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TAURO 13, de cuyo primer número aparecido en octubre-noviembre de 1964 hemos extraído la portada para ilustrar nuestra postal del día de hoy, es uno de los tres proyectos editoriales pioneros de corte estudiantil que se registran dentro de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV a lo largo de la década de los años 60 del siglo XX. El primero de ellos fue la revista TALLER (1963) y el otro Problemas de Arquitectura (1965). Reconocía cada uno grupos de intereses diferentes y si bien el empuje estaba dado por el entusiasmo estudiantil, siempre se detecta la presencia de arquitectos graduados y profesores dentro de los equipos de redacción. Nacen todos a remolque de la aparición de PUNTO (1961) dejando que también reluzca como contraparte de corte estrictamente académico el Boletín del CIHE (1964).
Adentrarse en el número 1 de TAURO 13 (de cuya denominación más allá de posibles asociaciones astrológicas desconocemos el origen), significa en primer lugar detectar a través de la página que contiene los créditos que se identificaba como “revista de arte y arquitectura” y que aspiraba a salir “cada seis semanas”, meta esta última muy común dentro del fragor inicial que da origen a toda publicación periódica que por lo general no se alcanza pero que en este caso, de manera excepcional, lo hizo hasta su desaparición tras 4 números en 1965.

Tampoco estaría de más registrar que funge de director de la revista el bachiller Víctor Álvarez Brunicardi, quien estuvo acompañado por un Comité de Organización integrado por los estudiantes Aminta Calonge, Joseba Pontesta y Enrique Maio. Como colaboradores aparecen los también alumnos Jorge Ortiz, Maritza H. de Irribarren, Leopoldo Sierralta, Bernabé Ruiz, Rafael Irribarren, Ramón León y los arquitectos Luis Manuel Trómpiz, Julio Riquezes, Paco Bermúdez, Oscar Tenreiro Degwitz y Pedro Sosa Franco. La diagramación estuvo a cargo del arquitecto Gerónimo Puig Gómez (autor también del dibujo de la portada) con el apoyo de Álvarez Brunicardi.
Del contenido de este primer número destacan varios aspectos algunos recogidos en el Editorial, pieza por demás curiosa redactada de manera un tanto disconexa que dificulta su lectura y en consecuencia la orientación del lector.
Así, como queriendo enfatizar que se tiene siempre en mente la relación arte-arquitectura, los editores proclaman: “Iniciamos hoy estos trabajos sobre arquitectura con miras a la par (sic) técnicas y divulgativas y pretendemos siempre referirnos a ella hablando como hombres y como artistas, en plan apolíneo y en son fáustico”. Y más adelante: “El primero de los aspectos lo tomaremos cuenta habida de que la producción arquitectónica tiene sus aspectos formales, sus concretas líneas limitadoras y vuela más allá de la mirada, y lo que es más: entre esa urdimbre de líneas que hacen masas con sentido práctico, se esconden vacíos INÚTILES que sugieren vértigos indecibles, valorables en mundos estéticos superiores”, para rematar manifestando: “La Arquitectura tiene un valor pragmático que de suyo produce sugerencias artísticas, y de allí su maravilla, su utilidad gloriosa”.
El algo confuso “lenguaje estudiantil” utilizado esconde sin duda buena parte del debate y la orientación de la enseñanza de la arquitectura de aquellos años, la cual se enmarca en términos de “función social” y “aspiración creadora”. De allí que “El estudiante de hoy, más que nunca tiene al lado de sus deberes de escolaridad, los supremos de comprender la verdad de toda la programática social, en nuestros días más dramática que nunca, debido al crecimiento de las poblaciones y a las realidades económicas impresionantes”. Se deja pues en los hombros del estudiante el perfeccionamiento de “sus conocimientos de lo social y lo humano que hora a hora advierte el ruido de la dinámica que nunca para de manifestar su rumor y eco de sus transformaciones” y el desarrollo de un actitud “vigilante a esos fenómenos sociales (…) para entenderlos y manejarlos a cabalidad, y con las herramientas de la profesión que está buscando tratar de darles solución justa y adecuada a la problemática de esos fenómenos”.
Pasar del Editorial a revisar el contenido del primer número de la revista significaría comprobar si tras el material presentado aparece toda o buena parte de la declaración manifestada lo que no deja de ser una interesante tarea. De tal manera, valga decir que el resto de sus 28 páginas están dedicadas a presentar dos proyectos estudiantiles de VI semestre procedentes de dos Talleres de Composición distintos y un tercero elaborado por un arquitecto en ejercicio.


Del primero de ellos, al que se dedican 12 páginas, y que sin duda busca ser el más demostrativo de lo planteado por los editores, resalta en primer lugar el tema (“Unidad de vivienda prefabricada para uso provisional”) y en segundo lugar el alto nivel de manejo técnico y expresivo de su autor (el estudiante Leopoldo Sierralta, cursante en el Taller Vegas bajo la guiatura de los profesores Américo Faillace y Oscar Tenreiro), todo lo cual se encuentra acompañado de un material de lectura que recoge: I.- El problema (objetivos y determinantes); II.- Partido adoptado-agrupaciones; III.- Determinantes de la solución (módulo base); IV.- Materiales; V.- Síntesis, para cerrar, por un lado, con los Detalles: tabiques estructurales, elemento de cubierta, elemento de piso; y, por el otro, con el Proceso de Montaje. A la carga de tipo técnico y constructivo que acompaña la propuesta se le contrapone la presentación de la planta, cortes y despieces impecablemente dibujados.


El segundo trabajo estudiantil publicado (“Edificio para una compañía de publicidad”) cuyo autor es Jorge Ortiz, perteneciente al Taller Tobito, ocupa seis páginas y ofrece otra cara diferente que habría que cotejar con las expectativas que la publicación desea alcanzar. Posee este trabajo ya no un compromiso con lo social sino con la capacidad de manejo del oficio a través de forma, espacio y función donde la imagen corporativa y la flexibilidad de la planta para aceptar diversos acomodos pasan a tener un papel predominante.
Se añade al número el material correspondiente a un anteproyecto para una “Vivienda en Alto Hatillo” del arquitecto Pedro Sosa Franco, donde a excepción de demostrar la asimilación de las enseñanzas de Le Corbusier en cuanto al partido arquitectónico asumido, su implantación y manejo de las principales variables involucradas, se encuentra muy difícil de explicar el por qué de su presencia en una revista con las características de la que estamos reseñando.
Se completa el nº 1 de TAURO 13 con una nota acerca de la “Promoción Julián Ferris” de egresados de la carrera en la que se señala la lista de integrantes de la misma, las importantes razones por las que se seleccionó el nombre de Ferris para denominarla y las características de los dos actos académicos que la conformaron.

TAURO 13, como ya dijimos, pudo cumplir con la periodicidad de seis semanas que originalmente se planteó aunque, de acuerdo a la información que manejamos no logró pasar del número 4 (1965). Este último ejemplar habla de una revista que ha logrado consolidarse, que ahora apunta “a la crítica del arte y la arquitectura”, se encuentra bajo la misma dirección (Víctor Álvarez Brunicardi); ha modificado e incrementado los integrantes del ahora llamado “Comité de redacción” (Maritza Hullet de Iribarren, Raúl Fuentes, Eliana Buschbeck, Rafael Iribarren, Joseba Pontesta, María E. Planas y Enrique Maio); cuenta con un amplio y reconocido número de colaboradores (Jesús Tenreiro Degwitz, Guillermo Yépez Boscán, Luis Castro, Elías Toro, Ignacia Fombona, Frank Peñaloza, Juan Pedro Posani, Mario di Polo, Roger Bonet, Gorka Dorronsoro, Humberto Farfán, Thelma Silva, Magaly Ruz Brewer, Alejandro Galbe y Gloria Valencia); responsabiliza de la fotografía a Armando Chapellín y José Sigala, de la diagramación a Bernardo Suárez (quien además diseña la portada) y de la impresión a la Editorial Latina, la misma que asumió tal tarea desde el propio nº 1 manteniéndose su formato casi cuadrado.
Cuenta con secciones tales como “Cartas de los lectores”; abre la oportunidad al profesor Elías Toro para que reflexione acerca de “¿Talleres Verticales?”; muestra la propuesta presentada para el Concurso de la ampliación del Colegio de Ingenieros de Venezuela elaborada por el equipo Gorka Dorronsoro-Juan Pedro Posani; ofrece sus páginas a diversos tópicos relacionados fundamentalmente con la literatura; y presenta como era la usanza del momento un “Directorio Profesional” y propaganda.
Los estudiantes “hijos de una patria que en lo demográfico y económico ha crecido sin armonía ninguna, y por eso es el deber de buscarle camino a lo que está en marcha o marchando inadecuadamente” (tal y como rezaba en el Editorial del nº 1) y la presentación de sus trabajos como efecto demostrativo quedaron en el olvido.
ACA

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La aparición a comienzos de 1984 de la revista ARKETIPOS permitió abrir desde el sector privado venezolano una nueva ventana para asomarse al mundo de la arquitectura, la ingeniería, el urbanismo, la construcción, la industria y el arte. Como toda nueva empresa de esta naturaleza el nacimiento de la publicación estuvo impregnado de entusiasmo, ambición, compromiso, planes, importantes alianzas y la aspiración de consolidarse a lo largo del tiempo. También ofreció otra manera de auscultar el cómo puede y debe manejarse un proyecto editorial en este caso propulsado por la pareja de arquitectos Carlos Celis Cepero y Ana Teresa Caraballo-Gramcko de Celis.
ARKETIPOS que apela para su denominación a la palabra “arquetipo” (según el DRAE “Del lat. archety̆pum, y este del gr. ἀρχέτυπον archétypon… modelo original y primario en un arte u otra cosa” o “Representación que se considera modelo de cualquier manifestación de la realidad” y que de la mano de Carl Jung es entendido como “patrón e imagen arcaica universal que deriva de lo inconsciente colectivo y es la contraparte psíquica del instinto”), a la cual se le da el curioso giro de “Principios y tipos. Modelos originales, nociones abstractas de sistemas de partes similares considerados como tipos inmutables, a los cuales pueden referirse las formas de cada sistema, en todas las especies y en todas las edades de cada sistema”, tenía, como ya asomamos, alcances tan elevados como el significado mismo de su nombre muestra. Su índice (o ARKESUMARIO) revela la intención clara de cubrir tópicos que denotaban otras tantas áreas de interés a través de secciones fijas nombradas bajo una serie de neologismos como: ARKEDITORIAL, ARKEO: noticias, ARKEINDUSTRIAS, ARKEGUÍA, ARKEINSUMOS, ARQUITECTURA, ARKEOLOGÍA, ARTE Y ARKEHACER.
Con un precio de venta al público de Bs. 60, equivalentes entonces a 8$ (que ascendían a 10 si el envío era por correo), ARKETIPOS se identifica como “una revista bimestral, publicada bajo los auspicios de la Sociedad Bolivariana de Arquitectos, el Centro Venezolano para la Investigación y Construcción del Hábitat-Bouwcentrum de Venezuela, el Celbank que es un Banco de Documentación, Información y Exhibición de la Industria de la Construcción, la Fundación Celis Cepero para la integración cultural de los países bolivarianos y el Grupo C.A. TEKTO de Arquitectos, Ingenieros y Urbanistas”, lo cual da cuenta no sólo de su periodicidad sino sobre todo de la alta impronta que tuvo el grupo familiar de los fundadores y las empresas e instituciones a ellos asociados, bajo su tutela o su dirección.

Sin desmerecer la importancia de la iniciativa y para ampliar un poco lo señalado en cuanto a la manera cómo se pone en marcha el proyecto, quizás valga la pena resaltar que para la fecha en que aparece ARKETIPOS, Carlos Celis Cepero era Presidente de la Sociedad Bolivariana de Arquitectos (de cuya creación en 1963 fue fundamental promotor), el Bouwcentrum de Venezuela funcionaba en el Centro Profesional del Este, ofic. 104, sede a su vez del Grupo C.A. TEKTO de Arquitectos, Ingenieros y Urbanistas (oficina desde la que desde 1953 Celis y Ana Teresa Caraballo-Gramcko ejercen la profesión), Celbank C.A. tenía como asiento la Quinta Las Hormigas, Av. Mérida, Urb. Las Palmas (vivienda de habitación de los Celis) desde donde además se le daba impulso a la Fundación que lleva sus apellidos y se llevaban a cabo la mayor parte de los eventos sociales e institucionales que desde ella se generaban. Así, tampoco extraña el nombre de ARKEDITORES C.A. (también con sede en el Centro Profesional del Este, ofs. 104-105) para el ente que edita la revista y el que aparezcan como Directores el ing. Carlos Celis Caraballo-Gramcko y la arq. Laura María Celis Caraballo-Gramcko y en la Gerencia el ing. Pedro B. Celis Caraballo-Gramcko (todos hijos de los fundadores). El Director de Redacción era el periodista Oscar Armao Mendoza, la diagramación corrió a cargo de HERCEL C.A. y el tiraje del primer número fue de 3.000 ejemplares.
Nace ARKETIPOS a un año de haberse producido en Venezuela la mayor devaluación de la moneda en lo que iba de democracia conocida como “el viernes negro” (18 de febrero de 1983).
También se encontraban muy recientes las elecciones que en diciembre de aquel año dieron como ganador a Jaime Lusinchi, quien asume la Presidencia de la República en febrero de 1984, lo cual produjo, al menos entre los impulsores de la publicación (plenamente identificados con el nuevo gobierno), una importante toma de conciencia sobre el difícil momento que el país atravesaba, esperanzados en que el “pacto social” ofrecido por Lusinchi sirviera para hacer los correctivos necesarios.
“Confianza + Desarrollo = Futuro. Cuando se reconstruye la confianza y se estructura el desarrollo”, titulo del editorial del nº 1, se convierte en toda una declaración de principios donde se fija posición ante la coyuntura nacional y el rol que en ella puede ejercer tanto el grupo editor como la propia revista. En el elocuente texto se expresa (entre muchos otros puntos) “que están dadas las condiciones para el Desarrollo integral de nuestro País y que sus habitantes están ansiosos de que se fijen metas y propósitos para contribuir a ello”; se considera “que la Confianza es una actitud colectiva producto de la SEGURIDAD ECONÓMICA Y SOCIAL, JURÍDICA Y POLÍTICA de la colectividad y que ella demás, está en función directa de la ACCIÓN DE GOBIERNO”; se confía “en que el Estado Venezolano orientará sus acciones por la senda del progreso, dándole el impulso necesario especialmente a las industrias de la Construcción y el Turismo”, y que “las iniciativas privadas y del gobierno que contribuyan a la reactivación económica del país, tendrán en ARKETIPOS un vehículo de difusión dispuesto a apoyarlas para el logro de un clima real de confianza”; y se espera “convocar próximamente a un grupo de Arquitectos, Constructores, Pensadores y Filósofos a nuestra sección ARKEFUTURO, A FIN DE TRATAR TEMAS SOBRE EL SIGLO XXI y su relación con las innovaciones necesarias en las áreas del Espacio-Tiempo-Hábitat y su mundo tecnológico, científico y artístico.”
Dado el carácter de la publicación, quien quiera enterarse de las iniciativas emprendidas por su grupo promotor, de las relaciones institucionales que se van cultivando y sobre la actividad proyectual de Carlos Celis Cepero a través del Grupo C.A. TEKTO, tiene en ARKETIPOS y los cuatro números que alcanzaron a imprimirse una muy buena fuente documental.
Así, el nº 1 (objeto hoy de nuestra atención y cuya portada ilustra la postal), da cuenta en la sección ARKEINDUSTRIAS del papel jugado por Vencerámica dentro de la industria de la construcción nacional. En ARKEINSUMOS se dedica un artículo a “La madera” y se informa del desarrollo del 7º Salón Internacional de Materiales de Construcción, Sistemas de Construcción y Restauración de Edificios llevado a cabo en Munich del 18 al 24 de enero de 1984, acompañado como ARKEGUÍA de una interesante reseña sobre la ciudad alemana.


Si hay algo que la revista pone de manifiesto son las relaciones que desde la primera vez que visitara Venezuela en 1978, invitado por el Colegio de Arquitectos y la Sociedad Bolivariana de Arquitectos, se empiezan a dar entre Kenzo Tange y Celis Cepero, las cuales se refuerzan y dan pie a la segunda estadía del arquitecto japonés en nuestro país en 1980 “invitado por el Grupo C.A. TEKTO a unas sesiones extraordinarias de trabajo (que) comprendieron, entre otras actividades, la visita a las obras de Parque Central realizadas por el Centro Simón Bolívar y la exposición sobre el estudio Caracas 2.000 realizado por la (OMPU) Oficina Municipal de Planeamiento Urbano, en compañía de los directivos de estos institutos y del grupo TEKTO”. De allí que se despliegue ampliamente, a modo de reconocimiento y efecto demostrativo, el proyecto del Centro de Comunicaciones de Yamanashi, obra construida por Tange en la ciudad de Kofu entre 1961 y 1968. También como dato curioso aparece un aviso publicitario en las páginas finales de “Kenzo Tange & URTEC. Urbanists & Architects/ CELIS CELIS & CELIS. Arquitectos-Ingenieros Asociados C.A.” con direcciones en Tokio, París, Bogotá y Caracas, el cual viene ilustrado con una perspectiva exterior del Edificio Institucional INOS del Arq. Carlos Celis Cepero con la colaboración de Ana Teresa Caraballo-Gramcko de Celis.
Otra relación, surgida en este caso a la sombra de la Sociedad Bolivariana de Arquitectos, permite la aparición de un artículo en el segmento ARQUITECTURA dedicado a Rafael Leoz (1921-1976) y reseñar en ARKEHACER la creación en 1983 del Instituto Iberoamericano de Investigación Arquitectónica y Urbanística en la Universidad Nacional Experimental del Táchira (UNET), cátedra auspiciada por la Fundación Rafael Leoz, la Asociación de Investigación y Especialización sobre Temas Iberoamericanos y la Fundación Celis Cepero. También en ARKEHACER se da cuenta de las últimas elecciones llevadas a cabo en la Sociedad Bolivariana de Arquitectos donde resultaría electo presidente Celis Cepero.

Pero el principal volumen en cuanto a extensión (16 páginas de la sección ARQUITECTURA) y por ende demostración definitiva del rasgo personalista que marca a la revista se le da a la Iglesia Parroquial de Puerto Píritu, proyectada y construida entre 1964 y 1977, obviamente, por Carlos Celis Cepero con la asesoría de Ana Teresa Caraballo-Gramcko de Celis fungiendo de arquitectos colaboradores Laura María y Claudia Elena Celis Caraballo-Gramcko. De hecho la fotografía de la portada de la revista proviene de esta obra de 738 m2, ubicada en la plaza principal de la población, en un terreno de 12.000 m2, construida en concreto armado vaciado en sitio y cuyas directrices generales (según sus autores) “obedecen a la disciplina de un trazado simétrico, donde los ejes de la función y de la forma organizan el espacio arquitectónico, armonizándolo de tal forma, que su liberación se produce a cada instante, dando origen al dinamismo del conjunto y a la vivencia aún mayor, de los elementos arquitectónicos, con la expresión sincera de su propia función y la plasticidad de su material específico”.
Otra proyecto reseñado en ARQUITECTURA, que puede llamar la atención a quienes le quieran seguir la pista a los múltiples planteamientos de que ha sido objeto, es la propuesta elaborada por C.A. TEKTO para el «Nuevo Helicoide Caracas». A él se suma la nota elaborada para la “Casa Los Chorros“ del arquitecto Alberto Chaves Santos. Ocupan la sección ARKEOLOGÍA la Capilla de San Clemente en Coro y la de ARTE se le dedica al pintor venezolano Omar Carreño.
Finalmente, el recorrido complementario que se puede realizar tanto de las noticias que se recogen en ARKEO como a través de las páginas publicitarias, permiten afirmar que ARKETIPOS ofrece sin dudas una visión del acontecer del momento y, ante todo, del sesgo que sus editores le imprimen a partir de las diversas actividades (políticas, empresariales, sociales, institucionales y profesionales) que los ocupan, donde el material fotográfico con sus leyendas y los textos elaborados para muchas de sus secciones ponen en evidencia el afán de figuración de Carlos Celis Cepero.
Testimonio de un momento, de un sector de la vida del país y de un grupo muy activo que no desaprovecha la más mínima ocasión para mostrarse y promocionarse, ARKETIPOS bien merece ser analizada y reconocida como un loable intento por difundir una particular visión de lo que deben ser las relaciones entre cultura y arquitectura dentro de un país en el que ya empezaba a hacerse crónico el concepto de “crisis”. Lamentablemente, al igual que otras iniciativas de este tipo en Venezuela, tuvo de una corta vida.
Nota
La información que aquí incluimos acerca de la relación entre Kenzo Tange y Carlos Celis Cepero amplía y complementa la aparecida en el texto “Visitas memorables” del Contacto FAC nº 136 (28-07-2019) dedicado a reseñar el paso por Venezuela del célebre arquitecto japonés.
ACA
Procedencia de las imágenes
Todo el material gráfico que acompaña esta nota proviene de la revista reseñada.