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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 146

La labor desarrollada por el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) desde que en 1966 toma el testigo dejado por la Sociedad Venezolana de Arquitectos (SVA), ha estado caracterizada por el permanente dilema que lo obliga a comportarse como garante de los derechos de un gremio siempre a la sombra de la ingeniería y a su vez como promotor del debate que suscitan lo profesional y lo disciplinar, velando en lo posible por lograr la mayor participación de sus agremiados en el desarrollo de la ciudad y en el diseño sus edificaciones más relevantes.

Así, persiguiendo una siempre esquiva e inalcanzable Ley de Colegiación, tras la quimera de tener algún día una sede propia que a su vez se convierta en obra referencial, auspiciando la realización de concursos, convocando periódicamente la participación a través de bienales a la mejor arquitectura realizada en el país, organizando eventos de muy diferente tenor, propiciando y cuidando las relaciones con sus pares a nivel internacional, velando por la incorporación de la provincia y buscando las vías para hacer visible a través de diferentes medios sus actividades, de las que siempre se ha esperado una mayor contundencia a la hora de tomar la bandera por exigir mejores condiciones de trabajo, mayor reconocimiento del rol del arquitecto, mejor arquitectura y menor impunidad en el desempeño de quienes tienen en sus manos el devenir urbano tanto desde el sector público como desde el privado, las diferentes juntas directivas que han pasado por el CAV han buscado cada una dejar una huella que con el pasar del tiempo permita ser reconocida.

Se podría decir que, luego de unos primeros años importantes donde se sentaron las bases de lo que hoy es el CAV en los que se delinearon las líneas maestras de sus actividades fundamentales, para quienes han aspirado y aspiran asumir la responsabilidad de dirigirlo siempre existe el mismo plan de trabajo, la misma agenda. La diferencia consiste en el énfasis y prioridad que se le den a las numerosas carencias y deudas contraídas en el tiempo aún sin subsanar para lo cual se requiere, además, contar con un equipo comprometido y una capacidad gerencial y de liderazgo comprobada. También es bueno reconocer que, con el transcurrir de los años y en vista de la ineficacia o desenfoque muchas veces demostrada por quienes han encabezado el CAV, se ha logrado acumular una buena dosis de desconfianza, escepticismo y predisposición desde unos agremiados que, valga decirlo, no se han caracterizado particularmente por su espíritu participativo convirtiéndose la tarea de dirigirlos en una labor muy ingrata.

Sin pretender llevar a cabo un balance de casi 53 años de vida de la entidad se pueden detectar momentos que pasan a ser claramente reconocibles en la medida que se mira hacia atrás por los objetivos y logros alcanzados. Por ejemplo, ha habido directivas que se recuerdan mayormente por su empeño en hacer del colegio un ente autónomo con identidad propia, otras por darle el mayor empuje a la realización de concursos, algunas por empecinarse en lograr el rescate en la periodicidad de los órganos divulgativos, las convocatorias a bienales o la realización de eventos importantes para potenciar una posible proyección nacional e internacional. Pero si hay alguna constante en todas ellas esa ha sido el convertir el mes de julio, cuando se conmemora su creación, en momento para llevar a cabo memorables encuentros, organizar ambiciosos programas o en todo caso realizar importantes esfuerzos por dar señales de vida aunque sea sólo una vez al año.

A la junta que dirigió el Colegio entre 2006 y 2012, sin que con ello queramos emitir un juicio de valor, se le debe reconocer, entre otros, el esfuerzo por rescatar en 2010, tras 14 años de silencio, la revista CAV de la que alcanzó publicar en un período de tres años hasta seis ejemplares. También la podemos recordar por organizar, con motivo de la realización Mes de la Arquitectura del año 2010 y como homenaje a la labor gremial del Arq. Julio Coll Rojas, conjuntamente con la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, la Universidad Simón Bolívar y el Espacio Capuy, una ambiciosa exposición que buscaba recoger la arquitectura realizada en el país a lo largo de cincuenta años, intentándose en cierta forma reivindicar las obras y arquitectos que empezaron a surgir a partir de la caída de la dictadura perezjimenista.

5 Décadas de Arquitectura Venezolana, a caballo entre una antología dado el amplio espectro temporal que buscaba cubrir y una bienal al convocar de manera abierta hasta las más recientes realizaciones, sin mayor claridad entre el peso que dentro de la muestra debía tener la obra pública (apabullada en general por la actividad privada), se convirtió, tal y como se recoge del nº 56 de la Revista CAV, “en una exposición única en tanto se organizó estrictamente según el año de graduación de los arquitectos con el ánimo de estimular la sana confrontación y dejar registro de la variedad de las propuestas de acuerdo a los diversos momentos en los que ha ejercido cada uno de los profesionales presentes”.

Las bases que regían la participación precisaban a cada participante la elaboración de un panel, de dimensiones preestablecidas y uniformes, donde debía cobrar particular relevancia un breve “texto reflexivo” a través del cual expresara su pensamiento y postura ante el ejercicio de la arquitectura en Venezuela, dentro de un discurso siempre en vías de enriquecerse. También, con la incorporación de una fotografía del autor se buscaba dar identidad y sentido humano a lo presentado lo cual consistía fundamentalmente en croquis, planos e imágenes de las obras las cuales podían haber sido construidas o quedado a nivel de proyecto.

Al momento de su apertura, podría decirse que la arquitectura nacional acusaba el impacto de una disminución tangible en la actividad profesional lo cual apuntaba a que apareciera un cambio de actitud ante la manera tradicional de llevar a cabo el ejercicio y una revisión del rol del arquitecto en una sociedad caracterizada por una difícil situación política, social y económica. A ello se sumaba la aparición de diversos protagonistas y la insurgencia de nuevas generaciones y con ellos nuevas técnicas de representación y manejo de diferentes fuentes de información que ponían de relieve la globalización como proceso indetenible. Pensar que se vivía (y aún se vive) una etapa de transición, que marcó el paso de un país pujante a un país ralentizado, no deja de ser una buena oportunidad para volver a apostar desde el ahora hacia un futuro que se avizora diferente y en el cual las nuevas generaciones tienen mucho que decir.

Los organizadores del evento vieron en cierta medida frustrado el esfuerzo ante la escasa convocatoria que tuvo la cual, como ya se dijo, no pasó de los cincuenta expositores. “Sin embargo -apuntarán- (su realización) abre un compás esperanzador hacia otras muestras que la superen en cantidad de participantes y en la necesaria reflexión sobre el ejercicio de la profesión y la urgencia por desplazar la apatía en nuestro gremio”. En 2011, también durante el mes de julio, en este caso en reconocimiento a la labor gremial y crítica de Arq. William Niño Araque (fallecido a finales de 2010), las mismas instituciones en el mismo espacio organizaron una segunda versión de 5 Décadas de Arquitectura Venezolana que tampoco alcanzó los niveles de participación esperados. Ello quizás hizo desistir a los promotores en seguir realizando nuevos esfuerzos que con mayor insistencia y claridad de metas quizás pudieron haberse institucionalizado y generado un importante banco de documentación con el que sabemos siempre es importante y necesario contar en nuestro país, vacío que más recientemente se ha intentado llenar con el rescate de las Bienales Nacionales de Arquitectura y se complementa con la perseverante tarea realizada por la revista entrerayas.

ACA

Procedencia de las imágenes

https://imagenes-urbanas.blogspot.com/2010/07/5-decadas-de-arquitectura-venezolana.html

Colección Crono Arquitectura Vnezuela

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 137

La aparición del nº 1 la revista CAV permite constatar la confluencia de una serie de circunstancias que ofrecen particular interés para el gremio de los arquitectos en el país.

Por un lado se presenta como el espacio idóneo que aprovecha la Junta Directiva del recién creado Colegio de Arquitectos de Venezuela (conformada por Guido Bermúdez -Presidente-, Carlos Guinand Baldó -Vicepresidente- y Elías Toro -Secretario-) para exponer las razones que dieron lugar a su constitución en sustitución de la Sociedad Venezolana de Arquitectos (SVA) que, como se sabe, funcionó como ente gremial durante 21 años desde el 4 de julio de 1945.

En segundo lugar, permite conocer la continuidad que se le busca dar no sólo a la conducción del gremio sino también a su principal órgano de difusión tras la aparición de 20 números de la revista SVA (1959-1965). En tercer lugar logra hacernos visitar, a través de una rica documentación gráfica y fotográfica, el más importante edificio construido recientemente en el país. Y en cuarto lugar sirve para exponer una de las preocupaciones teóricas que por aquellos años era objeto de discusión en el medio académico y profesional.

El “Sumario” de la publicación permite aclarar buena parte de lo que hemos adelantado. En el mismo se puede registrar la presencia del “Editorial” a cargo de la Junta Directiva; las “Palabras del Presidente del Colegio de Arquitectos de Venezuela, Arq. Guido Bermúdez Briceño, con motivo del acto de toma de posesión de la nueva Junta Directiva, período 1966-67”; el “Banco Central de Venezuela, Arq. Tomás José Sanabria” (de donde proviene la imagen que ilustra la portada y nuestra postal del día de hoy); “Tradición y continuidad en la arquitectura”, por Walter Gropius; el “Noticiero CAV” (dedicado fundamentalmente a dar cuenta del proceso de registro y constitución del Colegio y designación de su Junta Directiva, a lo que se suma la programación del IX Congreso de la UIA, Praga, 1967); y el “Índice números 1-20 (1959-1965)” de la revista SVA.

Como podrá notarse el nº 1 de la revista CAV (accesible en formato digital a través de https://issuu.com/revistacav/docs/ensamble_revista_cav_1_light) se trata de todo un documento de referencia del que podemos rescatar de su «Editorial» la intención convertirla en órgano de difusión de una agrupación profesional que pasó de ser “sociedad” a dar un particular énfasis al asunto de la “colegiación”. De aquí que la publicación intente constituirse en un “primer paso dirigido a más altas metas y que pretenda fundamentalmente actuar como agente catalizador de las motivaciones latentes desde el gremio”, buscando su transformación “en auténtico instrumento para la crítica y eficaz medio de expresión” y “fermento de discusión y polémica en lo interno y vehículo de comunicación con todas las dimensiones y niveles de nuestra vida social en lo externo”.

En lo atinente a todo el proceso que condujo al reemplazo de la SVA por el CAV y el empeño en darle cuerpo a un colegio profesional, las “Palabras del Presidente del Colegio de Arquitectos de Venezuela…” son claras en cuanto a la necesidad de dar viabilidad a las expectativas generadas luego de la aprobación de la Ley de Ejercicio Profesional de 1958, a su necesaria reglamentación para abrirle paso la autonomía de las actividades profesionales vinculadas al hecho construido y a lo expresado en las actas finales de las tres Convenciones Nacionales de Arquitectos realizadas en 1959, 1962 y 1965. En las conclusiones de la Primera (1959), se expresa: “La consolidación de la profesión de Arquitecto en el país justifica el hecho de que quienes la ejercen aspiren ya a constituir un Colegio de Arquitectos, basándose en la convicción de que la Arquitectura se halla suficientemente caracterizada, que su ejercicio representa una legítima función social, cuyo desempeño cabal exige la intervención directa del arquitecto en el señalamiento de sus propios rumbos y que la individualización de esta profesión engendraría una sana emulación que a la postre redundará en beneficio del país”, lo cual es complementado por lo señalado en la Segunda Convención tres años después (y corroborado en la Tercera de 1965): “Existe entre los Arquitectos el convencimiento de que el momento es propicio para iniciar gestiones encaminadas a lograr su Colegiación independiente, sin dejar de reconocer que para la cristalización de esta iniciativa, es preciso superar serios obstáculos; gran parte de la tarea se simplificaría si el Congreso Nacional sancionara la Ley de Ejercicio y Colegiación de la Profesiones Universitarias”. De ambas citas y sus repercusiones al día de hoy, más allá de que el CAV exista, hay aún mucha tela que cortar en cuanto al cabal cumplimiento de todas las aspiraciones señaladas.

La Comisión de Publicaciones que acompañó a la primera Junta Directiva del CAV y permitió la salida de la revista estuvo integrada por: Graziano Gasparini (Presidente), Dirk Bornhorst, Luis Muñoz Tébar, Ilari de Eguiarte, Max Pedemonte, Luis Quiróz y Jesús Tenreiro, fungiendo José Manuel Mijares como Secretario Ejecutivo ostentando el cargo, a su vez, de Director de la Revista. Como Asesor Artístico se contó con Mateo Manaure y también con la colaboración especial de Carmen Díaz. Fue impresa por Editorial Arte y a modo de dato curioso aparece como su dirección la siguiente: “Facultad de Arquitectura y Urbanismo, 9º piso, Ciudad Universitaria, Caracas, Venezuela”, señal de que aún funcionaba donde estuvo por años la SVA y de que también se empezaría, muy seguramente, a gestar la necesidad de contar con una sede propia, meta aún inalcanzada que daría para otra interesante saga.

La documentación mostrada para acompañar el Banco Central de Venezuela no tiene desperdicio y se suma a la aparecida en otros medios de divulgación (la revista PUNTO nº27, por ejemplo) para dar cabal cuenta de tan importante obra. Tampoco revisitar el texto de Gropius y el enterarse de todo el proceso legal de conformación del Colegio. Pero si algún material tiene particular valor para investigadores y estudiosos es el índice de los 20 números que aparecieron de la revista SVA ante el hecho de que cada vez es más difícil consultar todos sus ejemplares, motivo de sobra para emprender una labor de rescate y digitalización de los mismos.

La revista CAV, con sus altos y sus bajos, ha mantenido su continuidad pasando hoy a ser una de las más longevas dentro del difícil territorio de las publicaciones periódicas nacionales sobre arquitectura. Su intermitencia permite detectar diversas etapas que ameritarían un estudio particular por la diversidad de enfoques y énfasis que han caracterizado cada una en función de sus respectivos Comités Editoriales. La última de ellas se produjo, impulsada por la Junta Directivas que ejerció entre 2006 y 2012, luego de un período previo de 14 años de ausencia, lográndose publicar los últimos seis números impresos que se conocen (del 55 al 60) realizados con una gran calidad gráfica, cuidadosa producción e impecable impresión. Como otra curiosidad (preocupante en este caso) en el nº 60 aparece, firmada por Tomás Pérez Calderón, la nota titulada “La Ley de Ejercicio de la Arquitectura y Profesiones afines: un proyecto por etapas” donde se anuncia la introducción el 22 de noviembre de 2012 del mencionado instrumento legal para su consideración por parte de la Asamblea Nacional en virtud de que, a 46 años de lo que subrayáramos de lo contenido en el nº 1 de la revista (y a 54 de la promulgación de la Ley del 58), “Venezuela es el único país de la región en el que el gremio de arquitectos no tiene independencia para la práctica del ejercicio a través del colegio profesional respectivo”. Desde entonces han pasado otros seis años y al parecer aún estamos en mora.

ACA

Noticia de interés

El Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) anuncia, a través de un séptimo llamado, que a petición de los participantes, ha extendido el período de inscripciones y recepción de trabajos participantes en la XIII Bienal Nacional de Arquitectura, cuyo tema es “Arquitectura en Venezuela y su diáspora”, hasta el 13 de noviembre de 2018.

Para mayor información visitar https://www.cav.org.ve/

ACA

INFORMACIÓN DE INTERÉS

El Comité Organizador de la XIII Bienal Nacional de Arquitectura anuncia que se han extendido los lapsos de inscripción del material, así como el de entrega de las obras participantes hasta el martes 30 de octubre. También que se ha incluido la categoría Proyectos de museografía y montajes.

Por otro lado informa que, con mucho orgullo, se cuenta desde ahora con el apoyo de la Red de Bienales de Arquitectura de América Latina (Red BAAL) para la difusión de la convocatoria, por lo que se ha actualizado ligeramente el ribete superior del formato para posters, tal y como se puede ver en el que acompaña esta nota.

También participa el Comité que desde este momento puede accederse al Material XIII Bienal Nacional CAV actualizado desde el link previamente compartido:

CAhttps://drive.google.com/drive/folders/1TnVNSU39qlRb-hyEPCXxDNZHcjfcrYxC?usp=sharing

ACA

DÍA DEL ArQUITECTO

1. Acta de creación de la Sociedad Venezolana de Arquitectos

El pasado miércoles 4 de julio se celebró en nuestro país el Día del Arquitecto. En tiempos de redes sociales sorprende la cantidad de mensajes de todo tipo, felicitaciones o recordatorios que traducidos en imágenes, textos o animaciones, unos más convencionales y otros más creativos, se pusieron a circular dando cuenta de una efemérides que por pura casualidad coincide con el aniversario de la declaración de independencia de los Estados Unidos de América hecho que, en ocasiones, también ha traído a colación otra clase de remembranzas y asociaciones no muy afortunadas.

2. Los siete miembros fundadores de la Sociedad Venezolana de Arquitectos en la sede del Colegio de Ingenieros de Venezuela. De izquierda a derecha, de pie: Enrique García Maldonado, Carlos Raúl Villanueva y Rafael Bergamín; sentados: Heriberto González Méndez, Cipriano Domínguez, Luis Eduardo Chataing y Roberto Henríquez.

Sin embargo, aunque ya se haya registrado por diferentes medios, artículos o escritos, consideramos conveniente, a raíz de la decisión tomada aquel 4 de julio de 1945 por Rafael Bergamín (1891-1970), Luis Eduardo Chataing (1906-1971), Cipriano Domínguez (1904-1995), Enrique García Maldonado (1905-1990), Heriberto González Méndez (1906-1992), Roberto Henríquez (1905-1990) y Carlos Raúl Villanueva (1900-1975) de fundar la Sociedad Venezolana de Arquitectos (SVA) en acto celebrado en la sede del Colegio de Ingenieros de Venezuela, volver a repasar algunas de las circunstancias que han acompañado la aparición y consolidación de un gremio al cual se le ha hecho muy difícil posicionarse de forma sólida dentro de la estructura socio-político-cultural venezolana. Para ello no hemos encontrado mejor punto de apoyo que el artículo introductorio de la edición dedicada a los “65 años de la creación de la SVA”, publicado en la revista entre rayas nº 84, meses julio-agosto 2010 escrito por Lorenzo González Casas y Henry Vicente (http://entrerayas.com/2011/07/la-sociedad-venezolana-de-arquitectos/), cuya vigencia tras casi una década es plena, así como también lo es el interés permanente por dicha publicación y su director Jesús Yépez en no olvidar año a año la importancia del acontecimiento.

Tal y como relatan González Casas y Vicente, la conformación de gremios profesionales, cuyo origen se remonta a épocas tan remotas como el siglo XI, arropados más recientemente bajo el concepto de “capital social”, tiene en la creación de la SVA la oportunidad de ser puesta en evidencia a raíz de un hecho muy significativo: buscar “el reconocimiento de una profesión poco conocida en el país y una demostración -observando en retrospectiva la magnitud de sus logros- de la importancia de la actuación colectiva; del valor del asociacionismo”.
La arquitectura ya había comenzado a dar señales de buscar agremiarse desde el siglo XIX, particularmente en Francia conformándose primero sociedades (como la pionera Societé Centrale des Architectes, creada en 1840) y transformándose poco a poco en Colegios profesionales, hecho que en España, por ejemplo, acontece entre 1929 y 1931.

En Venezuela, la más importante referencia a la iniciativa impulsada por los siete fundadores de la SVA, no es otra que la constitución del Colegio de Ingenieros de Venezuela en 1861, el cual fue “concebido como órgano de consulta al servicio del Estado, y recibió un impulso notable con la creación del Ministerio de Obras Públicas, en 1874, lo que le permitió consolidar su rol de asesor de las obras ejecutadas por ese Ministerio” y su poder e influencia sobre todas aquellas profesiones “afines” que como la del arquitecto aún no contaban con espacio dentro de la enseñanza universitaria formal, hecho que redundará en el tiempo y explicará muchas de las vicisitudes acaecidas cuando la decisión de agremiarse independientemente se toma. Como otro dato de importancia se registra que la Escuela de Ingeniería es creada en 1895 y la autorización de otorgar el título de arquitecto se asocia a ella a partir de 1897 como complemento obligatorio a los estudios que ya se realizaban para entonces en la Academia de Bellas Artes. Por otro lado la Sociedad Venezolana de Ingenieros Civiles se funda en 1891 y la Sociedad Venezolana de Arquitectura y Construcción (claro precedente de la SVA) en 1895.

En 1925 apareció la Ley del Ejercicio de las Profesiones de Ingeniero, Arquitecto y Agrimensor y posteriormente, en 1936, debido a “la llegada de arquitectos extranjeros y el regreso de profesionales venezolanos formados en el exterior, se produjeron decisiones del Colegio de Ingenieros de Venezuela para facilitar el proceso de acreditación de los estudios de estos profesionales”, derivando en la definitiva diferenciación disciplinar con la creación de la Escuela de Arquitectura de la UCV en 1941, que inicialmente se limitó a la organización de programas de estudio y a la tramitación de títulos obtenidos por arquitectos en universidades extranjeras, para luego, “degradada” a Departamento de la Escuela de Ingeniería, iniciar en 1944 las labores docentes funcionando así durante dos años. Ante tanto vaivén, Arquitectura lograr adquirir en octubre de 1946 nuevamente el estatus de Escuela, esta vez adscrita (a la par que la de Ingeniería) a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas. En 1948 egresa la primera promoción de 11 profesionales y en 1953 se crea la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) que nace con la de arquitectura como única escuela.

3. Los asistentes a la primera reunión de la SVA. De izquierda a derecha, de pie: Guillermo Pardo Soublette, Manuel Mujica Millán, Gustavo Guinand, Carlos Raúl Villanueva, Heriberto González Méndez, Luis Eduardo Chataing y Roberto Henríquez; sentados: Enrique García Maldonado, Cipriano Domínguez, Rafael Seijas Cook, Rafael Bergamín y Gustavo Wallis.

1945, año que marca el fin de la Segunda Guerra Mundial y registra grandes cambios tanto a nivel nacional como internacional, ve cómo son recogidos en unas pocas líneas los fundamentos de la asociación gremial que da origen a la celebración del 4 de julio. En un alarde de magistral síntesis, los fundadores de la SVA suscriben un breve documento manuscrito que plasma los fines totalmente vigentes del organismo recién creado: “Dar impulso al estudio y desarrollo de la Arquitectura; cultivar la ética profesional; establecer vínculos de unión entre sus miembros y propender a la defensa y mejoramiento de la profesión”. La primera Junta Directiva de la Sociedad estuvo compuesta por Carlos Raúl Villanueva (Presidente), Luis Eduardo Chataing (Vicepresidente) y Heriberto González Méndez (Secretario). El año siguiente se realizó la constitución formal de la SVA en la Oficina de Registro Público. La Junta Directiva, que sustituyó a la Junta original, estaba compuesta por Carlos Guinand Sandoz como Presidente, Cipriano Domínguez como Vicepresidente y Heriberto González Méndez, una vez más como Secretario. A lo largo del tiempo, “los siete”, con la excepción de Bergamín (el único arquitecto extranjero de entre ellos) y García Maldonado, ocuparon puestos en la Directiva de la Sociedad.

La febril y a la vez eficiente actividad desarrollada por los miembros fundadores y primeros agremiados dentro de la SVA puede resumirse en “el crecimiento del número de afiliados a la Sociedad y la ampliación de sus esferas de actuación” pasando de “204 miembros de número, 31 miembros afiliados y 3 miembros honorarios” en 1959 a 375 miembros en 1964. También lo atestigua la ampliación de su estructura organizativa, el empeño puesto en la regularización y fortalecimiento de los estudios de arquitectura (que, como ya se dijo, despegan definitivamente en 1946 gracias a su empuje), la participación en numerosos eventos internacionales, la incorporación a organizaciones de carácter mundial y regional, la activa participación en la organización de concursos, el lanzamiento en 1958 de la revista SVA (alcanzando 20 números hasta 1965) y la realización en 1963 de la primera Bienal Nacional de Arquitectura y el otorgamiento en su marco del primer Premio Nacional a Carlos Raúl Villanueva por el conjunto de su obra.

En 1966, con la meta fundamental de darle sentido a lo que ya en 1959 Heriberto González Méndez proponía en la Primera Convención Nacional de Arquitectos como una necesaria colegiación, la SVA se transforma en el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) y en homenaje a aquellos siete fundadores, se decide decretar el 4 de julio como el Día del Arquitecto en el país.

La historia del CAV está aún por escribirse. Ella recogería con toda seguridad momentos de gran entusiasmo, otros de palpable decadencia y, como constante, la inercia de lo adelantado durante 21 años por la SVA y el desinterés de sus agremiados por las actividades por él desarrolladas, arropadas en exceso de énfasis en lo gremial y lo social y mucho menos en lo cultural, lo intelectual y lo disciplinar. La frustrante posibilidad de lograr la verdadera colegiación todavía se mueve en terrenos pantanosos e inciertos donde los intereses de la ingeniería aún predominan, pese a que la Ley del Ejercicio de la Ingeniería, Arquitectura y Profesiones Afines promulgada en 1958, se tornó en instrumento auspicioso sobre el cual, sin embargo, se han dado pocos pasos en firme a favor de la autonomía de las competencias propiamente arquitectónicas.

Como testimonio de los altibajos de 52 años de vida del CAV surgen datos como los siguientes: las Bienales Nacionales (12 hasta la fecha) se han espaciado en el tiempo perdiéndose el sentido de su denominación; la revista CAV registra la aparición desde 1966 hasta la fecha de 60 números con baches notables de continuidad; el empeño (también espasmódico) en lograr que el concurso se convierta en la vía más expedita para lograr la contratación de proyectos públicos no se ha consolidado; y la sede del Colegio ha continuado el “nomadismo” que ya aquejaba a la SVA sumando cuatro mudanzas más sin contar aún con asiento propio.

Esfuerzos los ha habido que han intentado paliar tales problemas e intentar navegar en tiempos de crisis que se traducen en la actividad desplegada a través de la realización de eventos, la amplificación de las relaciones con organizaciones de otros países o la incorporación a las redes sociales sin que ello aún el CAV logre motivar a un colectivo e incentive su participación hasta el punto que para octubre de 2016 de 5.440 agremiados inscritos, solo 144 estaban solventes.

Hoy, luego del hecho inédito que derivó en el bloqueo de las elecciones convocadas el 30 de octubre de 2016 a causa de un recurso contencioso interpuesto ante el TSJ por la actual Junta Directiva (claramente enfrentada con la Comisión Electoral Principal del CAV), pareciera que, tras la sentencia del pasado 18 de junio, se podrá convocar a la realización de comicios que permitirán la siempre deseable renovación.

Esperamos sinceramente que a pesar de las adversidades el CAV sea capaz de revisarse una vez más y se enrumbe hacia objetivos claros, de manera tal de generalizar la sensación de que el 4 de julio es un día que vale la pena celebrar.

ACA

Procedencia de las imágenes

Lorenzo González Casas y Henry Vicente ,“65 años de la creación de la SVA”, revista entre rayas nº 84, julio-agosto 2010. (http://entrerayas.com/2011/07/la-sociedad-venezolana-de-arquitectos/)

1965• Se inicia la construcción de la ampliación del Edificio Sede del CIV

Se inicia 1ª etapa CIV.jpg

1965•  Se inicia la construcción de la primera etapa de la ampliación del Edificio Sede del Colegio de Ingenieros de Venezuela de acuerdo al proyecto del arquitecto Jimmy Alcock (FAU UCV, promoción 9-1959), ganador del concurso nacional organizado por el CIV para tal fin.

HVH