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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 54

Como otra pieza que se suma al rescate de su memoria este año en que cumple 450 años, el plano de Caracas fechado en 1775, muestra una modesta ciudad colonial consolidada, que está a punto de convertirse en sede de la Capitanía General de Venezuela (1777), de romper definitivamente sus vínculos con Santo Domingo de Bogotá tras la creación de la Real Audiencia (1786) y que se encuentra a escasos 35 años de verse inmersa como gran protagonista del proceso independentista.
Paulatinamente, el incremento del comercio del café y el cacao, en manos del monopolio establecido por la Compañía Guipuzcoana (1730-1785), hacía respirar a los caraqueños un aire de prosperidad que sin embargo no  permitió superar el provincianismo que marcó a la ciudad desde su fundación, más allá de los esfuerzos realizados en 1753 por el gobernador Felipe Ricardos, quien si bien por un lado emprende una ambiciosa remodelación de la Plaza Mayor, por el otro (como señala Rosario Salazar en su ensayo “La jura de Carlos IV. Un escenario barroco para  la Caracas del siglo XVIII”), no pudo ocultar el deplorable estado de las redes de aguas servidas, iluminación y vialidad.
La representación expone, también, una ciudad que reconoce al damero como elemento fundamental para regular su crecimiento, hecho remarcado por el alcance de la superficie abarcada equivalente a un cuadrado perfecto que cubre un total de 256 cuadras (16 x 16) y que deja por fuera una muy buena parte de la información relativa a los aspectos geográficos del valle donde se inserta, muy lejos de lo hecho en el plano fundacional de Juan de Pimentel.
Tal y como apuntan Federico Vegas e Iván González Viso en el ensayo introductorio de Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, titulado “Historia de Caracas a través de sus planos”, asumiendo la diferencia que Ignasi de Solá-Morales establece entre topología (paisaje de los conceptos) y topografía (descripción de un paisaje específico), “quizás lo más topológico de este plano lo encontramos en la utilización de colores: verde en el centro para la parroquia Catedral, anaranjado para la parroquia Altagracia, azul para La Candelaria, San Pablo en amarillo y Santa Rosalía en sepia”. Y continúan: “Vemos, pues, que la división en colores es parte de una estrategia ya anunciada en una cinta ornamental en el borde superior con las palabras ‘Justicia’ y ‘Vigilancia’ “.
Señalan también Vegas y González Viso cómo este plano que nos presenta a “Caracas, con divición de sus Barrios” colabora en la proliferación de términos que poco a poco empezaron a coexistir con la intención de explicar la estructura de la ciudad (barrio, parroquia, cabildo, alcaldía, ayuntamiento), que, devenida en confusión, ha perdurado hasta nuestros días complicando su división territorial y su eficiente funcionamiento.
La cuadra, sin lugar a dudas, es la principal protagonista de esta imagen y dentro de ella la casa y el patio, más allá de que en el índice aparecen templos, conventos, una universidad y un hospital. Ese protagonismo que hace de la vivienda, su forma y sus funciones “un microcosmos de lo urbano”, permitirá a Vegas y González Viso establecer la relación existente entre casa y patio así como entre cuadra y plaza clave para reconocer un patrón de ordenamiento que el tiempo ha borrado.
El fundamental apoyo que nos ha brindado el texto de Federico Vegas e Iván González Viso para comentar este plano de Caracas de 1775, es la mejor excusa para hacerles llegar, junto a María Isabel Peña, nuestro reconocimiento desde aquí por el galardón (compartido) obtenido en la XII Bienal Nacional de Arquitectura correspondiente a la mejor publicación de la mano de Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 53

Afirmar que en 1894 el arquitecto Alejandro Chataing (Caracas, 1873-1928) gana el concurso para la realización de las fachadas del Mercado Municipal de San Jacinto amerita llevar a cabo varias acotaciones.
En primer lugar, aclarar que las fuentes que respaldan dicha afirmación no ahondan en detalles, lo cual nos ha obligado a profundizar la indagación encontrándonos con una serie de lagunas que dan pie para especular sobre si, a pesar de que “entonces los concursos se celebraban con cierta regularidad” (como afirma Juan Pedro Posani), estamos en presencia del primero realizado en el país del que se tenga registro, probablemente convocado bajo condiciones bastante limitadas.
Lo segundo es que se puede afirmar con certeza, tal y como documenta Mariana Iribarren en De Catedral a San Jacinto. Una sede para el mercado principal en la Caracas del siglo XIX (2010), que en 1895 es Juan Hurtado Manrique (1837-1896) quien asume la realización del proyecto del Mercado Principal de Caracas, el cual se inaugura en septiembre de 1897, ya fallecido quien fuera uno de los más importantes ingenieros-arquitectos del siglo XIX venezolano. También se tiene conocimiento que un joven Chataing colaboró con Hurtado en el diseño del Arco de la Federación (1895), por lo que para el momento en que Hurtado asume el proyecto del Mercado con seguridad ya el ingeniero Chataing se encontraba entre sus principales colaboradores dentro del Ministerio de Obras Públicas (MOP), dando sus primeros pasos como arquitecto que lo convertirán posteriormente en “el gran constructor del régimen” de Cipriano Castro, tal y como lo calificara Mariano Picón Salas. Tampoco sería descabellado afirmar que fuera al interior del MOP donde se realizara el concurso mencionado al principio de estas líneas, y que fuera Chataing quien llevara las riendas del proyecto y se encargara de finalizar la realización y supervisión de la obra del propio Mercado en vista de que Hurtado vivía sus últimos años.
Tal vez la mayor controversia pueda estar en la fecha en que se supone fue hecho el concurso para las fachadas del Mercado (1894) -año previo a la asunción del proyecto por parte de Manrique- y el verdadero momento en que se lleva a cabo la ejecución del diseño de Chataing, pudiéndose también especular (ante la falta de documentación que lo corrobore) que hayan sido realizadas posteriormente cuando en 1928 se llevaron trabajos de refacción del edificio en tiempos de Gómez. El detalle está en que para entonces es Chataing quien vivía sus últimos días.
Lo cierto es que la construcción de aquel moderno mercado, dio pié a Iribarren para repasar buena parte de los procesos históricos y urbanos del siglo XIX venezolano siguiéndole la pista a su peregrinar previo junto a mercaderes y parroquianos y a las “diversas etapas de remiendos, ampliaciones, reconstrucciones, normativas y regulaciones realizadas por diferentes administraciones gubernamentales a la fábrica colonial del convento, que al final será demolida para dar paso a un novedoso edificio de techumbre de acero importado de Bélgica”, dejándonos al final con el amargo sabor de su desaparición en 1942 a pesar de que “parte de su alma de acero, nacida en Bélgica, fue a parar a los mercados de Catia y Guaicaipuro”.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. https://iamvenezuela.com/2019/05/alejandro-chataing-pieza-clave-de-la-arquitectura-en-la-venezuela-de-entresiglos/

EL ACERVO EDITORIAL DE LA FAU UCV

ESTUDIO DE CARACAS.
Evolución del patrón urbano desde l fundación de la ciudad hasta el período petrolero

Alberto Morales Tucker, Rafael Valery y Marta Vallmitjana

Universidad Central de Venezuela, Instituto de Urbanismo
1990
 
Prevista originalmente para formar parte del numeroso grupo de publicaciones que acompañaron la celebración de su cuatricentenario (1967), Estudio de Caracas debió imprimirse 20 años después por problemas surgidos con el costo asociado al formato, cantidad y tipo de información que contenía (cuadros, gráficos, mapas y planos) y la dificultad de encontrar un patrocinante que la financiara.
La investigación que le dio origen, desarrollada entre 1966 y 1970, una de las primeras emprendidas en el aquel entonces recién creado Instituto de Urbanismo de la FAU (1967), se sumó a la iniciativa impulsada por el Consejo Universitario de la UCV, asumida por sus distintas Facultades, que buscaba colocar en manos de técnicos, académicos y ciudadanos en general una importante documentación necesaria para comprender integralmente la ciudad y su evolución en el tiempo desde diferentes ámbitos disciplinares.
Finalmente, en 1990, con el apoyo económico de Petróleos de Venezuela (PDVSA) sale a la luz el libro que, dado su carácter retrospectivo, mantuvo y aún mantiene una vigencia que muchos estudiosos de Caracas deben agradecer por el período que examina y por su enfoque, que Víctor Fossi (decano de la FAU en el momento en que se inicia y desarrolla la investigación), en las palabras de presentación, califica de “análisis sistemático, con énfasis en el estudio de las realidades socioeconómicas y en la identificación de aquellas funciones significativas del sistema urbano cuya expresión espacial quedó plasmada en la estructura urbanística que puede ser observada en la documentación gráfica y escrita, o directamente en aquellas zonas urbanas que todavía conservan algunas formas de ese pasado”.
El Estudio trata, pues, del desarrollo urbano de Caracas desde su fundación hasta 1936, cuando se produjo su primer Plano Regulador, publicado dos años después. Se encuentra dividido en dos partes. La primera denominada Sistema Regional, trata de la relación de los sistemas nacional y regional con la ciudad de Caracas; la segunda, el Sistema Urbano de Caracas, concentra su atención en la ciudad propiamente dicha, analizando sus diferentes aspectos.
De la «Introducción» del libro se recoge, como clara exposición de la metodología seguida, lo siguiente: “Se partió de la consideración inicial de que los núcleos urbanos conforman sistemas jerarquizados; en este sentido, el estudio específico de Caracas podría considerarse como el análisis de un subsistema particular del sistema general. Teniendo en cuenta que los atributos de los subsistemas son iguales a los de los sistemas, parece válida la simplificación del término; sin embargo, por la naturaleza del presente trabajo, su complejidad y, principalmente, lo extenso del lapso histórico considerado (1567-1936), no se pretende hacer un estudio exhaustivo del desarrollo urbano de Caracas, sino destacar aquellos aspectos que influyeron en forma amplia y definitiva en el desarrollo físico de la ciudad capital, lo cual, naturalmente, lleva a considerar aspectos socio-económicos y político-administrativos relacionados con dicho desarrollo”.
La salida postergada de Estudio de Caracas sirvió para conformar una dupla con otro libro coordinado desde el Instituto de Urbanismo, casi del mismo formato y auspiciado también por Petróleos de Venezuela: El Plan Rotival. La Caracas que no fue (1991), que parte justamente del punto donde el Estudio llegó para desarrollar a fondo todas las circunstancias, vicisitudes, antecedentes e implicaciones que generó la realización del Plan Monumental de Caracas de 1939, encargado al equipo de urbanistas franceses conformado por Henri Prost, Jacques Lambert y Maurice Rotival.
Estudio de Caracas todavía puede ser adquirido a través de www.edicionesfau.com.

ACA