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HA SIDO NOTICIA

Una profunda mirada hacia la obra de Le Corbusier que se hundió el mes pasado

Ethan Tucker

Tomado de Plataforma arquitectura

15 de marzo 2018

Traducido por Mónica Arellano

Este artículo fue publicado originalmente en Metropolis Magazine como «The Fascinating History of Le Corbusier’s Lost Barge.»

Este invierno, Francia experimentó una de las temporadas de lluvias más fuertes que se han visto en 50 años. En París, el Sena inundó los bancos, sumergió parques, calles e interrumpió el servicio del metro. El diluvio también reclamaba una obra arquitectónica. El 8 de febrero, la Louise-Catherine, una barcaza de concreto intervenida por Le Corbusier, se deslizó por debajo de las turbias aguas del Sena y se detuvo al fondo del río en Quai D’Austerlitz, al este de París.

A medida que disminuyeron las aguas, la proa de la barcaza de 100 años de antigüedad, se atascó en el muelle y la arrojó al río, según Le Parisien. Aunque los bomberos estaban presentes e intentaron salvarla, se llenó de agua y se hundió en cuestión de minutos.

La Louise-Catherine nació en 1915 como una barcaza de concreto llamada Lieja que transportó carbón desde la ciudad portuaria de Rouen al sur de París durante la Primera Guerra Mundial. En 1929, el Ejército de Salvación compró el Lieja y contrató a Le Corbusier (Charles-Édouard Jeanneret) para convertir el buque en un refugio flotante para los desamparados de París.

Según el profesor de la Universidad de Nueva York y erudito de Le Corbusier, Jean-Louis Cohen, el proyecto fue completado en parte, por la heredera de la máquina de coser estadounidense Winnaretta Singer Polignac, quien fue una importante defensora de proyectos artísticos y caritativos en París. Otra partidaria del proyecto fue Madeleine Zillhardt, quién nombró la barca en honor a su compañera de toda la vida: la pintora Louise-Catherine Breslau. Al mismo tiempo, Le Corbusier se encontraba trabajando en un proyecto de vivienda pública para el Ejército de Salvación, el Refugio Cité en el 13er Arrondissement de París, que también fue financiado por el cantante Polignac.

La fascinación de Le Corbusier por los barcos se remonta a su infancia. Cohen escribe en un libro próximo a aparecer, Le Corbusier: The Built Work (Monacelli, 2018): «Tan grande fue la fascinación del joven Jeanneret por los barcos y transatlánticos que, incluso los textos de Adolf Loos en 1913 lo recalcan.»

En el caso de la Louise-Catherine, Le Corbusier reconfiguró la barca de 70 metros de largo para albergar 148 camas, un comedor, una cocina, cuartos para un capitán y un director de programa, así como un pequeño jardín colgante. También se agregaron espacios adicionales para dormir, lo que permitió que Louise-Catherine refugiara en su máxima capacidad a casi 200 personas.

Cohen escribe que la principal preocupación de Le Corbusier con la Louise-Catherine era acomodar tantos catres como fuera posible dentro de los limitados confines de la barca. El espacio estaba puntuado por columnas de concreto y dividido en tres cámaras. El interior se iluminaba con una ventana de cinta que corría a lo largo de la cabina.

Durante el invierno, Louise-Catherine sirvió de refugio para personas sin hogar que a menudo dormían bajo los puentes que rodean el Sena. En el verano viajó a las afueras de la ciudad para servir como un campamento de verano para niños parisinos. Debido a problemas de inseguridad y fugas, Louise-Catherine dejó de dar servicio como refugio en 1994. En 2008, la ciudad de París reconoció formalmente la barca como monumento histórico.

Sin embargo, como era de esperarse, el abandono de casi un siglo pasó factura. La Louise-Catherine, yacía sobria con el concreto expuesto al interior y al exterior, salvo por 84 columnas pintadas de azul y algunos graffitis. Las literas originales se quitaron para dar paso al espacio de exhibición planificado, revelando su propósito utilitario original de transportar carbón. Desde el muelle se apreciaba la limpieza de la geometría de la ventana horizontal que alcanzó su punto máximo por encima del Quai D’Austerlitz, convirtiéndose en una pieza de historia flotante.

Antes de hundirse, la Louise-Catherine estaba en planes de ser restaurada. La Asociación Louise-Catherine, un grupo de caridad que la adquirió del Ejército de Salvación en 2006, estaba en proceso de intervenir la barca de Le Corbusier. Alice Kertekian, miembro de la Asociación, comentó en Le Figaro, que la asociación tiene la intención de rescatar el buque, pero hasta que las aguas del Sena disminuyan, los buceadores no pueden evaluar la condición de la barca.

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

La obra de Le Corbusier, quien quizás sea el más importante arquitecto del siglo XX, sigue ofreciéndose como una fuente inagotable de aproximaciones, lecturas e interpretaciones. El pasado año 2107 Ediciones Asimétricas (Madrid) publicó dos textos, cuyas notas elaboradas por los editores reproducimos a continuación, que se suman al ya largo acerbo de miradas que dan cuenta de lo hecho por reconocido maestro suizo.

Le Corbusier. Fragmentos

Aitor Goitia

Ediciones Asimétricas

2017

Le Corbusier es un creador complejo y fascinante cuyas ideas, propuestas, proyectos y libros son imprescindibles para entender la arquitectura de los últimos cien años. Autor de diecisiete edificios considerados Patrimonio de la Humanidad, cada una de sus piezas tiene una presencia impactante por su formidable intensidad lumínica, matérica y cromática.

Aitor Goitia se ha aproximado a las obras de Le Corbusier sin intención alguna de documentarlas exhaustivamente, o de realizar el consabido reportaje completo y descriptivo. Por el contrario, desarrolla una mirada deliberadamente parcial, impertinente, curiosa, insatisfecha… una mirada voyeur que libera la obra de LC de tantas aproximaciones repetidas y visiones agotadas.

Trabajando casi exclusivamente entre el primer plano y el plano detalle, los provocadores encuadres de Goitia consiguen una intimidad sorprendente con la áspera materia construida por LC. Revelados en esta visión de plano corto, los cuerpos arquitectónicos se impregnan de sensualidad al ser rozados apenas por la luz rasante o se cargan de barroco dramatismo al ser tallados a lumínicos hachazos; los fragmentarios motivos, desde su cercanía carnal, lanzan al espectador un inesperado guiño al teñirse de vibrante color.

En las imágenes que Aitor Goitia ha capturado acaso encontramos menos al arquitecto que al pintor purista de precisas composiciones y al vigoroso escultor de volúmenes bajo el sol. Sus fotografías nos enseñan a ver la obra de Le Corbusier con una mirada inaugural y renueva la filosofía del maestro al abrir, una vez más, des yeux qui ne voient pas.

Breviario de Ronchamp

Josep Quetglas 

Ediciones Asimétricas

2017

Y si consagrar (sacrare) era el término que designaba la salida de las cosas de la esfera del derecho humano, profanar significaba, a la inversa, devolver las cosas al libre uso de la gente» – Giorgio Agamben, «Elogio della profanazione»

Devolver al libre uso del común la obra de Le Corbusier en Ronchamp: tal sería el deseo de este Breviario. Le Corbusier padeció en 1948 el fracaso de su proyecto de la Sainte-Baume, fulminado por la prohibición de las autoridades de la Iglesia católica francesa. Pero en el cruce entre el camino de tierra, por donde entraban en lo que sería Francia, las poblaciones nómadas desde la Prehistoria, y el camino del agua, que une las fuentes y los cursos del Rin y del Ródano, Le Corbusier consiguió convertir una vieja capilla católica en un monumento a la presencia humana, identificada con la línea vertical que crea nuestro cuerpo en pie sobre la tierra, ligándolo a ese otro monumento que él mismo levantó muy cerca de aquí: la torre de control de la esclusa Kembs-Niffer, que dirige la marcha horizontal de las aguas.

ACA