Enmarcado por el período de la gran aceleración, estos escritos y proyectos representan un comentario crítico sobre el estado de la arquitectura y el urbanismo y su papel causal en la metamorfosis global.
En la víspera del nombramiento de Plunz como emérito en la Universidad de Columbia, New York Global recoge cinco décadas de su compromiso pedagógico para cuestionar los cánones de los campos de diseño y urbanismo y su relación con el entorno construido contemporáneo. La urbanización global sirve como telón de fondo para una mayor consideración de la mezcla de vivienda, infraestructura y pedagogía, mientras negocia la evolución de la teoría general y la praxis en la arquitectura y la planificación.
A través de entrevistas, extractos de programas, ensayos, discusiones y proyectos, la ciudad de Nueva York se proyecta como una lente para comprender el potencial de metrópolis en todas partes para servir como firewalls contra las inequidades sociales distópicas y la adversidad ecológica. Al cuestionar el discurso que rodea la investigación y la acción urbana, Plunz se involucra con la cuestión primordial de «urbano» en sí. Este libro no es una historia de advertencia, sino más bien un conjunto de evidencia de tiempo de tiempo para comprender nuestra condición actual. Estudiando de cerca las mismas herramientas que han fomentado las consecuencias ambientales y sociales de hoy, cada segmento contribuye a comprender el compromiso con un futuro post-acelerado.
Alberto Campo Baeza y Till Roenneberg premiados por sus trabajos sobre la luz
Escrito por Antonio Corredera
Tomado de metalocus.es
Publicado el 17 de mayo 2024.
Coincidiendo con el Día Internacional de la Luz de la UNESCO, el 16 de mayo, The Daylight Award concede sus premios de 2024 al arquitecto y profesor español Alberto Campo Baeza por su labor en arquitectura, y al profesor alemán de cronobiología Till Roenneberg, por sus trabajos de investigación.
Los premios de The Daylight Award (investigación científica y proyecto arquitectónico) tienen como objetivo premiar el conocimiento, basado en investigaciones, en beneficio del pensamiento y las realizaciones arquitectónicas que crean una base científica para el uso de la luz natural en la arquitectura.
El jurado de 2024 estuvo formado por el arquitecto y escritor finlandés Juhani Pallasmaa (presidente del jurado), el profesor británico de neurociencia circadiana Russell Foster, la arquitecta danesa Dorte Mandrup, la profesora neerlandesa de psicología ambiental Yvonne de Kort, el profesor suizo de química farmacéutica Gerd Folkers, el fotógrafo de arquitectura holandés Iwan Baan y el director estadounidense del Instituto de Botánica Económica del Jardín Botánico de Nueva York, Michael Balick.
Premio The Daylight Award a la luz natural en arquitectura
La categoría de arquitectura del premio evalúa y celebra las cualidades sensoriales, estéticas, emocionales, y mentales de la luz natural en la arquitectura. Los proyectos del laureado en 2024, el profesor español Alberto Campo Baeza, son ejemplos sobrios y silenciosos de cualidades sensuales, mentales y poéticas en la articulación arquitectónica de la luz natural.
Las obras de Campo Baeza celebran los milagros silenciosos de la luz natural en edificios con funciones muy diferentes. Sus edificios ejemplifican las cualidades espirituales de la luz natural y amplían así la comprensión de los valores de la luz natural más allá del alcance actual de la ciencia.
Además de sus numerosas casas, sencillas y compactas de forma casi arquetípica, ha proyectado edificios para multitud de otros propósitos; museos como el Museo de la Memoria de Andalucía y el recientemente terminado Pabellón Robert Olnick del Museo Magazzino de Nueva York, la Caja de Ahorros de Granada, el polideportivo de la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid, la remodelación de la plaza de la catedral de Almería y varios edificios de oficinas, todos ellos comparten la misma intención de ennoblecer la experiencia arquitectónica a través de la abstracción y la reducción.
La confianza inquebrantable del arquitecto en su estilo esencial a menudo proyecta un aire de espiritualidad silenciosa, que es una alternativa poco común, pero muy valiosa, a la arquitectura materialista y consumista actual.
Premio The Daylight Award a la investigación sobre la luz natural
El premio en la categoría investigación ha sido concedido al profesor emérito de cronobiología Till Roenneberg del Instituto de Psicología Médica de la Universidad Ludwig-Maximilian de Múnich, Alemania.
La atención de Till Roenneberg se ha centrado en la cronobiología y en cuestiones como las dependencias y los ritmos circadianos. Sus investigaciones y publicaciones han ayudado a comprender las múltiples cualidades de la luz natural y la iluminación en general y sus impactos sobre la salud, el bienestar y el rendimiento humanos. Los hallazgos de su investigación fundamental se han citados en numerosas ocasiones, han influido en muchos otros investigadores y, de manera significativa, se han aplicado a múltiples ramas de la sociedad, que abarcan la medicina, las políticas públicas y la arquitectura.
Till Roenneberg desarrolló y validó el Cuestionario de cronotipos de Múnich (MCTQ, por sus siglas en inglés) que abrió la vía a estudios de investigación de la sincronización del ritmo circadiano en poblaciones de todo el mundo. Una observación clave de su trabajo es la demostración de que los relojes humanos están profundamente influenciados por el ciclo natural de luz y oscuridad, a pesar de la creciente urbanización.
Roenneberg debe parte de su notable influencia a la creación del concepto de «jetlag social»: una diferencia en el horario de sueño entre los días laborales y libres que refleja cambios que las personas deben hacer para trabajar y que van en contra de su biología natural. Cuando el «jetlag social» dura demasiado tiempo, acaba constituyendo un desafío biológico a los sistemas circadianos y de sueño de cada individuo en cuestión. Roenneberg demostró vínculos entre el «jetlag social» y la obesidad, la depresión y el abuso de sustancias.
El legado artístico y pedagógico de la artista venezolana-alemana Gego es reactivado a la luz del contexto contemporáneo en Reticulárea colectiva: cartografías comunes. Este proyecto de arte participativo es concebido por Miguel Braceli y desarrollado desde LA ESCUELA___ junto con la Fundación Gego y la Sala Mendoza, con la colaboración de una red internacional de artistas, así como profesores y estudiantes universitarios en Venezuela. El entramado resultante de este proceso de aprendizaje y colaboración se planteó como una experiencia espacial que se exhibió en la Sala Mendoza, en Caracas, del 11 de abril al 1 de junio de 2024.
Reticulárea colectiva se realiza bajo la curaduría de la Fundación Gego y de la profesora Stefanie Reisinger. Es parte de la programación Emeritus: Gego desarrollada por LA ESCUELA___ en el marco de la conmemoración de los 30 años del fallecimiento de esta figura clave para la abstracción geométrica del siglo XX, gracias a sus aportes al estudio de la forma en el espacio, ahora en este proyecto entendida desde el énfasis en el aprendizaje y la colaboración. Con esto, la plataforma busca generar nuevos diálogos y narrativas sobre los vínculos regionales, al tiempo que explora el potencial de las prácticas colaborativas de creación y aprendizaje, abordando temas de diásporas y migración desde vínculos afectivos sobre arte y territorio. LA ESCUELA___ es una plataforma para el aprendizaje y la creación colectiva en el espacio público fundada por Miguel Braceli junto a la fundación internacional Siemens Stiftung. Se basa en las iniciativas de Siemens Stiftung en el ámbito cultural en América Latina —desarrollando programas de cocreación e intervenciones artísticas— y en el trabajo de Braceli en las esferas de las prácticas sociales y el arte público.
Un espacio de aprendizaje y encuentro – “El resultado visible no es nunca la pieza completa, ya que hay que tener en cuenta el proceso de su génesis”, apunta Reisinger. En desarrollo desde diciembre de 2023, a través de una convocatoria abierta a artistas, educadores y personas vinculadas a la obra de Gego, Reticulárea colectiva está constituida por módulos-piezas de diversas materialidades, enviadas desde distintos países alrededor del mundo; fragmentos que se suman a las espacialidades construidas por estudiantes de la Universidad Central de Venezuela (a cargo del profesor Diego González), de la Universidad de Los Andes (a cargo de la profesora Analy Trejo), y de la Universidad de Margarita (junto a los profesores Gustavo Izarra y Amanda Soriano). En esta suma, pensada desde lo colaborativo y lo formativo, los participantes construyeron módulos–piezas desde las posibilidades y limitaciones de sus contextos. De esta manera, el proyecto dialoga con la Reticulárea –la obra más reconocida y emblemática de Gego– no desde una intención mimética sino “desde un lugar simbólico, como una cartografía comunitaria de formas expansivas”, comenta Braceli, “abordando el nodo como un objeto de diseño, pero también como un espacio de intercambio y encuentro”.
Desde una perspectiva actual, Braceli hace hincapié en un aspecto de la Reticulárea que, hasta ahora, “no se había desplegado plenamente (su arista educativa y colaborativa)”, comenta Reisinger, creando “un espacio social para la experiencia comunitaria de forma práctica (trabajo en común) y conceptual (historia compartida)”. En el proceso de crear los puntos de una “cartografía común”, la participación activa de una comunidad artística de venezolanos en el extranjero, así como sede del Goethe-Institut Venezuela, permitió recolectar las piezas recibidas en respuesta a una convocatoria internacional abierta a creadores, investigadores, educadores y personas vinculadas a la obra de Gego. Las piezas, ahora en desplazamiento, se sumaron a la instalación espacial presentada en la Sala Mendoza.
Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje desde su lanzamiento el año 2015 no sólo llenó un vacío en cuanto a publicaciones de ese tipo en nuestro país, sino que inmediatamente se convirtió en referencia obligada para quienes desde hace mucho tiempo deseaban tener en sus manos la posibilidad de conocer la arquitectura y el urbanismo de la capital de Venezuela cotejada por los que la han convertido en objeto de estudio y desvelos.
Ante la retadora tarea de producir un libro que trascendiera el mero hecho de servir de orientación para fines turísticos, quienes lo conceptualizaron y coordinaron (Iván González Viso, María Isabel Peña y Federico Vegas), apuntando a lograr un objeto de alto valor cultural, lograron darle forma a un volumen de 624 páginas que contó con el apoyo económico y la experiencia acumulada por la Junta de Andalucía (a través de la Consejería de Fomento) en la realización de trabajos de este tipo y a la concurrencia de un importante número de profesionales y académicos que lo llenaron de contenido y excelentes imágenes.
Pasado, presente y futuro de la ciudad aparecen reflejados en sendos capítulos que dan cuenta del proceso dinámico y abierto de su crecimiento a lo largo de 450 años. En el primer capítulo, a cargo de González Viso y Vegas, se repasa la “Historia de Caracas a través de sus planos”, un suculento ensayo que gracias a la extensa planimetría recopilada logra establecer etapas claves para ver cómo fue transformando su fisonomía. En el segundo capítulo, conformado por 364 fichas realizadas por 27 especialistas, hacen acto de presencia edificios y espacios públicos diseminados entre las diez zonas en las que se dividió la ciudad entre las que se incluyó el litoral central como demostración de que la urbe es un todo que sobrepasa e integra ambos lados de la montaña que la identifica yendo así “del valle al mar”. “Caracas a futuro: miradas sobre la ciudad”, el tercer capítulo, recoge diez formas de ver el porvenir urbano mediante el testimonio ofrecido por otros tantos estudiosos y practicantes que la han tenido siempre como parte de sus preocupaciones: Oscar Olinto Camacho, William Niño Araque, Marco Negrón, Oscar Tenreiro, Marta Vallmitjana, Walter James Alcock, Graziano Gasparini, Frank Marcano, Alejandro Haiek y Pedro García del Barrio.
Pues bien, teniendo presente todo lo mencionado, sin duda alguna es el segundo capítulo el que seguramente ofrece mayor interés para el público en general que transita a diario por las calles de Caracas e intenta procesar las razones por las que es como es, encontrando en las piezas que la constituyen posibles respuestas. Es también ese capítulo el que tuvo que sufrir los rigores de un necesario proceso de selección que en principio pretendía llegar a cubrir hasta 500 edificios y espacios públicos, pero que tuvo que reducirse aún más quedado por fuera 136 de ellos.
Iván González Viso en cuyos hombros recayó la tarea el ajustar las fichas a la dimensión precisa y que también asumió la elaboración de un buen número de ellas, a partir de hoy abre la puerta, con la publicación de la Quinta 341, proyectada por la arquitecto y artista plástico Elena Gil en 1973 en la calle Loma Azul de la urbanización San Luis, El Cafetal, para ir incorporando paulatinamente buena parte de esas 136 obras y lugares que quedaron en el tintero. De esta manera se dará cabida a una pauta que ocupará nuestra postal cada ocho semanas y será compartida con los planos de Caracas y Venezuela ya publicados y por publicar, protagonistas únicos hasta ahora.
Cerramos aclarando que el texto que aparece a continuación dedicado a la Quinta 341 fue elaborado por Iván González Viso quien contó con la colaboración de Elena Gil.
1. Localización de la urbanización San Luis en el sector de El Cafetal.
La Quinta 341
En los tempranos años 70, la urbanización el Cafetal estaba en pleno desarrollo y la quinta unifamiliar aislada se expandía aceleradamente al sur este de la ciudad. Las urbanizaciones con nombres de santos, como Santa Marta, Santa Sofía, San Luis, Santa Paula y Santa Ana, se desarrollaron en un corto período de tiempo, mezclando tipologías de edificios multifamiliares y casas aisladas inmersas en acogedores y bucólicos valles de frondosa vegetación. Al interior de estos nuevos modelos de urbanización, cuyo diseño en algunos casos incorporó esculturas en los accesos para otorgar valor e identidad a los espacios públicos, se desarrollaron parques urbanos que se fundían con la vegetación y la topografía circundante, espacios para colegios, centros comerciales y servicios locales, que convirtieron a estos urbanismos económicamente accesibles a la clase media profesional, en atractivos lugares para vivir. Para ampliar detalles sobre este tipo de desarrollo recomendamos consultar https://fundaayc.com/2023/04/09/algo-mas-sobre-la-postal-no-350/.
2. Izquierda: La calle Loma Azul y su particular ubicación y desarrollo dentro de la urbanización San Luis. Derecha: la Quinta 341 y su localización dentro de la calle Loma Azul. Nótese que dentro de la cuadra es la única que tiene techo plano a diferencia del resto que posee techo de tejas.
En este contexto la arquitecto y artista plástica Elena Gil y el arquitecto José Antonio Terife, compran una parcela en la urbanización San Luis, desarrollada por José Antonio Ron Pedrique para Venezolana de Bienes S.A. como parte del desarrollo de El Cafetal. Se trataba de un pequeño lote ubicado en la calle Loma Azul, donde Gil, egresada como arquitecto en 1967 de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela, proyecta su casa en 1972, contemplando las necesidades de su recién formada familia, dos años después de haber creado “El Tallercito”, una galería dedicada a promover el trabajo de artistas plásticos de diversas disciplinas como cerámica, esmaltes, pintura y dibujo.
3. La Quinta 341 en pleno proceso constructivo (c.1973)
La quinta, denominada “341”, representa una excelente muestra del lenguaje arquitectónico moderno propio de las viviendas unifamiliares de autor de los años setenta, que integra elementos modulares en concreto, ladrillo y carpintería metálica, dispuestos bajo claros principios compositivos regidos por un estricto programa funcional.
4. Fachada principal de la Quinta 341.
Gil concibe su casa como un volumen de 3 cuerpos resuelto en una pendiente ascendente desde la calle, la cual maneja magistralmente creando una plástica topografía interior que hace las veces de escalera y permite ir descubriendo sus espacios poco a poco a medida que se asciende. Esa amplitud interior generada a partir de una espiral central que se transforma constantemente por la luz cenital, hace que la casa gravite alrededor de ella fungiendo de articuladora de todos los componentes de la vivienda mediante el uso de medios niveles. La escalera central, rodeada por muros bajos, genera múltiples y ricas relaciones visuales. Estos ambientes, a su vez, están cubiertos por un techo único que contribuye a generar una sensación de amplitud y continuidad visual al interior enriquecido mediante la presencia dobles alturas. Adicionalmente, cerramientos de vidrio de piso a techo permiten percibir el área social con mayor amplitud, conectando el espacio interior y el espacio exterior.
5. Elena Gil. Quinta 341. Corte longitudinal.6. Espacialidad interior de la Quinta 341.
La casa, de estructura en hormigón, esta revestida en ladrillo hueco obra limpia, que, junto a los muros exteriores de friso pintado en blanco, hacen alarde de la simplicidad y el uso honesto de los materiales. Las fachadas, mayormente cerradas, exhiben un controlado juego de volúmenes, con ventanas de romanilla con marcos metálicos pintados de color amarillo intenso, muy utilizado en la época. A su vez, las ventanas se enmarcan en cajas de hormigón en obra limpia, que sobresalen generando sombras. Interiormente, la adaptación del diseño a la topografía genera distintas situaciones espaciales donde el interior y el exterior interactúan a través de terrazas que amplían las posibilidades de expansión de la casa y dialogan con el lugar y el cerro que la limita.
7. Terrazas que aprovechan los retiros laterales y amplían las posibilidades de expansión de la casa.
Construida en 1973 por la empresa Urbaneja y De Castro (UDEC), la Quinta 341 representó para su época una novedad en el vecindario. Alejada de la imagen de la quinta tradicional con techos de teja y ventanas con rejas, fue percibida por algunos como “la casa fea” de la cuadra.
La ópera prima y única obra construida de Elena Gil, es un significativo ejemplo de que la forma, la materia, el programa y el lugar, correctamente ordenados y armónicamente dispuestos, son capaces de generar espacios donde se respira buena arquitectura. Una arquitectura influida por conceptos estéticos emparentados con el arte al cual su creadora dedicaría en adelante su vida hasta el punto de que hoy se encuentra ampliamente representada en colecciones públicas y privadas en Venezuela y en el exterior.
8. Óleos de la serie «Reflejos urbanos» que recogen el trabajo reciente de Elena Gil
Cabe señalar que el trabajo artístico reciente de Elena Gi, a modo de deja vu, explora temas arquitectónicos como el muro y la ventana, la transparencia y el reflejo los cuales cobran de su mano un interesante e indudable valor plástico.
EG/igv
Procedencia de las imágenes
Postal, 3, 4, 5, 6 y 7. Cortesía Iván González Viso