno de los mitos de nuestra democracia de cartón”.

En resumen, gracias a Leonidov hemos podido abrirle la puerta a la primera etapa de la participación de Tenreiro como columnista en El Diario de Caracas y gracias a Tenreiro nos hemos adentrado aunque sea brevemente en la trayectoria de un arquitecto poco publicitado y valorado dentro de un período clave dentro de la arquitectura moderna que, sin embargo, ha contado con la atención reciente de Luca Lanini a través del libro Ivan Leonidov. Ascesa e caduta (2018). Esta, sin embargo, no será la última ocasión en que nos refiramos a la perseverante e importante tarea del primero como divulgador, pensador y crítico de arquitectura de nuestro país.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

2. https://www.catawiki.com/es/l/15632015-andrei-gozak-andrei-leonidov-ivan-leonidov-1988

3. https://gaz.wiki/wiki/es/Ivan_Leonidov y http://artnote.eu/the-lenin-institute-for-librarianship-by-ivan-leonidov-1927/

4. https://misfitsarchitecture.com/2016/04/03/career-case-study-5-ivan-illich-leonidov/leonidov-2/

5. https://ar.pinterest.com/aestudiodillon/constructivismo/

6. https://circarq.wordpress.com/2018/07/24/ivan-leonidov/

HA SIDO NOTICIA

AGENDA DE LA SEMANA

JUEVES 19 Y VIERNES 20 DE SEPTIEMBRE 2019

Jornadas de Patrimonio Industrial en Venezuela

Érase una vez la industria…

Sala Cabrujas

Centro Cultural Chacao

Programa:

Jueves 19 de septiembre

9:00-9:15 a.m.

Bienvenida

Cultura Chacao

Presidente TICCIH Venezuela

9:15-9:45 a.m.

Orlando Marín

“Casarapa, de trapiche a Ingenio”

9:45-10:15 a.m.

Lucía Sánchez Figueroa

“La Historia de la técnica en Venezuela: del Cacao al Petróleo”

10:15-10:30 a.m.

Sesión de Preguntas

10:30-11:00 a.m.

Pausa café

Boca Café/Los emprendi2

11:30-12 m.

Lorenzo González Casas

“La industria del cemento en Venezuela”

12 m-12:30 p.m.

Henry Vicente
“De una modernidad excluyente a una premodernidad inevitable: Distritos petroleros en Caracas”

Viernes 20 de septiembre

9 a.m.-12 m.

ARQUITOUR INDUSTRIAL

VIERNES 20 DE SEPTIEMBRE 2019

Presentación

TODO LLEGA AL MAR

Un libro sobre el Pensamiento y Obra del Arquitecto Oscar Tenreiro

Hora:

5:00 p.m.

Lugar:

Verticem Space

Oripoto

El Hatillo

SÁBADO 21 DE SEPTIEMBRE 2019

Presentación

RED HOUSE CHINA

Realizaciones de un arquitecto venezolano en Beijing

Libro sobre la Obra del Arquitecto Antonio Ochoa Piccardo

Hora:

11:00 a.m.

Lugar:

Fundación Francisco Herrera Luque

Plaza Los Palos Grandes

Chacao

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

TODO LLEGA AL MAR

Pensamiento y obra del arquitecto Oscar Tenreiro

Oscar Tenreiro

Ediciones ETSAV

2019

Tomado del blog Entre lo cierto y lo verdadero de Oscar Tenreiro
18 de mayo 2019

Todo Llega al Mar –que así se llama el libro– tiene para mí, en la medida dictada por mi edad y las enormes dificultades de mi país, casi imposibles de olvidar, un valor testamentario. Y al verlo realizado no puedo evitar emocionarme. Es un testimonio de lo que he venido pensando desde hace ya años: que el discurso sobre arquitectura que nos abre la mejor puerta hacia la comprensión de nuestro oficio es el que escriben –o comentan con la palabra– sobre sus obras o proyectos, los arquitectos que las concibieron y realizaron. Cuando es ese el caso, se crea una obligación de sinceridad que llama  a dejar atrás el adorno –o el embrujo como dijo el filósofo– del lenguaje, para ser más preciso –o veraz– acerca de las intuiciones, razones o impulsos que llevaron a tomar las principales decisiones. Los arquitectos sabemos cuanta hojarasca –conceptos o juegos de palabras– recubre innecesariamente el deseo de explicar lo que hacemos, y si esa hojarasca a veces nos halaga o gratifica, también oculta o enmascara. A ello me refiero en el texto cuando insisto en señalar que la más completa publicación de crítica de arquitectura del Movimiento Moderno fueron los distintos volúmenes de las Obras Completas de Le Corbusier, sumadas a la serie de libros que Jean Petit y el propio Corbu publicaron, documentos que se caracterizan precisamente por su sinceridad y el uso sin complejos de la descripción en detrimento consciente de la explicación, la culpable de nuestros excesos verbales.

La sinceridad por otra parte abre espacio para reconocer y valorar un aspecto que casi ha desaparecido de la literatura crítica al uso: los fundamentos técnicos. Carencia que borra las huellas dejadas por los procesos que llevan a la construcción de la arquitectura, reduciendo lo que es en su esencia amplio y complejo y llevándolo a una simplificación que facilita la pose y el disfraz, rasgos que hasta cierto punto se han convertido en típicos del arquitecto que exhibe al mundo su rol de creador, de artista de marca, actitud que se imita o caricaturiza y lleva al arquitecto exitoso a vivir de la apariencia o de una sublimación forzada, puertas afuera, de los recursos que utiliza.

Y por último, la sinceridad invita también a referirse a los aspectos de la realidad que presionan, limitan o ensanchan el espacio en el que actuamos, para ubicar en el relato las dificultades o estímulos que llevan a tomar una u otra dirección, a considerar los horizontes espirituales o materiales, los afectos y las exigencias  entre los cuales transcurre nuestro día a día. En resumen, a incluir a la realidad en el cuadro descriptivo. En todas sus dimensiones, las positivas y las negativas, las que obstaculizan y las que facilitan. A presentarnos como parte del mismo mundo en el cual todos luchamos.

Fue con ese  espíritu que redacté el texto. Ya juzgará el lector si le fui fiel.

El libro tiene 420 páginas y unas ochocientas ilustraciones en color y blanco y negro. Es del formato que en Europa se denomina DIN A4, muy similar a lo que en nuestro país llamamos tamaño Oficio (21 x 29.7 cm.), muy usado en revistas. Tiene tapa dura para facilitar su manipulación y conservación. Mi texto está precedido por sendos ensayos introductorios a cargo de Iván Cabrera, Maite Palomares y Ana Portalés, Kenneth Frampton y Antonio Ochoa Piccardo, a los cuales sirve de colofón un estupendo acercamiento a lo que he hecho de parte de ese múltiple promotor de la arquitectura y el pensamiento que es José María Lozano. No puedo sino agradecer el rigor de sus observaciones y el interés genuino que mostraron en conocer y analizar algunas de los aspectos más significativas de mis luchas con la arquitectura.

Finalmente hago notar que se trata de una edición no venal, es decir, no se hizo para la venta. De ella me correspondieron un número limitado de ejemplares que llegarán próximamente a Venezuela. Los destinaré a distribución selectiva entre quienes puedan estar interesados y lo manifiesten usando la dirección de correos de este Blog.

ACA

Otra Buena noticia

Se abrió una exposición sobre el pensamiento y obra de Oscar Tenreiro en Valencia, España

«TODO LLEGA AL MAR. Pensamiento y obra del arquitecto Oscar Tenreiro» es el nombre de la exposición sobre el trabajo del destacado arquitecto venezolano, nacido en 1939, que se abrió en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura (ETSAV)  de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), España, el pasado 14 de febrero, con la curaduría de José María Lozano y Antonio Ochoa Piccardo.

Según lo expresado por el propio Tenreiro a través de su blog Entre lo cierto y lo verdadero el pasado 29 de julio de 2018, fue entonces cuando recibió la grata notica de que existía interés por parte de la ETSAV, gracias al empuje de José María Lozano, quien fuera Director de dicha Escuela, en publicar un libro sobre su trayectoria que estaría acompañado con la apertura de una exposición “del trabajo gráfico vinculado a los distintos proyectos y obras, actividad que fue siempre muy importante para mí y mis colaboradores y cuya dimensión pictórica los hace de interés para el público en general, aparte de que son imágenes que en cierta manera funcionan como manifiestos a favor de la arquitectura que he construido o quise construir”.

Sin embargo, el 10 de febrero, en fecha próxima a la apertura de la muestra, Tenreiro (en otra entrega de su blog), dirá que la misma “se ajusta a un guion bastante diferente del que había sido previsto. Tiene carácter antológico, ilustra mi trabajo como arquitecto a lo largo de más de cincuenta años”. En todo caso, más allá de las diferencias entre la idea original que guiaría el montaje y el producto final, ya se ha dado el primer paso dentro de un proyecto cuyo meta es la publicación del libro que se espera salga en el transcurso del presente año.

Como abreboca de la publicación, ya Tenreiro en su blog había adelantado que tendría un alto contenido autobiográfico, “tal como si se tratase de una Memoria, pero el punto de partida del relato estará en el transcurrir de mi formación y desarrollo como arquitecto, para lo cual hablaré de lo experimentado desde que entré a la Universidad y de todas aquellas cosas que contribuyeron (…) con mi deseo de hacerme parte de ese complejo ámbito dominado por la intención de construir una arquitectura capaz de dejar una mínima huella cultural. Expondré cuestiones de diversas procedencias (…) buscando un diálogo que interese más allá del territorio de los arquitectos. Y trataré de que sea un reflejo lo más cercano posible a lo que ha sido mi circunstancia en un país cuyas notorias contradicciones socio-culturales y económicas convierten el ejercicio de la arquitectura, especialmente cuando se trata del espacio institucional, en una carrera de obstáculos sin final feliz.

Para lograr esta conexión entre lo que es testimonial-literario con lo más especializado y no dejar de incluir los ejercicios de crítica que he cultivado desde hace más de veinte años, he pensado organizar el libro en cuatro partes. La primera sería la que ya he llamado Memoria, con todas las características que he mencionado. Incluiré en ella (…) comentarios en general rápidos (…) sobre lo que he hecho desde que entré a la Escuela en 1955 hasta hoy; la segunda, mostrará al menos diez obras y diez proyectos en planos, dibujos y fotografías y toda la información usual; la tercera se la dedicaré a una selección de los textos de crítica cuya forma de presentación está por decidirse; y una última que contendrá un texto crítico del promotor del libro, el colega de Valencia José María Lozano.” Pues bien, no queda más que congratularse y congratular a los involucrados por la apertura de la exposición y esperar expectantes la salida del libro, logros ambos que dan cuenta de una meritoria, tesonera y calificada labor de años de uno de nuestros más importantes arquitectos en actividad.

ACA

Postal Nº 40

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