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TAL DÍA COMO HOY…

… 1 de octubre de 1989 aparece en las páginas de El Diario de Caracas el artículo “La pirámide de Pei” de Oscar Tenreiro.

1. Encabezado del artículo publicado en El Diario de Caracas el 1 de octubre de 1989.

Oscar Tenreiro, quien ya había acumulado a lo largo de más 20 años una importante cantidad de textos y artículos de corte crítico, comenzó a publicar con periodicidad semanal en la prensa a partir del domingo 3 de septiembre de 1989, dando inicio así a una costumbre que hasta hoy no ha abandonado.

Atendiendo la invitación que le hiciera Luis García Mora, director de El Diario de Caracas, un periódico en formato tabloide de baja circulación que buscaba alcanzar altos niveles de calidad en sus contenidos y alejarse del establishment, Tenreiro empezará su andadura con una columna que titulará “Nave” (acrónimo de Nueva Arquitectura Venezolana) donde, como él mismo confiesa en Todo llega al mar. Textos (2020), “podía expresar puntos de vista cumpliendo con el objetivo que me había trazado: lenguaje directo, diálogo con mi contexto sin perder las referencias del debate más amplio”.

Lo que comenzó como una columna pasaría al poco tiempo a ocupar una página entera denominada “Arquitectura y Ciudad”, que estaría conformada por dos textos de la autoría de Tenreiro (de aproximadamente 3500 caracteres cada uno) y un espacio breve (“Poesía de la ciudad”) a cargo de Francisco Sesto, su colega y socio por aquel entonces. De los dos escritos de Oscar había uno que se presentaba con un título más llamativo y algún subtítulo e incorporaba la presencia de fotos, pasando “Nave” a ocupar la parte inferior de la hoja asumiendo un tono más reflexivo. Esta experiencia, que duró más de cuatro años y de la que se registran más de 200 entradas, se vería truncada el 21 de noviembre de 1993 cuando en medio del fragor político de las elecciones que se dieron en diciembre de ese año y en las que Tenreiro y Sesto habían manifestado su apoyo al candidato Andrés Velásquez, se les pasó factura desde la directiva del diario.

2. Primera y tercera entregas de «Nave» de Oscar Tenreiro en El Diario de Caracas.

Volviendo a la aparición tal día como hoy del texto “La pirámide de Pei” como tema central de “Nave”, habría que recordar que se trataba del quinto de la serie iniciada el 3 de septiembre con “¿Vivienda, no importa cuál?”, cuando Tenreiro aún escribía en solitario. El tema abordado, de enorme actualidad y causante de no pocas controversias, no era otro que el relacionado con la segunda inauguración el 29 de marzo de 1989 del espacio que alberga la entrada principal del Museo del Louvre el cual, ubicado en el centro del cour Napoléon, fue cubierto por una pirámide de vidrio y metal diseñada por el arquitecto chino-estadounidense Ieoh Mihg Pei (1917-2019).

Tras el subtítulo “La luminosa pirámide es la atracción más reciente del Museo Louvre”, Tenreiro recuerda, por un lado, cómo la ampliación del antiguo palacio real se trató de uno de los puntos del programa de acción, propuesto por el presidente de Francia François Mitterrand sobre París, entendiendo que “se convertía pues en asunto de prestigio político porque los grandes museos no son, en verdad sólo lo han sido’ para los funcionarios mediocres, almacenes de memoria para privilegiados sino centros de irradiación y recepción de asuntos centrales a la evolución de la sociedad de hoy”.

3. «El París de Mitterrand» (1981-1995). Ubicación de las grandes obras e intervenciones realizadas.
4. Seis obras que junto a la Pirámide del Louvre forman parte del «París de Mitterrand». Arriba (de izquierda a derecha): Biblioteca Nacional de Francia, Dominique Perrault (1995), Gran Arco de La Defense, Otto Von Spreckelsen y Paul Andreu (1982-1989) y Ministerio de Economía y Finanzas, Paul Chemetov y Borja Huidobro (1984-1989). Abajo (de izquierda a derecha): Ópera de la Bastilla, Carlos Ott (1984-1989), Parque de la Villette, Bernard Tschumi (1982-1987) y Recualificación de la Gare d’Orsay y acondicionamiento del Museo d’Orsay, Gae Aulenti (1980-1986).

Por otro lado, tomando como caso excepcional la gestión de Sofía Imber en lo que fue la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (una institución creada a partir de un espacio limitado que fue creciendo gracias a “la extraordinaria habilidad, el talento y la energía” de quien lo impulsó), señala Tenreiro que “los museos son ante todo su arquitectura” y que no “cualquier techo, cualquier espacio, si se dota de un presupuesto y un personal puede merecer ese nombre”, para subrayar cómo “Detrás del nacimiento y desarrollo del Louvre no hay procedimientos administrativos o tan sólo estrategias circunstanciales, sino una voluntad política bien precisa, que le confiere a su existencia la primera prioridad hasta el punto de acrecentar su colección a base de actos de imperialismo político”.

No deja de mencionar Tenreiro los cuestionamientos provenientes de parte de los arquitectos franceses y los sectores conservadores en cuanto a la selección de Pei como proyectista, y el partido asumido por éste de recurrir a un objeto arquetipal para enfrentar tan emblemático lugar. Con relación a lo primero, en vista de los malos ejemplos que empezaban a poblar París de edificios institucionales de dudosa calidad, de manos de algunos arquitectos nacionales, Oscar no duda en afirmar que todo hace pensar que el asunto “estuvo mejor en las manos del chinito, todo sea dicho con el perdón de los arquitectos franceses buenos, que son muchos, pero a quienes jamás les hubieran dado el encargo”. Con relación a lo segundo: “Las objeciones conservadoras terminaron cayéndose por su propio peso y pasaron lentamente de la desaprobación al apoyo irrestricto, lo cual demostró que algo se ha ganado en la ampliación del marco cultural que debe nutrir los juicios sobre arquitectura. Y permitió la inauguración en medio de la complacencia general”.

5. Dos grandes cúpulas de vidrio y metal parisinas. Galerías Lafayette (izquierda) y Sede central del Credit Lyonnais (derecha).
6. I.M. Pei. Ampliación Este de la Galería de Arte Nacional de Washington (1971-1978).

Sin embargo, la verdadera carga crítica del texto se dará a partir del momento en que se abre la puerta a otros análisis y cuando Oscar hinca el diente puntualizando que: “la arquitectura que encuentra su razón de ser en los gestos grandilocuentes, termina por ser incapaz de superar los límites que esos mismos gestos establecen. Si el Louvre de Pei se puede resumir en la pirámide, así como su Galería de Washington se puede resumir en el Atrio, es porque son esos elementos los que llevan la carga de toda la arquitectura que allí pudo haber nacido. No importa ya que lo demás sea asumido por el diseño como producto de factoría, donde todo tiene su lugar, todo se ha estudiado, pero la emoción que domina es la producción. Es una arquitectura de brillo, pero incapaz de trascender las condiciones que le dieron origen. Por más que nos maraville la tecnología de vidrio y acero inoxidable, el asombro no es suficiente para ocultar el ambiente de tienda por departamentos o de centro comercial, (exquisitos, claro está, pero con escalera mecánica y todo) que se crea debajo de él”.

7. Vista general de la Pirámide de Louvre en su contexto.
8. El exterior y el interior del espacio de acceso al museo.
9. Otra toma de lo que se denomina como el «Hall Napoleón» del museo ubicado debajo de la pirámide, desde donde se accede a las tres alas principales (Denon, Sully y Richelieu). Además contiene: espacio de afiliación, correos, tienda de souvenirs, café documentación, tickets, Sociedad de Amigos el Louvre, tienda para niños, librería, banco de información, recepción y punto de información, recepción de grupos y sala audiovisual.
10. Vista nocturna.

El sentido de novedad que en aquel entonces traslucía la “pirámide de Pei” (que Tenreiro asociaba a otras grandes cúpulas vidriadas parisinas), por la cual se pensaba que se trataría de un efecto poco perdurable tendiente a su desvanecimiento, valdría la pena revisarlo hoy a la distancia de 34 años cuando el tiempo ha trabajado a favor de asentar la intervención en la memoria de la ciudad. En ese sentido, París nos ha dado importantes lecciones.

ACA

Procedencia de las imágenes

1 y 2. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

3. https://www.revistaprojeto.com.br/acervo/paris-esta-em-obras-os-dez-grandes-projetos-do-governo-de-francois-mitterrand/

4. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Vue_globale_de_la_BNF1_%281%29.jpg, https://es.wikipedia.org/wiki/Arco_de_La_D%C3%A9fense, https://es.123rf.com/photo_84338708_bercy-ministerio-de-finanzas-en-par%C3%ADs-en-un-d%C3%ADa-soleado.html, https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%93pera_de_la_Bastilla, https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Parc_de_la_Villette,_Paris_2010.jpg y https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:MuseeOrsay_20070324.jpg

5. https://ar.pinterest.com/pin/299630181437965751/ y https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Si%C3%A8ge_CL_escalier_4e.jpg

6. https://en.wikipedia.org/wiki/File:National_Gallery_of_Art,_East_Building.jpg y https://www.nga.gov/features/slideshows/a-design-for-the-east-building.html#slide_6

7. https://www.larazon.es/cultura/piramide-del-louvre-treinta-anos-de-aquella-polemica-faraonica-IE22626086/

8. https://es.lovepik.com/image-501593497/panorama-pyramid-entrance-of-the-louvre-museum-in-paris-france.html y https://www.flickr.com/photos/snarfel/3233852173

9. https://www.jmhdezhdez.com/2014/11/obras-destacadas-museo-del-louvre-paris.html

10. https://es.wikipedia.org/wiki/Museo_del_Louvre

TAL DÍA COMO HOY…

… el domingo 12 de abril de 1992, Oscar Tenreiro publica en El Diario de Caracas el artículo “Llevamos los aleros en el alma”.

Página de Arquitectura y Diseño en la sección Ciudad de El Diario de Caracas del domingo 12 de abril de 1992

Tal y como anunciáramos el pasado 12 de abril (ver Contacto FAC nº 162), a lo largo de este año 2020 iremos refiriéndonos eventualmente a algunos temas tratados por Oscar Tenreiro en la página que como articulista desarrolló entre 1989 y 1993 en El Diario de Caracas junto a Farruco Sesto, la cual ocupó un importante espacio dentro del boom que por aquellos años permitió el feliz encuentro entre la crítica de arquitectura y la prensa escrita. Será en particular el convulso año 1992, por coincidir al calco con este 2020 en cuanto a su calendario, el que nos permitirá echar mano a la expresión “tal día como hoy” en más de una ocasión como excusa para repasar parte del ideario que acompaña la reconocida trayectoria de Tenreiro.

Así, la página de aquel Domingo de Resurrección del 12 de abril de 1992, estuvo dividida, como era costumbre, en tres partes: un artículo central desarrollado por Tenreiro y dos secciones, una titulada “Nave” también con su firma y otra que llevaba por nombre “La poesía de la ciudad” a cargo de Farruco Sesto.

Aunque centraremos nuestra atención hoy en el texto principal “Llevamos los aleros en el alma” no estaría de más recordar que Farruco Sesto se ocupó en su columna que tituló “Algunos arquitectos” a elevar su protesta contra la decisión tomada por parte del gobernador del Distrito Federal, apelando  a variables como el bajo costo y la rapidez de ejecución, de realizar una serie de módulos policiales de dudosa calidad y desconocida autoría que poblaron la ciudad, sin recurrir al llamado de buenos arquitectos (cuyos nombres menciona pidiendo excusas por las posibles omisiones) que según su opinión lo hubiesen hecho con mayor decoro. De aquella iniciativa como tantas otras de entonces y ahora realizadas sin la debida planificación quedan todavía algunos vestigios diseminados por Caracas, siendo el más notorio el que está ubicado en el distribuidor Altamira del cual dejamos en nuestros lectores la oportunidad de emitir opinión.

Por otra parte “Nave” está dedicada a abordar el inagotable debate sobre si es pertinente o no hablar de “arquitectura latinoamericana”, recordando parte de la polémica desatada por Gustavo Munizaga en el V Seminario de Arquitectura Latinoamericana (SAL), realizado en Santiago de Chile el año anterior, quien  de manera tremendista afirmaba: “No creo en Latinoamérica…” donde perseguía “destacar la diversidad que existe en esta parte del mundo y de qué manera este nombre propio lo ignora”. El artículo de Tenreiro titulado justamente “Latinoamérica” le permite a raíz de la excesiva y algo arbitraria expresión de Munizaga, plantear su visión ante el peligro de “tratar como unidad lo que es esencialmente multiplicidad” para preguntarse si, ante la evidencia, “¿no entra en crisis la idea unitaria que se desprende del término?”. Como todo reduccionismo “lo latinoamericano”, sin duda deja por fuera a todos aquellos que actúan bajo el amparo, muy auténtico por cierto, de la libertad creativa y de pensamiento que no mira a asuntos clasificatorios, por lo que según Tenreiro “parece llegado el momento de hablar menos de arquitectura ‘latinoamericana’, e ir a los arquitectos que interesen”. Y continúa: “Esto no desconoce contextos, circunstancias, limitaciones, posibilidades, del medio cultural en el que la obra se da, porque ello es requisito para toda crítica válida, sino que estos aspectos no se conviertan en excusa para evitar el difícil trabajo de conocer mejor”. Cierra el artículo señalando que si la duda es aplicable al termino “latinoamericano” también lo será al “venezolano”, aunque “siempre será legítimo y necesario referirse a cualquier actividad agrupando a la gente de una misma nacionalidad y del mismo ámbito geográfico, pero ello exige a continuación suficiente capacidad intelectual para discernir con inteligencia, para pasar el umbral generalizador tan poco útil más allá del introito, y saber valorar el aporte individual, que es donde se resuelve la cultura como pensamiento”.

“Llevamos los aleros en el alma”, como ya dijimos, escrito central de la página, le permite a Tenreiro preguntarse, no muy alejado de sus cavilaciones sobre “Latinoamérica” pero en un tono si se quiere más poético, “¿qué lo lleva a uno a ciertos sitios de la geografía?”, usando como pretexto el éxodo de Semana Santa para darse la oportunidad de viajar hacia la memoria.

En este texto, que creemos debería pertenecer al acerbo de los que nos hacen comprender lo que somos y dónde estamos sin aspiraciones prescriptivas, su autor nos introduce en un territorio poblado de sensaciones provenientes del análisis de lo que significa habitar, permanecer, percibir, asimilar el trópico y hacer de ello una lección de arquitectura. Un aquí en el que la sombra, la transición, la penumbra, el umbral, logrados mediante el uso y la reinterpretación de eternos dispositivos como el corredor, el patio, el zaguán y el alero, se aleja de la preconcepción de objetos o contenedores en los que prevalece su condición de lugar cerrado. En “Llevamos los aleros en el alma”, Tenreiro no hace otra cosa que recordarnos la benevolencia de nuestra condición geográfica y nuestro clima para lograr con ello un “juego sabio y magnífico de los volúmenes bajo la luz” (como apuntaba Le Corbusier) en los que la relación fluida y amable entre el interior y el exterior debe convertirse en requisito ineludible.

En el texto, Tenreiro nos recuerda “que llevamos en el alma la añoranza de un patio de café” y  también nos habla del bienestar que “en nuestro clima está íntimamente unido a la sombra, a la protección de los aleros, a la posibilidad de sentarse a observar lo de afuera desde un lugar en que la brisa nos alcance. (…) Y en ese umbral que siempre quisiéramos bordeado de árboles que nos permitan alejar el asedio solar, nos gustaría estar un buen rato, tal vez comer allí, y si la plaga lo permite y, si no es excesiva, también la hamaca se colgará en el mismo sitio. Y esto es así durante todo el año, la situación no cambia sino por las lluvias amenazantes y torrenciales en las que el mismo alero permite observar…”.

Del “contenedor” convertido en objeto en el paisaje que caracteriza la casa en tierras frías, Tenreiro pasa a hablarnos de la churuata, igualmente objeto en la medida que su impecable geometría contrasta con la selva circundante, pero a la vez “cobijo, alero, hogar (en el sentido de fuego) y dormitorio colectivo” y, comparando ambas actitudes, establece la diferencia entre un objeto que se comporta como una botella, “hermética o con aspiraciones de serlo, lugar donde debe transcurrir la vida observando a través de las ventanas”, y otro donde el “contenedor” se convierte en un “sostenedor” sin “límites precisos porque nuestro medio no los exige” cargado de “umbrales, transiciones, espacios donde podamos ‘escampar’ ”, aprendizaje que sin duda debe recoger todo espacio habitable y muy particularmente la casa.

“Esos umbrales -nos dirá Tenreiro- son en realidad muy diversos, no todas las casas tiene corredores. En la ciudad se hicieron imposibles y se llevaron entonces hacia adentro, hacia el patio interno, y el zaguán sirve de umbral que atraviesa lateralmente la sala para llevarnos hacia ese patio umbroso donde la brisa también se mete y donde hacemos la parada que la casa de hacienda permite hacer en el perímetro. La casa de aquí, y cuando decimos casa podemos referirnos a cualquier construcción, siempre pide preámbulos que permitan… que se seque el sudor de la caminata”.

Todo lo anteriormente planteado se ha visto sin duda mediatizado por actitudes acordes al momento y la moda que, plasmadas de manera numerosa en edificaciones que han poblado nuestro medio, le han quitado a la gente “herencias sabias sustituyéndolas por escenografías que siempre están como mal hechas, que exigen estar enchufadas a la corriente, que crearon un nuevo paisaje urbano transicional, despojado, antipático, que nos exige nuevas capacidades para superarlo y encontrar la nueva imagen análoga, válida, si es que la sociedad recupera la lucidez que pareció perder en la transición vacilante hacia lo que se ha llamado modernidad”.

El rescate de este texto quizás sea oportuno en momentos de pausa obligada como los actuales en los que la reflexión dirigida hacia diversos aspectos de nuestra vidas ha cobrado inusitada vigencia. Usar la memoria en busca de recuerdos sin ánimos nostálgicos sino más bien aleccionadores, recurrir a imágenes a ella asociadas donde la arquitectura puede ocupar un lugar importante podría ser un ejercicio para nada ocioso. En otras palabras ir “descubriendo la sombra, el silencio y el bienestar de antiguas memorias” para ponerlas en práctica en lo que hoy hacemos.

ACA

TAL DÍA COMO HOY…

… el domingo 16 de febrero de 1992, Oscar Tenreiro publica en El Diario de Caracas el artículo “Los bellos sueños de Iván” dedicado al arquitecto ruso Ivan Leonidov.

1. Encabezamiento del artículo «Los bellos sueños de Iván» escrito por Oscar Tenreiro y publicado en El Diario de Caracas el domingo 16 de febrero de 1992

La reconocida trayectoria de Oscar Tenreiro (1939, arquitecto egresado de la UCV en 1960, Premio Nacional de Arquitectura 2003, fundador del Taller Firminy dentro de la Escuela de Arquitectura de la UCV en 1983), tiene entre sus facetas más interesantes la de haber cultivado desde muy temprano el hábito de plasmar a través de la escritura sus reflexiones, acompañadas del desarrollo de un agudo espíritu crítico no muy común entre los arquitectos de su generación formados más para el “hacer”, asunto que, por cierto, él tampoco ha descuidado y ha incorporado como uno de sus temas más tratados.

Seguirle la pista a la aparición de los textos elaborados por Tenreiro no deja de ser una tarea interesante que quizás hasta podría derivar en un suculento trabajo de investigación. Sin pretender que esta nota lo sea, hemos detectado (corriendo el riesgo de equivocarnos) como primer indicio de ello el artículo aparecido en la revista PUNTO nº 4 (noviembre 1961) titulado “Reflexiones sobre Brasilia”, relato de una visita suya a la novísima y flamante capital brasileña estando recién graduado, por lo que hemos dejado de lado sus posibles ejercitaciones escritas como estudiante de arquitectura desde su ingreso como tal a la FAU en 1955.

Más adelante, con 23 años ya como profesor desde el año anterior, en el nº 15 de PUNTO (noviembre 1963) se pone en evidencia no sólo su segunda aparición en la revista sino su profunda admiración, seguimiento y estudio de la figura de Le Corbusier que lo ha acompañado a lo largo de toda su vida. Para dicho número Tenreiro elabora una nota titulada “¿Le Corbusier en Venezuela?” donde recoge los frustrados intentos por traer al maestro suizo a nuestro país, negado sucesivamente a hacerlo si no se le presentaba alguna oferta firme de trabajo, cosa que el autor ve con ojos críticos. También elabora la nota introductoria y la traducción de una entrevista hecha a «Corbu» titulada “Los tres establecimientos humanos” aparecida en L’Express del 3 de diciembre de 1959 a raíz de la reedición del libro del mismo nombre. Tenreiro en su nota valora la espontaneidad y amplitud de las respuestas dadas por el célebre arquitecto al entrevistador y rescata aspectos que deberían ser señales de alerta y enseñanzas a tomar en cuenta ante el desarrollo caótico de la ciudad y su arquitectura.

Pero si alguna veta ha desarrollado con perseverancia y sapiencia Oscar Tenreiro, además de la de arquitecto, es la de asiduo articulista en la prensa nacional. Pasando por alto seguramente apariciones previas o en otros medios de difusión, nos interesa hoy destacar las dos etapas que cubrió en el desaparecido Diario de Caracas (1989-1993 -acompañado de Farruco Sesto- y 1998-2000 en solitario) y más recientemente en TalCual (2007-2018) tanto en su presentación impresa (que dejó de circular en 2014) como en formato digital desde entonces hasta el presente. Valga la pena destacar como espacio donde comenzó a publicar sus contribuciones en TalCual desde 2007, la creación por parte de Tenreiro de un blog titulado “Entre lo cierto y lo verdadero” (https://oscartenreiro.com/) que le ha servido también de tribuna para incluir contenidos más amplios que tocan, además del territorio de la arquitectura y la ciudad, el de la de la cultura general, lo autobiográfico y lo político poniendo en práctica su convicción de que es necesaria la elaboración de un pensamiento crítico que puede tener a la arquitectura como eje.

Dejando para otro momento el desarrollo de sus  participaciones más recientes tanto en TalCual como en el blog, el período correspondiente a la presencia semanal-dominical de Tenreiro en El Diario de Caracas, se correspondió con una especie de boom en el que la arquitectura “invadió” la prensa nacional a lo largo de toda la década de los años 1990 del siglo XX. Forman parte de este boom, que no dudamos en considerar como el más prolífico dentro del movimiento crítico de nuestra arquitectura: la presencia de Juan Pedro Posani en Economía HOY en solitario desde el año 1990 hasta 1993 y como cabeza visible de Arquitectura HOY junto a Alberto Sato desde 1992 hasta el 2000; las de Federico Vegas, William Niño y Hannia Gómez desde las páginas de El Nacional; las de Edgard Cruz y Abner Colmenares en El Universal; y, a finales de la década, de Francisco Mustieles, Lourdes Peñaranda, Farid Chacón y Claudia Urdaneta desde La Verdad de Maracaibo.

La columna semanal que Tenreiro elabora para la sección de Cultura de El Diario de Caracas lleva por título “Nave” y tiene su primera aparición el 3 de septiembre de 1989 pudiendo considerarse como pionera dentro de lo que terminó ocurriendo más adelante. Posteriormente, convertida en toda una página ya dentro de una sección denominada “Arquitectura y Diseño”, aparecerá acompañando a “Nave” otro segmento que llevará por título “Poesía de la ciudad” a cargo de Farruco Sesto, en aquel entonces su socio y compañero dentro de las actividades docentes que desarrollaban en la Escuela de Arquitectura de la UCV.

Los variados temas que Tenreiro desarrolla desde “Nave” van desde asuntos propios del acontecer arquitectónico nacional e internacional de la mayor actualidad hasta la referencia a situaciones, momentos y personajes que le sirven para entrar en contacto con el público en general, manifestando sus puntos de vista como arquitecto. “Tenreiro practica así lo que el llama el ‘pensamiento desde y hacia la arquitectura’, insistiendo en que lo hace como arquitecto en ejercicio, para escapar de los estereotipos y cautelas propios de la ‘crítica arquitectónica’. Respecto a la cual no oculta su desconfianza, que explica recurriendo al aforismo de Nietzsche sobre el crítico de arte ‘que ve el arte desde cerca sin llegar a tocarlo nunca’ ”, tal y como se recoge de descripción que sobre su persona se hace en el blog “Entre lo cierto y lo verdadero”.

2. Iván Leonidov por Andrei Gozak y Andrei Leonidov (1988). Portada del libro y página interior

De esa primera etapa en El Diario de Caracas hemos escogido casi al azar, por la coincidencia que se ha dado entre día y fecha de hoy, pero con 28 años de diferencia, el texto titulado “Los bellos sueños de Iván” dedicado a rescatar la figura del arquitecto ruso Ivan Leonidov (1902-1959) a quien Tenreiro aborda, gracias a la relectura del libro monográfico editado por Catherine Cook para Rizzoli en 1988 que contiene dos excelentes textos de Andrei Gozak y Andrei Leonidov, en momentos que convalecía de un grave accidente sufrido en la península de Paria.

A modo de introducción, asomando aspectos que forman parte de su propia visión de la arquitectura, Tenreiro presenta a Leonidov de la siguiente manera: “La entrega incondicional al arte de la arquitectura como prolongación de una fe en valores trascendentales, considerándolo como herramienta para la transformación del mundo, sin la mediatización de una manera canónica de ver la ‘realidad’ que fue el germen que destruyó los mejores talentos en el largo trayecto del socialismo real, es el principal mensaje que deja la obra de este arquitecto que sólo pudo construir una escalera en sus 57 años de vida”.

Según Tenreiro, Leonidov, uno de los principales representantes del constructivismo ruso cuyo talento es reconocido tempranamente por hombres de la talla de Moisés Ginzburg o los hermanos Vesnin, queda retratado, y con él su personalidad, en “el epígrafe que preside el excelente texto central de Andrei Gozak (…): ‘El poeta más grande no es el que más escribió, sino el que más nos sugirió’, frase de Walt Whitman, ese gran poeta de la americanidad, de la esperanza, de la fe en el hombre. Porque Leonidov nos deja, por sobre todo, la sensación de que lo que verdaderamente vale en la entrega a una vocación por el arte es que no cese la capacidad de soñar, de imaginar escenas, de postular grandes o pequeñas utopías, de entender al arte como llave que permite atisbar el misterio de vivir”.

3. Iván Leonidov. Maqueta y perspectiva del Instituto Lenin para Bibliotecarios (1927)

La sugerente obra de Leonidov cobra particular relevancia en dos proyectos que denotan la búsqueda permanente de una estética vinculada a un lenguaje verdaderamente vanguardista: el Instituto y Biblioteca Lenin (1927) su proyecto de grado realizado en VJUTEMAS de Moscú en el cual el austero prisma vertical del depósito de libros, los paralelepípedos horizontales de los edificios del instituto y la esfera del gran auditorio proclaman su interés por la geometría respondiendo según palabras del propio Leonidov ‘”a las necesidades de la vida contemporánea maximizando las posibilidades de la tecnología”; y el Ministerio de la Industria Pesada (1934) a ubicarse en uno de los flancos de la Plaza Roja, frente al Kremlin, “tres soberbias torres de formas y tratamientos diversos que entran como en un juego de contrapunto, edificados sobre un inmenso podio que mediante un puente se prolonga hasta servir de base a un hiperboloide de revolución decorado con murales”. Sin embargo, como ya fue señalado, es la escalera-gradería diseñada en 1938 como parte de un proyecto paisajístico para Kislovodsk, ciudad balneario en Stavropol Krai, (región del Cáucaso del Norte), lo único que Leonidov logró construir y en el que a pesar de desplegar su destreza poco pudo reflejar la línea de trabajo que lo caracterizó.

4. Proyecto de la sede del Ministerio de la Industria Pesada (Narkomtiazhprom) de 1934 (concurso). Fachada
5. Proyecto de la sede del Ministerio de la Industria Pesada (Narkomtiazhprom) de 1934 (concurso). Perspectiva
6. Ivan Leonidov. Escaleras del sanatorio termal Ordzhonikidze en Kislovodsk (1938)

La página de El Diario de Caracas que hoy nos ocupa también permitió a Oscar Tenreiro, dada su proximidad en fecha con el golpe del 4 de febrero de 1992, aproximarse críticamente a ese lamentable evento, dejando aflorar un interés por lo político que nunca ha abandonado. Del texto “Mezquindad, hipocresía” que allí aparece extraemos un segmento que tiene absoluta vigencia: “…poca duda puede caber de que si la mezquindad y la hipocresía marcan a las cúpulas del poder político, esos mismos rasgos se instalarán en las demás ramas de la actividad social. En ‘Los días de Cipriano Castro’, se lo recordaba en estos días a mi hijo mayor, Picón-Salas pinta un cuadro de la sociedad caraqueña caracterizado por la presencia de dos fatídicos vicios, pero al culminar la lectura del libro queda una esperanza de que la superación de los esquemas de poder dictatoriales será la clave para la vuelta a la transparencia. No ha sido así. El mismo don Mariano fue víctima en vida de la mezquindad que caracterizó aspectos de la controversia política de los sesenta, y después de él muchos de nuestros hombres de valor han sido objeto de devaluaciones dictadas por ambiciones inmediatas o por deseos de ganar imagen pública, uno de los mitos de nuestra democracia de cartón”.

En resumen, gracias a Leonidov hemos podido abrirle la puerta a la primera etapa de la participación de Tenreiro como columnista en El Diario de Caracas y gracias a Tenreiro nos hemos adentrado aunque sea brevemente en la trayectoria de un arquitecto poco publicitado y valorado dentro de un período clave dentro de la arquitectura moderna que, sin embargo, ha contado con la atención reciente de Luca Lanini a través del libro Ivan Leonidov. Ascesa e caduta (2018). Esta, sin embargo, no será la última ocasión en que nos refiramos a la perseverante e importante tarea del primero como divulgador, pensador y crítico de arquitectura de nuestro país.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

2. https://www.catawiki.com/es/l/15632015-andrei-gozak-andrei-leonidov-ivan-leonidov-1988

3. https://gaz.wiki/wiki/es/Ivan_Leonidov y http://artnote.eu/the-lenin-institute-for-librarianship-by-ivan-leonidov-1927/

4. https://misfitsarchitecture.com/2016/04/03/career-case-study-5-ivan-illich-leonidov/leonidov-2/

5. https://ar.pinterest.com/aestudiodillon/constructivismo/

6. https://circarq.wordpress.com/2018/07/24/ivan-leonidov/