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CONCURSOS DE ARQUITECTURA EN VENEZUELA

Hotel Miramar, Macuto, Litoral Central, 1925

1. Fachada principal del proyecto ganador elaborado por Alejandro Chataing

En nuestro afán por reconstruir una cronología de los concursos de arquitectura realizados en Venezuela, del que quizás se tienen datos más fehacientes que permitan asegurar, si no su carácter inaugural, al menos su condición de primera competencia abierta a los profesionales del país, es el que dio como resultado el proyecto y construcción entre 1925 y 1928 del hotel Miramar, Macuto, obra de Alejandro Chataing (1873-1928).
Las expectativas que se generaron en torno a la convocatoria para el concurso del “Miramar” no eran pocas. Con la construcción del hotel se buscaba dar inicio de manera firme, tras la experiencia del balneario termal de San Juan de los Morros, a la política oficial de turismo con la que el alto gobierno se encontraba muy comprometida. La apuesta en este caso se dirigió a ofrecer una instalación moderna sobre la playa, particularmente en la población de Macuto (que ya contaba con una tradición vinculada a la recreación y esparcimiento desde la época de Guzmán Blanco y a la que se le habían hecho importantes inversiones para el mejoramiento de los servicios), cuya proximidad a Caracas se había visto beneficiada, además, por la mejora de las comunicaciones terrestres.
Como señala Ciro Caraballo Perichi en Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista (Corporación de Turismo de Venezuela, 1993), un promotor privado, personificado en este caso ni más ni menos que por el propio Benemérito General Juan Vicente Gómez, adquiere “en los primeros meses de 1925 un importante lote de terrenos baldíos al este del poblado de Macuto, de suave pendiente y ubicados con un amplio frente a la playa. Dichos terrenos habían formado parte de la llamada ‘Estancia Eraso’ (…) En el sector central del lote se delimitó un área destinada a la construcción de un hotel, el terreno fue ampliado hacia el sur con una nueva compra realizada en 1927, cuando ya estaba en construcción la edificación, alcanzando un área total de 28.000 m2”.
Dentro de la ambigua calificación que lo colocaba como “un Concurso oficial para un hotel privado”, dado que el propietario de los terrenos y principal inversionista era el “Benemérito”, Caraballo rescata de la prensa de la época (nota aparecida en 1925 en el diario El Sol, Caracas 31 de julio de 1930), cómo ”por disposición del Presidente de la República, el Ministerio de Obras Públicas abrió un concurso entre los ingenieros y arquitectos venezolanos para la formación de un proyecto de hotel en Macuto de carácter tropical moderno”. El llamado se hace el 29 de julio de 1925 y se ofrecía como premio al ganador la contratación de la obra.
Se informó poco sobre las bases salvo las características topográficas del terreno y el número total de habitaciones que contemplaría el programa, ochenta, “de las cuales al menos unas tres cuartas partes debería contar con baño privado incorporado a los espacios del dormitorio”. La fecha de entrega fue fijada para el mes de octubre y debían consignarse láminas con las plantas, secciones y fachadas “además de dos sobres cerrados, uno con el presupuesto para la realización de las obras y otro con la indicación del seudónimo”. Como se ve, el concurso fue montado y organizado siguiendo unas pautas que poco se diferencian de las que por años han privado en la realización de este tipo de eventos, al menos, en nuestro país.
Finalmente se consignaron quince proyectos siendo seleccionado ganador el presentado por el ya para entonces experimentado arquitecto Alejandro Chataing bajo el seudónimo “Miramar”: un total de seis planos, ajustándose a un presupuesto para su construcción inferior a la elevada suma de dos millones de bolívares que no incluía previsión para el mobiliario y el equipamiento. “De los otros proyectos (cuyo material se encuentra en el Archivo General de la Nación) sólo se conservan las páginas correspondientes a las memorias descriptivas, pero no así las láminas”, aclarará Caraballo.

2. Propuesta presentada al concurso por el arquitecto Rafael Seijas Cook, 1925

Posteriormente el “arquitecto-poeta” Rafael Seijas Cook publicará en Élite nº 30 del 10 de abril de 1926 un boceto (isometría) de lo que fue la idea presentada “para un Hotel Tropical” siendo el único testimonio gráfico adicional con que se cuenta de parte del resto de los participantes en el certamen.
Las garantías de que el proyecto ganador llegara a feliz término hasta su construcción las otorgaba el hecho de que Chataing, quien para la fecha tenía 52 años de edad, contaba con una dilatada obra realizada (recordemos que desde muy joven se convirtió, durante el mandato de Cipriano Castro -y luego en el de Gómez- en el “gran constructor del régimen”) y, en particular, dos hoteles: uno que no pasó de la etapa de proyecto (el “Hotel del Paraíso”, 1913) y otro construido en Caracas (el Palace, 1923). También Chataing garantizaba el poder alcanzar la aspiración de contar con una moderna instalación adaptada a las condiciones del contexto ya insinuada en las imágenes de la propuesta presentada a concurso.

3. Hotel Miramar. Vista aérea. 1938


Colaboraron con Chataing en el desarrollo y construcción de la obra el joven ingeniero Luis Bello Caballero y su hijo, el por entonces estudiante del último año de ingeniería en la UCV, Luis Eduardo (a la postre primer director de la Escuela de Arquitectura luego de su creación en 1941).

4. Hotel Miramar. Vista exterior
5. Hotel Miramar. Planta baja


Sobre el “Miramar” se ha destacado su condición de obra ecléctica enmarcada dentro de la tradicional actitud asumida por Chataing a lo largo de su trayectoria. También su alejamiento en cuanto a la utilización de elementos de inspiración clasicista (o en todo caso historicista) presentes en sus más destacados edificios, inclinándose en este caso más bien hacia la preeminencia del peso de la volumetría por sobre la ornamentación aplicada puntualmente acudiendo a elementos formales del art nouveau. Su planta cruciforme compuesta por cuatro alas diagonales que, siguiendo una estricta pauta académica, parten de un patio central circular rodeado por un corredor octogonal, logra solventar el aprovechamiento máximo de las visuales al mar. Resuelto programáticamente en dos plantas (en la baja se ubican al norte el acceso, las áreas sociales y de servicios, y al sur habitaciones destinándose la planta alta sólo a aposentos que comparten un cómodo balcón), disponía además de una terraza con torretas visitables y un semisótano. Poseía ascensor, teléfono, agua corriente, excelente y confortable mobiliario, espacioso bar, un comedor en la terraza, otro comedor de gala para 400 comensales servido con vajillas de plata, una amplia cocina provista de cavas, neveras, y para la recreación, además de tener la cercanía del mar, una piscina de agua salada, billares y cancha de tenis. Contó, también, al momento de su apertura, como indica Ciro Caraballo, con “equipamiento yankee” y “personal suizo” que aseguró, bajo la dirección de O.P. von Siebenthal-Rissegg y un completo grupo de profesionales que lo acompañó, la formación del personal criollo que luego lo atendería.

6. Hotel Miramar. Salón comedor


El “Miramar”, abierto al publico por todo lo alto el 1 de abril de 1928 (acto al que no asistió su propietario siendo representado por altos personeros del gobierno, y al que si hizo acto de presencia el arquitecto y se dio cita lo más granado de la sociedad caraqueña), fue vendido por el “Benemérito” a su entrañable amigo el Coronel Roberto Ramírez el 14 de mayo y este a su vez a la nación venezolana el 25 de mayo, mediando en ambos casos significativos niveles de ganancia.
Desde la misma inauguración el hotel alcanzó a cubrir todas las expectativas que se habían generado en torno a él, viviendo un período de esplendor que abarcó alrededor de 20 años entrando en una etapa de decadencia que culminó con su cierre como instalación en 1958 y posterior abandono hasta el lamentable estado en que se encuentra en nuestros días pese a haber sido declarado como Monumento Histórico Nacional en 1994. Uno tras otro han fracasado los intentos por recuperarlo, reciclarlo o bien restaurarlo como bien patrimonial hasta el punto de desconocerse al día de hoy su destino definitivo siendo el último episodio de su agonía el desmoronamiento de las torretas ubicadas en el nivel terraza.

7. Hotel Miramar. Penosa situación en la que se encontraba en noviembre de 2017


Su condición de “hotel moderno, con moderna administración puesto al servicio de los turistas y nacionales que visitaran el legendario balneario de Macuto” punto de partida de lo que sería “el intento primigenio del Estado venezolano por estructurar una red hotelera turística nacional, la cual alcanzaría sus concreciones más significativas durante los años treinta”, fue además la última obra de Chataing quien fallecería a los 15 días de su inauguración.
Sin duda, el “Miramar” se trata de una pieza clave para entender los albores de la modernización del país, la madurez en la trayectoria del más importante arquitecto venezolano que cabalgó entre los siglos XIX y XX y el interés siempre presente y siempre inconstante por hacer del turismo un puntal de la economía venezolana que comenzaba a ser avasallada ya desde entonces por el petróleo.

ACA

Procedencia de las imágenes

1 y 3. https://www.instagram.com/caracasretrospectiva/

2 y 5. Caraballo Perichi C.; Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista, 1993

4. Colección Crono Arquitectura Venezuela

6. https://twitter.com/tachirense89/status/753692480227377152

7. https://iamvenezuela.com/2017/11/hotel-miramar-de-macuto-estado-vargas/

¿SABÍA USTED…

… que en 1967, hace ya 50 años, se concluye el proyecto para la ampliación del hotel Tamanaco, realizado por Américo Faillace, Nelson Douahi, Manuel Corao y Manuel Fuentes Madriz?

1. Vista del hotel Tamanaco desde la avenida principal de Las Mercedes. Circa 1954

La construcción del hotel Tamanaco se constituyó para la Caracas de la década de 1950 en una de las más importantes señales de que el espíritu modernizador se estaba apoderando de la ciudad. Son varias las razones que llevan a otorgarle a este edificio un indudable valor referencial. La primera es que se convierte en puntal de la política impulsada desde 1946 por el Ministerio de Fomento por darle prioridad a la actividad turística en el país. El Tamanaco, primera instalación hotelera de gran envergadura que se realiza en una ciudad movida por el auge de la construcción proveniente de la renta petrolera, desplaza de este sitial al hotel Ávila; también Las Mercedes hace otro tanto con San Bernardino como la urbanización hacia la cual se dirige la mayor demanda de servicios comerciales y residenciales para quienes trabajan administrativamente en el negocio de los hidrocarburos. La segunda razón tiene que ver con su localización: una pequeña colina ubicada como remate visual de la avenida principal de Las Mercedes, desde la cual no sólo era posible apreciar la casi totalidad del valle de Caracas sino que, además, le permitía al hotel ser visto desde diferentes puntos de la ciudad, circunstancia que lo convirtió casi de inmediato, gracias a la acertada respuesta dada por sus proyectistas, en ícono arquitectónico y carta de presentación ante el mundo de que el país poseía una infraestructura de primera.

2. Vista de la urbanización Las Mercedes desde la colina posterior al hotel. Circa 1960

Vale la pena recordar, también, que el Tamanaco es, dentro del proceso de planificación y desarrollo de la urbanización Las Mercedes (“la urbanización más grande y mejor planeada de toda América Latina”), llevado adelante por la compañía constructora Venezolana de Inversiones C.A. (VICA), una de las piezas fundamentales que sirvió para promover la venta de parcelas en una zona entonces alejada e incomunicada con el resto de la ciudad. En tal sentido, VICA, creada en 1943 por la asociación de la familia Eraso (propietaria de las haciendas Las Mercedes y Valle Arriba) con el ingeniero civil mexicano Gustavo San Román, incorporará al trazado de Las Mercedes y en particular de su avenida principal elementos novedosos para la época: dos bombas de gasolina (una al comienzo y otra al final), un centro comercial que refuerza el inicio (con el segundo automercado abierto en Venezuela por la International Basic Economy Corporation -IBEC-) y un hotel que la remata (el Tamanaco). El visionario y emprendedor San Román por su parte se convertirá en el principal promotor del hotel y VICA aportará buena parte del capital para su construcción.
Dentro del proceso de planificación del Tamanaco se registra en 1946 la creación de la empresa operadora Intercontinental Hotels Corporation, subsidiaria de Panamerican Airways para facilitar el alojamiento en las ciudades de Latinoamérica servidas por la línea aérea desde los Estados Unidos y que se comprometerá, además, a promover la realización de por lo menos tres hoteles de la misma magnitud en Puerto La Cruz, Margarita y Ciudad Bolívar. Posteriormente en 1948 se crea la C.A. Tamanaco empresa de capital mixto que será la responsable de iniciar las obras en 1950.
Inaugurado en 1953, el Tamanaco fue diseñado por el reconocido profesional venezolano Gustavo Guinand van der Valls en colaboración con Holabird, Root & Burgee, firma de arquitectura de Chicago que desarrolló numerosos proyectos de hoteles en América Latina para la cadena Intercontinental. Guinand por su parte ya había proyectado y construido para la fecha el cine Lido -hoy demolido- (1946), el edificio Galipán -hoy demolido- (1950) y el edificio Easo (1952), todos ubicados en la avenida Francisco de Miranda al este de Caracas.

3. Vista del hotel recien finalizada su construcción. Circa 1954

Su planta original en forma de «V», abierta hacia el Ávila, responde a una tipología bastante difundida para instalaciones de este tipo, la cual se adapta aprovechando eficientemente la pendiente del terreno. Cuenta con 12 niveles, que reducen su superficie de forma escalonada a medida que se asciende, lo cual le otorga su aspecto característico y permite reconocer las suites en los extremos. En los niveles inferiores se desarrollan espaciosas áreas sociales, recreacionales y de servicios, entre las que destaca la piscina, que por su ubicación se convirtió durante años en el verdadero corazón del hotel. El edificio se proyectó originalmente con capacidad para 400 habitaciones y 42 suites cuyas dimensiones demostraron muy temprano no ser las más acordes para los estándares que poco a poco se fueron imponiendo a nivel internacional, lo cual llevó a sus propietarios ya en 1959 a pensar que era necesario ampliarlo y acondicionarlo.

4. A la derecha, la ampliación proyectada por Américo Faillace, Nelson Douahi y Manuel Corao en 1967

Tras 14 años de funcionamiento y posicionado como el más importante hotel de la capital, se culmina el proyecto elaborado por Américo Faillace, Nelson Douahi, Manuel Fuentes Madriz y Manuel Corao que le permitirán al Tamanaco Intercontinental actualizar sus instalaciones elevándolas a los más altos estándares internacionales que ya había alcanzado desde su apertura. Para ello se incorporaron a su programa original otras 200 habitaciones y 28 suites (adaptadas a las dimensiones que exigía la norma hotelera vigente en Venezuela), ubicadas hacia el sur en un ala que terminó modificando la planta original en “V” del cuerpo principal por otra en forma de «Y» que hoy lo identifica. Esta intervención, cuya construcción se inició en 1968 luego de su adecuación a las normas sísmicas que se originaron a raíz del terremoto de 1967, discutible en cuanto a la forma como dialoga y asimila el carácter propio de la imagen original “posterior” del edificio (hasta el punto de modificar también la orgánica marquesina que definía la entrada) no afecta, sin embargo, la emblemática fachada que se abre sobre el valle de Caracas. Luego, en 1970, formando parte también del proyecto de Faillace, Douhani, Fuentes Madriz y Corao, volcadas más hacia el este, aprovechando las vistas y buscando una mejor solución de continuidad con lo existente mediante su adaptación a la topografía, se culminarán las complejas obras que permitirán el aumento significativo de las áreas sociales del hotel, pasando a recuperar el esplendor que alcanzó en los años 50 y 60 como lugar de entretenimiento y buen comer para toda la ciudad.

5. Intervenciones sucesivas de que ha sido objeto el hotel. Arriba a la derecha y abajo a la izquierda en rojo las ampliaciones realizadas con base en el proyecto de Faillace, Douahi y Corao

Posteriormente, en 1981, se le encargó a Carlos Gómez de Llarena el proyecto de ampliación de las suites ubicadas a los extremos de la edificación, trabajo que fue realizado teniéndose el cuidado de no alterar la lectura volumétrica de la obra original y de asimilar para su resolución formal el lenguaje preexistente mediante el uso de los elementos fundamentales que lo conforman.
Actualmente, habiendo dejado de pertenecer a la cadena Intercontinental, sus nuevos propietarios han decidido desarrollar una nueva y ambiciosa ampliación signada por un plan maestro que prevé la incorporación de diversos usos así como su construcción por etapas. Ello le permitirá al Tamanaco, convertido en complejo, actualizarse una vez más haciéndolo más sostenible ajustándose a los tiempos que vivimos. El hotel original ante la magnitud de la obra que se propone mantendrá su condición icónica ante la ciudad, preservándose su valor patrimonial y su fotogénica estampa plasmada a través del tiempo en inolvidables postales y estampillas. Ahora bien, si buscamos reconocer su silueta aislada recortada sobre el verde paisaje que lo rodeaba habrá que aceptar que ya hace años se perdió.

ACA

Procedencia de las imágenes

1. https://fotourbana.org/

2. https://www.pinterest.com/pin/525654587742285545/visual-search/

3. https://www.ccscity450.com/obra/hotel-tamanaco/

4. Colección Crono Arquitectura Venezuela

5. CT_Presentacion__inglés_HIC-TAMANACO HISTÓRICO_Comprimido.pptx, cortesía del arquitecto Álvaro Rodríguez

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 63

La Red Hotelera Nacional y en particular los edificios que fueron gestionados directamente por la CONAHOTU brinda, como ya habíamos adelantado en otra entrega (ver Contacto FAC, nº 25, 30-04-2017), la oportunidad de apreciar el estado de la arquitectura venezolana del momento en toda su amplitud, es decir, permite palpar el conjunto de los visos que ofrece su variada identidad. De aquí que las fuentes a ser interpretadas por los proyectistas de esas obras provengan tanto de lo tradicional o lo popular como de las corrientes dominantes en el ámbito internacional. Lo interesante es que se produjo casi siempre una traducción más que un simple traslado donde la oportunidad ofrecida por la temática, en lo que de recreo y ocio contiene, hizo que la mitigación de las condiciones climáticas enfrentada desde el funcionalismo se convirtiera en excusa para incluir recursos que imprimieran carácter a la experiencia.

1. Hotel Maracay. Vista del conjunto (circa 1960)

De entre los hoteles que se nutrieron con mayor claridad de lo que se estaba haciendo más allá de las fronteras nacionales, destacaremos en esta oportunidad el hotel Maracay (1955-57) de Luis Malaussena (Caracas,1900-Miami,1962), cuyo aviso aparecido en la contraportada del nº 1 de la revista Punto de 1961, delata que nos encontramos ante una instalación que se encontraba en pleno funcionamiento y promocionaba una de sus fortalezas: la diversidad de salones con los que contaba y su teatro ofrecidos como espacios para la celebración de reuniones, congresos, convenciones y actos sociales.
Maracay, capital del estado Aragua, durante la época de Gómez (quien, como se sabe, había fijado allí su residencia) se había convertido en el eje de la incipiente actividad turística que se comenzaba a desarrollar en el país impulsada fundamentalmente por el Estado. Allí se construyeron el primer hotel Maracay en 1919 y el Hotel Jardín en 1929. Este último, proyectado por Carlos Raúl Villanueva recién llegado de París, considerado por Ciro Caraballo como la «joya de la corona de la hotelería gomecista», lección de lo que debe ser el comportamiento de una instalación de este tipo en el trópico y del respeto por el trazado original de la ciudad, se mantuvo en funcionamiento prácticamente hasta finales de la década de los 50 del siglo XX, sufriendo en el intervalo importantes modificaciones tendientes a su modernización, que lo llevaron en 1939 a tener hasta 115 habitaciones. En 1952 se plantea para este hotel una nueva actualización y ampliación, pero al año siguiente se toma la decisión, desde la recién creada Dirección de Turismo del Ministerio de Fomento, de construir una nueva y moderna instalación adaptada a las exigencias del turismo internacional.
Es al arquitecto que proyecta el “nuevo” hotel Maracay que se inaugura en 1957, Luis Malaussena, al que también se se encargó la remodelación del Hotel Jardín para convertirlo en la sede de la Gobernación del Estado, uso que conserva hasta ahora.

2. Hotel Maracay. Vista de las fachadas sur y este del edificio de habitaciones

Así pues, el Maracay (1955-57) pasó a ocupar el último eslabón de una cadena que le otorgaba a esa ciudad un curioso privilegio dentro del desarrollo del turismo en el país. De allí que se pensara desde el principio en un hotel en grande para el cual se destinó un enorme terreno flanqueado por colinas ubicado en el sector Las Delicias de esa ciudad y se programaran 132 habitaciones, 25 suites, una suite presidencial, 6 salones de conferencias, 2 salones ejecutivos, un teatro, área para comercios, además de las áreas de servicios, sociales y recreativas contemplando estas últimas la piscina con sus áreas de apoyo, canchas de tenis, caballeriza y un campo de golf de 18 hoyos. Es decir, un establecimiento cinco estrellas por todo lo alto.

3. Hotel Maracay. Vista de la facahada sur

Para la época en que realizó el proyecto, Malaussena ya había contratado como colaboradores en su oficina a tres jóvenes arquitectos alemanes: Federico Beckoff, Klaus Heufer y J.P. Jebens (quienes participaron también en el diseño del hotel Guaicamacuto -posteriormente Macuto Sheraton- en el Litoral Central y del Círculo Militar en Caracas), quienes tuvieron mucho que ver con el cambio en los patrones lingüísticos que este hotel presenta dentro de su trayectoria caracterizados, como se sabe, por la impronta de la tradición académica. En efecto, el Maracay es resuelto dentro del privilegiado lugar que se le asignó, con el atractivo de ser un hotel citadino con las ventajas suburbanas que ofrecía el poder practicar el golf y los deportes ecuestres, basado en la tipología predominante en aquellos años que se complementaba con el uso de los códigos propios del Estilo Internacional.

4. Hotel Maracay. Dibujo axonométrico

Así, la articulación volumétrica entre un bloque compacto claramente rematado que pareciera estar suspendido sobre una base que se extiende con libertad sobre el terreno, gobierna una composición que además denota dos caracterizaciones totalmente diferentes: por un lado las pretensiones de estar a tono con lo internacionalmente correcto del cuerpo que contiene las habitaciones, a doble crujía con pasillo central, cuyas fachadas principales (norte-sur) han sido resueltas recurriéndose al muro cortina (curtain wall) y, por el otro, la frescura con que se amarran los volúmenes que conforman la base, donde se desarrollan con generosidad y proyección futura las áreas sociales, recreacionales y de servicio, a través de un sistema de variados elementos de circulación que, además de colaborar en la definición de diversas zonas dentro del conjunto, permiten apreciar las particulares condiciones ambientales del lugar.

5. Hotel Maracay. Corredor sobre la piscina

Mimetismo cosmopolita, contundencia, pesadez y pureza volumétrica en la imagen institucional versus tropicalidad, ligereza y movimiento en el disfrute de los niveles inferiores son categorías útiles para resumir la doble lectura que el hotel Maracay ofrece, lectura que los murales nacionalistas de Pedro Centeno Vallenilla con que se decoran las áreas sociales, aunque nos ubican también en la época, no hacen sino confirmarla.

Hotel Maracay. Vista del conjunto (año 2010)

Resumiendo, podríamos decir que la caracterización del edificio y su adecuación al programa y al sitio, dos de los aspectos que la formación academicista de Malaussena exigía, se logran a cabalidad aún así sea mediante la asunción en parte de un complaciente lenguaje contemporáneo muy próximo, por otro lado, a la imagen que el país pretendía mostrar. El hotel Maracay, como muchos otros de los que administró la CONAHOTU, sufrió con el tiempo los embates de la desidia gubernamental, la cual se tradujo en mala administración, descuido e incapacidad para mantener unas instalaciones de primera que en cualquier parte del mundo serían un negocio sustentable. Su dramático deterioro derivó en su cierre temporal hasta que el año 2015 se firma un convenio con la cadena hotelera internacional Marriot, que ha permitido acometer su remodelación y rescate, albergándose la esperanza de que el ahora llamado «Hotel Golf Maracay» pueda abrir de nuevo sus puertas próximamente. Sin entrar en detalles sobre su discutible intervención, esperamos sinceramente que así sea.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Revista Punto, nº1, enero 1961

1. https://twitter.com/marketingmcy/status/1180453508010713088

2, 4 y 5. Lasala S.; Malaussena. Arquitectura académica en la Venezuela moderna, 1990

3. EXPOSICIÓN: KLAUS HEUFER, ARQUITECTO: Arqueología de la modernidad. Rafael Pereira Escalona. B.O.D Centro Cultural. Caracas

4. https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Hotel_Maracay.jpg

1940• Abre sus puertas el Hotel Guadalupe, La Puerta, estado Trujillo

Hotel Guadalupe Trujillo.jpg

1940•  Abre sus puertas el Hotel Guadalupe, ubicado en la Avenida Principal de La Puerta, estado Trujillo.
La construcción de la edificación, que tiene acentos neobarrocos, fue parcialmente financiada por las compañías petroleras, por considerarlo sus funcionarios norteamericanos ideal para vacacionar.
Hoy día consta de 96 habitaciones y 88 apartamentos totalmente equipados y provisto de muchas otras facilidades.

HVH

LA RED HOTELERA NACIONAL

Dentro de las políticas adelantadas por la Dictadura perezjimenista tendientes a mejorar el medio físico y hacer de la obra pública su baluarte fundamental, una de las que con más empeño se siguió fue la correspondiente a dotar el país de una amplia red de hoteles, acorde con el potencial turístico que siempre Venezuela ha tenido y con la visión nacionalista que el Nuevo Ideal Nacional sostenía.
Así, casi desde el mismo momento en que asume en solitario la Presidencia de la República, Pérez Jiménez crea en 1953 la Dirección Nacional de Turismo dependiente del Ministerio de Fomento, responsabilizada de hacer el plan hotelero correspondiente con base en una serie de edificaciones existentes, a las que se incorporarán otras de nueva planta ubicadas en lugares de gran valor desde el punto de vista turístico, con lo que se abarcará prácticamente todo el territorio nacional.
El listado de instalaciones con que se contará, abarca, en primer lugar, los conocidos como “Hoteles Nacionales”, heredados de las iniciativas adelantadas durante la época en que Juan Vicente Gómez gobernó el país (1908-1935), entre los que se encuentran: el hotel Maracay (1919) en Maracay, el «Hotel Termal» en San Juan de los Morros (1920) –ambos proyectados por la Sala Técnica, Dirección de Edificaciones del MOP-, el hotel Miramar (Alejandro Chataing, 1928) en Macuto, y el “Hotel Jardín” (Carlos Raúl Villanueva, 1929), también en Maracay.
A dicha lista, habría que agregar los financiados a través de participaciones accionarias del Ministerio de Fomento, conjuntamente con el sector privado, entre los que se encontraban: el albergue Pico de El Águila (Mérida) y el hotel El Corozo (San Cristóbal); los hoteles Caribe (Las Piedras) y Nueva Cádiz (Pampatar), ambos en la Isla de Margarita; Cuatricentenario y Nueva Segovia (Barquisimeto); y los hoteles Tamanaco (Caracas), Del Lago (Maracaibo), Cumboto (Puerto Cabello), Coromoto (Guanare), Apure (San Fernando), Amazonas (Puerto Ayacucho), Barlovento (Higuerote), Torres (Carora), Bolívar (Ciudad Bolívar), Guácharo (Caripe), El Junkito (Distrito Federal) y San Felipe (Yaracuy), dispersos a lo ancho de la geografía nacional.
Luego, paulatinamente, el Ministerio de Fomento, una vez adquirida la mayoría de las acciones de las compañías de hoteles en que se involucró, aumentará su poder de decisión y ejecución, contemplando varias etapas, desde mediados de la década de los 50, en la complementación de la llamada “Red Hotelera Nacional”. En la primera etapa se inaugurarán los hoteles Trujillo (Trujillo), Bella Vista (Isla de Margarita, Nueva Esparta) y Miranda (Coro, Falcón). Para la segunda etapa, la Dirección de Edificios y la recién creada Corporación Nacional de Hoteles y Turismo (CONAHOTU) estarán participando directamente, en la escogencia de los terrenos, revisión de los proyectos y fiscalización de las obras, de los hoteles Maracay (Maracay, Aragua), Llano Alto (Barinas), Prado Río (Mérida) y El Tamá (San Cristóbal, Táchira). Los hoteles Humboldt (Parque Nacional El Ávila, Caracas) Guaicamacuto (Litoral Central, Vargas), Cumanagoto (Cumaná, Sucre) y Moruco (Santo Domingo, Mérida) estarían previstos para la tercera etapa. El Aguas Calientes (Ureña, Táchira), debería incorporarse a la primera etapa pese a no aparecer mencionado en las memorias oficiales. Se trata, pues, de un total de doce edificaciones que constituirán la red gestionada directamente por la CONAHOTU, ilustradas como parte de la significativa imagen propagandística de la época que acompaña esta reseña.
Con el criterio de ir convirtiendo cada hotel en punto de partida para el fomento del turismo interno, se llevó a cabo la contratación de los 12 proyectos, que gracias a la importante gestión del ingeniero Daniel Camejo Octavio (quien para 1951 había participado en la construcción del Laguna Beach Club, el Bahía Mar y posteriormente el club Puerto Azul), son otorgados a los más destacados arquitectos u oficinas de arquitectura que había en aquel momento en el país, localizadas básicamente en Caracas. Así, el Trujillo será contratado a Alberto Chávez, el Bella Vista a la oficina Vegas & Galia (Martín Vegas y José Miguel Galia), el Miranda a la firma OTEPI de Eduardo Arnal, el Maracay y el Guaicamacuto a la oficina Malaussena & Silveira (Luis Malaussena y Manuel Silveira), el Llano Alto a la oficina Carpio & Suárez (Oscar Carpio y Guillermo Suárez), el Prado Río y el Cumanagoto a Tomás José Sanabria y Julio Volante, El Tamá a Julio Volante, el Humboldt a Tomás José Sanabria, el Moruco a Fruto Vivas y El Aguas Calientes a la oficina Ferris & Vegas (Julián Ferris, Juan Andrés Vegas y Gustavo Ferrero Tamayo).
Ahondar en el análisis de este grupo de edificios podría conducir a clasificarlos por regiones, por tipologías o por el carácter asociado a la manera como enfrentan la relación entre modernidad y tradición, a lo que podría añadirse la valoración del sentido del lugar donde debieron construirse o la conciencia de estar representando un país a los ojos del viajero que los disfrutaba.
De todo ello nos iremos ocupando paulatinamente en próximas entregas contando con que este texto sirva de nota introductoria.

ACA

Procedencia de la imagen

https://www.facebook.com/lavenezuelainmortal/photos/publicidad-de-la-corporaci%C3%B3n-nacional/674863685945901/

1998• Hotel Chacao Cumberland

Hotel Chacao Cumberland.jpg

1998•  Se concluye la construcción y equipamiento del Hotel Chacao Cumberland, ubicado en la ‪Av. Santa Lucía con Av. Principal de la urbanización El Bosque, Caracas, proyectado por la arquitecto Ilana Beker‬‬ (FAU UCV, promoción 31B).
El nuevo hotel, que tiene categoría 4 estrellas, abrió sus puertas con 78 habitaciones de varias tipos.

HVH