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ARQUITECTOS EXTRANJEROS Y ARQUITECTURA NACIONAL

A raíz de la conmemoración el año pasado del 450 aniversario de la fundación de Caracas se llevaron a cabo, casi simultáneamente, dos eventos de diferente tenor tendientes ambos a resaltar el legado dejado por arquitectos procedentes de o establecidos en Norteamérica a través de múltiples intervenciones realizadas en nuestra ciudad capital a lo largo de 50 años o, en otras palabras, desde que Venezuela pasó a ser prioridad para los Estados Unidos como su proveedora fundamental de petróleo.

La exposición “Our architects en Caracas. Arquitectura norteamericana en Caracas. 1925-1975” y el proyecto «CCScity450» (reseñados en su momento a través de estas páginas), ofrecen, tanto desde el detonante que los originó como desde los valiosos productos resultantes de ambas iniciativas, la oportunidad de retomar la reflexión en torno al significado que cobra la presencia de profesionales y proyectos foráneos en nuestro país en la conformación de una arquitectura nacional.

Para empezar vale la pena decir que discriminar radicalmente en un país como Venezuela entre arquitectura nacional y extranjera no es tarea fácil siempre y cuando se intente ir más allá de un problema eminentemente territorial. Desde el mismo momento en que fuimos colonizados sufrimos los embates del desprecio por la cultura autóctona existente y de la necesidad de importar desde la metrópoli modelos que se implantarán en un territorio y circunstancias muy diferentes del que procedían. Esta manera de actuar, signada por una perenne dependencia de los dictámenes que vienen del exterior, para muchos es una constante que perdura hasta nuestros días con diversos grados de intensidad y variados polos de influencia. Esta dependencia, se insistirá, consiste no sólo en la copia de determinados patrones o la adopción de determinadas modas sino en la conformación de una actitud o una mentalidad adicta a la aprobación del influjo dominante, lo cual automáticamente convierte en «extranjero» todo intento «nacional» de producir cultura bajo tales condiciones. Ni qué hablar de la posible intervención en territorio “patrio” de un arquitecto no oriundo, del producto que procede de la llegada de un venezolano educado en el exterior o del egresado de una universidad nacional formado bajo una alta impronta extranjerizante. Los casos del mismo Carlos Raúl Villanueva y Carlos Guinand Sandoz o del contingente de arquitectos “nativos” que durante las décadas de los 40 y los 50 del siglo pasado empezó a ejercer hasta regularizarse la situación académica de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela, pasarían a ser en tal sentido claros ejemplos de lo señalado.

Es por ello que cuando se observa de un lado el grado de cosmopolitismo creciente alcanzado por la arquitectura venezolana a partir de la década de los 40 del siglo XX, y del otro el calado que en algunos arquitectos u obras va teniendo la reinterpretación que pide y ejemplifica un Villanueva ya aclimatado para con el pasado arquitectónico del país, uno no puede menos que preguntarse hasta qué punto nos encontramos ante una muy buena oportunidad para debatir sobre el grado de «extranjerización» o no que alcanza nuestra arquitectura en aquella etapa y sobre la capacidad desarrollada o no de traducir los mensajes exógenos al interior de la práctica profesional nacional.

Sin embargo, entre arquitecturas que podemos considerar como directamente importadas por la vía de la mímesis irreflexiva o nostálgica y claros intentos de adaptación a las variables locales, debe sin duda establecerse un importante grado de diferencia. Y en este caso no estaríamos hablando únicamente de la necesaria familiarización al sitio, lote, terreno o parcela donde deba desarrollarse la edificación y al programa que la determina, sino a otro tipo de aspectos que deben ser tomados en cuenta que tocan lo histórico, lo ambiental y lo cultural. Desde este punto de vista nos encontraremos que la incursión en la búsqueda y reinterpretación de nuestras raíces o el rescate de la herencia cultural del pueblo no son la única patente que pueda esgrimir una arquitectura que pretenda considerarse nacional a menos que se admita como parte de esas mismas raíces nuestra condición dependiente, nuestra fascinación por lo externo y nuestra pertenencia a la cultura occidental. Se trataría, por tanto, el de la nacionalidad de nuestra arquitectura, de un problema a veces producto de actitudes consecuentes y otras de la acumulación de respuestas específicas que manifiesten similares preocupaciones.

No existen dudas de la profunda influencia extranjerizante que ha tenido la arquitectura venezolana. Pero este hecho no puede dejar de lado los esfuerzos emprendidos por adaptar tipos de vigencia universal a las variables locales o elementos tipológicos de comprobada validez local a planteamientos con aspiraciones ecuménicas. Y en este sentido es posible encontrarnos en la muestra seleccionada por los dos eventos que señalamos al inicio, a pesar de la insistencia de quienes puedan esgrimir la dependencia como argumento en contra, con que muchas veces han sido o bien arquitectos extranjeros o bien arquitectos venezolanos formados en el exterior quienes con la mayor honestidad han dado respuestas que bien podrían asimilarse al legado «nacional». Quede claro pues que es indiferente desde el punto de vista cualitativo quien sea, extranjero o nativo, el que actúe arquitectónicamente sobre un lugar determinado mientras lo haga con el conocimiento suficiente. Quede claro también que si bien toda buena arquitectura procede de actitudes de ese tipo, no a toda ella se le puede acompañar con el apelativo de «nacional». Por último, también es importante afirmar que tanto las unas como las otras son constitutivas de la identidad arquitectónica de una determinada región por el simple hecho de convivir allí.

Así en Venezuela, al menos en el período que estamos repasando gracias a las actividades desarrolladas en 2017 y las investigaciones involucradas, se da de la mano de buena parte de los arquitectos procedentes del extranjero que proyectan en nuestro país un rico encuentro entre lo local y lo internacional que arranca de una comprensión clara y a la vez rigurosa de las variables a considerar para dotar de una cierta caracterización a la arquitectura que aquí hicieron. El clima que se vivía nacional e internacionalmente en aquel lapso que oscila entre la imposición del “neocolonial” y la crisis del Movimiento Moderno en la inmediata posguerra, con la consecuente insurgencia de planteamientos vinculados a las nociones de lugar y tradición y a la consideración de las preexistencias ambientales, los materiales del sitio y las condiciones ambientales, seguramente colaboraron a que ello fuese así.

Aclarados estos puntos, la hipótesis que nos guía no es otra de que cuando un arquitecto (con el perfil que hemos descrito) procedente del extranjero actúa en una realidad desconocida o diferente a la suya se produce con más frecuencia de lo que se piensa una cuidadosa asimilación y estudio de todas las condiciones que conforman el «nuevo» lugar signado, generalmente, por una clara distinción entre lo esencial y lo superfluo. Para ello se suele dar otro interesante y no muy frecuente fenómeno que consiste en la supeditación de la personalidad del individuo al estricto problema arquitectónico que tiene entre manos y no al contrario.

Desde la perspectiva señalada es que invitamos a mirar de nuevo la respuesta dada por Frederick Law Olmsted, Jr., John Ch. Olmsted y Charles H. Banks (colaborador) para el trazado y paisajismo de la urbanización y campos de golf del Caracas Country Club (1928), Wallace K. Harrison para el Hotel Ávila en San Bernardino (1941), Lathrop Smith Douglass para el Edificio sede de la Creole Petroleum Corporation (hoy Universidad Bolivariana de Venezuela) en Los Chaguaramos (1954), Emile Vestuti (junto a Guinand & Benacerraf) para el Hotel Residencias Montserrat en Altamira (1952) o la sucursal del Banco Unión (hoy Banesco) en la Calle Real de Sabana Grande (1953), Arthur B. Froehlich para el Hipódromo La Rinconada (1959), Marcel Breuer junto a Ernesto Fuenmayor y Manuel Sayago para el proyecto del Centro Urbano “El Recreo” (1960) o la evolución de la dilatada obra de Donald Hatch en Caracas, casos que en medio de las acuciosas indagaciones realizadas nos parecen relevantes y vale la pena rescatar. Para cerrar provisionalmente este asunto solo cabe invitar a dejar de lado la falsa creencia de que para realizar una arquitectura de valor es condición indispensable pertenecer o nacer en el lugar donde se levanta. Sin embargo, como ya hemos dicho, pareciera ser común a toda buena arquitectura el manejar las variables estructurales que junto a la destreza en el oficio pueden influir en su determinación (la historia y la cultura locales, por ejemplo), pero no hay duda de que si ella parte del conocimiento del marco físico-ambiental, el dominio de las formas constructivas enraizadas y adecuadas, la aprehensión de la estructura urbana y territorial de la zona de proyecto y la adecuación de los tipos edificatorios a las funciones requeridas, su valor se incrementará y aportará su grano de arena a la siempre inconclusa construcción de una arquitectura nacional.

ACA

LA NOTICIA DE LA SEMANA

CCScity450: Intervenciones urbanas para conmemorar 450 años de arquitectura y ciudad en Caracas

El pasado martes 3 de octubre fue convocada una rueda de prensa en el Salón Maracaibo del Hotel Tamanaco Intercontinental de Caracas para presentar en toda su amplitud el proyecto cultural CCScity450, iniciativa emprendida por la Fundación Espacio en alianza con la Universidad Simón Bolívar y la Universidad Central de Venezuela, que contempla una amplia programación para conmemorar los 450 años de Caracas, entre el 3 de octubre y el 11 de diciembre de 2017.

El propósito general es plantear una reflexión sobre el espacio público a partir de una selección de importantes obras diseñadas por arquitectos o artistas norteamericanos en colaboración con profesionales venezolanos, que provocaron notables transformaciones en la arquitectura y el urbanismo de la ciudad. Dicha reflexión parte de la necesidad de reconocer y valorar edificios, lugares y obras de arte, que forman parte de un conjunto de bienes patrimoniales y de valor paisajístico, arquitectónico y ambiental con el objetivo de exaltar la historia de la ciudad y sus tradiciones urbanísticas y arquitectónicas. Se pretende, en pocas palabras, revisar el pasado, analizar el presente y proponer un futuro urbanístico esperanzador para Caracas.

El proyecto CCScity450, ideado por Fundación Espacio en su 10° aniversario, es producto de un trabajo de investigación dirigido por Aliz Mena y Franco Micucci, miembros fundadores de la Fundación Espacio, profesores de la Universidad Simón Bolívar, junto a María Isabel Peña, miembro asociado y profesora de la Universidad Central de Venezuela, adelantado gracias al apoyo de una serie de instituciones públicas, asociaciones, agrupaciones y entes privados, que ha contado con la participación de profesionales, profesores y estudiantes de las dos casas de estudio.

En el acto se anunció el inicio de la programación con la convocatoria de una serie de concursos de proyectos participativos en el espacio público destinados a presentar propuestas de intervenciones de urbanismo táctico, temporales y/o efímeras en diez lugares emblemáticos de la ciudad, dirigida a grupos organizados representativos de distintas disciplinas, profesiones u oficios, y estudiantes capaces de abordar planteamientos de ciudad referidos al tema del espacio público en Caracas, en los que debe existir al menos un profesional responsable en el país entre los miembros del equipo. Cada equipo de participantes puede inscribirse hasta en tres (3) de estos sectores de la ciudad, los cuales han sido agrupados de acuerdo a una serie de atributos o características diferenciadas tanto de localización, como de actividades y condición urbana, con el objetivo de debatir ideas sobre la ciudad, su condición actual y su proyección hacia el futuro cercano. Por cada sector o lugar propuesto se escogerá un semifinalista según lo indique el jurado calificador, pudiendo dejar desierto lugares o categorías de premiación. A cada semifinalista se le otorgará un premio de Bs. 40.000.000,00 (Cuarenta millones de bolívares) como reconocimiento al valor intelectual de las ideas propuestas. Asimismo, el jurado seleccionará tres propuestas de los diez trabajos semifinalistas, como ganadores del financiamiento para su ejecución por un monto de hasta Bs 200.000.000,00 (Doscientos millones de bolívares). Entre las zonas a intervenir están: La Rinconada/Las Mayas, Chacaíto/Caracas Country Club, Plaza O’Leary/Avenida Urdaneta, Los Cortijos, Altamira/La Floresta, Bello Monte/Sabana Grande, Las Mercedes/Chuao, Ciudad Universitaria/Los Chaguaramos, San Bernardino y Avenida Andrés Bello.

El proyecto CcsCity450 incluye también dentro de su agenda de actividades una serie de siete recorridos urbanos abiertos a todo público, tres de reconocimiento paisajístico y dos eventos de activación del espacio público, programados entre el 14 de octubre y el 11 de diciembre, todo ello en el entorno de edificaciones con valor patrimonial, conjuntos urbanos, obras de arte y proyectos, desarrollados en Caracas desde 1925 hasta la actualidad. Los participantes podrán realizar un registro fotográfico a través de sus cuentas de Instagram para su divulgación utilizando la etiqueta #CCScity450. Una selección de esas imágenes serán publicadas tanto en la cuenta de Instagram del proyecto @CCScity450, como en una sección de la página web diseñada especialmente para publicar las mejores imágenes que serán destacadas y que participarán en un concurso de fotografías.

Cabe resaltar que la página web, http://www.CCScity450.com.ve, cuyo lanzamiento y demostración formó parte importante del acto realizado en el hotel capitalino, además de funcionar como una biblioteca virtual permanente de acceso público a toda la información documental e histórica de las obras seleccionadas, permitirá consultar información sobre las actividades, recorridos y concursos así como la serie de ensayos que, elaborados por los profesores Lorenzo González Casas, Henry Vicente, Jorge Villota y Orlando Marín, han ido apareciendo en el portal ProDavinci y son referencia obligada para contextualizar histórica y teóricamente temas que giran en torno al proyecto.

Las inscripciones para los concursos, eventos y recorridos son gratuitas y deberán realizarse a través de su registro en la página www.CCScity450.com.ve.

El evento tuvo una amplia cobertura la cual se puede revisar en:
http://www.talcualdigital.com, http://www.eluniversal.com, https://www.contrapunto.com, https://www.analitica.com y https://voce.com.ve.

Sin lugar a dudas se vivirá en estos meses de fin de año una intensa actividad ciudadana y profesional que en mucho ayudará en la necesaria recuperación del sentido de pertenencia a una ciudad que lo pide a gritos.

ACA

Procedencia de las imágenes

www.CCScity450.com.ve.